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sábado, 13 de junio de 2026

“El lujo es vulgaridad”: Jorge Luis Borges, precursor del Indio Solari


 

El lema “ricotero”, incluido en la canción “Un poco de amor francés”, proviene de dichos y reflexiones del gran escritor argentino; en 2023, el músico desmintió noticias sobre su fortuna

 

Daniel Gigena

 

En una de las canciones más famosas de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, “Un poco de amor francés”, del álbum La mosca y la sopa, de 1991, se versiona una frase de Jorge Luis Borges. “El lujo es vulgaridad, dijo, y me conquistó / De esa miel no comen las hormigas / Una tipa rapaz, como te gusta a vos / Esa tipa vino a consolarte”, reza la letra. En el libro de memorias Recuerdos que mienten un poco, a partir de conversaciones con su amigo, el escritor Marcelo Figueras, el Indio Solari, que falleció este viernes a los 77 años, revela que había escuchado la frase “el lujo es vulgaridad” de alguien que no recordaba. Era Borges.

La frase aparece, con variaciones, en tres registros de origen oral (luego impresos). En una entrevista con su amigo, el locutor y periodista Antonio Carrizo, en 1981, Borges considera el lujo “una guarangada”.

“Un palacio es quizá no menos indefendible que un conventillo -grafica-. La idea de lujo me parece atroz y la idea de la miseria también. [...] Esto es lo malo del sistema capitalista: da pobreza a unos y ocio y tedio a otros”.

Por otro lado, figura en el imprescindible Los diálogos, de Borges y Osvaldo Ferrari, que reproduce las charlas del periodista con el escritor en Radio Municipal en 1984, en el capítulo “El estoicismo”.

“Siempre pensé que sus hábitos de vida, Borges, que son austeros, se relacionan no con el ascetismo místico sino con el estoicismo filósofico”, introduce Ferrari.“Sí, desde luego; además, a diferencia de Manuel Mujica Lainez, por ejemplo, el lujo me parece algo horrible a mí. No sé, habrá algo... bueno, quizá mi ascendencia metodista. El hecho es que yo siento el lujo como una forma de guarangada, ¿no?, me parece vulgar”, reflexona Borges. Luego acota que en su escritura evita “las palabras lujosas y las lujosas descripciones”.

Hay gente que no entiende qué es el lujo: no es una pileta, es una pileta con cascada; no es una casa linda, es una casa con canillas de oro. Es la sobreabundancia en el adorno. Por eso Borges dijo que es vulgaridad y el Indio Solari lo citó.— marcelo gioffre (@marcelogioffre) June 6, 2026

También el Nobel Mario Vargas Llosa, en Medio siglo con Borges, recupera esa máxima

borgeana (y ricotera). En la entrevista que le hizo en 1981 para el programa peruano La torre de Babel, y que se publicó en LA NACION el 23 de agosto de ese año, Vargas Llosa observó que el escritor argentino vivía “prácticamente como un monje”.

“Su casa es de una enorme austeridad, su dormitorio parece la celda de un trapense, realmente es de una sobriedad extraordinaria”, le dice. “El lujo me parece una vulgaridad”, responde Borges que luego describió a Vargas Llosa como “el peruano de la inmobiliaria”.

Años antes, en la parábola “Utopía de un hombre que está cansado”, incluida en El libro de arena (1975), el narrador (un escritor y profesor de literatura de 70 años, que ha escrito cuentos fantásticos, como Borges) se encuentra en Utopía con un hombre más que centenario, muy alto y vestido de gris, que solo habla en latín. Al conversar, el anfitrión -un ser del futuro- reflexiona así: “-¿Dinero? -repitió-. Ya no hay quien adolezca de pobreza, que habrá sido insufrible, ni de riqueza, que habrá sido la forma más incómoda de la vulgaridad. Cada cual ejerce un oficio”.

En un mensaje de 2023, titulado “Cansado”, Solari desmintió en redes sociales afirmaciones sobre su fortuna. “Muchos de uds [ustedes] , que me quieren bien, dicen que me merezco y que está bien ganado el dinero que dicen por allí. Pues bien, sepan uds que no tengo propiedades en NY ni en París ni en ningún lugar de Europa. Así también, no tengo avión privado ni vivo en EE.UU. y además hace ya ocho años que no viajo a ningún lado”, había posteado.

