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jueves, 14 de mayo de 2020

Borges y la Memoria




Mestizajes: Borges y la Memoria

Segundo Encuentro de Literatura y Ciencia - Mestizajes

Quián Rodrigo Quiroga, Centro de Neurociencia de Sistemas (Universidad de Leicester)

La II reunión de Mestizajes sobre literatura y ciencia se celebró en Donosti -San Sebastián los días 18 y 19 de noviembre de 2014 con el tema "Razón, intuición e imaginación en ciencia y literatura".

 
Fuente: You Tube

sábado, 7 de septiembre de 2019

Olvidar para Recordar: del Funes de Borges a la amnesia por estrés



 Dra Mariana Bendersky

Un motivo común de consulta neurológica en gente joven, súper exigida y ansiosa, que duerme pocas horas para poder trabajar más, son olvidos frecuentes causados generalmente por falta de atención.

Definir la memoria es casi tan difícil como definir el tiempo. En términos generales, diríamos que es un cambio en un sistema que altera la forma en que funciona el sistema en el futuro. Una memoria típica es una reactivación de conexiones entre diferentes partes del cerebro que estaban activas en algún momento anterior. El olvido es más fácil de definir: es la pérdida de la memoria en general o de alguna memoria específica.

A mediados del siglo XX, Borges escribió el cuento Funes el memorioso, que relata la historia de un peón uruguayo que luego de un accidente adquiere la increíble capacidad de recordarlo absolutamente todo, hasta el mínimo detalle. Tal era la incapacidad de Funes para crear conceptos generales que «le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente)». Esta memoria infinita le impedía hacer otras cosas, e incluso pensar. “Dos o tres veces había reconstruido un día entero; no había dudado nunca, pero cada reconstrucción había requerido un día entero.” Lo importante entonces es poder olvidar.  Para dar lugar a que se hagan otras memorias, en primer lugar. Para no vivir el infierno de recordar todo, de lo cual la mayor parte o no queremos o no nos sirve.

Borges ya planteaba hace más de 50 años, sólo con su imaginación y sin hacer experimentos en neurociencias, que pensar es abstraer y que para poder recordar es necesario olvidar. Quizás hubiera escuchado algo sobre un paciente del neuropsicólogo clínico ruso Luria, un “Funes” real, que podía memorizar básicamente todo lo relacionado con su vida, pero tenía problemas para identificar las características comunes, los patrones. Y seguramente, leído a Nietzsche, quien también decía que “La buena memoria a veces es un obstáculo al buen pensamiento.”

La memoria está distribuida en distintas partes del cerebro, pero hay un área específica involucrada en su formación: el hipocampo. Rodrigo Quian Quiroga, un físico y matemático argentino que trabaja en Neurociencias en Leicester, Inglaterra (muy fan de Borges, por cierto) descubrió un tipo de neuronas del hipocampo capaces de generar representaciones abstractas de conceptos. En experimentos con microelectrodos que registran la actividad de estas células, pudo comprobar que la misma neurona se activa de manera selectiva, invariante y multimodal ante un concepto en particular. Por ejemplo, disparaban cuando se le presentaban al paciente diferentes imágenes, el nombre escrito o el nombre hablado de, por ejemplo, Jennifer Anniston (por lo que a estas neuronas “conceptuales” se las conoce como las neuronas de Jennifer Anniston) En nuestro país, en la Unidad Ejecutora de Estudios en Neurociencias y Sistemas Complejos del CONICET, en Florencio Varela, Belén Gori, bióloga, termina su doctorado replicando estos mismos experimentos con personajes vernáculos, por lo que se han identificado “neuronas Carlitos Tevez” o “Diego Maradona”. Esta técnica de Registro de Neurona Individual, se realiza en pocos centros del mundo: Los Ángeles, Bonn (Alemania), Nancy (Francia) y Londres, siendo el ENyS el único en Argentina y el primero en Latinoamérica en llevar a cabo, desde el 2012 esta técnica. Apenas 300 milisegundos le bastan al cerebro humano para generar un recuerdo, el tiempo que tardan las "neuronas de concepto" en relacionar imágenes.

La habilidad del cerebro de recolectar, conectar y crear mosaicos a partir de estas impresiones de milisegundos de duración es la base de cada memoria. Por extensión, es la base de uno mismo. Nuevamente Borges nos enseña “Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.” Pero esto no es sólo poético o metafísico. Cada experiencia sensorial produce cambios moleculares en las neuronas y reconfigura la manera en la cual se conectan unas a otras. Esto quiere decir que nuestro cerebro está siempre en remodelación en base a la memoria. Esto se debe a una propiedad llamada plasticidad, la característica de las neuronas que memorizan. La memoria es el sistema mismo. La mente hace, transforma y reprime, extingue u olvida memorias.

