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miércoles, 20 de noviembre de 2019

34 Festival de Cine de Mar del Plata - 2019: “La invención de Borges” de Nicolás Azalbert




Camila Mollica 

Si buscamos en el diccionario la cinefilia refiere al amor por el cine, eso que sentimos todos en el momento en el cual nos sentamos en una sala en la oscuridad y la pantalla gigante nos transporta hacia otro espacio. Ese mismo sentimiento llevó a Hayrabet Alacahan a volverse un “enfermo” por el cine, adjetivo que él mismo se adjudicó cuando presentó la película “La invención de Borges” junto a su director Nicolás Azalbert, en esta edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, film que forma parte del Panorama de Cine argentino en este evento.

El film recorre la historia de este personaje que merece un reconocimiento por el gran trabajo que le ha dedicado al cine. Hayrabet realizó dos tomos de Enciclopedia con todos los realizadores de cine que han existido desde los inicios del séptimo arte, sin dejar a ninguno de ellos afuera, para reconocer a los olvidados y repasar aquellos que sí llegaron a los ojos de la mayor cantidad de espectadores, un esfuerzo gigante hecho con amor y que esta película logra realizar el necesario homenaje.

Su título remite a la comparación que hace el film entre Borges y Hayrabet. Los cuentos del escritor fueron motor de inspiración para una cantidad innumerable de films. Como en sus obras existe la presencia de una tercera persona que relata los hechos, el film toma el mismo método para contar los diferentes recorridos que va realizando el protagonista junto a Emma (interpretada por Camila Fabbri), donde se narran algunos hechos verdaderos y otros ficticios, contados por una voz en off, la cual escuchamos a lo largo de toda la cinta. Junto a estos relatos ficticios observamos fragmentos de varias películas clásicas que se unen con la historia del protagonista. Es el propio Hayrabet quien se interpreta a sí mismo, pero la ficción le agrega la ceguera, particularidad que sufrió Jorge Luis Borges.

De la misma manera que el documental de Luz Ruciello llamado “Un cine en concreto” retrataba la pasión que sentía Omar José Borcard por el cine al construir una sala en su casa para que pudieran asistir los habitantes del pueblo donde vive, la película en cuestión también realiza un gran homenaje a Hayrabet Alcahan, un personaje que debe ser conocido por todos los que amamos el cine: las películas que se centran en estos personajes particulares hacen que reflexionemos sobre todos los sentimientos que se pueden despertar a partir de los films y son estas vidas que es hermoso conocer y emocionarse junto a ellas.

En resumen, “La invención de Borges” es una historia para emocionarse, es una película sobre el amor hacia el cine, donde además de ver la cinta, vemos otros films dentro de la misma, además de otras referencias sobre las diferentes etapas y modos de filmar que existieron a lo largo de la historia del séptimo arte. Un film que todo cinéfilo va a disfrutar.

Fuente :Cinéfilo serial

viernes, 1 de marzo de 2019

50 años de "Invasión": la historia detrás de la mítica película de Borges, Bioy y Hugo Santiago

El emblemático filme del cine argentino, guionado por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, fue un fracaso comercial que pocos entendieron y con múltiples interpretaciones. Durante la dictadura, un grupo comando secuestró los negativos y estuvo desaparecida. El recuerdo del director Mariano Llinás y de Annamaría Muchnik, hermana de Hugo Santiago, al cumplirse el primer aniversario de su muerte

Por Ulises Rodríguez
 

 Hugo Santiago, Ricardo Aronovich, Jorge Luis Borges y Lautaro Murua

Mariano Llinás dice por teléfono que le "encanta" la idea de hablar sobre Invasión y más aún de Hugo Santiago pero "la condición es que vengas a la productora porque te vas a sorprender". Cuando el director de Balnearios (2002); Historias extraordinarias (2008) y La flor (2018) abre la puerta del PH de Recoleta donde funciona El Pampero Cine lo primero que se ve es un cuadro gigante con el mapa de Aquilea: la Buenos Aires mítica que crearon Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Hugo Santiago; la ciudad imaginaria en la que transcurre el film que -para muchos es- la mejor película de la historia del cine argentino. Por supuesto, Llinás se inscribe en esa lista.