 

Fuente: La Nación

https://www.lanacion.com.ar/cultura/el-lujo-es-vulgaridad-jorge-luis-borges-precursor-del-indio-solari-nid05062026/

 

 

domingo, 27 de octubre de 2024

Tan Biónica: una nueva noche mágica e íntima, la cita de Borges y el tributo a Juana La Loca


 Chano, Bambi, Seby y Diega dieron comienzo al ciclo de siete conciertos agotados, mediante una vibrante y emotiva función con la totalidad de sus éxitos y algunas sorpresas

2 de agosto de 2024

Gabriel Hernando

 

Puede ser en la inmensidad de un estadio a cielo abierto como el de Vélez, el Diego A. Maradona de La Plata o el Más Monumental de River Plate. O bien en un espacio cerrado y algo más acotado. Pero lo cierto es que al margen de las características, las dimensiones y la capacidad del lugar elegido existe un fenómeno que permanece inalterable y muy lejos de extinguirse: el emotivo y constante ida y vuelta entre Tan Biónica y su público; una relación afectiva que crece y se agiganta con el paso del tiempo, se hace cada vez más estrecha y que parece no vislumbrar un final.

Eso es lo que se vivió anoche durante la primera de las siete e inolvidables “últimas noches mágicas” previstas en el Movistar Arena (repite hoy y los próximos 3, 4, 17, 18 y 20 de este mes).

Bajo el lema “Desde cerca”, la banda conformada por Santiago “Chano” Moreno Charpentier, Gonzalo “Bambi” Moreno Charpentier, Seby Seoane y Diega Lichtenstein decidió reencontrarse una vez más con sus fieles seguidores pero en esta oportunidad cobijada por un ámbito de mayor proximidad y perfil intimista. Así, cara a cara con un “piberío biónico” que continúa sumando nuevos y cada vez más jóvenes adeptos y que corea cada tema de viva voz como si fuera el último, Tan Biónica fue edificando un atractivo y contagioso concierto signado por sus variadas situaciones y sobre todo por un espíritu altamente celebratorio.

Dicho clima festivo ya comenzó a percibirse a través de “Seven Nation Army”, de The White Stripes, sonando de fondo para acompañar a un video con imágenes históricas del grupo y servir a su vez de preámbulo a los acordes de “El huracán”, “Vámonos”, “Arruinarse” y “Música”, los primeros temas de una velada que se extendería por más de 120 minutos.

 

 “Gracias amigos por estar acá. Yo sé que es un esfuerzo muy grande para algunos de ustedes y están aquí bancándonos, queriendo un lindo show y queriendo una noche que la recuerden para siempre. Les tengo una buena noticia: se la vamos a dar, se la vamos a dar”. Con estas palabras, un exultante Chano sentado al piano le da la bienvenida a una enfervorizada multitud para luego interpretar “Loca” seguida de “La otra manera” y “Tus horas mágicas”. De riguroso negro con detalles plateados, Bambi (bajo), Seby (guitarra) y Diega (batería) atraviesan con sus respectivos instrumentos la delgada pasarela conectada con el escenario y se suman al cantante en “Un poco perdido” y “Lunita de Tucumán” rodeados por un océano de brazos extendidos.

Por su parte, los sones electrónicos de “El duelo” y “Ella” transforman al Movistar Arena en una auténtica y gigantesca rave, con el sector campo convertido en una pista de baile incandescente y el cuarteto a pleno arengando a una audiencia dispuesta a todo. La calma se hace presente cuando Bambi toma el rol de cantante en “Pastillitas del olvido” y luego le pasa la posta a su hermano Chano que obsequia rosas a la multitud mientras le presta su voz a una sentida versión de “Claramente”.

Tres gigantes pantallas led con forma triangular dan vida a la impactante escenografía que suele secundar a Tan Biónica en sus presentaciones en vivo. Y a ella se suma toda una parafernalia de luces, rayos láser, llamaradas, humo, explosiones y papel picado que engalanan un show cuidado hasta el más ínfimo detalle y diseñado al mismo nivel que cualquier producción internacional. Sin embargo, a fin de cuentas lo que más importa son las canciones, las buenas canciones, algo que esta banda posee de sobra y constituye su más preciado tesoro. Por cierto, “Beautiful” y “La manera que eligió para matarme” asoman como un claro ejemplo de ello.

