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sábado, 15 de julio de 2017

REY ARTURO, el hombre, el mito




 Leyenda artúrica: grito rebelde, poético, del pueblo celta contra el invasor anglosajón.

monje católico galés, Geoffrey de Monmouth, escribió su “Historia de los Reyes de Britania”, genealogía  que dispuso con varios propósitos, entre los cuales se contaba exaltar las hazañas y desventuras de un héroe celta, Arturo. El rey Arturo habría sido quien triunfara en el siglo V (otros dicen que en el VI)    en la guerra que enfrentó a su pueblo  contra los invasores  sajones. Así recuerda Jorge Luis Borges, en una estrofa de su obra poética, este largo enfrentamiento:

“Sus ídolos y ejército el duro
sajón sobre los huertos de Inglaterra
dilató en apretada y torpe guerra.
Y de esas cosas quedó un sueño: Arturo”*

Esta confrontación, obviamente, aconteció  en tierras britanas de las que Gales formaba parte.  La Historia de los Reyes de Britania cimentó el desarrollo de aquello  que en literatura se ha dado en llamar  la “Materia de Bretaña”, o como se conoce popularmente, la Leyenda del rey Arturo. Es a partir de dicha leyenda, formada con la contribución de diversas fuentes que a su turno consideraremos, que comienzan a escribirse, a partir del siglo XIIl, las llamadas novelas de caballería que fueron masivamente consumidas. Tal como sucede en la actualidad con algunos  personajes del cine o la televisión, la gente bautizaba a sus hijos con el nombre de los caballeros que protagonizaban sus libros favoritos, y tanto jóvenes como adultos sellaban pactos constituyendo órdenes como leían   en aquellas páginas.  La materia de Bretaña, además de imponer sus ideales a la sociedad medieval, inauguró el género literario que hoy cuenta con el más amplio mercado: la novela.

Aquellas famosas novelas de caballería hallan su cumbre  a principios del siglo XVII (1605) con la publicación de “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha” escrita por Don Miguel de Cervantes Saavedra, considerada la mejor novela publicada de todos los tiempos. Joya de la literatura universal que ironiza la popular producción de esas historias cuyos personajes principales eran caballeros montados, llenos a rebosar  de amor y respeto por su rey, su religión y su dama.

Cuánta será la popularidad que esta leyenda aún conserva, que  a principios del siglo XX  Gran Bretaña exhorta a su población a tomar parte en la Primera Guerra Mundial con un afiche en el que se veía a un hombre que, vestido como un guerrero medieval y montando un caballo rampante, clavaba una espada en el pecho de un dragón. Dicha ilustración se encontraba enmarcada por la siguiente frase: BRITAIN NEEDS YOU AT ONCE:  Britania te necesita de inmediato.

Oportunamente se hará un breve análisis de las más destacadas obras que  abrevaron en la “fuente Arturo”, tanto en el arte literario como cinematográfico,  ahora será suficiente con la cita que sigue:

“A los nueve años ocupé un sitial en la cofradía de los caballeros del rey Arturo, con tanto orgullo y dignidad como el que más…”
 John Steinbeck de Monterey, caballero.

Estas son las primeras palabras que encontrará quien se disponga a leer “Los hechos del rey Arturo y sus nobles caballeros” novela publicada en 1976 y cuya autoría pertenece al  escritor estadounidense John Steinbeck, quien 14 años antes había sido galardonado con el Premio Nobel de Literatura. En la introducción, refiriéndose al libro “La muerte del Rey Arturo” de Thomas Malory (siglo XV) que siendo todavía un niño cierta tía le regalara dice: “Era un ejemplar ilustrado de la Morte dArthur de Thomas Malory según la edición de Caxton. Adoré la anticuada ortografía de las palabras, y también las palabras en desuso. Es posible que haya sido este libro el que inspiró mi fervoroso amor por la lengua inglesa.” 

Intelectuales contemporáneos al auge de las novelas de caballería, como Alfonso X (1252 – 1284)  en España, denominado “El Sabio “ o Dante Alighieri (1265 – 1321) en Italia, no dudaron de la existencia del rey, sin embargo la ciencia aún no está en condiciones de aseverarlo. Historiadores y arqueólogos buscan el dato fehaciente, aquellas piedras, aquel signo, que no deje lugar a dudas. Ni unos ni otros han sido capaces de hallar, hasta ahora, la referencia incontrastable. Arturo, el hombre, si existió, se oculta tras el velo que la ficción construyó para él. Tal vez sea en la trama de ese velo donde esté escrita la respuesta, por qué Arturo fue y es, en la imaginación popular, un rey que supo reinar mejor que Carlomagno, un líder cuya capacidad de mando superó a la de Julio César.

Arturo, el héroe que a juzgar por la gran cantidad de obras artísticas que continúan recreándolo, aún necesitamos.

*Jorge Luis Borges, Ariosto y los Árabes, Antología Personal, Ed. Sol 90, 2001, pg 84

Fuente : Arturo el hombre el mito el rey

lunes, 15 de junio de 2015

Burgess y Borges en anglosajón




Anthony Burgess narra un encuentro con Borges:

    También fue aquélla la ocasión en que Borges y yo cruzamos unas palabras en anglosajón. Era una fiesta que daba en su honor la embajada argentina, y había demasiados espías alrededor, pendientes de alguna palabra acriminadora que pronunciase el distinguido escéptico. La conversación, de hecho, fue un recital antifónico del himno de Caedmon a la Frumsceaft o Creación, y su tenor fue el siguiente:

    Burgess: Nu we sculan herian heofenrices weard.
    Borges: Metodes mihte and his modgethonc.
    Burgess: Weorc wuldoraeder swa he wundras gehwaes.
    Borges: Ece dryhten ord anstealde.

    No digo que no haya ningún error en el dialecto, pero lo cierto es que dejamos muy mosqueados a los espías. Anótese ello en el haber de la erudición.

La cita viene de las memorias de Burgess, que llevan el título de Ya viviste lo tuyo


Fuente :  Wordpress


domingo, 14 de agosto de 2011

La Batalla de Maldon


Los "siete guerreros" de la tumba de Borges fueron tomados de una lápida del siglo IX hallada en Inglaterra y la imagen conmemora un ataque vikingo a un monasterio en la isla de Lindisfarne (Nortumbria) en 793.
Borges, un apasionado por lo vikingo y lo sajón, menciona a los "siete guerreros" de la lápida en su obra "Literaturas germánicas medievales" (1966) y asociaba este ataque con la Batalla de Maldon, acaecida en 991 en Essex.



El poema de 325 versos La Batalla de Maldon (Battle of Maldon) o, simplemente, Maldon constituye, junto a la Batalla de Brunanburh y la Batalla de Finnsburh, el trío sobre batallas en las que se canta a los guerreros, la lucha y la gloria en la batalla, representando en este sentido el reflejo más directo de esta ideología sobre el heroísmo guerrero propia de los pueblos germánicos.