"La escena de la milonga de Invasión es un momento único en la historia del cine porque para mí Invasión es la Patria. Cuando llega uno de los personajes y dice 'la amistad es una pasión tanto más lúcida que el amor' y en donde a la pregunta '¿A qué morir por gente que no quiere defenderse?', se responde: 'La ciudad es más que la gente'. Ese es un momento de esplendor", recita con emoción Llinás desde un sillón ubicado justo frente al mapa que parece un tablero de ajedrez tridimensional, uno de sus mayores tesoros firmado por Hugo Santiago y dedicado a "los pamperos y las pamperas".

La primera vez que Llinás vio la película fue en 1995 cuando estaba estudiando la carrera de cine. "Llegué a Invasión como la película de Borges y Bioy Casares y como era un pendejo, en aquel momento, no entendí nada".


Tal vez lo mismo que sucedió con el director -autodefinido "primero como uno de sus tantos acólitos, luego su camarada y más tarde su cómplice"- haya ocurrido con los espectadores que el 16 de octubre de 1969 (día del estreno comercial en Buenos Aires) pagaron una entrada en el cine Hindú de calle Lavalle para ver "la película de Borges y Bioy Casares".

Publicitada como "un film líder, una verdad prohibida para menores de 18 años" en las páginas del diario La Nación, la película remite a un enfrentamiento entre dos bandos, en el año 1957, en medio de una Aquilea urbana que no intenta disimular nunca que se trata de Buenos Aires.

La película fue estrenada en la función de apertura de la primera edición de la Quincena de los Realizadores del Festival de Cannes y llegó a las salas porteñas tras ser premiada en los festivales de Locarno, Mannheim y Barcelona.

En la sinopsis, escrita por el mismo Borges, "Invasión es la leyenda de una ciudad, imaginaria o real, sitiada por fuertes enemigos y defendida por unos pocos hombres, que acaso no son héroes. Lucharán hasta el fin, sin sospechar que su batalla es infinita".

Protagonizada por Lautaro Murúa, Olga Zubarry, Juan Carlos Paz, Roberto Villanueva, Martín Adjemian y Oscar Cruz a este film vanguardista para la época le tocó compartir cartel con películas exitosas como El graduado con Dustin Hoffman (ganadora de un Oscar) y ¡Viva la vida! con Palito Ortega, Violeta Rivas, Tita Merello, Hugo del Carril y otras figuras de la época que con sólo figurar sus nombres en las marquesinas las salas de cine se llenaban.

En esos años de la dictadura de Onganía, en los albores del rock en Argentina con bandas como Almendra, Manal, Vox Dei y otras que hacían furor en la juventud, Invasión fue musicalizada por el bandoneón mayor del tango: Aníbal Troilo. Pichuco -que había entablado cierto grado de confianza con Hugo Santiago porque el director quería que "el Gordo" actuara en una película sobre un bandoneonista- compuso la música de la Milonga de Manuel Flores escrita por Borges, recitada por Roberto Villanueva y doblada en guitarra por Roberto Grela y Ubaldo De Lío.

La selección cultural argentina que constituyó Hugo Santiago para su ópera prima no impidió que Invasión fuera un  fracaso comercial ni que al guión de Borges y Bioy no lo comprendieran ni los mismos protagonistas. Así lo contó Olga Zubarry en una entrevista publicada en el sitio Leedor en 2008 cuando aseguró "no entendí una sola palabra de lo que estábamos haciendo".