El proceso de traer a la memoria un hecho, implica construir activamente el pasado, o al menos las partes del pasado que podemos recordar. Esta construcción activa es tan personal, que explica cómo la misma anécdota es recordada de diferente manera por gente que la vivió al mismo momento. ¿Cómo puede ser que traer un recuerdo a nuestra memoria lo cambie? Los recuerdos falsos pueden ser creados potencialmente por este proceso de recordar el pasado, de hecho, los psicólogos han implantado falsos recuerdos de manera experimental. La psicóloga Elizabeth Loftus realizó un famoso experimento en la década del ´70 en el que les mostraban a varios individuos fotos de un accidente automovilístico. Días después les preguntaron: “¿a qué velocidad iban los autos cuando se encontraron/ toparon/ chocaron/ colisionaron? ¿había vidrios en la escena? ¿había sangre en la escena?” Los sujetos que en la primera pregunta escucharon las palabras “se encontraron” respondieron que los autos iban a menos de 40 km/h, que no había vidrios rotos ni sangre. Los que recibieron “toparon” recordaron velocidades más altas y vidrios rotos, pero no sangre. Los que recibieron “chocaron”, refirieron velocidades de 60-80 km/h, vidrios y sangre. Y los que recibieron la pregunta con la palabra “colisionaron” recordaron velocidades altísimas, muchos vidrios rotos, mucha sangre y hasta personas muertas en la calle. Es decir que una palabra colocada en la pregunta modificaba instantáneamente la memoria adquirida unos días antes!!

Este “arte” profundamente inmoral de hacer que personas, o todo un pueblo, olvide sus memorias, ha sido explotado por políticos, medios y agentes de propaganda. León Gieco dice “La memoria apunta hasta matar/A los pueblos que la callan/Y no la dejan volar/Libre como el viento”. Y realmente, si la memoria hace a un individuo ser quien es, la memoria colectiva nos da nuestra identidad como pueblo, y nos evita volver a cometer funestos errores.

No hay memoria sin emociones, y esto tiene que ver con el rol de la amígdala, un pequeño núcleo del cerebro, del tamaño de una almendra que se encarga de la consolidación de la memoria, por un lado, pero también de comportamientos más primitivos y fundamentales para la supervivencia, como el miedo. Es casi imposible olvidar una memoria adquirida bajo una gran emoción: todos los argentinos sabemos qué estábamos haciendo, con quien estábamos y dónde durante los acontecimientos de Diciembre de 2001 o cuando Argentina quedó subcampeón en el mundial de 2014.


Dra Mariana Bendersky

Doctora en Medicina

Médica Neuróloga

Profesora adjunta de anatomía/UBA

Investigadora

Fuente: Linkedin

miércoles, 1 de julio de 2015

Mestizajes: Borges y la Memoria





Centre for Systems Neuroscience

Borges and memory
Second Meeting of Literature and Science - Mestizajes
Quián Rodrigo Quiroga , Centre for Systems Neuroscience (University of Leicester )

The II meeting Mestizajes on literature and science was held in Donosti -San Sebastian 18 and November 19, 2014 with the theme " Reason, intuition and imagination in science and literature."

Fuente : You Tube

lunes, 20 de octubre de 2014

Memoria, olvido y recuerdo en Psicoanálisis; a propósito de “Funes, el memorioso” de Jorge Luís Borges


 Muchas veces la literatura favorece la profundización de temáticas teóricas. En otras oportunidades son los conceptos teóricos los que iluminan la apreciación de obras literarias. A continuación el ensayo final para un ramo de Literatura y Psicoanálisis.

“Pedro Leandro Ipuche ha escrito que Funes era un precursor de los superhombres, un Zarathustra cimarrón y vernáculo”, narra Borges en el cuento “Funes, el memorioso”, publicado por primera vez en 1951. Ireneo Funes a los 19 años habría sido arrojado por un caballo a medias domado, quedando tullido sin remedio y, además, con una curiosa secuela: “Al caer perdió el conocimiento; cuando lo recobró, el presente era su percepción exacta del tiempo, su memoria casi intolerable de tan rico y tan nítido, y también las memorias más antiguas y más triviales…Nosotros de un vistazo percibimos tres copas en una mesa; Funes, todos los vástagos y racimos y frutos que comprende una parra” [1]. De ahí en adelante el protagonista se atrevía a asegurar: “Mis sueños son como la vigilia de ustedes…mi memoria, señor, es como un vaciadero de basuras”. Incapaz de pensar, de concebir ideas abstractas, generales; Funes “no sólo recordaba cada hoja de cada árbol de cada monte, sino cada una de las veces que la había percibido o imaginado…le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil), tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente)”.Para Borges, Funes no generaba pensamientos ya que “pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sin detalles, casi inmediatos”.Un ser tal, fue imaginado primero por Friedrich Nietzsche en “Sobre la Utilidad y los Perjuicios de la Historia para la Vida”, desde quien (no me cabe ninguna duda) Borges ha extraído a su protagonista. Cito ampliamente:

“Imaginemos el caso extremo de un hombre que careciera de la facultad de olvido y estuviera condenado a ver en todo un devenir: un hombre semejante no creería en su propia existencia, no creería en sí, vería todo disolverse en una multitud de puntos móviles, perdería pie en ese fluir del devenir; como el consecuente discípulo de Heráclito, apenas se atreverá a levantar el dedo. Toda acción requiere olvido: como la vida de todo ser orgánico requiere no solo luz sino también oscuridad. Un hombre que quisiera constantemente sentir tan solo de modo histórico sería semejante al que se viera obligado a prescindir del sueño o al animal que hubiera de vivir solamente de rumiar y siempre repetido rumiar. Es, pues, posible vivir y aun vivir felizmente, casi sin recordar, como vemos en el animal; pero es del todo imposible poder vivir sin olvidar. O para expresarme sobre mi tema de un modo más sencillo: hay un grado de insomnio, de rumiar, de sentido histórico, en el que lo vivo se resiente y, finalmente, sucumbe, ya se trate de un individuo, de un pueblo, o de una cultura”…“He aquí la tesis que el lector está invitado a considerar: lo histórico y lo ahistórico son igualmente necesarios para la salud de los individuos, de los pueblos y de las culturas” [2].

