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martes, 14 de noviembre de 2017

Borges es el escritor latinoamericano más traducido al mandarín




Hasta hace pocos años, no estaba del todo claro entre los hispanistas chinos cuál era el autor latinoamericano más traducido al mandarín, ni tampoco qué país de la región era el que tenía mayor presencia en China en el campo de las letras.

Escribe: Juan Manuel Cortelletti (*)

Sí se sabía que "Cien años de soledad" era la obra más célebre y vendida, y que Jorge Luis Borges había alcanzado una ascendencia inédita entre los intelectuales locales. Lo demás era especulación o consideraciones parciales, no siempre coincidentes.

La doctora en letras Lou Yu, traductora de Ricardo Piglia y una de las principales expertas en literatura hispanoamericana de China, resolvió la polémica con datos duros. En 2016, en ocasión del Año del Intercambio Cultural China-América Latina, relevó todos los libros latinoamericanos traducidos al chino y efectivamente publicados desde octubre de 1949, fecha fundacional de la República Popular.

El resultado es alentador para los argentinos: con 115 libros, nuestra literatura es la más traducida en términos generales, y Borges quedó en primer lugar como autor individual, con sus obras completas ya publicadas. Cortázar y Bioy Casares siguen al autor de Ficciones en el ranking, mientras que otros países cuya literatura alcanzó gran visibilidad son Chile, Colombia, México y Perú, con Pablo Neruda, Gabriel García Márquez, Octavo Paz y Mario Vargas Llosa como figuras destacadas.

Un dato de interés adicional es la diversidad de escritores argentinos disponibles: además de los ya mencionados, los chinos pueden leer en su idioma a José Hernández, Ricardo Güiraldes, Manuel Puig, Ernesto Sábato, César Aira, Guillermo Martínez y Andrés Neuman, entre muchos otros.

Lou Yu concluyó en su investigación -en proceso de traducción al español-, que el verdadero auge de la literatura latinoamericana en China se dio recién a partir del año 2000: de un total de 714 libros publicados, 355 se editaron en el siglo XXI. Esto responde, según la experta, a que entre 1949 y 1978 primaba el concepto de "afinidad ideológica", por lo que las obras traducidas eran de fuerte contenido anticapitalista; en 1979 y hasta 1999, con el proceso de reforma y apertura de China, el campo editorial se profesionalizó y la selección comenzó a basarse en la calidad literaria.

Y el boom actual, finalmente, responde a factores como el estrechamiento de las relaciones sino-latinoamericanas y el crecimiento exponencial del estudio del español en todo el país (ya hay 82 universidades chinas que ofrecen licenciaturas en filología y literatura hispánica).

Las obras de nuestros autores contienen elementos culturales de valor que trascienden a los propios libros. Difundirlas es también una manera indirecta de promocionar el cine, el tango, el arte en general e incluso el turismo. La literatura porta además nuestra idiosincrasia: para decenas de millones de chinos quizás sea una puerta de entrada para conocer (imaginar) a la Argentina y a los argentinos.

El factor Borges arrastra y facilita la tarea. El interés de los chinos por su obra no deja de asombrar y tal vez se explique por la curiosidad sin límite que los caracteriza o por su notable tendencia a la erudición.

La gravitación de lo oriental en su obra -desde una aproximación poética-, y la tensión filosófica general que atraviesa sus textos pueden explicar la predilección de los lectores locales por Borges; en general, los chinos eligen "El jardín de los senderos que se bifurcan", "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius" y "El Aleph" como sus piezas favoritas debido a su ambigüedad, misterio intelectual y profundidad.

Tan local y universal a la vez, Borges genera repercusiones extraordinarias. En Beijing, una alumna universitaria de español le dijo hace unos meses a su profesor de literatura (de nacionalidad argentina) que había comprendido mucho mejor la religión de su familia a través del libro que le había recomendado el docente. El título en cuestión: "Qué es el budismo", de Jorge Luis Borges y Alicia Jurado.

Como parte del fenómeno, el autor argentino se convirtió también en objeto de consumo de los fanáticos. Una importante librería de la capital china, entre otros souvenirs, vende a sus clientes remeras negras con una frase en caracteres chinos blancos que dice: Siempre imaginé que el paraíso sería algún tipo de biblioteca, Jorge Luis Borges.

(*) Consejero cultural de la Embajada Argentina en China.

Fuente : Diario Jornada

sábado, 4 de junio de 2011

Los idiomas de Borges



por Martín Hadis.

Nos hemos acostumbrado a tal grado a afirmar que Jorge Luis Borges fue un “escritor universal” que esta expresión y el nombre de Borges han pasado a ser casi sinónimos. Famoso y reconocido por la amplitud y la profundidad de sus obras, Borges fue un escritor a la vez profundamente argentino y cosmopolita. En sus poemas y cuentos aparecen compadritos del viejo Buenos Aires, sacerdotes mayas, vikingos de las sagas nórdicas o reyes anglosajones largamente olvidados. El conocimiento que Borges tenía de las diversas literaturas del mundo era poco menos que enciclopédico y las múltiples y diversas fuentes de su inspiración continúan siendo investigadas por la crítica. Sin embargo, un hecho que a menudo se pasa por alto es que Borges logró acercarse a muchas de estas obras gracias a las numerosas lenguas que estudió durante toda su vida.
Para comenzar, Borges creció en un hogar bilingüe, hablando inglés y castellano desde pequeño. “Cuando le hablaba a mi abuela paterna” –recordó una vez- “lo hacía de una manera que después descubrí que se llamaba el idioma inglés, y cuando hablaba con mi madre o mis abuelos maternos lo hacía de otra forma que luego resultó ser la lengua castellana…” El autor de Ficciones siguió aprendiendo nuevos idiomas durante su infancia, juventud y madurez. Para Borges, el estudio de cada nueva lengua era, en sus propias palabras, “una nueva aventura”, que le permitía adentrarse en “un delicado laberinto.” A través de cada idioma, nuestro escritor accedía a nuevos sonidos y nuevas palabras, como también a nuevos enfoques literarios que a menudo terminaron influyendo en su propia obra.

Una vasta biblioteca de ilimitados libros ingleses

Borges sintió desde muy temprana edad que su destino era convertirse en escritor; a tal fin, difícilmente podría haberse criado en un ambiente más propicio. Su padre, Jorge Guillermo Borges, era un lector ávido; la madre de éste último, y por ende abuela paterna del escritor, Frances Anne Haslam, era oriunda de Staffordshire, e introdujo en el hogar familiar el idioma y la literatura inglesa. Este inglés heredado permitió a Borges acercarse a los cientos volúmenes que albergaba la biblioteca de su padre, y fue a través de estas primeras lecturas que entró en contacto con los autores que más tarde se convertirían en sus favoritos: G. K. Chesterton, Robert Louis Stevenson y Rudyard Kipling, entre otros.