"Supongo que a todo el mundo le pasa cuando ve por primera vez Invasión. Todos se deben preguntar por qué actúan así, de una manera tan rara, que hablan casi recitando (salvo Lautaro Murúa). Es muy difícil que te guste porque está actuada de una manera muy antinaturalista y a veces eso espanta mucho, más cuando venimos de un cine de los norteamericanos, entonces cualquier actuación distanciada te genera hasta miedo", dice Mariano Llinás que, en 2015, participó como guionista en El cielo del Centauro, la que sería la última película dirigida por Hugo Santiago.

Adolfo Bioy Casares dejó su impresión de lo ocurrido el día del estreno en Buenos Aires en su libro Borges (Destino, 2006). "El film no llega a los espectadores; éstos ríen en los momentos trágicos y largamente se aburren. Nos vamos con precipitación, pero la gente (alguna famosa por la impertinencia agresiva) me detiene para felicitarme. Manucho (Mujica Lainez), tan cáustico; Dalmiro Sáenz, tan acometedor: ambos elogiosos y cordiales. A Mastronardi lo interrumpo: 'Entre bueyes no hay cornadas' (en seguida dudo del acierto de la frase). "El bodrio del año", afirma tristemente un desconocido".

¿Una premonición?

Buenos Aires, 1967. El muchacho de anteojos oscuros, bien peinado para atrás y con sonrisa compradora se acerca a la mesa de entrada de la Biblioteca Nacional y pide hablar con el director.
-¿De parte de quién?
-Hugo Santiago Muchnik.

Cuando fue recibido por el director, el joven le contó que había sido alumno suyo en la Facultad de Filosofía y Letras y que quería filmar una película de una ciudad sitiada que se llamaría Aquilea y que sería víctima de una invasión. "Quiero que usted escriba el guión", le dijo Hugo Santiago, sin sonrojarse, al hombre que ese año encabezaba la lista al Nóbel de Literatura.

Cuando Hugo Santiago fue a convencer a Borges venía de aprender el oficio de cineasta en Francia con Robert Bresson, de quien fue asistente por siete años. Para ese entonces ya tenía dos cortometrajes dirigidos: Los contrabandistas (1967), con Federico Luppi y Los taitas (1968) con Lito Cruz.

En el mencionado libro Borges, Bioy Casares recuerda lo sucedido en el mes de julio de 1967 mientras trabajaban juntos en el guión de la película: "Comen en casa Borges y Hugo Santiago Muchnik. A Muchnik le digo: 'Tengo para usted, una buena y una mala noticia. La buena es que hemos concluido el resumen del film y que se lo regalamos para que haga lo que quiera. La mala es que no haremos el libreto'. Como un caballero, como un buen perdedor, Muchnik acepta mis palabras. Dice que esas diez páginas que le hemos hecho son lo esencial y que gracias a ellas podrán seguir adelante con el film'. En ese mismo sentido, Borges dirá: 'Es un caballero. No flaqueó en ningún momento. Cuando esté solo en su cuarto se pondrá a llorar. Nosotros le entregamos un argumento que parece de Nick Carter o de Nick Winter, pero la realidad nos ha regalado una escena que parece de Henry James: el fervoroso admirador que descubre que los ídolos tienen pies de barro; que los colosos son chiquititos. La gente sobrevalúa nuestra capacidad literaria".

Los cultores y estudiosos de Invasión han hecho distintas lecturas de la película. Para algunos anticipó la sangrienta dictadura que encabezaron Videla, Massera y Agosti y la lucha armada de los 70'; para otros la escena en la cancha de Boca donde los que resisten son encerrados en La Bombonera predijo lo que luego sucedió con la dictadura de Pinochet y la utilización del Estadio Nacional de Chile como campo de concentración.

Sin dudas lo que contribuyó a alimentar esa lectura fue cuando en 1978 -en plena dictadura militar- se robaron las 8 bobinas del negativo original que se guardaban en el laboratorio Alex. Eso significó que la película no existía más. Estaba desaparecida.

