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sábado, 31 de enero de 2015

La Cábala en la Visión Teórica de Borges




Marcin Kazmierczak
Universitat Abat Oliba CEU

Caminos de la «iniciación».

A pesar de una evaluación negativa de Gershom Scholem [1] , considerado por Borges la más alta autoridad en cuanto a los conocimientos de la cábala, y que al mismo tiempo, explica a Borges durante sus viajes a Israel las complicaciones del universo cabalístico, M. R. Barnatán, al igual que varios otros críticos, emprende la tarea de buscar las huellas del pensamiento cabalístico en la escritura de Borges. El crítico considera conveniente recordar el punto de partida, un artículo publicado por Borges en una revista ilustrada argentina en 1931 titulado Una vindicación de la cábala [2] . A lo largo de este artículo, el autor argentino recuerda a Bacon, John Donne, Gibbon o Tennyson, pero sin apoyarse en ninguno de los tres libros cabalistas fundamentales: el Sefer Bahir, Sefer Yetsira y Sefer ha Zohar. Esta falta de puntos de referencia más sólidos parece corroborar la posición de G. Scholem, según la cual, la aproximación borgiana a la cábala carece de profundidad alguna. Sin embargo, M. R. Barnatán intenta efectuar una defensa del autor argentino alegando los derechos y el carácter específico de una aproximación sobre todo literaria y mucho menos científica. [3]

Es un hecho indiscutible, puesto que el mismo Borges lo admite expresamente [4] , que su primero y, quizá, más importante contacto con las ideas de la cábala tuvo lugar ya en Ginebra cuando a la edad de diecisiete años leyó por primera vez la recién escrita (1915) novela de Gustav Meyrink: Der Golem. Sin embargo, en las líneas siguientes del mismo artículo de M. R. Barnatán, el crítico cita una confesión de Borges que indica todavía otras fuentes de su interés por la cábala:

Las nociones de Cábala me llegaron, en primer término, por la versión de la Divina Comedia que hizo Longfellow, en la que hay dos o tres páginas sobre la Cábala. Luego leí un libro de Trachtenberg sobre supersticiones hebreas, donde se habla del Golem -al cual yo he dedicado un poema, quizá el mejor poema que yo he escrito-. [5]

Al investigar las fuentes del interés borgiano por la cábala, hay que admitir finalmente que quien le suministra los datos más precisos acerca del tema fue el mencionado conocedor del asunto, G. Scholem. El mismo Borges lo confirma en otra entrevista periodística:

Kafka y yo compartimos el mismo fervor por Swenderborg, y por William Blake, y sobre todo por la cábala. Kafka, que no conocía el hebreo a la perfección, estudió la cábala en traducciones. Y fue el profesor Scholem en Jerusalén, quien me ayudó a comprenderla mejor. Él me explicó cosas que sin duda son elementales pero que yo no comprendía durante mi solitaria tentativa de descifrarla. [6]

La visión sefirótica de la literatura y la cuestión de la paternidad literaria.

Uno de los conceptos cabalísticos que sirvieron a Borges como modelo para su propia aproximación es la visión que tiene la cábala de la paternidad literaria. Según afirma G. Scholem no conocemos ni siquiera los nombres de los autores de una mayoría aplastante de los libros cabalísticos. En cambio, los que conocemos, en la mayoría de los casos, no pasan de ser tan sólo los nombres no acompañados siquiera de nota biográfica alguna. Esta actitud anónima de los cabalistas hacia la cuestión de la paternidad literaria fue la fuente de la inspiración para un recurso que también se puede encontrar en una serie de escritos de Borges, a saber, la pseudoepigrafía. Según sostiene M. Satz en su prólogo a la edición castellana de Sefer ha-Bahir «La utilización de nombres apócrifos, la atribución de afiladas sentencias a viejos maestros es un recurso tradicional no sólo en el ámbito hebreo: a Plinio o Lucrecio los siglos les fueron agregando libros con los que jamás soñaron» [7] . Pero, aunque el uso de este recurso no fuera un dominio exclusivamente cabalístico, no cabe duda de que en la escritura cabalística se convierte en un elemento clásico y común casi en la totalidad de los escritos. Sin embargo, el ejemplo más espléndido es, sin duda, el mismo Zohar. En la introducción de El Zohar C. Giol escribe: «Generalmente [El Zohar] es atribuido a Rabbi Mošé Šem Tov de León, cabalista del siglo XIII que vivió los últimos años de su vida en Ávila y que murió en 1305. Él mismo afirma en el Zohar que copió sus enseñanzas de Rabbi Simón ben Yohay. Por otra parte, tras la muerte de Rabbi Mošé, su viuda y su hija afirman que no hubo tal manuscrito y que la obra se debe enteramente a él» [8] . Al analizar la actitud de los cabalistas hacia la cuestión de la paternidad literaria, aparte del recurso de la pseudoepigrafía, hay que mencionar también la afición de los místicos judíos a citar obras apócrifas que nunca existieron o que no existieron sino en la imaginación (quizá como un proyecto literario) de los mismos escritores. J. Alazraki, que participó en el curso del mismo profesor Scholem en la Universidad de Jerusalén sobre el misticismo judío, escribe en su ensayo Borges and the Kabbalah: «The whole Zohar is full of bogus references to imaginary writings which have caused even serious students to postulate the existence of lost sources» [9] . También a Borges le llamó la atención este recurso, hecho sobre el cual testimonian muchos escritos suyos. 

La confusión a la que llevó a sus lectores Moisés de León a través de sus referencias ficticias [10] ha tenido su efecto equivalente en el caso de los lectores de Borges. Recordemos algunos ejemplos de la pseudoepigrafía presentes en Borges. Uno de los más evidentes aparece en Tres versiones de Judas, donde Borges atribuye la controvertida idea de la fusión de las figuras del mesías y del traidor Judas a Nils Runeberg, que hubiera expuesto sus intuiciones audaces en su libro Kristus och Judas y en su obra mayor Den hemilge Fräslaren. Otro ejemplo mencionado ya anteriormente en este trabajo son los libros del ficticio Herbert Quain: The God of the Labyrinth, April March, The Secret Mirror, Statements. No se puede olvidar tampoco el Volumen XI de First Ecyclopedia of Tlön, que no sólo suministra al autor una referencia apócrifa que justifica la construcción del relato, sino también, constituye el contenido mismo del relato. Si El Zohar es una transcripción de un libro antiguo del Rabi Simón ben Yohay, el relato Tlön, Uqbar, Orbis Tertius es una transcripción de aquel tomo de la Enciclopedia del Tlön. Merece la pena añadir que la eficacia de la aplicación de este recurso tal y como lo utiliza Borges, llega a equivaler a la del maestro Moisés de León. «In this respect –ironiza J. Alzraki- we cannot help recalling that some of Borges’ naive readers have also made diligent attempts to obtain «the first detective novel to be written by a native of Bombay City», Mir Bahadur Ali’s The Approach to al-Mu’tasim whose summary Borges offers in the story» [11] .

Aparte de las razones psicológicas e históricas alegadas por G. Scholem, quizá se pueda hablar también de razones doctrinales que inspiran a los cabalistas el pavor y la aversión frente a la atribución de rasgos personales a su obra, en el sentido del reconocimiento y declaración de la paternidad literaria. Se trata de la doctrina que tanta sorpresa había causado a Borges y de la cual se habló en el comienzo de este apartado, es decir, la idea del ru’ah ha kodesh, el Espíritu Santo, como el único autor de la Escritura Sagrada. Recordemos que la cábala no tiene intención alguna de crear nueva religión o literatura. Al contrario, es un método especulativo de la interpretación profunda del texto clásico, (la Biblia) de un «canon» fijo e intachable, al igual que el mundo de los arquetipos en la visión platónica. Para el cabalista La Biblia es el «arquetipo» de toda la palabra escrita y de toda la búsqueda mística. Por lo tanto, los escritos cabalísticos, como una extensión de la Biblia, también son obra, aunque de una manera indirecta, del Espíritu Santo. Recordemos que Borges llegó a plantearse, aunque con un tono inminentemente irónico, la cuestión de haber entrado en la literatura «por obra del Espíritu Santo». Esta afinidad entre la aproximación cabalística y la de Borges lleva a dos conclusiones diferentes.