El pensar a Funes desde una mirada freudiana, nos permite señalar un punto conflictivo en el pensamiento de Freud referente al rol de la memoria, el recuerdo y el olvido en el aparato psíquico. Un punto de partida que permite desarrollar (al menos) dos argumentos.

Freud escribe en su Proyecto de Psicología para Neurólogos (de 1895): “Cualquier teoría psicológica atendible tiene que brindar una explicación de la memoria” [3]. Tempranamente en su obra, entonces, rescata el rol de la memoria como elemento fundamental a incorporar a cualquier teoría sobre lo psíquico.

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Una forma de leer el cuento desde lo freudiano es que Funes y su capacidad no se inscriben en un ámbito extrapsicoanalítico, sino que más bien en un terreno que se aproxima a su ideal y su objetivo en términos de cura. Mucho del psicoanálisis resuena, desde cierta lectura de un Freud investigador y arqueólogo, en esa posibilidad, esa aspiración por recordar; por colmar eso que está vaciado y oculto por la desmemoria, la represión o por recuerdos encubridores. Freud aspira en amplios momentos de su obra, a jugar al detective y recolectar pieza por pieza las evidencias tangibles de la memoria, de la reconstrucción arqueológica, histórica de sus casos, de la recreación del pasado y traspaso en imágenes lúcidas y claras sobre la memoria histórica subjetiva.

En “Recordar, Repetir y Reelaborar” [4], Freud indica sobre su técnica:

“[Su meta] ha permanecido idéntica. En términos descriptivos: llenar las lagunas del recuerdo; en términos dinámicos: vencer las resistencias de represión…[El médico]Se dispone a librar una permanente lucha con el paciente a fin de retener en un ámbito psíquico todos los impulsos que él querría guiar hacia lo motor,- y si consigue tramitar mediante el trabajo del recuerdo algo que el paciente preferiría descargar por medio de una acción, lo celebra como un triunfo de la cura.”

Reitera en sus “Conferencias de Introducción al Psicoanálisis”[5]:
“Dijimos que la tarea del tratamiento psicoanalítico puede condensarse en esta fórmula: trasponer en conciente todo lo inconciente patógeno. Ahora quizá les asombre enterarse de que esa fórmula puede sustituirse también por esta otra: llenar todas las lagunas del recuerdo del enfermo, cancelar sus amnesias. Es que vendría a significar lo mismo”. Funes refleja una “desrepresión”, una clara elucidación. Al recordar todo, Funes se convierte en el sujeto que habría cursado, por así decirlo, una “cura completa”, ideal. Pero Freud fluctúa, abre sendas y permite lecturas y énfasis diferentes, no del todo concordantes con lo que aquí se formula.
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En “La Interpretación de los Sueños” [6], Freud plantea que no se propone analizar el sueño, sino que “el relato del sueño”. Específicamente la diferencia entre un relato del sueño y otro posterior entregado por el enfermo. En la fisura del relato, el error, el olvido; ahí aparece el inconciente. En el desmoronamiento de la memoria histórica surge el inconciente, el síntoma, brindando su particularidad, su peculiaridad.

“Uno aprende que no todo cuanto considera olvidado lo está en efecto [7]”. Para Freud, sólo se recuerda lo olvidado y sólo se olvida aquello de lo cual fuimos concientes en algún momento, en algún punto recóndito e impreciso de la historia, en algún punto ya irrecuperable de lo histórico y sus evidencias positivas, evidentes y directas. Un personaje memorioso no recuerda porque nada olvida. Es sólo conciencia absorta en sí misma.

Funes nada tiene que ver, en realidad, con el recuerdo ni el pensamiento. De hecho Funes nada recuerda: sólo posee memoria histórica, es memorioso. En Funes no existe síntoma posible, no hay cabida al lapsus, el error, el sueño (sus sueños son como la vigilia de alguien normal), no hay olvido, ni recuerdos encubridores, no hay repetición ya que todo es distinto a todo, nada es igual a nada; no hay resquicio por donde pueda discurrir el sujeto. Es un no-sujeto. El recuerda cada detalle de su infancia (en términos neurológicos eso sería una hipermnesia retrógrada y anterógrada absoluta), no existe aquello que constituye al sujeto, no existe represión primaria ni cualquier otra. No hay inconciente, ya que todo el bagaje de su historia se encuentra disponible con lujo de detalles sin alteración, sin condensación ni desplazamiento. No solo olvida olvidar, sino que recuerda toda su vida como si la estuviera sintiendo a cada momento, recreable a voluntad. Podría ser, sin duda, un capítulo más en el “Libro de los Seres Imaginarios” [8] de Borges, pero sujeto no podría ser.

El Freud de “Recordar, Repetir y Reelaborar” también afirmaría [9]:

“El olvido de impresiones, escenas, vivencias, se reduce las más de las veces a un «bloqueo» de ellas. Cuando el paciente se refiere a este olvido, rara vez omite agregar: «En verdad lo he sabido siempre, sólo que no me pasaba por la cabeza»”

Sólo lo olvidado puede ser recordado. Lo que no se puede recordar jamás es aquello de lo cual nunca fuimos concientes, lo reprimido primariamente.

