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martes, 7 de mayo de 2024

“Oh, mar. Sé por qué te amo”: el primer poema que Borges publicó y que después destruyó

 

“Himno al mar” salió en una revista de Sevilla el último día de 1919. El autor argentino lo incluyó en un libro que destinó al olvido. Pero pudieron recuperarlo.

 

Por Elena Lidl

 

No fue fácil tener este poema. Jorge Luis Borges lo escribió, le escribió al mar, cuando tenía 22 años pero después, como suele pasar, no lo reconoció, no se vio en él, lo destruyó con todos los poemas que había escrito entonces y que formaban un libro titulado Los salmos rojos o Los ritmos rojos.

Eran unos veinte poemas en los que -sí, Borges- elogiaba a la Revolución Rusa y le cantaba al pacifismo.

Habrá estado feliz, sin embargo, cuando le publicaron Himno al mar en la revista Grecia, de Sevilla, el último día de 1919. Era la primera vez que una obra suya salía impresa. Habrá estado tan feliz como para haberlo recogido en aquel libro luego repudiado.

Muchos años más tarde, en 1970, Borges daría una conferencia, en inglés, en la que volvería sobre su Himno al mar. “Intenté con todas mis fuerzas ser Walth Whitman”, contaría allí.

¿Lo suyo era el mar? Borges no lo creía. En 1970, decía: “Hoy, apenas pienso en el mar, o incluso en mí mismo, como hambriento de estrellas” (en el poema habla de “sed” de estrellas). Sin embargo, explicaba: “cuando llegué a Madrid meses después, como éste era el único poema que había impreso, la gente de allí me consideraba un cantor del mar”.

El poema está dedicado a Adriano del Valle, por entonces redactor-jefe de la revista Grecia y amigo de Jorge Luis y de su hermana Norah. Del Valle comentaría después sobre Borges: “Admirador fervoroso de Walt Whitman, también él parecía soportar sobre sus hombros inclinados todo el peso de los orbes líricos del viejo cantor americano”.

También hay, sin embargo, algo autobiográfico en Himno del mar. Borges nadaba, así se lo contó a su biógrafo, Emir Rodríguez Monegal. Y así lo escribió en el Poema del cuarto elemento: “Has aplacado el ansia de las generaciones,/ Has lavado la carne de mi padre y de Cristo./ Agua, te lo suplico. Por este soñoliento/ Nudo de numerosas palabras que te digo,/ Acuérdate de Borges, tu nadador, tu amigo”.

¿Cómo es que tenemos el poema completo, si lo destruyó? En los años 90, y con el visto bueno del escritor, el estudioso Jean-Pierre Bernès reunió trece poemas en un volumen que tituló Rythmes rouges y que editó Pleiade. Hoy se lo puede leer en Textos recobrados, 1919-1929.

 

Himno al mar

 

Para Adriano del Valle

 

Yo he ansiado un himno del Mar con ritmos amplios como las olas

que gritan;

Del Mar cuando el sol en sus aguas cual bandera escarlata flamea;

Del Mar cuando besa los pechos dorados de vírgenes playas que

aguardan sedientas;

Del Mar al aullar sus mesnadas, al lanzar sus blasfemias los vientos,

Cuando brilla en las aguas de acero la luna bruñida y sangrienta;

Del Mar cuando vierte sobre él su tristeza sin fondo

La Copa de Estrellas.

Hoy he bajado de la montaña al valle

y del valle hasta el mar.

El camino fue largo como un beso.

Los almendros lanzaban madejas azuladas de sombra sobre la carretera

y, al terminar el valle, el sol

gritó rubios Golcondas sobre tu glauca selva: ¡Mar!

¡Hermano, Padre, Amado…!

Entro al jardín enorme de tus aguas y nado lejos de la tierra.

Las olas vienen con cimera frágil de espuma,

En fuga hacia el fracaso. Hacia la costa,

con sus picachos rojos,

con sus casas geométricas,

con sus palmeras de juguete,

que ahora se han vuelto lívidos y absurdos como recuerdos

yertos!

Yo estoy contigo, Mar. Y mi cuerpo tendido como un arco

lucha contra tus músculos raudos.

