domingo, 12 de junio de 2011

Borges en La Plata



Herencia borgeana

Esta semana se cumplen 25 años de la muerte de Jorge Luis Borges. Sin embargo, su legado se mantiene plenamente vigente. La obra del autor de "Ficciones" no sólo sigue influyendo en quienes escriben -como referencia o como poderosa sombra de la cual diferenciarse- sino también en el modo de leer de los argentinos y hasta en la atmósfera cultural y el manejo de la ironía en la vida cotidiana. La historia del poderoso vínculo que lo unió a La Plata en sus años de juventud.

Veinticinco años después de su muerte en Ginebra, Jorge Luis Borges sigue plenamente vigente. Lo está su literatura, que sigue siendo leída, reeditada y citada en todo el mundo y plantea un serio desafío a los escritores, especialmente los locales, que se resume en una pregunta: ¿cómo escribir después de Borges? Pero también su legado se percibe en la forma de leer heredada por los argentinos del autor de "El Aleph": más libre, perspicaz y capaz de poner a todo texto bajo sospecha. Y hasta en la valoración de la ironía sofisticada en el habla coloquial, una característica que Borges lució en su faceta mediática.

Así lo indican escritores y académicos platenses que destacan que la singular figura de Borges, referente insoslayable de la literatura del siglo XX, sigue presente en el mundo de las letras, aún cuando deliberadamente se omita mencionarla o cuando se la ataque. Y trasciende ese mundo para convertirse en "parte del aire cultural que repiramos" o "presencia angular a partir de la cual construirnos", según algunos de los conceptos vertidos en esta nota por referentes del ámbito literario local consultados.

Para María Minellono, titular de la cátedra Literatura Argentina A de la Facultad de Letras de la UNLP, "Borges es una presencia angular, un lugar desde donde construirnos. Y creo que aún omitiéndolo, veinticinco años después de su muerte, está presente en todos nosotros, en la manera de ser argentinos".

Minellono destaca que hay una cantidad inagotable de aperturas en la obra de Borges que han resultado inspiradoras para todos los escritores posteriores, aunque les plantearan la necesidad de ponerse "un poco lejos para no quedar enredados en su sombra".

Otra de los elementos que los especialistas mencionan como parte del legado borgeano es su rol de formador de lectores. O como dice José Luis De Diego, ex decano de la Facultad de Humanidades, "Borges forma parte de ese selecto grupo de escritores que crea a su propio lector. A partir de eso nace `el lector de Borges`, un lector que se caracteriza por poner el texto bajo sospecha. Y que se va expandiendo. Hasta tal punto que hoy, todos en la Argentina leemos de una manera borgeana".

En sintonía con esa idea, el escritor platense Juan José Becerra, sostiene que "Borges nos enseñó que la lectura es un arte tan libre como escribir ficción; que se puede encarar de un modo salvaje y sin ningún condicionamiento. El nos enseñó a leer con perspicacia".

Para Miguel Dalmaroni, profesor de Teoría Literaria de la Facultad de Letras de la UNLP, el principal legado de Borges es el de haber cambiado el castellano literario, independizando a los escritores del arte literario español. Ese factor fue determinante para el destino de toda la literatura posterior al autor de "Otras Inquisiciones" producida en la Argentina.

Los especialistas consultados coinciden en que la herencia de Borges trasciende lo literario y se detecta hasta en la vida de todos los días.

"Borges está en el aire cultural que respiramos", dice Dalmaroni, mientras Becerra apunta otro legado extraliterario: "la ironía sofisticada de la que tanto gustamos los argentinos viene de Borges, de su faceta mediática y hoy se encuentra hasta en el habla coloquial".

BORGES Y LA PLATA

Jorge Luis Borges nació en Buenos Aires, el 24 de agosto de 1899 y murió en Ginebra, el 14 de junio de 1986, cuando tenía 86 años. Su relación con la literatura comenzó a edad temprana. En 1914 se mudó de Palermo a Suiza. Más tarde pasó por Barcelona y Palma de Mallorca antes de retornar a Buenos Aires en 1921, donde se vincula rápidamente con el mundillo literario de la época. Por entonces Borges estaba enrolado en el movimiento ultraísta, una de las vanguardias de la época. En 1923 publicó su primer libro, Fervor de Buenos Aires. Pronto abandonó el ultraísmo y comenzó a frecuentar temas como el suburbio porteño y el tango y las peleas a cuchillo antes de inclinarse por la narrativa fantástica, inclinación que le permitió crear algunas de las más extraordinarias ficciones del siglo XX, aunque también escribió poesía y ensayo.