Maldon celebra el enfrentamiento en el que cayeron el eorl Býrhtnod de Essex y sus hombres frente a una partida de vikingos daneses en 991. Debió escribirse poco después de la batalla. Se considera que es uno de los mejores, pero faltan tanto el principio como el final y el único manuscrito en el que se conservaba resultó destruido por el fuego en 1731. Al final del poema hay un discurso muy conocido:

El pensamiento debe ser lo más enérgico, el corazón lo más animoso, el coraje mayor, conforme más desfallecen nuestras fuerzas. Aquí yace nuestro líder, el valiente caudillo sobre el polvo; puede que lo lamente siempre aquel que hoy flaquee y abandone la lucha. Soy viejo, yo no me marcharé, aquí pienso dar la vida permaneciendo junto a mi señor, junto a mi amado señor. --(Batalla de Maldon)

LA BATALLA DE MALDON

... quedaría destrozado.
A cada joven jinete urgió a que dejara
el caballo, llevarlo allende, y a pie
con vigor en el brazo y valor avanzar.
Tan pronto el pariente de Offa entendió
que no toleraría el eorl timoratos,
soltó de su mano a su muy amado halcón
que al bosque volara, y corrió hacia el combate.
Pudo comprobarse que no pretendía
la lucha eludir al alzar él las armas.
También quiso Edric a su jefe y señor
auxiliar en la lucha; con la lanza adelante
avanzó en la batalla. Valor no faltóle
sosteniendo el escudo y la espada anchurosa
mientras pudo su mano. Cumplió el juramento
de estar con su caudillo codo con codo.
Byrhynoth después dispuso a sus hombres.
En medio de ellos cabalgando ordenó
y enseñó a los soldados así a resistir:
asiendo el escudo sólidamente,
prietos los puños, sin pánico alguno.
Habiendo ubicado bien a la tropa,
donde a él más le plugo puso pie en tierra,
con su propia mesnada, la más firme y fiel.
Fieramente en la orilla gritó un mensajero,
el vikingo que vino de bravatas cargado.
De su pueblo soberbio, del mar vagabundo,
ante el eorl en la arena el heraldo anunció:
“Me envían hasta ti valientes marinos,
ordenan que anillos ya mismo les lleves
por su protección; que es preferible
que tú des tributo el ataque evitando
que no que comience un cruento combate.
Si tienes bastante que dar, no habrá muerte,
tendrás nuestra tregua en trueque del oro.
Si tú, que entre todos los tuyos destacas,
abrazas librar de mal a tus hombres,
da a los marinos la suma que marquen
en pacto de paz, y en pago nosotros
subiremos a bordo de los barcos, y luego
pacíficamente sin más partiremos.”
Byrhtnoth habló blandiendo la lanza,
la fina de fresno, y, fiero, el escudo
cogió con coraje; así contestó:
“¿Oyes, navegante, lo que grita esta hueste?
Tributo de lanzas tendréis de nosotros,
puntas mortales, antiguas espadas
que no os servirán de nada en la pugna.
Del mar mensajero, ve y comunica
aún más ingrata noticia a los tuyos:
que aquí encontrarán un eorl con su tropa
que fiel su país sabrá defender,
las gentes y tierras todas del reino
de mi rey Etelred. Habrán de en la guerra
perecer los paganos. Sería despreciable
que a las naves ahora llevarais el oro
sin pugna ninguna, ya que tan hondo
habéis penetrado en nuestro país.
No fácilmente tendréis el tesoro.
De puntas y filos feroz lucha habrá
antes que nosotros tributo entreguemos”.
A la hueste de escudos mandó que avanzara
y todos formaron en la orilla del río.
A ambos bandos las aguas cerraban el paso,
subía la pleamar pasado el reflujo,
la rauda corriente. Muy largo el tiempo
se les hizo, impacientes por cruzar sus lanzadas.
Estaban junto al Panta ansiando contienda
los mejores sajones y el marítimo ejército:
ninguno podía dañar a enemigo
si no lo mataba por vuelo de flecha.
Bajó la marea. Muchos marinos,
violentos vikingos, pusiéronse en guardia.
El señor de los héroes a un guerrero ordenó,
el arrojado Wulfstan –era hijo de Kela–,
avezado en la lucha, que el vado guardara.
Fue él quien mató con su lanza al primero
que venía por el vado avanzando arrogante.
Fueron con Wulfstan dos fieros guerreros,
Aelfer y Maccus, arrojados ambos,
que no pretendían del paso escapar:
al contrario, lucharon contra aquel contendiente
en tanto sus armas pudieron usar.
Habiendo observado y visto que hallaban
terribles guerreros guardando aquel río,
tramaron traición los hostiles intrusos:
pidieron les fuera permitido pasar
a través de aquel vado, trasladar a su tropa.
Entonces el eorl, con confianza excesiva,
demasiado terreno dejó al pueblo odiado.
Luego gritó sobre las aguas frías
el hijo de Byrhthelm, escucharon los hombres...


Fuente : Territorio Vikingo y
Fuego con Nieve - Antonio Rivero
http://fuegoconnieve.blogspot.com/2008/06/la-batalla-de-maldon.h

Los misterios de la lápida de Jorge Luis Borges

Secretos de la tumba de Borges


La lápida de la tumba de Jorge Luis Borges en un cementerio de Ginebra esconde varios misterios, desde leyendas en antiguas lenguas hasta grabados sajones y vikingos, de íntima y profunda relación con la vida y la obra del célebre escritor argentino.

Estos enigmáticos elementos han sido rastreados y escudriñados en su significado por el investigador argentino Martín Hadis, quien reflejó su trabajo en el libro "Siete guerreros nortumbrios", que acaba de editarse en Argentina.

El título hace referencia a la figura principal que aparece en la pétrea lápida de la tumba de Borges (1899-1986) en el cementerio de Plainpalais, en Ginebra, esculpida por el argentino Eduardo Longato según un diseño hecho por la viuda del escritor, María Kodama, quien escogió elementos que fueron significativos para el autor de "El Aleph".

"Es un monumento con muchos niveles de significado. La selección de los elementos de la lápida, profundamente ligados a la historia personal de Borges y con un amplio valor referencial hacia sus fuentes y sus obras, cumple con creces el objetivo de recordarlo", dijo Hadis.


Los "siete guerreros" de la tumba de Borges fueron tomados de una lápida del siglo IX hallada en Inglaterra y la imagen conmemora un ataque vikingo a un monasterio en la isla de Lindisfarne (Nortumbria) en 793.

Borges, un apasionado por lo vikingo y lo sajón, menciona a los "siete guerreros" de la lápida en su obra "Literaturas germánicas medievales" (1966) y asociaba este ataque con la Batalla de Maldon, acaecida en 991 en Essex.

En su anverso, la lápida de Borges también contiene el nombre grabado del escritor y una frase en inglés antiguo, extraída de un poema sajón sobre la Batalla de Maldon, traducida como "y que no temieran", una alusión al coraje que el escritor tanto admiraba como cualidad en otras personas.

“El combate de Maldon, a Borges le recordaba la íntima discordia entre sus dos linajes, el inglés, culto y erudito, por un lado, y el criollo y marcial, por otro. Y encontrar algo bélico y sajón al mismo tiempo fue como cerrar esa discordia", explica Hadis.


Borges, que así halló una fusión entre lo bélico y lo anglosajón, empezó a estudiar inglés antiguo cuando se quedó ciego, hacia 1955, cuando es nombrado director de la Biblioteca Nacional argentina y junto con un grupo de estudiantes aprende e investiga profundamente esa lengua y la literatura anglosajona.

"Alguna vez pensé que mi destino de mero lector era pobre. Ahora, a los 70 años, he dado en sospechar que haber leído y releído la Batalla de Maldon es quizá una experiencia no menos vívida y valiosa que la de haber batallado en Maldon", dijo alguna vez Borges.

También en el anverso de la lápida hay una cruz celta, que remite a la cruz de Gosforth, erigida en Inglaterra en el siglo X por descendientes de vikingos y que en su columna, de cuatro metros, contiene grabadas escenas de tradiciones paganas y cristianas.

"Esto remite al cristianismo anglosajón de Borges, que no fue un hombre de fe pero continuó buscando una certeza religiosa hasta el fin de sus días. Era agnóstico pero no ateo y así se convirtió en un peregrino de muchas religiones", dijo Hadis, quien recordó los antepasados metodistas del autor de "Ficciones".

En el reverso de la lápida están grabadas dos frases y un barco vikingo.
Una de las frases está escrita en escandinavo antiguo y, traducida, dice: "Él toma la espada Gram y la coloca entre ellos desenvainada", tomada de la "Volsunga Saga", texto islandés de finales del siglo XIII que relata la historia del héroe germánico Sigurd y que Borges menciona en su obra.

"Borges atribuye su amor a lo escandinavo a que su padre le regalara cuando él tenía 10 años un ejemplar de la Volsunga Saga", explica Hadis, quien señala a esta obra como "inspiradora" del cuento "Ulrica", de Borges, texto que en su epígrafe contiene la frase grabada posteriormente en la lápida.


El navío vikingo representa el "viaje a la eternidad" y fue tomado de una de las llamadas "piedras ilustradas" de la isla de Gotland, Suecia.
La otra frase es la dedicatoria "De Ulrica a Javier Otárola", nombres de los personajes del cuento "Ulrica" y que secretamente utilizaban Borges y Kodama para llamarse entre si.