Sólo tú existes. Mi alma desecha todo su pasado

Como en nórtico cielo que se deshoja en copos

errantes!

Oh instante de plenitud magnífica;

Antes de conocerte, Mar hermano,

Largamente he vagado por errantes calles azules con oriflamas de faroles

Y en la sagrada media noche yo he tejido guirnaldas

De besos sobre carnes y labios que se ofrendaban,

Solemnes de silencio,

En una floración

Sangrienta…

Pero ahora yo hago don a los vientos

de todas esas cosas pretéritas,

pretéritas… Sólo tú existes.

Atlético y desnudo. Sólo este fresco aliento y estas olas,

y las Copas Azules, y el milagro de las Copas Azules.

(Yo he soñado un himno del Mar con ritmos amplios como las olas jadeantes.)

Ansío aún crearte un poema

Con la cadencia adámica de tu oleaje,

Con tu salino y primeral aliento,

Con el trueno de las anclas sonoras ante Thulés ebrias de luz y lepra,

Con voces marineras, luces y ecos

De grietas abismales

Donde tus raudas manos monjiles acarician constantemente a los

muertos…

Un himno

Constelado de imágenes rojas, lumínicas.

Oh mar! oh mito! oh sol! oh largo lecho!

Y sé por qué te amo. Sé que somos muy viejos.

Que ambos nos conocemos desde siglos.

Sé que en tus aguas venerandas y rientes ardió la aurora de la Vida.

(En la ceniza de una tarde terciaria vibré por vez primera en tu seno.)

Oh proteico, yo he salido de ti.

¡Ambos encadenados y nómadas;

Ambos con una sed intensa de estrellas;

Ambos con esperanza y desengaños;

Ambos, aire, luz, fuerza, obscuridades;

Ambos con nuestro vasto deseo y ambos con nuestra grande miseria!

 

Fuente: Infobae

https://www.infobae.com/leamos/2024/01/06/una-pasion-de-verano-borges-le-dedico-al-mar-su-primer-poema-publicado-pero-despues-lo-destruyo/

 

 

domingo, 23 de abril de 2023

Cien años de Fervor de Buenos Aires

 

El primer libro de Borges, que fue base e inspiración de sus trabajos posteriores, cumple un siglo de existencia.

Por Fernando García Ramírez

23 febrero 2023

 

Terminada la Primera Guerra Mundial, que pasó en Suiza con su familia, Jorge Luis Borges llegó en 1919, a los veinte años, a España, donde conoció a los jóvenes poetas ultraístas. En Madrid se volvió asiduo de la tertulia de Ramón Gómez de la Serna. Pocos años después, en 1924, el gran maestro de la greguería escribe al recibir el primer libro de poemas del joven argentino: “Todo este libro, escrito … con una dignidad y un aplomo que me han hecho quitarme el sombrero ante Borges con este saludo hasta los pies”.

 

El libro ante el cual Gómez de la Serna se descubre es Fervor de Buenos Aires, publicado por la Imprenta Serantes, con dibujo en la cubierta de Norah Borges, en 1923, hace cien años. Random House está por publicar una edición conmemorativa y un par de editoriales argentinas preparan sendos libros de ensayos para celebrar el centenario de este libro juvenil y nostálgico, lírico y metafísico, urbano de las orillas, obligadamente moderno.

 

Borges era muy tímido como para llevar su libro a una editorial. Su padre pagó el costo de la edición (un tiraje de 300 ejemplares). En 1923 Borges “parte nuevamente para Europa, y deja, para ser publicado en la revista Nosotros (en la cual colaboraba), un libro de poemas” (Jenny Barros, Borges, la palabra y el amor). Ese libro era Fervor de Buenos Aires.

 

No fue su primer libro. Antes escribiría dos que nunca vieron la luz. Ritmos rojos, en el que el poeta exalta la Revolución soviética, y Los naipes del tahúr, cuentos al estilo del novelista Pío Baroja” (José Emilio Pacheco, Jorge Luis Borges).

