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domingo, 30 de noviembre de 2025

Los traductores de Borges en Shanghái

 


11 de noviembre de 2018

Aye Iñigo

La nueva colección de sus Obras Completas en chino mandarín es solo una muestra de la fascinación del país asiático por el escritor argentino. Mujeres y hombres que transforman sus textos en elegantes caracteres cuentan cómo logran adaptar la complejidad de su pluma y por qué genera tanta fascinació

La nueva colección de sus Obras Completas en chino mandarín es solo una muestra de la fascinación del país asiático por el escritor argentino. Mujeres y hombres que transforman sus textos en elegantes caracteres cuentan cómo logran adaptar la complejidad de su pluma y por qué genera tanta fascinació

 

Para llegar a la editorial Shanghai Translation Publishing House hay que atravesar la peatonal Nanjing, una de las zonas más concurridas de esta hiperpoblada metrópolis china. Es miércoles a las 11 de la mañana y, aunque hay muchísima gente en la calle, todos parecen estar sincronizados para caminar y moverse sin estorbarse, convirtiendo en una coreografía natural, casi armónica, el infierno cotidiano de moverse en una urbe de 22 millones de habitantes. Pasando una explanada donde un grupo de señoras hacen el "baile de plaza" –una práctica muy extendida entre los chinos mayores, que por momentos se parece al tai chi–, se llega al edificio de la editorial, en la mítica y literaria calle Fuzhou.

 

Allí aparecen Lingchao Miao y Zhou Ran, dos de las cuatro editoras a cargo de revisar y publicar la colección más completa de las obras de Jorge Luis Borges en chino mandarín, comprendida por un total de 40 volúmenes. "Ya publicamos 29 títulos –dice Miao–. Es un trabajo muy duro porque Borges es muy complejo, y debemos asegurarnos de encontrar a los mejores traductores".

 

Borges nunca caminó por las calles de Shanghái, pero no es difícil imaginarlo aquí. Como en un juego de artilugios, espejos y laberintos, la megápolis del este de China –la más cosmopolita y poblada del país– podría ser también Buenos Aires. En una geografía ficticia de sus pasos, ¿qué hubiera hecho el escritor en Shanghái? Quizás, deambular por el Bund, a orillas del río Huangpu, ese paseo que recuerda a Puerto Madero, con los altos edificios espejados y ese manto húmedo que comparten las ciudades portuarias. O, por qué no, sentarse porteñamente en un bar a tomar un café, leer un libro, mirar las construcciones art déco que bien podrían ser el Palacio Barolo o el edificio Alas de la avenida Alem.

 

La nueva colección de las obras completas es solo la coda de la fascinación que los chinos tienen con el escritor argentino hace ya 30 años: según un informe realizado a fines de 2017, Borges es el escritor latinoamericano más traducido en China, con 62 títulos publicados. "En un principio, en los años 80, Borges fascinó a los escritores chinos de vanguardia por sus reflexiones sobre la metafísica, el tiempo y el espacio, que les abrió un mundo nuevo. Ahora, en el siglo XXI, Borges tiene muchos más lectores y ganó terreno, creo que en parte porque la presencia de lo oriental en su obra hace que varios sientan una cercanía al leerlo", explica Lou Yu, autora del informe y cofundadora de la Comunidad de Estudios Chinos y Latinoamericanos.

 

Las primeras traducciones de Borges en China aparecieron en febrero de 1979 en la revista Literatura y Arte Extranjero. Fueron los cuentos ‘El jardín de senderos que se bifurcan’, ‘El Sur’, ‘El Evangelio según Marcos’ y ‘Tigres azules’, traducidos por Wang Yangle. En 1981, también en una revista, se publicaron algunos poemas traducidos por el famoso Wang Yongnian y en 1983 salió el primer libro: Antología de cuentosde Jorge Luis Borges.

