martes, 14 de julio de 2026

Los Mensajes Cifrados que Borges Escondió en su Propia Tumba. Nadie los Descifró en 40 Años

 


Cabinet of Wonders

 

Los Mensajes Cifrados que Borges Escondió en su Propia Tumba. Nadie los Descifró en 40 Años En un cementerio de Ginebra hay una lápida que parece sencilla… hasta que empiezas a leerla. Siete guerreros tallados en piedra.

 Una frase en inglés antiguo del siglo X. Una inscripción en nórdico antiguo. Una nave vikinga. Y una dedicatoria final que durante décadas casi nadie supo interpretar.

No es solo la tumba de Jorge Luis Borges. Es, quizás, su último laberinto.

 En este video exploramos uno de los enigmas literarios más fascinantes del siglo XX: los mensajes cifrados que Borges dejó en su propia tumba, en el cementerio de Plainpalais, en Ginebra.

Analizamos qué significan sus símbolos, qué dicen realmente las inscripciones medievales, por qué tardaron décadas en ser descifradas y cómo la lápida resume en piedra las grandes obsesiones de su obra: el coraje, la muerte, el lenguaje, el mito, el amor cifrado y el arte de perderse dentro de un texto. Aquí descubrirás:

Por qué Borges murió en Ginebra y no en Buenos Aires

Qué elementos aparecen realmente en su lápida

De dónde salen los siete guerreros y la nave vikinga

Qué significa la frase “And ne forhtedon na”

Qué relación tiene la tumba con la Saga Volsunga

Quién es  Martín Hadis y cómo logró descifrar el conjunto completo

Por qué la dedicatoria “De Ulrica a Javier Otárola” es una de las claves más íntimas del monumento

Cómo la tumba de Borges se convirtió en una obra literaria póstuma

Este no es solo un video sobre una tumba. Es una historia sobre un escritor que eligió no dejar una despedida directa, sino un objeto hecho de símbolos, idiomas antiguos y referencias cruzadas.

Un monumento que no se limita a recordar su muerte, sino que obliga a leer, interpretar y dudar. Porque Borges no solo escribió laberintos: pensaba como ellos. Y al final convirtió su propia lápida en uno.

Lo más inquietante es que el monumento no funciona como simple homenaje, sino como una condensación de toda su obra. En esa piedra conviven la épica anglosajona, las sagas nórdicas, la identidad dividida entre Palermo y Europa, el coraje ante la muerte y el único cuento de amor que Borges escribió.

Lo que parece una lápida termina revelándose como un texto cifrado.

Fuente: You Tube

https://www.youtube.com/watch?v=VO2zuzgN3Rc

 

 

Ricardo Darín y Julio Bocca, juntos: el actor grabó textos de Borges para la próxima hazaña del Ballet del Colón



La producción, un estreno mundial que se verá en septiembre, es una creación del coreógrafo español Goyo Montero con música de Gustavo Santaolalla; se estrenará el 10 de septiembre

 

Constanza Bertolini

 

Desde que se conoció en diciembre pasado que Julio Bocca comisionó una nueva obra sobre Jorge Luis Borges para el Ballet Estable del Teatro Colón, el tiempo no hizo más que acrecentar la expectativa sobre este espectáculo que llegará en el año de la conmemoración de las cuatro décadas de la muerte del más grande escritor argentino. Está en las manos y la mente del coreógrafo español Goyo Montero la concepción de esta pieza de danza titulada Principio de éxtasis, que tendrá estreno mundial en Buenos Aires, del 10 al 20 de septiembre (nueve funciones, cuyas entradas están a la venta), con música original de Gustavo Santaolalla y diseño sonoro Owen Belton. Y ahora se sabe, además, que contará con la voz de Ricardo Darín, que grabó en estudio algunos fragmentos de “El Aleph” y dos poemas: “Ausencia” y “Despedida”.

Inspirado en el cuento más importante y reconocido del autor, publicado por primera vez en la revista Sur, 1945, el espectáculo cuenta además, con escenografía del artista plástico Eduardo Basualdo y Mariana Tirantte.