 

En 1920 publicó Borges su primer poema, “Himno del mar”, en versículos a la manera de Whitman. Los poemas que contiene Fervor de Buenos Aires los escribió entre 1921 y 22. Sus elegías sobre el Buenos Aires perdido no son las de un joven poeta localista, sino las de un poeta que había pasado sus años formativos en Suiza, en contacto con la vanguardia expresionista, y en España, donde estableció fuertes vínculos con el ultraísmo. Le pesó a Borges el regreso a su patria. A Jacobo Sureda, joven poeta mallorquín, “le manifiesta su desencanto de regresar a América –donde todo le parece flojo y marchito– y su deseo de volver cuanto antes al viejo continente” (M.R. Barnatán, Borges, biografía total).

 

Regresó Borges a Buenos Aires en 1921. Difundió el ultraísmo en la revista Nosotros. Con varios amigos fundó la revista mural Prisma. Con Macedonio Fernández y otros, la revista Proa. Pero sobre todo redescubrió su ciudad. Buenos Aires era en ese entonces una metrópoli en pleno auge. Argentina destacaba como el mayor exportador de cereales del mundo. La capital se iba llenando de automóviles y de rascacielos. Borges no quería ser un autor que siguiera la moda, como el mexicano Maples Arce, que celebraba los vehículos de la modernidad. Quería separarse del modernismo y sus engolamientos, y del ultraísmo (solo un poema de Fervor de Buenos Aires delata ese acento) de su generación. Quería encontrar sus propios temas y su propia voz. Borges “cuando regresa a la Argentina… abre esa pregunta (que nunca cierra) sobre cómo es posible escribir literatura en este país periférico, con una población de origen inmigratorio, establecida en una ciudad litoral” (Beatriz Sarlo, Borges, un escritor de las orillas).

 

Borges encontraría entonces su tono: de nostalgia por el Buenos Aires de sus padres, el de finales del siglo XIX; un Buenos Aires que no vivió, de nostalgia idealizada por unas calles que antes estaban ubicadas en el centro y que poco a poco, con el crecimiento de la ciudad, se fueron quedando en los márgenes, en “las orillas”, como señala con agudeza Beatriz Sarlo. Borges encuentra sus temas en las casas bajas, con patio y con aljibe, en las calles de los suburbios, en los arrabales que lindaban con el campo. En esos poemas no hay personajes, hay paisaje urbano, o mejor dicho, hay un solo personaje, un caminante de las orillas, un flaneur que se pasea por los barrios viejos, un joven poeta que recupera las imágenes de la ciudad que fue y la transforma en meditaciones filosóficas sobre el tiempo y la inmortalidad, versos en los que resuenan Berkeley y Schopenhauer.

 

Borges recupera esas imágenes del pasado de una ciudad en plena transformación. El modelo de su libro fue Die Nordsee de Heinrich Heine. Los poemas de Fervor de Buenos Aires hablan de ocasos y crepúsculos. Sin embargo, son poemas donde abunda la luminosidad, tal vez como respuesta vital a la ceguera de su padre y a sus propios problemas de la vista. Fervor de Buenos Aires puede leerse, también, “en el plano ideológico, como una reacción frente a la realidad argentina de ese momento, en la que el concepto de ciudad resulta problemático a causa de las rápidas transformaciones ocurridas en ésta” (Rafael Olea Franco, El otro Borges. El primer Borges).

 

En un tiempo en que su país cambiaba vertiginosamente, Borges recurre a los barrios viejos de las orillas. Cuando los poetas ultraístas de su generación celebraban la aceleración de lo nuevo, Borges recurre a un tono nostálgico de meditación metafísica. Cuando el Buenos Aires de sus mayores iba entrando en el ocaso, Borges brinda una nueva luz a las casas bajas, a los patios, a las plazas vacías, al cementerio donde reposan sus antepasados, a las calles que se alargan y se pierden en el poniente. 

 

Borges publica Fervor de Buenos Aires a los 24 años, quizá nunca saldría de este libro. “Pienso que nunca me he alejado mucho de este libro; siento que mis trabajos sólo han sido desarrollo de los temas que en él toqué por primera vez; siento que toda mi vida ha transcurrido volviendo a ese único libro” (Jorge Luis Borges, “Ensayo autobiográfico”).

 

Fervor de Buenos Aires cumple cien años. Ante él no queda sino repetir el gesto de Ramón Gómez de la Serna: quitarse el sombrero con un saludo hasta los pies.

