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miércoles, 17 de febrero de 2016

Blooper del Primer Ministro Italiano Matteo Renzi. Recita una poesía de Borges que no es de Borges



La gaffe “letteraria” di Renzi. Recita una poesia di Borges che però… non è di Borges

  
Le gaffe all’estero sono ormai una caratteristica dei viaggi del premier Matteo Renzi. Stavolta è inciampato su Jorge Luis Borges, declamando una poesia, L’amicizia, che però non è stata scritta dal poeta argentino anche se gli viene erroneamente attribuita su internet in siti che non hanno alcun valore accademico. La stampa argentina ha generosamente sorvolato, ma il fatto che lo staff del premier prenda per buoni i testi pescati qua e là su internet facendo collezionare a Renzi l’ennesima figuraccia è notizia che sta spopolando in rete.





La poesia che Renzi attribuisce a Borges, ovviamente, non è di Borges, e non serve un esperto per capirlo. Il testo declamato circola nel web da qualche anno in forma anonima e qualche buontempone l’ha attribuita al celebre poeta argentino (il video, invece, lo ha scovato Miro e Sten). Per chi volesse godersela tutta, ecco il testo completo:

No puedo darte soluciones para todos los problemas de la vida,
ni tengo respuestas para tus dudas o temores,
pero puedo escucharte y compartirlo contigo.
No puedo cambiar tu pasado ni tu futuro.
Pero cuando me necesites estaré junto a ti.
No puedo evitar que tropieces.
Solamente puedo ofrecerte mi mano para que te sujetes y no caigas.
Tus alegrías, tus triunfos y tus éxitos no son míos.
Pero disfruto sinceramente cuando te veo feliz.
No juzgo las decisiones que tomas en la vida.
Me limito a apoyarte, a estimularte y a ayudarte si me lo pides.
No puedo trazarte limites dentro de los cuales debes actuar,
pero si te ofrezco el espacio necesario para crecer.
No puedo evitar tus sufrimientos cuando alguna pena te parta el corazón,
pero puedo llorar contigo y recoger los pedazos para armarlo de nuevo.
No puedo decirte quien eres ni quien deberías ser.
Solamente puedo quererte como eres y ser tu amigo.
En estos días pensé en mis amigos y amigas,
entre ellos, apareciste tu.
No estabas arriba, ni abajo ni en medio.
No encabezabas ni concluías la lista.
No eras el numero uno ni el numero final.
Y tampoco tengo la pretensión de ser el primero,
el segundo o el tercero de tu lista.
Basta que me quieras como amigo.

Fuente : Cultora

sábado, 23 de julio de 2011

BORGES Y HEMINGWAY


La encontraron entre las cartas inéditas de Borges. En una postal de alto contenido alcohólico de Hemingway enviada desde La Habana el 13 de marzo de 1950, podemos leer:

"Dear Jorges, my Cuban friend Lino Calvo gave me The Aleph, here in El Floridita, el Catedral del Daiquiri. Sure, dammed good book. They are saying around you are the best writer in Spanish, but you can kiss my ass and you never hit a ball out of the infield in your life. You took LITERATURE too solemnly. You discovered life late. You come down down here and fight for free with an old character like me, who is fifty years old and weighs 209 and thinks you are a shit, Jorges, and would knock you in your ass. HOW DO YOU LIKE IT NOW, GENTLEMEN? Viva El Torre Blanco. Yours sincerely, Papá".

Querido Jorge:

Mi amigo cubano Lino Calvo me dio El Aleph, aquí en El Floridita, la catedral del daiquiri. Lógicamente, un buen libro. Andan diciendo que eres el mejor escritor en español, puedes besarme el culo, nunca sacaste una pelota del campo de juego. Tomaste la literatura muy solemnemente. Descubriste la vida tarde. Ven hasta aquí y lucha por tu libertad con un personaje como yo, que tiene 50 años, pesa 135 kilos y piensa que eres una mierda. Jorge, te golpearía bien el trasero.¿Qué te parece ahora, caballero?
Sinceramente Papa.


