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jueves, 16 de junio de 2016

BORGES, 30 AÑOS, UN DIÁLOGO JUNTO AL MAR




 Publicado por IGNACIOZULETA  15 JUNIO, 2016

Este reportaje se hizo hace 35 años, el 18 de agosto de 1981. Es una desgrabación de la emisión de ese día por Canal 8 de Mar del Plata que había producido la Dirección de Cultura de General Pueyrredón. El diálogo fue parte de las actividades de Borges en esa ciudad, que incluyeron una conferencia en el teatro Auditorium y un paseo por el barrio Los Troncos junto a Norah Borges -su hermana-, algunos amigos, evocando visitas anteriores del poeta a las casas de Adolfo Bioy Casares y Victoria Ocampo.

La frescura al diálogo, que se mantiene hoy, cifró quizás la buena fortuna de esta charla, que ha sido publicada en el extranjero (revista “2Plus2” de Suiza, revista “Agulha”, de San Pablo, en traducción al portugués. En 2011 la reprodujo por primera vez en la Argentina la revista Premium. Navega por el mundo un video desde hace tres décadas. Lo encontré hace algunos años en el archivo de una universidad estadounidense, legado por un profesor fallecido de Kentucky, casi una invención borgesiana. Lo rescató cuando se recordaron los 25 años de la muerte la página web Historia de Mar del Plata, responsable de esta transcripción y creo oportuno ofrecerla ahora en www.zuletasintecho.com, cuando se cumplen 30 de la muerte del poeta.