 

Pero fue recién en el cambio de milenio cuando se produjo el verdadero boom de Borges. En 1999, la editorial Zhejiang Literature & Art Publishing House lanzó las Obras Completas, a cuya presentación en China asistió la mismísima María Kodama. Ese conjunto de libros fue el más famoso en el país asiático hasta 2015, cuando fue superado por la colección más completa de Shanghai Translation Publishing House.

 

El edificio de esta editorial está ubicado en la calle Fuzhou, conocida también como la calle cultural de Shanghái por las más de 30 librerías ubicadas allí. "Esta calle es una tradición de hace mucho tiempo –comenta Lingchao Miao–. Algunas de estas librerías tienen más de 50 años. A muchos chinos les gusta venir aquí a comprar libros y sentarse a leer un rato".

 

No muy lejos de Fuzhou se encuentra la antigua residencia del escritor Lu Xun, considerado el padre de la literatura china moderna. Lu Xun llegó a Shanghái en 1933 y vivió aquí hasta su muerte. En esos años, esta ciudad era el centro cultural y editorial de China, el caldo de cultivo ideal para que en 1930 se fundara la Liga de Escritores de Izquierda de China, cuyo fin era fundar las bases de una literatura revolucionaria que acompañara el proceso que culminaría en el triunfo del Partido Comunista, en 1949. Lu Xun fue uno de sus miembros más importantes, y la liga fue una de las razones por las que decidió quedarse en Shanghái hasta su muerte, aumentando aún más el halo cultural y literario de esta ciudad.

 

Una vez dentro de la editorial, la importancia que le dan a Borges se nota con solo atravesar la puerta y ver el póster del escritor colgado en una de las paredes. "Antes éramos lectoras ordinarias de Borges, pero ahora, como editoras, leímos casi todas sus obras en detalle, buscamos referencias y hacemos los ajustes finales de las traducciones", aclara Lingchao Miao.

 

"Generación tras generación surgen nuevos lectores de Borges. En tres años, desde que lanzamos la colección, vendimos unos 20.000 libros por título", detalla Zhou Ran para explicar la importancia del escritor argentino. Ran tiene 40 años y es oriunda de Anhui, una provincia a tres horas en tren de Shanghái. Aunque tanto ella como su colega Miao estudiaron literatura francesa, Ran es amante también de la literatura en español y tiene entre sus autores preferidos a Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez.


 Sus gustos no son pura casualidad, ya que el Nobel colombiano le pisa los talones a Borges en la lista de los autores latinoamericanos más traducidos. Ran también cree que el orientalismo del autor argentino contribuyó a su coronación: "Borges leyó muchos libros sobre literatura e historia china. En su famoso cuento ‘El jardín de los senderos que se bifurcan’, el jardín y su protagonista son chinos. En ‘Historia universal de la infamia’ cuenta la historia de una pirata mujer china, que realmente existió".

 

Atraído por el budismo y el pensamiento hindú, Borges estudió las filosofías de Oriente, desperdigando referencias a lo largo de toda su obra. Al respecto, el escritor e investigador argentino Salvador Marinario, de la Universidad de Shanghái, sostiene que "Borges tiene motivos orientalistas atravesados por el prisma de lo europeo y lo latinoamericano, ya que sus fuentes son en su mayoría de estudiosos británicos o franceses. Borges, sin conocer China, hace una geografía imaginaria de ella y esa es una de sus grandes genialidades, su capacidad para construir todo un universo chino a partir de retazos".

 

 Así como Borges se nutrió de lo oriental para construir sus universos ficcionarios, de igual manera una gran generación de autores chinos contemporáneos tomó a Borges como fuente de inspiración en sus obras, entre ellos Ah Yi, Yu Gua, Mai Jia, Pan Jun o Ma Yuan. El famoso escritor chino Ge Fei llegó incluso a escribir un cuento en el que entrelaza ‘La lluvia’ de Borges con su propia prosa.

 

"Estos autores chinos admiten haberse inspirado en Borges. Muchos de estos escritores contemporáneos fueron muy influenciados por la generación del boom latinoamericano de los años 60, con escritores como Carlos Fuentes, Julio Cortázar o Isabel Allende", agrega Lingchao Miao.

