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domingo, 26 de julio de 2020

Borges en Cali



 
En agosto de 1965, la revista Cromos publicó una entrevista de José Pardo Llada al escritor argentino Jorge Luis Borges. Su visita al país había corrido por instancias del Ministro de Relaciones Exteriores de Argentina en un raudo recorrido por la capital colombiana, Medellín y Cali; ciudad escenario del documento que presentamos hoy a propósito de los 30 años de su deceso. Con el título sugestivo Pregunto Jorge Luis Borges en Cali: ¿Todavía hay alguien que lea La “María” ?, encontramos una variedad de referencias interesantes en el contexto de su situación de incapacidad visual, y el acertado dominio temático del entrevistador al poner a su figura central a incitar con sus respuestas a la polémica.


Borges está casi ciego. (“Dios con magnífica ironía, me dio a la vez los libros y la noche”) Solo ve formas vagas, siluetas, colores violentos.

-Esta mesa me parece roja…? ¿O más bien no será color cereza?

Como no ve, se deleita en los goces de la memoria y el pensamiento. La ceguera le concede una expresión puramente espiritual, siempre como ausente y desvaída. Alguien dijo que tenía “aspecto de náufrago”. Conmueve ver el rostro de este hombre, de rasgos hermosos, piel rosada como de niño, y ojos azules, muy claros, de un brillo raro y fascinante.

Luego de acompañarlo durante toda su escala en Cali, escuchándolo siempre, provocando sus juicios lúcidos, ingeniosos, sorprendentes, comprobé que Borges utiliza a veces su ceguera como pretexto defensivo:

-No, no sé nada de literatura actual de Colombia. Hace doce años que no leo ni escribo…

-Sí, conozco a Sartre, pero apenas lo he leído. Ud. Sabe la vista…

Pero Borges se pasa el tiempo escuchando la lectura de libros en la voz de su madre doña Leonor Acevedo de Borges o de su amigo y secretario Adolfo Bioy Cáceres.
-Compro libros, muchos libros. El dinero que gano con mis libros, lo gasto comprando libros. Y ahora están muy caros…
  
Escuchando a Borges, da la impresión de haberlo leído todo. Y su memoria es fabulosa. Le pregunté si era cierto que había dicho alguna vez que “escribir en español era como cantar debajo de la ducha”.

-No yo no he dicho eso. Ud. debe haberlo leído en una entrevista que me hizo un joven periodista cubano en New York…

-Si Bernardo Viera…

-Es su amigo?

-Sí, un viejo y querido amigo…

-Entonces no hay que rectificarlo. Además, la frase está bien, es graciosa.

-En aquella entrevista Ud. Condenaba enérgicamente el comunismo y su bárbara expresión americana: el castrocomunismo.

-Sí, y lo repetido muchas veces. He tenido siempre una posición muy clara frente a Castro y el comunismo. Lo mismo que hace años frente al nazismo. Yo estoy contra todas las dictaduras. Las dictaduras fomentan la opresión, el servilismo, la crueldad, pero lo más abominable de todo es que fomentan la estupidez.
 
    A Borges se le señaló el año pasado como uno de los candidatos al Premio Nobel de Literatura, en el grupo finalista de donde fue escogido Jean Paul Sartre.

- ¿Profesor, si a Ud. le concedieran el Nobel, lo rechazaría como Sartre?

-Por supuesto que no. Cobraría los 50 mil dólares con muchísima codicia…

-Eso significa que no comparte Ud. ¿La filosofía de Sartre?

-Bueno… ¿A “eso”, podríamos llamarlo “filosofía”?
Borges, que es un hombre de absoluta honestidad intelectual, se siente obligado a una aclaración:

-Personalmente yo agradezco al Sr. Sartre referencias a mis libros, pero le confieso que no me gusta Sartre.
v  
Borges “descubrió” rápidamente mi acento antillano.

-Ud. no es colombiano, no habla como colombiano.

-Soy cubano y exiliado.

-Ah, ¡pobre Cuba!

Y luego:

-Allí vivió Hemingway. ¿Le conoció Ud.?

-Bueno, le vi varias veces…, era una figura popular en la Habana.

- ¿Era un hombre corpulento?

-Sí, alto, fornido, macizo.