Ya sea desde el bajo, la guitarra acústica, los sintetizadores o el keytar, Bambi oficia de director musical de un ensamble instrumental muy sólido y aceitado (aunque por momentos suene un tanto sobrecargado y saturado) que se completa a la perfección con la guitarra de Seby y el pulso firme de Diega desde la batería. No obstante, es Chano quien con su carisma y entrega sin límites acapara la totalidad de las miradas y contagia a través de una impronta que por fortuna parece haber recuperado la alegría, el disfrute y las ganas de cantar.

 “Una vez me preguntaron: ‘¿Maradona o Messi?’. Y yo contesté: ‘Borges’. Me parece el argentino más brillante. Él tiene un poema llamado ‘Poema de los dones’ donde retrata cómo fue quedándose ciego, comparando su ceguera con un atardecer. Y eso me inspiró a componer este tema”, relata Chano a modo de introducción no solo de “Poema del cielo” sino también de un conmovedor set acústico.

A bordo de una pequeña tarima ubicada en el extremo opuesto al escenario principal y acompañándose por sendas guitarras acústicas, un piano y un cajón peruano, los cuatro músicos desgranaron piezas tales como “Yo te espero”, “Tus ojos mil” y “Mis madrugaditas” que desataron una ovación generalizada. Ese fue también el momento donde sorpresivamente interpretaron una desnuda y despojada versión de la bellísima “Angelical”, a modo de homenaje a Juana La Loca, la agrupación nacida en los noventa y siempre liderada por Rodrigo Martín (“una de nuestras bandas nacionales favoritas de cuando teníamos 18 años”, confesó Chano).

El frenesí y la invitación al baile y al movimiento volvieron a ponerse de manifiesto mediante las irresistibles “Hola mi vida”, “Ciudad mágica” y “Mis noches de enero”.

Pero todavía había más: “Ustedes son nuestro único norte. Lo único y más importante del arte es ser queridos por ustedes. ¿Una más?”, pregunta Chano y la respuesta afirmativa de sus fanáticos no se hace esperar. De este modo, “Obsesionario en La Mayor” y “La melodía de Dios” marcan el epílogo de una auténtica e intensa noche mágica que, sin dudas, se rehúsa a ser la última. ¿Se sumarán nuevos capítulos a esta historia? Solo Tan Biónica conoce la respuesta.

Fuente:  La Nación

https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/musica/tan-bionica-una-nueva-noche-magica-e-intima-la-cita-de-borges-y-el-tributo-a-juana-la-loca-nid02082024/

 

Fuente Video

Tan Biónica - Borges + Poema de los Cielos

Fuente: You Tube

https://www.youtube.com/watch?v=rZ4KCzoIMEw

domingo, 26 de noviembre de 2023

2 minutos de Jorge Luis Borges, de Valentín Alsina para todo el mundo


 Un profesor universitario enfrenta el desafío de enseñar el cuento “Tema del traidor y del héroe” y una revelación lo conduce a la canción “Ya no sos igual”, de la banda punk argentina. El resto es historia

 

Por Pablo Ottonello

 

El objetivo: enseñar (si es que puedo concederme el verbo) el relato Tema del traidor y del héroe, de Jorge Luis Borges, a mis alumnos de la Universidad de Chicago. El riesgo: que los estudiantes (tienen entre 20 y 22 años) no se entusiasmaran, que se aburrieran, que se quedaran dormidos. Nada más penoso que el aula en silencio. Tenía delante un desafío pedagógico (o una trampa mortal), pero junté coraje (tema muy borgiano) e hice lo que pude.

Borges empieza así: “Bajo el notorio influjo de Chesterton (discurridor y exornador de elegantes misterios) y del consejero áulico Leibniz (que inventó la armonía preestablecida), he imaginado este argumento, que escribiré tal vez y que ya de algún modo me justifica, en las tardes inútiles”.