La circunstancia de la grabación explica algunas frases. Borges estaba acalorado por las luces del estudio del Canal 8 y en varias oportunidades lo hizo explícito porque la intensidad de los focos lo encandilaba pese a la ceguera. Por eso al final el entrevistador dice que ya es hora de bajar las luces.
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Ignacio Zuleta: Hemos caminado esta mañana con Borges, en un hermoso día que casi parecía primaveral, y mirando el mar nos acordamos de Melville.
Jorge Luis Borges: Es cierto que tiene ese primer capítulo sobre el mar y el sentido, digamos, mágico del mar ¿no? Esa cosa movediza, cambiante.
I.Z.: Misteriosa.
J.L.B.: Sí, que viene a ser un símbolo de nuestra vida, un signo de los tiempos también. Qué raro. Días pasados me leyeron un soneto mío que había olvidado, y que admite por lo menos un verso afortunado. A ver cómo es. Lo digo: “Antes que el tiempo se adueñara del día”. Antes que tal cosa. No. Espere. “El mar, el siempre mar, ya estaba y era”. Y yo había escrito muchos poemas sobre el mar, muchos cuentos, pero creo que esa línea puede rescatarse, bueno, siquiera durante un minuto, ¿no? “El mar, el siempre mar, ya estaba y era”, lo demás es olvidable y ha sido bueno, claramente olvidado.
I.Z.: Usted ha sido el que ha rescatado quizá para el conocimiento de nuestra lengua, a través de sus traducciones a Melville, precisamente.
J.L.B.: Sí.
I.Z.: Recientemente, recuerdo una edición de sus novelas cortas.
J.L.B.: Sí, una novela corta de él, pero qué raro pensar que casi todo lo que se ha pensado, soñado y escrito y eventualmente publicado en América, en las Américas, provenga de una región, la de New England. Piense usted que la Historia no sería lo que es, que no seríamos quienes somos -ya que la Historia es una entidad- sin Emerson, sin Melville, sin Emily Dickinson, sin Thoreau, sin Hawthorne, sin Henry James.
I.Z.: Que todos pueblan la misma región.
J.L.B.: Sí, todos eran vecinos, y muchos de ellos eran hombres genios, en cambio hay, bueno, otros países, otras regiones relativamente estériles, comparando. Yo no sé si los astrólogos tienen alguna explicación para esto.
I.Z.: ¿Usted tiene alguna explicación, Borges?
J.L.B.: No, no tengo ninguna. Encuentro que ese hecho es no menos misterioso que el resto del universo, no es menos misterioso que usted y que yo, por ejemplo. Es muy curioso eso. ¡Ah!, no, y me olvido de otro, de Edgar Allan Poe, que nació en Boston.
I.Z.: Efectivamente, claro. Whitman era de Long Island.
J.L.B.: Bueno, también estaba Mark Twain de Missouri. Bueno, en fin, tenemos otro gran nombre, que era el máximo poeta de su tiempo, Frost, que, aunque nació en California, se identifica como un poeta de New England.
I.Z.: Robert Frost.
J.L.B.: No sé si he mencionado a Emily Dickinson, creo que sí, a quien está traduciendo ahora una gran escritora, que espero no olvidemos, Silvina Ocampo, que está preparando un libro, una antología, de Emily Dickinson.
I.Z.: Que ha sido recordada en Buenos Aires, no sé si usted sabe.
J.L.B.: Sí, me dijeron en una pieza de teatro.
I.Z.: Que se llama “Emily”, que tiene mucho éxito en Buenos Aires en este momento.
J.L.B.: Sí, pero no la he visto.
I.Z.: Hay un revival de Emily Dickinson, ¿no?
J.L.B.: Y con toda razón. Ahora, ¡qué raro! Ella era amiga de Emerson, cambiaron muchas cartas. Ella dijo, frase que solemos olvidar, que la publicación no es parte esencial del destino de un escritor. Que lo importante es soñar, escribir, pero que en cuanto a publicar, eso es aleatorio. Y casi toda su obra ha sido publicada póstumamente. Se encontraron en casa de ella, yo estuve en su casa, uno de esos pueblos de New England…
I.Z.: Amherst.
J.L.B.: Sí, exactamente, sí. Sin embargo, son lugares distintos, como las ciudades del norte de Italia, por citar un ejemplo ilustre. Bueno, se encontraron cajones de la casa que estaban llenos de versos, y juntándolos se han publicado ediciones más o menos completas, aunque siempre aparecen cartas porque ella gustaba mandar cartas en verso, y muchas naturalmente se perdieron. Qué raro, era la mujer más sola, quizá.
I.Z.: Vivió recluida años.
J.L.B.: Sí, y quizás más apasionada de América o de las diversas Américas, y que ha dejado esa obra espléndida. Yo recuerdo estos versos ahora: “Farewell is all we know of heaven, and all we need of hell”. “La despedida es todo lo que sabemos del cielo, y todo lo que precisamos del infierno”. Ese carácter dual de la despedida ¿no? Es quizás el modo más intenso de estar con alguien, de saber que esa vez es la última, la despedida es quizás la forma más vívida de la presencia, ya que contiene toda la riqueza de la ausencia, de la inmediata ausencia, además. “And all we need of hell”. “Y todo lo que precisamos del infierno”. Con eso nos basta, con eso tenemos cielo e infierno. Creo poder recordar tantos versos de Emily Dickinson.
I.Z.: Aquí Emily Dickinson nos habla a través de Borges, como esta mañana, por ejemplo, nos hablaba Paul Groussac.
J.L.B.: Yo no me atreví nunca a conocerlo a Groussac. Como era un hombre muy rígido, que me daría mi merecido, Ernesto Palacio quiso presentármelo, yo no me animé a conocerlo, como casi no me animé a conocerlo a Lugones tampoco, y luego nos dimos valor Eduardo González Lanuza y yo. Fuimos a visitarlo a Lugones. Cada uno tenía miedo de que el otro lo viera no sé, un poco adulador de Lugones. Fuimos muy impertinentes con él. Lugones, que era un hombre muy inteligente se dio cuenta de eso, y nos perdonó nuestras impertinencias, lo cual era raro en él, un hombre tan severo, tan difícil, pero se dio cuenta de que éramos impertinentes por timidez, o por no ser demasiado elogiosos, ya que los dos profesábamos el culto a Lugones. No podíamos ver una puesta de sol, todos los muchachos del momento sin recordar: “Y muero como un tigre al sol eterno”, por ejemplo, o pensar un jardín sin recordar: “El jardín con sus íntimos retiros / al otro lado del sueño, fácil jaula”. En el caso de Groussac, yo diría que lo más importante no es cada uno de sus libros, sino el estilo. El hecho de que él encontró una música nueva del castellano. Y Alfonso Reyes que fue tan indulgente conmigo, a quien siempre me es tan grato recordar, me dijo: “Bueno, Groussac me ha enseñado cómo debe escribirse el castellano”. Eso me lo dijo Reyes, quizá el mejor prosista de la lengua castellana, en éste o en otro siglo, de éste o del otro lado del Atlántico.
I.Z.: Sería en este caso Groussac, siendo nuestro “Conrad”.
J.L.B.: Es cierto, sí. Qué trágico el destino de Groussac. Porque él escribió: “Ser famoso en la América del Sur no es dejar de ser un desconocido”. Lo cual es cierto, entonces. En el suelo americano él no era famoso, y ya no podía serlo, y no aspiraba a serlo.
I.Z.: Pero nos enriqueció.
J.L.B.: Nos enriqueció, y él no sabía que cumplía con ese destino platónico suyo de enseñar el buen manejo del castellano a quienes solían perderlo, en lo que Lugones llamaba: “prosa de sobremesa”, o en una prosa muy retórica en el sentido más melancólico de la palabra. Y si algo se ha hecho después, fue gracias a Groussac y gracias a Lugones.
I.Z.: Bueno, estamos recordando la figura de Lugones, al que hemos mencionado, y Lugones es uno de los primeros poetas que introduce el tango. Usted recuerda, habla de la habanera por allí, y luego…
J.L.B.: Sí, pero a él personalmente no le gustaba. Él dijo “ese reptil de lupanar”. Al mismo tiempo, me recitó versos que él decía que eran de Contursi, que yo creo escritos por él. Porque yo he hablado con la hija de él, que se llama Gladys Contursi, inevitablemente, ¿no? Bueno, Gladys es Claudia en galés, sí. Y él me recitó unos versos que no recuerdo ahora, que atribuyó a Contursi y que yo creo que eran invención de él. El usó el nombre de Contursi como rima en Lunario Sentimental, rimándolo adecuadamente con “cursi”.
I.Z.: Usted ha escrito tangos.
J.L.B.: No. No he escrito un solo tango en mi vida. He escrito muchas milongas. A mí la milonga me parece, bueno, superior al tango, desde luego. El tango viene a ser como la decadencia de la milonga, sobre todo el tango sentimental, y sobre todo lo que se ha dado en llamar tango ahora, que no se parece a un tango, ¿no? Lo que escribe este señor ¿Cómo se llama? Pianola. No sé cómo.
I.Z.: Piazzolla
J.L.B.: Ah!, bueno, Piazzolla, como quiera usted. No. Yo he escrito muchas milongas. La milonga corresponde, creo realmente a la tradición popular. La milonga es algo que le hubiera gustado, digamos, a Ascasubi, por ejemplo, y no porque el tango no le hubiera interesado. Él no podía conocerlo. Hay una estrofa del Martín Fierro, que se habla de un baile, y él busca esas tres rimas, que son chandango, fandango y creo que guarango, y si la palabra tango hubiera estado disponible, él la hubiera usado. Pero creo que era imposible, ya que el Martín Fierro se publica en el año setenta y dos, y se supone que el tango nace en los prostíbulos, puede ser del Rosario, en un barrio que se llama Sunchales, en Rosario norte, en los prostíbulos de la calle Yerbal, al sur de la península de Montevideo, o en lo que se llamaba el barrio tenebroso de Buenos Aires, los lupanares de Lavalle y de Junín, que eran el centro de la rufianería entonces. Los instrumentos del tango según un soneto de Marcelo Delmaso eran piano, flauta y violín. Creo que en la Boca usaban ya un instrumento alemán, el bandoneón. En cambio, la milonga era popular y usaba un instrumento popular, la guitarra, ya que antes en Buenos Aires, uno no podía caminar por la calle sin oír no digo gente que tocaba la guitarra, pero sí gente que templaba la guitarra, no sé si sabían tocarla. Yo he sido amigo de payadores, y tengo la impresión que no sabían tocar la guitarra, sabían templar la guitarra, sabían dos o tres acompañamientos, y luego podían payar incesantemente, pero no tenía ningún sentido lo que decían, ya que al pueblo lo que le interesaba era la forma. Si los versos eran más o menos octosílabos, todo andaba bien; en cuanto al sentido, nadie se preocupaba. Yo recuerdo con Mastronardi una noche, entramos en un almacén, en la calle Canning, en Palermo, y un señor con una guitarra nos saludó, y nos dijo algo a nosotros:
“Siéntese con eminencia / en el sillón soberano / si se sienta su presencia / se habrá sentado lo humano”, lo cual no quiere decir absolutamente nada, pero son versos bien medidos y que riman, lo cual era lo importante para los payadores.
I.Z.: Ahora usted, frente al tango no tiene gustos entonces definidos, usted lo rechaza como forma o…
J.L.B.: Es algo sentimental que me desagrada, pero no los tangos viejos, los que se escribían cuando yo era chico, que eran dos: El Choclo y La Morocha. Yo creo que se hicieron otros tangos. Entonces había mucha música sentimental, mundana, francesa, hecha de estilos, desde luego muy tristes, la zamba no había llegado a Buenos Aires, tampoco, y el tango se oía muy de tanto en tanto. Usted puede vivir en Buenos Aires sin escuchar un tango nunca. Creo que en Montevideo pasa lo mismo, ¿no?, que sin embargo son las dos ciudades del tango. Ahora milongas he escrito muchas y todas tratan de hombres reales, es decir, de cuchilleros o de uno de mis barrios, Palermo, sobre todo del lado de la penitenciaría, en los fondos de la Recoleta, que lo llamaban “la tierra del fuego”, y otras más recientes, de cuchilleros de Turdera, cerca de Adrogué, cerca de Lomas. Es decir, del norte y del sur.
I.Z.: ¿Y usted escribió estas milongas pensando en la música que luego se puso, o iba a componerlas como poemas?
J.L.B.: No, a mí me propuso esa posibilidad Guastavino, que me dijo: “Usted va a escribir unas milongas”, y yo le dije:” No sé, yo creo que no”. Pero una mañana me desperté, y sin querer, ya había compuesto una milonga, y se la di a él, creo que se llama “Milonga de los dos hermanos”, está basada en un hecho que ocurrió en Turdera. Yo estuve hablando hace un mes, con la sobrina de uno de los asesinos, uno que mató a su hermano. Y Félix della Paolera tiene una fotografía muy linda del rancho de los Ibarra. Frente al rancho de los Ibarra hay un árbol, no sé qué árbol será -en botánica soy tan exiguo como en mis otros conocimientos- pero sé que está lleno de herraduras, puestas ahí para desear buena suerte, no se cuántas había, quince o veinte herraduras, y creo que ya no existe. Esa fotografía fue sacada hace muchos años, y Della Paolera la tiene. Della Paolera, que me vincula tan gratamente a Cuyo, donde me doctoraron por primera vez en la vida, y después otras universidades han plagiado a Cuyo. Harvard, La Sorbona, Tucumán, La Plata, Oxford, todas esas. Ese doctorado es el que me conmovió más, claro. Y era el primero. Jamás había soñado ser doctor. Yo era un vago bachiller ginebrino, pero llegar a doctor, así en un acto en un gran teatro, fue una gran sorpresa para mí, y eso llegaba desde tan lejos, desde Mendoza. Más lejos antes que ahora, ya que viajamos en tren, salimos al alba de Retiro, y llegamos al alba del otro día a Mendoza, y Félix de la Paolera había estado toda la noche caminando de arriba abajo, sin dormir. Bueno, no había mucho que hacer en Mendoza, nos esperó en la estación y nos llevó al hotel. Y al lado del hotel recibí ese doctorado que me ha conmovido más.