Como es sabido, la antipatía era recíproca, e hizo este ramillete de flores para la tumba del escritor norteamericano: "Hemingway, que era un poco fanfarrón, terminó por suicidarse porque se dio cuenta que no era un gran escritor. Esto, en parte, lo redime".
Tal como gran parte de las citas y los libros que figuran en la obra de Borges, la
postal es apócrifa. Un juego que inventó el poeta mexicano José Emilio Pacheco
para reírse un poco de Borges y de Hemingway.
Pero como toda broma, encierra
algo de cierto: Borges no toleraba a Hemingway. Ni sus historias ni al personaje que se inventó. Y José Emilio Pacheco fantaseó la postal para justificarlo.
Hemingway se mató hace 50 años, el 2 de julio de 1961. Veinticinco años después
murió Borges, el 14 de junio de 1986. Tan diferentes entre sí, ambos son dos gigantes de la literatura universal, especialmente del relato corto.
Sus cuentos están entre las cumbres del género de cualquier época. Cada uno representa una tradición distinta. Hemingway como una de las cimas del relato realista. Borges, el gran genio del género fantástico.
Sus vidas pueden leerse también como un juego de polos opuestos. “Yo he hecho todo lo posible para que me guste Hemingway, pero he fracasado”, ironizaba Borges. “Hay
algo en él que me desagrada; quizá el culto a la violencia, esa brutalidad; es un defecto mío y no de él”. Borges se veía a sí mismo en las antípodas de Hemingway.
El era el hombre ilustrado y pacífico frente al matón que vivía entre corridas de toros y safaris en Africa. Mientras Hemingway iba a la guerra, se emborrachaba en bares
ruidosos y coleccionaba escopetas, Borges creaba su mito de lector infinito: su vida transcurría entre libros, bibliotecas, conferencias y el departamento de su madre.
Hemingway cultivó la leyenda del macho, el cazador de leones y mujeres.
Borges, a su vez, vivió con discreción, acaso con timidez y con cierto pánico por
el sexo. Políticamente antagónicos, el autor de El viejo y el mar apoyó el bando republicano en la Guerra Civil Española y, como casi todos los escritores de la
época, tenía el corazón puesto a la izquierda. El autor de Fervor de Buenos Aires,
en cambio, fue un conservador profesional, deportivo, que hizo de las declaraciones políticamente incorrectas un género paralelo a su obra. Ambos, y a su modo, practicaron la ingenuidad política. “Hemingway, cierta vez, disparatadamente, se comparó con Kipling, a quien consideraba su maestro. Fue medio compadre y terminó matándose porque se dio cuenta de que no era un gran escritor. Esto lo salva en parte”, comentó Borges. Hemingway era el escritor de la experiencia. Borges, de la imaginación. El primero fue un bestseller, un escritor de fama mundial. El segundo, un narrador de minorías, favorito de críticos y académicos. Hemingway ganó el Nobel. Borges murió sin él. Fiel a su leyenda, Hemingway se mató de un escopetazo. El mundo se estremeció. Borges murió en Suiza, lejos de
Buenos Aires. El Mundial de Fútbol de México, que ganaría Argentina, le quitó
atención. Fue una muerte austera, silenciosa y, como en sus cuentos, con aire espectral.
Pero aun con todas sus diferencias, algo los unió: la admiración por la valentía. Está en sus libros: la fascinación por el coraje. El valor como categoría moral.
Hemingway es una de las cimas del relato realista.
Borges, un genio del género fantástico.

Fuente : L'Omero della Pampa
Raúl Schenardi y
Andrés Gómezç Bravo
La Tercera Chile
9 de julio de 2011

domingo, 20 de junio de 2010

Examen de la obra de Herbert Quain - Borges, Saramago y la increible carta de Pedro Pou



Pedro Pou se convirtió esta semana -a la que quizá termine recordando como la más importante de su gestión- en adalid de los cultores de Borges. Su cruzada literaria tuvo dos aspectos: uno público y, si se quiere, ligeramente baladí (adjetivo que lo hace feliz y que adoptó como propio a partir de leerlo en «Ficciones»), que consistió en presentar la moneda de dos pesos acuñada con la efigie del Gran Ciego. Es obvio que quiere ser más literato que titular del Banco Central.