Chesterton

Pero en esa biblioteca paterna, Borges encontró mucho más que relatos y autores ingleses. En el siglo XIX, el Imperio Británico se encontraba en plena expansión, y el interés de los ingleses por los distintos y vastos rincones del planeta que sus naves alcanzaban surcando los mares no hacía más que crecer. Así, entre los libros de su padre, Borges también encontró numerosos volúmenes acerca del budismo, el taoísmo, el sufismo, y muchas otras vertientes religiosas, místicas y filosóficas que tuvieron luego una gran influencia en sus escritos.
La rama paterna de los Borges padecía asimismo un mal genético: una ceguera hereditaria y progresiva, que se transmitía de generación. En 1914, la visión del padre del escritor, Guillermo Borges, se había deteriorado a tal punto que la familia decidió viajar a Europa para consultar a un especialista. No pensaban quedarse por largo tiempo, pero las circunstancias históricas cambiaron drásticamente sus planes. En palabras de Borges: “Éramos tan ignorantes de la historia universal que no sabíamos que esa era la fecha de la Primera Guerra Mundial.” El estallido de la guerra impidió el regreso a Argentina; la familia terminó quedándose en Europa durante siete años. Se instalaron pues en Ginebra, donde Jorge Luis comenzó a asistir a la escuela primaria. Allí, el futuro escritor aprendió francés y latín. ”El latín era la materia más importante,” escribió Borges, “y pronto descubrí que si uno era bueno en latín uno descuidar las demás materias un poco”. Su conocimiento de esa lengua fue creciendo con los años y llegó a desarrollar un buen manejo de ese idioma, pero como sucede a menudo con las lenguas muertas que no se practican con frecuencia, Borges fue perdiendo su dominio del latín con el paso del tiempo. “Ahora me quedan latines, nada más” – dijo una vez. Pero su afición estética por ese idioma persistió a lo largo de los años. En sus propias palabras: “El latín tiene una dignidad a la que aspiran todas las lenguas romance que lo sucedieron”.


Robert Browning

Al reflexionar sobre el carácter solemne de este idioma, Borges solía recordar un verso del poeta inglés Robert Browning “Marble´s language, Latin pure, discreet” (“El latín, ese idioma de mármol puro, sobrio”). Según solía afirmar el escritor, este verso de Browning refleja la idea de que las palabras latinas, debido a su carácter solemne y digno, parecen haber sido diseñadas para ser talladas en mármol: “Es como si hubiera una afinidad natural entre esos dos hechos” –declaró- “entre el latín y el mármol.”.


Robert Browning Recites His Poem (1889 Edison Cylinder)

El idioma alemán: un amor personal

De verse obligado a preservar un solo idioma entre todos los que conocía, afirmó Borges una vez, optaría por el alemán, una lengua que le fascinaba tanto por su sonido como por su estructura. Sus vocales abiertas y su pronunciación austera le resultaban especialmente atractivas; la posibilidad que el alemán ofrece de formar espontáneamente palabras compuestas colocaba a su juicio a este idioma por encima del resto. Este fue el primer idioma cuyo aprendizaje Borges acometió por sí mismo. Borges comenzó sus estudios de alemán por sí solo en el año 1916, con el propósito personal y explícito de acceder a a las obras del filósofo Arthur Schopenhauer en idioma original. Al comienzo de su estudio, sin embargo, optó por textos más simples; la elección recayó en Heinrich Heine, un poeta expresionista cuyos versos se caracterizaban por su sencillez. Borges comenzó a leer estos versos alemanes con la ayuda de un diccionario; pero sus esfuerzos pronto rindieron fruto y un buen día se dio cuenta de que podía continuar su lectura sin ayuda: “Hubo un momento en que me di cuenta de que ya podía seguir leyendo por mi cuenta. En ese momento lloré, porque de una manera modesta había logrado poseer al vasto idioma alemán”. El aprendizaje autodidacta del alemán ofreció a Borges una serie de perspectivas sin precedentes: de repente no sólo era capaz de leer a Schopenhauer, sino también a muchos autores y filósofos alemanes, en su lengua original.


Arthur Shopenhauer

Otros idiomas romances

A pesar de que Borges aprendió a hablar el francés fluidamente durante su estadía en Ginebra, el sonido de este idioma nunca terminó de gustarle: “No me agrada el sonido del francés” –afirmó una vez- “Creo que le falta la sonoridad de las otras lenguas romances”. “Pero”-se apresuró a añadir-, “¿Cómo podría pensar mal de un idioma que ha per­mitido versos admirables como el de Hugo, L’hydre-Univers tordant son corps écaillé d’astres? ¿Cómo censurar a un idioma sin el cual serían imposibles esos versos?”
Borges también logró un buen dominio del idioma italiano, que aprendió a leer a con una edición bilingüe de la Divina Comedia de Dante. “He leído y releido la Divina Comedia en más de doce ediciones diferentes”, dijo una vez. “También he leído a Ariosto, Tasso, Croce y Gentile, pero soy incapaz de hablar italiano o de seguir una película o una obra de teatro en ese idioma.”
Algo similar podría decirse acerca de su conocimiento del portugués: “Yo no sé portugués”, dijo una vez. Y sin embargo, afirmó “He leído a Eça de Queiroz. Cuando no entendía una frase la leía en voz alta y el sonido me revelaba su sentido.”

Idiomas del norte y del oriente

Borges comenzó sus estudios de inglés antiguo como consecuencia del agravamiento de su ceguera. ”Mi ceguera fue avanzando desde el año de mi nacimiento como un lento crepúsculo de verano, y en 1955 me di cuenta de que había perdido mi vista como lector. Ya no podía leer.” Para compensar esa terrible pérdida, Borges decidió volvió a uno de sus orígenes mitológicos: el pasado remoto de Inglaterra, y por lo tanto de sus antepasados ingleses Resultó ser una decisión correcta y prolífica: el estudio del inglés antiguo no solo le brindó consuelo, sino también el disfrute estético de una lengua a la vez sonora y áspera. Si para Borges la cadencia majestuosa del latín recordaba a la severidad del mármol, las duras consonantes del inglés antiguo sonaban para él como “el ruido de las espadas, el golpe de las lanzas sobre los escudos, el tumulto de los gritos de la batalla “. En el carácter legendario y heroico de la antigua poesía anglosajona, Borges encontró asimismo personajes, atmósferas y hechos históricos que alimentaron su inspiración para numerosos cuentos y poemas en los años por venir.
Tras lograr un conocimiento profundo del inglés antiguo, y traducir directamente al castellano varios poemas de ese idioma, Borges pasó a interesarse en otro dialecto germánico medieval: el escandinavo antiguo. Esto le permitió acceder a las Eddas, antiguas compilaciones de mitología germánica, como también a las sagas de Islandia, con resultados igualmente fructíferos.
Otros idiomas que Borges abordó durante sus últimos años fueron el japonés -cuya gramática Borges encontraba fascinante, pero que nunca llegó a aprender del todo- y el árabe, que estudió durante los últimos días de su vida.

El hacedor

Es difícil imaginar cómo hubieran sido las obras de Borges si éste, por alguna razón improbable, hubiera dejado de lado el estudio de idiomas, palabras y alfabetos lejanos. Los cuentos de Borges son con frecuencia autobiográficos, y si bien -como el caballero victoriano que era-, evitaba siempre las revelaciones íntimas y con frecuencia se divertía difuminando hechos y enturbiando detalles, sus referencias bibliográficas frecuentes, así como sus prólogos y las numerosas citas literarias en diversos idiomas que aparecen en sus ensayos y artículos dan testimonio de la amplitud y el alcance de su red lingüística. A veces, la influencia de un idioma llevó a Borges a adentrarse en un nuevo género, como los tanka y haiku que escribió en castellano siguiendo formas japonesas; en otras ocasiones, las lecturas en otros idiomas impulsaron a Borges a escribir nuevos relatos (como en el caso del poema de The Collar, de George Herbert, que lo llevó a escribir su famoso “Libro de arena”) o una reescrituras de antiguos textos medievales como ”Brunanburh, 937 AD”.