Lo leí en voz alta afectando la voz. Mis alumnos no se emocionaban. Mencioné someramente el plot. Un tal Kilpatrick, supuesto líder revolucionario, era en verdad un “topo”, un traidor. Los revolucionarios lo descubren, pero en vez de condenarlo en seguida, urden un plan más eficaz. Lo exaltan como héroe, le dan muerte durante una representación teatral (Julio César, de Shakespeare), pero culpan al enemigo. Al hacerlo, consiguen darle curso a la revolución. Kilpatrick es un traidor, pero al haberla descubierto a tiempo, los revolucionarios utilizan su traición en su provecho: es traidor y es héroe al mismo tiempo.

Seguí hablando ante párpados caídos. Dije que Borges cuestionaba la disciplina de la historia, que era incapaz, o al menos insuficiente, para la recuperación cabal de los hechos. Dije que a Borges le gustaban las paradojas y los oxímoron (la idea es de Beatriz Sarlo), y que un “héroe-traidor” era un muy buen ejemplo. También mencioné el afanoso desgano: en la primera línea Borges dice que “tal vez” escribirá este relato, y que hacerlo lo justifica en sus “tardes inútiles”. Me permití un chiste, del que nadie ni siquiera sonrió: quién pudiera escribir un cuento así, inmortal, en una tarde perdida.

No hubo mucha respuesta. En el silencio de la clase, como una aparición angelical, recordé la voz de David Lebón en “Nos veremos otra vez”): “Debes ser fuerte en estos tiempos /para resistir la decepción”. La música llevó a la música. Pensé en “Ya no sos igual”, de 2 Minutos.

Conecté la computadora, busqué en Youtube, superé el umbral, el decoro con el volumen, y los introduje al punk argentino. La primera estrofa y el estribillo son memorables: “Carlos se vendió al barrio de Lanús / Al barrio que lo vio crecer / Ya no vino nunca más por el bar de Fabián / Y se olvidó de pelearse los domingos en la cancha / Por la patrulla la ciudad, molestando y levantado a los demás”. Lo siguiente es el dolido estribillo: “Ya no sos igual, ya no sos igual / Sos un vigilante de la Federal / Sos buchón, sos buchón”.

Los estudiantes se encendieron, llegaron las preguntas, empezamos a hablar: victoria de lo popular sobre lo erudito. Contesté que “buchón” era “topo”, en inglés “mole” o “rat”: un informante. Aclaré que “la Federal” aludía a los “cops”, y que la canción trabajaba a una transformación esencial y profunda: Carlos, el amigo, perdía su identidad, se cruzaba de bando, sustituía los ritos comunes (ir al bar, a la cancha), se entregaba al ejercicio institucional de la violencia al enrolarse en la policía. En vez de “pelearse los domingos” ahora se dedicaba a “patrullar la ciudad”. Adoptaba su vestimenta, las distinciones icónicas (“se dejó crecer el bigote) y el armamento reglamentario (”una nueve para él”): una transformación (una traición) absoluta, y por lo tanto, irreversible.

Entusiasmado, un estudiante de Nueva Jersey dijo que “Ya no sos igual” era la antípoda del Martín Fierro (lo leímos al inicio del cuatrimestre). Cruz era policía y se hacía bandido para seguir a Fierro. Carlos, en cambio, era un chico de barrio que abandonaba las amistades y se volvía policía. En ambos casos había traición, dijo el estudiante, pero con signos distintos. Lo felicité, fui hasta la computadora, y la escuchamos otra vez, entera, un poco más fuerte. Levanté mis brazos, agité un poco. Me sentí viril, casi pendenciero. Los chicos movían las cabezas. Yo celebraba mi golpe de suerte.

De pronto se oyeron tres golpes en la puerta, que se abrió. La presencia demoníaca del más famoso dantista de la Universidad de Chicago me ensombreció. No hizo falta que dijera nada. Interrumpí la canción. Como un Caronte de los pasillos del edificio de lenguas romances, se acercó al sistema de audio y dijo en inglés: si vas a escuchar punk, hacelo en serio, dude. Triplicó el volumen, hizo una seña, y le dimos mecha a “Ya no sos igual” desde el inicio. El dantista la escuchó con nosotros, de punta a punta. No sonreía (no lo hacía jamás) pero estaba feliz. Al terminar, sin saludar, se retiró a su oficina a leer complejos documentos medievales.

Como en Tema del traidor y del héroe, la traición se paga con la muerte. La canción termina con una amenaza: “Él sabe muy bien que una bala en la noche espera por él”. Más de medio siglo antes, Borges titulaba con displicencia: la palabra “tema” sugiere la

repetición, la azarosa fatalidad de lo que volverá a suceder una y otra vez. Los temas (la idea es suya) son siempre los mismos.