Montero, que el año pasado montó para la compañía que dirige Julio Bocca una obra contemporánea con música de Bach, Chacona, se declara un lector apasionado de la obra de Borges, a la que vuelve todo el tiempo, atraído por su universalidad. No era de extrañar, entonces, que fuera el relato de 1945, el que marcara el norte de su creación, ya que aborda un tema central en la literatura del escritor argentino, el infinito, a partir de un punto donde confluyen todos los tiempos y todos los espacios.

Una “obra de arte total”

A quince días de su llegada a Buenos Aires para empezar a trabajar en las salas de ensayo con los bailarines del Estable, el madrileño anticipó a LA NACION que están ultimando el score con Santaolalla, que tiene música adicional de Owen Belton.

A propósito de las imágenes que el Teatro Colón compartió hoy en redes sociales, y que registran a Darín con Bocca, juntos, en el estudio de grabación, el coreógrafo comentó: “Es un honor contar con Ricardo Darín para sumar texto original de Jorge Luis Borges, con su increíble interpretación y originalidad, e integrarlo dentro de la obra, como una obra de arte total. Creo que va a tener todavía otra textura más a partir de la voz de este gran actor, que ha tenido la

generosidad de aceptar la invitación de Julio para formar parte”, dice en tiempo de descuento para ponerse a trabajar en su “proyecto soñado”.

 “El Aleph” condensa el universo borgeano. Y, aunque no trascendió con precisión qué fragmentos se incluirán en Principio de éxtasis, sería muy probable que aquella famosa enumeración de todo lo que “ve” el narrador Borges (el populoso mar, el alba y la tarde) haya sido parte de lo que registró Darín.

“Ausencia”, incluido en el primer libro del escritor, de 1923, comienza así: Habré de levantar la vasta vida/ que aún ahora es tu espejo: cada mañana habré de reconstruirla./ Desde que te alejaste,/ cuántos lugares se han tornado vanos/ y sin sentido, iguales/ a luces en el día. También "Despedida" forma parte del mismo poemario, Fervor de Buenos Aires. Son bien conocidos sus primeros versos: Entre mi amor y yo han de levantarse/ trescientas noches como trescientas paredes/ y el mar será una magia entre nosotros.

Sin dudas, el encargo de una obra basada en la máxima referencia de la literatura argentina para el Ballet del Teatro Colón es una ocasión excepcional, así como una hazaña artística. ¿Cómo se verá en los cuerpos de los bailarines ese Principio de éxtasis, un instante en el que confluyen todos los instantes? Eso se develará a los ojos del mundo dentro de dos meses exactos.

Fuente; La Nacion

https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/danza/ricardo-darin-y-julio-bocca-juntos-el-actor-grabo-textos-de-borges-para-la-proxima-hazana-del-ballet-nid11072026/

 

sábado, 27 de junio de 2026

Borges es el mejor escritor de la historia de la literatura


 

¿Por qué leer hoy a Borges? : A 40 años de su muerte

Borges cambió para siempre la literatura porque convirtió la lectura, la cita y el resumen en una forma superior de creación. No solo escribió cuentos inolvidables: sino que reordenó la tradición

Colaboradores Confabulario

Borges es el mejor escritor de la historia de la literatura. Empiezo por el final, lo sé. Repito: el mejor de la historia de la literatura. Con esta primera aseveración, la pregunta que da título a este artículo estaría respondido. Javier Cercas recuerda que Alfonso Reyes lo dijo de manera parecida: “Por fin tenemos en Latinoamérica alguien comparable a Shakespeare y a Cervantes”. Pero, me temo que dejar solita a esta primera respuesta sería un insulto a los lectores dejarlo aquí, que todo el artículo se resuma a esta primera frase. Por otra parte, El Universal no me lo pagaría por demasiado breve. Mal negocio para todos. Así que lo difícil viene ahora, la parte en la que ensayar los motivos por los cuales algunos pensamos que esta declaración que tanto asusta, provoca y llama al chiste de la vanagloria nacionalista argentina (soy argentino, discúlpenme), puede sustentarse.