En conclusión, se confirma desde el Psicoanálisis la tesis Nietzscheana. Sólo olvidar habilita el recuerdo; la memoria por sí sola tiende a su propio exceso, a una saturación indeseable de lo histórico. Sin embargo, la memoria histórica se hace imprescindible: para el Psicoanálisis también es relevante la búsqueda detectivesca, arqueológica de restos, despojos, evidencias de lo psíquico anterior, con las cuales rastrear y elaborar, cual trabajo arqueológico y que Freud mismo planteara como tal desde Die Traumdeutung, de 1900 [10] .

En “Construcciones en el Análisis” Freud zanja los límites de su célebre metáfora arqueológica:

“El objeto psíquico es incomparablemente más complicado que el objeto material del exhumador, y que nuestro conocimiento no está preparado en medida suficiente para lo que ha de hallarse, pues su estructura íntima esconde todavía muchos secretos. Y en este punto termina nuestra comparación entre ambos trabajos [Arqueología y Psicoanálisis], pues la principal diferencia entre los dos reside en que para la arqueología la reconstrucción es la meta y el término del empeño, mientras que para el análisis la construcción es sólo una labor preliminar”.
El analista da cima a una pieza de construcción y la comunica al analizado para que ejerza efecto sobre él; luego construye otra pieza a partir del nuevo material que afluye, procede con ella de la misma manera, y en esta alternancia sigue hasta el final” [11]. Sólo la continuación del análisis puede decidir si nuestra construcción es correcta o inviable: “Y a cada construcción la consideramos apenas una conjetura, que aguarda ser examinada, confirmada o desestimada. No reclamamos para ella ninguna autoridad, no demandamos del paciente un asentimiento inmediato, no discutimos con él cuando al comienzo la contradice. En el curso de los acontecimientos todo habrá de aclararse” [12]. Se aleja del análisis de la “verdad histórico-vivencial” directa para dar curso a la asociación, para validarla como indicador de peso, liberándose de la necesidad de recolección del dato “arqueológico”, giro homólogo al que propondría al percatarse de que sus histéricas le mentían, misma desilusión a sus intenciones de rescatar la presencia de lo que debió siempre reelaborar, construir, recrear a partir de evidencia inicialmente dudosa e inconexa; nunca llegando a la tangibilidad de lo histórico.
Para Borges pensar es olvidar, olvidar diferencias, generalizar, abstraer; Igualar lo no-igual (según Nietzsche), otorgarle a la perpetua ruptura y fragmentariedad de todo, continuidad y permanencia. Funes al caer del caballo deja de ser sujeto, contemplando eternamente crin por crin, hoja por hoja, la sucesión eterna de lo esencialmente singular, la diferencia perpetua y radical, el funesto caos.
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BIBLIOGRAFÍA

Borges, J. L. 1999a. El Libro de los Seres Imaginarios. Alianza Editorial. Madrid

Borges, J. L. 1999b. Funes el Memorioso, contenido en La Muerte y la Brújula. Emecé Editores. Buenos Aires.

Kuspit, Donald. 1993. A Mighty Metaphor: The Analogy of Archaeology and Psychoanalysis, contenido en Sigmund Freud and Art. HNA Books. EEUU.

Freud. S, 1895. Proyecto de Psicología para Neurólogos. Obras Completas de Sigmund Freud (Standard Edition, ordenamiento de James Strachey) Extraído de versión electrónica Infobase.

Freud. S, 1900. La Interpretación de los Sueños. Obras Completas de Sigmund Freud (Standard Edition, ordenamiento de James Strachey) Extraído de versión electrónica Infobase.

Freud. S, 1901. Psicopatología de la Vida Cotidiana. Obras Completas de Sigmund Freud (Standard Edition, ordenamiento de James Strachey) Extraído de versión electrónica Infobase.

Freud. S, 1914. Recordar, Repetir, Reelaborar. Obras Completas de Sigmund Freud (Standard Edition, ordenamiento de James Strachey) Extraído de versión electrónica Infobase.

Freud. S, 1916-17. Conferencias de Introducción al Psicoanálisis. Obras Completas de Sigmund Freud (Standard Edition, ordenamiento de James Strachey) Extraído de versión electrónica Infobase.

Freud. S, 1937. Construcciones en el Análisis. Obras Completas de Sigmund Freud (Standard Edition, ordenamiento de James Strachey) Extraído de versión electrónica Infobase.
Nietzsche, F. 1874. Sobre la Utilidad y los Perjuicios de la Historia para la Vida.
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Citas
[1] Borges, J. L. 1999b
[2] Nietzsche, F. 1874. Capítulo 1, párrafo 3 y 4 (negrita es del original)
[3] Freud, S. 1895
[4] Freud, S. 1914.
[5] Freud, S. 1916-17
[6] Freud, S. 1900.
[7] Freud, S. 1901
[8] Borges, J. L. 1999a
[9] Freud, S. 1914
[10] Y rescatado explícitamente como tal, posteriormente. Por ejemplo: Kuspit, Donald. “A Mighty Metaphor: The Analogy of Archaeology and Psychoanalysis”.
[11] Freud, S. 1937.
[12] Op. Cit.