Y Borges insiste en preguntar sobre Hemingway. ¿Cómo vestía? ¿Tomaba mucho? ¿Era bonita su mujer? ¿Quiénes eran sus amigos?  Hablaba bien el español? ¿Es cierto que ganaba mucho dinero?

Tanto interés por Hemingway me hizo pensar que Borges lo admiraba. Así se lo dije y contestó:

-Nunca entendí ese empeño de Hemingway en exaltar la violencia. No creo interesante hacer héroes de “gangsters” y boxeadores…

-Bien, maestro, pero también en algunos de sus cuentos –“Hombre de la esquina rosada”, “El asesino desinteresado”. “El espantoso redentor”- Ud. Hace la exaltación de los hombres de coraje: Francisco Real, Billy the Kid, Lazarus Morell…

-Si seguramente que sí, pero esos cuentos no los volvería a escribir. Fueron publicados en 1933; entonces yo era joven. Además, en mi tiempo, los “guapos” o “cuchilleros” de Buenos Aires no eran “gangsters”, no mataban por negocio, como los héroes de Hemingway. Eran unos “guapos desinteresados”, que practicaban el lujo del coraje, se mataban por honor. Conocí a uno de ellos, muy fino, que me decía: “Yo he ido muchas veces a la cárcel, señor Borges, pero le juro que fue siempre por homicidio, nunca por robo ni estafa…”
  
Borges no gusta expresar opiniones sobre escritores en español. Pero no parece estimar mucho a los escritores argentinos contemporáneos. (“En la Argentina pasamos del francés al inglés y del inglés a la ignorancia”). Pero cuando ofrece algún juicio, es siempre objetivo, desapasionado y exacto.

-Baroja me pareció bien cuando lo leí de joven. Ya no. Baroja era médico y los médicos no son muy buenos escritores. Otro escritor médico, Arturo Conan Doyle, tuvo el buen gusto de ironizar a sus colegas de profesión, presentando al Dr. Watson casi como un tonto. No me puede gustar Baroja, me parece mal que un escritor presuma de no escribir bien, que exhiba ostentosamente su propio descuido. Además, en las novelas de Baroja no pasa nada. La trama se limita apuros cambios de domicilio. Y sus personajes violentos no existen. Aquel célebre “Zalacaín el Aventurero”, era un hombre absolutamente tranquilo y burgués.
“la María” de Jorge Isaacs.

- ¿Pero es que todavía algún joven en Colombia lee la “María? Eso, para mí, es como un recuerdo romántico, de los más viejos, de los muy viejos…
“La Vorágine” de Rivera es una gran novela americana. Su retórica barroca es adecuada para retratar el paisaje de la selva. Leyendo “La Vorágine”, tan fuerte, tan expresiva, uno comprende la flojedad y blandura de nuestro “Segundo Sombra” de Guiraldes.
“La mejor novela argentina, y no me gusta la palabra “mejor”, debe ser “Facundo” de Sarmiento y el “Martín Fierro” que es también una novela”.

 
Le mencioné a Borges algunos escritores cubanos: Mañach, Baquero, Carpentier. Dijo no conocerlos (Volvió a repetir que hace doce años no lee ni escribe). Al poco rato rectificó.

-En Buenos Aires conocí a un escritor cubano, Virgilio Piñera. Escribe cuentos, y lo hace bien, muy bien…

En Cali, Borges disertó sobre “poesía gauchesca” -Echavarría, Estanislao del Campo, Almafuerte, los payadores- pero en la charla confesó sus admiraciones universales:

-Verlaine es el más grande de los poetas. Muchos piensan que decir esto es anticuado, pero los poetas que vinieron después de Verlaine son todavía más anticuados. En la Argentina, ¡nos pasó algo parecido con Lugones! El viejo maldito se nos adelantó a todos. 
 
Borges, el más grande escritor contemporáneo en idioma español -traducido a más de veinte idiomas- no ha escrito una sola novela. Su obra se compone de cuentos cortos, poemas, ensayos, relatos fantásticos:

-No, yo no tengo “obra”. Lo mío son cabos, trocitos…

- ¿Y por qué no ha escrito una novela?

-Porque no la sabría escribir. Además, no confió en la novela: terminará por acabarse, como se acabaron los dramas de cinco actos. Me gustan Tolstoi, Dickens, Flaubert, pero no creo que ya puedan escribirse grandes novelas. El cuento es mi género preferido. La novela puede desaparecer, el cuento no. Si el cuento se escribe como lo escribieron Kipling y Stevenson, puede tener más densidad que la novela.