Brunanburh, 937 AD

Tales ejemplos abundan, los rastros de las muchas literaturas y los muchos idiomas a los que Borges se acercó pueden encontrarse a lo largo y a lo ancho de toda su obra. “Cada idioma”, dijo una vez, “es una forma de sentir el universo.” Sin estar en desacuerdo con esta afirmación, uno podría asegurar que quien fue acaso el más curioso de los escritores argentinos no se contentó con la observación pasiva. En las manos de Borges, cada uno de estos idiomas se convirtió a su vez en la materia prima que éste utilizó no sólo para percibir el universo, sino también para crear mundos nuevos y fantásticos, sostenidos únicamente por el poder de la palabra y por su extraordinaria capacidad de imaginación.

Fuente : Eterna Cadencia
Martin Hadis
21 de abril de 2011




Without his command of multiple languages, Argentina's
most famous author would not have been the writer he was.

BY MARTIN HADIS

Originally published in: The Buenos Aires Herald Magazine. June 2001.

We have grown so used to calling Jorge Luis Borges a universal writer that these words have almost fused in most readers' minds. Known for the breadth as well as the depth of his creations, Borges was at the same time profoundly Argentine and a true cosmopolitan.

His poems and stories can feature compadritos (the rakish figures of Tango lore) from late 19th century Buenos Aires as easily as Vikings from the Norse sagas or long-forgotten Anglo-Saxon kings. Borges's knowledge of literature was nothing short of encyclopedic, and his sources and inspirations continue to be researched by critics. But a fact that is often overlooked is that Borges was only able to approach many of the works that he read through his command of the numerous languages he studied throughout his life.

Raised bilingual, Borges continued to learn new languages during his boyhood, youth and adult years. For him, the study of each new tongue was in his own words, a new adventure, akin to entering "a delicate labyrinth." Each language brought him new sounds and new words, as well as new literary approaches that often influenced his own works.

A VAST LIBRARY OF INNUMERABLE ENGLISH BOOKS

Borges always stated that he felt, from a very early age, that he was destined to become a writer. He could have scarcely grown up in a more propitious environment. His father was an avid reader. His paternal grandmother, an Englishwoman, Frances Haslam, hailed from Staffordshire and brought both the English language and its literature into the family. Borges' inherited English soon allowed him to approach the hundreds and hundreds of volumes in his father's vast library, and it was through these early readings that he would come in touch with those authors that would later become his favorites: G.K. Chesterton, Robert Louis Stevenson and Rudyard Kipling, to cite but a few.

But it was not just new stories and authors that Borges found in these bookshelves. In nineteenth century England, orientalism was all the rage. Thus, among his father's books, Borges also found numerous volumes dealing with Buddhism, Taoism, Sufism, and other diverse forms of mysticism and philosophy that would influence his writings.

Blindness ran in the Borges family as an inherited condition. In 1914, Borges' father Guillermo's vision was deteriorating so badly that the family decided to travel to Europe to consult an expert ophthalmologist. But World War I broke out and abrupt­ly changed their plans. The Borges family ended up staying in Europe for seven years. They settled down in Geneva, where Jorge Luis started attending school. There, he learned both French and Latin. "Latin was the main sub­ject," wrote Borges, "and I soon discovered that if one was good at Latin one could neglect other subjects a bit."

His skills grew with the years and he developed a good command of Latin. As often happens with dead tongues that are insufficiently exercised, Borges' command of the language slowly declined with the passage of time. But his aesthetic fondness for the language persisted through the years. In Borges' own words, Latin had "a dignified air to which all later Romance languages aspired."

When reflecting on its solemn nature, Borges would often recall a verse by Robert Browning: "marble's language, Latin pure, discreet." According to Borges, this verse reflected the notion that Latin words, because of their strict and dignified nature, seem to have been intended to be engraved in marble: "It's as if there were a natural affinity between the two concepts, Latin and Marble," he wrote.

GERMAN: A PERSONAL LOVE AFFAIR

In one of his lectures, Borges stated that, were he forced to choose to keep one language among all existing tongues, he would choose to keep German, a tongue he loved as much for its sound as for its structure. German's open vowels and stark pronuncia­tion made it especially attractive to Borges' ear; the possibility that German affords of spontaneously forming composite words also put German above the rest. It was the first language that Borges taught himself, as a personal undertaking.

Borges began his studies of German in 1916, with the explic­it purpose of reading Schopenauer's works in the original. In order to learn the language, however, he decided to start with simpler texts. His choice fell on Heinrich Heine, a German expressionist poet, whose works he started reading with the help of a dictionary. With time Borges' efforts bore fruit: he was suddenly able to continue his readings of Heine unaided:

"There was a moment when I realized that I could go on reading on my own. At that time I cried, because in a modest way I had managed to apprehend the vast German language."

Borges' self-taught German opened up unprecedented vistas: he was suddenly not only able to read Schopenauer, but also to approach many other German authors and philosophers in the original.

OTHER ROMANCE LANGUAGES

Even though he became a proficient French speaker during his stay in Geneva, Borges disliked the language's sound. "I find the sound of French unpleasant, I think that it lacks the sonority of the other Romance languages," he once commented. "But," he hastened to add, "how can one speak ill of a language that has produced verses like this one from Hugo: L'hydre-Univers tordant son corps écaillé d'astres? How can one criticize a language without which these verses would not exist?"

Borges also acquired a good command of Italian, teaching himself by using a bilingual English-Italian edition of Dante's Divina Commedia. "I have read and read the Divina Commedia in more than twelve different editions," he once stated. "I have also read Ariosto, Tasso, Croce and Gentile, but I am incapable of speaking Italian or of following a movie or a drama in that language."

Something similar could be said about his knowledge of Portuguese: "I do not know Portuguese at all," he once stated. "But I have read Efa de Queiroz. Whenever I stumbled upon a sentence that I could not understand, I would read it aloud and through its sound its meaning would be revealed."

LANGUAGES FROM THE NORTH AND THE EAST

Borges began his study of Old English mainly as a reaction to his going blind. "My blindness progressed since the year of my birth like a slow twilight," and "In 1955 I realized that I had lost my sight as a reader. I could no longer read."

To compensate for such an enormous loss, Borges returned to his mythological origins: namely, to his ancestral English side. It proved to be the right decision. Old English provided not only comfort, but also the aesthetic enjoyment of a language whose nature was both sonorous and rough. If Latin's majestic cadence reminded Borges of marble, the harsh consonants of Old English sounded to him "like the clash of swords, the crashing of spear against shield, the tumult of battle-cries."

Even more importantly, the legendary and warlike nature of Old English poetry provided Borges with topics and themes that he would use to great literary advantage during his later decades.

After mastering Old English, and producing his own Spanish translations of many poems belonging to this period, Borges also became interested in Old Norse, a Scandinavian linguistic rel­ative to Old English, with similarly inspiring results. Other lan­guages that Borges tackled in his later years were Japanese – whose grammar Borges found both fascinating and mesmerizing – and Arabic, which he studied during the very last days of his life.

THE MAKER

It is hard to imagine what Borges' works would have been like if he had, for some improbable reason, failed to cast such a wide linguistic net. Borges stories are often autobiographical, and even though he disliked the disclosure of specific information and frequently enjoyed muddying details, his frequent biblio­graphic references, as well as his prologues and explicit quotations in numerous essays and articles testify to the breadth and scope of his language skills. Sometimes the influence of a language can be felt in Borges' attempting a new genre, such as the tanka and haiku that he wrote, influenced by Japanese poetry; sometimes it's a verse or a topic that inspires Borges to craft a new story, as George Herbert's The Collar did his "The Book of Sand," or a new version of an ancient text, like his "Brunanburh, 937 A.D."

Examples abound; traces of the many literatures that Borges approached can be found all throughout his works. "Each human language," he once stated, "is a way of perceiving the universe."
Without disagreeing with this statement, one could safely argue that this most imaginative of writers was not content with passive observation. In Borges' able hands, each of these languages became in turn the raw material that he used not only to perceive the universe, but also to create new, fantastic worlds of his own.