 

Fuente: Letras Libres

https://letraslibres.com/literatura/fernando-garcia-ramirez-siglo-fervor-buenos-aires-borges/

 

sábado, 6 de agosto de 2022

Everness de J.L.Borges


 

Musicalizado por N. A. Parente-

Arreglos  P. Villarejo

 

Fuente: You Tube

https://www.youtube.com/watch?v=BPT0xs5EnOE

sábado, 9 de julio de 2022

Poema Conjetural - Borges en el Día de la Patria


En la voz de Borges, su "Poema Conjetural", hoy 9 de de julio, día de la patria Argentina. Musica: Fragmento de Deutsches Requiem, Op. 45 (II/VII) de Johannes Brahms. Dirige: Herbert von Karajan.

 

Fuente: You Tube

https://www.youtube.com/watch?v=-toatWboWQ0

lunes, 14 de febrero de 2022

50 años de “El oro de los tigres”: viaje profundo al Borges poeta y su etapa crepuscular

Cinco décadas pasaron de aquel libro que reúne poemas como “El amenazado”, “El centinela” y “El advenimiento”. ¿Qué se oculta detrás de esos textos íntimos y a la vez universales? Opinan Aníbal Jarkowski, Valeria Sager y Daniel Mecca

 

Luciano Sáliche

11 de Febrero de 2022

 

1972 es un peldaño más en la larga escalera de 86 años que transitó Borges. Un año como tantos, seguramente mejor que algunos, peor que otros. Tiene 72 —el 24 de agosto cumple los 73—, viaja a Estados Unidos a recibir el doctorado honoris causa en Humanidades por la Universidad de Michigan State, se lo nombra miembro del Museo Judío de Buenos Aires, escribe el guion de la película francesa Les autres junto a Adolfo Bioy Casares y Hugo Santiago Muchnick —se estrenará en 1975— y El oro de los tigres. Pasaron cincuenta años ya de la publicación de este libro de poemas que, como explica Aníbal Jarkowski, tuvo cambios: la edición original contaba con un prólogo, una nota y 37 textos literarios, pero “después, como hace siempre Borges, quita poemas, agrega otros, y eso de alguna manera hace que el libro que hoy uno lee cuando abre El oro de los tigres sea un poco distinto al original. No es que cambie mucho. La primera edición es del 72 pero en el 74 ya Borges fue preparando lo que va a ser su tomo de sus Obras completas, ese volumen grande que todo el mundo conoce. De modo que él hace muchas operaciones de reorganizar sus libros. En El oro de los tigres había una milonga que después fue a otro libro, el de milongas, Para las seis cuerdas”.

 

Para este es profesor, lector agudo de Borges, autor de las novelas Rojo amor, Tres y El trabajo, y de ensayos sobre Juan José Saer y Roberto Arlt, entre tantos otros, “desde el punto de vista estética, es un libro menor en la obra de Borges. Es muy inferior a El hacedor, a El otro, el mismo o Elogio de la sombra, incluso Los conjurados, que es el último libro. Todos estos son de poesía, también incluyen algunas prosas. Pero El oro de los tigres no está de ninguna manera a la altura desde el punto de vista de la calidad. De hecho cuando el libro sale, hay algunas críticas favorables, pero la mayoría no: ven que es simplemente una repetición de lo que había hecho, incluso con una menor calidad. Se habla un poco del cansancio de Borges. Hay que tener en cuenta que es un hombre que tiene 72 años, es alguien que ya está más o menos juzgado con su literatura. Quizás es razonable que no trajera muchas novedades”. Efectivamente, la edad, el momento que atravesaba, el contexto, todo es fundamental. Se puede leer como una despedida. En el prólogo dice “descreo de las escuelas literarias” y habla de la necesidad de “recalcar las afinidades de nuestro idioma, no sus regionalismos (...) Un idioma es una tradición, un modo de sentir la realidad, no un arbitrario repertorio de símbolos”.