I.Z.: ¿Podemos hacer una pausa, Borges?
J.L.B.: Sí
* * * * * * *
I.Z.: Estuvimos hablando de la milonga, y yo recuerdo que en uno de los films que se hicieron sobre libreto suyo y de Bioy, se cantaba una milonga muy hermosa, era en la película “Invasión”.
J.L.B.: Sí, pero ese libreto fue muy cambiado, habían barajado el orden cronológico de la historia. No sé por qué lo hicieron. Habían barajado de tal modo la película. Habían empezado por el fin, luego venía el principio, luego la parte del medio. Por qué se hizo así, no lo sé. Yo suministré creo que dos de las muertes, pero yo no soy responsable del texto y menos del orden en que se filmó.
I.Z.: Ahora usted, junto con Bioy Casares…
J.L.B.: Hicimos dos films: “Los orilleros”, y “El paraíso de los creyentes”.
I.Z.: ¿Se filmaron?
J.L.B.: No, creo que no. Nosotros tuvimos escasa fortuna cinematográfica, o mucha porque a lo mejor eran malos los films. No se sabe.
I.Z.: Pero historias suyas fueron filmadas.
J.L.B.: Pero con escaso éxito, salvo una que incluso es muy superior al original, lo cual no es decir mucho: “Hombre de la esquina rosada”, por René Mugica. Luego hubo una película muy disparatada, llamada “Días de odio” -el director luego me pidió disculpas por lo que había hecho- que era realmente absurda, basada en un texto mío, basada en un cuento mío: “Emma Zunz”. Y ahora creo que han hecho un film que adolece de incesto, de homosexualidad, de esos factores, sobre el cuento mío “La Intrusa”; no sé cómo lo han conseguido, manchado de homosexualidad e incesto, pero parece que se ha hecho.
I.Z.: ¿Podrá verse, con todo eso?
J.L.B.: No. Espero que no, espero que lo raspen todo. Ahora yo no sé si es posible censurar algo omitiendo algo. Si un texto está contaminado, digamos, no puede cambiarse. Por ejemplo, una gran novela, “The picture of Dorian Gray”, de Wilde, está de algún modo manchada de homosexualidad, aunque no se menciona eso en ningún momento. De modo que yo no creo que la censura pueda proceder por mutilaciones, puede proceder por omisiones o por prohibiciones. Mutilaciones no sirven.
I.Z.: Ahora, ¿usted no había puesto todo esto en “La Intrusa”?
J.L.B.: No, nada de eso. Yo precisamente había hecho que los personajes fueran hermanos, para alejar toda sospecha de una rivalidad. Pero ahora resulta que no, que se consigue eso, que además de hermanos, son homosexuales, de modo que mis previsiones han sido malas, han sido contraproducentes.
I.Z.: Un editor, hace algunos años, recogió sus crónicas de cine.
J.L.B.: Sí, pero esa colección fue mal hecha, porque faltan las principales. Una revista que dirigió Carlos Vega… Se basaron en lo que yo publiqué en Sur, y sólo pusieron… Ahora por qué el investigador no se tomó el trabajo de consultar quizás otras publicaciones, yo no sé. Yo prefiero no ser juzgado por esa colección incompleta.
I.Z.: ¿Qué cine le gustaba Borges, como crítico y como espectador?
J.L.B.: Me gustaban mucho los films del oeste, y siguen gustándome, a pesar de mi ceguera. Me gustaban mucho los films épicos de Joseph Von Sternberg, no los que hizo con Marlene Dietrich, que eran lamentables, pero aquellos films llamados por ejemplo “La ley del hampa”, “La batida”, esos films en los que trabajaban Bancroft y Colbert. Yo he comentado esos films, que me gustaban mucho; esos films épicos, digamos. Y creo que Orson Welles, que nos dejó ese film “Citizen Kane”, es un discípulo, en todo caso digamos, un heredero de Von Sternberg. Silvina Ocampo me dijo que el mejor film que había visto era “El Conde de Chicago”, también de gangsters. Ahora, todos sentimos, cuando empezó el cine hablado, que eso empobrecía al cine, era una lástima que el cine, que era un lenguaje de imágenes, oral, cayendo inmediatamente en manos de la ópera. Todos pensamos: “Qué lástima, que ahora es hablado”. A quienes nos gustaba el cine, lo sentíamos de ese modo, lamentamos eso.
I.Z.: Era cargarlo de anécdotas.
J.L.B.: Sí, de anécdotas y al principio, era intolerable porque eran simplemente óperas fotografiadas. Usted veía abrir la boca a Jeannette Mac Donald o a Maurice Chevalier, no son espectáculos tan agradables que digamos. Ni el énfasis de la fotografía. Me gustaban mucho las películas de Buster Keaton. Me parece muy superior a Chaplin, y que tiene la ventaja de no ser nunca sentimental, en cambio Chaplin era vanidosamente sentimental desde el principio hasta el fin en sus películas.
I.Z.: Y se dice que Chaplin nunca toleró el sonido.
J.L.B.: Él pudo trabajar con los mejores actores del mundo, pero prefirió trabajar con una serie de mascotas, digamos, donde él tenía siempre el rol principal. El personaje que provocaba risa o lágrimas era él, donde él siempre tenía el personaje principal. Yo creo que las primeras películas eran buenas, por ejemplo, aquella que se llamó “La Quimera del Oro”, “The Gold Rush”. Una linda película. Últimamente, he visto poco cinematógrafo, no sé si la opinión de un ciego puede ser muy valedera. Después vino la ceguera, así que no tengo derecho de hablar del cinematógrafo, aunque he oído muchas veces “West Side Story”.
I.Z.: La película musical, donde aparecen los portorriqueños…
J.L.B.: Los portorriqueños, que más bien parecen andaluces.
I.Z.: ¿La música le resulta grata?
J.L.B.: Me gusta Gershwin, desde luego, y Porgy and Bess.
I.Z.: Borges ha sido aficionado a la música. ¿Qué le dice la música a Borges?
J.L.B: Yo no puedo hablar de música, soy un sordo musical, aunque me enternecen mucho los blues, los spirituals, y sin ningún derecho, la música de Brahms. Yo no sé si seré poeta o no… Yo creo tener oído para el verso y para la prosa. Yo creo que hay oído para el verso y para la música o para lo que se llama música. Bernard Shaw hablaba de “rol music”.
I.Z.: Rubén Darío.
J.L.B.: Y a quien le gustaba la música era a Shakespeare, que habla mucho de ella.
I.Z.: Hablábamos de Lugones en su momento, y ahora ha salido Darío. ¿Significa algo Darío para la formación de su poética?
J.L.B.: Yo creo que Darío tiene, ante todo, una importancia histórica. Él renueva muchas cosas. No sé si fue un poeta. Yo creo que no. Yo creo que su importancia fue, digamos, métrica, sobre todo, como la de Lugones también, haber innovado, pero no sé si eso basta para ser un poeta. Quizá sobra, pero ya es otra cosa. No sé si en una antología debe figurar. Pero se tiende a juzgar a los escritores por su importancia en la historia de la literatura. Por ejemplo, yo creo que Capdevila era un gran poeta, pero como no ejerció ninguna influencia, no se lo recuerda. Banchs tiene un libro espléndido, no se lo recuerda. En cambio, hay poetas menores que han modificado el curso de la literatura. Son recordados por los lectores. Creo que son dos hechos distintos. Lo importante es no haber influido en la historia de ese género, sino ser excelente en ese género, ser inolvidable en ese género.
I.Z.: La obra de Joyce, “Ulises”, es una obra que tendría esa importancia histórica.
J.L.B.: Pero qué raro que la novela no depende de líneas, tampoco de páginas, tampoco de capítulos, sino del conjunto, Dédalus y Bruce, pero no los conocemos, en el sentido en que conocemos, digamos, los personajes de Conrad. En el caso de Joyce quedan frases irreproducibles.
I.Z.: Quizá era un poeta que no encontró su género.
J.L.B.: En las poesías que había dejado, ya había encontrado su voz. No sé por qué se le ocurrió dedicarse a la novela menos verbal, digamos, ya que la novela es ante todo el recuerdo que la novela deja. Sin embargo, uno recuerda el mundo, o el mundo de Dickens o el mundo de Conrad, o el mundo de Cervantes.
I.Z.: De los escritores españoles contemporáneos, quizás Unamuno es uno de los cuales más se identifica usted.
J.L.B.: No como modelo de estilo, ya que buscaba la fealdad, la oquedad, pero sí como un hombre que es un pensador incesante.
I.Z.: ¿Qué obra recuerda usted de Unamuno con mayor afecto?
J.L.B.: Los ensayos. Yo creo que los ensayos. Creo que la vida de Quijote y Sancho fue un error. Creo que Cervantes lo madrugó a Unamuno, ¿no? Yo perdí mi vista como lector en el cincuenta y cinco. Una antología de Quevedo, una antología de Lugones.
I.Z.: Quizás los españoles se hicieron más eco de la polémica aquella que hubo, entre Lugones y Herrera. Quién había plagiado a quién.
J.L.B.: A los crepúsculos del jardín, pero si uno piensa que habían sido publicadas en revistas tan poco esotéricas como Caras y Caretas, indiscutible. Herrera había muerto, él había sido amigo de Herrera, la viuda vivía. Pero luego, cuando Lugones muere, en el año 1938, tres escritores orientales repiten esa anécdota, ese hecho. Todos ellos sabían que Lugones era el maestro, y lo dijeron muy honrosamente.
I.Z.: ¿Ya podemos bajar un poco la luz, ¿no?
J.L.B: Creo que sí.
Posdata
 Visto en la perspectiva de los años, esa visita de Borges a Mar del Plata dejó mucho. Fue seguida con pasión por una generación de jóvenes que, con el tiempo, en la universidad local, han descollado en la crítica literaria, y para ellos la presencia de Borges fue un recuerdo que no olvidaron nunca. Hoy es difícil percibir la dimensión casi mítica que en aquellos años tenían algunos creadores para su público, algo que afortunadamente ya no ocurre.
Acompañaron a Borges también algunos escritores jóvenes que buscaban alguna luz en el autor de “Ficciones”, como Juan Pablo Neyret, “Cachi” García Rey, los hermanos Oscar y Carlos Balmaceda, y Luis Melograno. Tan fascinados estaban que surgieron leyendas entre ese entorno de que alguno le había birlado al vate en la habitación del hotel un calcetín. Nadie lo quiso desmentir; por el contrario, competían por alimentar la verosimilitud de ésa y otras leyendas. Uno de esos jóvenes había mirado lo que no debía cuando acompañó a Borges a hacer aguas menores al baño del Hermitage.
Los organizadores de esa visita me pidieron que mantuviese este diálogo por Canal 8. En ese tiempo, yo era profesor de crítica literaria de la Universidad Nacional de Mar del Plata en la especialidad de Literatura Hispanoamericana y Española. Enseñé muchas veces Borges; he sido siempre un lector atento de toda su obra, de la que presumo tener una comprensión y un conocimiento amplio, he escrito sobre él, pero nunca he militado en la grey borgesiana. Creo que es uno de los grandes escritores de todos los tiempos en todas las lenguas y luce entre los más encumbrados en ese nuevo Siglo de Oro que ha sido el XX en la literatura en idioma español. Lo he disfrutado y me ha deslumbrado más como poeta que como prosista, pese a que la fama se le atribuye a sus cuentos y ensayos.
Pero nunca me han fascinado ni sus ideas ni sus fantasías. Tampoco me deslumbró su frecuentación -que hice desde adolescente en visitas a su casa de la calle Maipú-, recuerdo una tarde junto a él y a José Bianco en la cual competían en decir extravagancias como si buscasen algún tipo de iniciación en ese joven que, borgesianamente, diría que no soy yo, sino otro. Tomé café con él otra vez en el hotel Dorá y antes, de niño, asistí a diálogos en mi casa natal de Mendoza de él con mis padres detrás de una celosía. He caminado con él del brazo como centenares de acompañantes por el centro de Buenos Aires y también por la costa de Mar del Plata (hay un video que ilustró el diálogo por la TV). Pero ni aún con todos esos recuerdos y afectos aunados pude fascinarme ni en lo personal, ni como crítico y lector, con Borges.
Conocerlo, como tratarlo, era casi una obligación generacional, una costumbre que solía tener la gente. Pero no frecuenté su corte, sobre la cual podría escribir un entretenido libro; me ha causado siempre risa la veneración que le dedicaban -y le dedican hasta hoy en guerras de sucesión- al poeta. Tampoco he repetido sus frases ingeniosas ni sus anécdotas, ni he caído en el manierismo de imitarlo en el modo de hablar, algo también común en sus admiradores. Cuento esto no por vanidad sino para que se entienda el tenor del diálogo, que habría sido diferente si hubiera sido emprendido desde la fascinación. Hace 30 años me plegaba más que ahora a quienes han creído que la influencia de Borges ha sido nefasta -como la de Pablo Neruda- en la literatura que lo sucedió. Hoy modero ese juicio y reparto la responsabilidad entre el modelo y sus copistas, para quienes, a partir de Borges, toda guitarra es laboriosa.