-De sus cuentos, ¿cuál recuerda con más cariño?

-El “Aleph” no me parece mal… Allí retraté -con otro nombre, por supuesto- a una mujer de la que vivía enamorado. La llamé Beatriz Elena Viterbo. Era una mujer terriblemente cursi; no sé cómo llegué a enamorarme de ella…

- ¿Y por qué no se ha casado?

-Porque me he enamorado muchas veces.

-Es verdad que abomina su cuento más famoso, ¿“Hombre de la esquina rosada”?

-No he vuelto a leerlo más nunca. Me parece de excesivo color local. Allí planteé una situación falsa, puramente cinematográfica. Los “matones” no actúan como aquel Francisco Real de mi cuento. Son más taimados, más astutos, más hipócritas, menos espectaculares.
Ahora Borges escribe letras de tangos y milongas.
¿Y por qué maestro?

-Esos siempre han sido temas míos. Tengo verdadera afición por la mitología del arrabal de Buenos Aires.

- ¿Y qué dirán de estas letras de tangos, los que lo han llamado a Ud. “escritor para escritores” aludiendo a su estilo, a veces difícil?    

-No me interesan lo que digan. Además, yo no aspiro a ser un escritor para escritores. Con ser escritor, basta. Cuando yo escribo, sobre todo ahora, trato de evitarle dificultades al lector. Cuando empecé a escribir, como todos los principiantes, presumía de un vasto vocabulario, abundaba en arcaísmos y neologismos. Ahora trato de escribir de modo que las palabras no distraigan del sentido y de la emoción. Trato de hacer más fácil la lectura. Pero, realmente, yo nunca he escrito pensando que me lean. Una novela, o un cuento, es como una carta que uno escribe a algunos amigos. Con las letras de mis tangos y milongas, no aspiro al aplauso de mis contemporáneos, sino a la aprobación de mis antepasados.
“Tal vez la verdadera literatura es la que se hace con la memoria heredada. Yo no entiendo esa teoría socialista de que la literatura debe captar los problemas actuales. De eso debe ocuparse el periodismo. Homero y Shakespeare escribieron sobre hechos acecidos muchos años o siglos antes. Quizás, para ser escritor, haya que repetir con Kipling: “Un escritor si tiene suerte, está dado a escribir fábulas”. Pero no se sabe cuál va a ser la moraleja de esas fábulas”
  
 Borges ve algo de noche. Ayudado por unas gafas de cristal opaco, como empañado, me dijo que algunas veces asiste a sesiones de cine. (“De joven yo era un fanático del cine. En mis primeros cuentos hay mucha influencia cinematográfica”).

-He visto en estos últimos años muy pocas películas. Pero “Lawrence de Arabia” me parece memorable. Además, ahora escribo guiones cinematográficos. Ya han hecho alguna película con algunos de ellos. Dicen que no ha quedado del todo mal.

Llevé a Borges a distintos lugares de Cali. Invariablemente cada vez que se bajaba del auto, preguntaba:

-Dígame, ¿dónde estamos? ¿al norte?  ¿al sur?
Esta curiosa manía de orientación, es pareja a su gusto por paladear las palabras. Borges se recrea con las palabras.

-Qué bello que digan en Colombia oriente y Occidente, y no Este y Oeste como en la Argentina. Este y Oeste es feo. Tal vez no tanto Oeste, por su leyenda. Pero sí Este. Es también bella la palabra “Sur”.

Le obsequié un dulce de “fruta bomba” (“papaya” en Colombia) y preguntaba como un niño:

- ¿Papaya? ¿Y qué quiere decir este nombre? ¿No será de origen indio?
Repite los apellidos, los nombres:

-Conocí hoy a un señor Julio Chiclana, nombre magnifico…
  
Había leído que a Borges le nombrarían profesor Eméritus de la Universidad de Oxford. Le pregunté sobre la distinción en la vieja y tradicional universidad inglesa:

-No, no. Debe haber leído que en estos días el Imperio Británico me concede un alto honor oficial, que por cierto ha servido para que mis amigos en Buenos Aires me llamen en broma “Sir George”.
“Estos homenajes -siempre injustos- no me causa sino sorpresa, pero a mi madre tan ancianita le llenan de orgullo. Ud. comprenderá que la única persona que considera seriamente que yo soy todo un “Sir ingles” es mi pobre madre…