Fuente : El ombligo del sueño

sábado, 4 de octubre de 2014

PSICOLOGIA › EL RECUERDO Y EL OLVIDO, A PARTIR DE LA OBRA DE BORGES




Las cuatro memorias

Tomando como guía la obra literaria de Jorge Luis Borges, el autor discierne entre cuatro formas distintas de memoria: la del rencor, la del pavor, la del dolor y la del esplendor.

 Por Luis Kancyper *

Entre los pliegues de la “cambiante forma de la memoria que está hecha de olvido” (Borges, “Los conjurados”) distingo cuatro memorias: la del rencor, la del pavor, la del dolor, y la memoria del esplendor. Mientras que las memorias del rencor y del pavor permanecen refractarias al olvido, al perdón y al trabajo del duelar, las memorias del dolor y del esplendor integran al pasado en una diferente reestructuración afectiva espacial y temporal y propician el duro, lento e intrincado trabajo de elaboración de los duelos.

Las diferencias entre las memorias del esplendor, del rencor, del pavor y del dolor resultan elocuentes y sus efectos suelen determinar, en gran medida, la identidad del individuo y de los pueblos. En la memoria del esplendor, los recuerdos de la historia vigorizan las tres dimensiones del tiempo. El esplendor de esta memoria se basa en el hecho que la dimensión del pasado ilumina con su resplandor al presente y, al mismo tiempo, el futuro se reabre con un sentimiento oceánico y mágico a la vez. Podemos pensar que la memoria del esplendor guarda cierta semejanza con la imagen borgeana del Aleph. Es un acontecimiento en el que conviven, en un momento y espacio de fulgor y con felicidad, los tres tiempos cronológicos, sin aparente superposición ni contradicción.

En El poeta y la escritura, Borges pone de manifiesto la fugacidad de la felicidad que participa en la memoria del esplendor:

“La poesía se ha dedicado en buena parte a lamentarse; yo diría que hay un solo poeta que ha cantado la alegría presente, es el gran poeta español Jorge Guillén. Uno siente que él está cantando, que al escribir se siente muy feliz. En general se ha preferido deplorar la felicidad perdida, paraísos perdidos; en cambio Guillén ha hecho, hace gustar esa maravillosa proeza de cantar la felicidad presente, cosa que nadie parecería haber hecho. Porque en el caso de Whitman uno siente que se impuso la tarea de ser feliz, pero que posiblemente fuera un hombre desdichado. Y quizá la desdicha sea mejor material que la felicidad, porque la derrota es mejor material que la victoria, porque la derrota tiene que ser transformada en otra cosa, la desdicha también. La felicidad, en cambio, es un fin en sí mismo y no necesita ser cantada; ya es una suerte de canto la felicidad. Sus visitas son tan fugaces que debemos agradecerlas cuando llegan. Uno debe aceptar esas rachas de misteriosa felicidad y agradecerlas de igual modo que uno debe aceptar siempre la dicha, la amistad, el amor, aunque se sepa indigno de ellos”.

Mientras que el pasado, en la memoria del esplendor, arroja luz hacia el presente y el futuro, en las memorias del rencor y del pavor el pasado eclipsa las otras dos dimensiones del tiempo. En la memoria del rencor, presente y futuro permanecen hipotecados para reivindicar un injusto pasado que se reinfecta por el accionar de los resentimientos y remordimientos incandescentes y compulsivos (Kancyper L., Resentimiento terminable e interminable, Buenos Aires, Lumen, 2010).

En esta memoria diferenciamos dos tipos diferentes: la memoria del rencor comandada por resentimientos y remordimientos conscientes y manifiestos (como en el cuento “Emma Zunz”, de Borges) y aquella otra memoria del rencor en la que los resentimientos y remordimientos se hallan latentes, encubiertos o enmascarados (como en “Funes el memorioso”).

En la memoria del rencor prevalece la esperanza reivindicatoria. En cambio, en la memoria del pavor las reminiscencias traumáticas empantanan presente y futuro con un pertinaz sentimiento de desconfianza. El presente no se vive como un verdadero presente, lo que implicaría un anclaje actual y perspectivas de futuro. El mnemonista del pavor es un forastero acosado de los caminos. No puede permanecer ni pertenecer en un lugar y en un tiempo sostenidos, le resulta imposible entablar vínculos confiables.

Jorge Luis Borges en su poema “El amenazado” describe ese mismo destino infausto del mnemonista del pavor que, como pasajero en tránsito, peregrina en busca de un futuro perdido. Este poema, escrito en 1972, sería, en gran medida, un lamento de amor por el amar imposible. El narrador borgeano no puede establecerse en una relación de amor confiable porque resulta ser rehén de la pavorosa memoria del “horror de vivir en lo sucesivo”:

“Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir. Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz. La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única. ¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras, la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que uso, el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas, la serena amistad, las galerías de la Biblioteca, las cosas comunes, los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?

“Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo. Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz. Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo. Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles. Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar. Ya los ejércitos me cercan, las hordas.

(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.) El nombre de una mujer me delata.

Me duele una mujer en todo el cuerpo.”

El destino del sujeto apresado por la memoria del pavor se halla regido por el accionar inconsciente de angustias de desvalimiento y de muerte que no alcanza a domeñar, a diferencia de la angustia de castración que comanda a la memoria del dolor.