Tiempo después Hugo Santiago recordó la infundada explicación sobre la desaparición de la cinta: "Nos dijeron que robaban los negativos para sacar las sales y el nitrato de plata y la plata, pero resulta que después de la Segunda Guerra Mundial los negativos no son más como eran antes, no se puede hacer eso. Es una pavada. Otros decían que era para fundirlos y hacer peines. No: fue un operativo. Vinieron y los robaron".

¿Entonces Invasión fue una película subversiva para la Dictadura? ¿Esa resistencia de los habitantes de Aquilea podría incitar a los jóvenes que la vieran a defenderse con la opresión militar? ¿Justamente una película de Borges que en aquellos días elogiaba a Videla y se reunía con él a almorzar?

El mismo Hugo Santiago contó en la presentación de El cielo del Centauro -en el BAFICI 2015- que "empezaron a aparecer distintas lecturas e interpretaciones y cambiando con los años. Hace muy poco se hizo un reestreno de Invasión en París y jóvenes apasionados empezaron a decir que estaban mal las lecturas políticas que se habían hecho en los setentas, porque en realidad era un film sobre… ¡ecología! O sobre el comercio: uno de los personajes decía ¿por qué no resiste Herrera, si la gente está esperando lo que le vamos a vender?, y el otro dice 'la gente no se da cuenta, y los que se dan cuenta tienen miedo como yo'. Eso era una cuestión de estilo, pensado junto con Borges y redactado finalmente por él. No había un mensaje hacia una línea u otra".

Para Mariano Llinás "la película goza de una lucidez que echa por tierra -a mi gusto- con todas las tonterías políticas de Borges, toda esa zona siniestra, confundida, perdida de Borges en los '70 cuando elogió a la dictadura o cuando le dio la mano a Pinochet. Toda esa zona conservadora a mí se me licua por completo cuando escribe una frase como 'la ciudad es más que la gente' que es de mucha lucidez política y la manera en que él piensa Invasión".

Lo cierto es que el mismo Hugo Santiago y su gran director de fotografía, Hugo Aronovich, se encargaron de rehacer un negativo original a partir de copias positivas que rastrearon en Buenos Aires y pudieron proyectar la película en una versión restaurada en el Bafici 2002. Hasta entonces sólo circulaban algunas copias en VHS de mala calidad.

Luego por iniciativa de Mariano Llinás y su productora con el apoyo del Malba se editó una versión en DVD, con un adicional de entrevistas a Hugo Santiago y recorrido por las locaciones de Invasión junto a un libro del investigador y docente David Oubiña titulado Invasión: Borges/Bioy Casares/Santiago.

El recuerdo de su hermana

La familia de Hugo Santiago Muchnik tenía una gran vinculación con el medio audiovisual. Su padre, Pedro Muchnik, era el dueño de la productora Teleprogramas Argentinos -que producía emisiones para el canal 13 del cubano Goar Mestre– y su hermana la famosa conductora de Buenas tardes, mucho gusto, Annamaría Muchnik.

La hermana, menor que Hugo, condujo el ciclo entre 1964 y 1967 y luego se fue a París con una beca a estudiar teatro. Mientras su hermano se encontraba filmando Invasión ella se formaba en la actuación y vivía experiencias personales que la marcaron para siempre como el Mayo Francés. "Nos mandábamos cartas y él desde Buenos Aires me contaba que se reunía con Borges y Bioy Casares para hacer Invasión, siempre estuvimos muy unidos".

Annamaría, directora del Festival de La Mujer y el Cine, dice que a la película la pudo ver "un tiempo después del estreno en París y luego la volví a ver varias veces más. El texto es tan rico que cada vez que la miro le encuentro nuevos detalles, escenas que me parecen increíbles, subtextos".

De su infancia recuerda que su casa "era un desfile permanente de actores, directores y hasta se filmaban programas". La hermana de Hugo Santiago dice que su hijo y su nieto siguen el camino del cine y guardan "profunda admiración por la obra de Hugo" y que "cualquier cinéfilo sabe que Invasión es una película emblemática que crece con los años".