"La lápida, desde el punto de vista estético y de significado, por su simpleza aparente y su complejidad secreta, por el vasto poder referencial de los símbolos y alusiones talladas en la roca, es un monumento realmente extraordinario, afín a muchos cuentos de Borges", sintetiza Hadis.

Fuente : Novedades de Tabasco
11 de Agosto del 2011
http://www.novedadesdetabasco.com.mx/Nota.php?id=76341

martes, 24 de mayo de 2011

Fïliaciones anglosajonas en la obra de Jorge Luis Borges: soñar el tigre, conjeturar su circunstancia.


por Ana María García

En un conocido ensayo titulado “El ruiseñor de Keats”, Borges comenta una aseveración de Coleridge,

“todos los hombres nacen aristotélicos o platónicos. Los últimos sienten que las clases, los órdenes y los géneros son realidades; los primeros que son generalizaciones; para éstos, el lenguaje no es otra cosa que un aproximativo juego de símbolos; para aquellos, es el mapa del universo. El platónico sabe que el universo es de algún modo un cosmos, un orden; ese orden, para el aristotélico, puede ser un error o una ficción de nuestro conocimiento parcial”.(1)

De la disyunción entre dos formas de aprehender lo real, de construirse en relación con las cosas, Borges afirma que la mente inglesa nació aristotélica, y explica, por esta vía, la incapacidad de los anglosajones para percibir el arquetípico ruiseñor de Keats, miopía que no se constituyó en un obstáculo para la recepción de su poesía, de manera tal que- como apunta el ensayista- las desafortunadas críticas no lograron opacar su canto.
Cabe extrapolar dichos juicios a la propia constelación borgeana y preguntarnos cuál es el valor, qué representa en su cosmogonía no ya el ruiseñor mentado, sino otra figura de singular fuerza en su poética: el tigre, su coétano, otro símbolo de innegable influencia en el imaginario del romanticismo inglés, recuperado y reescrito en la vasta trama intertextual del escritor argentino.
No obstante, si bien el propósito de esta mirada crítica es adentrarnos en la génesis del tigre oriundo de las tierras de Snorri Sturluson y del Beowulf, y de su concretización en la escritura borgeana, me interesa, en principio, señalar que existe una genealogía de la imagen, no ya del tigre, sino de los tigres, en el sistema borgeano. Esta suerte de historia en torno a la serie en cuestión, la encontramos en dos textos fundamentales.


Imágen de Borges en elZoológico de Buenos Aires

En un relato perteneciente a El hacedor, publicado en los años 60, llamado precisamente “Dreamtigers”, dice:

“En la infancia yo ejercí con fervor la adoración del tigre: no el tigre overo de los camalotes del Paraná y de la confusión amazónica, sino el tigre rayado, asiático, real, que sólo pueden afrontar los hombres de guerra, sobre un castillo encima de un elefante. Yo solía demorarme sin fin ante una de las jaulas en el Zoológico”.(2)


Norah y Jorge Luis Borges en el Zoológico de Buenos Aires en 1908

El registro autobiográfico domina la escritura tornando visible una escena de la niñez, de los primeros años; no obstante, esta imagen primigenia del tigre, el tigre asiático seguirá presente en las posteriores evocaciones. Precisamente en un poema perteneciente a la misma obra, “El otro tigre”,(3) continúa, en la primera estrofa, esta escena evocativa de un animal fuerte, inocente, ensangrentado y nuevo, atributos que como analizaremos luego, conjuran llamativamente al tigre acuñado por Blake, enmascarado en la fiera asiática.
Del animal de las márgenes del Ganges, bellamente descripto a través de la piel espléndida que vibra, y de la apelación al sentido del olfato: “Y husmeará en el trenzado laberinto/De los olores el olor del alba/Y el olor deleitable del venado”, pasamos, en la segunda estrofa, a la plasmación de un segundo tigre, un tigre de símbolos y sombras, compuesto por una “serie de tropos literarios/ y de memorias de la enciclopedia”, un tigre que se opone al primero por ser “ficción del arte y no criatura/Viviente de las que andan por la tierra”. Finalmente, en la tercera estrofa, surge la imagen del tercer tigre, del otro tigre, “Será como los otros una forma/De mi sueño, un sistema de palabras/Humanas y no el tigre vertebrado” Aquí, en los últimos versos el sujeto poético dialoga con el otro Borges, lector, comentarista de Coleridge y surge, con nitidez, el silogismo: así como Keats alumbra su ruiseñor, de manera análoga, Borges persevera- permítaseme el neologismo- fatiga su tigre, éste, el otro tigre, el que no está en el verso.
Si continúo por la travesía que las estrategias argumentativo-poéticas que el propio Borges me imponen, formulo la hipótesis con la que inicié esta exposición y completo la premisa que estaba inconclusa: Borges asevera que la visión del mundo anglosajona es innatamente aristotélica, a excepción- señalaré- de los espíritus luminosos como el escritor citado. Tal generalización opera en forma intrínseca y abraza al mismo Borges: poeta y ensayista coinciden en la búsqueda incesante del Ideal, de la forma de su sueño, forma que deambula en el cielo platónico.




Ahora bien, de estos primeros intentos en nuestra captura del símbolo del tigre, podemos inferir que en los textos citados no aparece todavía, por lo menos de manera explícita, una evocación del tigre de Blake. No obstante, antes de adentrarnos tras su rastro, me parece más oportuno realizar una digresión y reconstruir en forma sumaria, fragmentaria, la figura de William Blake, su aporte a la formación de una de las corrientes estéticas de mayor peso en la historia de la literatura.

Los poetas visionarios del Romanticismo inglés

Tomo este título del conocido estudio de uno de los mayores especialistas en el tema, Harold Bloom, título que en el original acuña otro sentido, The visionary company,(4)que- a mi entender- destaca, con mayor énfasis dos aspectos fundamentales de estos poetas: a) los temas, los recursos estilísticos, las problemáticas que abordan son convergentes, b) una noción esencial en la que todos comulgan y que es precisamente la apología de la imaginación, la reina de las facultades, como luego la llamará Charles Baudelaire, hijo y parricida del movimiento. De la mano de Emanuel Kant y de los precursores alemanes, estos jóvenes anarquistas realizan una revolución, tanto o más importante que la copernicana. La construcción de una nueva subjetividad cuyo eje se desplaza de la razón a la imaginación provoca el ingreso de otra concepción de la praxis poética, praxis reservada a unos pocos elegidos. Bloom utiliza el término visionary, vocablo que alude precisamente a esta noción de un quehacer casi iniciático, a la idea de que las verdades aprehendidas por la poesía son las más elevadas.
Como excedería ampliamente los límites de esta comunicación el desarrollo de las poéticas de los restantes miembros de la cofradía (Shelley, Keats, Byron), me limitaré a bosquejar algunas líneas de la obra de William Blake, aquellas que me resulten productivas para dar cuenta de los alcances del dispositivo intertextual que pretendo reconstruir en relación con la obra borgeana.
La ubicación de este poeta se ha tornado problemática en el campo de los estudios críticos. Se ha adoptado como fecha de iniciación del movimiento la publicación de las Baladas líricas de Wordsworth y Coleridge (1798), no obstante, tal cronología deja fuera un texto fundamental, las Canciones de Inocencia, fechadas en 1789,el mismo año de la Revolución francesa, de manera tal que como ha observado otro prestigioso crítico, C.M.Bowra, con esta periodización se excluye la obra de William Blake. Jaime Rest (5) zanja la cuestión al referirse a un prerromanticismo en cuyo seno lo incluye, mientras que ya señalamos la postura que adopta Harold Bloom al no marcar esta bisagra y directamente incluirlo como parte de la cofradía; en cambio, menciona como antecedente la obra de William Collins.
De estas disquisiones en torno a la contextualización de su figura, se advierte un rasgo fundamental: una actitud de ruptura e innovación en el campo literario de la época.(Coincidencias que también observo en relación con la valoración de la figura del propio Borges.) Las visiones de Blake permitieron, a quienes le siguieron, profundizar la huella. Desde esta perspectiva, sería lícito extrapolar la categoría acuñada por Bourdieu para aludir a la influencia de Baudelaire en Francia. Quizás William Blake se constituye en nomoteta (6)en tanto promueve otros parámetros en el campo intelectual vernáculo, no sólo en cuanto a la originalidad de su poética sino también en su mordaz crítica al sistema de patronazgo, es decir, al arte por encargo, tan en boga en ese momento, crítica que se extiende a todas las instituciones o sistemas que oprimen la libertad del individuo. También resulta necesario aclarar que, los críticos que lo colocan fuera del movimiento, basan su postura en el hecho de que no realizó una sistematización de sus ideas ni dejó un testimonio explícito de estas innovaciones.
Aislado, anarquista, visionario, discípulo del místico Swedenborg, elabora una obra compleja y heterogénea.(7) A partir de la simplicidad de sus primeros poemas se adentra, luego, en la creación de una compleja cosmogonía de filiaciones varias: la cábbala, la Biblia, los mitos clásicos y escandinavos etc.; de esta producción nos interesa su obra fundacional que consta de dos partes. El título completo es Canciones de Inocencia y Experiencia, que muestran los dos estados Contrarios del Alma Humana. Publicado en 1794, las dos partes de la composición sintetizan, con claridad, el pensamiento dialéctico del poeta.
La paradoja instala una visión dualista del universo, visión que recupera las fuerzas elementales de la naturaleza, las más temibles. Anunciará que el cordero, símbolo emblemático de la doctrina cristiana, símbolo del estado de inocencia, no resulta suficiente para redimir el mundo. El hombre no permanece mecido por idílicas canciones de cuna y salmos religiosos, formaciones discursivas predominantes en esta zona del texto, extrapoladas de los himnarios protestantes y del cancionero popular.
En la vía mística, aprehender la Unidad de lo existente implica que se necesite una figura capaz de desatar la pura energía, capaz de vencer las oscuras pasiones y contemplar la verdadera naturaleza humana, la verdadera naturaleza divina, puesto que el dios de Blake habita en cada forma humana,(8)no está fuera del hombre sino que, por el contrario, reencarna en cada individuo.
La figura que simboliza esta vía, la posibilidad de redención es el tigre. El poema homónimo revela, en la primera estrofa, la fuerza, el poderío del animal:

Tyger! Tyger! Burning bright
In the forest of the night,
What inmortal hand or eye
Could frame thy fearful symmetry?(9)

El elemento fónico sugiere la impronta mayestática del símbolo. El gerundio materializa una sinestesia puesto que representa, en forma simultánea, el movimiento y el brillo, el fuego. El adjetivo refuerza, a la manera de un epíteto, la imagen. El campo semántico que se despliega no alude a la luz desde la perspectiva de un Dante. Aquí la luz no proviene del Paraíso, del puro Bien sino que, por el contrario, siguiendo la estela de Milton, nace de la conjunción del Paraíso y del Infierno. Lucifer es parte de Dios, dios es bueno y también es cruel. Asistimos, en suma, a la formulación de un dualismo panteísta que quiebra una interpretación ortodoxa del cristianismo y se acerca mucho más al sentimiento religioso de la antigüedad grecolatina y la mitología nórdica.
Sin embargo, el segundo verso del poema nos conduce, nuevamente, a las selvas dantescas. La intertextualidad es notoria, la metáfora alude, también, a los aspectos negativos de la existencia. En el poeta florentino, la selva simboliza el pecado, en Blake representaría la ignorancia, la represión, la superstición.
La horrible simetría-fearful symmetry- del tigre es el estado del ser que permite restaurar el mundo. El poema, construido en base a interrogaciones retóricas, plantea, en forma dramática la paradoja de la existencia, la indagación en torno del advenimiento de un modelo de hombre, génesis que alumbra, en ecos desgarradores, otra manera de concebir lo divino, de vincularse con el espíritu, el neuma .

La captura, el sueño del tigre

Retornando a nuestro Borges, considero que se produce una feliz conjunción de los aspectos y símbolos que estoy analizando en un cuento perteneciente a El aleph, denominado “La escritura del dios”(1949). Recordemos que el texto narra el cautiverio de un mago, Tzinacán, quien comparte la celda con su asesino, un jaguar. Ante el instante de la muerte inminente, percibe que la sentencia mágica, la escritura del dios, aquella que sólo podrá descifrar un elegido, se esconde en la piel del jaguar, adivina, entonces, que víctima y victimario son sólo Uno, que “un hombre se confunde, gradualmente, con la forma de su destino; un hombre es, a la larga, sus circunstancias.” El mago advierte, entonces, que “ocurrió lo que no puedo olvidar ni comunicar. Ocurrió la unión con la divinidad, con el universo”.(10)
Como el aleph, la piel del tigre encierra la escritura del dios, la experiencia inefable, mística, capaz de percibir el Todo en su heterogeneidad deslumbrante y monstruosa. A partir del uso anafórico de la inflexión verbal vi se despliega una descripción minuciosa de este momento epifánico. De la mano de Blake, de Dante, Borges se suma al linaje de los poetas visionarios, aquellos que poseen el don de ver lo que a los demás seres les está vedado.
Me he referido a los atributos fundamentales del tigre delineado por Blake: su terrible poder, la violencia y la energía devastadora, el aspecto casi diabólico de su semblanza. Me atrevo a conjeturar que el mago Tzinacán comparte su celda con un doble, con la duplicación especular de la fiera anglosajona en tanto responde a la conjunción de valores simbólicos atribuidos a William Blake al animal y trasladados –en un típico sincretismo poético borgeano- al imaginario tigre azteca.


No obstante, concluir mi lectura sustentada solamente en las consideraciones precedentes sería reducir, a partir de mi propia ceguera e ignorancia, el inconmensurable universo imaginado por Borges. Este destello místico, visionario que percibo en algunas zonas de su escritura constituye un indicio, un signo de uno de los Borges posibles.
Cierro el círculo. Vuelvo al inicio. Intenté bosquejar la huella del Borges platónico a partir de una figura emblemática, figura soñada a partir del sueño de otro, de otro grande perteneciente al mundo anglosajón. Sin embargo, también debo advertir que su escritura, su pensamiento no obedece fielmente a los parámetros sustancialistas de la modernidad. Existen otros Borges posibles; uno de ellos transgrede la tradición, el canon, en aras de inaugurar un paradigma o condición diferente de pensar y construir la subjetividad, la escritura, la manera de aprehender y vincularse con lo real. A ese Borges, el posmoderno,(11)le pido disculpas.
Aunque, en realidad, no debo pedir ninguna disculpa: como lo ha señalado Edgardo Gutiérrez, precisamente uno de los rasgos posmodernos de Borges es permitirse adoptar posiciones filosóficas radicalmente contradictorias: a veces platónicas, a veces antimetafísicas, a veces nominalistas, a veces realistas, y así sucesivamente. Porque, como es bueno que lo recordemos, Borges no era un filósofo sino un creador.

