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lunes, 3 de agosto de 2020

El origen de la Vauquita: la historia que une a Borges, Bioy Casares y la pasión por el dulce de leche




Graciela Baduel

Será porque es la única manera de llevar dulce de leche en el bolsillo para degustar en cualquier parte. O porque su estructura de bocadito nos pone a salvo de andar cuchareando sin límite. Lo cierto es que la Vauquita es una de las golosinas preferidas de los argentinos, pero pocos saben que en su historia se entrecruzan Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares.

Su origen se ubica entre fines del siglo XIX y del siglo XX, cuando el abuelo de Bioy, Vicente Casares, fundó su empresa láctea en Cañuelas. La firma fue bautizada como La Martona, en honor a las dimensiones de Marta, la madre Bioy, que para los estándares de esta época sería una muchacha “plus size”.

Borges era fanático del dulce de leche y la familia de Bioy, dueña de la empresa que creó una de las versiones de la golosina.

 
Con el mismo formato que la actual, en cajita de cartón, la golosina no tenía nombre. En el envase, ilustrado con una vaca, se leía la descripción: tableta de dulce de leche. Así, gracias a su tamaño y a la figura del noble animal, empezó a conocerse como “la vaquita”. Aunque no puede asegurarse que Borges fuera uno de sus fanáticos, sí está probado que el dulce de leche era su debilidad.

“Come en casa Borges”. Así empiezan muchas de las entradas de los diarios “Borges”, de Bioy Casares, editados por Daniel Martino. Y después de los dos puntos varias veces se hace alusión al que para el autor de El Aleph era un manjar de los dioses. Lo incluía en la lista de “excelencias argentinas”, junto con “el choclo, algunos tangos y milongas, el poncho de vicuña y el pejerrey”, entre otras cosas. Y aseguraba que por placer, en lugar de con alcohol, sería mucho mejor emborracharse con dulce de leche.

La Vaquita, dulce de leche semisólido, se vendía en los locales a la calle que por entonces tenía La Martona, atendidos por despachantes de impecable delantal blanco, donde también se podía comprar leche, crema, quesos y lácteos de todo tipo.

Para esa empresa, los escritores redactaron el folleto “La leche cuajada La Martona - estudio dietético sobres las leches ácidas (1936) que, dicen los académicos, fue la primera colaboración literaria entre ambos. Y una suerte de gauchada de la familia Bioy a Borges, que no era rico ni mucho menos, y cobró 16 pesos por página.

El folleto que Borges y Bioy escribieron para La Martona, empresa que fabricaba "La Vaquita", antecesora de la Vauquita.

Resulta que en verdad la tableta de dulce de leche había sido una creación de Santos Atilio Vidal Ruíz, quien fundó en 1928 la fábrica Cauca, que aún hoy elabora chocolates, alfajores, bombones y dulce de leche en Trenque Lauquen.

"Mi abuelo -cuenta Raúl Vidal, dueño de Cauca- le vendía dulce de leche a La Martona. En esa época se despachaba en tambores metálicos de 270 kilos. Cuando el envase volvía, quedaba un remanente azucarado. Entonces, en los años 30, a mi abuelo se le ocurrió aprovecharlo y agregar más dulce de leche para obtener un bocadito. Le puso de nombre 'El vasquito'. Se ve que alguien de La Martona tomó la misma idea. Pero el que que hacía mi abuelo era más alargado y se vendía en envase de papel metálico. Parecido al bocadito Holanda".

Según cuenta Vidal, El Vasquito era muy popular en la provincia de Buenos Aires. "Cuando se levantaban los pisos de los viejos cines de pueblo, más de una vez encontraban los envoltorios de la tableta de dulce de leche", dice desde Trenque Lauquen. "No conozco del todo la historia -se lamenta- pero en algún lugar tengo las fotos de cómo se trabajaba el dulce de leche en mesadas con circulación de agua fría".

Es que Santos Vidal Ruiz había traido a un pastelero desde Italia -de apellido Ponti, recuerda su nieto- que conocía los secretos del dulce de leche. "Como enfriarlo, como inyectarle aire. Esos trucos, bien guardados, todavía hoy los usamos en Cauca", explica el heredero. Y revela que en aquella época en lugar de glucosa, al dulce de leche se le ponía miel. "Te imaginás que el sabor nada que ver con el de ahora", asegura. 