 

Fuente: Infobae

https://www.infobae.com/cultura/2023/11/19/2-minutos-de-jorge-luis-borges-de-valentin-alsina-para-todo-el-mundo/

sábado, 12 de noviembre de 2022

Hot Chip: la banda del inglés melancólico que lee a Borges y que supo poner a bailar al mundo entero


El fundador de la banda inglesa que se instaló en el mapa mundial de los festivales con “Ready for the Floor”, habla de su regreso a Buenos Aires y de cómo descubrió la obra de Jorge Luis Borges

10 de noviembre de 2022

Sebastián Chaves

 

“Suena serio eso que dije, pero el show va a ser divertido”, cierra su primera respuesta Alexis Taylor, líder y uno de los fundadores de Hot Chip, banda que hoy se presenta en el C Complejo Art Media. “Hace mucho no tocamos en Buenos Aires, y mucho más aún que no lo hacemos por fuera del marco de un festival. Para bandas como nosotros, que empezamos en lugares muy chicos en el Reino Unido, tener público en todo el mundo no es algo que demos por sentado, no es algo común. Y sabemos que las cosas han sido difíciles para todos en los últimos años, así que estamos muy agradecidos de que gasten dinero y nos destinen tiempo para venir a vernos”, había comenzado el cantante ante la pregunta de rigor sobre su show de esta noche.

 

Y esa idea de sonar serio pero en realidad ser divertidos puede de algún modo resumir el concepto de Hot Chip, una banda con mucho de música electrónica y con espíritu de baile con letras que navegan por temas del subconsciente, los sueños y la relación entre el hombre y las máquinas. Hijo de madre psicoanalista, Alexis Taylor tiene bien en claro que esa combinación forma parte del núcleo estético del grupo: “Me ha influenciado mi madre, seguramente. He explorado la idea del inconsciente en la música y en las letras y siempre te lleva a Freud, que es lo que leía mi mamá. Nunca me analicé ni leí tanto a Freud, pero estoy muy al tanto de sus ideas claves. La música es la forma que tengo de entender mi inconsciente, no sé bien de qué forma pero uso la música y la escritura para eso, para ver qué hay debajo de la superficie, qué es lo realmente es significativo para mí.

 

-¿Los sueños te sirven de inspiración para escribir?

 

-“Now there’s nothing” es una canción basada en un sueño, pero la melodía, no la historia. Me sucede que sueño melodías, me despierto y busco la forma de cómo seguirla, de escribir la letra de ese tema. Trata un poco sobre dormir y despertarse y cómo algunos recuerdos del pasado tratan de conectarse en el inconsciente, pero también de cómo conectás con alguien que perdiste en tu vida y a eso lo relaciono con la relación que tengo con mi familia y mi hija, seguramente todo eso sea una influencia de mi mamá (risas).

 

-¿Pensás que Hot Chip es una banda que te hace bailar para subliminalmente hablar de cosas intensas?

 

-Estaba pensando en eso recientemente, porque hay una relación entre la melancolía y el trato del subconsciente en la música dance, que es uptempo y optimista. Y si bien hay algo de cierto en esa hipótesis, también creo que la melancolía del sonido que logramos con John (Goddard, su compañero de banda) es algo natural de ambos. El otro día me mandó algo que era claramente uptempo y para bailar, pero los sintetizadores tenían una onda melancólica, antes de que yo escribiera una sola palabra. Es que no hay una regla, no hacemos siempre lo mismo. A veces se cree que él hace la música con gancho y yo le pongo letras melancólicas, pero creo que los dos hacemos las dos cosas al mismo tiempo. Y no somos los únicos en la banda, el resto también trae lo suyo. No quiero sobrepsicolanalizar la situación pero John perdió a su mamá siendo muy chico y creo que hay un costado de su música que tiene esa melancolía, y por supuesto también contiene ese intento de ser feliz y estar contento, porque es a lo que aspira cualquiera en su vida. Entonces, mucha de nuestra música puede lidiar con eso, no toda. Es una explosión de algo positivo y tiene que ver con que puedas hacerte cargo también de la otra parte.