 

Huang Jin Yan tiene 75 años, habla español perfecto y fue elegido por Shanghai Translating Publishing House como uno de los traductores de las nuevas Obras Completas. La primera vez que tradujo al autor de El Aleph fue hace siete años, y en esa ocasión tuvo a su cargo una serie de ensayos. Ahora se encuentra traduciendo El libro de los seres imaginarios, trabajo que prevé terminar a fin de este año.


"Al momento de traducir a Borges, su escritura no es difícil de comprender, pero él era un gran erudito y hacía muchas referencias históricas. Para traducirlo hay que estudiar, leer muchos libros, por eso cuando traduzco a Borges me concentro solo en él, dejo de lado cualquier otra lectura", cuenta Huang.

 

El boom de Borges se da en un momento donde el español es un idioma cada vez más elegido por los chinos. En la actualidad, hay más de cien departamentos universitarios que enseñan esta lengua, con programas que matriculan a unos 30.000 estudiantes por año.

 

La Universidad de Estudios Internacionales de Shanghái es el lugar donde Huang enseñó durante toda su vida literatura, gramática y traducción en español. Ahora está jubilado, pero los fines de semana sigue dando cursos para chinos aficionados que quieren aprender el idioma. Huang comenzó a estudiar español en esta misma universidad en 1961, un año después de su fundación. Shanghái fue una ciudad de colonias extranjeras, y el pequeño Huang estaba acostumbrado a ver occidentales. Sin embargo, su fascinación con el idioma se dio en 1959, cuando el triunfo de la revolución cubana apuntó los reflectores chinos a esa isla convertida en el primer país socialista de América.


 Enamorado de la literatura e historia latinoamericanas, en 1966 Huang viajó a perfeccionarse a Chile, donde vivió un año y medio, y en 1979 continuó estudiando en México. "Nunca pude ir a la Argentina, pero muchos estudiantes ahora quieren ir para allá. Eso no pasaba hace unos años".

 

Por amor a Borges

 

A 12 kilómetros de la Universidad de Estudios Internacionales, casi en paralelo al río Huangpu se llega a Xuhui, el barrio de la concesión francesa de la ciudad. Sus pequeñas calles repletas de tiendas y cafés se mezclan con la vida china tradicional de ancianos en las puertas de sus casas jugando al go o almorzando en mesitas en las veredas.

 

Hasta 1946 Shanghái estuvo dividida en "concesiones", gobernadas por franceses e ingleses que habían vencido al Imperio Chino en 1860, durante la Segunda Guerra del Opio. Las reminiscencias actuales de esas épocas se transpiran en lo que quedó hoy de esos barrios, con su arquitectura europea y cafés atendidos por jóvenes baristas chinos.

 

En uno de esos barcitos espera Chen Dong Biao. En los años 80, él era un adolescente hijo de un profesor de música y hermano de un poeta, que un día por azar encontró una recopilación de cuentos de Borges, traducidos por Wang Yangle. Desde entonces, en su autor preferido.

 

En esos años la literatura extranjera recién comenzaba a leerse en China luego del proceso de reforma y apertura, un período iniciado en 1978. Un año después, se fundó la Asociación China de Estudios de la Literatura Española, Portuguesa y Latinoamericana que comenzó a editar de manera más masiva las obras en español. "A principios de los 80, la literatura china era predominantemente realista. Luego llegó el modernismo y recién en los 90 los nuevos autores comenzaron a tener gran influencia de Borges; él es diferente a todos los autores del siglo XX", explica Chen.

 

Ya de adulto, siendo estudiante de Literatura inglesa en la Universidad de Shanghái, Chen fue a la biblioteca y encontró un tomo con poemas de Borges en inglés. "A partir de ahí supe que iba a ser su traductor. Quería poder leer en chino esos poemas tan maravillosos". Chen hace una pausa, abre su mochila y saca cuatro libros que apoya sobre la mesa. Son los volúmenes de Borges que él tradujo a lo largo de 20 años. "La traducción es un hobby, porque no puedo ganar lo suficiente, así que trabajo también en una empresa publicitaria", cuenta mientras paga el café.