 

Valeria Sager es profesora y doctora en Letras, y autora del libro El punto en el tiempo: gran obra y realismo en Juan José Saer y César Aira. “Unos pocos años después de que saliera El oro de los tigres —cuenta—, Jaime Alazraki publicaba un artículo (”Borges o el difícil oficio de la intimidad: reflexiones sobre su poesía más reciente”, Revista Iberoamericana, diciembre de 1977) en el que leía en serie los cuatro libros de poemas de Borges que se habían publicado en pocos años entre 1969 y 1976: Elogio de la sombra, El oro de los tigres, La rosa profunda y La moneda de hierro. De aquel ensayo que leí alguna vez para la facultad, recordé que hablaba de un cierto giro intimista, no una voltereta enorme sino más bien un coqueteo con la intimidad y de otro giro, que me interesa aun un poco más, que podría llamarse: genérico. Se trataba del paso de un tono y un conjunto de temas épico a uno elegíaco en el que se revisan los nombres, los tópicos, las ideas y hasta los textos propios con una perspectiva cercana a la de las últimas veces”.

 

Daniel Mecca es docente, poeta —Lírico, Haikus periodísticos y Música de incendios—, periodista y organizador del festival BorgesPalooza. “El Borges de la ceguera, que él pone como fecha tentativa definitiva hacia 1955-1956, trabaja sus poemas con estructuras más propicias a la memoria y la sonoridad. En este libro aborda una mayoría de poemas con versos endecasílabos sin rima y sonetos. Este concepto está ya desde los poemas homéricos. En aquel caso, el hexámetro en griego antiguo permitía a los aedos y rapsodas cantar de memoria La Ilíada y La Odisea y desplazarlo en el tiempo (e incluso ir escribiéndolo, si nos orientamos a la idea de un autor colectivo y no a un ‘Homero poeta’). Y la memoria da una sonoridad angular. Este Borges de El oro de los tigres es, entonces, memoria y sonoridad, pero también lirismo y recurrencia, ya que están los ‘temas borgeanos’ por antonomasia, empezando por el tigre, su animal mitológico. Más allá de que en algunos poemas pierda fuerza al extenderse en el verso libre, Borges deja aquí versos memorables. ‘Sólo pido las dos abstractas fechas y el olvido’; ‘La meta es el olvido. / Yo he llegado antes’. O ‘Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo’. Este Borges poeta gana en la concentración del verso”.

Distintas ediciones de “El oro de los tigres”, de Borges

Distintas ediciones de “El oro de los tigres”, de Borges

 

Cuando Jarkowski vuelve a abrir El oro de los tigres, se encuentra con un verso subrayado. Forma parte del poema “El pasado” y dice “Todo era fácil, nos parece ahora, / en el plástico ayer irrevocable”. Lo recita del otro lado del teléfono. “Me gusta mucho esa mirada sobre el pasado donde aquello que nos atormentó, nos dejó confundidos, desorientados, visto por el paso del tiempo todo resulta fácil, sencillo, hasta razonable, hasta explicable. Eso me parece que es una buena experiencia humana, captada en dos versos muy sencillos: cómo de alguna manera cuando miramos hacia el pasado aquello que fue una tragedia, aquello una fue angustia, de pronto se nos vuelve claro, prístino. Esto se puede plantear con este aniversario: después de cincuenta años podemos opinar sobre El oro de los tigres, podemos decir que no es un gran libro ni mucho menos, pero eso lo estamos haciendo ahora, cincuenta años después. Como diría Borges: todo eso nos parece fácil ahora. En ese momento es un hombre mayor que está gozando de una extraordinaria gloria que ya se había vuelto universal, que tiene que soportar algo que es conflictivo: él mismo y su hábito de la escritura, entonces vuelve a escribir, sigue escribiendo, y seguramente no era fácil para él, seguramente había algo trágico”.

 

Mecca destaca “Tankas”, “ese tipo de poema breve japonés” que cuenta con seis partes de cinco versos cada una. “Borges logra allí un momento lírico muy elevado. El sexto tanka funciona a la vez como una definición biográfica y poética”, dice y cita: “No haber caído, / como otros de mi sangre, / en la batalla. / Ser en la vana noche / el que cuenta las sílabas”. “Lo que parece una disminución provocada por la estatura de sus antepasados -sobre todo del glorioso coronel Isidoro Suárez, héroe de Junín- es la presentación de su batalla, de su sangre: la literatura. En cinco versos hace del pasado un arma futura”. Mecca elige otro, “El amenazado” y dice que “por supuesto está entre los poemas centrales del libro: la repetición whitmaniana, la retórica, el uso de versos paralelos, esa forma de exaltar el amor y sus contrarios”. A esta altura, ya es un clásico de la poesía romántica. Empieza así: “Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir. Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz”. Tiene versos desesperados como “estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo” o “es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el / horror de vivir en lo sucesivo”. Y cierra así: “El nombre de una mujer me delata. / Me duele una mujer en todo el cuerpo”.