Fuente : IGNACIO ZULETA

sábado, 22 de agosto de 2015

Mar del Plata 1984 : Aquella increíble entrevista con Jorge Luis Borges




Marcelo Pasetti

Hoy, 24 de agosto, se cumple el 112º aniversario del nacimiento de Jorge Luis Borges, sin dudas, uno de los más grandes escritores del mundo. Buena ocasión para recuperar aquella entrevista que tuve la enorme fortuna de poder hacerle hace 27 años, cuando Borges vino a Mar del Plata y un audaz pro-secretario de redacción del diario LA CAPITAL me dio la orden de ir a hacerle algunas preguntas.

Sólo recuerdo que temblaba como un papel cuando lo tuve a menos de un metro. Tenía yo 20 años y sabía del cambiante humor del genial escritor. Sin embargo, Borges lo percibió y mágicamente se prestó a una entrevista increíble, donde respondió una y cada una de las preguntas. Hoy, en 2011, me río cuando algunos escritores o periodistas se niegan a dar una entrevista a un diario del interior, buscando excusas que a veces irritan. ¡Borges hablaba con todos! dan ganas de gritarles...

Comparto entonces en este blog aquella entrevista completa.

_ ¿Más o menos cuánto va a durar esto?

_ Diez minutos aproximadamente...

_ ¿Y cuántas preguntas serán?

_ Diez.

_ ¿Diez? Bueno. Está bien.


Eran poco más de las once de la mañana del 7 de setiembre de 1984 y las preguntas, sorpresivamente, comenzó a hacerlas él. Jorge Luis Borges volvía a Mar del Plata para ofrecer esa noche una charla en el Teatro Auditorium y en la casa de Susana López Merino -ex titular de Cultura de la municipalidad- se disponía a conceder un reportaje a LA CAPITAL. El periodista y el reportero gráfico Néstor Alfonso, esperaban ansiosos que se cristalizara lo pactado. En los comienzos de esa primavera democrática que se vivía en la Argentina, mientras se juzgaba a los militares tras el triunfo electoral de Raúl Alfonsín y se hablaba ya del arbitraje por el conflicto con Chile por el canal de Beagle, el escritor argentino se seguía caracterizando por sus polémicas declaraciones y los periodistas podían llegar a vivir momentos difíciles si el autor de "El Aleph" no tenía un buen día a la hora de responder. 

Aquella mañana Borges tuvo "compasión" por el joven periodista y aceptó que aquellos diez minutos pactados para la charla se multiplicaran por cuatro para ir de un tema a otro sin ningún tipo de reparos. Pidió un té en medio de la charla, se rió con ganas en más de una oportunidad y regaló un reportaje que muchos años después, revive tras haber sido encontrado el casete -que soportó estoicamente mudanzas y "limpieza de papeles" a las que se acostumbra a recomendar a los periodistas- en el interior de un viejo bolso, entre recortes de diarios y agendas gastadas.

Al cumplirse hoy un nuevo aniversario del nacimiento del genial escritor, se reproduce el reportaje íntegro ya que en aquella oportunidad -edición de LA CAPITAL del 8 de setiembre de 1984, página 11- sólo se editó un pequeño tramo.

"Cuando era joven yo trataba de ser desdichado. Quería ser el príncipe Hamlet, o Byron o algún personaje de novela rusa del siglo XIX, y en cambio ahora no. Ahora sé que no es necesario buscar la desdicha ya que la desdicha lo encuentra a uno".


_ En primer lugar sería bueno conocer su opinión sobre la situación que está viviendo el país.

_ Creo que estamos convaleciendo de una larga enfermedad, luego de tantos años. Pero quizás logremos la salud. Tenemos que tener esperanzas y no ser impacientes. Es casi una resurrección lo que se necesita y sobre todo desde el punto de vista ético. Éticamente... Hay que enseñar esa ciencia olvidada en este país. Pero creo que cada uno de nosotros le debe algo a la Patria. Ustedes los jóvenes pueden hacer algo. Yo sólo puedo profesar ese acto de fe. No puedo hacer ninguna otra cosa ya que políticamente no cuento, no estoy afiliado a ningún partido, no conozco a los políticos...

_ ¿Este resurgir democrático puede producir algún tiempo de cambio en la literatura argentina?

_ No, no creo que tenga nada que ver una cosa con la otra. La literatura siempre es libre.


"Peronistas torpes y chambones"

"Cada texto mío, por casual que parezca, presupone muchos borradores, ahora borradores mentales ya que he perdido la vista".
  

_ Usted dijo recientemente que tenía la convicción de que el peronismo era un mal perdedor y que si era necesario se iba a aliar con los militares para dar un golpe...

_ Espero haberme equivocado, pero siempre existe ese temor. Sin embargo, los militares han logrado desacreditarse de un modo tan universal y los peronistas felizmente están tan peleados entre ellos... Han hecho una campaña tan torpe y esperemos que sigan siendo torpes. Torpes y chambones.

_ ¿Por qué torpes?

_ Porque hubieran podido ganar las elecciones. Mucha gente estaba lista para votar por ellos, pero cuando volvieron a aturdir a todos con "Perón, Perón, que grande sos / mi general, cuanto valés" se dieron cuenta de que eran unos imbéciles. No pudieron ganar las elecciones por eso, porque aturdieron a la gente con boberías. Y además todo el mundo sabía que eligieron mal a los candidatos, a ese malevaje que todos conocemos.

_ ¿Qué piensa usted de de las Madres de Plaza de Mayo?

_ Creo que algunas son sinceras. No sé si todas los son, pero yo he recibido en mi casa a personas que han llorado sinceramente. Ahora, desde luego, habrá muchas que obedecen a fines políticos. Pero no importa. Con que haya una sola madre sincera, una sola persona que haya perdido a un hijo que no era un terrorista, está bien. Las apruebo desde luego.

_ ¿Y con respecto a la justicia militar que quieren imponer por estas horas?

_ Esa justicia es un simulacro. Si yo fuera militar pediría ser juzgado por civiles, ya que no sé si su honor queda limpio. Los militares no han exigido hasta ahora jueces civiles y deberían haberlo hecho. No hay ninguna razón para que una persona tenga jueces especiales. Un dentista no tiene por qué ser juzgado por otros dentistas, un escritor por otros escritores, un buzo por otros buzos, un militar por otros militares... Es evidentemente absurdo.


"A mí no me gusta lo que escribo"

"Estamos continuamente recordando un pasado brevísimo y un pasado doloroso con las dos dictaduras, la de Rosas y la otra de cuyo nombre no quiero acordarme".


_ ¿Cuál cree que es el camino, la solución como para que Argentina definitivamente salga adelante?

_ Soy el único argentino que no tiene una solución prevista. Es una situación muy difícil. Y creo que sólo podemos ayudar mediante un acto de fe. Pero creo también que si somos hombres éticos o si tratamos de ser éticos terminaremos ayudando a salvar a la Patria y por ende al mundo. Pero no tengo ninguna solución. Si me ofrecieran la suma del poder público como a mi pariente Rosas, yo renunciaría inmediatamente. No entiendo de política. Entiendo, quizás, algo de literatura, no estoy muy seguro tampoco...

_ ¿Así que usted no entiende de literatura...?

_ No. no estoy muy seguro. A mi personalmente no me gusta lo que escribo. Yo me he resignado a lo que yo escribo. Pero eso no quiere decir que yo lo apruebe. Cuando era joven quería ser Lugones, como toda la gente de mi generación, y ahora he renunciado a esa misión y me he resignado a ser Borges, algo menor desde luego, pero soy yo.

_ Otro tema del cual mucho se ha hablado es de la censura en las manifestaciones artísticas. ¿Puede decirse que toda censura es repudiable?

_ Bueno, hay un caso en el cual fue útil. Cuando prohibieron un filme absurdo que se llama "La intrusa". Pero fuera de ese caso particular que me benefició a mi y a Christiansen, me parece absurda. Además, cada uno debe juzgar lo que quiere ver o lo que no quiere ver. Ahora, en este caso particular de "La intrusa", introdujeron elementos del todo ajenos a mí. Por ejemplo la homosexualidad y el incesto. Además, ese filme está lleno de gente nada friolenta, continuamente están desnudos y no se sabe por qué.

_ ¿Cuáles fueron las personas que forjaron el Borges de hoy? ¿De dónde toma ese ímpetu, esa fuerza para escribir?

_ Yo no sé si tengo fuerza para escribir. Yo corrijo mucho. Cada texto mío, por casual que parezca, presupone muchos borradores, ahora borradores mentales ya que he perdido la vista. Pero estoy continuamente planeando y revisando y limando borradores mentales.

_ Usted escribió alguna vez que toda obra intelectual es finalmente inútil...

_ Sí, pero no me queda otro destino que mi destino de escritor. Aunque no me gusta lo que escribo. ¿Pero qué otra cosa puedo hacer sino seguir escribiendo? Trato desde luego de olvidar el pasado, de mirar hacia el porvenir, de pensar en mis próximos libros... Por lo pronto me he comprometido a escribir cien prólogos, tarea que me obliga a seguir viviendo algunos años más. Aunque he abusado ya de la longevidad. Hace pocos días cumplí 85 años y me avergoncé, desde luego. Mi madre cumplió 99 años y cuando cumplió 95 me dijo" caramba, se me fue la mano" ¡Estaba tan avergonzada! Sin embargo murió a los 99 años con el temor de llegar a los 100, pero felizmente para ella no llegó, porque murió unos meses antes.

_ ¿Por qué está usted avergonzado?

_ Porque me parece que es abusar del tiempo.


"¿Qué me costaba simular la felicidad?"

"Cuando mi madre murió sentí mucho remordimiento. Remordimiento por no haber sido feliz. No por mí. Uno debe ser feliz, no por uno mismo sino por las personas que lo quieren. ¿Qué me costaba simular la felicidad? No, más bien yo la abrumaba con quejas y malhumores..."


_ En la poesía "Remordimiento" usted dice: "he cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz"...

_ Bueno, pero ese poema yo lo escribí a la semana de la muerte de mi madre. Yo pensé que me hubiera sido más fácil ser más bueno con ella. De modo que convendría que pensáramos en interlocutores mortales y que conviene ser buenos con ellos. Pero siempre nos olvidamos de eso. Cuando mi madre murió sentí mucho remordimiento. Remordimiento de no haber sido feliz. No por mí. Uno debe ser feliz no por uno mismo sino por las personas que lo quieren. ¿Qué me costaba simular la felicidad? No, más bien yo la abrumaba con quejas y malhumores...

_ Y en cuanto a la felicidad ¿qué balance puede hacer de su vida?