Notas

1-Durante toda mi exposición, utilizaré la siguiente edición: Borges, Jorge Luis, Obras completas, Buenos Aires, Emecé, 1974. Edición dirigida y realizada por Carlos V. Frías. Confrontar pág. 718
2-Cfr.Op.Cit. Pág. 783.
3-Cfr. Op.Cit. Pág. 824.
4-El texto de Harold Bloom se ha editado en castellano con el título Los poetas visionarios del romanticismo inglés, Traducción de M. Antolín, Barcelona, Barral, 1974.
5-Jaime Rest practica un valioso abordaje de la propuesta estética de este grupo de poetas ya que, apelando a la claridad y la concisión elabora una texto que excede, por su brevedad, el rótulo de introductorio a la cuestión. Confrontar Coleridge, Byron y otros, Buenos Aires, C.E.AL, 1968.
6-En un valioso trabajo sobre la constitución del campo intelectual francés durante el período que comprende la segunda mitad del siglo XIX, Pierre Bourdieu acuña el concepto de nomoteta para definir el lugar que ocupa la figura de Charles Baudelaire en este escenario. Según su perspectiva, dicho término señalaría “una especie de héroe fundador”, una personalidad que ¨pone en tela de juicio ,y desafía, las estructuras mentales, las categorías de percepción y de apreciación que, al estar ajustadas a las estructuras sociales mediante una congruencia tan profunda quedan al margen de los ataques de la crítica aparentemente más radical, son fuente de una sumisión inconsciente e inmediata al orden cultural” en Las reglas del arte .Génesis y estructura del campo literario, Barcelona, Anagrama, 1995. Págs 100-101.
7-William Blake recibe la influencia de Platón a través de la figura de Plotino. Este hecho constituye otra de las afinidades filosóficas, una forma de percibir lo real, que lo acerca a nuestro poeta.
8-En uno de los poemas más productivos para el desarrollo del ejercicio crítico que estoy realizando, llamado The Divine Image (La Imagen Divina), perteneciente a los Cantos de Inocencia, en una de las estrofas se dice: Then every man, of every clime,/That prays in his distress/ Prays to the human form divine,/ Love,Mercy,Pity,Peace ( Luego todo hombre de cualquier clima,/ Que ruega en su desventura,/ Ruega a la humana forma divina, /Al Amor, a la Piedad, a la Paz, a la Misericordia) Confrontar Blake, William, Cantos de inocencia y de experiencia, Barcelona, Bosh, 1977. Traducción de E. Valenti. Edición bilingüe. Pág. 23
9-Op.Cit. Pág. 25 ¡Tigre! ¡Tigre! que ardiendo brillas/ En los bosques de la noche,/¿Qué mano inmortal u ojo/ Ideó tu horrible simetría?
10-Op.Cit. Pág. 598.
11-La Licenciada Cristina Piña ha publicado dos valiosos artículos sobre la cuestión que aportan una sólida fundamentación en torno a la consideración de Borges como un posmoderno avant la lettre, utilizando palabras de la autora. Confrontar: Piña, Cristina: “Borges posmoderno” en : Cultura. Bs.As., Nº 57/58 aniversario, 1996, págs. 40-43 y “Borges y la posmodernidad” en: Revisa de Literaturas Modernas. Homenaje a Jorge Luis Borges. Borges entre dos siglos: Recuperaciones y anticipaciones. Nº 29. Mendoza, Universidad Nacional de Cuyo, Facultad de Filosofía y Letras, Instituto de Literaturas Modernas, 1999, págs. 273-284.


Bibliografía

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BORGES, Jorge Luis, Obras completas, Buenos Aires, Emecé, 1974. Edición dirigida y realizada por Carlos V. Frías.
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PIÑA, Cristina: “Borges-Auster: el sujeto como simulacro” en: Relecturas, reescrituras, articulaciones discursivas. Actas de las Terceras Jornadas Internacionales Literatura Argentina/Comparatística (Bs.As., 28-30 de julio, 1999). Bs.As., Programa L.A.C. universidad de Buenos Aries, Facultad de Filosofía y Letras, Instituto de Literatura Argentina “Ricardo Rojas”, 1999, págs. 132-137.
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Fuente : Ana María García
Universidad Nacional de Mar del Plata - Argentina

domingo, 22 de mayo de 2011

Borges y el anglosajón


De todas las literaturas que influyeron en la obra de Borges, la anglosajona, es decir, la literatura escrita en Inglaterra entre los siglos V y XI, es seguramente la menos estudiada por la crítica. Se trata, sin embargo, de uno de los temas recurrentes de nuestro escritor, como lo fueron una vez el Tango o las obras de Schopenauer, Berkeley y Hume. Resulta, por lo tanto, importante entender las características del inglés antiguo y el impacto que el estudio de esta lengua y los textos en ella escritos ha tenido en la obra de quien fue uno de los más grandes escritores de lengua hispana del siglo XX.

Introducción: cinco siglos de inglés antiguo

Anglos, Jutos y Sajones, llamados colectivamente “anglosajones”, tribus germánicas que dejaron atrás sus hogares en el continente y cruzaron el Canal de la Mancha para terminar instalándose en las islas británicas. Los Jutos procedían de Jutland (Dinamarca), los Anglos de Schleswig-Holstein (Alemania), y los Sajones, de las costas al norte del Elba (Dinamarca y Alemania). En términos de clasificación lingüística, el anglosajón es un dialecto bajoalemán, cuyos parientes más cercanos son el holandés y el frisio.

A partir del siglo V los anglosajones comenzaron su migración hacia las islas británicas. y se impusieron a los habitantes nativos de Bretaña, que eran, en su mayoría, tribus celtas, antecesoras de las actuales poblaciones de escoceses, irlandeses y galeses. Con el tiempo, los invasores fueron empujando a la población celta hacia el norte y el oeste de la isla. Dado que las lenguas celtas pertenecían a un enemigo sometido, pocas palabras celtas han pasado de éstas al idioma de los anglosajones, por lo que al principio el anglosajón era una lengua casi exclusivamente germánica. Con el tiempo, se vio influido por el latín eclesiástico, y por los antiguos dialectos escandinavos hablados por los invasores vikingos.

La época del inglés antiguo terminó en el año 1066, con la invasión normanda. El último rey sajón, Harold Godwinson, fue derrotado en la batalla de Hastings por Guillermo el Bastardo en el año 1066.


El último rey sajón: el rey Harold, retratado en el famoso "Tapiz de Bayeux", ca. 1066.

Los normandos provenían de la Normandía francesa, la etimología de ese nombre (“tierra de los hombres del norte”) revela su origen escandinavo. Pero para el momento en que decidieron invadir Inglaterra, sin embargo, los normandos se habían afrancesado por completo. Su lengua no era el escandinavo antiguo, sino el francés antiguo o “francien”, idioma que impusieron a las tierras sajonas que conquistaron. La iglesia ya había dado al inglés varias docenas de palabras latinas; un par de siglos de dominio normando la inundaron de miles de palabras de origen romance. El resultado del encuentro entre la antigua lengua francesa de los normandos y el inglés antiguo hablado por los anglosajones dio como resultado una lengua híbrida, con una gramática germánica en su esencia pero con un gran porcentaje de palabras de origen romance en su vocabulario, de la que desciende el inglés moderno.

Literatura anglosajona

Durante los cinco siglos que van del V al X, el inglés antiguo fue vehículo de creación literaria.

No es mi intención reseñar textos específicos, dado que, existen varias introducciones a esta literatura, entre ellas, la que escribió el mismo Borges en su libro Literaturas Germánicas Medievales. Resulta de interés, sin embargo, enumerar y analizar brevemente los textos primarios que sobreviven hasta el día de hoy.

En lo que respecta a la poesía, el hecho más notable es que de toda la producción poética que puede haber tenido lugar en los cinco siglos que van del V al X, han sobrevivido solamente cuatro códices: el llamado Libro de Exeter, que pertenece a la catedral de ese mismo nombre, el llamado Manuscrito Junius, el Libro de Vercelli , olvidado hace siglos en Italia por unos peregrinos anglosajones camino a Roma, y finalmente, el códice llamado Cotton Vitellius, que sufrió graves daños durante un incendio en la biblioteca de Cotton, a la que pertenecía, y que se encuentra ahora en la British Library.

De todos los poemas contenidos en esos cuatro códices, el más famoso es seguramente el de Beowulf, que narra el legendario combate entre el guerrero de ese nombre y una serie de monstruos Se trata de un poema heroico de 3200 versos. Borges disfrutaba de su lectura, pero la desaconsejaba a los principiantes, ya que emprenderla sin conocimientos suficientes propendía, según afirmaba, “a la deserción y al tedio”.


Primera página del manuscrito del Beowulf

Beowulf no es, sin embargo, el único poema heroico que ha llegado a nosotros. Sobreviven también varios textos de la misma naturaleza que Borges encontraba sumamente interesantes.