 

Valeria Sager cita el epílogo: “A riesgo de cometer un anacronismo, delito no previsto por el código penal, pero condenado por el cálculo de probabilidades y por el uso, transcribiremos una nota de la Enciclopedia Sudamericana que se publicará en Santiago de Chile, el año 2074″, y agrega: “Después de esa introducción ya de por sí fabulosa, viene lo que en la Enciclopedia futurista diría hipotéticamente de la biografía del escritor. Como texto autobiográfico, especie de lápida hiper escrita, es cómico y brillante”. También “Los cuatro ciclos”. “Allí, Borges vuelve sobre la idea que está en ‘La trama’, y en tantos otros, de que las historias para contar no son más que un puñado, esa idea que se combina con Vladimir Propp y que se constata cada vez que un gran escritor o un gran cineasta produce una obra maestra con los mismos elementos de La Odisea, de Shakespeare o de La Biblia”, dice y agrega que, “de los poemas, me gusta mucho ‘El advenimiento’, que ya es sonoro y promisorio desde el título. El advenimiento remite al origen de los nombres, al momento en el que alguien en la cueva de Altamira, por primera vez, nombró un bisonte de ese modo y nombró también la cueva, vio la estampida de animales y luego los inscribió para siempre en ese sitio que antes era mudo”.

Aníbal Jarkowski, Valeria Sager y Daniel Mecca

Aníbal Jarkowski, Valeria Sager y Daniel Mecca

 

A su lista agrega dos más. “La tentación”, porque “es una continuación de ‘El general Quiroga va en coche al muere’; me gusta por ese retorno a algo ya escrito”. Y “Cosas”, porque “está construido con uno de esos procedimientos que, como ha señalado Nora Avaro en uno de mis ensayos favoritos sobre el escritor, identificamos con lo borgiano: la enumeración. Allí la lista de objetos, de cosas se recorre sin descripciones ni detalles nimios pero aun así forma un catálogo que definido de otro modo y con más subordinadas podría entrar -Borges no lo hubiera querido- en una novela realista o en el mundo material que aparece en la poesía de los noventa″. Son varios textos para para leer, para releer, para detenerse. “Es de noche. No hay otros. Con el verso / debo labrar mi insípido universo”, escribe en “El ciego” con suma intimidad; también hay poemas cortos, como “Un poeta menor”, dos líneas: “La meta es el olvido. / Yo he llegado primero”. “Hay versos medidos, sonetos, prosa, métrica, otros son versos libre a la manera de los versículos del Evangelio. Hay que tener en cuenta que para entonces Borges trabajaba mediante el dictado. Eso le plantea limitaciones y lo va encerrando en su propia literatura. Hay algo entre crepuscular y un poco decadente en El oro de los tigres”, dice Aníbal Jarkowski.

 

Jarkowski destaca “El centinela”: “Es una repetición de ‘Borges y yo’, un texto muy, muy conocido de El hacedor. Acá vuelve a plantear el mismo tema, el doble, una especie de enfrentamiento de Borges con otro Borges. Creo que ‘El centinela’ es mejor que el otro, que es más famoso. Es un poema más íntimo, se ve mejor el enfrentamiento de Borges contra sí mismo, hay algunas líneas que son bastante violentas. A los lectores nos conmueve esa relación de Borges con el doble porque no se plantea como una cuestión de ingenio literario. Me parece que ahí toca algo que nos toca a todos: la idea de la distancia que hay entre una parte pública que tenemos, esa imagen que damos a quienes nos conocen, quienes nos rodean, y después una zona interior que no se lleva bien con esa imagen. Cuando se publica este poema, Bioy Casares en su diario sobre Borges lo toma en cuenta. Dice que en El oro de los tigres hay muchos textos donde parece que Borges se está parodiando a sí mismo. En cambio en ‘El centinela no’; él dice que es un poema más sentido, más eficaz, más potente. No es de ningún manera un poema ingenioso, sino que tiene una condición dramática que es muy interesante”.