En las muy admirables sesiones tituladas Borges por Piglia (disponibles en youtube), el autor de Respiración Artificial, dice: “Es como si Borges hubiera dicho: yo me ocupo de citar y resumir. El movimiento es un movimiento clásico: voy a escribir lo que leo”. Partiendo de esta idea (Un escritor es alguien que lee y copia lo que lee), no se llega demasiado lejos. A cualquiera que puede copiar lo que lee no necesariamente lo consideramos un escritor. Lo verdaderamente revolucionario es que Borges hace de este procedimiento la base de su oficio gracias a que desarrolla una prosa inigualable y un punto de vista original sobre lo que lee. Le cuentan un cuento y nos lo re-cuenta, optimizándolo. Se centra en un dato enciclopédico que le interesa, y lo reescribe, ampliándolo, iluminándolo, tergiversándolo, cambiando su sentido. Recuerda un dato biográfico o histórico, y lo desarrolla como si sirviera para explicar al alma humana y al universo entero. Así, muchos de sus libros, no son más que resúmenes de historias reales, o historias que inventa simulando que fueron reales, y que enfoca de manera única, nueva, sorprendente. Esto es lo que en El factor Borges Alan Pauls sostiene: el de la reinterpretación del mundo a través de una traducción deliberadamente personal, un riguroso trabajo para traicionar los originales.

Por sumar un “por qué hay que leerlo hoy” con ejemplos, diré que gracias a textos como “Pierre Menard, autor del Quijote” o “Kafka y sus precursores”, los que estudiamos literatura leemos de un modo diferente. Un antes y un después, eso es Borges. Como dice Alberto Manguel, “en la Historia de la Literatura existe un “A.B.” y un “D.B.”, o sea, un Antes de Borges y un Después de Borges”. Por entender esta verdad, también hay que leerlo.

Y leerlo por todo lo que se ha dicho hasta la extenuación, a saber: por sus traducciones de Kafka o de Victoria Woolf, por la mirada sabia sobre la gauchesca, por su enseñanza al mundo castellano sobre la literatura inglesa y la anglosajona y la tradición judía y la árabe, por algunos cuentos como El Sur, Emma Zunz, Hombre de la esquina rosada, por despojar a la prosa en español del engolamiento, del adorno insustancial, y por sus tigres y sus laberintos y sus espejos y sus rosas, por sus conferencias sobre el budismo o sobre la metáfora o sobre Dante y por su sociedad con Bioy Casares y todas las risas que nos trajo és personaje que habló por ellos llamado Bustos Domecq y llamado Suárez Lynch, y por su modo único para adjetivar, recuérdese “el íntimo cuchillo” del Poema conjetural o la “unánime noche” de Las ruinas circulares o la “cicatriz rencorosa”, de La forma de la espada.

Pero, por sobre todas las cosas, estas palabras de periódico quieren incidir sobre un motivo para abrir las páginas de sus libros: hay que leerlo no porque sea nuevo lo que su literatura proponga si no porque su mirada hace nuevo todo lo viejo. Nadie lo había hecho en Literatura de ese modo y nadie lo ha vuelto a hacer. Se dice esto de Bach en la música y de Picasso en la pintura. Georgie, como lo llamaban en su casa, es una máquina de releer para reescribir y así, termina por reinventar los materiales con los que trabaja. No se trata ya de inspiraciones ni singularidades, se trata de volver a pegar las partes de otro modo. Y así, siempre de modo caótico y fragmentario, nos coloca en la posibilidad de una ilusión: adentrarnos en la médula de todos los relatos importantes de la Historia, en la explicación potencial de todas las tradiciones en las que se sustenta la cultura humana. Ilusión de develación y globalidad y de placer literario permanente porque se está parapetado en un atalaya donde se lo distingue todo.