 

-¿Y en cuanto al contrapunto de sonar melancólicos en un género que también debe pensarse como futurista?

 

-Es que no veo a la melancolía como algo que necesariamente mire hacia atrás, porque capaz mirás hacia adentro ahora mismo o sentís que el futuro es desafiante para vos y todo eso te pone melancólico. Todos en este momento estamos más al tanto y preocupados por el futuro, por el planeta y el cuidado de los animales. No sé si hay oposición entre melancolía en el futuro, pero de todos modos, cuando empezamos a hacer música nos propusimos ser más originales que futuristas. Escuchábamos producciones experimentales, como Timbaland y The Neptunes, que nos sonaban a futuro, pero ahora son el pasado, así que suena anacrónico mi análisis. Pero sí, sonaban adelantadas a su época, aunque sea por detalles mínimos, y eso nos gustaba, pero nos gustaban sobre todo porque eran creativas. No puedo negar que amo los sitnetizadres de los 70, 80 y 90, pero es cómo los usás mucho más que el qué. Nos pasa de estar en el estudio y que alguien diga “Esto es muy bueno, pero muy retro, ¿cómo lo hacemos sonar futurista o actual?”. Y hay muchas formas nuevas de pensar la música, que es algo que nos interesa siempre.

 

-¿Y cuál enfoque les atrae ahora?

 

-En cómo poner los elementos a jugar. En el placer de hacer música y cómo se combinan las capas de sonido, de percusiones, de las palabras entrando en relación con la música, lo acústico y lo electrónico, la forma en la que se mezcla todo eso en un groove. Entre el 99 y 2001 hicimos muchísima música, fue antes de nuestro primer disco. Todo lo que publicamos antes fue en pequeñas tiradas, material que publicábamos en 20 o 500 copias. De ahí aprendimos a hacer algo y movernos hacia adelante.

 

-Hay canciones de Hot Chip que se convirtieron en hit aunque tengas estructuras muy raras. “Huarache Lights”, por ejemplo, tienen un estribillo que tarda dos minutos y medio en llegar, eso sería impensado para un artista que busca un hit deliberadamente.

 

-No había pensado en eso antes, es una canción que debemos haber tocado 100 veces y nunca pensamos cuál era el estribillo y si llegaba tarde, aunque es cierto. Creo que es porque lo pensamos más como un gancho que tiene la canción, entonces no lo sentíamos como algo que teníamos que poner un lugar en particular, sino en cómo funcionaba con todas las otras secciones del tema. Hay otras canciones que no tienen coro y otras que son todo estribillo. Pero lo cierto es que cuando no pensás en esas cosas, hacés mejor música. Cuando hicimos cosas de forma convencional o tratamos de tener un hit, que casi nunca pasa pero a veces sí, generalmente no nos va bien y fallamos. “Huarache Ligths”, “Over and Over” y “Ready for the Floor” son hits pero son raros, y tienen letras extrañas, no dicen “Te amo y te extraño”, tienen frases que no escuchaste antes, no son frases hechas. Tal vez “Over and over” sí, pero las otras no y nos parece genial que el público las termine adoptando.

 

El estribillo de “Huarache lights” dice: “Reemplácennos con cosas que hagan mejor el trabajo”, y pensaba en el crítico Kodwo Eshun, que, hablando en favor de la tecnología en música, dijo que “las máquinas intensifican nuestras emociones”. ¿Pensás que hay algún contacto entre ambas ideas?

 

-No conozco a Eshun, pero es algo en lo que vengo pensando hace rato. ¿Ves ese teclado atrás mío? Es un vocode. Y no sé realmente por qué, pero para mí la emoción se intensifica cuando cantás con un vocoder. Tiene un impacto muy grande; si escuchás a Laurie Anderson, es la combinación de su humanidad, de su pronunciación y su voz en combinación con los filtros de la máquina que la hacen interesante. Se siente emocionalmente rico y me fascina, y trato de hacer música que tiene ese juego entre algo maquinoso y algo menos maquinoso. A veces me gusta combinarlo y otras veces irme a los extremos opuestos. Los instrumentos acústicos como un saxo o un contrabajo o un armonio también son máquinas en algún punto.

 

-Alguna vez contaste que has leído a Borges ¿cómo llegaste a él?