Entre éstos se encuentran el llamado Fragmento de Finnsburh, que narra una batalla entre Daneses y Frisios, la Batalla de Brunanburh, que veremos en más detalle más adelante, y la Batalla de Maldon, poema que fascinaba especialmente a Borges

Otro género de la literatura anglosajona por el que Borges se sentía especialmente atraído era el género elegíaco. Las elegías anglosajonas son poemas escritos en primera persona, que tratan del contraste entre la felicidad de épocas pasadas y el difícil presente del narrador. Se trata de obras que subrayan, en general, la transitoriedad de las riquezas, el bienestar y la alegría. Las elegías preferidas por Borges eran La Ruina, cuyo narrador describe el estado de destrozo de lo que antes fue una ciudad llena de alegría y belleza, la elegía de El Hombre Errante, en la que un guerrero lamenta su suerte, alejado de su rey y de su gente recorre en soledad mares helados, y finalmente El navegante, en el que se siente con fuerza un tema que se volverá habitual en la poesía inglesa más tardía: la nostalgia del mar.

Hay, por último, una serie de poemas religiosos cristianos, que combinan el ethos heroico germánico con personajes y fuentes bíblicas. Entre ellos se cuentan Andreas, Juliana y Los Destinos de los Apóstoles. Este no es un género que impresionara especialmente a Borges; de todas las poesías religiosas, la que Borges prefería era El Sueño de la Cruz (The Dream of the Rood), debido no a su énfasis cristiano, sino al hecho de que el narrador en primera persona del poema no es una persona sino, curiosamente, el madero, la misma cruz donde fue crucificado Cristo.

En comparación con los escaso del material poético que ha sobrevivido hasta nuestros días, los textos en prosa son mucho más abundantes: su cifra asciende a varios cientos. No ahondaré en ellos, sin embargo, porque a diferencia de la poesía, la prosa anglosajona no impresionaba especialmente a nuestro escritor. “Los sajones podían componer versos memorables” – escribió una vez – “pero su prosa era vacilante y pesada” (Comentario sobre “El Relato de Ottar” en Breve Antología Anglosajona, OCC pág. 798). A pesar de ello, nos consta que Borges leyó con fruición algunos de los textos en prosa redactados por el rey Alfredo, y que disfrutaba la lectura de la Crónica Anglosajona, texto que consiste en una serie de anales sucesivos escritos por generaciones de monjes y que describe sucintamente los hechos acaecidos cada año. En el anverso de la lápida del escritor, en Ginebra, está inscripto un semiverso perteneciente a Maldon.

Una lengua rica y compleja

Durante siglos, los manuscritos anglosajones permanecieron olvidados y escondidos en estantes de oscuras bibliotecas. Cuando, en los siglos XVIII y XIX, los anticuarios y filólogos ingleses comenzaron a dirigir su atención hacia ellos, la lengua había cambiado tanto que éstos resultaban ilegibles. Hicieron falta décadas de perseverancia y estudios s para que alguien pudiera nuevamente leer correctamente la lengua anglosajona.

La gramática del inglés antiguo es extremadamente compleja. Los casos de declinación son cuatro, similares a los del alemán: nominativo, genitivo, dativo, acusativo. Hay también un caso instrumental. Entre sus curiosidades lingüísticas se destacan una forma dual del pronombre de primera persona, distinta a la forma plural (we=nosotros, wit = nosotros dos).

Sobra a esta altura decir que hablar o leer inglés moderno no confiere de por sí la capacidad de leer inglés antiguo. Los hablantes de inglés moderno interesados en leer la literatura anglosajona en su forma original deben estudiar a la lengua anglosajona inglés como estudiarían alemán o sueco, es decir, como si se tratara de una lengua extranjera.

Véase por ejemplo el siguiente párrafo, correspondiente al año 789 de la Crónica Anglosajona:

Her wæs Alfwald Norðhymbra cyning ofslægen fram Sigan ... ond heofonlic leoht wæs lome gesewen þær þær he ofslægen wæs, ond he wæs bebyrged on Hagustaldesee innan þære cyrican. Ond sinoð wæs gegaderod æt Aclea. Ond Osred Alchredes sunu feng to rice æfter him, se wæs his nefa.

“Este año, Alfwold, rey de Nortumbria, fue asesinado por Siga ... y se vieron con frecuencia luces celestiales en el lugar éste donde fue muerto. Y fue enterrado en Hexham dentro de la iglesia. Y se reunió un sínodo en Aclea. Y Osred, hijo de Alrchred, le sucedió en el trono. Él era su sobrino.”
Como se verá, el texto no resulta inteligible sin la ayuda de un buen diccionario y conocimientos de gramática anglosajona.

Borges y el inglés antiguo

El interés de Borges por el inglés antiguo aparece ya en forma temprana en su ensayo Las Kenningar, que se publica en el libro Historia de la Eternidad (1936). Pero su verdadero vuelco hacia el idioma y la literatura anglosajona se produce en 1955, cuando Borges se queda definitivamente ciego.

Para cualquier persona, la pérdida de la vista debe ser una experiencia terrible, pero para una persona para la cual los libros y de la literatura eran su mundo, el golpe debe haber resultado devastador. Así lo describe el mismo Borges en su conocido “Poema de los dones”:

Nadie rebaje a lágrima o reproche
Esta declaración de la maestría
De Dios, que con magnífica ironía
Me dio a la vez los libros y la noche.

Borges recurre al estudio de una nueva literatura para enfrentar esta pérdida.

Me dije: ya que he perdido el querido mundo de las apariencias, debo crear otra cosa.. debo crear el futuro, lo que sucede al mundo visible que, de hecho, he perdido

“La Ceguera”, Siete Noches, OC III, pag 280.

Borges era, por esas épocas, profesor en la Universidad. Un grupo de alumnas fue a visitarlo y Borges les propuso emprender el estudio de un idioma y una literatura que apenas conocían:

Me preguntaron cuál era ese idioma y cual era esa literatura. Bueno, naturalmente, el idioma inglés y la literatura inglesa. Vamos a empezar a estudiarlos, ahora que estamos libres de la frivolidad de los exámenes; vamos a empezar por los orígenes

“La Ceguera”, Siete Noches, OC III, pág. 277

Este intento de emprender un nuevo proyecto para iniciar esta nueva etapa de su vida suena del todo sensato. Sin embargo, no deja de ser curiosa la elección del idioma a estudiar. Habiendo tantos idiomas que le interesaban, ¿Por qué habría de recaer la elección de Borges justamente en el inglés antiguo?

La respuesta a esta pregunta la encontramos en la genealogía del escritor. Borges heredó la ceguera del lado paterno de su familia, es decir, de sus antepasados ingleses. La abuela inglesa de Borges, Frances Haslam, provenía de Staffordshire, Inglaterra. Frances padecía esta forma de ceguera hereditaria que pasó de ella al padre del escritor, Jorge Guillermo Borges, que a su vez la transmitió a su hijo. Por ende, Borges veía a la ceguera como la una prueba para su coraje, una prueba por la que cada generación de su rama paterna Borges/Haslam debía pasar:

...estoy hablando en mi nombre y en nombre de mi padre y de mi abuela, que murieron ciegos; ciegos, sonrientes y valerosos, como yo también espero morir.

“La Ceguera”, Siete Noches, OC III, p. 276

Nuestro escritor no se equivoca ni exagera cuando afirma que el inglés antiguo era el idioma de sus ancestros. Es por eso que esta antigua lengua y su literatura representan para Borges de un verdadero regreso a los orígenes que le permite regenerarse y crear un nuevo futuro. Mircea Eliade, estudioso de mitos y religiones, afirma en su libro sobre el eterno retorno:

El hombre ha sentido siempre la necesidad de reproducir la cosmogonía en sus construcciones, cualquiera sea el carácter de éstas, y esta regeneración lo hace sentir contemporáneo al momento mítico de los comienzos del mundo, a la que intenta regresar tan frecuentemente como le sea posible, para regenerarse a sí mismo....

The Myth of the Eternal Return, p. 76

Y en efecto, al comenzar su estudio de la lengua anglosajona, Borges observa:

Estoy volviendo al idioma que hablaban mis mayores hace cincuenta generaciones; estoy volviendo a ese idioma, estoy recuperándolo. No es la primera vez que lo uso; cuando yo tenía otros nombres, yo hablé este idioma”

“La ceguera”, Siete Noches, OC III pag. 281

Esta idea del regreso a un idioma ancestral se repite una y otra vez en distintos poemas.

