El emblema de la
literatura argentina fue a Estados Unidos en 1980, invitado las universidades
más reconocidas. El libro "Borges: el misterio esencial" reúne
todas las conferencias de aquel viaje.
30/11/2022
Redacción Cadena 3
Con ochenta años y convertido hacía tiempo en el emblema de
la literatura argentina, Jorge Luis Borges emprendió en 1980 una gira por
Estados Unidos invitado por algunas de las universidades más reconocidas del
país.
En el
Massachusetts Institute of Technology (M.I.T.), Borges habló sobre el sentido
del universo con el astrofísico Kenneth Brecher, sobre misticismo con el
experto en la cábala Jaime Alazraki y sobre los límites entre la realidad y la
ficción con el poeta Willis Barnstone.
Hoy podemos recuperar ese diálogo gracias al libro
"Borges: el misterio esencial" (Sudamericana), que reúne todas las
conferencias de aquel viaje.
Reproducimos a continuación un fragmento de ese diálogo
incluido en el extraordinario
Jaime Alazraki: ¿Podría usted aclararnos en qué consiste su
deuda con el idioma inglés?
Jorge Luis Borges: Creo que el hecho capital de mi vida ha
sido la biblioteca de mi padre. Allí fue donde hice la mayoría de mis lecturas.
Era una biblioteca de libros ingleses. Mi padre se sabía de memoria tantas
estrofas de Keats, de Shelley, de Swinburne… Se sabía de memoria el Rubaiyat de
Fitzgerald, y también recuerdo a mi padre recitando versos de Poe. Y muchos de
esos versos me han acompañado desde entonces. La poesía me llegó a través del
idioma inglés. Luego me llegó también a través del castellano, especialmente a
través de aquellos versos que no entendía; después de todo, lo importante de la
poesía no es entenderla, sino sentirla. Y yo sentí la poesía sin entenderla
cuando era chico, y todo eso me llegó a través de mi padre. Y mi madre, que
falleció hace cinco años, solía decir que cuando recito versos ingleses,
especialmente cuando recito versos de Swinburne, o de Keats, lo hago con la voz
de mi padre, que ha muerto.
Ciclo Diálogos Borgeanos
Borges y la ciencia: un debate de expertos en filosofía,
matemática y literatura
Barnstone: Al comienzo de la Vita Nuova, Dante cuenta cómo
describe un dictado que le fue dado por su memoria. Escribe: «En aquella parte
del libro de mi memoria, antes de la cual poco podría leerse, hay una rúbrica
que dice: incipit vita nuova. Bajo esta rúbrica encuentro escritas las palabras
que es mi intención transcribir en este librito; y si no todas, al menos su
sentido». ¿Podría explicarnos qué cosas ha recibido usted del libro de su
memoria, o del ámbito, cualquiera sea éste, en el que usted escucha esa voz?
La memoria del mundo
Borges: Yo pienso en el acto de escribir como en un dictado.
De pronto sé que algo va a ocurrir. Entonces intento ponerme, digamos, en una
actitud lo más pasiva posible, para no intervenir. Y entonces vislumbro algo.
Siempre hay una inspiración inicial, parcial. A veces me es dada una línea, a
veces me es dado un argumento, o en un sueño me son dadas una palabra, o varias
palabras. Por ejemplo, durante un viaje anterior a los Estados Unidos, en East
Lansing, hace ya unos cuantos años, tuve un sueño que, al despertar, ya había
olvidado por completo, pero pude retener una frase: «Te vendo la memoria de
Shakespeare». Y luego desperté. Se la dije a María Kodama, y ella me dijo: «Ahí
puede haber un cuento». Y lo dejé decantar. Yo intento no intervenir en lo que
el Espíritu Santo, o la inspiración, o la musa, o, como dicen hoy, el
inconsciente me brindan. Entonces escribí ese cuento. Lo van a publicar ahora
en Buenos Aires. Se llama «La memoria de Shakespeare». Pero en mi cuento la
memoria personal de Shakespeare no se vende. Sólo se regala. Al comienzo parece
un don. Pero al final resulta intolerable para quien la recibe, y el
protagonista del cuento termina agobiado por los recuerdos personales de
Shakespeare.
«Tengo más de ochenta años, soy ciego, paso la mayor parte
del tiempo solo. ¿Qué otra cosa puedo hacer, excepto seguir soñando, y luego
seguir escribiendo, y luego, desoyendo el consejo de mi padre, apurarme a
publicar mis borradores?»
Kenneth Brecher: Los físicos hacemos un esfuerzo constante
por reducir a un mundo observable conformado por fenómenos complejos a una
serie de principios básicos, a unos pocos principios elementales. Pero en todos
sus escritos usted parece estar intentando demostrar que la complejidad del
universo es tan inmensa, que por más que uno intente abarcarla, resultará
imposible de descifrar. Me da la sensación de que usted siente que el universo
es esencialmente complejo e irreductible, y que todos los intentos del ser
humano por comprender al universo están destinados, a la larga, al fracaso. ¿Es
acaso esta idea que acabo de esbozar, una descripción correcta de su visión del
mundo? ¿Cuál es su cosmovisión personal?