Con el tiempo y las crisis, El Vasquito dejó de fabricarse. Hasta que a fines de los 70, a Raúl Vidal se le ocurrió reflotarlo. Pero no podía lanzarlo con el mismo nombre porque la marca estaba registrada, y tampoco podía ponerle "vaquita", porque no significaba nada. Entonces alguien le sugirió agregar la "u" y nació La Vauquita.

Sin embargo, a pesar del éxito de la golosina, de la que se llegó a producir 52 mil unidades por día, con los años los propietarios de la firma decidieron concentrarse en los chocolates y vendieron Vauquita a Heladerías Massera, que quebró en 2001. Cauca abrió locales en la costa atlántica y lanzó otra versión de la tableta (la Cauquita).

La Vauquita fue rescatada por Rubén López, actual dueño de la firma La Dolce, un hombre que empezó como kiosquero y se convirtió en uno de los mayores distribuidores de golosinas del país. "A Vauquita la compré hace más de quince años en un remate, había estado desaparecida por un tiempo largo. Vauquita era una marca monoproducto y nosotros fuimos haciendo una familia con alfajores y chocolates, pero cuidando siempre la receta original y los mismos ingredientes", contó en una nota.

Hoy, Vauquita tiene una página en Facebook y un sitio web donde asegura que “desde hace más de 80 años” es “la golosina de dulce de leche favorita de los argentinos”, con una receta única “crocante por fuera y suave por dentro”. Con la misma marca se suman una “presentación familiar” en forma de torta, alfajores de arroz, chocolates rellenos y por supuesto dulce de leche. Como para no defraudar a Borges, el más famoso de sus fanáticos.

Fuente: Clarin

lunes, 13 de enero de 2020

Una musa de Borges y Bioy





Genoveva ‘Veva’ Falisca publicó un único volumen de cuentos y, según contaba ella misma, encandiló a los dos escritores y amigos

JUAN BAS

Me he encontrado en la sección de Cultura de la edición digital del diario ‘La Nación’ un suelto que informaba de la muerte de la escritora y periodista Genoveva Falisca. Ha fallecido en Buenos Aires a los 83 años de edad. La sucinta noticia citaba su libro de cuentos de género fantástico ‘El convertidor de deseos inconfesables’, de 1996, con el que consiguió cierto éxito y fue el único que publicó. También había sido columnista cultural en ese mismo diario y se ocupaba de las críticas de cine en ‘Clarín’.

Recordé la tarde de 1997 que conocí a Genoveva Falisca. Fue en Madrid, en el bar inglés del hotel Palace, donde por aquel entonces mezclaban un ‘dry martini’ aceptable y era un lugar apacible. Antes de ir al Palace había dado una vuelta por los puestos de librerías de viejo de la Cuesta de Moyano. Encontré un libro valioso que hacía años regalé y después me arrepentí de aquel arranque de generosidad. Era ‘Crónicas de Bustos Domecq’, de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, el segundo de los tres libros de cuentos humorísticos que escribieron al alimón, fusionados en el autor ficticio Honorio Bustos Domecq. Además, el pequeño volumen era el de la edición argentina, la de Losada con la cubierta de la ilustración de John Tenniel para ‘Alicia en el país de las maravillas’ presidida por el gato de Cheshire. Aunque la que encontré era la segunda reimpresión, la de 1968, y yo tuve la primera edición de 1967, lo consideré un estupendo hallazgo, y comprado a buen precio.

Ya en el bar del Palace, sentado a una mesa con un ‘dry’ y mi botín literario, me puse a hojear el libro con cariño y nostalgia de la primera lectura. Enseguida releí el prólogo del inefable fantasmón ficticio Gervasio Montenegro y comencé el primer cuento, ‘Homenaje a César Paladión’. Me fijé en que la solitaria señora de la mesa de al lado, situada a mi izquierda, miraba con atenta curiosidad la portada. Se dio cuenta de que me percataba de su observación y me dijo con tono amable y un acento inequívoco: «Cuántos buenos recuerdos de juventud me trae ese libro».

