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sábado, 24 de agosto de 2019

Borges 3.0: ¿el escritor "inventó" el smartphone y los e-books?





Para él la ficción avanza sobre la realidad. Cómo sus ideas funcionan con fuerza en tiempos de Google.

Daniel Mecca

Les propongo que imaginemos esta posibilidad: los nazis han derrotado a los aliados en la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos fue invadido y repartido entre los vencedores. En esta realidad los alemanes anexaron la costa atlántica bajo un régimen de terror, mientras que los japoneses han hecho lo mismo con la costa del pacífico. De repente, en este mundo, todos empiezan a hablar de un libro de ficción misterioso que trata de un mundo donde los americanos... han ganado la guerra.

La trama es de El Hombre en el Castillo, una novela de Philip Dick nítidamente borgeana. Como ha dicho Ricardo Piglia, en Borges —de cuyo nacimiento se cumplen 120 años este 24 de agosto— no opera la idea de cómo la realidad entra en la ficción sino, por el contrario, cómo la ficción penetra en la realidad. En otras palabras, cómo la ficción coloniza lo real. En este libro, así, el escritor estadounidense Philip Dick (conocido popularmente por Blade Runner) irrumpe con fuerza la idea de mundos alternativos y paralelos.


Universos paralelos, “descensos infinitos”, sueños dentro de sueños, libros virtuales que contienen todos los libros: todo apunta a indagar sobre el “Borges 3.0”, es decir cómo se vinculan sus ideas emblemáticas—sobre todo los de los años 40 con los libros Ficciones y El Aleph— en los tiempos de los smartphones, google, ebooks y las apps.


Veamos: la teoría de los universos paralelos plantea la posibilidad de infinitos universos simultáneos. Esto proviene de la física cuántica. Para no hacerla complicada: dentro de las leyes de la mecánica clásica –Newton mediante– se puede medir un valor único (digamos la trayectoria de una pelota de fútbol), pero en las partículas cuánticas es diferente: en lugar de tener una posición definida de la partícula en forma perfecta, se tiene una distribución de probabilidades ya que cada una puede estar en todos los lugares a la vez.

En otras palabras, cuando se hace la medición de las partículas microscópicas sólo se obtiene uno de todos esos estados posibles, pero las otras posibilidades que “desaparecieron” están ocurriendo en realidad en universos paralelos. Borges trabaja precisamente esta idea de El jardín de senderos que se bifurcan.

En este cuento, Borges narra la historia del espía del ejército alemán Yu Tsun quien, desde Inglaterra y perseguido por el implacable capitán Richard Madden, necesita comunicar a Berlín la ciudad que deben atacar. Acorralado por Madden, el protagonista idea su plan: encuentra en la guía telefónica el nombre de Stephen Albert, un sabio sinólogo cuyo apellido era igual a la ciudad que los alemanes debían bombardear. El plan era asesinarlo (finalmente lo fulmina de un balazo, con la única bala que tenía en el revólver). Los alemanes comprenderían el cifrado mensaje.

Veamos un poco más de la trama (ojo, sin entrar en spoilers): En los momentos previos a ser asesinado, el sabio reconoce que su asesino es bisnieto de un antiguo gobernador de China que había dejado todo para edificar un laberinto “donde se perdieran todos los hombres” y escribir una novela, El jardín de senderos que se bifurcan, la cual, tras publicarse, fue tratada de insensata ya que allí ocurrían todos los desenlaces, todas las posibilidades a la vez.

“Su antepasado ---le dice Albert a Yu Tsun-- creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades. No existimos en la mayoría de esos tiempos; en algunos existe usted y no yo; en otros, yo, no usted; en otros, los dos. En este, que un favorable azar me depara, usted ha llegado a mi casa; en otro, usted, al atravesar el jardín, me ha encontrado muerto”.