Por ejemplo, en el poema titulado “Al iniciar el estudio de la gramática anglosajona”, Borges se sorprende de estar regresando a esta lengua ancestral desde las costas del río de la Plata, río al que, a diferencia de los ríos de Inglaterra, jamás llegaron los drakkar (dragones) de los vikingos, embarcaciones así llamadas porque llevaban para amedrentar a sus enemigos la escultura de un dragón en la proa:

Al cabo de cincuenta generaciones
tales abismos nos depara el tiempo)
Vuelvo en la margen ulterior de un gran río
Que no alcanzaron los dragones del viking
A las ásperas y laboriosas palabras
Que, con una boca hecha polvo,
Usé en los días de Nortumbria y de Mercia,
Antes de ser Haslam o Borges

Años más tarde, vuelve a la misma idea en el poema titulado Un Lector (Elogio de la Sombra, OC pág. 1016)

Cuando en mis ojos se borraron
Las vanas apariencias queridas
Los rostros y la página
Me di al estudio del lenguaje de hierro
Que usaron mis mayores
Para cantar espadas y soledades

Al emprender el estudio del inglés antiguo, Borges regresa, entonces, a las fuentes de su familia y a su pasado lingüístico para combatir la desazón que le produce su ceguera.

Lecciones de inglés antiguo

Las reuniones de Borges con su grupo de estudiantes de anglosajón comenzaron en la Biblioteca Nacional. Con el tiempo, esas clases se trasladaron a la case de Borges, en la calle Maipú. En su libro With Borges on an ordinary evening in Buenos Aires, Willis Barnestone recuerda:

Borges da sus clases de inglés antiguo los domingos a la tarde. Duran aproximadamente dos horas hasta que Borges se va a cenar, por lo general caminando a la casa de Adolfo Bioy Casares... Los estudiantes suelen ser siempre los mismos: una mujer inglesa mayor, vieja amiga de Borges, algunos ex-alumnos de Borges de la universidad... y María Kodama... La atmósfera es eléctrica: Borges se sienta en el sofá bajo las ventanas del living. Primero elige algunos textos anglosajones o escandinavos... Tras él, sosteniendo los libros con los antiguos textos, está Pablo, que le va mostrando línea por línea lo que el grupo está leyendo, como si Borges pudiera ver y descifrar las palabras. Borges parece seguir los textos, pero, por supuesto, lo que en realidad sucede es que los sabe de memoria... He dicho que la atmósfera es eléctrica... lo que predomina en estas clases es la risa. A Borges le gusta reír, pero nunca lo he visto reir tanto como cuando disfruta los sonidos y significados de estos antiguos textos...

[With Borges in an Ordinary Evening in Buenos Aires, p.49]

Habiendo perdido su vista, Borges encuentra un enorme placer en el sonido del idioma anglosajón. Ocurre que en esa lengua existían fonemas y combinaciones de sonidos que se han perdido en el inglés de hoy:

El inglés antiguo, idioma de duras consonantes y vocales abiertas, era más sonoro y más áspero que el moderno, que ha ido limando sus aristas: Incluía grupos consonánticos hoy desaparecidos: pan, que ahora es loaf, era hlaf; relinchar, que ahora es to neigh, era hneagan; sortija, que ahora es ring, era hring; ballena, que ahora es whale, era hwael.

[Literaturas Germánicas Medievales, OCC p. 869 ]

A Borges, estos sonidos le parecen especialmente apropiados para las poesías épicas:

El lenguaje anglosajón, el inglés antiguo, estaba por su misma aspereza predestinado a la épica, es decir a la celebración del coraje y de la lealtad. Por eso... lo que le sale especialmente bien a los poetas es la descripción de batallas. Es como si oyéramos el ruido de las espadas, el golpe de las lanzas sobre los escudos, el tumulto de los gritos de la batalla

(Borges Profesor, clase V)

Habiendo perdido la vista, los sonidos fuertes y bruscos del inglés antiguo llaman poderosamente la atención de Borges

Inspiración e influencias

El interés de Borges por las literaturas germánicas, como hemos visto, se remonta a los comienzos de su carrera de escritor. La siguiente cronología sirve para ubicar en el tiempo su producción relacionada con temas anglosajones.

En 1936 se publica Historia de la Eternidad, libro que contiene el ensayo titulado “Las Kenningar”, en el que Borges describe y analiza las complejas metáforas utilizadas por los poetas escandinavos y anglosajones del medioevo.

En 1951 se publica Antiguas Literaturas Germánicas. Se trata a la vez de un manual introductorio y de una breve antología. La influencia de la literatura anglosajona comienza a hacerse sentir. Sin embargo, Borges todavía no sabe inglés antiguo.

En 1955 Borges es nombrado director de la Biblioteca Nacional. Ese mismo año se queda ciego y comienza a estudiar inglés antiguo.

En 1963 y 1964 hace sendos viajes a Inglaterra. Visita el pueblo de sus ancestros y muchos otros lugares de interés histórico y literario

En 1966 publica Literaturas Germánicas Medievales. Se trata de una revisión de Antiguas Literaturas Germánicas. El capítulo dedicado a la literatura anglosajona es el que sufre más adiciones y revisiones, ya que Borges trabaja ahora directamente “sobre los textos primitivos” (Literaturas Germánicas Medievales, “Introducción”, OCC pag. 861)

En 1978 publica su Breve Antología Anglosajona, compilación de textos anglosajones traducidos directamente del inglés antiguo al castellano por Borges y María Kodama.

En el poema titulado “Al iniciar el estudio de la gramática anglosajona” (citado arriba) de El Hacedor (1960) Borges elogia a la “infinita urdimbre de los efectos y de las causas” que le ha concedido el don de aprender inglés antiguo. El escritor afirmaba que el título de este poema llamó la atención de varios lectores. En su Autobiografía recuerda:

Cierta vez un colega me llamó aparte y me dijo preocupado: “ ¿Qué significa eso de publicar un poema titulado ‘Al iniciar el estudio de la gramática anglosajona?”. Traté de hacerle entender que el anglosajón es para mí una experiencia tan íntima como mirar una puesta de sol o enamorarse (Autobiografía, págs. 134-145)

El estudio de esta lengua y esta literatura dejó “rastros” (Autobiografía, pag. 134) tanto en sus poemas como en sus cuentos. Un análisis completo de la influencia del inglés antiguo esta mas alla delalcance de este artículo, pero analizaré a continuación a algunos de los poemas en los que la influencia del idioma y la literatura anglosajona resultan más visibles.

El otro, el mismo de 1964, es un libro especialmente pródigo en poemas de tema sajón. Esta no es una coincidencia. Como se ve en la cronología, para el año de publicación de este libro, Borges acababa de regresar de un viaje por Inglaterra, en el que visitó numerosos lugares de interés histórico y literario, entre ellos, York y el pueblo de sus ancestros en Staffordshire.

En todos estos poemas Borges vuelve una y otra vez al tema de los comienzos: los comienzos de Inglaterra, el inicio de sus estudios de anglosajón, los orígenes de la lengua inglesa.

El poema titulado “Un sajón” (de El otro, el mismo, pag 883) narra la llegada de uno de los primeros guerreros de esa tribu a Inglaterra. Describe a un hombre rudimentario, portador a la vez de una tosca religión pagana y de una lengua ricas en posibilidades literarias. El mismo guerrero que adoraba a Odín (Woden) y Thor (Thunor) es capaz de componer poemas utilizando metáforas complejas.

Woden o Thunor, que con torpe mano
Engalanó de trapos y de clavos
Y en cuyo altar sacrificó al arcano
Caballos, perros, pájaros y esclavos

Para cantar memorias o alabanzas
Amonedaba laboriosos nombres;
La guerra era el encuentro de los hombres
Y también el encuentro de la lanzas

Borges utiliza de ejemplo dos de estas metáforas que corresponden a la batalla: “encuentro de los hombres” y “encuentro de las lanzas” ambas similares (aunque no exactamente iguales) a las que cita en su ensayo Las kenningar.