Nos pusimos a conversar, cada uno desde su mesa; quedaban lo suficientemente cerca una de otra para hablar con comodidad. Era una dama guapa y distinguida, muy elegante. Ahora sé por la noticia de ‘La Nación’ que en 1997 tenía 63 años; no los aparentaba y seguía siendo una mujer atractiva. Nos presentamos. Tras decirme su nombre, Genoveva Falisca añadió: «Pero podés llamarme Veva, todos lo hacen». Me contó que conoció a Borges y Bioy Casares durante los primeros años 60. «Adolfo, después de comer (en Argentina, cenar) con Borges y trabajar juntos en su casa, llevaba a su amigo en el auto a la calle Maipú, donde vivía con doña Leonor, su madre (que era una señora estirada e insoportable menos para su Georgie, comentó más tarde). Y solían entrar a tomar un guindado en el café de mis padres, que se llamaba Fénix y estaba en la misma cuadra». Ella trabajaba allí en aquel tiempo. Los dos escritores simpatizaron con Veva, que se sentaba a su mesa cuando ya apenas quedaban clientes, antes de cerrar. Hablaban de literatura con ella y les gustaba la inteligencia y las ganas de conocimiento de su joven y guapa anfitriona. Veva Falisca dejó entrever que tuvo algo más que una amistad con Bioy, al que calificó de apuesto, seductor y dandi. Y que Borges estuvo un poco enamorado de ella. «Pero seguro vos sabés, el maestro se enamoriscaba de todas las minas que no fueran un adefesio», explicó con cambio de registro a lo coloquial. «Veía ya muy mal. Pocos años después se casó con Elsa Astete, que por lo que se dijo era, de otro modo, tan insufrible como la mamá, y supe por Adolfo que fue infeliz con ella». Seguido me confesó, con falsa modestia, algo sorprendente que en ese momento puse muy en duda.

En 1963, Borges y Bioy estaban en plena escritura del libro que estaba sobre mi mesa. Según Veva, los dos amigos le contaban cada noche avances y dudas y ella les dio las ideas para los argumentos de varios de los cuentos, pero no especificó cuáles. Sí fue más concreta al asegurarme que en ‘Diario de la guerra del cerdo’, la novela que Bioy publicó en 1969, el tema central de la persecución y exterminio de los jóvenes a los viejos fue invención suya y un regalo al probable amante.

Nos despedimos. Veva Falisca iba a cenar con su marido, que la había acompañado a Madrid para la presentación de la edición española (en la Editorial Panceta) de su libro de género fantástico ‘El convertidor de deseos inconfesables’. Al día siguiente lo compré. Tenía curiosidad por leer a aquella pretendida musa que encandiló a ambos amigos. Los cuentos no eran buenos. El volumen era largo, de índice numeroso. Leí algo menos de la mitad. Estaban escritos con una mezcla de descuido y barroquismo gratuito, farragoso en conjunto. La mayoría de cuentos prometían en su planteamiento más de lo que daban, pero había algunos con ideas argumentales muy buenas, espléndidas, propias de Borges y Bioy Casares.

Fuente: El Correo


viernes, 8 de junio de 2018

El enigma de la biblioteca de Bioy Casares y de Borges sale a la luz



 A la derecha del dibujo de Borges, correcciones a una página mecanografiada de "El jardín de los senderos que se bifurcan" Fuente: LA NACION - Crédito: Silvana Colombo

Pablo Gianera

Más que en lo leído, el lector se revela en los usos caprichosos que hace de los libros. Nada lo delata más íntimamente que los subrayados, la marginalia, las citas que entresaca. Toda biblioteca es una autobiografía. Pero una biblioteca de varios es una biografía colectiva. Es exactamente eso lo que pasa con la biblioteca de Adolfo Bioy Casares , que le atribuimos a él pero que comprende también la biblioteca de Silvina Ocampo, las de los padres de Bioy (Adolfo Bioy y Martha Casares) y aun parte de las de los amigos, Borges , en primer lugar, o Pizarnik, y otros familiares, Angélica y Victoria Ocampo.