Publicado originalmente en 1941, este cuento se adelanta 16 años a la llamada Interpretación de los muchos mundos. En rigor, el primero en hablar de "multiversos" (en vez de "universo") fue el filósofo estadounidense William James, en 1895, a quien Borges, efectivamente había leído (como así también a su hermano, Henry James). Esta idea de los universos paralelos también se usa en Rick and Morty, una serie que presente una visión punk, trash, de la astrofísica.

¿Era el Aleph un teléfono inteligente?

Pero pasemos a El Aleph, otro cuento clásico de Borges, incluido en el libro del mismo nombre de 1949. El texto parte de la muerte de Beatriz Viterbo —la mujer del Borges que es personaje del cuento— en una candente mañana de febrero. Ella era alta, frágil, muy ligeramente inclinada, de graciosa torpeza, como un principio de éxtasis.

El misterio, tras esa muerte , va a ocurrir en una casa de la calle Garay, en Constitución, donde vive el primo hermano de ella, Carlos Argentino Daneri. Beatriz Viterbo había muerto en 1929; desde entonces Borges no dejará pasar un 30 de abril, día de su cumpleaños, sin volver a esa casa.

En el sótano de la casa, en la parte inferior del escalón, hacia la derecha, hay una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Es "el Aleph". Al principio —dice Borges al ver este objeto— la creyó giratoria; luego comprendió que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño.

¿Era el Aleph un smartphone? Guillermo Martínez, autor del libro Borges y la matemática, razona ante Clarín que en realidad en el Aleph están todas las imágenes a la vez, simultáneamente, pero su enumeración, forzosamente, es sucesiva. Es un lugar que es todos los lugares. Así, la esfera (el Aleph) parece tornasolada por la simultaneidad de lo que aparece a la vista. En un teléfono celular podemos encontrar algunas imágenes -no todas a la vez- y en forma sucesiva. Es decir, sería otro tipo de sistema respecto a la “experiencia” que propone Borges. Pero el razonamiento puede invitar a otras analogías.

En el texto está latente lo que Beatriz Sarlo llama estructura en abismo. Escribe ella en Borges, un escritor en las orillas: “El Aleph posee esa propiedad escandalosa: punto que incluye todos los tiempos y todos los espacios, esfera abstracta y concreta, desafía a la percepción porque es un infinito. Sugiere además un dilema filosófico: si contiene todo espacio y todo tiempo, entonces debe contenerse a sí mismo, pero, si se contiene a sí mismo, debe contener otro Aleph que contiene también todo, incluido otro Aleph, y así sucesivamente, de modo tal que es un infinito en abismo, que obliga a preguntarse sobre la ilusión perceptiva (¿se puede captar el infinito por los sentidos?) y sobre la paradoja (¿cómo un infinito contiene a otro infinito?)”.

Parece todo un delirio, ¿no?, pero esta idea de un punto que contiene otro punto la podemos ver cotidianamente. ¿Dónde? En la navegación en Internet (y, por tanto, en los smartphones): navegar implica un link dentro de otro link dentro de otro link, y así. Esta idea se ve con claridad en un cuento de Borges como Las ruinas circulares (un sueño dentro de otro sueño), o el poema Ajedrez. En este poema se lee al final: "Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. / ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza de polvo y tiempo y sueño y agonía?".

Este razonamiento, reflexiona Guillermo Martínez, es un concepto antiquísimo, que viene ya de los gnósticos que tenían “dioses detrás de dioses”, como así también de Aristóteles y, más cerca en el tiempo, de Lewis Carroll y su Alicia en el país de las Maravillas. También está en la teoría literaria con la intertextualidad, o sea un texto dentro de otro texto. Y en el “descenso infinito” de las teorías de la matemática. Es decir son razonamientos antiguos que Borges hace propios —en su mundo universal y a la vez nacional— para crear ese artefacto extraordinario que es su obra.

Pero, en la web, además de lo sucesivo está la profundidad, la memoria. Lo googleado, digamos. Entonces podemos hablar del cuento Funes el memorioso, aquel personaje de Borges que puede verlo todo, que conserva la memoria del detalle. Dice: “Nosotros, de un vistazo, percibimos tres copas en una mesa; Funes, todos los vástagos y racimos y frutos que comprende una parra. Sabía las formas de las nubes australes del amanecer del treinta de abril de mil ochocientos ochenta y dos y podía compararlas en el recuerdo con las vetas de un libro en pasta española que sólo había mirado una vez”.