El otro aspecto, en cambio, es secreto, y una circunstancia fortuita lo impulsó a hacer partícipe del misterio al Premio Nobel de Literatuta José Saramago, quien pasó esta semana por Buenos Aires para dictar una conferencia en los actos del centenario. Pou, en esa carta, intenta convencer al sabio portugués de que las criaturas imaginarias de Borges quizá no lo sean tanto, hasta el punto de que él -Pou- tiene pruebas irrefutables sobre la existencia real de Herbert Quain, uno de los muchos escritores fantásticos que surgieron de la imaginación borgeana. En su cuento «Examen de la obra de Herbert Quain», Borges había creado uno de los muchos escritores apócrifos de los que está poblada su literatura. Pierre Menard fue otro de los más famosos. Saramago (contaba después en un restorán, rodeado por amigos y cofrades literarios) no podía salir de su asombro. Al llegar al hotel, cansado por el trajín de la conferencia y de los muchos libros que debió firmar en El Ateneo, encontró debajo de la puerta, con membrete del Banco Central de la República Argentina, la carta con la revelación. Para un comunista parece impensable que un hombre de las finanzas también se dedique a los libros.

Existe, dice Pou, «un registro contable del ex Banco Argentino Lusitano que, como usted sabe, abrió sus puertas en Turdera a principios de siglo y que luego se convirtió en el Banco Popular de Turdera. En el Banco Central se guardan documentos y éste, del que le envío fotocopia, lo he atesorado con pasión insana. Es una transferencia que Pessoa hizo a nombre de Ricardo Reís a favor de Jerry Corrigan, con cargo de cancelar una deuda que Pessoa mantenía con Herbert Quain».

¿Por qué eligió Pou a Saramago como destinatario del arcano? Sencillamente, porque su conferencia se había denominado «Algunas pruebas de la existencia real de Herbert Quain», lógicamente en plan fantástico. Nunca pudo haber adivinado Saramago, pese a su frondosa inventiva, que con ese título había acertado en el corazón del misterio que durante tanto tiempo atesoró Pou en soledad y que ahora, al fin, se iba a hacer público.

Pero no fue así: anónimo, en medio de los respetuosos escuchas, Pou comprobó que el venerable portugués sólo seguía el juego de Borges; hablaba de Herbert Quain como de un mero personaje imaginario que había escrito obras no menos irreales.

Ya era demasiado: al retirarse de la conferencia, Pon se sintió en la obligación de reordenar ese universo fantástico y desengañar a Saramago: su documento no sólo refutaba el carácter imaginario de Quain, sino también involucraba a Pessoa y a Reis.

«Yo no sé -dijo más tarde Saramago- si este señor Pou quiso remedar a Borges, hacerme una broma o se cree en serio todo esto y ha ingresado decididamente al mundo de lo fantástico. Me dicen que ha tenido que ver con una moneda con la cara de Borges que tiene en la contracara algo tan elemental y obvio como un laberinto. Pero eso no importa. Si tienen gente así - sonrió-, yo creo que la Argentina tiene posibilidades.» Hay proximidades de gremio más fuertes que la ideología.




Este es el texto de la carta que dirigió Pedro Pou a José Saramago, en la que sostiene que Herbert Quain, escritor inventado por Jorge Luis Borges, existió realmente.

Estimado José:

Tuve el enorme placer de escuchar la conferencia que diera ayer en la Fundación Borges, donde me enteré de que compartimos -además de la admiración por la obra de Kafka, Pessoa y Borges- un, tal vez insano, interés por saber si verdaderamente Herbert Quain existió. Me gustó mucho conocer esos datos irrefutables que usted aportó, en particular el nombre del bibliotecario del Highland Brigade (¿no leparece que tal vez rastreando su familia podamos encontrar ese recibo del libro que Ricardo Reis tomó prestado y nunca devolvió, y que ésta sería otra prueba irrefutable?).