Esa es la impresión que quedó ayer en la Sala del Tesoro de la Biblioteca Nacional , primera insinuación de la biblioteca de Adolfo Bioy Casares, "un pequeño anticipo", según lo definió el director Alberto Manguel . Ahí están siendo catalogados y preservados esos libros, gracias al aporte de los donantes que hicieron posible la compra, por un precio de 400 mil dólares, a los herederos. Esa donación se realizó el 19 de septiembre del año pasado. Según Manguel, es "el núcleo de una galaxia de investigaciones".


Para darse una de idea, de los 17 mil volúmenes, vimos solamente 30, parte de las 11 cajas n° 26 en las que el librero Alberto Casares reunió velozmente aquello que juzgó más valioso. No sabemos qué más podrá aparecer, nadie más lo sabe, ni el propio Manguel, ni Laura Rosato y Germán Álvarez, los expertos al frente del Centro Internacional Jorge Luis Borges, que funcionará en la sede de la calle México y que será el destino de estos hallazgos. ¿Qué "dirán" las guías Michelin sobre los viajes de Bioy? es muy pronto para saberlo. Pero lo que pudo verse provoca ya la emoción del coleccionista, bibliófilo, del crítico y del genetista textual. Un ejemplo, entre muchísimos. Tres condiciones de las que, salvo de la crítica, Borges no participaba. Sus libros iban de acá para allá. Los dejaba en la Biblioteca Nacional, cuando era director, o en la casa del amigo con el que, durante años, comió todas las noches. Un ejemplo, entre muchos. Acá está un ejemplar de Las mil y una noches en la versión de Edward William Lane. En la guarda, Borges anota varias líneas de la traducción al alemán de Gustav Weil. En esas marginalias está ya cifrado el ensayo "Los traductores de las Mil y una Noches", de Historia de la eternidad.


Aunque a primera vista tiendan a confundirse, una cosa es la amistad de Borges con Bioy y otra, distinta y distante, la historia de esa amistad. Sobre la primera es poco lo que puede decirse porque esa intimidad, al igual que toda amistad, pertenece enteramente a los implicados, y a veces ni siquiera a ellos, pero nunca a terceros. La segunda, la historia, parecía estar, en cambio, a la vista. Bioy Casares conoció a Borges en la casa de San Isidro de Victoria Ocampo, hacia diciembre de 1931 o enero de 1932. Conversaron en el viaje de vuelta a Buenos Aires: "Borges era entonces uno de nuestros jóvenes escritores de mayor renombre y yo, un muchacho con un libro publicado en secreto". Poco más de tres años después ya estaban escribiendo juntos. Lo primero fue La cuajada de La Martona, brevísimo folleto publicitario, ilustrado por Silvina, sobre las virtudes del yogur. Después vendrían, por supuesto, las antologías compartidas, la mutua influencia (el modo en el que Borges curó a Bioy de su temprana escritura indómita y, por el otro lado, la insistencia de Bioy en que Borges moderara su admiración por Quevedo), el generoso prólogo de Borges a La invención de Morel (que Bioy juzgó, sin embargo, algo reticente porque no elogiaba el estilo) y la creación de un tercer escritor imaginario, que no es ninguno de los dos, pero mantiene un aire de familia con ambos, H. Bustos Domecq, cuya cumbre son los relatos reunidos con el título de Crónicas. Hasta aquí la historia conocida. Claro que la publicación, en 2006, de Borges, las más de mil seiscientas páginas extraídas de los diarios de Bioy en los que éste menciona a su amigo, alteró completamente el paisaje. "Come en casa Borges." Esa breve oración, repetida como un mantra en cada entrada del diario, constituye la prueba de una frecuentación de décadas.


A la derecha del dibujo de Borges, correcciones a una página mecanografiada de "El jardín de los senderos que se bifurcan" A la derecha del dibujo de Borges, correcciones a una página mecanografiada de "El jardín de los senderos que se bifurcan" Fuente: LA NACION - Crédito: Silvana Colombo

La amistad compartida queda inscripta en los libros. Ahí está también en un ejemplar del Finnegans Wake (no la misma edición que Borges usó para su reseña en El Hogar, sino otra con fecha manuscrita del 11 de junio de 1942) con anotaciones a cuatro manos. Hay cartas de García Márquez y Sabato a Bioy, y algunos detalles muy significativos sobre Silvina. Alejandra Pizarnik, acaso como provocación, le hace llegar Le Mort, de Georges Bataille. Inapelable, Silvina le responde a su amiga dos cosas: "Es bueno conocer cosas repugnantes". Y también: "Detesto lo escatológico". De Silvina, que estudiaría mucho más tarde con Giorgio De Chirico, vemos uno de sus dibujos de infancia.