Panteísmo literario.

Primero, indica la fe en la idea de un panteísmo literario, presente en diversos escritos de Borges, como por ejemplo La flor de Coleridge (OCII pp. 17-19) o Tlön, Uqbar, Orbis Tertius [12] . Segundo, revela la astucia de los cabalistas, que supieron esconder su tendencia transgresora bajo la capa de un aparente apego absoluto a la tradición. Si la autolimitación a la tradición ortodoxa fuera sincera, realmente se limitarían a manejar los verdaderos libros bíblicos y no tendrían necesidad de inventar los apócrifos, más afines a las ideas que quieren presentar y para las cuales necesitan un apoyo clásico o, más bien, pseudoclásico. Cosa parecida sucede con Borges, quien en repetidas ocasiones confiesa descreer totalmente de la novedad literaria, quien identifica la creación literaria con la lectura, y quien, por otro lado, cita las obras que no han existido nunca, que para existir han tenido que ser inventadas por él. Así pues, la tensión entre lo tradicional y lo innovador o, en otras palabras, la existencia de lo nuevo en el corazón de lo clásico sometido a una nueva lectura, constituyen otro elemento afín entre la aproximación literaria y mística de los cabalistas y de Borges. G. Scholem menciona este fenómeno al analizar varios momentos del desarrollo del pensamiento cabalístico, uno de los cuales es la doctrina de Isaac Luria, «le système le plus influent du dernier Kabbalisme, quoique le plus difficile. Presque toutes les questions importantes et les principales thèses du système de Luria sont nouvelles, on peut même dire étonnamment nouvelles ; cependant elles furent acceptées partout comme la vrai Kabbale, c’est-à-dire comme la sagesse traditionnelle. Il n’y eut personne pour y faire objection.» [13] Del mismo modo, otro autor apócrifo de Borges, Pierre Menard, aunque parte de la base del precursor (según la terminología de H. Bloom) que, para él, es el Quijote de Cervantes, llega a la conclusión de que la nueva versión (lectura-escritura) es incomparablemente más rica que la anterior. Por eso afirma Borges que las literaturas no difieren tanto por los textos sino por la manera de ser leídas. [14] 

De este modo llegamos a la conclusión de que un recurso más, importantísimo en la aproximación literaria de Borges, que es el papel eminente del lector, también, de algún modo, se asemeja a la aproximación cabalística. Recordemos que para Borges el papel del lector llega a ser predominante en comparación con el del escritor y hasta del mismo texto, puesto que es el lector quien da la última y definitiva forma al “comunicado” es decir a la obra literaria. También el cabalista, aunque parta del “eterno comunicado” escrito por el “eterno escritor” luego no vacila en emprender su propia lectura, aparentemente sometida a la tradición pero en el fondo enormemente independiente e innovadora, por no decir transgresora, como podría parecer desde las posiciones ortodoxas.

77 significados o el emanantismo literario.

La importancia fundamental de la lectura para la especulación cabalística se revela también en la actitud frente a los acontecimientos históricos descritos en la Biblia, la cual sugiere la posibilidad de una doble lectura. Cedamos la voz una vez más al verdadero experto, G. Scholem:

Les aspects historiques de la religion ont une signification pour le mystique principalement comme des symboles d’actes qu’il conçoit comme séparés du temps, ou qui se répètent constamment dans l’âme de tout homme. Ainsi l’exode d’Égypte, l’événement fondamental de notre histoire, ne peut pas, selon le mystique, s’être passé seulement une fois et en une seule place; il doit correspondre a un événement qui a lieu en nous mêmes, la fuite d’une Égypte intérieure dans laquelle nous sommes tous des esclaves. Ainsi conçu, l’exode d’Égypte cesse d’être l’objet de l’enseignement et acquiert la dignité d’une expérience réligieuse immédiate [15] .

No hace falta añadir que nos encontramos aquí con el recurso de la alegoría y que este recurso es uno de los fundamentales en la poética de los relatos de Borges. [16]

Sin embargo, la cuestión de la «lectura profunda» va todavía mucho más allá del concepto clásico de la alegoría. [17] La posibilidad de una lectura creativa en la visión cabalística no sólo no se limita a una sola interpretación alegórica obligatoria (como postulaba Dante) sino que asegura que cada versículo bíblico tiene 77 significados. Si tomamos en cuenta que para los hebreos la cifra 77 representa la infinidad, se entenderá mejor la convicción borgiana de que el factor determinante del carácter de una literatura es más bien la lectura que la escritura. Esta afirmación de Borges inspira a J. Alazraki la asociación de la visión borgiana de la literatura como la relectura de un texto panteísta, un texto-pleroma, un texto primordial, con la visión cabalística de la historia de la literatura propuesta por H. Bloom. [18] El concepto de layerdness o feuilleté del discurso literario sin duda es muy afín a la aproximación cabalística y, como es el caso de Bloom, brota directamente de ella. De modo que la metáfora cabalística de los 77 significados contrapuesta a la visión de dos significados postulada por Dante corresponde perfectamente al modelo propuesto por Barthes de la cebolla (onion) contrapuesto a una fruta con hueso (a kind of fruit with a kernel). El descubrimiento de la presencia de este modelo de la escritura en la obra de Borges sin duda constituye otra corroboración de que su decidida apuesta por el crecimiento y, finalmente, preponderancia del papel del lector también es un recurso de algún modo cabalístico.

La cábala y la causalidad invertida.

La idea de la inversión cronológica de la causa y efecto constituye otro elemento de la visión borgiana que también se presta a un análisis cabalístico. Según afirma Mario Satz en su introducción al Sefer ha-Bahir «La característica más relevante del Libro de la Claridad es su frecuente descontextualización de los pasajes bíblicos, rasgo de uso habitual en la Kábala pues la reversibilidad del sentido es paralela a la reversibilidad misma de la Escritura. Job explica y corrobora los infortunios de Jesús, que aún no ha nacido.» [19] Este procedimiento de la inversión cronológica no se escapa a la atención de H. Bloom, que detecta su existencia particularmente explícita en la obra de Cordovero. El crítico recuerda que, en la doctrina de Cordovero, el cuarto behinah (la emanación posterior de cada sefirah) es el aspecto que capacita a su precursor (el sefirah anterior) para emanar el siguiente sefirah. En otras palabras, una de las condiciones indispensables de la emanación y uno de los motores de ella está en el sefirah emanado y no en él que emana. He aquí la conclusión lógica a la que llega H. Bloom a raíz de esta visión de Cordovero: «This extraordinary formulation ascribes a power in the supposed cause to the supposed effect; indeed it pragmatically all but reverses cause and effect.» [20] En cuanto a la aplicación borgiana de este concepto, es posible encontrarlo tanto en su visión general de la literatura como en su transformación literaria de esta idea efectuada en los relatos fantásticos. En el ensayo Kafka y sus precursores Borges asegura que existe una analogía innegable entre la paradoja de Zenon y la obra de Kafka. De modo que «la forma de este ilustre problema [la carrera de Aquiles y la tortuga] es, exactamente, la de El castillo, y el móvil y la flecha y Aquiles son los primeros personajes kafkianos de la literatura» [21] . Sin embargo, para que pudiéramos darnos cuenta de que el primer paradigma de Kafka está cifrado en la antigua paradoja del Estoico, es necesario tener el conocimiento de los dos y, al asociarlos, crear el vínculo de influencia, que, en la percepción del lector, se crea más bien en el sentido contrario a la cronología. Porque si bien es cierto que cronológicamente la influencia se extiende desde Zenón hacia Kafka, también es cierto que la lectura de Kafka, que rige la asociación con Zenón, va en la dirección opuesta, invirtiendo de este modo el proceso de la influencia. La misma regla aplica Borges a los demás «precursores» de Kafka, entre otros, a Robert Browning: «En cada uno de estos textos está la idiosincrasia de Kafka, en grado mayor o menor, pero si Kafka no hubiera escrito, no la percibiríamos ; vale decir, no existiría. El poema «Fears and Scruples» de Robert Browning profetiza la obra de Kafka, pero nuestra lectura de Kafka afina y desvía sensiblemente nuestra lectura del poema» [22] . Así es que, a través de nuestra lectura, clasificamos y modificamos los textos anteriores, invirtiendo los zinzor (canales) en el mundo sefirótico de la literatura panteísta. Por consiguiente, en la conclusión final de este ensayo Borges afirma de una manera contundente «El hecho es que cada escritor crea a sus precursores. Su labor modifica nuestra concepción del pasado, como ha de modificar el futuro» [23] .