Agradecido, quiero compartir con usted un documento que creo que es único y que ratifica su tesis sobre la existencia de Herbert Quain y le permitirá ser aun más enfático a la hora de transmitir esta convicción a quienes (vaya a saber por qué motivos o intereses) aún dudan de su existencia. Se trata de un registro contable del ex BancoArgentino Lusitano que, como usted sabe, abrió sus puertas en Turdera, Provincia de Buenos Aires, en 1911 o 12, y llegó a ser uno de los bancos más importantes de la Argentina hasta su compra por el que ahora es el Banco Popular de Turdera. En los archivos del Banco Central se guarda toda la documentación de los movimientos de divisas desde 1910 a 1945 y de 1948 a 1966. Existe un documento, que hasta ahora he atesorado con pasión insana, y que quiero compartir con usted (le adjuntofotocopia), de una transferencia que Fernando Pessoa hace a nombre de Ricardo Reis a favor de un tal Jerry Corrigan, con cargo a cancelar una deuda que Pessoa mantenía precisamente con Herbert Quain.

Quedo a su disposición por si usted quiere consultar la documentación original -celosamente guardada en la bóveda de este banco que asi, sumando este antecedente a los tantos otros que usted nos aportara en el día de ayer, damos por terminada esta estéril discusión sobre la existencia o no de quien en vida fuera el autor de una obra que merece ser recordada y releída permanentemente como es «God of the Labyrinth». (Desdichado destino el de Quain, que comparte con Homero y Shakespeare, aunque a fuerza de ser sincero, debo decir que su obra no alcanza el nivel de algunos pasajes de la Odisea o de Macbeth).

Aprovecho su atención para referirme a su visión de Borges y el Laberinto. Coincido con usted en que hay en él una mirada filosófica (yo agregaría que también religiosa), mirada que, tal vez la belleza deslumbrante de su literatura se ha encargado de ocultar. (Como dice Romano Guardini, tanto Platón como Homero exponen un gran pensamiento religioso, pero el talento filosófico del primero poético del segundo lo enmascaran, lo ocultan).

Pero no coincido totalmente con su visión de la que ha sido la ceguera de Borges lo ha llevado a percibir el mundo como un laberinto y a recrear los mundos interiores, infinitos mundos de imágenes a través de la pa'labra. ¿Qué son esos mundos interiores que Borges crea y recrea? ¿Son realidades virtuales desvinculadas de este mundo sensible o, por el contrario, son el mundo real que nosotros no alcanzamos a ver mientras que lo que suponemos real es lo verdaderamente virtual? Con el debido respeto, me inclino por esta segunda hipótesis y hay abundantes testimonios en este sentido en su obra.

Como creo que hoy parte de BuenosAires y no quiero dejar de aportarle esta valiosa evidencia de la existencia de Herbert Quain, no abundo en este argumento (aunque como usted intuirá, la verdadera razón es que me resultaría difícil polemizar como simple amigo de Borges -y desde que leí «Su Evangelio», también de Saramago- con quien ha fatigado las letras con tantos aciertos).

Si me permite una sugerencia, que creo puede ayudarnos a buscar la verdad sobre un tema tan importante, tal vez pueda usted releer algunas poesías de «Fervor de Buenos Aires», escritas por Borges a los 24 años, donde creo que encontrará (como encontró el mismo Borges) prefigurada su obra. Leer «El truco» (con un tema que reelabora en «Nueva refutación del Tiempo. Otras Inquisiciones», 1952), «Final de año», «Inscripción en un sepulcro» y tantas otras son entrar de lleno en uno de los temas que intentará abarcar su obra: el inasible tiempo; estos temas que vuelven en «Luna de Enfrente» (1925), encontramos el mismo tema en «Manuscrito Hallado en un Libro de Joseph Conrad» o «Jactancia de Quietud».

Con gran afecto y admiración

Pedro Pou

Buenos Aires 1999