Más importante es, por ejemplo, el ejemplar de la revista Los Anales de Buenos Aires que incluye la primera publicación de "El Zahir". Están las correcciones a mano de Borges. Una vez más, Borges, como lo hacía en Sur, usaba una revista como base de operaciones, es como si necesitara la distancia de lo impreso en una publicación periódica para dar con la forma última.

Manguel contó que en la Universidad de Virginia hay 60 manuscritos de Borges. "Estamos perdiendo nuestro pasado", dijo. Eso no pasará de nuevo.

Fuente: La Nación

jueves, 21 de septiembre de 2017

Un abrigo para los libros de Bioy, Silvina y Borges

Estaban en la casa de los Bioy y llevan quince años en un depósito. Desde ahora serán patrimonio público. 

Una biblioteca con casa. Bioy Casares, junto a sus libros, en el departamento donde vivía.


Verónica Abdala

Son diez lotes de treinta y tres cajas cada uno, que esconden un auténtico tesoro, ya valuado por los especialistas en 400 mil dólares. Aunque, más allá de su valor material, la colección es de una trascendencia innegable, en términos patrimoniales: son los libros que estaban en el departamento que Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, su mujer -e inmensa escritora-, compartieron durante casi medio siglo. Y no son sólo de ellos:Jorge Luis Borges también guardaba parte de sus libros en esos estantes. Hoy la Biblioteca Nacional celebrará la firma de una escritura por la que esos libros pasarán a la institución y serán de patrimonio público. El camino para llegar a este resultado fue arduo.

Tras la muerte de Bioy Casares, en 1999 -antes de morir, él dijo que pensaba “donar al país” la biblioteca-, los libros atravesaron una trama sucesoria de ribetes borgeanos. A consecuencia de las disputas familiares, que enfrentaron durante años a los herederos, los 17 mil volúmenes que integran esta serie permanecieron durante más de quince años en un depósito de la calle Sarmiento (el estado en el que se encuentran, hasta aquí, es una incógnita).

Entre esas pilas de volúmenes que componen, en palabras del director de la Biblioteca, Alberto Manguel, “la biblioteca privada más importante de la Argentina, fuera de las colecciones públicas”, hay incunables, primeras ediciones de la obra de Bioy Casares y Borges, notas, revistas y manuscritos.

Entres las perlas, se incluyen los cuentos infantiles que Ocampo leía de chica, e incluso anotaba o dibujaba con trazo unfantil; las pruebas de imprenta de “El jardín de senderos que se bifurcan”, con anotaciones a mano de Borges; una primera edición del Finnegans Wake, de James Joyce, que Borges regó con comentarios escritos en los márgenes, con su letra diminuta; la colección de novelas policiales del Séptimo Círculo, que dirigieron Bioy y Borges; y la obra completa de varios autores, entre ellos Thomas Browne, que por primera vez estará a disposición del público argentino. Habría, también, una carta manuscrita de Sarmiento, según cuentan quienes visitaban asiduamente a la pareja, en su departamento de Recoleta.

Los futuros visitantes podrán aprender, así, no sólo qué leían sus propietarios sino cómo leían los autores: allí radica, en definitiva, el rotundo valor de estos libros, en términos culturales y patrimoniales.

Después de varios intentos fallidos de adquisición de la colección, por parte de la Biblioteca Nacional –su anterior director, Horacio González, impulsó un intento pero el dinero no llegó a reunirse-, el pasado mes de febrero se firmó una carta de intención en la que una serie de empresas y particulares manifestaron formalmente su intención de adquirir el material para, en un segundo paso, donarlo a la BN. Esas dos firmas se concretarán hoy; por un lado la compra y, casi en simultáneo, la donación.