Ayer, día en que se cumplió un año de la muerte de Hugo Santiago, Annamaría se reunió con Mariano Llinás para recordar a su hermano. "Veo una película de Hugo y me emociono mucho. Con la que más me pasa es con Las veredas de Saturno donde reconozco muchas escenas y diálogos que remiten a nuestra infancia".

Fuente: Infobae - 28 de febrero de 2019

lunes, 2 de julio de 2018

Se estrena en Paris “Trois contes de Borges”



 
Pour son premier long-métrage, Maxime Martinot adapte trois nouvelles fantastiques de Jorge Luis Borges. Sa méthode : simplicité et littéralité, pour un film fidèle à l’esprit de l’auteur de La Bibliothèque de Babel.

Comment adapter Jorge Luis Borges au cinéma ? En s’emparant de trois nouvelles du maître argentin, Maxime Martinot signe un premier film qui répond de façon audacieuse à cette question : littéralement. En effet, pour mettre en images ces trois courtes histoires, le réalisateur convoque leur auteur, incarné par Hector Spivak, et lui fait raconter les récits à une jeune femme, en reprenant le texte de Borges. Outre la belle fidélité au matériau d’origine, ce procédé, associé à une mise en images d’une grande simplicité, permet de se concentrer sur le texte et sur ses différents degrés de lecture. Pour enrichir ce procédé, les transitions entre les trois histoires font toujours parler Borges, mêlant notations biographiques et réflexions de l’auteur, transformant ce film-gigogne en portrait subtil de l’écrivain. La réalisation, limpide, qui capte les conversations (en un beau 16 mm) dans des décors sylvestres, rappelle finalement le rapport intense qu’entretenaient Jean-Marie Straub et Danièle Huillet avec la nature et les auteurs qu’ils adaptaient. Avec ici une touche fantastique, indissociable de l’œuvre de Borges, et probablement du cinéma naissant de Martinot, également coresponsable, avec le Collectif Comet, d’un beau court-métrage consacré à Lovecraft.

Fuente: You Tube


domingo, 2 de abril de 2017

El libro del infierno: Lovecraft trae su terror a Buenos Aires


La Biblioteca Nacional, Juan Sasturain y la sombra de Borges en Necronomicón, film de homenaje al maestro del género


Diego Velázquez acaricia un gato imaginario. "Soltalo sin mirarlo. Necesito que le digas tranquilo, Bal", detalla Marcelo Schapces en pleno rodaje de la película que tan profundamente deseaba hacer hace varios años y por fin se concretó: Necronomicón, el libro del infierno. Una vez que se lograron los gestos exactos para la escena, el spray da brillo al pelo con un mechón canoso de Luis, el bibliotecario protagonista, que con su ropa oscura, pesada y húmeda tiene en sus brazos, ahora sí, al gato real. Acción.

Antes entró y salió algunas veces de la Librería Aquilanti Juan Sasturain, preguntando a un Luis de muy pocas palabras y aún menos paciencia, por una Biblia de hace varios siglos. Motivado por la amistad que lo une al director, aceptó la invitación antes de saber que tendría que hacer casi de él mismo, al interpretar a un hombre que entra en una librería a comprar un libro. "La ficha del Necronomicón merece esta película. Evidentemente, a Borges lo que le interesaba de Lovecraft es la condición misteriosa del texto del Necronomicón. Mucho más que estrictamente la escritura lovecraftiana. Le interesó el misterio", dice.

Ese libro apócrifo fue escrito por el poeta árabe Abdul Alhazred en el 730, con el título de Al-Azif, haciendo referencia al ruido nocturno de los insectos que denotaba el murmullo de los demonios. En varios relatos del llamado Ciclo de Cthulhú, Lovecraft, de quien se cumplen en 2018 80 años de la muerte, ubicó uno de los pocos ejemplares existentes del Necronomicón, el libro infernal en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires. Y a partir de ese dato nace la leyenda que cuenta que el libro fue protegido por Jorge Luis Borges cuando fue director de la Biblioteca y hasta le habría confeccionado una ficha. Ficha que buscó, y claro que nunca encontró, el mismo Schapces cuando apenas tenía quince años. Luego, se dice que el libro maldito fue mudado en secreto a los sótanos del edificio actual en la calle Agüero.