_ Increíblemente me siento más feliz ahora que cuando era joven. Cuando era joven yo trataba de ser desdichado. Quería ser el príncipe Hamlet o Byron o algún personaje de novela rusa del siglo XIX y en cambio ahora no. Ahora sé que no es necesario buscar la desdicha ya que la desdicha lo encuentra a uno. Pero uno puede lograr la serenidad que es quizás más importante que la felicidad. He cumplido 85 años, soy ciego, pero me siento fácilmente sereno. Cuando era joven no, me sentía muy inquieto. Pero es natural porque un joven no sabe quién es, no conoce sus límites, cree que puede elegir su destino y ahora el destino ya me ha elegido. Mi destino es ser un hombre de letras. Un hombre de letras mediocre, pero un hombre de letras ¿y por qué no aceptar ese destino que no es menos rico que otros? Yo sigo proyectando y escribiendo y eventualmente publicando.

Entre el Martín Fierro y Facundo

"Creo que si hubiéramos elegido el Facundo como nuestro libro y no el Martín Fierro, quizás nuestra historia hubiese sido otra. Otra y sin dudas mejor".


_ Abusando de su amabilidad y a propósito de las críticas que ha usted realizado al Martín Fierro en varios artículos me gustaría saber...

_ No, yo no he criticado al Martín Fierro, he criticado el hecho que se lo lea como una epopeya, que se crea que el Martín Fierro es un ejemplo. Hernández quiso mostrar cómo la leva, el Ejército, convertían a los paisanos y en el caso de Martín Fierro en desertores que se pasan al enemigo, en asesinos, en borrachos... Lugones en el año 1915 dijo que el Martín Fierro era una epopeya, que el personaje era ejemplar y quizás muchos males de nuestra historia procedan de esa curiosa interpretación de Lugones. Creo que si hubiéramos elegido el Facundo como nuestro libro, quizás nuestra historia hubiese dio otra. Otra y sin dudas mejor.

_ ¿Por qué le gustan tanto las novelas policiales?

_ Me parece que la idea de un enigma que se resuelve intelectualmente es una idea interesante. Además, creo que un género que fue inventado por Poe y que fue cultivado por Dickens, por Chesterton y por tantos otros no tiene por qué ser censurado.

_ ¿Y dónde nace ese amor por el mundo violento de este tipo de obras?

_ Y--- quizás por el hecho de que mi vida sea todo lo contrario. Sin embargo no sé: he sido contemporáneo de dos guerras atroces y actualmente la violencia se multiplica. Antes había un asesinato por año o cada dos años. Ahora todos los días hay crímenes atroces, de modo que la violencia está creciendo. Desde luego me desagrada.

_ ¿Se puede contar en qué está trabajando en estos momentos?

_ Muchos trabajos. En primer término un libro Atlas que publicará Editorial Sudamericana. Ese libro será de collage, de fotografías tomadas por María Kodama y textos míos escritos en diversas partes del mundo. Habrá textos del Japón, de Egipto, de Inglaterra, de Colombia, de Texas, de Francia, de Sevilla... Y ese libro será un Atlas deliberadamente heterogéneo. Y además de esoi, tengo en preparación un libro de cuentos fantásticos titulado "La memoria de Shakespeare" y el tema me fue dado por un sueño, que soñé hace muchos años en Michigan, Estados Unidos. Un sueño muy intrincado del cual saqué, pude salvar una frase. La frase era" te vendo la memoria de Shakespeare" y luego resolví que aquello de vender no estaba bien ya que no soy comerciante, así que puse "te otorgo" no porque era demasiado pomposo, "te daré la memoria de Shakespeare" y es la historia de un profesor alemán devoto de Shakespeare, como tantos alemanes y a quien mediante una operación mágica le dan la memoria personal de Shakespeare, la memoria que él tuvo pocos días antes de su muerte en el año 1616. Y ese fue el punto de partida del cuento.

_ ¿Ya lo terminó?

_ Ya está escrito. No voy a contárselo porque espero que usted compre un ejemplar del libro. Además sería muy aburrido contar el cuento. Quizás lo defraude. Bueno y luego hay un libro de poemas también. Creo que serán publicados por Escalenas Editorial, en Madrid.


"De algún modo, todos somos europeos"


_ Sus libros tienen un éxito espectacular en Europa. ¿Por qué cree que se produce este fenómeno?
_ Es lo que yo no sé. Estoy asombrado, atónito. Y sin embargo esos libros han sido traducidos a muchos idiomas. Por ejemplo, fui invitado por la Japan Foundation a Japón. Cuando llegué me revelaron que seis libros míos habían sido traducidos al japonés, incluso uno que escribí con Alicia Jurado sobre el budismo, tema que ellos conocen mucho mejor que nosotros. El emperador tiene que ser budista y sintoísta y además si quiere puede ser anglicano, luterano, mormón, en fin, católico o lo que quiera.

_ Debe haber sido especial ese recibimiento en Japón...

_ Desde luego. ¡Tengo un recuerdo tan grato del Japón! Y eso que me he educado en Suiza. Por primera vez en mi vida estuve en un país del todo civilizado. Usted puede dormir con la puerta abierta porque ladrones no hay. Discusiones tampoco. Se entiende que el interlocutor tiene razón, siempre. Al mismo tiempo, eso los hace un poco secretos y uno sabe qué piensan o qué sienten realmente. Esa corrección viene a ser como una máscara.

_ Algunos lo acusan de extranjerizante. ¿Cuál es su reflexión al respecto?

_ ¿Pero qué otra cosa podemos ser sino extranjerizantes en América? Y al decir América pienso en Norteamérica y en Sudamérica también. Una prueba de ello es que estamos conversando en castellano que es un ilustre dialecto del latín y ciertamente no fue inventado por los pampas o los quichuas. Y en EE.UU. el idioma es el inglés y tampoco son ingleses los americanos. Creo que de algún modo todos somos europeos, pero europeos en el destierro. Pero ese destierro puede ser feliz ya que a un europeo le es difícil sentirse europeo porque le han enseñado que debe sentirse alemán o inglés o noruego o irlandés o lo que sea. En cambio nosotros podemos recibir sin ningún perjuicio toda la cultura occidental y lo que podamos de la cultura oriental también.

_ ¿Usted cree que se podrá llegar a lograr alguna vez la integración latinoamericana?

_ Y no solamente la integración latinoamericana sino del planeta entero. Usted es cosmopolita, es ciudadano del mundo. Sintámonos como querían los estoicos ingleses. Sintámonos ciudadanos del mundo. Yo me siento ciudadano del mundo.


"Estoy listo para recibir la muerte"

"A veces me siento un poco desdichado y pienso ¿pero por qué me siento desdichado? No puede estar muy lejos la máxima aventura de la vida: la muerte".

: ¿Le teme a la muerte?

_ No. A veces me siento un poco desdichado y pienso "¿Pero por qué me siento desdichado"? No puede estar muy lejos la máxima aventura de la vida: la muerte. Y eso espero, que la muerte me borre totalmente, pero si me equivoco y no me borra, bueno, emprenderé otra vida que no tiene porque ser menos interesante que ésta, menos grata que ésta. Yo estoy listo para recibir la muerte, la anulación de la muerte, pero también una plenitud de la muerte, una continuación de esa aventura que en suma, es una aventura feliz.

_ ¿Cómo es un día en su vida?

_ Por la mañana suele venir gente a verme. Luego suelo almorzar en casa y a la tarde trabajo, generalmente con María Kodama. Me acuesto temprano. Espero estar a las diez y media durmiendo y como no puedo leer, por razones obvias, y no puedo escribir tampoco ya que se me enciman las letras, por lo que no puedo leer lo que escribo, estoy todo el día planeando cuentos, sonetos, poemas en verso libre, ensayos, lo que fuere. De modo que pueblo mi soledad con proyectos literarios. A mi edad, la muerte puede esperarme en cada esquina. Pero me he comprometido a escribir increíblemente cien prólogos, por lo que tengo que seguir viviendo algún tiempo para cumplir con ese compromiso. Por ejemplo, hoy tengo que vivir hasta esta noche en que voy a hablar ante ustedes, de modo que este día de vida me está asegurado.

_ Pero qué mejor que tener esos compromisos...

_ ¿Qué otra cosa? Pensar en el pasado es enfermizo y entonces prefiero pensar en el porvenir, aunque en mi caso el porvenir, bah, en el caso de todos, el porvenir es dudoso. Es mejor vivir hacia adelante. Uno de los defectos de este país es que tenemos una de las más breves historias del mundo. Nuestra historia cuenta apenas dos siglos y sin embargo cada día es un aniversario, uno no puede caminar porque hay tantas estatuas (risas). Está lleno de estatuas ecuestres, cada día es un aniversario y estamos continuamente recordando un pasado brevísimo y un pasado doloroso con las dos dictaduras, la de Rosas y la otra de cuyo nombre no quiero acordarme, y lo que ocurrió después y quizás lo que esté ocurriendo ahora todavía. Pero en fin, tenemos que tratar de convalecer de nuestro pasado.

_ Es un pasado oscuro ¿no?

_ Creo que si. Recuerdo una frase que dice que "la historia es una serie de crónicas policiales". Y es verdad.

_ Cuando entré a esta casa para la entrevista alguien me sugirió que no le preguntara nada sobre la juventud ¡Por qué?

_ Porque es demasiado abstracto. Soy incapaz del pensamiento abstracto. Me ha gustado mucho leer libros de filosofía pero no sé si he pensado algo por cuenta propia. Creo que no. He imaginado, he soñado, pero pensar, razonar, es algo muy difícil para mí.

_ Muchas gracias por su tiempo y su amabilidad.

_ Muchas gracias a usted.