Así pues, la relación primitiva bilateral (entre el autor y el lector) se convierte en un auténtico “Jardín de los senderos que se bifurcan” (relación reversible entre diversas (re)escrituras y (re)lecturas). Quizá esta visión puede llevar a una posible interpretación del relato que lleva este mismo título paralela a la sugerida por el mismo Borges, según quien el relato es una metáfora del tiempo pero que, al parecer, también podría servir como una dramatización artística del proceso de la creación literaria. Por consiguiente un texto individual, materialmente separado de los demás (recordemos que material significa artificial o incluso falso, según los criterios de este mundo especulativo e idealista) no es sino un tramo del laberinto y su existencia solo tiene sentido precisamente dentro de este laberinto. Separarlo de la totalidad sería comparable al acto de arrancar una rama de un árbol. Como una rama arrancada deja de trasmitir la savia de la cual ella misma se alimenta, se seca y desaparece, un texto recortado artificialmente de la cadena del proceso literario pierde sentido o, por lo menos, una gran parte del significado o significados, preprogramados por los textos anteriores y añadidos por las interpretaciones posteriores.

Por otro lado, según se ha mencionado antes, Borges no limita su aplicación del concepto de la causalidad invertida exclusivamente a la teoría de la literatura. Recuérdese los relatos Examen de la obra de Herbert Quain y La otra muerte en los que también aparece un juego de inversión cronológica. Como recordamos, el mismo título de la obra apócrifa, April March, del escritor ficticio Herbert Quain, constituye un juego de palabras que, de una manera ingeniosa, expone la idea de una marcha atrás (desde abril hacia marzo). Un efecto parecido está descrito en La otra muerte, donde la imaginación del protagonista, fortificada por un deseo poderoso, le permite transformar su pasado infame en un pasado heroico, acabando por trasladar su muerte a una batalla sucedida varias décadas antes. Aparte de sugerir la posibilidad de una reivindicación de la aplicación borgiana de este recurso a la influencia cabalística pero también filosófica (Platón y Bradley), este descubrimiento lleva a otra conclusión particularmente importante para una evaluación global de las influencias filosóficas y místicas en Borges. Se trata de la convicción de que contrariamente a lo que afirma Borges en algunas entrevistas su selección de las mencionadas fuentes no es puramente casual y no se rige exclusivamente por las preferencias estéticas de un literato descreído de las ideas filosóficas o religiosas. Por el contrario, al analizar su predilección de explorar en exclusiva las fuentes idealistas (budismo a través de Schopenhauer, Platón, los neoplatónicos, los gnósticos cristianos, la kábala, etc.) es posible llegar a la conclusión de que la selección de las fuentes se rige por una clara clave ideológica cuyo paradigma es una actitud antinaturalista y antimetafísica, que se manifiesta, en primer lugar, a través del rechazo de la materia y del sujeto, pero que se extiende al rechazo de cualquier ente real, bien sea material, bien sea espiritual.  

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Notas

[1] "Scholem (...) no cree que las influencias cabalísticas en Borges sean profundas. En una entrevista que mantuvimos hace unos años en Jerusalén me decía: " (Barnatán, M. R. Conocer Borges y su obra. Barcelona, Dopesa, 1978, p. 54). Todas las citas de Borges provienen de la siguiente edición: J. L. Borges, Obras completas, Emecé, Barcelona, 1997, en IV volúmenes. En las notas siguientes, para referirse a esta edición se utilizará la siguiente abreviación: OCI para el primer volumes; OCII para el segundo, etc.  

[2] En la Discusión, OCI pp. 209-212.

[3] Tesis con la que difícilmente se puede estar de acuerdo, visto el carácter por lo menos semicientífico o popularizador de muchos de sus ensayos. Por otro lado y a pesar del carácter superficial de la exposición del tema presente en este ensayo, no se puede negar el acierto con el cual (quizá sobre todo intuitivamente) Borges explora ciertos elementos pertenecientes a la cábala en la construcción de algunos relatos. Hay que decir también que su conocimiento de la cábala va en aumento a lo largo de los años de su creación literaria, debido a su continuo interés por el tema y, como afirma él mismo, gracias a las entrevistas con G. Scholem. Fruto visible de este crecimiento del conocimiento cabalístico es otro ensayo consagrado al tema: "La cábala" (en Siete noches (1980), J. L. Borges, OCIII, pp. 267-275), en el cual la exposición parece notablemente más sustentada por el conocimiento de las mencionadas fuentes básicas de la cábala e incomparablemente más matizada.

[4] Por ejemplo en sus conversaciones con R. Alifano. Véase Alifano, R.   Conversaciones con Borges.  Buenos Aires, Atlántida (Madrid, Debate, 1986), 1985, pp. 191-196.

[5] Barnatán, M. R., op. cit. p. 55. En la misma entrevista indicaba Borges también otros libros sobre la cábala, que él había leído, "a Waite, Sérouya, el artículo de la Enciclopedia Británica y a Adolphe Franck." Buscando otras referencias un poco más antiguas, se han de tener en cuenta los años españoles de Borges, en 1919, 1920 y 1923, época en que visitó frecuentemente a su maestro Rafael Cansinos Assens, el cual, por su descendencia judía y por su preocupación por el tema, le proporcionó algunos conocimientos que despertaron su curiosidad. También hay que tener en cuenta su amistad con un compañero de estudios judío del liceo de Ginebra, Maurice Abramowitz y con otro amigo judío de la época, Simón Jichilinski, citado por vez primera en su obra El otro que abre El libro de arena.

[6] Ibid. p. 56. El subrayado es mío.

[7] El Libro de la claridad, Sefer ha-Bahir (1992), Ediciones Obelisco, Barcelona, p. 6.

[8] El Zohar, El Libro del esplendor, (trad. C. Giol), Obelisco, Barcelona, 1996, p. 22. Para más detalles sobre la cuestión de la paternidad literaria del Zohar véase G. Scholem: Les grands courants de la mystique juive, Ed. Payot, Paris, 1968, (Trad. M.-M. Davy), pp. 172-220.

[9] Alazraki, J. Borges and the Kabbalah, Cambridge University Press, Melbourne, 1988, p. 28.

