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domingo, 28 de enero de 2018

Daniel Mordzinski: El muchacho que fotografió a Borges



GUSTAVO TATIS GUERRA

Daniel Mordzinski (Buenos Aires, 1960) se ha pasado los últimos cuarenta años fotografiando a los escritores del mundo. Tiene el atlas más grande de Las letras del universo, de los cinco continentes, ha tendido puentes entre el Mediterráneo, el Pacífico y el Caribe, y su alma siempre joven y alerta, descubre en cada rostro el espíritu que vincula a cada ser con el tejido misterioso de las palabras.

Era un muchacho de 18 años cuando vio por primera vez a Jorge Luis Borges, sentado en la luz oblicua de la Biblioteca Nacional, entre dos sombras, vestido entero, de negro, con una corbata, y la nieve erizada de las hebras de su cabello levantado al cielo. El muchacho entró junto a su profesor, el director de cine Ricardo Wullincher, quien lo eligió como segundo ayudante para la filmación de Borges para millones.

El título extraño era otra manera de evadir los cercos de la represión que se cernía por aquellos años, que estaba como sombra indigna en los proyectos de los creadores, algunos de ellos, independientes y contestatarios ante todas las formas del autoritarismo de dictadores y regímenes conservadores ortodoxos. El muchacho Daniel Mordzinski estudiaba cine. Y con la cámara prestada de su padre, fue a acompañar a su profesor para aquella filmación.

“Pero no tenía la menor idea de que íbamos a encontrarnos con Borges”, me cuenta Daniel, sonriente, con su paso veloz por Hay Festival Cartagena 2018. Tampoco era consciente que aquel día en Buenos Aires, empezaba su destino de fotógrafo de los escritores del mundo. “Es increíble, me lo estás preguntando, y descubro que se cumplen cuarenta años de aquel día. Yo me acerqué tímidamente a Borges, y le dije que quería hacerle una foto”.

El rostro de Borges se ladeó con ternura buscando la luz de la voz, y levantó la mano para tocar el hombro del muchacho. “¿Cómo te llamas? -le preguntó-”. “Daniel Mordzinski, tengo 18 años”. “Qué bien, Daniel”, le dijo Borges. “Tú sabes que soy ciego, y me preguntas si quiero que me hagas una foto, pero eso demuestra que eres respetuoso, otro ser humano con cámara hubiera podido hacerme la foto sin decirme nada, y yo no me habría dado cuenta. Pero has tenido la delicadeza de preguntarme. Así, Daniel, puedes hacerla”. Daniel quedó petrificado de emoción. Y solo dijo: “Gracias, maestro. He leído sus cuentos y poemas”. Borges sostuvo su rostro ladeado y expectante siguiendo el camino de la voz, y le pregunto: “¿Cómo te han parecido, Daniel, esos cuentitos y esos poemitas?”.

Daniel le respondió intimidado de felicidad y de perplejidad: “Me encanta todo lo que escribe, maestro. Usted es capaz de atrapar el universo entero con sus palabras”. “Eres generoso”, le dijo Borges. Daniel encuadró la imagen de Borges en medio de la sombra y un leve resplandor que entraba a la biblioteca.

El rostro de Borges estaba levantado, como si mirara el infinito. En el instante en que disparó su cámara, la mano aparentemente anónima del director se agregó al paisaje, y Daniel se sintió perturbado por aquella mano sola en la sombra que parecía señalar a Borges. Durante años creyó que aquella mano solitaria en el aire había perturbado el conjunto de la imagen en blanco y negro, que se volvió icónica de Borges, pero a medida que pasan los años, la mano sola parece el mismo Dios señalando a Borges, y ha cobrado un inusitado y enigmático protagonismo.

“Borges me hizo sentir que yo era un hombre muy mayor, y que el jovencito de 18 años era él. Y allí aprendí la primera gran lección de mi vida: que la grandeza de un artista radica en la humildad”, dice Daniel, bajo la luz brillante de este enero en Cartagena. Aquel halo de luz que está sobre Borges en la sombra, ilumina el misterio de aquel instante que se parece al destino del mismo Borges, y de Daniel que, a lo largo de estos cuarenta años, ha sido el más sensible, ingenioso, innovador, creativo y singular cazador de instantes en las vidas de miles de escritores de todos los rincones del planeta.