 Fuente : Marcelo Pasetti.blogspot


viernes, 2 de enero de 2015

EL SECUESTRO DE BORGES



Dr. Luis Alberto Melograno Lecuna

Con el mismo espíritu trasgresor con que pergeñábamos nuestras irreverentes narraciones, lo fuimos a recibir al aeropuerto. No teníamos idea en esa época del respeto académico que naturalmente se le profesaba en el mundo de las letras, ni de su trascendencia mundial, y si sí lo sabíamos, era algo que no nos quitaba el sueño.

Con el mismo desparpajo había estado yo tantas veces en la casa de la calle Maipú, solo o con algún secuaz circunstancial como Carlos o Juan Pablo, donde me hablaba o nos hablaba de Mar del Plata, de Bioy y las hermanas Ocampo, inquiría sobre el origen vasco del apellido Lecuna, y final e indefectiblemente iteraba una confusa historia de un asesinato en una estancia de la zona, que sin duda todavía lo tenía, décadas después, muy intrigado.

Finalmente el avión llegó, y con él, los hermanos Borges. En un coche oficial que el inepto Secretario de Gobierno nos había facilitado después de febriles negociaciones, nos dirigimos al Hermitage Hotel.

El viaje de Camet al centro fue intelectualmente excitante. Hablamos de "si literatura comprometida o compromiso con la literatura", de la "previsible influencia del misógino Shopenhauer, del pragmático James, del idealista Hume o del nominalismo en la obra borgesiana", del "plagio como acto generador de nuevas instancias artísticas, (haciéndole creo, un interesante paralelo Borges - Picasso)", de que "hasta qué punto los filósofos y las ideas filosóficas que usted cita en su obra no son meros personajes y temas para alimentar sus ficciones", de "qué pasa con la influencia de Carriego en su obra, y sin ir más lejos, con la de Juan Filloy", y (como no podía ser de otra manera), también se habló cual tácito ritual, "de una confusa historia de un asesinato en una estancia de la zona".

Llegados al Hermitage, y antes de subir a sus respectivas habitaciones, Georgie y su hermana acordaron disfrutar de un almuerzo más que frugal. Sobre la mesa del restaurante sólo había una botella con agua, y humildes porciones de arroz con queso. De postre, y como contrapartida paradojal, el se sirvió unas oximorónicas gotas para combatir el estreñimiento, que Norah le llevaba en su cartera. Le hice notar el contrasentido de comer arroz con queso teniendo este tipo de inconveniente intestinal, pero no obstante consideró que ya estaba habituado a ambas contingencias.

En la sobremesa, continuamos el ping pong de datos y citas que habíamos iniciado en el aeropuerto. Lejos de defenderse de algunos planteos que hoy juzgo inútilmente agresivos, él consentía mis temerarias aseveraciones respondiendo trémulamente y con cierto pudor "-Sí, Lecuna, efectivamente, no sé pensar en sentido filosófico, - me decía - sí, llegar a la esencia última de las cosas, es así.

Norah quedó prendada del perfil griego de mi primo Carlos, a punto tal que sacó un lápiz y un papel, y bocetó su rostro. (Es un obsequio que Balmaceda guarda con unción, y luce actualmente en el enmarcado living de su casa).

Finalmente, los conducimos a sus habitaciones. Carlos acompañó a Norah, y yo a Borges. Cuando atravesamos el umbral, me pidió que "le enseñara cómo era el cuarto". Con una mano fue memorizando las dimensiones del mismo, y la ubicación del escaso mobiliario que necesitaría. Para mi sorpresa, (o para mi ignorancia, que lo hacía absolutamente ciego), me pidió que tapase la ventana, porque la luz le hacía daño.

Dejó el bastón sobre la cama más cercana al placard, y me pidió que le mostrara el baño, al que también investigó minuciosamente. Con una precisión envidiable identificó artefactos, se desplazó del baño al placard, del placard al baño, demostrándome con suficiencia lo innecesaria de mi presencia de pseudo lazarillo. Mientras se quitaba el saco, me pidió cortésmente que apagara todas las luces, y que lo pasara a buscar una hora antes de la conferencia, que estaba prevista para las ocho de la tarde.

Al reencontrarme con él ( ya nos esperaba en el lobby del hotel), tuve el desatino de comentarle que el teatro estaba rebalsando de gente, y que muchos ni siquiera habían podido entrar. Al enterarse de la presencia de tanto público, sintió pánico, y rápidamente me lo transmitió, al decirme que mejor iba a ser no dar la conferencia, porque "le asustaba estar delante de tanta gente".

No sé si fui crudo, irónico, exulto o realista, pero lo único que desesperadamente atiné a decirle sin pensar fue: "-Haga de cuenta que no hay nadie, total, no los va a ver..." Instantáneamente recapacité arrepentido de haber proferido tamaño irrespetuoso desatino verbal, pero, para mi tranquilidad, lejos de ofenderse, tomó mi sugerencia como una consideración lógica y aplicable...

Aún no sé si Juan Carlos hablaba en broma o en serio, pero en los días previos a la llegada de Borges, García Reig insistía en la posibilidad de secuestrarlo sin que él se diera cuenta, y recrear un viaje imaginario con el único objeto de registrar todo en un libro que obviamente se titularía: "El secuestro de Borges".
  
Siguiéndole el juego, la cosa se fue armando con cierta lógica. El grupo de terroristas literarios nos denominaríamos a los fines periodísticos, con el apelativo de "Comando Jacinto Chiclana". Se pensó además en hacer acopio de diversos elementos como ventiladores, butacas, perfumes, reflectores, micrófonos, calefactores, con el objeto de ir creando, en una misma habitación, distintos efectos especiales de modo tal que Borges creyera que viajaba en avión, en auto, percibía olores, brisas o soles inexistentes en un viaje imaginario con el único propósito de despistarlo, y hacer que el secuestro fuera de lo más ameno y climáticamente variado.

Para ser más convincentes, alguno sugirió que el lugar indicado tenía que ser el estudio de grabación de José Milano. Afortunadamente, en esa época habían empezado a pulular las novelas tituladas: "El secuestro de...", por lo que finalmente nos pareció muy poco original eso de secuestrarlo, aunque más no fuera con fines literarios... Y si algo teníamos claro todos en ese entonces era que había que ser original, o no ser.

Como era de esperar, la conferencia en el Auditórium fue un éxito absoluto. Como broche de oro, al día siguiente estaba previsto un programa de TV en Canal 8, cuya grabación lamentablemente descreo haya sido conservada.

En el trayecto de regreso al Hermitage, que Borges quizo hacer a pie, se me ocurrió contarle la absurda historia del secuestro, pero el ruido de la calle, los automóviles, y la gente que lo reconocía y se acercaba a saludarlo, me impidieron hacerlo.
  
La ocasión se dio en el lobby del hotel, mientras aguardábamos a Norah para cenar. Le conté al detalle sobre la alocada idea de secuestrarlo "con fines literarios", le dije que no era la primera vez que se nos habían ocurrido desatinos semejantes, pero que se quedara tranquilo, porque estas propuestas no pasaban del terreno de las ideas, y que eran meros ejercicios intelectuales sin consecuencia práctica alguna, aunque muchas veces obedecían a cuestiones atendibles.

Recuerdo que cité como ejemplo, la que en un momento consideramos como "la imperiosa necesidad de organizar el Comando Estético", con el noble propósito de destruir las innumeras y adefésicas esculturas perpetradas en plazas y paseos públicos del balneario, y de distribuir panfletos y / o periódicos murales alertando a la desprevenida población de la ciudad, de la existencia de autodenominados círculos y / asociaciones literarias que agredían a mansalva y sin consideración alguna a la lengua que nos dio Castilla.

La idea del secuestro, lejos de asustarlo, le pareció asaz interesante, a punto tal que lamentaba que no se hubiera concretado, consideración que en aquél momento me dejó absolutamente perplejo. El me quería hacer creer que había tomado absolutamente en serio lo que para nosotros significaba simplemente un juego...

Insistió en que el secuestro hubiera sido una experiencia excitante, y que si le habría encontrado diferencias con los viajes reales, seguramente esas diferencias serían a favor del viaje imaginario, ya que si era organizado por escritores, seguramente iba a estar mejor preparado que los otros...

Al día siguiente, ya en la cafetería del aeropuerto, y mientras aguardábamos la salida del avión que lo llevaría de regreso a Buenos Aires, obligado a cumplir un absurdo requisito municipal, como era hacerle firmar un contrato a un ciego, le expliqué de qué trataba el papel que ponía en sus manos, tras lo cual Borges, dócilmente, firmó. Fue todo un acto de fe, pues podría haber firmado la declaración de la independencia de Tertius, la Equal Rights Amendment, o un contrato de locación.

Ya con un pie en el avión, y como saludo final, me recriminó nuevamente que no se hubiera concretado un secuestro de esas características, y me alentó para que lo intentáramos en otra ocasión.

(Esa ocasión nunca existió, pero hoy y a la distancia, precisamente desde el lugar donde Borges de algún modo comenzó a ser dado a conocer de la mano de Anderson Imbert, quise rememorar aquel momento a partir del cual los verdaderos secuestrados fuimos nosotros: aquellos jóvenes marplatenses afectos a las letras. Secuestrados por la prosa precisa, la intuición poética, el inveterado escepticismo, la fina ironía, el goce estético, la libertad de creación, y el afán lúdico de la genial pluma borgesiana).

  
 Harvard Square, Cambridge, marzo de 1996

Fuente :Ocities



 

sábado, 14 de abril de 2012

Aquella increíble entrevista con Jorge Luis Borges



Borges en Mar del Plata 1984

Hoy, 24 de agosto, se cumple el 112º aniversario del nacimiento de Jorge Luis Borges, sin dudas, uno de los más grandes escritores del mundo. Buena ocasión para recuperar aquella entrevista que tuve la enorme fortuna de poder hacerle hace 27 años, cuando Borges vino a Mar del Plata y un audaz prosecretario de redacción del diario LA CAPITAL me dio la orden de ir a hacerle algunas preguntas.