 

Caminar por las calles de Xihui es casi como estar en algún barrio europeo, si no fuera por los carteles escritos en mandarín. Tras pasar por el conservatorio, allí donde su padre daba clases, se llega hasta la Biblioteca de Shanghái, donde miles de chinos se acercan a diario para pasar unas horas leyendo. "Seguro encontramos libros de Borges", me dice. Pero la biblioteca es exclusiva para socios. Lo veo apenado. En su rostro se esboza una sonrisa cuando entre los estantes encuentra un libro. Lo levanta y muestra: es Georgie, un texto sobre la vida del escritor argentino.

 

– ¿Cómo es traducir a Borges?

 

–Borges una vez dijo que leer es un acto de cooperación, así que cuando lo leo, siento que estoy cooperando con él; lo puedo sentir, lo puedo entender. No me siento así con otros escritores. Cuando leo a Borges siempre estoy de acuerdo con todo lo que escribe, me siento como si fuera él. Quizás, no me doy cuenta, pero Borges me ha lavado el cerebro.

 

Por Aye Iñigo

Fuente: La Nacion

https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/los-traductores-borges-shanghai-nid2189104/


martes, 12 de diciembre de 2023

China pensada por Jorge Luis Borges


En el transcurso de su vida, Borges abrigó un fervoroso afecto por China. En sus obras, se refirió frecuentemente a la cultura, la historia y las tradiciones de China, por ejemplo, el protagonista de su novela El jardín de senderos que se bifurcan es chino. Además de eso, todavía hay otra prueba clara e interesante que testimonia el estrecho vínculo que unía a Borges con China: un bastón.

Fuente:  You Tube

https://www.youtube.com/watch?v=dS_L0z2sG0U

lunes, 21 de noviembre de 2022

La universalidad de Borges llega hasta China

El autor de esta nota recuerda los diálogos que mantuvo con el creador de El Aleph, luego reunidos en libros

12 de noviembre de 2022

 

Osvaldo Ferrari

 

“Cuando yo escribo algo es porque he recibido algo”, dice Borges. “No se puede dar si no se ha recibido”. Fue durante nuestro primer diálogo por Radio Municipal, en 1984, dentro de un largo ciclo de conversaciones que se extendió hasta octubre de 1985, menos de un año antes de la muerte del escritor en Ginebra. Le comenté que esa concepción de la creación literaria respondía a una idea mística y respondió afirmativamente.

 

En la charla, Borges fluía sin cesar. Su mente oscilaba entre múltiples posibilidades del tema que tocábamos (literatura, religión, política, actualidad) con asociaciones inmediatas y variaciones inesperadas. En una conferencia, él había hecho una diferencia entre el hombre talentoso y el hombre de genio: el talento requiere el constante trabajo de la persona para dar forma, a lo largo del tiempo, a su obra; pero el hombre de genio no necesita hacer nada, dijo, porque “recibe” directamente. En una ampliación del tema durante uno de nuestros diálogos, expresó: “Creo en la inspiración. Es decir, creo que todo escritor es un amanuense. Un amanuense no se sabe de quién o de qué. Podemos pensar, como pensaban los hebreos, en el espíritu; o en la musa, como pensaban los griegos, o en ‘la gran memoria’ en la que creía el poeta irlandés William Butler Yeats”.

 

Entre los primeros diálogos que mantuvimos se encuentra “La identidad de los argentinos”. Me había llamado la atención una afirmación suya respecto de los argentinos. “Somos lo que queramos y lo que podamos ser”, había dicho alguna vez. Frente a eso, expresé que en ese caso, la nuestra sería una identidad en pleno desarrollo. “Sí, efectivamente”, respondió. “Creo que el hecho de ser europeos en el destierro es una ventaja”. Agregó después otras ideas: “Podemos heredar, heredamos de hecho todo el Occidente”; “recibimos esa vasta herencia y debemos tratar de proseguirla a nuestro modo”. Esta idea coincidía con su criterio en cuanto a que debemos intentar realizar el ideal griego de llegar a ser “ciudadanos del mundo”. Hoy reconocemos que él mismo encarnó esa identidad cultural, y a tal extremo que la cultura argentina adquiere, en su dimensión borgeana, alcance universal.