La iniciativa fue impulsada, en esta oportunidad, por el propio Manguel, quien desde que asumió, en 2016, encabeza una gestión en parte orientada a preservar en el país el patrimonio cultural que, de otro modo, terminaría en el exterior, en manos de coleccionistas o instituciones extranjeras. “Este es el primer paso para el reintegro de tesoros nacionales a la nación –había manifestado Manguel en febrero-. Tenemos que frenar la fuga y conservarlos para los lectores por venir.” En el transcurso de este largo periplo de los libros, el librero de anticuario Alberto Casares fue el primero en hacer, hace más de una década, una tasación preliminar de los libros que tapizaban las paredes de la casa de Bioy y Silvina. Lo hizo a pedido de Fabián Bioy Demaría, un hijo reconocido tardíamente por Bioy Casares, fruto de una relación extramatrimonial del escritor. Pero entonces la valuación no pudo completarse de manera satisfactoria, y la herencia, tras la muerte de Fabián, en 2006, quedó en manos de su madre -Sara Josefina Demaría-, y de tres de los nietos de Bioy, hijos de su hija Marta.

La Biblioteca hizo en 2007 una oferta a los herederos, pero éstos consideraron que el monto era bajo. Así, pasaron los años, con los libros arrumbados en las cajas a la espera de su destino final, hasta que se acordó el valor.

Un dato por demás curioso es que el material más valioso de las 33 cajas se encuentra en la caja 26 de cada lote, así lo dispuso Casares. La Biblioteca planea ahora una futura muestra, dedicada a “Las cajas 26”.

Laura Rosato y Germán Álvarez, investigadores de la Biblioteca, trabajaron junto al traductor y crítico Ernesto Montequin, albacea de los papeles de Silvina Ocampo y que por decisión judicial funcionó como administrador durante una parte de la sucesión, para evaluar el estado de los libros, en una primera instancia, todavía embrionaria.

Una vez que las cajas se trasladen a la biblioteca, el departamento de Preservación de BN quedará a cargo del proceso de limpieza y catalogación. La fecha en que el material quedará a disposición del público aún no se conoce, porque depende del tiempo que lleve a los especialistas garantizar que las condiciones para su resguardo sean óptimas.

Después del acto que se celebrará hoy -el proceso legal está orientado por el Estudio Marval, Ofarrell, Mairal -, comenzará el trabajo de los especialistas.

Los donantes –que habrían abonado, en conjunto, la suma de 400 mil dólares, antes mencionada- son Ricardo Torres y Sandra Sakai, Banco Galicia, Anna y Marina Gancia, Banco Hipotecario, Eduardo y Mariana Elsztain, Fundación Bunge y Born, Marcela Zinn, Fundación Páremai Fractal, Alejandro Stengel y María Cecilia.

Fuente : Clarin – 19/09/2017


domingo, 3 de septiembre de 2017

Los consejos de Borges para escribir una buena novela

EDUARDO BRAVO

 En 1964 la revista francesa L’Herne dedicó un número especial a Jorge Luis Borges. Entre los contenidos de la publicación, se encontraba un texto de Adolfo Bioy Casares en el que recordaba un proyecto fallido que había emprendido junto al autor de El Aleph.

Este proyecto era un cuento a seis manos, las de Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo, ambientado en Francia y protagonizado por un joven escritor de provincias. El escrito nunca llegó a ver la luz pero, durante el proceso de creación, Borges detalló una serie de consejos clave para escribir una buena novela.

Con la ironía y el humor habitual del escritor, los consejos no son tanto para escribir un buen libro, como para no estropearlo desde el momento mismo de comenzar la tarea. Son 16 aspectos que deben evitarse y que, curiosamente, son un repaso de algunas de las más importante creaciones de la historia, incluidas las del propio Borges. Según el argentino, hay que evitar…

1. Las interpretaciones demasiado inconformistas de obras o de personajes famosos. Por ejemplo, describir la misoginia de don Juan.
Borges empieza fuerte. En este apartado también cabría incluir a Hamlet, don Quijote, Emma Bobary, Dorian Gray…

2. Las parejas de personajes groseramente disímiles o contradictorios, como por ejemplo, don Quijote y Sancho Panza, Sherlock Holmes y Watson.
Si el lector lo desea, sume a la lista Samuel Pickwick y su criado Sam Weller, porque Dickens seguro que tampoco se escapa del mordaz Borges.