Yo diría, a riesgo siempre de simplificar hasta el absurdo, que hoy hay que leerlo porque fue el hombre que, con el conocimiento de muchas cartas de la literatura, de la alta y de la baja literatura, y de la Historiografía y de la filosofía y de su particular memoria, barajó y dio de nuevo, reseteó la manera de leerlo todo.

Para otra conmemoración hablamos de cuál fue el motivo por el que no ganó el Nobel, porqué hoy se ha convertido en un símbolo pop y el “inventor” de internet, por qué no escribió ni una sola novela, o por qué los que lo criticaban por sus posiciones conservadoras ya no hacen caso a ese “detalle”, entregados a su arte, a su vida, a su inacabable arcón de frases y anécdotas.

Lean a Borges hoy, y no dejen de leerlo, y la pregunta que da título a este artículo empezará a responderse sola.

 

Fuente: El Universal – Suplemento Confabulario – México

https://www.eluniversal.com.mx/cultura/confabulario/por-que-leer-hoy-a-borges-a-40-anos-de-la-muerte-del-autor-de-ficciones/

 

sábado, 13 de junio de 2026

Julian Barnes decidió ser escritor el día en que escuchó a Borges en la Universidad de Oxford


“Al finalizar el encuentro, pensé: vale la pena serlo”, decía el joven británico, a sus 25 años; hoy, a los ochenta, ganó el premio Princesa de Asturias por su obra extraordinaria

 

Daniel Gigena

 

En 1971, cuando tenía veinticinco años y se desempeñaba como lexicógrafo, el británico Julian Barnes -flamante Premio Princesa de Asturias de las Letras- presenció una conferencia de Jorge Luis Borges en la Universidad de Oxford, cuando se le entregó un doctorado honoris causa. En esa ocasión, decidió convertirse en escritor. “Al finalizar el encuentro, pensé: si esto es ser un escritor, vale la pena serlo”, se dijo.

 

En aquel entonces, Barnes trabajaba para el prestigioso Oxford English Dictionary. “Por la noche, Borges ofreció algo que no puede llamarse, exactamente, una conferencia o una lectura o un seminario, sino una suerte de audiencia papal informal –describió en un artículo publicado en 1996, a diez años de la muerte de Borges, en Clarín–. Yo ya había estado frente a otros escritores ‘a veces bastante famosos’, pero, por lo general, no me habían impresionado. Más bien, me habían parecido actores que simulaban haber escrito las palabras que estaban pronunciando”.

Pero Borges, advirtió, “era totalmente diferente”. Barnes apuntó los efectos de esa jornada en su diario personal: “Parece una veleta entrada en años que los vientos del tiempo hicieron adelgazar”.

Borges, que según Barnes “hablaba en un inglés suave y agradable y parecía nadar en nuestra literatura” [la inglesa], se refirió -como solía hacerlo- a R. L. Stevenson, Samuel Coleridge, Andrew Lang, Samuel Johnson y Lord Chesterfield. “También habló de la única palabra, dijo, que

ningún escritor usó o usaría, ya que su uso eclipsaría a todos sus vecinos. Era la palabra que Poe estaba buscando, y no encontraba, en ‘El cuervo’: la palabra era neverness (nunca jamás)”.

En el artículo “La señora Thatcher recuerda”, publicado en The New Yorker en 1990 e incluido en el volumen de no ficción Letters from London. 1990-1995, Barnes criticó la postura de la exprimera ministra británica en la guerra de Malvinas con una mención a Borges. “Las Malvinas, con su deprimida economía, su mínima población y su pista de aterrizaje militarmente insuficiente, no tenían ningún interés para los británicos excepto, quizás entre los filatelistas –ironizó– [...] De ahí la caracterización de la guerra hecha dulcemente por Borges –un ‘vano intelectual’ viviendo bajo una ‘dictadura’– como ‘dos pelados peleándose por un peine’”.