Sólo recuerdo que temblaba como un papel cuando lo tuve a menos de un metro. Tenía yo 20 años y sabía del cambiante humor del genial escritor. Sin embargo, Borges lo percibió y mágicamente se prestó a una entrevista increíble, donde respondió una y cada una de las preguntas. Hoy, en 2011, me río cuando algunos escritores o periodistas se niegan a dar una entrevista a un diario del interior, buscando excusas que a veces irritan. ¡Borges hablaba con todos! dan ganas de gritarles...

Comparto entonces en este blog aquella entrevista completa.

_ ¿Más o menos cuánto va a durar esto?

_ Diez minutos aproximadamente...

_ ¿Y cuántas preguntas serán?

_ Diez.

_ ¿Diez? Bueno. Está bien.

Eran poco más de las once de la mañana del 7 de setiembre de 1984 y las preguntas, sorpresivamente, comenzó a hacerlas él. Jorge Luis Borges volvía a Mar del Plata para ofrecer esa noche una charla en el Teatro Auditorium y en la casa de Susana López Merino -ex titular de Cultura de la municipalidad- se disponía a conceder un reportaje a LA CAPITAL. El periodista y el reportero gráfico Néstor Alfonso, esperaban ansiosos que se cristalizara lo pactado. En los comienzos de esa primavera democrática que se vivía en la Argentina, mientras se juzgaba a los militares tras el triunfo electoral de Raúl Alfonsín y se hablaba ya del arbitraje por el conflicto con Chile por el canal de Beagle, el escritor argentino se seguía caracterizando por sus polémicas declaraciones y los periodistas podían llegar a vivir momentos difíciles si el autor de "El Aleph" no tenía un buen día a la hora de responder. Aquella mañana Borges tuvo "compasión" por el joven periodista y aceptó que aquellos diez minutos pactados para la charla se multiplicaran por cuatro para ir de un tema a otro sin ningún tipo de reparos. Pidió un té en medio de la charla, se rió con ganas en más de una oportunidad y regaló un reportaje que muchos años después, revive tras haber sido encontrado el casete -que soportó estoicamente mudanzas y "limpieza de papeles" a las que se acostumbra a recomendar a los periodistas- en el interior de un viejo bolso, entre recortes de diarios y agendas gastadas.

Al cumplirse hoy un nuevo aniversario del nacimiento del genial escritor, se reproduce el reportaje íntegro ya que en aquella oportunidad -edición de LA CAPITAL del 8 de setiembre de 1984, página 11- sólo se editó un pequeño tramo.

"Cuando era joven yo trataba de ser desdichado. Quería ser el príncipe Hamlet, o Byron o algún personaje de novela rusa del siglo XIX, y en cambio ahora no. Ahora sé que no es necesario buscar la desdicha ya que la desdicha lo encuentra a uno".

_ En primer lugar sería bueno conocer su opinión sobre la situación que está viviendo el país.

_ Creo que estamos convaleciendo de una larga enfermedad, luego de tantos años. Pero quizás logremos la salud. Tenemos que tener esperanzas y no ser impacientes. Es casi una resurrección lo que se necesita y sobre todo desde el punto de vista ético. Eticamente... Hay que enseñar esa ciencia olvidada en este país. Pero creo que cada uno de nosotros le debe algo a la Patria. Ustedes los jóvenes pueden hacer algo. Yo sólo puedo profesar ese acto de fe. No puedo hacer ninguna otra cosa ya que políticamente no cuento, no estoy afiliado a ningún partido, no conozco a los políticos...

_ ¿Este resurgir democrático puede producir algún tiempo de cambio en la literatura argentina?

_ No, no creo que tenga nada que ver una cosa con la otra. La literatura siempre es libre.

"Peronistas torpes y chambones"

"Cada texto mío, por casual que parezca, presupone muchos borradores, ahora borradores mentales ya que he perdido la vista".

_ Usted dijo recientemente que tenía la convicción de que el peronismo era un mal perdedor y que si era necesario se iba a aliar con los militares para dar un golpe...

_ Espero haberme equivocado, pero siempre existe ese temor. Sin embargo, los militares han logrado desacreditarse de un modo tan universal y los peronistas felizmente están tan peleados entre ellos... Han hecho una campaña tan torpe y esperemos que sigan siendo torpes. Torpes y chambones.

_ ¿Por qué torpes?

_ Porque hubieran podido ganar las elecciones. Mucha gente estaba lista para votar por ellos, pero cuando volvieron a aturdir a todos con "Perón, Perón, que grande sos / mi general, cuanto valés" se dieron cuenta de que eran unos imbéciles. No pudieron ganar las elecciones por eso, porque aturdieron a la gente con boberías. Y además todo el mundo sabía que eligieron mal a los candidatos, a ese malevaje que todos conocemos.

_ ¿Qué piensa ustede de las Madres de Plaza de Mayo?

_ Creo que algunas son sinceras. No sé si todas los son, pero yo he recibido en mi casa a personas que han llorado sinceramente. Ahora, desde luego, habrá muchas que obedecen a fines políticos. Pero no importa. Con que haya una sola madre sincera, una sola persona que haya perdido a un hijo que no era un terrorista, está bien. Las apruebo desde luego.

_ ¿Y con respecto a la justicia militar que quieren imponer por estas horas?

_ Esa justicia es un simulacro. Si yo fuera militar pediría ser juzgado por civiles, ya que no sé si su honor queda limpio. Los militares no han exigido hasta ahora jueces civiles y deberían haberlo hecho. No hay ninguna razón para que una persona tenga jueces especiales. Un dentista no tiene por qué ser juzgado por otros dent6istas, un escritor por otros escritores, un buzo por otros buzos, un militar por otros militares... Es evidentemente absurdo.

"A mí no me gusta lo que escribo"

"Estamos continuamente recordando un pasado brevísimo y un pasado doloroso con las dos dictaduras, la de Rosas y la otra de cuyo nombre no quiero acordarme".

_ ¿Cuál cree que es el camino, la solución como para que Argentina definitivamente salga adelante?

_ Soy el único argentino que no tiene una solución prevista. Es una situación muy difícil. Y creo que sólo podemos ayudar mediante un acto de fe. Pero creo también que si somos hombres éticos o si tratamos de ser éticos terminaremos ayudando a salvar a la Patria y por ende al mundo. Pero no tengo ninguna solución. Si me ofrecieran la suma del poder público como a mi pariente Rosas, yo renunciaría inmediatamente. No entiendo de política. Entiendo, quizás, algo de literatura, no estoy muy seguro tampoco...

_ ¿Así que usted no entiende de literatura...?

_ No. no estoy muy seguro. A mi personalmente no me gusta lo que escribo. Yo me he resignado a lo que yo escribo. Pero eso no quiere decir que yo lo apruebe. Cuando era joven quería ser Lugones, como toda la gente de mi generación, y ahora he renunciado a esa misión y me he resignado a ser Borges, algo menor desde luego, pero soy yo.

_ Otro tema del cual mucho se ha hablado es de la censura en las manifestaciones artísticas. ¿Puede decirse que toda censura es repudiable?

_ Bueno, hay un caso en el cual fue útil. Cuando prohibieron un filme absurdo que se llama "La intrusa". Pero fuera de ese caso particular que me benefició a mi y a Christiansen, me parece absurda. Además, cada uno debe juzgar lo que quiere ver o lo que no quiere ver. Ahora, en este caso particular de "La intrusa", introdujeron elementos del todo ajenos a mí. Por ejemplo la homosexualidad y el incesto. Además, ese filme está lleno de gente nada friolenta, continuamente están desnudos y no se sabe por qué.

_ ¿Cuáles fueron las personas que forjaron el Borges de hoy? ¿De dónde toma ese ímpetu, esa fuerza para escribir?

_ Yo no sé si tengo fuerza para escribir. Yo corrijo mucho. Cada texto mío, por casual que parezca, presupone muchos borradores, ahora borradores mentales ya que he perdido la vista. Pero estoy continuamente planeando y revisando y limando borradores mentales.

_ Usted escribió alguna vez que toda obra intelectual es finalmente inútil...

_ Sí, pero no me queda otro destino que mi destino de escritor. Aunque no me gusta lo que escribo. ¿Pero qué otra cosa puedo hacer sino seguir escribiendo? Trato desde luego de olvidar el pasado, de mirar hacia el porvenir, de pensar en mis próximos libros... Por lo pronto me he comprometido a escribir cien prólogos, tarea que me obliga a seguir viviendo algunos años más. Aunque he abusado ya de la longevidad. Hace pocos días cumplí 85 años y me avergoncé, desde luego. Mi madre cumplió 99 años y cuando cumplió 95 me dijo" caramba, se me fue la mano" ¡Estaba tan avergonzada! Sin embargo murió a los 99 años con el temor de llegar a los 100, pero felizmente para ella no llegó, porque murió unos meses antes.

_ ¿Por qué está usted avergonzado?

_ Porque me parece que es abusar del tiempo.

"¿Qué me costaba simular la felicidad?"

"Cuando mi madre murió sentí mucho remordimiento. Remordimiento por no haber sido feliz. No por mí. Uno debe ser feliz, no por uno mismo sino por las personas que lo quieren. ¿Qué me costaba simular la felicidad? No, más bien yo la abrumaba con quejas y malhumores..."

_ En la poesía "Remordimiento" usted dice: "he cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz"...

_ Bueno, pero ese poema yo lo escribí a la semana de la muerte de mi madre. Yo pensé que me hubiera sido más fácil ser más bueno con ella. De modo que convendría que pensáramos en interlocutores mortales y que conviene ser buenos con ellos. Pero siempre nos olvidamos de eso. Cuando mi madre murió sentí mucho remordimiento. Remordimiento de no haber sido feliz. No por mí. Uno debe ser feliz no por uno mismo sino por las personas que lo quieren. ¿Qué me costaba simular la felicidad? No, más bien yo la abrumaba con quejas y malhumores...

_ Y en cuanto a la felicidad ¿qué balance puede hacer de su vida?