3. La costumbre de caracterizar a los personajes por sus manías, como hace, por ejemplo, Dickens.
Lo dicho, se veía venir desde el punto anterior.

4. En el desarrollo de la trama, el recurso a juegos extravagantes con el tiempo o con el espacio, como hacen Faulkner, Borges y Bioy Casares.
Bufff, qué razón tiene. Es que lo de El Sur, de Borges o lo de Plan de evasión y La invención de Morel, de Bioy Casares es un despropósito. Un des-pro-pó-si-to.

5. En las poesías, situaciones o personajes con los que pueda identificarse el lector.
Basta ya de tanto amor y desamor como argumento poético de una vez por todas.

6. Los personajes susceptibles de convertirse en mitos.
Ni Freud ni Lacan. Borges supera el complejo de Edipo en un santiamén.


7. Las frases, las escenas intencionadamente ligadas a determinado lugar o a determinada época; o sea, el ambiente local.
Adiós, Martín Fierro, adiós.

8. La enumeración caótica.
Claro que sí, esto es literatura. Ni matemáticas ni la cesta de la compra.

9. Las metáforas en general; y en particular, las metáforas visuales. Más concretamente aún, las metáforas agrícolas, navales o bancarias. Ejemplo absolutamente desaconsejable: Proust.
Bien dicho, qué sabrá ese señoritingo francés de escribir.

10. El antropomorfismo.
Fuera El asno de oro y adiós a las fábulas, desde Esopo a Samaniego. Ah, y El sueño de una noche de verano, de Shakespeare, también fuera.

11. La confección de novelas cuya trama argumental recuerde la de otro libro. Por ejemplo, el Ulises de Joyce y la Odisea de Homero.
Bien hecho.

12. Escribir libros que parezcan menús, álbumes, itinerarios o conciertos.
Eh, tú, Henri Beyle; sí, tú, Stendhal, dedícate a hacer Rojo y Negro y deja de una vez de contar tus viajes por Italia.

13. Todo aquello que pueda ser ilustrado. Todo lo que pueda sugerir la idea de ser convertido en una película.
No importa que, cinco años más tarde, el propio Borges y Bioy Casares firmaran el guion de Invasión, una película de ciencia ficción dirigida por Emilio Santiago.

14. En los ensayos críticos, toda referencia histórica o biográfica. Evitar siempre las alusiones a la personalidad o a la vida privada de los autores estudiados. Sobre todo, evitar el psicoanálisis.
Plutarco, reescríbete las Vidas paralelas a la voz de ya.

15. Las escenas domésticas en las novelas policíacas; las escenas dramáticas en los diálogos filosóficos.
Uy, Jacques el fatalista y Los hermanos Karamazov, recoged vuestras cosas, que estáis nominados.

16. Y, en fin, evitar la vanidad, la modestia, la pederastia, la ausencia de pederastia, el suicidio.
Humildad ante todo y dejaos de guarredidas tipo Lolita, pero solo un poco.

Fuente : Yorokobu


viernes, 17 de febrero de 2017

Los libros de Bioy Casares y Silvina Ocampo se mudarán a la Biblioteca Nacional


La biblioteca de 17.000 ejemplares de los escritores -muchos de ellos con notas manuscritas de sus dueños y de Borges, con quienes "compartían" la propiedad de una cantidad de volúmenes- serán donados a la institución por sus compradores, según anunció hoy Alberto Manguel

La biblioteca personal de Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, unos 10 lotes de 33 cajas que constarían de 17.000 volúmenes, muchos de ellos con anotaciones de puño y letra de los escritores, se mudará a la Biblioteca Nacional , según confirmó el director de la institución, Alberto Manguel.

Hoy por la mañana se firmó una carta de intención en la Biblioteca que refleja el compromiso de los compradores de la colección (Eduardo Escasany y Banco Galicia, Ricardo Torres y Sandra Sakai, Anna Gancia, Fundación Bunge y Born, Marcela Zinn, Fundación Páremai Fractal, Alejandro Stengel y María Cecilia Bullrich y la Fundación del Banco de la Nación Argentina) de donarla a la Biblioteca Nacional al hacerse efectiva la compra a los herederos de Bioy y Ocampo.