[10] Entre los libros inexistentes citados en El Zohar hay que enumerar por ejemplo El Libro de Adán, El Libro de Enoch, El Libro del Rey Salomón, El libro de Rav Hammuna Sava, etc. Véase J. Alazraki: Borges and the Kabbalah, op. cit. p. 28.

[11] J. Alazraki: Borges and the Kabbalah, op. cit. p. 28.

[12] Recuérdese que en el planeta Tlön no existe el concepto de plagio puesto que el sujeto de la creación es uno y eterno.

[13] Scholem, G.: Les grands courants..., op. cit. p. 34.

[14] Nota sobre (hacia) Bernard Shaw, OCII p. 125.

[15] G. Scholem.: Les grands courants..., op. cit. p. 32.

[16] Recuérdese que en la introducción al relato El Sur el mismo autor sugiere la posibilidad de una lectura alegórica. Muchos de los relatos aparentemente localistas en el fondo son representaciones alegóricas de la ideas filosóficas favoritas de Borges.

[17] Según Dante (Vita Nuova) la lectura alegórica es única, hay que descubrirla tal y como la había cifrado el autor, sin que el lector tuviera la mínima libertad de interpretación o de una lectura creativa.

[18] También R. Barthes propone una visión semejante de una obra literaria: ‘The problem of style can only be treated by reference to what I shall refer to as layerdness (feuilleté) of the discourse.’ Citado por Alazraki, J. Borges and the Kabbalah , op. cit. p. 8.

[19] Sefer ha-Bahir, El Zohar, Obelisco, Barcelona, 1996, op. cit. p. 9. En el mismo lugar M. Satz alega la siguiente cita del libro de Graves y Patai: Los Mitos Hebreos, (Buenos Aires, 1969): “Adán ve a todas las futuras generaciones de la humanidad colgando de su cuerpo gigantesco; Isaac estudia la Ley Mosaica (revelada diez generaciones después) en la academia de Sem, quien vivió diez generaciones antes que él. En realidad, en el protagonista del mito hebreo no sólo influyen profundamente los hechos, palabras y pensamientos de sus antepasados, y se da cuenta de su profundo efecto en el destino de sus descendientes, sino que influyen en él tanto el comportamiento de sus herederos como el de sus ancestros.” (Ibid. pp. 9-10)

[20] H. Bloom, BLOOM, H. Kabbalah and Criticism, The Seabury Press, New York, 1975, p. 69. Para corroborar su tesis H. Bloom aporta en el mismo lugar una cita de G. Scholem referente a la imagen de los canales (channels – zinzor) de influencia de los diferentes sefirot. Lo sorprendente es que la influencia que se desarrolla entre diferentes sefirot no es idéntica a la dirección de la emanación: “Such channels are paths of reciprocal influence between different sefirot. This process is not a one-way influx from cause to effect; it also operates from effect to cause.” (Citado por H. Bloom, ibid. p. 70)

[21] En Otras Inquisiciones, OCII p. 88.

[22] Ibid. p. 89.

[23] Ibid. pp. 89-90.

Fuente : Hottops.com

  

viernes, 28 de febrero de 2014

Borges y la Hermenéutica de la Cábala




Lic. Lucas E. Misseri - Universidad Nacional de Mar del Plata - CONICET

Resumen

Partiendo de la vinculación entre las palabras y las cosas se analiza cómo la hermenéutica cabalística supone una recuperación del sentido primigenio de esa relación, aquél que no suponía representación sino dominio y creación. Nombrar y crear se ven unidos por el lenguaje sagrado, aquél en el que están ya escritos todos los libros. La aproximación hermenéutica de los cabalistas propició leyendas como la del golem que no sólo recuperan ese sentido antiguo de la vinculación palabra-cosa sino que presuponen también un ars combinatoria, que se mantiene en algunas interpretaciones actuales de la genética científica. Borges tomó una buena cantidad de metáforas del acervo cultural judío y las recombinó en sus escritos. En este trabajo se busca analizar unas cuantas de ellas mostrando cómo lo influyeron en su estilo literario y en su pensamiento filosófico.

Abstract

Taking the bond between words and things as starting point, this paper deals with Kabbalistic Hermeneutics as a recovering of the primal sense of that bond, i.e. not representation but domain and creation. Naming and creating come together into the sacred language, this languange in wich every book is written. The hermeneutical approach of kabblalist thinkers led to legends as legend of the golem, which not only recover this old sense of word-thing bond, but presupposed an ars combinatoria, which remains in some contemporary interpretations in scientific genetics. Borges recollected a great amount of metaphores from Jewish culture and recombined them in his writings. This paper search to analize a group of those metaphores showing how they took influenced in Borges’ literary style and philosophical thought.


1. Del aleph, punto de todos los puntos
“…un Aleph es uno de los puntos del
espacio que contiene todos los puntos”2

J. L. Borges, El aleph.

La palabra “cábala” tiene el sentido etimológico de “recepción” y podría ser interpretada como la apertura necesaria, en todo cabalista, para indagar en las múltiples lecturas posibles del texto revelado. Ese texto sagrado compuesto por la Torá, conocido como el “Pentateuco” entre los cristianos, se nos presenta como escrito con un lenguaje que antecede a las cosas mismas. Este lenguaje no representa a la cosa sino que la crea. La divinidad habría combinado los veintidós caracteres sagrados y de cada combinación surgió un ente. De este modo, el cabalista entiende que la revelación, en términos borgeanos, es un “texto absoluto”: la Torá es todos los textos, y es el texto de todo. En cada una de sus interpretaciones posibles e infinitas se encuentra un universo paralelo y absurdo, aunque también el universo empírico, el codex Scripturae incluye entre sus infinitas interpretaciones también al codex naturae: el libro sagrado permite aprehender el libro de la naturaleza. La lectura de esos veintidós caracteres en sus innumerables combinaciones otorga la capacidad, no sólo de leer, sino de crear. Es en este sentido en que podríamos hablar aquí de una hermenéutica biogenética. Pero no nos adelantemos, mejor empezar por el principio: el arkhé perspectivista que recupera Borges en su cuento “El Aleph”.

Para Borges el aleph constituye “’El microcosmo de alquimistas y cabalistas, nuestro concreto amigo proverbial, el multum in parvo!”3 También usa la metáfora del punto de todos los puntos, o la heredada de Alain de Lille4 de la esfera cuyo centro está en todas partes pero su circunferencia en ninguna. Ahora bien, ¿qué es un aleph? En la ficción es un agujero de un diámetro de tres centímetros por el cual puede espiarse todo el mundo desde todas las perspectivas posibles. El aleph es una ventana al inconcebible universo, inconcebible por su infinitud. Pero también el aleph es un símbolo matemático que permite representar distintos tipos de infinitos. Y el aleph es “la primera letra de la lengua sagrada”5 con la cual, tal como se narra en el Séfer Yetzirá, la divinidad creó el universo.

Pero para Borges el aleph tiene otro aditamento. El escritor explora una metáfora que olvida el origen bovino del símbolo hebraico, para el argentino la letra aleph podría ser un ideograma, ya no de un buey, sino de un hombre señalando la tierra y el cielo a la vez, mostrando que en cada microcosmos está presupuesto el macrocosmo. Podemos interpretar esta idea transmitida por el cuento desde muchas perspectivas: la idea del punto de todos los puntos es el libro de todos los libros, la Torá. Idea reafirmada por otros dos cuentos borgeanos: “La biblioteca de Babel” y “El libro de arena” que exploran esa idea de un texto absoluto. Aunque también está la idea, vestida del falso ropaje del hermetismo por los renacentistas que la tomaron de la antigüedad gnóstica y judaica, que da a todo macrocosmo una infinidad de microcosmos. Esa idea fue apreciada igualmente por Leibniz, a quien Borges citó varias veces, y que sostuvo una metafísica macro-microcósmica a partir de su idea de las mónadas: unidades entitativas que todo contienen en sí6. El texto sagrado es una mónada, pero a diferencia de Leibniz y más cerca de los cabalistas se sitúa Borges al sostener que hay una posibilidad infinitesimal de acceder a esa mónada cerrada en sí. Hay una interpretación que, aunque casi inhallable, permite reproducir el acto creador y por tanto generar otro y el mismo universo.