Fuente : MARTIN HADIS
Buenos Aires, June 2001.
http://www.martinhadis.com

martes, 24 de mayo de 2011

Fïliaciones anglosajonas en la obra de Jorge Luis Borges: soñar el tigre, conjeturar su circunstancia.


por Ana María García

En un conocido ensayo titulado “El ruiseñor de Keats”, Borges comenta una aseveración de Coleridge,

“todos los hombres nacen aristotélicos o platónicos. Los últimos sienten que las clases, los órdenes y los géneros son realidades; los primeros que son generalizaciones; para éstos, el lenguaje no es otra cosa que un aproximativo juego de símbolos; para aquellos, es el mapa del universo. El platónico sabe que el universo es de algún modo un cosmos, un orden; ese orden, para el aristotélico, puede ser un error o una ficción de nuestro conocimiento parcial”.(1)

De la disyunción entre dos formas de aprehender lo real, de construirse en relación con las cosas, Borges afirma que la mente inglesa nació aristotélica, y explica, por esta vía, la incapacidad de los anglosajones para percibir el arquetípico ruiseñor de Keats, miopía que no se constituyó en un obstáculo para la recepción de su poesía, de manera tal que- como apunta el ensayista- las desafortunadas críticas no lograron opacar su canto.
Cabe extrapolar dichos juicios a la propia constelación borgeana y preguntarnos cuál es el valor, qué representa en su cosmogonía no ya el ruiseñor mentado, sino otra figura de singular fuerza en su poética: el tigre, su coétano, otro símbolo de innegable influencia en el imaginario del romanticismo inglés, recuperado y reescrito en la vasta trama intertextual del escritor argentino.
No obstante, si bien el propósito de esta mirada crítica es adentrarnos en la génesis del tigre oriundo de las tierras de Snorri Sturluson y del Beowulf, y de su concretización en la escritura borgeana, me interesa, en principio, señalar que existe una genealogía de la imagen, no ya del tigre, sino de los tigres, en el sistema borgeano. Esta suerte de historia en torno a la serie en cuestión, la encontramos en dos textos fundamentales.


Imágen de Borges en elZoológico de Buenos Aires

En un relato perteneciente a El hacedor, publicado en los años 60, llamado precisamente “Dreamtigers”, dice:

“En la infancia yo ejercí con fervor la adoración del tigre: no el tigre overo de los camalotes del Paraná y de la confusión amazónica, sino el tigre rayado, asiático, real, que sólo pueden afrontar los hombres de guerra, sobre un castillo encima de un elefante. Yo solía demorarme sin fin ante una de las jaulas en el Zoológico”.(2)


Norah y Jorge Luis Borges en el Zoológico de Buenos Aires en 1908

El registro autobiográfico domina la escritura tornando visible una escena de la niñez, de los primeros años; no obstante, esta imagen primigenia del tigre, el tigre asiático seguirá presente en las posteriores evocaciones. Precisamente en un poema perteneciente a la misma obra, “El otro tigre”,(3) continúa, en la primera estrofa, esta escena evocativa de un animal fuerte, inocente, ensangrentado y nuevo, atributos que como analizaremos luego, conjuran llamativamente al tigre acuñado por Blake, enmascarado en la fiera asiática.
Del animal de las márgenes del Ganges, bellamente descripto a través de la piel espléndida que vibra, y de la apelación al sentido del olfato: “Y husmeará en el trenzado laberinto/De los olores el olor del alba/Y el olor deleitable del venado”, pasamos, en la segunda estrofa, a la plasmación de un segundo tigre, un tigre de símbolos y sombras, compuesto por una “serie de tropos literarios/ y de memorias de la enciclopedia”, un tigre que se opone al primero por ser “ficción del arte y no criatura/Viviente de las que andan por la tierra”. Finalmente, en la tercera estrofa, surge la imagen del tercer tigre, del otro tigre, “Será como los otros una forma/De mi sueño, un sistema de palabras/Humanas y no el tigre vertebrado” Aquí, en los últimos versos el sujeto poético dialoga con el otro Borges, lector, comentarista de Coleridge y surge, con nitidez, el silogismo: así como Keats alumbra su ruiseñor, de manera análoga, Borges persevera- permítaseme el neologismo- fatiga su tigre, éste, el otro tigre, el que no está en el verso.
Si continúo por la travesía que las estrategias argumentativo-poéticas que el propio Borges me imponen, formulo la hipótesis con la que inicié esta exposición y completo la premisa que estaba inconclusa: Borges asevera que la visión del mundo anglosajona es innatamente aristotélica, a excepción- señalaré- de los espíritus luminosos como el escritor citado. Tal generalización opera en forma intrínseca y abraza al mismo Borges: poeta y ensayista coinciden en la búsqueda incesante del Ideal, de la forma de su sueño, forma que deambula en el cielo platónico.




Ahora bien, de estos primeros intentos en nuestra captura del símbolo del tigre, podemos inferir que en los textos citados no aparece todavía, por lo menos de manera explícita, una evocación del tigre de Blake. No obstante, antes de adentrarnos tras su rastro, me parece más oportuno realizar una digresión y reconstruir en forma sumaria, fragmentaria, la figura de William Blake, su aporte a la formación de una de las corrientes estéticas de mayor peso en la historia de la literatura.