Yendo más allá, utilizando siempre los rastros emblemáticos de Borges, Guillermo Martínez comenta que se podría implementar la idea del e-book que fuera como El libro de arena, en el sentido que describe Borges en dicho cuento y que contuviera todos los volúmenes de todas las bibliotecas.

El narrador, en este cuento, estaba en un cuarto piso de la calle Belgrano cuando oyó un golpe en la puerta. Abrió y entró un desconocido. Era un hombre alto, de rasgos desdibujados. Estaba de gris y traía una valija gris en la mano.

"Vendo biblias", dijo de repente este hombre desconocido. Siguió: "Puedo mostrarle un libro sagrado que tal vez le interese". Abrió la valija y lo dejó sobre la mesa. Era un volumen encuadernado en tela.

​El narrador lo examinó. Lo abrió al azar. Los caracteres le eran extraños. Las páginas, que parecían gastadas y de pobre tipografía, estaban impresas a dos columnas a la manera de una biblia. Llamaba la atención que la página par llevara el número (digamos) 40.514 y la impar, la siguiente, 999.

El vendedor le dijo: "El número de páginas de este libro es exactamente infinito. Ninguna es la primera; ninguna la última. No sé por qué están numeradas de ese modo arbitrario. Acaso para dar a entender que los términos de una serie infinita admiten cualquier número".

El narrador lo dice así: quedé prisionero del libro. Ya no se asombra a la calle. Examinaba con una lupa el gastado lomo y las tapas. Comprobó que las pequeñas ilustraciones distaban dos mil páginas una de otra. Las fue anotando en una libreta alfabética, que no tardé en llenar. Nunca se repitieron.​​​

Sin embargo, el protagonista rechaza la posibilidad que se tratara de un artificio, de materia de la ficción. En otras palabras, la ciencia ficción, como en el aleph, perturba la realidad y la hace propia, nueva. Sea a través del formato e-books o en las distintas narrativas de lo digital, lo que ha empezado como imaginación, como ficción, hoy es la materia de lo que está hecho el presente. Parafraseando una idea de Borges, toda ficción es precursora de la realidad.
La ficción colonizando la realidad

Así llegamos a cómo en Borges la ciencia ficción interviene en la realidad. En El Aleph, este objeto está en el barrio de Constitución. ​En otro cuento, Tlön, Uqbar, Orbis Tertius un misterioso mundo imaginario, citado en una enciclopedia, empieza a invadir la realidad de los narradores.

Borges escribe entonces: "el contacto y el hábito de Tlön han desintegrado este mundo. Encantada por su rigor, la humanidad olvida y torna a olvidar que es un rigor de ajedrecistas, no de ángeles.  Ya ha penetrado en las escuelas el (conjetural), 'idioma primitivo' de Tlön".

Entonces dice que el mundo será Tlön y que él, Borges, no hace caso, y sigue revisando en los quietos días del hotel de Adrogué una indecisa traducción quevediana (que no piensa dar a la imprenta) del Urn Burial de Browne.

También vemos que el 29 de julio de 1953, Borges y su amigo Adolfo Bioy Casares prologan su antología Cuentos breves y extraordinarios. En el texto ‘Der Traum Ein Leben’ se cita un fragmento del libro Memorias de un bibliotecario (1955), de Francisco Acevedo, que habla de un diálogo entre este autor y su sobrino donde el pequeño le cuenta que lo vio en un sueño y le pregunta, ya en la vigilia, qué estaba haciendo ahí.

Se trata de un autor y un libro ficticios. Francisco Acevedo es el propio Borges: el escritor usa su segundo nombre y el apellido materno para ocultar la pista. Como verificación: en 1973, en una entrevista con María Esther Vázquez, Borges narra la misma anécdota, pero dice que es su sobrino. Está en el libro Borges, sus días y tiempo (Tajamar editores, 2009).