En ésta no se olvida el pasado, pero se lo admite y acepta lo perdido como lo irrecuperable y resignable, lo cual posibilita el pasaje al presente y a un futuro posibles no idealizados. En la memoria del dolor, el pasado deja de ser presente para transformarse en experiencia pasada, ya que sólo de esta manera se lo puede considerar como una experiencia útil frente al presente. En cambio, el mnemonista del rencor se posiciona como una pretenciosa e injusta víctima por las frustraciones padecidas. Frustraciones, promesas e ilusiones incumplidas que lo legitiman para detentar un poder soberbio y reivindicativo, generando en la dinámica del campo intersubjetivo una tensa atmósfera de crispación, que suele exteriorizarse de un modo compulsivo a través de la queja, el litigio, el reclamo,el reproche y la venganza.

El mnemonista del dolor, a diferencia del mnemonista del rencor y del pavor, asume, por un lado, la pérdida de una vana esperanza planetaria, y por otro lado, la asunción de una otra realidad menos idealizada pero más acotada e imperfecta. En el poema “1964” Borges enfoca en cámara lenta la existencia del dolor y de la tristeza que se presentifican durante el trabajo de elaboración de un duelo normal:

“Ya no es mágico el mundo. Te han dejado./ Ya no compartirás la clara Luna/ Ni los lentos jardines. Ya no hay una/ Luna que no sea espejo del pasado,/ Cristal de soledad, sol de agonías./ Adiós las mutuas manos y las sienes/ Que acercaba el amor. Hoy sólo tienes/ La fiel memoria y los desiertos días./ Nadie pierde (repites vanamente)/ Sino lo que no tiene y no ha tenido/ Nunca, pero no basta ser valiente/ Para aprender el arte del olvido./ Un símbolo, una rosa, te desgarra/ Y te puede matar una guitarra.

“Ya no seré feliz. Tal vez no importa./ Hay tantas otras cosas en el mundo;/ Un instante cualquiera es más profundo/ Y diverso que el mar. La vida es corta/ Y aunque las horas son tan largas, una/ Oscura maravilla nos acecha,/ La muerte, ese otro mar, esa otra flecha/ Que nos libra del sol y de la Luna/ Y del amor. La dicha que me diste/ Y me quitaste debe ser borrada;/ Lo que era todo tiene que ser nada./ Sólo me queda el goce de estar triste,/ Esa vana costumbre que me inclina/ Al sur, a cierta puerta, a cierta esquina.

“Hay tantas otras cosas en el mundo”.

En la memoria del dolor se posibilita aprender el arte del olvido, y la apropiación del dolor puede convertirse en una fuerza dinámica capaz de propiciar la reconstrucción de un sentido propio y comunitario. Los duelos comandados por el dolor y no por el rencor ni por el pavor habilitan al sujeto a dar eficazmente vuelta la página de su historia repetitiva para habilitar entonces un nuevo comienzo.

Marc Augé otorga una función fundamental al olvidar. Señala “que es necesario; tiene un papel muy activo. Porque lo que se olvida va dibujando las formas de lo que se recuerda. Es como un trabajo de escultura. Lo que queda no es un recuerdo, simplemente, sino un recuerdo trabajado por el olvido”.

La definición del olvido como labor de cincelado del recuerdo toma otro sentido en cuanto se percibe como un componente actuante y secreto que opera en la configuración de la propia memoria y Borges señala precisamente este delicado balance ente el recuerdo y el olvido en su poema “Un lector”:

“Mis noches están llenas de Virgilio,/ Haber sabido y haber olvidado el latín/ Es una posesión, porque el olvido/ Es una de las formas de la memoria, su vago sótano,/ La otra cara secreta de la moneda...”

En efecto, el olvido y la memoria se dan en forma conjunta y se condicionan recíprocamente como el anverso y reverso de las monedas.

Pero el fugitivo del pavor, como así también la víctima y victimario del rencor, se regodean en una memoria que los atenaza y que no pueden olvidar, que no pueden mantener a distancia del consciente. Los mnemonistas del pavor y del rencor permanecen inquietos en el umbral de una irrefrenable huida y despedida. Borges, en Diálogos de vida y de muerte, señala la relevancia de la despedida: “Quizás el momento de la despedida es el momento más intenso en la relación entre dos personas. Cuando uno se despide de alguien, uno está más con esa persona que si uno la ve vulgarmente. Al mismo tiempo uno sabe que ésa es la última vez. Quiero decir que en la despedida se dan a la vez la máxima presencia y la máxima ausencia, ¿no?”.

  • Miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Autor de Resentimiento terminable e interminable y otros libros.

Fuente : Pagina 12
20 de septiembre de 2012

domingo, 28 de abril de 2013

Borges y la Memoria


Funes no podía pensar

El martes 30 de marzo de 2010, el Departamento de Física de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de Buenos A organizó un encuentro sobre “Borges y la memoria”, en el que participaron María Kodama, Rodrigo Quian Quiroga, Mariano Sigman y, como moderador, Diego Golombek. El genial escritor se anticipó a los estudios de las neurociencias.