Los poetas visionarios del Romanticismo inglés

Tomo este título del conocido estudio de uno de los mayores especialistas en el tema, Harold Bloom, título que en el original acuña otro sentido, The visionary company,(4)que- a mi entender- destaca, con mayor énfasis dos aspectos fundamentales de estos poetas: a) los temas, los recursos estilísticos, las problemáticas que abordan son convergentes, b) una noción esencial en la que todos comulgan y que es precisamente la apología de la imaginación, la reina de las facultades, como luego la llamará Charles Baudelaire, hijo y parricida del movimiento. De la mano de Emanuel Kant y de los precursores alemanes, estos jóvenes anarquistas realizan una revolución, tanto o más importante que la copernicana. La construcción de una nueva subjetividad cuyo eje se desplaza de la razón a la imaginación provoca el ingreso de otra concepción de la praxis poética, praxis reservada a unos pocos elegidos. Bloom utiliza el término visionary, vocablo que alude precisamente a esta noción de un quehacer casi iniciático, a la idea de que las verdades aprehendidas por la poesía son las más elevadas.
Como excedería ampliamente los límites de esta comunicación el desarrollo de las poéticas de los restantes miembros de la cofradía (Shelley, Keats, Byron), me limitaré a bosquejar algunas líneas de la obra de William Blake, aquellas que me resulten productivas para dar cuenta de los alcances del dispositivo intertextual que pretendo reconstruir en relación con la obra borgeana.
La ubicación de este poeta se ha tornado problemática en el campo de los estudios críticos. Se ha adoptado como fecha de iniciación del movimiento la publicación de las Baladas líricas de Wordsworth y Coleridge (1798), no obstante, tal cronología deja fuera un texto fundamental, las Canciones de Inocencia, fechadas en 1789,el mismo año de la Revolución francesa, de manera tal que como ha observado otro prestigioso crítico, C.M.Bowra, con esta periodización se excluye la obra de William Blake. Jaime Rest (5) zanja la cuestión al referirse a un prerromanticismo en cuyo seno lo incluye, mientras que ya señalamos la postura que adopta Harold Bloom al no marcar esta bisagra y directamente incluirlo como parte de la cofradía; en cambio, menciona como antecedente la obra de William Collins.
De estas disquisiones en torno a la contextualización de su figura, se advierte un rasgo fundamental: una actitud de ruptura e innovación en el campo literario de la época.(Coincidencias que también observo en relación con la valoración de la figura del propio Borges.) Las visiones de Blake permitieron, a quienes le siguieron, profundizar la huella. Desde esta perspectiva, sería lícito extrapolar la categoría acuñada por Bourdieu para aludir a la influencia de Baudelaire en Francia. Quizás William Blake se constituye en nomoteta (6)en tanto promueve otros parámetros en el campo intelectual vernáculo, no sólo en cuanto a la originalidad de su poética sino también en su mordaz crítica al sistema de patronazgo, es decir, al arte por encargo, tan en boga en ese momento, crítica que se extiende a todas las instituciones o sistemas que oprimen la libertad del individuo. También resulta necesario aclarar que, los críticos que lo colocan fuera del movimiento, basan su postura en el hecho de que no realizó una sistematización de sus ideas ni dejó un testimonio explícito de estas innovaciones.
Aislado, anarquista, visionario, discípulo del místico Swedenborg, elabora una obra compleja y heterogénea.(7) A partir de la simplicidad de sus primeros poemas se adentra, luego, en la creación de una compleja cosmogonía de filiaciones varias: la cábbala, la Biblia, los mitos clásicos y escandinavos etc.; de esta producción nos interesa su obra fundacional que consta de dos partes. El título completo es Canciones de Inocencia y Experiencia, que muestran los dos estados Contrarios del Alma Humana. Publicado en 1794, las dos partes de la composición sintetizan, con claridad, el pensamiento dialéctico del poeta.
La paradoja instala una visión dualista del universo, visión que recupera las fuerzas elementales de la naturaleza, las más temibles. Anunciará que el cordero, símbolo emblemático de la doctrina cristiana, símbolo del estado de inocencia, no resulta suficiente para redimir el mundo. El hombre no permanece mecido por idílicas canciones de cuna y salmos religiosos, formaciones discursivas predominantes en esta zona del texto, extrapoladas de los himnarios protestantes y del cancionero popular.
En la vía mística, aprehender la Unidad de lo existente implica que se necesite una figura capaz de desatar la pura energía, capaz de vencer las oscuras pasiones y contemplar la verdadera naturaleza humana, la verdadera naturaleza divina, puesto que el dios de Blake habita en cada forma humana,(8)no está fuera del hombre sino que, por el contrario, reencarna en cada individuo.
La figura que simboliza esta vía, la posibilidad de redención es el tigre. El poema homónimo revela, en la primera estrofa, la fuerza, el poderío del animal:

Tyger! Tyger! Burning bright
In the forest of the night,
What inmortal hand or eye
Could frame thy fearful symmetry?(9)

El elemento fónico sugiere la impronta mayestática del símbolo. El gerundio materializa una sinestesia puesto que representa, en forma simultánea, el movimiento y el brillo, el fuego. El adjetivo refuerza, a la manera de un epíteto, la imagen. El campo semántico que se despliega no alude a la luz desde la perspectiva de un Dante. Aquí la luz no proviene del Paraíso, del puro Bien sino que, por el contrario, siguiendo la estela de Milton, nace de la conjunción del Paraíso y del Infierno. Lucifer es parte de Dios, dios es bueno y también es cruel. Asistimos, en suma, a la formulación de un dualismo panteísta que quiebra una interpretación ortodoxa del cristianismo y se acerca mucho más al sentimiento religioso de la antigüedad grecolatina y la mitología nórdica.
Sin embargo, el segundo verso del poema nos conduce, nuevamente, a las selvas dantescas. La intertextualidad es notoria, la metáfora alude, también, a los aspectos negativos de la existencia. En el poeta florentino, la selva simboliza el pecado, en Blake representaría la ignorancia, la represión, la superstición.
La horrible simetría-fearful symmetry- del tigre es el estado del ser que permite restaurar el mundo. El poema, construido en base a interrogaciones retóricas, plantea, en forma dramática la paradoja de la existencia, la indagación en torno del advenimiento de un modelo de hombre, génesis que alumbra, en ecos desgarradores, otra manera de concebir lo divino, de vincularse con el espíritu, el neuma .

La captura, el sueño del tigre

Retornando a nuestro Borges, considero que se produce una feliz conjunción de los aspectos y símbolos que estoy analizando en un cuento perteneciente a El aleph, denominado “La escritura del dios”(1949). Recordemos que el texto narra el cautiverio de un mago, Tzinacán, quien comparte la celda con su asesino, un jaguar. Ante el instante de la muerte inminente, percibe que la sentencia mágica, la escritura del dios, aquella que sólo podrá descifrar un elegido, se esconde en la piel del jaguar, adivina, entonces, que víctima y victimario son sólo Uno, que “un hombre se confunde, gradualmente, con la forma de su destino; un hombre es, a la larga, sus circunstancias.” El mago advierte, entonces, que “ocurrió lo que no puedo olvidar ni comunicar. Ocurrió la unión con la divinidad, con el universo”.(10)
Como el aleph, la piel del tigre encierra la escritura del dios, la experiencia inefable, mística, capaz de percibir el Todo en su heterogeneidad deslumbrante y monstruosa. A partir del uso anafórico de la inflexión verbal vi se despliega una descripción minuciosa de este momento epifánico. De la mano de Blake, de Dante, Borges se suma al linaje de los poetas visionarios, aquellos que poseen el don de ver lo que a los demás seres les está vedado.
Me he referido a los atributos fundamentales del tigre delineado por Blake: su terrible poder, la violencia y la energía devastadora, el aspecto casi diabólico de su semblanza. Me atrevo a conjeturar que el mago Tzinacán comparte su celda con un doble, con la duplicación especular de la fiera anglosajona en tanto responde a la conjunción de valores simbólicos atribuidos a William Blake al animal y trasladados –en un típico sincretismo poético borgeano- al imaginario tigre azteca.


No obstante, concluir mi lectura sustentada solamente en las consideraciones precedentes sería reducir, a partir de mi propia ceguera e ignorancia, el inconmensurable universo imaginado por Borges. Este destello místico, visionario que percibo en algunas zonas de su escritura constituye un indicio, un signo de uno de los Borges posibles.
Cierro el círculo. Vuelvo al inicio. Intenté bosquejar la huella del Borges platónico a partir de una figura emblemática, figura soñada a partir del sueño de otro, de otro grande perteneciente al mundo anglosajón. Sin embargo, también debo advertir que su escritura, su pensamiento no obedece fielmente a los parámetros sustancialistas de la modernidad. Existen otros Borges posibles; uno de ellos transgrede la tradición, el canon, en aras de inaugurar un paradigma o condición diferente de pensar y construir la subjetividad, la escritura, la manera de aprehender y vincularse con lo real. A ese Borges, el posmoderno,(11)le pido disculpas.
Aunque, en realidad, no debo pedir ninguna disculpa: como lo ha señalado Edgardo Gutiérrez, precisamente uno de los rasgos posmodernos de Borges es permitirse adoptar posiciones filosóficas radicalmente contradictorias: a veces platónicas, a veces antimetafísicas, a veces nominalistas, a veces realistas, y así sucesivamente. Porque, como es bueno que lo recordemos, Borges no era un filósofo sino un creador.