2. Babel y los intérpretes
Por este arte puedes contemplar la variación de las veintitrés letras, que pueden ser infinita-mente combinadas, de modo que las palabras compuestas y deducidas de aquí no estarán contenidas dentro de la brújula del firmamento; diez palabras pueden combinarse en 40.320 distintos modos7.

R. Burton, Anatomía de la melancolía

Otro de los cuentos necesarios para mentar a Borges como hermeneuta de la cábala es “La Biblioteca de Babel”. Babel, Babilonia, ha sido considerada como complemento de toda expresión negativa desde hace milenios. Los textos sagrados de judíos y cristianos recogen varios insultos para esa tierra a la que muchos judíos fueron llevados como prisioneros. Esta metáfora también se mantiene en el rastafiarianismo, donde Babylon remite a todo lo negativo mientras su opuesto paradisíaco es Zion, donde todos los africanos esclavizados volverán para alcanzar su libertad no solo política sino metafísica. Pero es harto probable que Borges emulase en su biblioteca de Babel a la mítica torre de Babel. Esa historia que narra el principio de la mutua incomprensión humana y asimismo, el inicio de toda necesidad hermenéutica. Con ese castigo divino por el cual los hermanos ya no entienden sus lenguas también se inauguran la traducción y la interpretación; dos formas que, a partir de la escritura, se desarrollarán como un viaje entre textos: como una hermenéutica propiamente dicha. En todo viaje uno deja algo propio a su partida y llega a destino con algo ajeno. Esa doble traición que supone toda traducción: traición al lector y traición al autor nace con ese mito fundacional del multilingüismo, la torre de Babel.

En su cuento escrito en 1941, a tan sólo tres kilómetros desde donde medito estos fragmentos8, Borges se muestra más conciliador que los creadores del mito de la torre. Su biblioteca conserva, a partir de una imposible arquitectura, quizá escheriana, todos los ejemplares con todas las combinaciones posibles de caracteres y de sentidos. Cada sección está divida en hexágonos y cuando se refiere a la estructura general parafrasea a Alain de Lille nuevamente al decir que “La Biblioteca es una esfera cuyo centro cabal es cualquier hexágono, cuya circunferencia es inaccesible”9.

ו. Los símbolos de la biblioteca no son veintitrés como aparecen en la cita de Burton sino veintidós como la cábala, pero con tres elementos de puntuación adicionales: el espacio, el punto y la coma. La idea cabalística del texto absoluto deviene “biblioteca” y Borges advierte que un bibliotecario, como él mismo:

…dedujo que la Biblioteca es total y que sus anaqueles registran todas las posibles combinaciones de los veintitantos símbolos ortográficos (…) o sea todo lo que es dable expresar (…) la historia minuciosa del porvenir, las autobiografías de los arcángeles, el catálogo fiel de la Biblioteca, miles y miles de catálogos falsos…10.

En la Biblioteca de Babel se mezclan los temores y las esperanzas del cabalista. La fatalidad aparece como las casi infinitas combinaciones falsas y la redención se manifiesta como el ejemplar perfecto que contiene “el compendio perfecto de todos los demás”, según Borges, “algún bibliotecario lo ha recorrido y es análogo a un dios”11. Ese premio apoteósico es lo que le espera al cabalista, aunque hay en esa tarea un dejo de imposibilidad. ¿Cómo encontrar la lectura adecuada en un infinito de lecturas posibles? La respuesta de Borges no se deja esperar “Que el cielo exista, aunque mi lugar sea el infierno”12. Es decir, el deseo de que el libro perfecto exista, de que la interpretación verdadera sea asequible, aún cuando no sea uno quien la descubra. Leer, aunque mi lectura no sea la verdadera, pero que esté amparada en la existencia de una lectura verdadera cuanto menos “posible”.

3. El golem de Borges
El cabalista que ofició de numen
A la vasta criatura apodó Golem;
Estas verdades las refiere Scholem
En un docto lugar de su volumen.

J. L. Borges, “El golem”13

Entre las anécdotas del escritor argentino se encuentra su aprendizaje del alemán a partir de un diccionario y, entre otros textos, Der Golem de Gustav Meyrink, texto que posteriormente prologaría y en el cual se inspirará para su poema homónimo. Borges sólo encuentra rima para “golem” en Gershom Scholem, este último, quizá el cabalista por antonomasia del siglo XX, fue maestro de Borges aunque tuvieron contacto personal a posteriori de la composición del poema. Los golems de Borges y de Meyrink son aún más imperfectos que el de Scholem porque perduran en la existencia y son fruto de un solo y vanidoso creador humano.

Scholem dedicó parte de sus tesis al Séfer Yetzirá, el libro de la creación entre los cabalistas. Este compone junto con el Sefer haZohar, “El libro del Esplendor” y el Sefer haBahir, “El libro de la iluminación” la tríada bibliográfica básica del cabalismo tal como se lo registra desde el siglo XIII. Algunos cabalistas consideraban que en el propio Séfer Yetzirá se encontraba la clave para dar vida a un golem. Borges se vale de este hecho reuniendo la tradición judaica con la helénica y comienza el poema del monstruo citando a Platón “Si (como el griego afirma en el Cratilo) / El nombre es arquetipo de la cosa, / En las letras de rosa está la rosa / Y todo el Nilo en la palabra Nilo”14. En el fragmento se presuponen varias ideas ligadas a lo que en este trabajo denominamos la “hermenéutica biogenética”: a) la búsqueda de las palabras del acto creador del hombre15, b) la reproducción de las mismas para emular dicha génesis, c) la cuestión de los universalia ante rem. Todas estas ideas están interrelacionadas en el poema.

Empezando de atrás hacia delante, si en la palabra rosa está la rosa misma se reclama la anterioridad de la palabra a la cosa, y de hecho se sustenta la creación de lo empírico a través de lo lingüístico. Estas palabras vendrían a ser una suerte de ideas platónicas o “arquetipos” de las cosas o si se quiere una recuperación del sentido chamánico de la palabra por el cual el nombre no representa la cosa sino que la invoca o la crea. Probablemente sea la misma superstición que llevó a Odisea a ocultar su verdadero nombre a Polifemo, puesto que el poseer el nombre implicaría poseer también un poder sobre la cosa nombrada.

De este modo, el cabalista, Judá León y el escritor ideal buscan imitar la creación divina eligiendo los nombres adecuados que generen vida y todo tipo de entes. Judá León juega a ser la divinidad al emular el acto creador, es un golem que crea a otro. Es un dios-humano creando un humano-cosa. Por ello, Borges cierra el poema preguntándose “¿Quién nos dirá las cosas que sentía Dios, al mirar a su rabino en Praga?”16. ¿Qué siente el creador al ver a su imitador intentando copiarlo? La pregunta de Borges podría presuponer un juicio moral sobre el acto de Judá León. Pero las posibles interpretaciones son infinitas: la divinidad podría sentir ira por el desafío de su creación, orgullo ante la consumación de su émulo, el desprecio que siente todo autor al descubrir a un plagiario o una indiferencia epicúrea y trascendente por ese acto ínfimo en la infinitud del universo.