Por Susana Gallardo

Borges no sólo convirtió a la memoria en tema central de su obra sino que además pudo advertir, con gran lucidez, que una memoria excesiva interfiere con el pensar. En efecto, Borges se dio cuenta de que, para pensar, es necesario abstraer, es decir, olvidar los detalles. A esa conclusión llegaron también los científicos, pero por otros caminos. Esa coincidencia entre Borges y la ciencia fue el disparador del encuentro “Borges y la memoria”, llevado a cabo en el Aula Magna del Pabellón I, donde participaron María Kodama, el físico Rodrigo Quian Quiroga, junto con Mariano Sigman y Diego Golombek.

María Kodama, viuda del escritor y directora de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, se centró en las obras del escritor donde la memoria es tema central.

La memoria y el insomnio

“Hay sobre todo dos cuentos en los que está explícitamente planteado el enigma de la memoria”, señaló Kodama. Se refería a Funes el memorioso y La memoria de Shakespeare. Para Borges, la memoria era algo abrumador, y la memoria de Funes era una metáfora del insomnio. Si el sueño opera como un depurador de recuerdos, al no dormir, éstos no pueden eliminarse.

“Él padeció insomnio durante muchos años. Para alguien que ve, el insomnio resulta insoportable. Pero es mucho peor si el que lo padece es ciego, y se encuentra expuesto a una doble oscuridad, la de la ceguera y la de la noche”, afirmó Kodama.

En Funes el memorioso, publicado en 1944, Borges relata la historia de Ireneo Funes, un gaucho del Uruguay que había quedado tullido luego de un accidente con un caballo. Con soberbia, Funes consideraba benéfico el golpe que lo había fulminado, porque le permitía recordar todo. Pero, debido a ello, era incapaz de ideas generales.

Kodama vinculó esa historia con un hecho autobiográfico de Borges: él sufrió un accidente al subir las escaleras de la casa de una amiga; una ventana abierta le causó una herida superficial en la cabeza que lo puso al borde la muerte por una septicemia. “Funes, después de la caída, sufre una especie de iluminación que le otorga esa memoria prodigiosa. A Borges, el accidente le otorga el don de ser un espléndido narrador”, sentenció.

Continuó hallando similitudes. Al igual que Funes, Borges tenía una notable facilidad para el aprendizaje de idiomas. También tenía dificultades para dormir. Posiblemente, como Funes, al no poder abstraerse del mundo, sus noches de insomnio lo llevaron a imaginar, a sentir casi como propia, esa terrible experiencia de una memoria monstruosa.

La memoria y la identidad

El protagonista de La memoria de Shakespeare es un especialista en Shakespeare y un día conoce a un hombre que le ofrece la memoria del bardo. Él la acepta, pero poco a poco esos recuerdos van invadiendo los suyos, y pueblan sus sueños con imágenes desconocidas e indeseadas, “los palacios y cavernas de la memoria”. Finalmente, el narrador decide librarse de esa memoria perturbadora.

En esos dos relatos, la memoria es oprobiosa. Para Funes, esa memoria es la ausencia de conceptos, la imposibilidad de razonar. Para el erudito de Shakespeare, es su desintegración en la memoria del otro, la pérdida de su identidad.

Kodama hurgó luego en sus recuerdos en busca de Borges. “Desde comienzos de los 60 mi memoria guarda el emocionado testimonio del nacimiento y desarrollo de su creación literaria. Lo recuerdo cerrando los ojos como si la barrera de su ceguera, que lo aislaba de toda distracción que no fuera su pensamiento, no fuera suficiente, y necesitara apretar los párpados para que ni siquiera el pensamiento de tener los ojos abiertos pudiera distraerlo. Así, sumergido en esa doble oscuridad, permitía que la luz interior, la musa o el espíritu, fuese dando forma a lo que sería un cuento o un poema. Cuando su mano se alzaba y marcaba las sílabas en el aire, yo, desde mi silencio, sabía que comenzaría a dictarme un poema”.

La memoria y la abstracción

Por su parte, el doctor Rodrigo Quian Quiroga, profesor visitante del Departamento de Física, y profesor y jefe de Bioingeniería en la Universidad de Leicester (Reino Unido), se refirió a la memoria desde el punto de vista científico.

“Pasé aquí muchas horas de mi vida –comenzó, estudié física en esta Facultad, y cursé en esta aula al menos tres materias. Pero sólo me vienen a la memoria tres cosas: un examen parcial; una clase de álgebra con un profesor que hablaba de la criba de Eratóstenes; y, por último, un momento en una clase de álgebra lineal, que daba Adrián Paenza”.

Lo importante es que esos recuerdos quedaron en forma conceptual, abstracta. “No recuerdo detalles. No recuerdo cómo estaba vestido Paenza, y del otro profesor, ni me acuerdo el nombre, sé que era un tipo muy gracioso”, dijo.

A continuación, se refirió a Funes el memorioso, que recordaba “las formas de las nubes australes del amanecer del treinta de abril de mil ochocientos ochenta y dos y podía compararlas en el recuerdo con las vetas de un libro en pasta española que sólo había mirado una vez”. Pero Borges se había percatado de que una memoria infinita trae problemas. Funes “no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer”.

Si recordamos todo, no podemos razonar. Pero ¿qué había leído Borges para saber tanto sobre la memoria? Parte de sus influencias las describe él mismo: una enciclopedia de Plinio el Viejo, donde se mencionan casos de memoria extraordinaria. “Ciro, rey de los persas, que sabía llamar por su nombre a todos los soldados de sus ejércitos; Mitrídates Eupator, que administraba la justicia en los 22 idiomas de su imperio”.