En el mismo libro (El otro, el mismo, p. 902), encontramos un poema titulado “Composición escrita en un ejemplar de la gesta de Beowulf”. Se trata nuevamente de una reflexión sobre los motivos que impulsan a Borges a estudiar este idioma. La explicación se refiere, nuevamente a sus ancestros:

A veces me pregunto qué razones
Me mueven a estudiar sin esperanza
De precisión, mientras mi noche avanza
La lengua de los ásperos sajones
...
Será, (me digo entonces) que de un modo
secreto y suficiente el alma sabe
Que es inmortal y que su vasto y grave
Círculo abarca todo y puede todo...

Al parecer, al estudiar inglés antiguo, Borges jugaba realmente con la idea de la inmortalidad del alma. En “Borges, Esplendor y Derrota” (p. 218), la autora transcribe una conversación grabada en 1961 en Nuevo México, que tuvo lugar entre Borges, Enrique Zuleta Álvarez y Cleoh N. Capsas. Luego de recitar “Composición escrita sobre un ejemplar...” Borges anuncia a sus interlocutores que está estudiando inglés antiguo “precisamente porque conoce su naturaleza inmortal.” Agrega que está regresando a este idioma “aprovechando los beneficios de la metempsicosis”, es decir, de la reencarnación. “¿Por qué no pudo haber hablado mi alma en un cuerpo anterior al siglo décimo, aquel idioma que luego se convertiría en el inglés?” - se pregunta Borges. Los tres participantes de la conversación ríen, “pero Borges" -se pregunta M.E. Vázquez - " ¿hablaría en serio o en broma?”. No lo sabemos.

A la “Composición escrita sobre un ejemplar...” le sigue otro otro poema, cuyo título es directamente anglosajón: “Hengist Cyning”. Se trata de una elegía de Hengist, primer de Inglaterra. De la palabra anglosajona cyning desciende la forma moderna “king”, de manera que el título de este poema, “Hengist Cyning”, significa simplemente “Hengist Rey”.

Hengist y Horsa, fueron, en la leyenda, los dos fundadores de Inglaterra. Podríamos decir que son la versión sajona de Rómulo y Remo. En el anal del año 449 de la Crónica Anglosajona, se lee:

On hiera dagum Hengest ond Horsa from Wyrtgeorne geleaþade Bretta kyninge gesohton Bretene on þam staþe þe is genemned Ypwinesfleot, ærest Brettum to fultume, ac hie eft on hie fuhton.

“En sus días Hengist y Horsa fueron invitados por Wurtgern, rey de los Bretones y arribaron a Gran Bretaña en un lugar llamado Ipswinesfleet (Ipswitch). [Vinieron] en un principio para ayudar a los Bretones, pero luego combatieron contra ellos.”

La primera parte de este poema, propone un posible epitafio para Hengist. Se trata de una maniobra literaria que Borges ejecuta una y otra vez a lo largo de su obra: completar los enigmas de la historia con hechos imaginarios, postular realidades posibles para sucesos para los que no hay evidencia. Como hemos dicho, Hengist es un personaje de leyenda: nunca se han descubierto sus restos y mucho menos una inscripción sobre su tumba. Borges, sin embargo, no puede evitar postular una leyenda fúnebre para este rey que tal vez nunca existió.

En la segunda parte del poema, es Hengist quien habla, ignorando el epitafio que el mismo Borges postula:

No sé que runas habrá marcado el hierro en la piedra
Pero mis palabras son estas:
Bajo los cielos yo fui Hengist el mercenario

Y, lo que resulta aún más curioso: en las líneas siguientes, Hengist describe a la tierra que acaba de conquistar::

Me place el reino que gané con la espada:
Hay ríos para el remo y para la red
Y largos veranos
Y tierra para el arado y para la hacienda

Estas referencias geográficas son peculiares. Describen en pocas líneas, concretas y próximas a la prosa narrativa una tierra nueva que algún día será Inglaterra. Sobra decir que ningún documento sobrevive de éstas épocas tempranas de la colonización anglosajona de las islas británicas, sino que se trata de una creación de Borges, un intento por imaginar qué habrán sentido o pensado los primeros habitantes sajones de Inglaterra al contemplar su nuevo hábitat..

El poema titulado “Brunanburh, 937 A.D”. constituye otro excelente ejemplo de esta maniobra literaria de esto. Este poema está basado en un poema anglosajón titulado “La Batalla de Brunanburh” que aparece intercalado en el anal correspondiente al año 937 de la Crónica Anglosajona.

El poema original de Brunanburh conmemora la victoria del rey sajón Aethelstan y su hermano Eadmund sobre un ejército formado por pictos, escoceses y britanos. Anlaf es el jefe del contingente vikingo, que debe escapar, derrotado y humillado, del campo de batalla.

El poema de Borges, basado en el original anglosajón, evoca la voz de un guerrero sajón que ha combatido en Brunanburh e imagina a la mujer que aguardará en vano, en las costas escandinavas, al guerrero escandinavo que mató la noche anterior :

Brunanburh 937 A.D.
Nadie a tu lado
Anoche maté a un hombre en la batalla.
Era animoso y alto, de la clara estirpe de Anlaf.
La espada entró en el pecho, un poco a la izquierda.
Rodó por tierra y fue una cosa,
Una cosa del cuervo.
En vano lo esperarás, mujer que no he visto.
No lo traerán las naves que huyeron
Sobre el agua amarilla.
En la hora del alba,
Tu mano desde el sueño lo buscará.
Tu lecho está frío
Anoche maté a un hombre en Brunanburh.

Hay además, en este poema, un detalle lingüístico interesante. El “agua amarilla” que Borges menciona en el poema es una traducción directa del original. Las líneas 28-36 del poema

… Fife lægun
on þam campstede cyningas giunge,
30 sweordum aswefede, swilce seofene eac
eorlas Anlafes, unrim heriges,
flotan and Sceotta. þær geflemed wearð
Norðmanna bregu, nede gebeded,
to lides stefne litle weorode;
35 cread cnear on flot, cyning ut gewat
on fealene flod, feorh generede.

Cinco reyes jóvenes quedaron tendidos en el campo de batalla, adormecidos por la
espada, y también siete guerreros de Anlaf, y otro sinnúmero de escoceses y navegantes
(vikingos). Así fue puesto en fuga el rey de los hombres del norte, acuciado por el
peligro, hacia la proa de su barco, con reducido ejército. La nave se apresuró sobre el
mar. El rey escapó, navegando, sobre las amarillas aguas, y salvó su vida

El adjetivo fealu (aquí declinado en su forma fealene), tiene un significado múltiple sobre el que los traductores no logran ponerse de acuerdo. Se refiere, en muchos casos, a un color amarillento o amarronado, pero en este contexto puede significar también “brillante”, tal vez haciendo referencia al reflejo del sol en el mar. El amarillo era uno de los pocos colores que Borges podía distinguir a pesar de su ceguera; seguramente la idea de que los sajones vieran a las aguas mar de este color llamó poderosamente su atención.

Conclusión

El inglés antiguo, antecesor directo del inglés moderno, fue uno de los idiomas que Borges estudió con más afán. El interés inicial puede haber sido anticuario o genealógico, pero en todo caso, con el tiempo, Borges se convirtió en un verdadero erudito de esta lengua. Los textos que estudió le sirvieron de inspiración para su creación poética y narrativa. Poco estudiados en estas latitudes, tanto el idioma como la literatura de la Inglaterra medieval resultan fundamentales para poder abarcar en su totalidad la obra de este escritor.

Nota: inglés antiguo y anglosajón son términos sinónimos. Anglosajón es el término que utilizaban los primeros estudiosos de la lengua; el término inglés antiguo es el más actual y lingüísticamente el más correcto. Borges, sin embargo, prefería utilizar el más arcaico “anglosajón” para referirse a esta lengua, tal vez porque sonaba más majestuoso que “inglés antiguo”, más simple y directo.

Bibliografía:


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Fuente : Publicado originalmente en "El Lenguaraz"
Revista del Colegio de Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires.
Autor : Martin Hadis
http://www.martinhadis.com/
Abril de 2003.