Notas

1-Durante toda mi exposición, utilizaré la siguiente edición: Borges, Jorge Luis, Obras completas, Buenos Aires, Emecé, 1974. Edición dirigida y realizada por Carlos V. Frías. Confrontar pág. 718
2-Cfr.Op.Cit. Pág. 783.
3-Cfr. Op.Cit. Pág. 824.
4-El texto de Harold Bloom se ha editado en castellano con el título Los poetas visionarios del romanticismo inglés, Traducción de M. Antolín, Barcelona, Barral, 1974.
5-Jaime Rest practica un valioso abordaje de la propuesta estética de este grupo de poetas ya que, apelando a la claridad y la concisión elabora una texto que excede, por su brevedad, el rótulo de introductorio a la cuestión. Confrontar Coleridge, Byron y otros, Buenos Aires, C.E.AL, 1968.
6-En un valioso trabajo sobre la constitución del campo intelectual francés durante el período que comprende la segunda mitad del siglo XIX, Pierre Bourdieu acuña el concepto de nomoteta para definir el lugar que ocupa la figura de Charles Baudelaire en este escenario. Según su perspectiva, dicho término señalaría “una especie de héroe fundador”, una personalidad que ¨pone en tela de juicio ,y desafía, las estructuras mentales, las categorías de percepción y de apreciación que, al estar ajustadas a las estructuras sociales mediante una congruencia tan profunda quedan al margen de los ataques de la crítica aparentemente más radical, son fuente de una sumisión inconsciente e inmediata al orden cultural” en Las reglas del arte .Génesis y estructura del campo literario, Barcelona, Anagrama, 1995. Págs 100-101.
7-William Blake recibe la influencia de Platón a través de la figura de Plotino. Este hecho constituye otra de las afinidades filosóficas, una forma de percibir lo real, que lo acerca a nuestro poeta.
8-En uno de los poemas más productivos para el desarrollo del ejercicio crítico que estoy realizando, llamado The Divine Image (La Imagen Divina), perteneciente a los Cantos de Inocencia, en una de las estrofas se dice: Then every man, of every clime,/That prays in his distress/ Prays to the human form divine,/ Love,Mercy,Pity,Peace ( Luego todo hombre de cualquier clima,/ Que ruega en su desventura,/ Ruega a la humana forma divina, /Al Amor, a la Piedad, a la Paz, a la Misericordia) Confrontar Blake, William, Cantos de inocencia y de experiencia, Barcelona, Bosh, 1977. Traducción de E. Valenti. Edición bilingüe. Pág. 23
9-Op.Cit. Pág. 25 ¡Tigre! ¡Tigre! que ardiendo brillas/ En los bosques de la noche,/¿Qué mano inmortal u ojo/ Ideó tu horrible simetría?
10-Op.Cit. Pág. 598.
11-La Licenciada Cristina Piña ha publicado dos valiosos artículos sobre la cuestión que aportan una sólida fundamentación en torno a la consideración de Borges como un posmoderno avant la lettre, utilizando palabras de la autora. Confrontar: Piña, Cristina: “Borges posmoderno” en : Cultura. Bs.As., Nº 57/58 aniversario, 1996, págs. 40-43 y “Borges y la posmodernidad” en: Revisa de Literaturas Modernas. Homenaje a Jorge Luis Borges. Borges entre dos siglos: Recuperaciones y anticipaciones. Nº 29. Mendoza, Universidad Nacional de Cuyo, Facultad de Filosofía y Letras, Instituto de Literaturas Modernas, 1999, págs. 273-284.


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RODRÍGUEZ MONEGAL, Emir: Borges, hacia una lectura poética. Madrid, Guadarrama, Ediciones de bolsillo, 1976.

Fuente : Ana María García
Universidad Nacional de Mar del Plata - Argentina

domingo, 22 de mayo de 2011

Borges y el anglosajón


De todas las literaturas que influyeron en la obra de Borges, la anglosajona, es decir, la literatura escrita en Inglaterra entre los siglos V y XI, es seguramente la menos estudiada por la crítica. Se trata, sin embargo, de uno de los temas recurrentes de nuestro escritor, como lo fueron una vez el Tango o las obras de Schopenauer, Berkeley y Hume. Resulta, por lo tanto, importante entender las características del inglés antiguo y el impacto que el estudio de esta lengua y los textos en ella escritos ha tenido en la obra de quien fue uno de los más grandes escritores de lengua hispana del siglo XX.

Introducción: cinco siglos de inglés antiguo

Anglos, Jutos y Sajones, llamados colectivamente “anglosajones”, tribus germánicas que dejaron atrás sus hogares en el continente y cruzaron el Canal de la Mancha para terminar instalándose en las islas británicas. Los Jutos procedían de Jutland (Dinamarca), los Anglos de Schleswig-Holstein (Alemania), y los Sajones, de las costas al norte del Elba (Dinamarca y Alemania). En términos de clasificación lingüística, el anglosajón es un dialecto bajoalemán, cuyos parientes más cercanos son el holandés y el frisio.

A partir del siglo V los anglosajones comenzaron su migración hacia las islas británicas. y se impusieron a los habitantes nativos de Bretaña, que eran, en su mayoría, tribus celtas, antecesoras de las actuales poblaciones de escoceses, irlandeses y galeses. Con el tiempo, los invasores fueron empujando a la población celta hacia el norte y el oeste de la isla. Dado que las lenguas celtas pertenecían a un enemigo sometido, pocas palabras celtas han pasado de éstas al idioma de los anglosajones, por lo que al principio el anglosajón era una lengua casi exclusivamente germánica. Con el tiempo, se vio influido por el latín eclesiástico, y por los antiguos dialectos escandinavos hablados por los invasores vikingos.

La época del inglés antiguo terminó en el año 1066, con la invasión normanda. El último rey sajón, Harold Godwinson, fue derrotado en la batalla de Hastings por Guillermo el Bastardo en el año 1066.


El último rey sajón: el rey Harold, retratado en el famoso "Tapiz de Bayeux", ca. 1066.

Los normandos provenían de la Normandía francesa, la etimología de ese nombre (“tierra de los hombres del norte”) revela su origen escandinavo. Pero para el momento en que decidieron invadir Inglaterra, sin embargo, los normandos se habían afrancesado por completo. Su lengua no era el escandinavo antiguo, sino el francés antiguo o “francien”, idioma que impusieron a las tierras sajonas que conquistaron. La iglesia ya había dado al inglés varias docenas de palabras latinas; un par de siglos de dominio normando la inundaron de miles de palabras de origen romance. El resultado del encuentro entre la antigua lengua francesa de los normandos y el inglés antiguo hablado por los anglosajones dio como resultado una lengua híbrida, con una gramática germánica en su esencia pero con un gran porcentaje de palabras de origen romance en su vocabulario, de la que desciende el inglés moderno.

Literatura anglosajona

Durante los cinco siglos que van del V al X, el inglés antiguo fue vehículo de creación literaria.

No es mi intención reseñar textos específicos, dado que, existen varias introducciones a esta literatura, entre ellas, la que escribió el mismo Borges en su libro Literaturas Germánicas Medievales. Resulta de interés, sin embargo, enumerar y analizar brevemente los textos primarios que sobreviven hasta el día de hoy.

En lo que respecta a la poesía, el hecho más notable es que de toda la producción poética que puede haber tenido lugar en los cinco siglos que van del V al X, han sobrevivido solamente cuatro códices: el llamado Libro de Exeter, que pertenece a la catedral de ese mismo nombre, el llamado Manuscrito Junius, el Libro de Vercelli , olvidado hace siglos en Italia por unos peregrinos anglosajones camino a Roma, y finalmente, el códice llamado Cotton Vitellius, que sufrió graves daños durante un incendio en la biblioteca de Cotton, a la que pertenecía, y que se encuentra ahora en la British Library.