Las últimas fotos de García Márquez sentado al borde de la cama, mirando la luz del tiempo que se desvanece en una habitación, las hizo él. Como también hizo las fotos inolvidables de Julio Cortázar, Guillermo Cabrera Infante, Umberto Eco, Ernesto Sábato, Adolfo Bioy Casares, Octavio Paz, Mario Vargas Llosa, J. M. Coetzee, Orhan Pamuk, Michel Houellebecq, entre miles. No hay un Premio Nobel de los últimos treinta años que no haya pasado por el lente de Daniel. Y no hay un solo escritor del continente que no haya sido captado por su intuición y su clarividencia. A Álvaro Mutis lo retrató desde la tierna mirada de su gato en su patio sembrado de plátanos azules. A la bellísima poeta árabe Joumana Haddad la fotografió mirando el mar de Cartagena. A Mario Vargas Llosa lo fotografió empujando la carreta literaria de Martín Murillo, en el Parque San Diego.

Epílogo
Daniel es perfeccionista y obsesivo con todo lo que hace. Lo veo delinear cada foto de su exposición de retratos de escritores que exhibe en los pasillos del Hotel Santa Clara, y está pendiente de que, entre una y otra foto, haya equilibrio, armonía, belleza sincronizada, incluso, desde la luz y sus colores. Ahora veo a Orhan Pamuk, Premio Nobel de Literatura 2006, el espléndido novelista de Estambul sosteniendo una manzana roja. Daniel captó el instante en que la luz de la manzana y la luz de la sonrisa de Pamuk, se confabulan en un halo de picardía. Muy cerca de esa foto, está otra vez, como un milagro, Borges con su rostro ladeado buscando la luz de la voz y del enigma de aquel instante de 1978, y el muchacho con su cámara intentando atrapar para siempre el misterio inasible de la belleza.

Fuente: El Universal  - Colombia

sábado, 16 de mayo de 2015

De la Bauhaus a Buenos Aires, Grete Stern y Horacio Coppola



                        Borges retratado por Grete Stern

MoMA (Museo de Arte Moderno) de Nueva York

Mayo 17-octubre 4 - 2015
Fotografía Galerías, tercer piso

Nota de Oye Borges

En 1929 Coppola, realizó una serie de dieciocho fotos de Buenos Aires dos de las cuales ilustran la primera edición de Evaristo Carriego de Jorge Luis Borges. Dicha serie fue consecuencia, por una parte, de las largas caminatas con su amigo Borges hasta el arroyo Maldonado, en Palermo, y por otra de las conferencias que Le Corbusier dictó en 1929 sobre Buenos Aires.



De la Bauhaus a Buenos Aires: Grete Stern y Horacio Coppola, es la primera gran exposición centrada en  Grete Stern, nacida en Alemania y el argentino Horacio Coppola, las dos principales figuras de la vanguardia fotográfica que se establecieron en ambos lados del Atlántico.

La exposición se inicia a finales de 1920 con incursiones iniciales de cada artista en la fotografía y el diseño tipográfico. En Berlín, en 1927, Stern comenzó a tomar clases privadas con Walter Peterhans, que pronto se convertiría en jefe de fotografía de la Bauhaus. Un año más tarde, en el estudio de Peterhans, conoció a Ellen (Rosenberg) Auerbach, con el que abrió un estudio pionero especializado en retrato y publicidad.

En Buenos Aires durante el mismo período, Coppola inició sus experimentos fotográficos, explorando su entorno y contribuyendo al discurso sobre las prácticas modernistas a través de los medios de comunicación en las revistas culturales locales. En 1929 fundó el Cine Club de Buenos Aires para presentar las películas extranjeras más innovadores para audiencias argentinas. Sus primeras obras muestran el creciente interés en los nuevos modos de expresión fotográfica que le llevó a la Bauhaus en 1932, donde conoció a Stern  comenzando su historia en común.

Luego del cierre de la Bauhaus y en medio de la creciente amenaza de las potencias nazis en 1933, Stern y Coppola huyeron de Alemania. Stern, llegó por primera vez a Londres, donde hizo sus retratos de exiliados alemanes, incluidos los de Bertolt Brecht y Karl Korsch. Después de viajar por Europa, cámara en mano, Coppola se unió a Stern en Londres, donde siguió un lenguaje modernista en sus fotografías de la trama de la ciudad, teñidas alternativamente con la preocupación social y la extrañeza surrealista.