 En el segundo subsuelo se prenden y se apagan las luces varias veces hasta dar con la oscuridad propia de esta historia de horror cósmico. Parece infinita la cantidad de libros en los estantes prolijamente distribuidos en un espacio gigante. "Es una versión nuestra. Nos dimos un lujazo: inventarnos un libro apócrifo de Borges que está perdido por la biblioteca", se entusiasma Luciano Saracino, historietista que escribió el guión con el novelista Ricardo Romero. Con gritos de gol celebraban la mágica aparición de las escenas que lograban dar terror.

En una Buenos Aires de pasado mañana, con un clima dislocado por tormentas cada vez más subtropicales, los celulares han colapsado, las manchas solares hacen que el mundo digital casi no funcione. Todo está podrido, lleno de hongos. "Quien guarda el Necronomicón es un personaje que tiene más de 400 años. El libro no debe ser destruido, pero tampoco debe ser abierto. Y esta es la tensión de la película", adelanta Schapces.


El librero que interpreta Daniel Fanego está detrás de ese libro. Mientras que Judith, el personaje de María Laura Cali está poseída por los demonios que invaden la ciudad y termina convirtiéndose en un monstruo. "Me interesó que el guión no es solo terror. Que el terror está construido con una idea un poco más literaria, más racional que me permite comprenderlo", reflexiona Fanego en el motor home.

Para reconstruir el universo de Lovecraft, el libro de los muertos que se verá en la película lo creó el artista Aldo Requena, que investigó, eligió una letra gótica de 1500. "Como se utiliza para hacer sacrificios, el libro también tiene manchas de sangre verdadera. Para los conjuros y las frases que están todos en latín, utilicé libros de conjuros, donde se escriben exorcismos cristianos."

El elenco de esta película producida por Barakacine está compuesto por Velázquez, Cali, Victoria Maurette, Nico García, Claudio Ferraro, Claudio Martínez Bel y Claudio Da Passano, y cuenta con las participaciones de Cecilia Rossetto, Daniel Fanego y Luppi.

El dibujante Salvador Sanz, que ya había ilustrado el cuento "La llamada de Cthulhú", dice que siempre me interesa trabajar la estética del horror pero sin que pierdan la elegancia. "Puede ser algo medio desagradable, horrible, pero tienen que ser misteriosos." Sus diseños en papel se animarán a través de una computadora.

Dice el director: "En nuestra sensibilidad de fans tenemos cuidado de que el mundo Lovecraft no esté sobrepasado ni por la técnica ni por la parodia. Es una película de miedo donde el universo de Lovecraft es muy respetado".

Fuente : La Nación




sábado, 18 de junio de 2016

A 30 años de la muerte de Jorge Luis Borges


El actor uruguayo Roberto Jones, quien conoció al escritor argentino, lo recuerda en esta charla con El País

                                           Foto: El País

¿Cómo es el último recuerdo que tiene de Borges?

El último recuerdo fue la despedida de cuando hicimos la película, de la BBC de Londres acá en Montevideo. A los tres años se murió. Me emocionó mucho porque me dio un fuerte abrazo, y me dijo ‘lo quiero mucho, Jones. Muchas gracias’. Yo quedé muy emocionado, y nunca más lo vi. Luego se fue a Buenos Aires, luego a Ginebra. Físicamente era muy endeble, y tenía que tener siempre a alguien a disposición, para que lo cuidara. Cuando comía a veces se le caía la comida, era una persona absolutamente dependiente. Estaba la Kodama que era lo que lo cuidaba, y yo muchas veces lo asistía, incluso acompañarlo al baño. A nivel de lucidez era un joven, un pensador único. Nunca escuché a alguien verbalizar tantos pensamientos, y dejarte reflexionando. Tenía tanto conocimiento del hombre, que ya no era una erudición, era un filósofo. Tenía una mezcla de realismo irónico con un misticismo muy grande.