En ese momento me pareció Borges un hombre tremendamente triste y recordé sus versos cuando le nombraron -ya ciego- Director de la Biblioteca Nacional:

“Nadie rebaje a lágrima o reproche esta declaración de la maestría de Dios, que con magnífica ironía, me dio a la vez los libros y la noche. De esta ciudad de libros hizo dueños a unos ojos sin luz, que solo puedan leer en las bibliotecas de los sueños…      

Referencia e imagen

Preguntó Jorge Luis Borges, ¿Todavía hay alguien que lea La “María” ?, Entrevista José Pardo Llada, Revista Cromos, Agosto 9 de 1965.

Fuente: Yamidencine


lunes, 23 de septiembre de 2019

Jorge Luis Borges, frente al mar de Cartagena



 
GUSTAVO TATIS GUERRA

Jorge Luis Borges tenía 79 años y María Kodama 41 cuando se hospedaron en el séptimo piso del Hotel Capilla del Mar de Cartagena de Indias, el 19 de noviembre de 1978. La firma pequeña y nerviosa del genial escritor, cuyos 120 años de natalicio acaban de conmemorarse, reposa en el libro de huéspedes ilustres de ese hotel frente al mar de Bocagrande. Al mirar la letra del autor de El Aleph y Ficciones, me enmudece el milagro de la fugacidad: Borges, de saco y corbata, con un bastón, inclinado ante ese libro de pasta negra y letras blancas junto a María Kodama, ella con el cabello suelto hasta sus hombros. Borges le había prometido que vendrían a Cartagena, una ciudad que al escritor le había fascinado cuando la visitó por primera vez, en 1963. Le hablaba de la ciudad a María Kodama, del mar y de las murallas, y ella estaba ansiosa en Medellín por conocer Cartagena.

Al revisar el libro de huéspedes, descubrí que en otra habitación de ese mismo hotel se había hospedado Gabriel García Márquez el 12 de agosto de ese año.

Cartagena aún no acaba de salir de sus fiestas. Hacía una semana, con danzas y comparsas en sus calles y reinas de belleza en carrozas multicolores, celebraba 167 años de haberse independizado de España. Frente al balcón de la habitación de Borges, se veía el mar. Y María Kodama, su menuda y bella compañía, le nombraba casi en susurros los colores del paisaje. Los únicos que lograron entrevistar a Borges en su travesía por Medellín y Cartagena fueron los periodistas Jairo Osorio Gómez y Carlos Bueno Osorio, de Medellín, quienes viajaron con el poeta y estuvieron con él en las dos ciudades. La noche anterior lo habían llevado a la Casa Gardeliana. Tuvieron un privilegio inigualable porque además le hicieron las únicas fotos de Borges en Cartagena y Medellín, y de esa experiencia escribieron un libro que titularon Borges, memoria de un gesto. Yo estaba terminando mi bachillerato cuando Borges llegó a Cartagena. Curiosamente, dos años antes de ese acontecimiento, yo había cambiado un libro de cuentos de Borges por el único libro de cuentos de Juan Rulfo, a quien no había leído. Muy pronto, en circunstancias curiosas, encontré la foto de Borges que los periodistas habían hecho en Cartagena y la conservé durante tantos años, sin saber que había sido tomada en Cartagena en 1978. La enmarqué y la dejé en un lugar de la casa en donde la mirada de Borges parece contemplarnos a todos con ese destello profundo de ternura y sabiduría. Un día uno de mis hijos, muy niño, me preguntó quién era ese abuelito elegante que estaba en la foto, y le expliqué que se trataba de uno de los mejores escritores que ha nacido en este continente y uno de los más grandes de la historia de la literatura de todos los tiempos. Más tarde le expliqué con calma. Tal vez Borges es el que más alto voló y en una dirección distinta e inusitada, con una vocación de universo propio, convirtiendo la poesía, el cuento y el ensayo en formas supremas del arte y el pensamiento. Los cuatro tomos de su obra total me parecen una prodigiosa e inagotable aventura de la imaginación y la sensibilidad humana. A las siete de la noche de ese 19 de noviembre, tocaron a la puerta de la habitación de Borges y quien abrió la puerta luego de un largo silencio fue el mismo Borges, tocó las paredes de la habitación hasta adivinar el pomo de la puerta. María Kodama estaba en una habitación contigua a la de Borges. El 26 de abril de 1986 se casarían en Asunción, Paraguay. Así que los dos muchachos que tocaban la puerta eran los dos periodistas antioqueños de la noche anterior en Medellín. Y Borges los recibió con el júbilo de un abuelo feliz. María Kodama se impresionó cuando vio a los muchachos conversando con Borges. Allí estuvieron dos horas, hasta que llegó el historiador cartagenero Eduardo Lemaitre a saludar a Borges. Y la conversación de Lemaitre con Borges, qué curiosidad, fue García Márquez. Y Borges dijo dos cosas sabias y llenas de humor. Dijo que le habían leído cincuenta años de soledad y le había parecido una novela fenomenal. Al referirse al escritor, dijo que estaban en orillas distintas: él en la izquierda y él en la derecha, pero esperaba que en cien años ya nadie pensara en ser de izquierda o de derecha, sino en ser un habitante de este planeta, sin el sentido pernicioso de las fronteras y los países.