 

-Lo he leído en inglés. Mi mamá seguramente fue la que me habló de él por primera vez. Y lo primero que leí suyo fue Laberinto y Pierre Menard, el autor del Quijote. Deben ser de sus obras más conocidas, y también son mis favoritas. A partir de ahí leí mucho sobre él y suelo volver a su escritura. Tengo su colección de poesía pero no la he leído aún. Fue una combinación de recomendaciones, porque Neil Hagerty, de la banda Royal Trux, lo recomendó una vez en una entrevista y eso también me despertó el interés. Cada vez que voy a Buenos Aires me gusta pensar en los sitios de sus historias y dónde vivió Borges, además de la buena comida que tienen allí y de los lugares de antigüedades, que también me gustan mucho.

 

Fuente: La Nación

https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/musica/hot-chip-la-banda-del-ingles-melancolico-que-lee-a-borges-y-que-supo-poner-a-bailar-al-mundo-entero-nid10112022/

 

domingo, 9 de octubre de 2022

'Borges' es el tercer single del nuevo disco 'OCTILEMA'.


'Borges' es el tercer single del nuevo disco 'OCTILEMA'

De la banda de rock La Siberia

 

¿Qué errante laberinto, qué blancura ciega de resplandor será mi suerte?

Cuando me lleve el fin de esta aventura la curiosa experiencia de mi muerte.

Yo no hablo de venganzas ni perdones,

El olvido es la única venganza y el único perdón.

 

Yo que soy el que ahora está cantando

Y mañana seré el misterioso, el muerto, el morador

De un mágico y desierto orbe sin un antes,

De un mágico y desierto orbe sin un antes ni después,

Sin un antes ni después ni cuándo y dónde y de qué bando es

Jorge, Jorge Luis, Jorge Luis Borges.

 

Es Jorge Luis, Jorge Luis Borges.

 

Fuente: You Tube

https://www.youtube.com/watch?v=lFDpPLHkD9Y

 

lunes, 24 de enero de 2022

“¡Cruachan!”: el grito de guerra que une a Shakespeare, Borges, Luca Prodan y un hotel escocés

 William Shakespeare, Luca Prodan -que se educó en Inglaterra- y Jorge Luis Borges, admirador de la cultura anglosajona

 

A partir de un paseo por Edimburgo y un cartel que remite a una batalla entre escoceses e ingleses, la letra de una canción de Sumo toma sentido y se termina de comprender por una cita de Borges sobre el principal escritor anglosajón

 

Miguel Corsi

 

Serendipidad es un término que no se usa mucho en castellano y se refiere al hallazgo fortuito de algo valioso. Como cuando encontramos algo que ni siquiera estábamos buscando y nos damos cuenta de que es interesante o de utilidad. Bueno, algo así sucedió hace tres años en Edimburgo, Escocia.

 

Como turista, uno muchas veces pasa por alto detalles que no son tales, que en realidad representan grandes diferencias al referirse a un país o región. No es de extrañar, entonces, escuchar referirse indistintamente a Inglaterra o al Reino Unido como si fuera una misma cosa… y ciertamente este no es el caso.

 

La Union Jack es la bandera del Reino Unido, compuesta por las cruces de los Santos Patronos de Inglaterra (San Jorge) , Irlanda del Norte (San Patricio), y Escocia (San Andres). Gales, el cuarto reino constituyente, al momento de diseñarse la Unión Jack en 1801 formaba parte del Reino de Inglaterra, por eso la cruz de su Santo Patrono (San David) no está incluida.

El cartel del hotel de Edimburgo que motivó esta historia: Cruachan es el grito de guerra del Clan Campbell

 

Si en la visita al Reino Unido la primera escala es Londres, uno no se sorprende al ver la Union Jack ondeando en todos los edificios públicos. Lógico, después de todo estamos en Inglaterra ¿no?

 

Sheldon Cooper, el nerd de The Big Bang Theory, desde su miniprograma “Fun with flags” nos daría munición gruesa para refutar semejante error. No: la bandera de Inglaterra es una cruz roja sobre un fondo blanco.

 

Yendo en tren hacia el norte en dirección a Edimburgo, cerca de la frontera entre Inglaterra y Escocia se pueden ver los restos del Muro de Adriano. Construido en el año 122 por los Romanos para contener el ataque de los habitantes de Britania, en 1987 fue declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad. Ese sentido de autonomía de aquellos primeros habitantes sigue vigente hasta el día de hoy.