De visita fugaz en Buenos Aires, en febrero de 2008 Barnes recorrió la Biblioteca Miguel Cané, donde Borges había trabajado entre 1937 y 1946, acompañado por el entonces ministro de Cultura Hernán Lombardi, y la subsecretaria de Patrimonio, la escritora Josefina Delgado. En esa ocasión dijo que lo mejor que se podía decir de un escritor era lo que habían dicho de Borges sus compañeros: “una persona rara”. Y en 2011, cuando por fin obtuvo el Premio Booker por El sentido de un final, en la cuarta nominación, declaró que ya había empezado a sentirse como Borges, a quien la Academia Sueca le negó el Nobel de Literatura.

En su ensayo “El museo y la enciclopedia: Lecturas cruzadas de Borges y Barnes”, la investigadora Leticia Moneta detectó la “filiación borgeana” de Barnes. “El Borges anglófilo es la contracara del Barnes francófilo: ambos se buscan en los resquicios del resto, de aquello que los llama desde el más allá de la frontera del propio imperio”. Los dos escritores, destaca, se sintieron imantados por el clásico póstumo, satírico e inconcluso de Gustave Flaubert: Bouvard y Pécuchet.

 

Fuente: La Nacion

https://www.lanacion.com.ar/cultura/julian-barnes-decidio-ser-escritor-el-dia-en-que-escucho-a-borges-en-la-universidad-de-oxford-nid10062026/

 

Adelgazó Borges: las nuevas “obras completas” le tacharon medio libro

 

Para el 40° aniversario de la muerte de Jorge Luis Borges, editorial Alfaguara publicó gran parte de su bibliografía en tres tomos.

    El autor de Ficciones se dedicó insistentemente a cruzar géneros, a crear uno propio. Contra esa estrategia, la nueva edición de estas "obras completas" dividió su obra por género: poesía, cuento y ensayo.

    En el dedicado a poesía, retiraron sin ubicarlas en otro tomo ni dar explicaciones las primeras 50 páginas (22 textos) del libro El hacedor.

 

Matías Serra Bradford

 

La sobrevida de Borges –justo la suya, que tanto lo obsesionó–, administrada por terceros cada vez más ajenos, no le estaría haciendo favores a su obra. Para un escritor que se la pasó cruzando y disolviendo géneros, y que hizo de esa práctica un género propio y una carta de triunfo, es lamentable que ahora no se reedite su obra completa –como en otra época hizo Emecé– respetando los libros unitarios, cronológicamente, sin dividirla en cuentos, ensayos y poesía, deconstruyendo así un laberinto que le llevó casi un siglo edificar. Ese loteo simplificador, como tantas decisiones editoriales, acaso obedezca a la ingenua ilusión de creer que de ese modo los volúmenes se vuelven más vendibles o regalables. Hay otro detalle no menos imperdonable.

 

En la edición más reciente –de editorial Alfaguara, en enero de este año en España y en abril en Argentina– "completas" debe ir entre inmediatas comillas: le han añadido –a un autor asediado históricamente por erratas, ediciones precarias y criterios erráticos para la publicación de éditos, traducciones e inéditos– una mutilación, un quite de colaboración, un punto ciego gratuito: en ninguno de estos tres tomos aparecen las primeras 50 páginas –en prosa– de El hacedor; sólo imprimieron la segunda mitad de ese libro, en el volumen aparentemente correspondiente. Parece el mal chiste que un cretino le inflige a quien perdió la vista: sustraerle un bien adelante suyo con total impunidad.

 

De manera que un lector novato, en ciernes, reciénvenido a Borges, que inocentemente pagara no poco por estos volúmenes a estrenar, no podría leer siquiera el que da título a El hacedor, el que inaugura la serie, y que indirecta y secretamente anticipaba estos desmanes: "una terca neblina le borró las líneas de la mano". Tampoco podrá leer otros, igualmente irreemplazables, como "Dreamtigers", "Los espejos velados", "Una rosa amarilla", "Martín Fierro", "Parábola de Cervantes y de Quijote", "Everything and nothing", "Ragnarök", y "Borges y yo", nada menos.