Ciego a los 55 años, dueño de posturas políticas muchas veces polémicas, Borges fue candidato al Premio Nobel de Literatura durante casi 30 años. Y aunque finalmente no lo obtuvo, se lo considera uno de los escritores más importantes del siglo XX y uno de los eruditos más grandes de ese período.

Su vínculo con la ciudad de La Plata fue intenso, sobre todo en su juventud, cuando la visitaba regularmente para ver a amigos como el poeta Francisco López Merino o el crítico Pedro Henríquez Ureña. Fue en La Plata, también, donde ofreció su primer conferencia tras superar sus problemas de timidez y donde conoció a la que sería su primera esposa.


Francisco López Merino

Según indica María Minellono, titular de la cátedra de Literatura Argentina A de la Facultad de Letras de la UNLP y autora del libro "El Universo Poético de Francisco López Merino" (Ediciones Al Márgen), Borges solía anunciar a cada una de sus visitas con tarjetas enviadas por correo que contenían mensajes tan formales como escuetos.

Esos viajes llegaron a ser semanales en el período comprendido entre 1925 y 1928. Borges tomaba el tren del Ferrocarril Roca en la Estación Constitución y viajaba muchas veces acompañado por otros poetas y escritores porteños, como Ricardo Güiraldes, Oliverio Girondo, Leopoldo Marechal, Francisco Luis Bernárdez O Brandán Carafa.

Los encuentros de Borges con López Merino eran frecuentes y a veces se llevaban a cabo en La Plata y otras en Buenos Aires. Cuando se hacían en La Plata tenían lugar en la casa de López Merino (ubicada en 7 y 54) o en el Bar "El Rayo", de 1 y 44.

Minellono, quien tuvo oportunidad de entrevistar a Borges en varias ocasiones, no duda en afirmar que para el autor de "El Libro de Arena" "La Plata era el recuerdo de López Merino", aunque también definió a la ciudad como "una ciudad de llanura, acogedora, de gente muy amable y culta".

Borges y López Merino formaban parte del histórico grupo Florida, nucleado en torno a la revista Martín Fierro, aunque ambos estaban enrolados en corrientes literarias diferentes. Mientras Borges, que había estudiado en Europa y traía las novedades de las vanguardias superadoras del modernismo, como el ultraísmo, López Merino estaba más enrolado con el simbolismo francés, interesado en la búsqueda de la palabra precisa.

Borges fue paulatinamente dejando atrás el estilo alambicado del ultraísmo e interesándose por formas de decir más directas, por lo que reconocía sentir admiración por la sobriedad de lenguaje de López Merino.

En el libro de María Esther Vázquez "Borges, Esplendor y Derrota" se ve una imagen fechada en 1928 que muestra al escritor junto a López Merino, sentados en un banco del zoológico de Buenos Aires. Al pie de la foto se indica que dos días más tarde de tomada esa imagen, López Merino se suicidaba en un baño del Jockey Club, a los 24 años. Algún tiempo después Borges escribió un poema para su amigo, el poeta platense, al que tituló "A Francisco López Merino"

Borges tuvo otras amistades y hasta un amor en La Plata. La otra amistad importante fue la que mantuvo con Pedro Henriquez Ureña, crítico había nacido en Santo Domingo y se había formado en Madrid. Por entonces Henríquez Ureña, había dejado República Dominicana para radicarse en la Argentina después de que el dictador Trujillo se enamorara de su mujer, daba clases en el Colegio Nacional y en la Universidad de La Plata. Y a pesar de que lo separaban 15 años del escritor argentino, no tardó en convertirse, para él, en un referente.

Las frecuentes visitas a Enríquez Hureña motivaron que en uno de los viajes a La Plata Borges conociera a quien sería su primera esposa: Elsa Astete Millán. Vázquez cuenta que se trataba de una joven "frívola pero atractiva" a la que Borges comenzó a visitar todos los sábados, hasta que un día, la madre de la agasajada lo recibió en la puerta para informarle que la joven se había casado el día anterior.

Ese episodio no marcó el fin de la historia, ya que 50 años más tarde, el escritor supo que Astete Millán había enviudado, retomó la relación y se casó. Vivieron juntos durante tres años en Buenos Aires y al cabo de ese lapso el matrimonio terminó.


La Plata fue, además, la ciudad donde Borges dio su primera conferencia, en 1940 y después de superar su timidez siguiendo los consejos de Macedonio Fernández. Más tarde daría otras charlas en la ciudad. La más recordada de todas, una conferencia ofrecida en un Pasaje Dardo Rocha abarrotado, a poco del regreso de la democracia y que quedó registrada en un documental.

Fuente : El Dia – La Plata
OMAR GIMENEZ
12 de junio de 2011

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