De todos los poemas contenidos en esos cuatro códices, el más famoso es seguramente el de Beowulf, que narra el legendario combate entre el guerrero de ese nombre y una serie de monstruos Se trata de un poema heroico de 3200 versos. Borges disfrutaba de su lectura, pero la desaconsejaba a los principiantes, ya que emprenderla sin conocimientos suficientes propendía, según afirmaba, “a la deserción y al tedio”.


Primera página del manuscrito del Beowulf

Beowulf no es, sin embargo, el único poema heroico que ha llegado a nosotros. Sobreviven también varios textos de la misma naturaleza que Borges encontraba sumamente interesantes.

Entre éstos se encuentran el llamado Fragmento de Finnsburh, que narra una batalla entre Daneses y Frisios, la Batalla de Brunanburh, que veremos en más detalle más adelante, y la Batalla de Maldon, poema que fascinaba especialmente a Borges

Otro género de la literatura anglosajona por el que Borges se sentía especialmente atraído era el género elegíaco. Las elegías anglosajonas son poemas escritos en primera persona, que tratan del contraste entre la felicidad de épocas pasadas y el difícil presente del narrador. Se trata de obras que subrayan, en general, la transitoriedad de las riquezas, el bienestar y la alegría. Las elegías preferidas por Borges eran La Ruina, cuyo narrador describe el estado de destrozo de lo que antes fue una ciudad llena de alegría y belleza, la elegía de El Hombre Errante, en la que un guerrero lamenta su suerte, alejado de su rey y de su gente recorre en soledad mares helados, y finalmente El navegante, en el que se siente con fuerza un tema que se volverá habitual en la poesía inglesa más tardía: la nostalgia del mar.

Hay, por último, una serie de poemas religiosos cristianos, que combinan el ethos heroico germánico con personajes y fuentes bíblicas. Entre ellos se cuentan Andreas, Juliana y Los Destinos de los Apóstoles. Este no es un género que impresionara especialmente a Borges; de todas las poesías religiosas, la que Borges prefería era El Sueño de la Cruz (The Dream of the Rood), debido no a su énfasis cristiano, sino al hecho de que el narrador en primera persona del poema no es una persona sino, curiosamente, el madero, la misma cruz donde fue crucificado Cristo.

En comparación con los escaso del material poético que ha sobrevivido hasta nuestros días, los textos en prosa son mucho más abundantes: su cifra asciende a varios cientos. No ahondaré en ellos, sin embargo, porque a diferencia de la poesía, la prosa anglosajona no impresionaba especialmente a nuestro escritor. “Los sajones podían componer versos memorables” – escribió una vez – “pero su prosa era vacilante y pesada” (Comentario sobre “El Relato de Ottar” en Breve Antología Anglosajona, OCC pág. 798). A pesar de ello, nos consta que Borges leyó con fruición algunos de los textos en prosa redactados por el rey Alfredo, y que disfrutaba la lectura de la Crónica Anglosajona, texto que consiste en una serie de anales sucesivos escritos por generaciones de monjes y que describe sucintamente los hechos acaecidos cada año. En el anverso de la lápida del escritor, en Ginebra, está inscripto un semiverso perteneciente a Maldon.

Una lengua rica y compleja

Durante siglos, los manuscritos anglosajones permanecieron olvidados y escondidos en estantes de oscuras bibliotecas. Cuando, en los siglos XVIII y XIX, los anticuarios y filólogos ingleses comenzaron a dirigir su atención hacia ellos, la lengua había cambiado tanto que éstos resultaban ilegibles. Hicieron falta décadas de perseverancia y estudios s para que alguien pudiera nuevamente leer correctamente la lengua anglosajona.

La gramática del inglés antiguo es extremadamente compleja. Los casos de declinación son cuatro, similares a los del alemán: nominativo, genitivo, dativo, acusativo. Hay también un caso instrumental. Entre sus curiosidades lingüísticas se destacan una forma dual del pronombre de primera persona, distinta a la forma plural (we=nosotros, wit = nosotros dos).

Sobra a esta altura decir que hablar o leer inglés moderno no confiere de por sí la capacidad de leer inglés antiguo. Los hablantes de inglés moderno interesados en leer la literatura anglosajona en su forma original deben estudiar a la lengua anglosajona inglés como estudiarían alemán o sueco, es decir, como si se tratara de una lengua extranjera.

Véase por ejemplo el siguiente párrafo, correspondiente al año 789 de la Crónica Anglosajona:

Her wæs Alfwald Norðhymbra cyning ofslægen fram Sigan ... ond heofonlic leoht wæs lome gesewen þær þær he ofslægen wæs, ond he wæs bebyrged on Hagustaldesee innan þære cyrican. Ond sinoð wæs gegaderod æt Aclea. Ond Osred Alchredes sunu feng to rice æfter him, se wæs his nefa.

“Este año, Alfwold, rey de Nortumbria, fue asesinado por Siga ... y se vieron con frecuencia luces celestiales en el lugar éste donde fue muerto. Y fue enterrado en Hexham dentro de la iglesia. Y se reunió un sínodo en Aclea. Y Osred, hijo de Alrchred, le sucedió en el trono. Él era su sobrino.”
Como se verá, el texto no resulta inteligible sin la ayuda de un buen diccionario y conocimientos de gramática anglosajona.

Borges y el inglés antiguo

El interés de Borges por el inglés antiguo aparece ya en forma temprana en su ensayo Las Kenningar, que se publica en el libro Historia de la Eternidad (1936). Pero su verdadero vuelco hacia el idioma y la literatura anglosajona se produce en 1955, cuando Borges se queda definitivamente ciego.

Para cualquier persona, la pérdida de la vista debe ser una experiencia terrible, pero para una persona para la cual los libros y de la literatura eran su mundo, el golpe debe haber resultado devastador. Así lo describe el mismo Borges en su conocido “Poema de los dones”:

Nadie rebaje a lágrima o reproche
Esta declaración de la maestría
De Dios, que con magnífica ironía
Me dio a la vez los libros y la noche.

Borges recurre al estudio de una nueva literatura para enfrentar esta pérdida.

Me dije: ya que he perdido el querido mundo de las apariencias, debo crear otra cosa.. debo crear el futuro, lo que sucede al mundo visible que, de hecho, he perdido

“La Ceguera”, Siete Noches, OC III, pag 280.

Borges era, por esas épocas, profesor en la Universidad. Un grupo de alumnas fue a visitarlo y Borges les propuso emprender el estudio de un idioma y una literatura que apenas conocían:

Me preguntaron cuál era ese idioma y cual era esa literatura. Bueno, naturalmente, el idioma inglés y la literatura inglesa. Vamos a empezar a estudiarlos, ahora que estamos libres de la frivolidad de los exámenes; vamos a empezar por los orígenes

“La Ceguera”, Siete Noches, OC III, pág. 277

Este intento de emprender un nuevo proyecto para iniciar esta nueva etapa de su vida suena del todo sensato. Sin embargo, no deja de ser curiosa la elección del idioma a estudiar. Habiendo tantos idiomas que le interesaban, ¿Por qué habría de recaer la elección de Borges justamente en el inglés antiguo?

La respuesta a esta pregunta la encontramos en la genealogía del escritor. Borges heredó la ceguera del lado paterno de su familia, es decir, de sus antepasados ingleses. La abuela inglesa de Borges, Frances Haslam, provenía de Staffordshire, Inglaterra. Frances padecía esta forma de ceguera hereditaria que pasó de ella al padre del escritor, Jorge Guillermo Borges, que a su vez la transmitió a su hijo. Por ende, Borges veía a la ceguera como la una prueba para su coraje, una prueba por la que cada generación de su rama paterna Borges/Haslam debía pasar:

...estoy hablando en mi nombre y en nombre de mi padre y de mi abuela, que murieron ciegos; ciegos, sonrientes y valerosos, como yo también espero morir.