En El acercamiento de Almotásim (de Historia de la Eternidad, 1936) Borges desarrolla la historia de la novela The approach to Al-Mu’tasim de Mir Bahadur Alí. Bahadur es, otra vez, un personaje ficticio. La clave está en el contexto: Borges introduce esta ficción en un libro de ensayos sobre textos reales. Hace así la reseña verdadera de un libro imaginario.


Y en "Examen de la obra de Herbert Quain” (Ficciones, 1944) hace una biografía de Herbert Quain y su obra. Es otro personaje de ficción, pero Borges va a producir un giro copernicano: le adjudica a Quain un cuento real, “Las ruinas circulares”... del propio Borges.

Un Borges 3.0 donde el futuro llegó hace rato.

Fuente: Clarin.com

jueves, 21 de agosto de 2014

Todos podemos ser Borges

Se trata de http://www.yoborges.com.ar/, una iniciativa online “en busca del poema perfecto”. La página web invitará a meter mano en la obra de Jorge Luis Borges y crear una poesía propia a partir las suyas. La iniciativa se enmarca en el aniversario 115 de su nacimiento, el próximo 24 de agosto.


 La consigna del sitio web dice que “Borges hay uno solo, pero hay más de 415.000.000.000 combinaciones para que vos busques el poema perfecto con sus versos”. Según cuentan, el mismo escritor fue quien dijo que entre todos sus poemas se encuentra el poema perfecto, sin develar nunca cuál fue. “Desde YoBorges”, explican desde N3ctar, quienes pensaron y diseñaron el sitio, “se propone recordarlo, mantenerlo vivo mediante un experimento y un ejercicio de antropología que toma como punto de partida la concepción borgiana del universo, usando elementos matemáticos, ‘ficciones literarias’”.

“Vos sos Borges hoy”, propone la web. Y muestra una serie de estrofas y versos donde podemos jugar a combinarlos entre sí y crear nuestro propio poema. El juego fue creado por Diego de la Fuente y responde a una fórmula matemática que demuestra la riqueza de cada verso del escritor y la belleza del lenguaje que transforma en aplicable cualquier combinación.

Hacia el final de su vida, los textos teóricos de Borges manifestaban cada vez con más claridad la desaparición del “autor único” frente al orden universal preexistente. Por tanto, el autor “descubre” (no “crea”) el orden específico de letras, símbolos, etc. que componen la obra. “Mediante textos borgianos y combinatoria”, dicen los creadores, “pretendemos probar que el poema perfecto de Borges fue escrito por él y está escondido entre todos sus versos”.

Fuente : Peridismo.com


sábado, 18 de febrero de 2012

Borges tenía Internet


Si en la actualidad es difícil definir Internet, su alcance, sus implicancias, su efecto sobre la gente, para Jorge Luis Borges, en cambio, aun sin conocer la "Red de redes", la cosa fue muy fácil. Lo que sigue es un ejemplo de que este genial escritor tenía Internet, o al menos se anticipó a definirla en aquel universo fantástico que dejó como legado.

Cae por su propio peso comenzar este ejercicio con "El Aleph", creación que, para muchos observadores, encierra una definición de la Web en la descripción que el personaje Carlos Argentino Viterbo hace de ese sitio que da nombre al relato: "El lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos".

Más adelante, cuando el narrador describe su experiencia como observador del Aleph, encontramos lo que podría ser el testimonio de un principiante en la Red, quien, al maravillarse, relata con pasión su viaje navegación en Internet: "Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres)...".

Borges tenía InternetInmediatamente después, podemos encontrar algo referente al chat, o una experiencia de intercambio de e-mails, ya que sigue: "...vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó...". Lo que sigue es una descripción de lugares, cosas y sensaciones, como la propuesta de un portal de misceláneas: "...vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace 30 años vi en el zaguán de una casa en Fray Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer de pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemont Holland...".