4. Gnosticismo y cábala cristiana

La cuestión del origen y de los estadios primitivos de la Cábala, de que la forma del misticismo y teosofía judíos que parece haber emergido súbitamente en el siglo XIII, es indisputablemente uno de las más difíciles en la historia de la religión judía después de la destrucción del Segundo Templo.17

G. Scholem, El origen de la Cábala.

Gershom Scholem en su libro Ursprung und Anfänge der Kabbala (Origen y comienzos de la cábala) se propuso trazar una hipótesis superadora de la que mantenían Heinrich Graetz y David Neumark. Ambos coincidían en que la cábala aparecía en el siglo XIII pero diferían en sus juicios valorativos con respecto al contenido y a las prácticas de los cabalistas. Según dice, Scholem, Graetz afirmaba en su Geschichte der Juden (Historia de los judíos) que la cábala no fue más que una mera reacción oscurantista ante el racionalismo de los seguidores de Moshe ben Maimón “Maimónides”. Mientras que para Neumark, en su Geschichte der jüdischen Philosophie des Mittelalters (Historia de la Filosofía judía en el Medioevo), la cábala era el resultado también de una serie de procesos internos dentro del judaísmo pero ya no una reacción ante los seguidores de Maimónides, sino como la antigua oposición entre los cosmólogos talmudistas ligados a la visión sustancialista de la Ma’aseh Bereshith y los ligados a la visión emanatista de la Merkabá18. Scholem busca sintetizar ambas posturas advirtiendo un detalle no menor, que es la presencia del gnosticismo en el lugar de eclosión de la cábala: la Provenza cátara del siglo XIII.

Scholem parece aplicar la teoría de la translatio studiorum sostenida por Alain de Libera19 cuando explica el desarrollo de la cábala a partir de un movimiento geográfico que iría desde el sur de Francia a la España meridional. El caldo de cultivo de las ideas cátaras influye en los místicos judíos dejando como resabio la idea de la metempsicosis. Esta transmigración de las almas ya sostenida por los “perfectos” o “buenos hombres” del Mediodía francés reaparece en el Renacimiento entre los filósofos cristianos que tomaron elementos cabalísticos eclécticamente. Nos referimos aquí a un caso concreto y es el de la Academia Neoplatónica de Florencia. Allí tanto Marsilio Ficino como Giovanni Pico della Mirandola se imbuyeron en el conocimiento de la cábala y tomaron de allí la idea gnóstica de la metempsicosis20.

La disputa que se sostiene según la interpretación de Graetz entre racionalismo y misticismo puede ser trasladada del judaísmo también al cristianismo y de ambas a la literatura de Borges a partir del vínculo que éste tiene con la Filosofía. En “El ruiseñor de Keats” Borges cita la frase de Coleridge según la cual todos los hombres “…nacen platónicos o aristotélicos”21 de este modo podría pensarse que cada una de las posturas que evidencian influencia de esos dos pensadores, recordemos que Maimónides fue intérprete de Aristóteles y que los cabalistas heredaron cierto platonismo gnóstico, es la reencarnación de esos otros dos y la disputa es una querella interminable, indefinible y eterna. Platón y Aristóteles encarnados mil veces en la historia de la humanidad, siendo antaño, griegos, anteayer cristianos, musulmanes y judíos y ayer Borges y su otro.

4. El automito del Borges judío

“Borges Acevedo es mi nombre. Ramos Mejía, en cierta nota del capítulo quinto de Rosas y su tiempo, enumera los apellidos porteños de aquella fecha, para demostrar que todos, o casi todos, “procedían de cepa hebreo portuguesa”. Acevedo figura en ese catálogo: único documento de mis pretensiones judías (…) Doscientos años y no doy con el israelita, doscientos años y el antepasado me elude (...) Nuestros inquisidores buscan hebreos, nunca fenicios, garamantas, escitas, babilonios…”22

J. L. Borges, “Yo, judío”.

Siguiendo con el carácter proteico que toma el propio Borges, a lo largo de su vida y a lo largo de su obra mantuvo entre todos sus yoes una postura de admiración y amistad hacia el pueblo y la cultura judíos como una constante. De hecho confesó su atracción por sus leyendas, sus historias, la metodología de los cabalistas, sus arcanos y en último término, sus amistades. Denunció el horror del antisemitismo y de obras aborrecibles como Trau keinem Fuchs (No confíes en ningún zorro) que no hacían más que distorsionar la realidad y contribuir a un adoctrinamiento en el odio.

No obstante, como era característico en él fue aún más lejos en su lectura de los signos y se pensó judío, así como otras veces reivindicó su fervor de porteño, o sus orígenes ingleses o se sintió nórdico como lo atestigua su tumba en Ginebra. Afecto a las máscaras, Borges hizo de sí mismo un mito y como todo mito es pasible de innumerables lecturas.

Recuperando la metáfora de la reencarnación o del eterno retorno podríamos decir que Borges se encarna en vida en varias personalidades y en varias historias de vida. Es el eterno retorno de lo otro, de lo diferente. Su metafísica aunque idealista y en cierto sentido más platónica que aristotélica, propugna un yo plural. De este modo en el agregado del epígrafe marca el absurdo que supone una genealogía con pretensiones de pureza racial. Si Borges se sintió judío, fue judío por la cultura y no por la sangre. Del mismo modo que incluso los antisemitas occidentales son judíos, del mismo modo que también son griegos: por herencia cultural. Somos judíos, somos griegos, somos Platón, y somos Aristóteles. Negar un aporte cultural por diferencias mezquinas no es más que negarse a leer un hexágono en la gran biblioteca del espíritu humano, es sumar a la dificultad de traducción un impedimento volitivo, es cerrar los ojos ante el gran libro de la humanidad y por tanto, es perder la posibilidad de entender y de imitar el acto creador.

5. El Spinoza de la calle Serrano 213523

Las traslúcidas manos del judío
Labran en la penumbra los cristales
Y la tarde que muere es miedo y frío,
(Las tardes a las tardes son iguales.)
Las manos y el espacio de jacinto
Que palidece en el confín del Ghetto
Casi no existen para el hombre quieto
Oue está soñando un claro laberinto.
No lo turba la fama, ese reflejo
De sueños en el sueño de otro espejo,
Ni el temeroso amor de las doncellas.
Libre de la metáfora y del mito
Labra un arduo cristal: el infinito
Mapa de Aquél que es todas Sus estrellas.

J. L. Borges, “Spinoza”.24

Si hay un filósofo por el que Borges ha manifestado su simpatía explícitamente ese ha sido Baruch de Spinoza. Por su origen judeoportugués tuvo por nombre de nacimiento Bento D’Espiñosa, compartiendo la procedencia del “Azevedo” esquivo del árbol genealógico de Borges. A Bento dedicó dos sonetos: “Spinoza” y “Baruch Spinoza” e hizo menciones de sus ideas en “Borges y yo”, “El Alquimista”, “Israel”, “El indigno”, “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, “La muralla y los libros”, “La creación y P. H. Gosse”. “El primer Wells”, “De alguien a nadie”, “De las alegorías a las novelas”, “Historia de los ecos de un nombre”, “La cábala”, entre otras.