En el verano de 1935, Stern y Coppola se embarcaron para Buenos Aires, donde montaron una exposición en las oficinas de la revista vanguardista Sur, anunciando la llegada de la fotografía moderna en la Argentina. El carácter único de Buenos Aires fue capturado en encuentros fotográficos de Coppola desde el centro de la ciudad a sus alrededores, y en numerosos retratos de Stern de la intelectualidad de la ciudad, desde el dramaturgo feminista Amparo Alvajar al ensayista Jorge Luis Borges y el poeta-político Pablo Neruda.

La exposición termina a principios de 1950, con Sueños (Dreams) retratando los sueños de las mujeres movilizados por las promesas incumplidas del régimen peronista en la sociedad argentina con urgencia y ingenio surrealista.

La exposición se acompaña de una importante publicación editada por Roxana Marcoci y Sarah Meister con una selección de textos originales de Stern y Coppola traducidos al Inglés por Rachel Kaplan.


From Bauhaus to Buenos Aires: Grete Stern and Horacio Coppola

May 17–October 4, 2015

The Edward Steichen Photography Galleries, third floor


From Bauhaus to Buenos Aires: Grete Stern and Horacio Coppola is the first major exhibition to focus on the German-born Grete Stern and the Argentinean Horacio Coppola, two leading figures of avant-garde photography who established themselves on both sides of the Atlantic. The exhibition begins in the late 1920s with each artist’s initial forays into photography and typographic design. In Berlin in 1927, Stern began taking private classes with Walter Peterhans, who was soon to become head of photography at the Bauhaus. A year later, in Peterhans’s studio, she met Ellen (Rosenberg) Auerbach, with whom she opened a pioneering studio specializing in portraiture and advertising. Named after their childhood nicknames, the studio ringl + pit embraced both commercial and avant-garde loyalties, creating proto-feminist works. In Buenos Aires during the same period, Coppola initiated his photographic experimentations, exploring his surroundings and contributing to the discourse on modernist practices across media in local cultural magazines. In 1929 he founded the Buenos Aires Film Club to introduce the most innovative foreign films to Argentine audiences. His early works show the burgeoning interest in new modes of photographic expression that led him to the Bauhaus in 1932, where he met Stern and they began their joint history.

Following the close of the Bauhaus and amid the rising threat of the Nazi powers in 1933, Stern and Coppola fled Germany. Stern arrived first in London, where her friends included activists affiliated with leftist circles and where she made her now iconic portraits of German exiles, including those of Bertolt Brecht and Karl Korsch. After traveling through Europe, camera in hand, Coppola joined Stern in London, where he pursued a modernist idiom in his photographs of the fabric of the city, tinged alternately with social concern and surrealist strangeness.

In the summer of 1935, Stern and Coppola embarked for Buenos Aires, where they mounted an exhibition in the offices of the avant-garde magazine Sur, announcing the arrival of modern photography in Argentina. The unique character of Buenos Aires was captured in Coppola’s photographic encounters from the city’s center to its outskirts, and in Stern’s numerous portraits of the city’s intelligentsia, from feminist playwright Amparo Alvajar to essayist Jorge Luis Borges to poet-politician Pablo Neruda. The exhibition ends in the early 1950s, with Stern’s forward-thinking Sueños (Dreams), a series of photomontages she contributed to the popular women’s magazine Idilio, portraying women’s dreams mobilized by the unfulfilled promises of the Peronist regime in Argentine society with urgency and surreal wit.

The exhibition is accompanied by a major publication edited by Roxana Marcoci and Sarah Meister with a selection of original texts by Stern and Coppola translated into English by Rachel Kaplan. The catalogue will consist of three essays on the artists written by the exhibition curators and scholar Jodi Roberts.

Organized by Roxana Marcoci, Senior Curator, and Sarah Meister, Curator, Research and Collections, with Drew Sawyer, Beaumont and Nancy Newhall Curatorial Fellow, Department of Photography.

Major support for the exhibition is provided by The International Council of The Museum of Modern Art, The Modern Women’s Fund, and The David Berg Foundation.

Additional funding is provided by the Consulate General of the Argentine Republic in New York, Robert M. Buxton, and the MoMA Annual Exhibition Fund.

Fuente : MoMA (Museo de Arte Moderno) de Nueva York