Borges despidió luego a Lemaitre hasta la recepción junto a María Kodama. Reinaba un inmenso silencio en los pasillos del hotel en la noche. Borges le dijo a los muchachos que se sabía de memoria el Nocturno de Silva y había leído la novela La vorágine, con la sensación de haber entrado en un laberinto de pesadilla. Sobre Vargas Vila dijo que era mejor olvidarlo. Al despertar le preguntó a María Kodama de qué color había amanecido el mar de Cartagena. Salieron a caminar por el malecón y las avenidas de Bocagrande. Borges le dijo a María Kodama que quería que ella viera las murallas. Y que en un instante, él pudiera tocar aquellos cubos de piedra donde España amuralló los tesoros ancestrales.

Los ojos vivaces de Borges no eran los de un ciego, sino los de un clarividente iluminado y enaltecido por la luz de Cartagena. Cada sílaba que pronunciaba era una música que acariciaba sus sentidos.

Epílogo

María Kodama le recordó la corbata para la foto con los muchachos, pero Borges prefirió salir así, cruzado de brazos, sereno y feliz, abotonado hasta el cuello. La cabellera plateada estaba sacudida con la brisa que venía del mar.

Fuente: El Universal  -  Mexico

sábado, 21 de septiembre de 2019

CRUZAR LA CALLE CON BORGES Y CON LAS




 Por Eduardo González Viaña


¿Ha intentado usted en Lima cruzar la avenida Abancay en una hora punta con los ojos vendados?

No. Usted parece, pero no está loco. En julio de 1975, Jorge Luis Borges y Luis Alberto Sánchez cruzaron de manera similar la carrera (avenida) 10 de Bogotá para entrar en el hotel Tequendama donde se alojaban. Se realizaba allí un encuentro de escritores y críticos latinoamericanos.

Antes de ejecutar la proeza, ambos habían estado recorriendo a pie el centro de la hermosa capital colombiana. Los acompañaba Leonor Acevedo Suárez, la madre de Borges, quien hacía de lazarillo, porque el genial narrador y poeta argentino era completamente ciego.

Justo antes de llegar al cruce, doña Leonor descubrió un conjunto de llamativas tiendas que no podía dejar de conocer.

- Me voy a hacer compras. - dijo de pronto y le pidió, o acaso le ordenó, al peruano:
- Luis Alberto, por favor, tome de la mano a mi Jorge Luis y condúzcalo al hotel Tequendama.

Allí comenzó la aventura.

Como se sabe, en estos días se está rindiendo homenaje a los 120 años del gran creador de ficciones Jorge Luis Borges de quien muchos dicen, y yo me sumo a ellos, que podría haber estado entre los autores de la Biblia.

Los temas y motivos sobre lo que escribió son una obsesión humana: los espejos, los laberintos, los libros inventados, la búsqueda del nombre real de Dios y de los hombres y, por fin, la dimensión del tiempo circular e inconcebible frente a la latitud de la eternidad.

Nadie ha producido creaciones como las suyas en el siglo XX ni argumentos tan simétricos y asombrosos. Su prosa limpia, casi desnuda, tiene la capacidad de sugerir contenidos y mundos que van más allá de la palabra.