"No es una biblioteca de bibliófilos, sino de uso -explicaron Laura Rosato y Germán Álvarez, investigadores de la Biblioteca Nacional, acerca de la importancia de los volúmenes, en un comunicado distribuido por la institución-. Hay un trabajo en conjunto de Bioy y Borges en los ejemplares que adquire un valor documental y con ello se pondrá una puesta en valor de conservación y de trabajo de investigación. Es una biblioteca viva: la utilizaron y nos permite ver, no sólo qué leyeron, sino cómo lo hacían"

Manguel confirmó que algunos ejemplares serán mostrados al público.

Fuente : La Nación.com  - VIERNES 17 DE FEBRERO DE 2017


lunes, 1 de junio de 2015

La profecía de Borges y Bioy




Marcelo Simonetti

Lo escribieron a cuatro manos, Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Uno, Borges, no podía entender el fervor que el fútbol despertaba en la gente: veintidós hombres corriendo de manera estúpida detrás de un balón. El otro, Bioy, prefería el tenis. Aun así, una noche cualquiera de 1967 se impusieron la tarea de escribir un cuento en el que el fútbol fuera una cuestión capital dentro de la historia. Entonces nació Esse est percipi -en español, Ser es ser percibido-. Ajenos a la pasión futbolera, los dos argentinos concibieron el argumento de un cuento macabro para cualquier hincha: una conversación dejaba al descubierto que el fútbol se había convertido en una representación dramática a cargo de un hombre en una cabina y algunos actores. Todo pasaba por la televisión. De hecho, uno de los personajes del cuento, Tulio Savastano -presidente del club Abasto Junior-, verbaliza la tragedia: “No hay score ni cuadros ni partidos. Los estadios ya son demoliciones que se caen a pedazos. Hoy todo pasa en la televisión y en la radio. La falsa excitación de los locutores, ¿nunca lo llevó a maliciar que todo es patraña? El último partido de fútbol se jugó en esta capital el día 24 de junio del 37”.

Me acordé del cuento de Borges y Bioy cuando los diarios y los portales virtuales informaban de la reelección de Joseph Blatter el viernes último. Los votos le daban un triunfo avasallador: 133 contra 73 cosechados por Al-Hussein. Entre aplausos y abrazos, Blatter recibía el mandato de los presidentes de federaciones de seguir, por un quinto periodo, al mando de la FIFA. Pero tras los últimos acontecimientos, el presidente electo no tenía demasiadas razones para celebrar.

Las investigaciones del FBI no sólo develaron la responsabilidad de importantes colaboradores de Blatter en la comisión de delitos de corrupción, también dejaron entrever que el soborno es una práctica que al interior de la FIFA está establecida como parte del modo de hacer las cosas.

Desde hace años la FIFA nos ha hecho creer que las licitaciones por los derechos televisivos, que las votaciones de sus autoridades, que la elección de las sedes de las diferentes Copas del Mundo son realidad pura. Y sin embargo, vistas las pruebas y evidencias, no han sido más que pantomimas, verdaderas puestas en escena tan artificiales como los decorados de las antiguas películas de Godzilla. Y quién sabe cuántas cosas más tendrán la misma apariencia de verdad que luego de hurgar un poco terminará resquebrajándose.

¿Qué se puede esperar de este quinto mandato de Blatter? ¿Con qué autoridad moral gobernará en circunstancias que el descrédito de su imagen -más allá de los números de la votación- es evidente? ¿Cómo mantener la presunción de inocencia sobre su persona entendiendo que en una organización tan vertical como la FIFA se hace difícil creer que el presidente no supiera o sospechara de los negociados que se fraguaban casi en sus narices?

Pase lo que pase es de esperar que los acontecimientos no se desarrollen tan rápido y que cuando menos la Copa del Mundo de Rusia, en 2018, siga siendo lo que ha sido. De lo que no debiéramos sorprendernos es que Qatar 2022 se juegue sin estadios, dentro de un set de televisión, con un hombre en la cabina relatando partidos ficticios, falsos, que sólo cobrarán vida por el empeño y el oficio de un grupo de actores corriendo tras un balón.

Fuente : La tercera.com