 

Al compenetrarme de la mirada de Borges en los distintos temas que le iba proponiendo –yo debía elegir secretamente el tema que trataríamos, y recién enunciarlo una vez que se encendiera el micrófono, para que la charla fuera más espontánea– aprecié su visión literaria, su inteligencia literaria de las cosas y los hechos, al punto de revelarse, como lo he definido antes, el arquetipo del pensador literario. También su interpretación del tiempo que encarna en los hombres, su idea de que estamos hechos de tiempo, que nuestra sustancia es el tiempo; su idea sobre la naturaleza onírica de la vida; y sus personajes, en los que ser es ser soñado, de acuerdo con los principios filosóficos del idealismo, idea que tiene su máxima expresión en su cuento “Las ruinas circulares”.

 

Su concepción de la ética como disciplina primordial, por encima de la moral que proponen las distintas religiones, nos habla de un pensamiento que aborda la realidad de una manera distinta a la de la filosofía, la ciencia o los dogmas. Esa fascinante aproximación literaria a cada asunto, cuya originalidad fue celebrada internacionalmente, era la que ejercía su mente; y ahora vemos que la misma fue incorporada por filósofos y científicos, que relacionan aspectos de su obra –en la que el arte de la conjetura alcanza a rozar las distintas disciplinas– tanto con la física cuántica como con las matemáticas, por ejemplo. Su visionaria mente previó la existencia de una Wikipedia, y lo mismo podría decirse de internet. Esto demuestra que Borges ha sido, desde la literatura, un auténtico fenómeno cultural.

 

Al proponerle el tema de la fe o de la falta de fe como opción personal, dijo: “Yo creo tener fe, esencialmente. Es decir, tengo fe en la ética y tengo fe en la imaginación, aún en mi imaginación. Pero tengo sobre todo fe en la imaginación de los otros, en los que me han enseñado a imaginar”. Nuestros diálogos registraron sucesivamente a aquellos “que le enseñaron a imaginar”. Entre ellos, Virgilio, de quien sostuvo que trabajaba cada línea como un artesano, idea que relacionaba con la paciente escritura de Gustave Flaubert. También habló de Kipling, cuyos cuentos definió como “breves y casi secretas obras maestras”; y de la gran obra de Dante, que proponía, dijo, “una lectura infinita”. Luego expresó su profundo afecto por aquellos autores con los que se identificó personalmente y a los que frecuentó a lo largo de su vida, respecto de los cuales decía haber incorporado hasta su forma de pensar: “A veces pienso con George Bernard Shaw, a veces pienso con Chesterton, a veces pienso con Schopenhauer”, dijo. Es decir, su fe en la literatura y en la cultura asumía una forma de creencia casi religiosa.

 

Al recordarle a Borges que en una conversación anterior él había llegado a la conclusión de que el arte y la literatura deberían tratar de librarse del tiempo, dijo: “Sí, sería un eufemismo para tratar de decir que tendrían que tratar de ser eternos”. Yo le comenté que eso es lo que recomienda Rilke al poeta: escribir como si fuera eterno. Y agregué que de alguna manera creía ver en él esa actitud. Borges, increíblemente, respondió: “Es que quizá seamos eternos. Todo es posible”. Y siguió: “Hay algo en nosotros que está más allá de las vicisitudes de nuestras historias”. Y luego: “Hay algo en mí eterno, que es ajeno a mis circunstancias, a mi nombre y a mis aventuras o desventuras. Creo que eso lo hemos sentido todos, y creo que es un sentimiento verdadero: el de una raíz secreta que uno lleva, y que está más allá de los hechos sucesivos del vivir”. Dije que en ese caso sí habría una posibilidad de eternidad, aunque no seamos conscientes de ella. Borges respondió: “Y esa posibilidad no sería futura, estaría siempre en nosotros. Es decir, ser sería ser eterno”. La eternidad sería contemporánea, alcancé a decir. “Sería contemporánea, sí, y además abarcaría el pasado y el porvenir”.