 

También se refiere “1929″: “Es la vida anodina, aburrida, vacía de emociones de aventuras que un hombre tiene. Como el poema es narrativo, en un momento ese personaje llega a un lugar donde recuerda que ahí, en un edificio que ya no existe, se mantuvo una partida de truco donde alguien le hizo una trampa para ganarle. Entonces ese personaje acepta la derrota pero le dice al otro que tendrían que continuar en la calle. Tienen un duelo y este personaje de pronto adquiere como una emoción porque en ese duelo él se recuerda valiente, recuerda que mató a aquel que le había hecho trampa jugando al truco. Eso poema es muy interesante”. Y otro más, titulado “Tú”: “Tiene una idea, la idea de que en realidad solamente nació un solo hombre, que solamente murió un solo hombre. Aunque no sea muy original, me parece que es interesante pensarla hoy, en una época con la superstición del individualismo, el culto del yo, la diferenciación, tiempos tan narcisistas y vanidosos. Y este poema más bien nos dice lo contrario: nos ve como sucesivas manifestaciones de un ser humano. De esta manera nos igualamos, nos reconciliamos con los que nos antecedieron y también nos proyecta, nos hace pertenecer a la familia humana”.

 

Cuando se habla de Borges, se lo suele recordar y ponderar por sus cuentos, pero hay un Borges poeta que es increíblemente singular. “Empezaría por señalar que el Borges poeta —dice Daniel Mecca— no solo se encuentra en la poesía de Borges, sino en la escritura de la prosa como si fuera poesía. Así, la estética que Borges logra en sus cuentos tiene mucho que ver con el fraseo poético sea por su economicidad (una disciplina del lenguaje) o por sus modos más barrocos. Ahora bien, el Borges específicamente poeta tiene al menos dos etapas: la de los años 20 y su trilogía de Fervor de Buenos Aires, Luna de enfrente y Cuaderno San Martín y la poesía posterior a los años 60, en la que Borges empieza a trabajar por ejemplo con el soneto. No deja de ser un singular gesto de vanguardia que escribiera sonetos en aquella épocas en desuso. Curiosamente, cuando él se definía vanguardista en los años 20, sus poemas no lo eran (pensemos que Trilce, de César Vallejo, es 1922 y Fervor de 1923). Curioso destino de un vanguardista: Borges lo fue finalmente, pero sólo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios”.

 

“Lo que me fascina —ahora la que habla es Valeria Sager, se refiere al Borges poeta— son los momentos en los que las recurrencias y algunos procedimientos hacen obra, se conectan con otros de otros cuentos, poemas o ensayos para repetirse, reformularse o para chocar entre sí. El oro de los tigres está lleno de espadas, de menciones de espadas como en ‘El encuentro’, como la que causa la cicatriz de Vincent Moon, como las que se cambian por lanzas en ‘Poema conjetural’ o por una daga o un cuchillo en ‘El sur’ pero también está hecho de diálogos con los mismos nombres y las mismas ideas que vuelven una y otra vez: Whitman, Sarmiento, Las mil y una noches, el gaucho, Quiroga, Homero, Shakespeare… Muchos de sus poemas son una sucesión de ideas como si lo que busca allí con otro ritmo fuera seguir escribiendo ensayos y el ensayo de Borges o esos textos indefinibles que bordean el cuento y el ensayo son de lo que ha escrito, mis preferidos. Cuando los poemas cuentan una historia como lo hace especialmente, por ejemplo, ‘Poema conjetural’, leo atrapada en la fábula como si fuera un relato. Tal vez no sea lo que la mayoría de los lectores de poesía buscan encontrar pero el modo en el que esos textos narran una historia con precisión métrica y cálculo silábico hace para mí que la lectura se parezca a un viaje a tierras desconocidas”.

 

Fuente: Infobae

https://www.infobae.com/cultura/2022/02/11/50-anos-de-el-oro-de-los-tigres-viaje-profundo-al-borges-poeta-y-su-etapa-crepuscular/