_ Increíblemente me siento más feliz ahora que cuando era joven. Cuando era joven yo trataba de ser desdichado. Quería ser el príncipe Hamlet o Byron o algún personaje de novela rusa del siglo XIX y en cambio ahora no. Ahora sé que no es necesario buscar la desdicha ya que la desdicha lo encuentra a uno. Pero uno puede lograr la serenidad que es quizás más importante que la felicidad. He cumplido 85 años, soy ciego, pero me siento fácilmente sereno. Cuando era joven no, me sentía muy inquieto. Pero es natural porque un joven no sabe quién es, no conoce sus límites, cree que puede elegir su destino y ahora el destino ya me ha elegido. Mi destino es ser un hombre de letras. Un hombre de letras mediocre, pero un hombre de letras ¿y por qué no aceptar ese destino que no es menos rico que otros? Yo sigo proyectando y escribiendo y eventualmente publicando.

Entre el Martín Fierro y Facundo

"Creo que si hubiéramos elegido el Facundo como nuestro libro y no el Martín Fierro, quizás nuestra historia hubiese sido otra. Otra y sin dudas mejor".

_ Abusando de su amabilidad y a propósito de las críticas que ha usted realizado al Martín Fierro en varios artículos me gustaría saber...

_ No, yo no he criticado al Martín Fierro, he criticado el hecho que se lo lea como una epopeya, que se crea que el Martín Fierro es un ejemplo. Hernández quiso mostrar cómo la leva, el Ejército, convertían a los paisanos y en el caso de Martín Fierro en desertores que se pasan al enemigo, en asesinos, en borrachos... Lugones en el año 1915 dijo que el Martín Fierro era una epopeya, que el personaje era ejemplar y quizás muchos males de nuestra historia procedan de esa curiosa interpretación de Lugones. Creo que si hubiéramos elegido el Facundo como nuestro libro, quizás nuestra historia hubiese dio otra. Otra y sin dudas mejor.

_ ¿Por qué le gustan tanto las novelas policiales?

_ Me parece que la idea de un enigma que se resuelve intelectualmente es una idea interesante. Además, creo que un género que fue inventado por Poe y que fue cultivado por Dickens, por Chesterton y por tantos otros no tiene por qué ser censurado.

_ ¿Y dónde nace ese amor por el mundo violento de este tipo de obras?

_ Y--- quizás por el hecho de que mi vida sea todo lo contrario. Sin embargo no sé: he sido contemporáneo de dos guerras atroces y actualmente la violencia se multiplica. Antes había un asesinato por año o cada dos años. Ahora todfos los días hay crímenes atroces, de modo que la violencia está creciendo. Desde luego me desagrada.

_ ¿Se puede contar en qué está trabajando en estos momentos?

_ Muchos trabajos. En primer término un libro Atlas que publicará Editorial Sudamericana. Ese libro será de collage, de fotografías tomadas por María Kodama y textos míos escritos en diversas partes del mundo. Habrá textos del Japón, de Egipto, de Inglaterra, de Colombia, de Texas, de Francia, de Sevilla... Y ese libro será un Atlas deliberadamente heterogéneo. Y además de esoi, tengo en preparación un libro de cuentos fantásticos titulado "La memoria de Shakespeare" y el tema me fue dado por un sueño, que soñé hace muchos años en Michigan, Estados Unidos. Un sueño muy intrincado del cual saqué, pude salvar una frase. La frase era" te vendo la memoria de Shakespeare" y luego resolví que aquello de vender no estaba bien ya que no soy comerciante, así que puse "te otorgo" no porque era demasiado pomposo, "te daré la memoria de Shakespeare" y es la historia de un profesor alemán devoto de Shakespeare, como tantos alemanes y a quien mediante una operación mágica le dan la memoria personal de Shakespeare, la memoria que él tuvo pocos días antes de su muerte en el año 1616. Y ese fue el punto de partida del cuento.

_ ¿Ya lo terminó?

_ Ya está escrito. No voy a contárselo porque espero que usted compre un ejemplar del libro. Además sería muy aburrido contar el cuento. Quizás lo defraude. Bueno y luego hay un libro de poemas también. Creo que serán publicados por Escalenas Editorial, en Madrid.

"De algún modo,todos somos europeos"

_ Sus libros tienen un éxito espectacular en Europa. ¿Por qué cree que se produce este fenómeno?
_ Es lo que yo no sé. Estoy asombrado, atónito. Y sin embargo esos libros han sido traducidos a muchos idiomas. Por ejemplo, fui invitado por la Japan Foundation a Japón. Cuando llegué me revelaron que seis libros míos habían sido traducidos al japonés, incluso uno que escribí con Alicia Jurado sobre el budismo, tema que ellos conocen mucho mejor que nosotros. El emperador tiene que ser budista y sintoísta y además si quiere puede ser anglicano, luterano, mormón, en fin, católico o lo que quiera.

_ Debe haber sido especial ese recibimiento en Japón...

_ Desde luego. ¡Tengo un recuerdo tan grato del Japón! Y eso que me he educado en Suiza. Por primera vez en mi vida estuve en un país del todo civilizado. Usted puede dormir con la puerta abierta porque ladrones no hay. Discusiones tampoco. Se entiende que el interlocutor tiene razón, siempre. Al mismo tiempo, eso los hace un poco secretos y uno sabe qué piensan o qué sienten realmente. Esa corrección viene a ser como una máscara.

_ Algunos lo acusan de extranjerizante. ¿Cuál es su reflexión al respecto?

_ ¿Pero qué otra cosa podemos ser sino extranjerizantes en América? Y al decir América pienso en Norteamérica y en Sudamérica también. Una prueba de ello es que estamos conversando en castellano que es un ilustre dialecto del latín y ciertamente no fue inventado por los pampas o los quichuas. Y en EE.UU. el idioma es el inglés y tampoco son ingleses los americanos. Creo que de algún modo todos somos europeos, pero europeos en el destierro. Pero ese destierro puede ser feliz ya que a un europeo le es difícil sentirse europeo porque le han enseñado que debe sentirse alemán o inglés o noruego o irlandés o lo que sea. En cambio nosotros podemos recibir sin ningún perjuicio toda la cultura occidental y lo que podamos de la cultura oriental también.

_ ¿Usted cree que se podrá llegar a lograr alguna vez la integración latinoamericana?

_ Y no solamente la integración latinoamericana sino del planeta entero. Usted es cosmopolita, es ciudadano del mundo. Sintámonos como querían los estoicos ingleses. Sintámonos ciudadanos del mundo. Yo me siento ciudadano del mundo.

"Estoy listo para recibir la muerte"

"A veces me siento un poco desdichado y pienso ¿pero por qué me siento desdichado? No puede estar muy lejos la máxima aventura de la vida: la muerte".

: ¿Le teme a la muerte?

_ No. A veces me siento un poco desdichado y pienso "¿Pero por qué me siento desdichado"? No puede estar muy lejos la máxima aventura de la vida: la muerte. Y eso espero, que la muerte me borre totalmente, pero si me equivoco y no me borra, bueno, emprenderé otra vida que no tiene porque ser menos interesante que ésta, menos grata que ésta. Yo estoy listo para recibir la muerte, la anulación de la muerte, pero también una plenitud de la muerte, una continuación de esa aventura que en suma, es una aventura feliz.

_ ¿Cómo es un día en su vida?

_ Por la mañana suele venir gente a verme. Luego suelo almorzar en casa y a la tarde trabajo, generalmente con María Kodama. Me acuesto temprano. Espero estar a las diez y media durmiendo y como no puedo leer, por razones obvias, y no puedo escribir tampoco ya que se me enciman las letras, por lo que no puedo leer lo que escribo, estoy todo el día planeando cuentos, sonetos, poemas en verso libre, ensayos, lo que fuere. De modo que pueblo mi soledad con proyectos literarios. A mi edad, la muerte puede esperarme en cada esquina. Pero me he comprometido a escribir increíblemente cien prólogos, por lo que tengo que seguir viviendo algún tiempo para cumplir con ese compromiso. Por ejemplo, hoy tengo que vivir hasta esta noche en que voy a hablar ante ustedes, de modo que este día de vida me está asegurado.

_ Pero qué mejor que tener esos compromisos...

_ ¿Qué otra cosa? Pensar en el pasado es enfermizo y entonces prefiero pensar en el porvenir, aunque en mi caso el porvenir, bah, en el caso de todos, el porvenir es dudoso. Es mejor vivir hacia adelante. Uno de los defectos de este país es que tenemos una de las más breves historias del mundo. Nuestra historia cuenta apenas dos siglos y sin embargo cada día es un aniversario, uno no puede caminar porque hay tantas estatuas (risas). Está lleno de estatuas ecuestres, cada día es un aniversario y estamos continuamente recordando un pasado brevísimo y un pasado doloroso con las dos dictaduras, la de Rosas y la otra de cuyo nombre no quiero acordarme, y lo que ocurrió después y quiizás lo que esté ocurriendo ahora todavía. Pero en fin, tenemos que tratar de convalecer de nuestro pasado.

_ Es un pasado oscuro ¿no?

_ Creo que si. Recuerdo una frase que dice que "la historia es una serie de crónicas policiales". Y es verdad.

_ Cuando entré a esta casa para la entrevista alguien me sugirió que no le preguntara nada sobre la juventud ¡Por qué?

_ Porque es demasiado abstracto. Soy incapaz del pensamiento abstracto. Me ha gustado mucho leer libros de filosofía pero no sé si he pensado algo por cuenta propia. Creo que no. He imaginado, he soñado, pero pensar, razonar, es algo muy difícil para mí.

_ Muchas gracias por su tiempo y su amabilidad.

_ Muchas gracias a usted.

Fuente : Entre Lineas - blogspot
Marcelo Pasetti
http://marcelopasetti.blogspot.com.ar/2011/08/aquella-increible-entrevista-con-jorge.html