¿Y si salta a la primera vez que lo trató?

Antes lo había visto desde lejos, pero la primera vez que lo traté fue cuando él dio una conferencia, sobre la Kabbalah hebrea, en una sinagoga de Buenos Aires. No era nada teatral al dar la conferencia: no tenía expresión, simplemente una sonrisa, o seriedad. Era un hombre quieto ahí, y eso me atrajo. Tenía como un tartamudeo, como que no le salía la expresión, pero después salía y era una maravilla, más sobre ese tema que luego me apasionó. En la conferencia tenía la misma voz que luego cuando hablaba contigo comiendo. No era un disertador. Sí era un actor cuando recitaba, aunque decía muy mal sus poemas, les daba como una entonación, como un canto, muy falsa. Entonces, en 1973, estaba lógicamente mucho mejor físicamente que luego, en el 82. Era un hombre muy elegante, se vestía siempre muy bien. Tenía algo de eso que los porteños llaman ‘un hombre distinguido’. Un típico de clase alta, muy coqueto. Un día, se le escapó a él, porque pensó que yo no estaba, y le preguntó a María Kodama si yo era buen mozo. Como yo en la película lo representaba a él siendo joven, estaba preocupado que el actor que lo hiciera… a ver qué opinaba ella.

¿Era un hombre accesible?

Bueno, luego de aquella conferencia, una semana después, lo vi en una confitería, y me acerqué a hablar. Era muy accesible, y muy humilde en serio. Era también muy tajante si lo querías llevar para algún tema. Fijate que la película se rodó en plena guerra de Las Malvinas, y de la BBC le preguntaron qué pensaba al respecto. Y dijo que Las Malvinas habría que dárselas a Bolivia, que no tenían salida oceánica. Era un aristócrata, ideológicamente, políticamente, y sin embargo tenía una admiración por el mundo orillero, el tango, cosas muy populares.

¿Ideológicamente discrepaban mucho?

Ideológicamente estábamos en las antípodas. Yo estaba en el exilio, por ser integrante del Movimiento de Liberación Nacional, por ser tupamaro en el 73, y él estaba considerado un ‘gorila’. Y eso se reflejaba en nuestras conversaciones. Aunque él en realidad era una especie de apolítico, era un aristócrata, estaba por encima de los políticos. Era un filósofo. Era un gran poeta. Pero después en la práctica iba a visitar a Pinochet, o al principio había apoyado a Videla. Después es cierto que fue el primer intelectual en firmar a favor de los desaparecidos. Él no tenía ningún problema en ir para atrás y para delante. Decía que Estados Unidos no era un imperio porque no se animaba, y que se tenía que animar. Decía cosas que le ponían la piel de gallina a la izquierda, pero tampoco era de derecha. Era inasible políticamente. El padre había sido un anarquista, al menos de pensamiento, y él tenía algo de eso: no respetaba al poder. Quizá su soberbia era que no le importaba, que estaba por encima del poder. Y tenía una aversión del nazismo, y al comunismo, al totalitarismo político militarista.

¿Fue muy difícil para ti representarlo en escena, en “La memoria de Borges”?

Allí quise trasmitir el amor que Borges que trasmitió a mí. A él le hubiera gustado mucho ver el espectáculo, que fue lo más difícil que yo hice en mi carrera. Era hablar de mi vida y de la de él. A Borges siempre le gustó mucho era cosa justamente borgeana, que alguien joven, que lo vio en una conferencia, y luego hablado en una confitería de Buenos Aires, luego de 10 años, nos juntáramos para hacer una película sobre su vida, y que yo hiciera de él siendo joven. Toda esa mezcla dramática a él le fascinaba, le parecía algo muy típico de un cabalístico. Parecía un cuento de sí mismo.

Fuente : El País  -  Uruguay