Entre las principales ideas spinozianas se destacan el monismo metafísico, el principio de autoconservación o conatus, la equivalencia entre la divinidad y la naturaleza mediante la fórmula Deus sive natura (Dios o sea la naturaleza) y la felicidad (beatitudo) entendida como el conocimiento de la divinidad. Estos aspectos unidos a la interesante biografía del filósofo holandés fueron fuente de inspiración para el poeta argentino. Spinoza era un holandés, judío, hijo de portugueses que a su vez tenían sus raíces en España y que por tanto hablaba todas las lenguas correspondientes a esos orígenes unido al latín que aprendió de su profesor Van den Enden. Políglota lleva en su nombre una paradoja tragicómica de su vida: siendo Baruch o Bento, “el bendito”, fue maldecido por su comunidad, excomulgado y expulsado por sus ideas heterodoxas que hacían peligrar el frágil status de la comunidad en la tolerante Holanda. Tanto Borges como Spinoza fueron sospechados de ateísmo, tanto uno como el otro fueron espíritus solitarios y reflexivos y, si hacemos caso a Moshe Idel, ambos estuvieron interesados en la cábala.

Según Idel dos de las ideas principales del filósofo admirado por Borges ya estaban presentes en un cabalista del siglo XIII: el rabino Abraham Abulafia. Warren Zev Harvey añade que no solo Abulafia sino también un maimonídeo como el rabino Abraham Shalom en el siglo XV. Según Harvey, Abulafia se anticipó cuatrocientos años a Spinoza afirmando la equivalencia numérica entre las palabras “Dios” (elohim) y “naturaleza” (ha-teba’). Ambas suman ochenta y seis y recordando la ausencia de azar en la escritura, tesis cabalística por excelencia, connota una estrecha vinculación entre ambos conceptos. Además de ello, también posee una expresión similar a la que define la beatitudo en Spinoza como amor Dei intellectualis: ahabah elohit sikhlit (amor intelectual divino)25. Esto evidencia, sino una lectura de Spinoza por lo menos una serie de fuentes en común con la cábala. Con estos datos el afecto del Borges cabalista por el filósofo de Ámsterdam parece, más que una predilección, una necesidad.

6. Una mirada sindiásmica de un Borges cabalista
“La cábala no sólo no es una pieza de museo, sino una suerte de metáfora del pensamiento”26

J. L. Borges, Siete noches.

¿Qué tienen en común los cabalistas judíos, los alquimistas árabes, el franciscano Ramón Llull, el filósofo renacentista Giovanni Pico della Mirandola y el moderno Gottfried Leibniz? No solo el interés de Borges, sino la obsesión de todos ellos por un ars combinatoria, es decir, un arte de la combinación. Los cabalistas buscaban, mediante combinaciones hermenéuticas, acceder al sentido primigenio de la escritura, acercarse a la divinidad por el perfeccionamiento del conocimiento de su obra y del instrumento de su obra: el lenguaje sagrado. Para ello combinaban términos, números, interpretaciones; lo propio hacían los alquimistas mezclando sustancias. En el siglo XIII, Llull inventó en su Ars Magna una máquina que, mezclando términos metafísicos, tendría la capacidad de brindar, por rotación y combinación, el conocimiento supremo. Por su parte, Pico della Mirandola estaba convencido de que la verdad estaba distribuida entre las distintas sectas, por lo cual abrevó sus novecientas tesis en las tres grandes tradiciones: la clásica grecorromana, la cristiana y la judeo-babilónica. Leibniz, en cambio, se replanteó el problema de Llull en su Dissertatio de arte combinatoria, de 1666, y sostuvo que todas las verdades no son más que la combinación de unos pocos conceptos. Ahora bien, la pregunta sería ¿cuál es el arte combinatorio de Borges y qué vinculación tiene con la cábala?

Empleando un neologismo de cuño helénico podemos decir que encontramos en Borges sobradas pruebas de un enfoque sindiásmico, esto es combinatorio y perspectivista. Él no se conforma con reconocer la combinación que da sustento a la idea de occidente “Atenas y Jerusalén”, es decir la filosofía griega y el pensamiento judeo-cristiano, sino que mezcla elementos nórdicos, gnósticos y arrabaleros. El universo borgeano es un caleidoscopio infinito en el cual las formas culturales se mixturan como los conceptos de Leibniz o de Llull. Por tanto, es inevitable que entre sus páginas se filtre el problema de la identidad entre concepto y concepto porque Borges deviene argentino, judío, vikingo, portugués, inglés, se convierte en el otro y en el mismo.

Esa esencia inquieta y en construcción como pensaba Pico della Mirandola, tiene una ligazón directa con la cábala. Pareciera que la interpretación y los intereses borgeanos pudieran ser entendidos como una metodología de la redención. En sus conferencias tituladas Siete Noches explica que la cábala es una metáfora noética. Esa metáfora está latente no solo en el pensamiento borgeano sino en su obra. Ese sentimiento de judeidad cabalística que lo atrae es porque entiende al judío como un único hombre que “…es Spinoza y el Baal Shem y los cabalistas, / un hombre que es el Libro”27. Un hombre que es un libro, un hombre que tiene las propiedades del texto cabalístico, puede ser leído de muchas formas incluso hasta llegar al absurdo: la vida de Borges puede ser entendida como la de un judío en busca de su origen o incluso no sólo de un no-judío sino de un no-Borges. En las mismas conferencias séptuples nuestro autor afirma: “la cábala enseñó la doctrina que los griegos llamaron apoka­tástasis, según la cual todas las criaturas, incluso Caín y el Demonio volverán, al cabo de largas trasmigraciones, a confundirse con la divinidad de la que alguna vez emer­gieron”28. ¿Cuál es la redención que busca el Borges cabalista? La escritura de la propia identidad, en una incesante reescritura de lo mismo-otro (como Pierre Menard), a la espera de la vuelta a lo Uno. Liberarse, buscándose.

Lucas Emmanuel Misseri

Profesor y licenciado en Filosofía por la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP). Doctorando en Filosofía por la Universidad Nacional de Lanús gracias a una beca doctoral de CONICET. Profesor adjunto de Historia de la Filosofía Moderna en la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales de Buenos Aires y ayudante de primera en la cátedra de Filosofía Medieval de UNMDP. Miembro de la Asociación Argentina de Investigaciones Éticas, editor en jefe de Prometeica. Revista de Filosofía y Ciencias y co-editor de Agora Philosophica. Revista Marplatense de Filosofía. Ha realizado instancias de formación en Eslovaquia y México y ha publicado diversos artículos y libros sobre temáticas ligadas al utopismo y a la Filosofía del Renacimiento.


Bibliografía

Borges, J. L. Obras completas, 1923-1972. Emecé, Buenos Aires, 1984.
______. Obras completas, 1975-1985. Emecé, Buenos Aires, 1989.
Burton, R. Anatomy of Melancholy, Vol. 1, Echo Library, Fairford, 2007.
Harvey, W. Z. “Idel on Spinoza” en: Journal of the Study of Religion and Ideologies, 6, 18 (invierno 2007), pp. 88-94.
Kazmierczak, M. La metafísica idealista en los relatos de Jorge Luis Borges. UAB, Bellaterra, 2001.
Idel, M. Kabbalah: New Perspectives. Yale University Press, 1998.
Leibniz, G. W. Monadología, Orbis, Madrid, 1983.
Libera, A. de. La filosofía medieval. Editorial Docencia, Buenos Aires, 2000.
Ogren, B. Renaissance and Rebirth. “Reincarnation in Early Modern Italian Kabbalah”, Brill, Boston, 2009.
Scholem, G. G. Origins of the Kabbalah. Princeton University Press, 1987.



1 Agradezco especialmente a Nicolás Hochman, Darío Sztajnszrajber y María Isabel Ackerley por sus útiles consejos para el desarrollo de este artículo.

2 Borges, J. L., Obras completas. Emecé, Buenos Aires, 1984, p. 623.

3 Id., p. 624.

4 Alain de Lille fue un poeta y teólogo francés del siglo XII. Citado también por Borges como Alanus de Insulis, en “El Aleph” y en “La esfera de Pascal” o “Doctor Universalis”, en “Pierre Menard, autor del Quijote”.