Son casos muy lejanos, y tal vez no sean reales. Sin embargo, hay un caso científico, estudiado durante treinta años por Alexander Luria, neuropsicólogo y médico ruso. Se trata del paciente Solomon Shereshevskii, que poseía una extraordinaria capacidad para recordar.

Luria lo trató en el Instituto de Psicología de Moscú, y le realizó innumerables pruebas. Le mostraba largas listas de números, palabras, ecuaciones. Solomon siempre los repetía sin errores. Un día le mostró una tabla con números consecutivos. Él la memorizó, y la repitió sin error, pero no se dio cuenta de que eran números consecutivos. Así, el científico ruso concluyó que la enorme memoria de su paciente limitaba su capacidad de pensar. He ahí el paralelo con Borges, que había dicho que Funes no podía pensar.

Luria dio a conocer la historia de su paciente en 1968, mientras que Borges había publicado el cuento en 1944. No pudo conocer al paciente de Luria, pero sí conocía a William James, que en 1890, en su obra El principio de la psicología, afirmaba que, si recordáramos todo, estaríamos tan discapacitados como si no recordáramos nada. Es decir, para poder recordar, es necesario poder olvidar.

Percepción y atención

Quian Quiroga realizó algunos experimentos con el público para dar evidencia de que la atención guía nuestra percepción. Mostró dos imágenes casi idénticas, en forma consecutiva; la segunda presentaba un cambio respecto de la primera. Pero muy pocas personas lograron percibir el cambio, a pesar de que las imágenes fueron mostradas varias veces. La causa es que no procesamos toda la información que entra por los ojos.

Luego mostró un video donde dos grupos de estudiantes se pasaban una pelota de básquet. Unos tenían remera blanca, y otros, negra. El público debía contar los pases de los estudiantes con remera blanca. Era complicado porque los jóvenes se movían todo el tiempo, y se cruzaban con los de remera negra.

No todos los asistentes contaron el mismo número de pases. Pero todos coincidieron en no percatarse de la presencia en escena de un gorila. El mecanismo de atención, que estaba concentrado en los estudiantes de remera blanca, impidió ver al gorila negro.

El hipocampo

Otra clave para la memoria la aportó el paciente HM. Fue estudiado por más de cien científicos, durante unos 50 años. Luego de un accidente en su infancia, había empezado a padecer crisis epilépticas cada vez más intensas, que no podían ser controladas con medicación.

En 1953, como se sabía que el hipocampo se relaciona con la epilepsia, HM (que tenía 27 años) fue sometido a una cirugía experimental, en la que le fue removido el hipocampo. La epilepsia se redujo, pero hubo una consecuencia no prevista: no podía formar nuevos recuerdos.

“Hoy día se sigue operando el hipocampo, pero se saca uno solo, nunca los dos”, dijo Quian Quiroga. Para saber cuál de los dos se puede quitar, los pacientes son sometidos a estudios mediante electrodos colocados en el cerebro. “Esto nos permite tener registros intracraneales, y ver la actividad de las neuronas en el cerebro de seres humanos”, destacó.

Dado que el hipocampo tiene conexión con un área de la corteza cerebral que procesa estímulos visuales, el investigador, mediante un experimento, se propuso comprobar si las neuronas del hipocampo respondían a imágenes que los pacientes podían ver en un monitor. Se trataba de fotos de personajes populares del espectáculo, el deporte o la política.

Cada paciente respondía a las imágenes de una figura en particular, pero no a las otras. Por ejemplo, un paciente no respondía ante el rostro de Brad Pitt o de Ginóbili, pero sí respondía a las fotos de Maradona, o de la actriz Jennifer Aniston.

Los investigadores confirmaron que la respuesta no se vinculaba con la percepción de un color determinado o con una foto o expresión en particular. Mostraban fotos muy diversas de una figura, y el resultado siempre era el mismo. Lo mismo sucedía si la imagen estaba distorsionada, o si era una caricatura.

También probaron con el sonido del nombre de la figura, o con la imagen gráfica de ese nombre y, en todos los casos, las neuronas respondieron. La conclusión es que esas neuronas tienen una representación abstracta de la figura en cuestión, así pueden responder no sólo a su foto, sino también a una caricatura, o a su nombre tanto en representación fónica como gráfica.

“Esas neuronas del hipocampo no hacen reconocimiento visual ni auditivo, y no guardan memoria, que se almacena en la corteza cerebral. El hipocampo es crucial para generar nuevas memorias, para convertir lo que percibimos en nuevas memorias. Esas neuronas hacen el puente entre la percepción y la formación de memorias”, sostuvo Quian Quiroga.

Entonces esas neuronas no responden a una imagen, sino al concepto. Es así porque, para formar memorias de largo plazo, tendemos a perder detalles, a conceptualizar, a abstraer.

“Borges lo describió de manera genial cuando dice de Funes: ‘No sólo le costaba comprender que el símbolo genérico ‘perro’ abarcara tantos individuos dispares de diversos tamaños y diversa forma; le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente)’.”

Lo que le falta a Funes es la memoria del hipocampo. Borges dice: “Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos”.


Fuente: El Cable Nro. 743
Facultad de Ciencias Exactas y Naturales - Universidad de Buenos Aires - Argentina