 

Poesía completa conserva el prólogo al libro, lo que subraya aún más el salto y el vacío hasta "Poema de los dones", que ahora abre la seccionada sección de El hacedor. Varios de los textos omitidos son sueños, de ambivalente ubicación, desde luego, pero también lo son o los incluyen tantas otras páginas de Borges. El hecho es tan pesadillesco e inverosímil que cualquier lector que lo descubra inspeccionará una vez y otra, desconfiando del sentido de la vista ante un Borges descaradamente deshecho.

 

Es una falta –en todas las acepciones– tan ostensible que sería casi de santulón adjudicárselo a la categoría de lo que alguna vez él mismo llamó "errores accidentales" o atribuirle al editor anónimo un juicio estético no menos fabuloso y alarmante. Sobre todo porque lo asombroso es que El hacedor no fue el único libro que Borges articuló con prosas y versos. Lo repitió, por caso, en el posterior La cifra y en el último, Los conjurados, y llama la atención –es una forma de decir– que en esta nueva edición sí sean reproducidos por entero.

 

Amargas ironías póstumas para quien le dedicó no pocas páginas al destino incierto de textos de cierta antigüedad. Con tiempo para la ocurrencia pero no para el examen de una obra con "piedad necrológica" o, en palabras de José Bianco, con "veneración tipográfica", la publicidad de los nuevos tomos reza: "Del laberinto se sale leyendo". A esta altura el subtexto y la contraorden deberían ser obvios: "Al laberinto se entra con respeto". Son reeditadas y penosas muestras de la caída pavorosa del pudor -del que Borges era un ejemplo supremo-, en cualquier terreno que se mire: del descuido, la desidia y la desfachatez, a la insolencia, el atropello y el vandalismo.

 

Otra ausencia, acaso menos grave pero no menos inexplicable, obliga a ahondar todavía más en el periodismo antipático: no existe firmante o incógnito que elucide o justifique las pautas generales y maniobras particulares que subyacen a este tríptico. Para ser más claros: ante una publicación de este orden y de esta relevancia, el lector no tiene por qué reponer información por su cuenta o hacer inferencias especulativas -como si se tratara de una novela y el editor fuera un autor reticente- acerca de si, por ejemplo, el editor resolvió seguir la decisión de Borges de publicar su Obra poética (1977) sin esos textos. De todas formas, en la instancia actual esa eventual coartada queda invalidada porque se trata de una obra completa, en apariencia total, y esos textos faltantes deberían estar en alguno de los tomos, puesto que Borges no manifestó que renegara de ellos como textos. Y esa presunta salvedad queda desautorizada, asimismo, por otra decisión del propio editor, la de incluir los fragmentos en prosa de La cifra y Los conjurados -como fue mencionado, libros de características similares-, ahora sí atribuyéndose prerrogativas de autor, de carácter contradictorio. Un lector no llega a un libro -menos a las obras completas del mayor autor argentino y uno de los mayores del siglo veinte- para jugar a adivinar razones no expuestas, o para ponerse a interpretar el mutismo de un editor o de fortuitos derechohabientes como si fueran dioses ocultos.

 

Las bellas fotos de tapa intentan disimular la reticencia de estos enigmas, que diluyen sus ademanes en el silencio editorial y en el elenco del copyright: Mariana del Socorro Kodama, Martín Nicolás Kodama, María Victoria Kodama, Matías Kodama y María Belén Kodama. Los senderos siguen bifurcándose, pero al jardín le estaría faltando un paisajista.

Fuente: Revista Ñ  - Clarín

https://www.clarin.com/revista-n/adelgazo-borges-nuevas-obras-completas-tacharon-medio-libro_0_M5niH1yhFA.html

“El lujo es vulgaridad”: Jorge Luis Borges, precursor del Indio Solari


 

El lema “ricotero”, incluido en la canción “Un poco de amor francés”, proviene de dichos y reflexiones del gran escritor argentino; en 2023, el músico desmintió noticias sobre su fortuna

 

Daniel Gigena

 

En una de las canciones más famosas de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, “Un poco de amor francés”, del álbum La mosca y la sopa, de 1991, se versiona una frase de Jorge Luis Borges. “El lujo es vulgaridad, dijo, y me conquistó / De esa miel no comen las hormigas / Una tipa rapaz, como te gusta a vos / Esa tipa vino a consolarte”, reza la letra. En el libro de memorias Recuerdos que mienten un poco, a partir de conversaciones con su amigo, el escritor Marcelo Figueras, el Indio Solari, que falleció este viernes a los 77 años, revela que había escuchado la frase “el lujo es vulgaridad” de alguien que no recordaba. Era Borges.