5 Ibid., p. 627.

6 Cf. Leibniz, G. W. Monadología. Orbis, Madrid, 1983.

7 Burton, R. Anatomy of Melancholy, Vol. 1, Echo Library, Fairford, 2007, p. 406. En cursiva el extracto citado por Borges directamente en inglés en “La biblioteca de Babel”, Borges, Op. Cit., p. 465.

8 El texto fue escrito en Mar del Plata, en 1941, probablemente en la residencia de verano de la familia Ocampo. Familia vinculada legalmente a Bioy Casares, escritor y amigo de Borges y esposo de Silvina y cuñado de Victoria Ocampo. Borges dedicó cuentos a ambas hermanas Ocampo.

9 Borges, Op. Cit., p. 466.

10 Ibid., p. 467.

11 Ibid., p. 469.

12 Ibid., p. 470.

13 Ibid., p. 886.

14 Ibid., p. 885.

15 Borges tiene presente la etimología del nombre Adán como “tierra roja”. Tomando esa significación original y otras metáforas ligadas a la tierra, el barro y el polvo, la analogía entre el golem y el hombre deviene inevitable.

16 Borges, Op. Cit., p. 887.

17 Scholem, G. G., Origins of the Kabbalah. Princeton University Press, 1987, p. 20.

18 Id., pp. 7-9.

19 Cf. Libera, A. de. La filosofía medieval. Editorial Docencia, Buenos Aires, 2000.

20 Cf. Ogren, B. Renaissance and Rebirth. “Reincarnation in Early Modern Italian Kabbalah”. Brill, Boston, 2009.

21 Borges, Op. Cit., p. 719.

22 Id., “Yo, judío” en: Revista Megáfono, n. 11, t. 3, Buenos Aires, abril de 1934, p. 60.

23 Aquí se parafrasea el título de la obra de I. B. Singer The Spinoza of Market Street, adaptando la calle a la dirección de la casa porteña en la cual Borges se crió y a la cual mencionó con afecto en por lo menos dos de sus obras. Hoy ese tramo de la calle Serrano en el que vivió Borges fue rebautizado con su nombre.

24 Borges, Op. Cit., p. 930.

25 Harvey, W. Z. “Idel on Spinoza” en: Journal of the Study of Religion and Ideologies, 6, 18 (invierno 2007), p. 88.

26 Borges, Obras completas. Emecé, Buenos Aires, 1989, p. 274.

27 Borges, Obras completas. Emecé, Buenos Aires, 1984, “Israel”, p. 997.

28 Id. Obras completas, Emecé, Buenos Aires, 1989, p. 275.
Revista Observaciones Filosóficas - Nº 12 / 2011


Fuente : Revista Observaciones Filosóficas

sábado, 16 de febrero de 2013

Borges, la cábala y el New York Times



June 29, 2010

New York Times recién publicó un ensayo por la escritora canadiense Rivka Galchen, en donde ésta ofrece un comentario sobre el ensayo “La ficción literaria”, una pieza juvenil de Jorge Luis Borges, publicada por allá por 1928. El ensayo es parte de la antología On Writing, recientemente publicada por la casa editorial Penguin Classic bajo la dirección editorial de Suzanne Jill Levine.

En su ensayo, Galchen explora el tema de las influencias, particularmente en cuanto a la práctica de la escritura y, por otro lado, en relación al motivo, muy presente en Borges, del “ideal platónico del escritor” y de su culto. Galchen se concentra, como se dijo antes, en el ensayo “Literary Pleasure”, que Borges publicó originalmente en español (en 1928) como “La fruición literaria” (en inglés, ver también The Total Library: Non-fiction, 1922-1986; en español ver El idioma de los argentinos).

Otro tema que Galchen explora en su ensayo es la influencia del escritor de aventuras escocés, Robert Louis Stevenson, sobre Borges. La misma ha sido bien documentada ya (por ejemplo, por Daniel Balderston en su libro El precursor velado: R. L. Stevenson en la obra de Borges), así que en esto Galchen no ofrece nada nuevo, fuera de su mención de la novela de Stevenson The Wrecker, que tampoco es nuevo como puede verse en el trabajo del mismo Balderston citado antes.

En fin, me interesa resaltar una cosa. Galchen menciona que Borges, en su prólogo a la antología El jardín de senderos que se bifurcan (parte de la colección Ficciones), explica sus razones para no escribir novelas del siguiente modo (aquí ofrezco la versión original de la cita en español):

    Desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros… Mejor procedimiento es simular que esos libros ya existen y ofrecer un resumen, un comentario.

Esta cita y la mención a la obra de Stevenson (cuyo tema ella resume con la frase “the hyperbolized material world measures up to the outsize passions of the heart”), le sirven a Galchen para desarrollar lo que es su motivo más interesante: la manera como el culto a la lectura conjura, en Borges, el deseo de inventar el libro que su corazón “desperately wishes to respond”. Galchen cita, por ejemplo, el cuento “Pierre Menard, autor del Quijote” (está en Ficciones).

Como se recordará, Pierre Menard es un escritor que quiere componer el Quijote, “no otro Quijote“, aclara, “sino el Quijote“. Su deseo no es copiar la obra del castellano sino, usando la palabra de Galchen, “conjurarla”. En otras palabras, Menard quiere crear una obra que produzca en el lector una experiencia idéntica a la que produjo la obra original en el lector del siglo XVII, pero trasladada al siglo XX. Si reiteramos, lo que Menard quiere hacer es “conjurar” la grandeza de la obra del castellano pero sin repetirla y, más importante aún, sin pretender ser otro Cervantes, sino seguir siendo él mismo, es decir, Pierre Menard. [PD: por cierto, recuérdese que la novela de Bolaño, Estrella distante, comienza conjurando al fantasma de Pierre Menard. Bolaño practicó también eso que podríamos llamar la poética borgesiana o la aproximación borgesiana a la literatura: que no es otra cosa que, como dice Borges, inventarse los libros para luego resumirlos, comentarlos.]

Galchen ve en esta insistencia de Borges por inventar libros a los que él “desperately wishes to respond”, la consecuencia inevitable de su convicción de que “book’s characters are only a string of words”. Ahora bien, ¿y qué tienen que ver los “strings of words” con los conjuros? Bueno la relación es evidente sólo si entendemos la pasión de Borges por la cábala y por el esoterismo. Como sabemos, evidencia de esta pasión abunda en muchas de las historias de Borges, así como en algunos de sus poemas. Por ejemplo, uno de sus cuentos mas famosos, “El aleph“, está inspirado en un tema cabalístico, al igual que su poema “El Golem”, que es parte de la colección El otro, el mismo.

Como sabemos (sobre el particular ver el excelente libro de Saúl Sosnowski Borges y la cábala. La búsqueda del verbo), Borges sentía una fascinación casi enfermiza por la cábala, sobre la que aprendió en una serie de encuentros con Gershom Scholem, el filólogo y estudioso de la cábala israelí quien, además, fue también amigo y una gran influencia en el crítico alemán Walter Benjamin. De ese interés por la cábala es que le viene a Borges eso que Galchen caracteriza como una convicción por ver los personajes de un libro como “string of words” y la lectura/escritura como una forma de “conjuro”. Y ello porque para el cabalista – ver el libro de Scholem On The Kabbalah and Its Symbolism, que fue uno de los usados por Borges – el mundo no es sino una emanación (i.e., algo que emerge después de conjurarse) de un “string” de cuatro letras: el tetragrámaton hebreo: YHWH (יְהֹוָה).

Fuente : Samuel Sotillo's The Invisible Friend
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