Se cuenta que una mañana de octubre de 1967 daba su clase de literatura inglesa cuando entró en ella un estudiante para ordenarle que la terminara para rendir homenaje a un gran personaje histórico.

“Si no se va, le corto la luz”. - amenazó el estudiante. Respondió Borges:

-He tomado la precaución de ser ciego esperando este momento.

Con más de un centenar de libros en su haber, Luis Alberto Sánchez es el escritor más prolífico del Perú. Sus temas abarcan crítica literaria, crítica histórica, historia, biografía novelada, ensayo, novela y poesía.

Tres veces rector de la Universidad de San Marcos, vicepresidente de la república, senador, diputado y ministro, alternó todas estas ocupaciones con una efervescente e incansable vida a la que sumaron campañas políticas y largos destierros.

Con razón, se le ha llamado el Doctor Océano. Se cumplirán 120 años de su nacimiento el 2020.

En una ocasión que presidía el Senado, el representante Manuel Ulloa quiso tomar la palabra interrumpiendo a alguien que lo hacía en esos momentos. Sánchez lo atajó:

-Tiene usted que esperar. - dijo y añadió: -El senador Ulloa no tiene corona… aunque pronto la tendrá.

Se refería al hecho de que Ulloa se había casado recientemente con una duquesa europea.

¿Qué pasó frente al hotel Tequendama? LAS tomó de la mano a JLB y lo hizo cruzar. Al llegar a su destino, le pidió que lo acompañara al bar:

-Ya se que usted es abstemio. Puede tomar una Coca Cola, pero yo prefiero un whisky.

-¿Por qué?

-Porque usted es ciego…y yo también lo soy.

Me lo contó Luis Alberto.

Fuente: El Correo de Salem

domingo, 8 de septiembre de 2019

Para qué leer: Una conversación con Jorge Luis Borges - 1963


 Jorge Luis Borges en su primera visita a la HJCK en 1963. A su lado, Álvaro Castaño.


Por: Álvaro Castaño

En esta entrevista de 1963, una de las primeras que Borges concedió en Colombia, el escritor argentino olvida uno de sus poemas mientras lo recita. Álvaro Castaño, emocionado, intenta secundarlo, pero como un hechizo, nadie logra recordar "Soneto a Buenos Aires".

Borges, envuelto en la penumbra de su ceguera, no puede leer los versos escritos en el libro que acaban de ponerle en sus manos. Castaño le propone que recite Soneto a Buenos Aires, piensa que el argentino se lo sabe de memoria. Casi nadie habla, al principio por la sorpresa de tener a Borges en la emisora y después porque en el aire flota una sensación de pena por el nerviosismo del escritor argentino. “No se preocupe”, se anima a decirle Castaño. Borges voltea su rostro hacia la voz y comienza a recitar el poema: “Y la ciudad, ahora, es como un plano / De mis humillaciones y fracasos; / Desde esa puerta he visto los ocasos / Y ante ese mármol he aguardado en vano”. El desasosiego que había en el estudio desaparece. Castaño sigue cauteloso la intervención para recordarle cualquier palabra, cualquier frase olvidada. Entonces pasa: Borges se calla de repente, aprieta el bastón con ambas manos y le da un golpecito a la mesa: olvidó la parte que seguía.

Castaño busca los ojos de Borges, pero solo encuentra una cabeza gacha, hace un esfuerzo inútil por acudir a su memoria y recordar el pasaje que sigue, pero él también lo ha olvidado. Sale corriendo de la cabina y llama a una de sus amigas adicta a la obra del argentino, una amiga que, como él, se jactaba de saber de memoria los poemas de Borges. Ella también lo ha olvidado. Parece un hechizo, piensa Castaño, y cuando cuelga el teléfono ve a Borges salir del estudio, bajar por las escaleras y desaparecer de la mano de su asistente. La grabación sigue rodando: se escuchan pasos alejándose, como caminando a un abismo y luego el silencio.

Solo bastó que Jorge Luis Borges dejara la emisora para que Castaño recordara: “Aquí la tarde cenicienta espera / El fruto que le debe la mañana; /Aquí mi sombra en la no menos vana/ Sombra final se perderá, ligera”. Ese momento quedó grabado en el casete número 24. Uno de los tesoros mejor guardados por Álvaro Castaño







Fuente: HJCK  -  Foto: Archivo HJCK