Borges: Bueno, suponiendo que tenga alguna, claro. Yo creo
que el universo es un enigma. Y lo que tiene de maravilloso es, precisamente,
que ese enigma no puede ser resuelto. Pero, claro, lo que sucede es que yo
considero que el universo necesita ese misterio. Yo vivo en un perpetuo estado
de asombro. Por ejemplo, yo nací en Buenos Aires en 1899, y hoy estoy aquí, en
los Estados Unidos, rodeado de amigos. Todo esto tiene algo de increíble, y es,
sin embargo, cierto. O por lo menos, a mí me parece cierto. Tal vez no esté
realmente aquí, al fin de cuentas.
Alazraki: Usted dictó varias conferencias en la Argentina
sobre el tema de…
Borges: Sí, demasiadas.
Alazraki: Bueno, no es así… sobre un tema en particular que
sé que interesa, el tema de la Cábala. Ya en 1926 publicó un ensayo sobre este
tema, «Historia de los ángeles», en El tamaño de mi esperanza. Ahora bien, su
ficción...
Borges: Yo me siento profundamente avergonzado de ese libro,
pero sí, continúe. He tratado de olvidarlo. Es un libro muy malo.
Alazraki: Sé que no le gusta.
Borges: No. Mejor evitar estos temas desagradables.
Alazraki: Sé que incluso llegó al extremo de ir librería por
librería, buscando ejemplares de ese libro…
Borges: Sí... Para quemarlos. Fue un acto de justicia.
Alazraki: Sin embargo, hay varios ensayos en ese libro que
estoy seguro que usted considera redimibles.
Borges: Nunca he releído ese libro. No he releído ninguno de
mis libros, en realidad.
Alazraki: Pero lo que ese libro demuestra, al menos, es que
usted sentía ya interés por la cábala, siendo aún una persona muy joven.
Borges: Supongo que la cábala significa mucho para mí porque
tengo antepasados judíos. El apellido de mi madre era Acevedo, otro apellido de
su familia era Pinedo. Son apellidos sefardíes. Pero además encuentro una idea
muy interesante en la cábala, una idea que tuvieron también Carlyle y León
Bloy: es la idea de que el universo es un sistema de símbolos, y que el
universo entero, incluyendo a las estrellas, es una especie de escritura
secreta de Dios. Y yo creo que esa idea es lo que más me atrae de la cábala. He
leído muchos libros sobre el tema. Yo les aconsejaría que lean —aunque, quién
soy yo para aconsejar a nadie— Major Trends in Jewish Mysticism, de Gershom
Scholem. Es realmente la mejor introducción al tema. Conocí a Scholem en
Jerusalem. Luego me envió otro libro sobre el Golem. El primer libro que leí en
alemán fue Der Golem, de Meyrink. Lo leí entero y ahí encontré esa idea que
siempre me interesó, la idea del doble, o, como dicen en Escocia, del fetch, ya
que el fetch es la imagen de uno mismo que viene a buscarlo a uno y llevarlo
hacia la muerte. Mientras que en alemán se utiliza la palabra Doppelgänger, que
se refiere a un hombre, a un hombre invisible, que camina al lado de uno y
tiene nuestra misma apariencia. La idea, claro, de Jekyll y Hyde, y de El
retrato de Dorian Gray, el alter ego, y todo eso. Me pregunto si tengo derecho
a estudiar cábala. Y sin embargo, sigo estudiándola, por puro placer. He
pronunciado la palabra placer, y esa es una palabra importante: la felicidad no
es algo para tomar a la ligera.
«Yo soy incapaz de pensamiento abstracto. Tanto del de los
griegos como del de los hebreos. Tiendo a pensar, no a través de la razón, sino
por medio de fábulas. Esa es mi divisa».
Barnstone: Borges, quería hacerle una pregunta similar sobre
los gnósticos y su propia noción de otherness, «otredad».
Borges: Otherness es una buena palabra. Usted, claro, acaba
de inventarla.
Barnstone: En los textos gnósticos hay ciertas nociones que
usted tal vez quiera comentar.
Borges: Bueno, «altruismo» es la misma palabra que
otherness.
Barnstone: Específicamente, el autor Marcion habla del dios
ajeno, desconocido, el Padre sin nombre. Esta vida ajena o distinta es la vida
verdadera, ya que el Dios ajeno es el Dios verdadero. Y el objetivo de los gnósticos
es liberar al yo interior de cada persona de sus ataduras a este mundo, del
error de este mundo, para que pueda regresar a la vida verdadera.
Borges: Para encontrar el pléroma. Creo que esa es la
palabra.
Barnstone: Sí, correcto, el pléroma, el ámbito divino con
sus treinta entidades divinas. ¿Podría comentar estas ideas gnósticas de la
otredad, de mundos erróneos, y de la salvación alcanzada a través de la huida
de este mundo hacia la luz, hacia el otro mundo?