La frase aparece, con variaciones, en tres registros de origen oral (luego impresos). En una entrevista con su amigo, el locutor y periodista Antonio Carrizo, en 1981, Borges considera el lujo “una guarangada”.

“Un palacio es quizá no menos indefendible que un conventillo -grafica-. La idea de lujo me parece atroz y la idea de la miseria también. [...] Esto es lo malo del sistema capitalista: da pobreza a unos y ocio y tedio a otros”.

Por otro lado, figura en el imprescindible Los diálogos, de Borges y Osvaldo Ferrari, que reproduce las charlas del periodista con el escritor en Radio Municipal en 1984, en el capítulo “El estoicismo”.

“Siempre pensé que sus hábitos de vida, Borges, que son austeros, se relacionan no con el ascetismo místico sino con el estoicismo filósofico”, introduce Ferrari.“Sí, desde luego; además, a diferencia de Manuel Mujica Lainez, por ejemplo, el lujo me parece algo horrible a mí. No sé, habrá algo... bueno, quizá mi ascendencia metodista. El hecho es que yo siento el lujo como una forma de guarangada, ¿no?, me parece vulgar”, reflexona Borges. Luego acota que en su escritura evita “las palabras lujosas y las lujosas descripciones”.

Hay gente que no entiende qué es el lujo: no es una pileta, es una pileta con cascada; no es una casa linda, es una casa con canillas de oro. Es la sobreabundancia en el adorno. Por eso Borges dijo que es vulgaridad y el Indio Solari lo citó.— marcelo gioffre (@marcelogioffre) June 6, 2026

También el Nobel Mario Vargas Llosa, en Medio siglo con Borges, recupera esa máxima

borgeana (y ricotera). En la entrevista que le hizo en 1981 para el programa peruano La torre de Babel, y que se publicó en LA NACION el 23 de agosto de ese año, Vargas Llosa observó que el escritor argentino vivía “prácticamente como un monje”.

“Su casa es de una enorme austeridad, su dormitorio parece la celda de un trapense, realmente es de una sobriedad extraordinaria”, le dice. “El lujo me parece una vulgaridad”, responde Borges que luego describió a Vargas Llosa como “el peruano de la inmobiliaria”.

Años antes, en la parábola “Utopía de un hombre que está cansado”, incluida en El libro de arena (1975), el narrador (un escritor y profesor de literatura de 70 años, que ha escrito cuentos fantásticos, como Borges) se encuentra en Utopía con un hombre más que centenario, muy alto y vestido de gris, que solo habla en latín. Al conversar, el anfitrión -un ser del futuro- reflexiona así: “-¿Dinero? -repitió-. Ya no hay quien adolezca de pobreza, que habrá sido insufrible, ni de riqueza, que habrá sido la forma más incómoda de la vulgaridad. Cada cual ejerce un oficio”.

En un mensaje de 2023, titulado “Cansado”, Solari desmintió en redes sociales afirmaciones sobre su fortuna. “Muchos de uds [ustedes] , que me quieren bien, dicen que me merezco y que está bien ganado el dinero que dicen por allí. Pues bien, sepan uds que no tengo propiedades en NY ni en París ni en ningún lugar de Europa. Así también, no tengo avión privado ni vivo en EE.UU. y además hace ya ocho años que no viajo a ningún lado”, había posteado.

 

Fuente: La Nación

https://www.lanacion.com.ar/cultura/el-lujo-es-vulgaridad-jorge-luis-borges-precursor-del-indio-solari-nid05062026/