 

Así concluyó Borges uno de nuestros diálogos (llamado “El tiempo”), que luego, completos, se publicarían en tres libros (Diálogos, Diálogos II y Diálogos inéditos) traducidos a múltiples idiomas, incluido el mandarín. Otra prueba, por si hacía falta, de la universalidad de Borges.

 

Fuente: La Nación

https://www.lanacion.com.ar/ideas/la-universalidad-de-borges-llega-hasta-china-nid12112022/


 

domingo, 23 de octubre de 2022

Jorge Luis Borges y su relación con la mística China

El exquisito escritor argentino Jorge Luis Borges (1899-1986) se ha convertido en un verdadero símbolo de la amistad chino-argentina, a partir de la construcción de una obra literaria que incluye un sinfín de referencias a la milenaria cultura del país asiático, territorio misterioso y fantástico que captó los sueños e imaginación del autor.

 

«El vínculo de Borges con China se inicia con su interés por todo lo fantástico, por los seres imaginarios, al tomar todo lo que es la filosofía china como un instrumento para socavar certezas y como una forma de cuestionar la metafísica de Occidente», dijo en entrevista con Xinhua la académica argentina, Mercedes Giuffré.

 

La experta, magíster en filosofía y ciencias políticas, además de profesora de Historia por la Universidad Nacional de Mar del Plata, dijo que a Borges le interesó especialmente la filosofía china y a partir de ella «todo el bagaje de una cultura milenaria».

 

«Borges juega todo el tiempo con los ciclos, los inicios, los apogeos y las decadencias, y ve en la civilización china la forma de completar un ciclo. El devenir universal para Borges lo representa China, a la que encuentra como sede de los elementos fantásticos de su literatura«, señaló la entrevistada.

 

Giuffré recordó que el autor argentino era un admirador de «Sueño en el pabellón rojo», obra de Cao Xueqin, que leyó a principios del siglo XX, un libro fantástico que está dentro de los clásicos de la literatura china.

 

«Ese libro se iba escribiendo por capítulos y se entregaba en los mercados. Tenía que tener una clave de interés para sus lectores. Entonces los apasionaba con historias cada vez más fantásticas«, señaló la también escritora.

 

«Borges adhirió a esta idea fantástica y utiliza a China para abrir senderos que se bifurcan. Y de ahí surge uno de los más famosos de sus cuentos vinculados con China, que es ‘El jardín de senderos que se bifurcan’«, señaló la académica.

 

La directora del Centro de Estudios de Corea y China e integrante del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales puntualizó que en ese texto de Borges «aparecen distintas variaciones, un sinólogo, un investigador, un periodista, la persecución por parte de los alemanes, y todo transcurre dentro de un jardín».

 

«Lo interesante es que la temática pertenece a los temas recurrentes de la literatura borgesiana, que son los ciclos, el mundo onírico, el laberinto como construcción física y espacio temporal, visual, psicológica, el caos, el orden. Tiene una trama detectivesca policial sumamente atractiva», expresó.

 

Giuffré, quien fue becaria en China en 1991, recordó que el autor argentino no visitó el país asiático, pero a pesar de ello se ha convertido en el escritor latinoamericano más traducido en China y su obra ha tenido una gran influencia en autores chinos.

 

«A partir de la década del 90 (del siglo XX) comienza a despertarse un enorme interés. A medida que hay más interés en el boom de la literatura latinoamericana de la década de los 70, los 80 y los 90, hay más estudiantes y profesores de español que se acercan a la obra de Borges«, explicó.