Al llegar a la Waverley Station en Edimburgo es difícil ver una bandera del Reino Unido. Prácticamente la única que se agita al viento es la de Escocia, una suerte de “x” blanca sobre un fondo azul.

 

A diferencia de los ingleses, quienes se consideran insulares y se jactan de no ser precisamente del continente, los escoceses se piensan europeos. De hecho hay una mayoría de votantes que se lamentan por el Brexit y quieren ser parte de la Unión Europea. En una ocasión me topé con una manifestación reclamando la independencia de Escocia junto con un grupo que portaba banderas de Cataluña apoyando el reclamo.

 

Este matrimonio por conveniencia entre Inglaterra y Escocia arrastra un rencor sordo del cual me enteré de manera casual.

 

Estaba un día caminando por Edimburgo en una zona que está llena de hostels. La mayoría de estos alojamientos fueron originalmente casas construidas en el siglo 19 y, por lo general, tienen un cartel en la vereda para identificarse: The Light House, (dondeme alojé), Royal Mile Backpackers, etc. De repente vi un cartel con el nombre del hostel y me quedé confundido unos instantes: Cruachan Guest House. ¿Cruachan? ¿No había una canción de Sumo que se llamaba así? De vuelta en The Light House me prestaron una computadora y busqué esa canción en Youtube. La encontré subtitulada en español y ahí me enteré que hace referencia a la batalla de Culloden (16 de abril de 1746) donde los Escoceses fueron derrotados por los Ingleses. ¿Y porqué Sumo habría escrito esta canción, siendo un grupo de rock argentino? Seguí buscando en internet y encontré que el autor fue su líder y cantante, el italiano Luca Prodan. Luca estudió en Escocia y después en Inglaterra, lo cual le permitió entender la rivalidad que hasta el día de hoy se mantiene.

Shakespeare escribió en Rey Lear un párrafo que Luca Prodan tomó para la letra de Cruachan, que comienza con gaitas escocesas

 

Ahora...¿por qué el título, Cruachan? Cruachan es el grito de guerra del Clan Campbell, de las Highlands. ¿Y qué es un grito de guerra? Era la forma de identificarse entre los combatientes del mismo bando en medio de la locura de los sangrientos combates cuerpo a cuerpo, donde el caos y la confusión podría hacer que la adrenalina te lleve a atacar a uno de tu mismo clan…¡¡¡cruachan!!! y te identificabas.

 

Volviendo a la canción de Sumo...¿se acuerdan el estribillo?

 

Fee, fi, fo, fum !!!

 

I smell the blood of an englishman

 

(huelo la sangre de un inglés)

El cambio de una sola palabra nos hace entender que la épica de la independencia escocesa terminó en una derrota que al día de hoy los escoceses no olvidan:

 

Fee, fi, fo, fum!!!

 

I smell the blood of a scotsman

 

(huelo la sangre de un escocés)

 

Durante un tiempo pensé que mi análisis de esta canción estaba completo, hasta hace unas semanas. Leyendo “Borges profesor”, una compilación de las clases de Literatura Inglesa que dictó en la UBA en 1966, la nota al pie (¡nunca hay que saltárselas!) -número 350 de la clase 19- hizo modificar mi cómoda posición de lectura. Dice así:

Una cita al pie de Borges sobre Rey Lear desentrañó la relación entre la canción de Sumo y el genio de Shakespeare (Gustavo Gavotti)

 

En King Lear, acto 3, escena 4. Las palabras pertenecen a Edgar, hijo mayor de Gloucester: “Child Rowland to the dark tower came, / His word was still ‘Fie, foh, and fum, / I smell the blood of a British man’”

 

“...huelo la sangre de un británico…”

 

Si bien siempre se habló de un posible encuentro entre Borges y Mick Jagger en Londres, que se empantanó en el terreno del mito, nada hacía suponer este hilo que lo unía con Luca Prodan.¡¡¡Cruachan!!!

 

Fuente: Infobae - 13 de Diciembre de 2021

https://www.infobae.com/sociedad/2021/12/13/cruachan-el-grito-de-guerra-que-une-a-shakespeare-borges-luca-prodan-y-un-hotel-escoces/