Es tentador seguir, pero este fragmento alcanza y sobra para demostrar que "ese lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe", es muy parecido a Internet ¿O es Internet? Sobre esa duda se basa la posibilidad de que Borges haya conocido Internet, ya sea porque la tenía en su casa, o la conoció en el sótano de los Viterbo. Hay detalles mínimos que no se pueden dejar pasar por alto, como el de esa mujer que no puede olvidar, ya que, según dice, la vio "en Inverness", ciudad del Reino Unido cuyo nombre suena sugestivamente parecido a Internet. ¿Por qué no vio a la mujer en Canterbury, Coventry o Liverpool? Sencillamente porque ninguno de esos nombres suena parecido a Internet.

El libro de arena

Pero si una sola referencia no basta, hay más. En "El libro de arena", ya desde el comienzo, Borges, para introducir al lector, sin querer, vuelve a definir Internet, está vez desde lo matemático: "La línea consta de un número infinito de puntos; el plano, de un número infinito de líneas; el volumen, de un número infinito de planos; el hipervolumen, de un número infinito de volúmenes...". Sí de la definición del Libro de Arena se trata ¿qué es Internet sino un libro de arena, un hipervolumen compuesto de un número infinito de volúmenes?

"Me dijo que su libro se llamaba el Libro de Arena, porque ni el libro ni la arena tienen principio ni fin", relata luego. La Web, como la arena, tampoco tiene principio ni fin. Más adelante, quien le vende el libro al relator, reafirma: "El número de páginas de este libro es exactamente infinito, ninguna es la primera; ninguna, la última... Si el espacio es infinito estamos en cualquier punto del espacio. Si el tiempo es infinito, estamos en cualquier punto del tiempo". Sólo desde una PC conectada a Internet podríamos lograr este punto de observación en espacio y tiempo.

Adicción

Pero este relato no se queda allí, el efecto que produce el Libro de Arena en el protagonista es idéntico a la adicción que produce Internet en algunos usuarios.

"Me quedaban algunos amigos; deje de verlos. Prisionero del libro, casi no me asomaba a la calle... Declinaba el verano y comprendí que el libro era monstruoso. De nada me sirvió considerar que no menos monstruoso era yo, que lo percibía con ojos y lo palpaba con 10 dedos con uñas. Sentí que era un objeto de pesadilla, una cosa obscena que infamaba y corrompía la realidad". Ni al mejor crítico de Internet se le ha ocurrido una frase que la supere.

Hasta aquí vemos cómo Borges no sólo fue capaz de definir Internet con distintos argumentos, sino también de describir sus efectos en usuarios débiles a los que la vida dejó con la guardia baja.

Pero hay más para el asombro, algo así como el origen de Internet. Al menos eso es lo que parece la historia de la biblioteca del Congreso del Mundo, el delirante proyecto del multimillonario uruguayo Alejandro Glencoe, personaje del relato El Congreso, quien a fines del siglo XIX se propuso formar una especie de gobierno o consejo suprainternacional del que sería presidente. Quienes lo acompañan en la empresa, deciden que el organismo debería contar con la mejor biblioteca del mundo, la que comienzan a formar con los más elevados textos de consulta de la época: "...los atlas de Justus Perthes y diversas y extensas enciclopedias, desde la Historia Naturalis de Plinio y el Speculum de Beauvais hasta los gratos laberintos de los ilustres enciclopedistas franceses, de la Britannica, de Pierre Larousse, de Brockhaus, de Larsen y de Montaner y Simón".