 

Precisó que ese auge ocurrió por etapas, luego de que en 1999 se hace una primera edición en idioma chino de las Obras Completas de Borges, y «en esos tiempos viaja su esposa María Kodama a China, donde le entregan los cinco tomos de color turquesa de la obra de Borges«.

 

«La ceremonia se hizo en la Gran Muralla y Kodama cuenta que estuvo durante largos minutos firmando autógrafos para todos los interesados en la obra de Borges, que sorprende porque dentro de sus temas recurrentes y sus escritos aparece el dragón, despertando el interés de los lectores chinos», señaló la experta.

 

La académica dijo que en «El libro de los seres imaginarios» hay un cuento sobre el dragón, además de que también se habla del unicornio y otros seres imaginarios, muy ricos y muy vinculados con la literatura china.

 

«Los escritos de Borges son extraterritoriales, no reconocen un lugar especial, sino que pueden suceder en cualquier lugar del mundo, y también eso tiene un atractivo para el lector chino», apuntó.

 

«Ahora se han publicado las últimas versiones de las Obras Completas de Borges y es el autor más vendido, superando a Gabriel García Márquez«, comentó.

 

«Para cualquier escritor tener sus obras traducidas al chino es el logro máximo, y haber traducido las Obras Completas de Borges al chino fue una excelente iniciativa«, completó.

 

Añadió que «las tiradas de libros en China no bajan de los 20.000 a 25.000 ejemplares, y se calcula que de cada uno de los libros de Borges se han vendido no menos de 20.000 ejemplares. Hay una gran difusión de su obra», dijo.

 

Mencionó que en China hay dos librerías, la «Librería Borges», en Shanghai, y la librería «Mil Gotas», con presencia en Beijing, Shanghai y Chongqing, que hacen difusión de la obra de escritores latinoamericanos, en particular de Borges.

 

«A Borges le interesaba todo lo vinculado con China y con Oriente en general por lo misterioso, lo trascendental, lo mágico, pero nunca por lo exótico«, apuntó.

 

«Él detestaba la palabra exótica para referirse a China o a Oriente. Él resaltó otros valores como los laberintos, los ciclos, los caminos, los fantasmas, el yo, el otro, la violencia, el coraje, el recuerdo, el olvido. Él era, por ejemplo, un enorme admirador del ‘I Ching’, obra a la que dedicó poemas y textos», repasó la entrevistada.

 

La experta, quien fue invitada a dictar cursos en universidades de China en los años 2004, 2010, 2014, 2015 y 2018, recordó que el autor argentino leyó las analectas de Confucio, además de que en su obra también estuvieron presentes tópicos como el sueño, el soñador, el ying y el yang, y el mencionado «I Ching».

 

«La mezcla de sueño y realidad es una constante en la obra de Borges. El autor se nutrió de diversas culturas, pero yo creo que la cultura china es un poco la cultura madre«, resumió.

 

La entrevistada resaltó que Borges contribuyó enormemente al entendimiento en Occidente de la cultura china, por lo que lamentó que al autor le quedase pendiente la posibilidad de tocar la Gran Muralla, uno de sus grandes sueños.

 

Sin perjuicio de ello, celebró que el escritor argentino se pudo vincular a China no sólo desde la filosofía y la literatura, sino también a partir de otros tópicos.

 

Entre estos tópico mencionó el tigre, uno de los animales más respetados dentro de la cultura china y que era un animal admirado por Borges, así como lo gastronómico porque «su alimento favorito era el arroz», además del uso de un bastón de laca china que lo acompañó hasta el final de sus días.

 

«China era una fascinación para Borges, porque desde niño leyó sobre ella y se imaginaba permanentemente cómo podría ser ese país. Además, el único color que pudo ver desde que se quedó ciego en 1955, fue el amarillo, y como dice Borges, no fue algo casual», deslizó la académica.

 

Fuente: El Ciudadano – México

https://www.elciudadano.com/mexico/jorge-luis-borges-y-su-relacion-con-la-mistica-china/07/19/