Borges: Yo creo que la vida, yo creo que el mundo, es una
pesadilla, pero no podemos escapar de él y seguiremos soñándolo. Y tampoco nos
es dado alcanzar la salvación; la salvación está más allá de nosotros. Y sin
embargo yo hago lo mejor que puedo e intento encontrar mi salvación en el acto de
escribir, en seguir escribiendo, aun sin demasiada esperanza. ¿Qué otra cosa
puedo hacer? Tengo más de ochenta años, soy ciego, paso la mayor parte del
tiempo solo. ¿Qué otra cosa puedo hacer, excepto seguir soñando, y luego seguir
escribiendo, y luego, desoyendo el consejo de mi padre, apurarme a publicar mis
borradores? Ese es mi destino. Mi destino es pensar que todas las cosas, todas
las experiencias, me han sido dadas para crear belleza. Sé que he fracasado,
que seguiré fracasando, pero esa sigue siendo la única justificación de mi
vida: seguir viviendo, seguir estando feliz, triste, perplejo, asombrado —yo
vivo en un estado continuo de asombro— y luego intentar transformar esas
experiencias en poesía. Y de todas esas experiencias, la más grata es la
lectura… Aunque hay algo mucho mejor que leer, y es releer, adentrarse aún más
en el libro, enriqueciéndolo, porque uno ya lo ha leído. Yo aconsejaría a la
gente que lea poco, pero que relea mucho.
Barnstone: ¿Diría usted que en sus cuentos filosóficos y en
sus ensayos, usted está creando imágenes, o describiendo ideas metafísicas en
sí mismas? ¿Cuál es la característica más distintiva de sus textos, el lenguaje
o las nociones filosóficas?
Borges: Creo que las imágenes me interesan más que las
ideas. Yo soy incapaz de pensamiento abstracto. Tanto del de los griegos como
del de los hebreos. Tiendo a pensar, no a través de la razón, sino por medio de
fábulas. Esa es mi divisa. Es cierto que me veo obligado a razonar de vez en
cuando, y entonces lo hago muy torpemente. Pero yo prefiero soñar. Prefiero las
imágenes. Kipling dijo que a un escritor le es dado escribir una fábula, pero
no conocer la moraleja que se desprende de ella, ya que los lectores pueden
llegar a interpretarla de un modo acaso muy diferente de la intención que el
autor tuvo al escribirla. De manera que yo intento seguir leyendo, e intento
seguir pensando en metáforas o en fábulas más que en argumentos. Yo siempre
prefiero que mi interlocutor tenga razón.
Miembro de la audiencia: Tanto el poema épico Beowulf como
muchas de las sagas islandesas nos hablan de héroes que representan conductas
sociales idealizadas, al tiempo que señalan las contradicciones inherentes a
esos sistemas sociales: por ejemplo, la inevitabilidad de las riñas entre clanes,
la manera en que los héroes valoraban la temeridad y el coraje por encima de
toda consideración práctica, etcétera. ¿Cree usted que la literatura moderna
puede lograr este mismo efecto?
Borges: Debería responder que me consta que esto es así, ya
que el sentido épico está presente en obras tales como César y Cleopatra de
Bernard Shaw, o Los siete pilares de la sabiduría de Lawrence. Allí encontramos
a la épica. Yo siempre he sentido más la poesía épica que la lírica. Creo que
podemos aspirar a la épica hoy en día. ¿Por qué pensar que esa forma tan
elevada del arte nos está vedada? Pero es cierto que quizá debamos buscarla de
un modo diferente. Acaso la épica no pueda ser forjada hoy en día en verso,
pero podemos sin duda forjarla en prosa. Acabo de dar unos pocos ejemplos pero
sin duda hay muchos más. Por ejemplo, Whitman pensaba que Hojas de hierba era
una obra épica, no una serie de poemas breves. Y tenía razón, ya que logró
crear esa figura mitológica llamada Walt Whitman. De manera que no creo que la épica
nos esté vedada. Nada nos está vedado. Está en nosotros buscarla, o, al menos,
intentarlo.
Barnstone: Usted habla con frecuencia sobre la muerte con
cierta esperanza, con cierta expectativa. ¿No siente temor o enojo ante la
muerte? ¿Podría decirnos algo acerca del tiempo, o ausencia de tiempo, en la
muerte?
Borges: Cuando me siento desdichado —y me permito sentirme
desdichado de vez en cuando— pienso en la muerte como la gran salvación.
Después de todo, si voy a morir, ¿qué puede importarme lo que le ocurre a Jorge
Luis Borges? No lo veré más. Pienso en la muerte como una gran esperanza, la
esperanza de ser totalmente borrado, anulado. Cuento con ello, y sé que no
habrá vida más allá, ni tampoco causa alguna para el temor ni la esperanza.
Simplemente desapareceremos, y así es como debe ser. Pienso en la inmortalidad
como una amenaza, pero una amenaza que nunca se cumplirá. Yo estoy seguro de no
ser personalmente inmortal. Y siento que la muerte será una suerte de
felicidad, ya que ¿qué mejor destino puede haber que la indiferencia y el
olvido? Eso es lo que siento acerca de la muerte.
Fuente: Cadena 3
https://www.cadena3.com/noticia/apuntes/jorge-luis-borges-me-veo-obligado-a-razonar-pero-yo-prefiero-sonar_343530