A esta altura, cualquier detractor está en condiciones de decir: Eso no es Internet, ya que en Internet está todo, no sólo lo bueno, preciso y complejo, sino también lo malo, impreciso y vago. Pero no se apure, eso último también estaba en la biblioteca del Congreso del Mundo, ya que el personaje llamado Twirl, tras invocar a Plinio el Joven en aquello de "no hay libro tan malo que no encierre algo bueno", propuso la "compra indiscriminada de colecciones de La Prensa, de 3.400 ejemplares de Don Quijote, en diversos formatos, del epistolario de Balmes, de tesis universitarias, de cuentas, de boletines y de programas de teatro. Todo es un testimonio, había dicho". Para los defensores de Internet, toda la porquería que se amontona en páginas y sitios inútiles también son un testimonio. Hay muchos ejemplos más de que Borges tenía Internet, como "La biblioteca de Babel", o la conducta de "Funes, el memorioso", pero es bueno descubrirlo en la inagotable experiencia de leer, aquella que a este escritor le permitió ver mucho más allá de su tiempo.

Fuente : http://axxon.com.ar/not/142/c-1420002.htm
La Voz del interior, Córdoba.net

jueves, 16 de junio de 2011

Jorge Luis Borges considerado precursor de Internet


Varios estudiosos de la literatura coinciden en afirmar que el escritor argentino fue un visionario del mundo virtual. Cy-Borges y Borges 2.0 son los títulos de algunos de los trabajos que exponen esta tesis

No se trata de un planteo nuevo, pero llama la atención la unanimidad. El diario español ABC recordaba, ya en el año 2008, que el escritor italiano Umberto Eco había sido uno de los primeros en exponer este enfoque. "La insistencia con que el argentino recrea un mundo, más que conocido, devorado por el conocimiento, donde los libros atrapan a sus lectores incluso físicamente, donde se cruzan sin cesar infinidad de datos y donde el saber parece tener vida propia, al margen de los sabios, despierta inmediatas asociaciones con la ciberrealidad actual", decía el periódico, que definía a Borges como un "ciberautor de moda en los Estados Unidos".

Precisamente, por aquella misma época, el diario estadounidense The New York Times publicaba un artículo de la misma temática titulado "Borges y el futuro previsible".

Cy-Borges es un conjunto de ensayos sobre el tema compilados por la Bucknell University Press. Mientras que Borges 2.0: del texto a los mundos virtuales es el libro de la hispanista Perla Sassón-Henry, profesora de la Academia Naval de los Estados Unidos.

En opinión de todos estos analistas, las obras de Borges, que murió hace 25 años, un 14 de junio, prefiguraron "la realidad virtual, las bibliotecas universales, la lectura infinita e infinitamente personalizada", dijo ABC.

Sin embargo, Borges no puede ser considerado un escritor futurista. Sus relatos se ubican, más bien, en contextos antiguos, decorados de otros tiempos, como un sótano de Buenos Aires donde de pronto aparece una suerte de webcam universal con el objetivo apuntando hacia el universo: el Aleph, "uno de los puntos del espacio que contienen todos los puntos", según la propia definición del genial autor.

Sasson-Herny describe a Borges como "un hombre del mundo antiguo dotado de una visión futurista" y afirma que, con él, cualquier lector puede sentirse más "activo" que con muchos otros escritores.

La reedición de Labyrinths por la estadounidense New Editions incluyó un prólogo de William Gibson, considerado el precursor de la novela cyberpunk y responsable de la difusión de términos como ciberespacio, que hoy son parte del lenguaje cotidiano.

Ironía del destino, o de Dios, fue quitarle la vista a un hombre que vivía rodeado de libros. Condenado a no ver, como Beethoven a no escuchar, Borges se refugió en su memoria y, de hecho, creó su propia red para evitar que la literatura se le escapara y fundó un mundo virtual más grande que el real.

Borges habría sido el primer ciberlector, alguien a quien ya no le basta con leer pasivamente, sino que desea sentirse parte del libro. ¿Qué diría hoy de una red que permite condensar todos los conocimientos y ponerlos en el mismo instante a la disposición de millones? ¿Qué diría de las bibliotecas virtuales y de los libros electrónicos? El universo al alcance de los dedos...

A continuación, un fragmento de El Aleph

"Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años, vi en el zaguán de una casa en Fray Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer de pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemont Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplicaban sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osadura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi propia sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo"

(Jorge L. Borges, 1949)

Fuente : Infobae.com
16 de junio de 2011