“La Ceguera”, Siete Noches, OC III, p. 276

Nuestro escritor no se equivoca ni exagera cuando afirma que el inglés antiguo era el idioma de sus ancestros. Es por eso que esta antigua lengua y su literatura representan para Borges de un verdadero regreso a los orígenes que le permite regenerarse y crear un nuevo futuro. Mircea Eliade, estudioso de mitos y religiones, afirma en su libro sobre el eterno retorno:

El hombre ha sentido siempre la necesidad de reproducir la cosmogonía en sus construcciones, cualquiera sea el carácter de éstas, y esta regeneración lo hace sentir contemporáneo al momento mítico de los comienzos del mundo, a la que intenta regresar tan frecuentemente como le sea posible, para regenerarse a sí mismo....

The Myth of the Eternal Return, p. 76

Y en efecto, al comenzar su estudio de la lengua anglosajona, Borges observa:

Estoy volviendo al idioma que hablaban mis mayores hace cincuenta generaciones; estoy volviendo a ese idioma, estoy recuperándolo. No es la primera vez que lo uso; cuando yo tenía otros nombres, yo hablé este idioma”

“La ceguera”, Siete Noches, OC III pag. 281

Esta idea del regreso a un idioma ancestral se repite una y otra vez en distintos poemas.

Por ejemplo, en el poema titulado “Al iniciar el estudio de la gramática anglosajona”, Borges se sorprende de estar regresando a esta lengua ancestral desde las costas del río de la Plata, río al que, a diferencia de los ríos de Inglaterra, jamás llegaron los drakkar (dragones) de los vikingos, embarcaciones así llamadas porque llevaban para amedrentar a sus enemigos la escultura de un dragón en la proa:

Al cabo de cincuenta generaciones
tales abismos nos depara el tiempo)
Vuelvo en la margen ulterior de un gran río
Que no alcanzaron los dragones del viking
A las ásperas y laboriosas palabras
Que, con una boca hecha polvo,
Usé en los días de Nortumbria y de Mercia,
Antes de ser Haslam o Borges

Años más tarde, vuelve a la misma idea en el poema titulado Un Lector (Elogio de la Sombra, OC pág. 1016)

Cuando en mis ojos se borraron
Las vanas apariencias queridas
Los rostros y la página
Me di al estudio del lenguaje de hierro
Que usaron mis mayores
Para cantar espadas y soledades

Al emprender el estudio del inglés antiguo, Borges regresa, entonces, a las fuentes de su familia y a su pasado lingüístico para combatir la desazón que le produce su ceguera.

Lecciones de inglés antiguo

Las reuniones de Borges con su grupo de estudiantes de anglosajón comenzaron en la Biblioteca Nacional. Con el tiempo, esas clases se trasladaron a la case de Borges, en la calle Maipú. En su libro With Borges on an ordinary evening in Buenos Aires, Willis Barnestone recuerda:

Borges da sus clases de inglés antiguo los domingos a la tarde. Duran aproximadamente dos horas hasta que Borges se va a cenar, por lo general caminando a la casa de Adolfo Bioy Casares... Los estudiantes suelen ser siempre los mismos: una mujer inglesa mayor, vieja amiga de Borges, algunos ex-alumnos de Borges de la universidad... y María Kodama... La atmósfera es eléctrica: Borges se sienta en el sofá bajo las ventanas del living. Primero elige algunos textos anglosajones o escandinavos... Tras él, sosteniendo los libros con los antiguos textos, está Pablo, que le va mostrando línea por línea lo que el grupo está leyendo, como si Borges pudiera ver y descifrar las palabras. Borges parece seguir los textos, pero, por supuesto, lo que en realidad sucede es que los sabe de memoria... He dicho que la atmósfera es eléctrica... lo que predomina en estas clases es la risa. A Borges le gusta reír, pero nunca lo he visto reir tanto como cuando disfruta los sonidos y significados de estos antiguos textos...

[With Borges in an Ordinary Evening in Buenos Aires, p.49]

Habiendo perdido su vista, Borges encuentra un enorme placer en el sonido del idioma anglosajón. Ocurre que en esa lengua existían fonemas y combinaciones de sonidos que se han perdido en el inglés de hoy:

El inglés antiguo, idioma de duras consonantes y vocales abiertas, era más sonoro y más áspero que el moderno, que ha ido limando sus aristas: Incluía grupos consonánticos hoy desaparecidos: pan, que ahora es loaf, era hlaf; relinchar, que ahora es to neigh, era hneagan; sortija, que ahora es ring, era hring; ballena, que ahora es whale, era hwael.

[Literaturas Germánicas Medievales, OCC p. 869 ]

A Borges, estos sonidos le parecen especialmente apropiados para las poesías épicas:

El lenguaje anglosajón, el inglés antiguo, estaba por su misma aspereza predestinado a la épica, es decir a la celebración del coraje y de la lealtad. Por eso... lo que le sale especialmente bien a los poetas es la descripción de batallas. Es como si oyéramos el ruido de las espadas, el golpe de las lanzas sobre los escudos, el tumulto de los gritos de la batalla

(Borges Profesor, clase V)

Habiendo perdido la vista, los sonidos fuertes y bruscos del inglés antiguo llaman poderosamente la atención de Borges

Inspiración e influencias

El interés de Borges por las literaturas germánicas, como hemos visto, se remonta a los comienzos de su carrera de escritor. La siguiente cronología sirve para ubicar en el tiempo su producción relacionada con temas anglosajones.

En 1936 se publica Historia de la Eternidad, libro que contiene el ensayo titulado “Las Kenningar”, en el que Borges describe y analiza las complejas metáforas utilizadas por los poetas escandinavos y anglosajones del medioevo.

En 1951 se publica Antiguas Literaturas Germánicas. Se trata a la vez de un manual introductorio y de una breve antología. La influencia de la literatura anglosajona comienza a hacerse sentir. Sin embargo, Borges todavía no sabe inglés antiguo.

En 1955 Borges es nombrado director de la Biblioteca Nacional. Ese mismo año se queda ciego y comienza a estudiar inglés antiguo.

En 1963 y 1964 hace sendos viajes a Inglaterra. Visita el pueblo de sus ancestros y muchos otros lugares de interés histórico y literario

En 1966 publica Literaturas Germánicas Medievales. Se trata de una revisión de Antiguas Literaturas Germánicas. El capítulo dedicado a la literatura anglosajona es el que sufre más adiciones y revisiones, ya que Borges trabaja ahora directamente “sobre los textos primitivos” (Literaturas Germánicas Medievales, “Introducción”, OCC pag. 861)

En 1978 publica su Breve Antología Anglosajona, compilación de textos anglosajones traducidos directamente del inglés antiguo al castellano por Borges y María Kodama.

En el poema titulado “Al iniciar el estudio de la gramática anglosajona” (citado arriba) de El Hacedor (1960) Borges elogia a la “infinita urdimbre de los efectos y de las causas” que le ha concedido el don de aprender inglés antiguo. El escritor afirmaba que el título de este poema llamó la atención de varios lectores. En su Autobiografía recuerda:

Cierta vez un colega me llamó aparte y me dijo preocupado: “ ¿Qué significa eso de publicar un poema titulado ‘Al iniciar el estudio de la gramática anglosajona?”. Traté de hacerle entender que el anglosajón es para mí una experiencia tan íntima como mirar una puesta de sol o enamorarse (Autobiografía, págs. 134-145)

El estudio de esta lengua y esta literatura dejó “rastros” (Autobiografía, pag. 134) tanto en sus poemas como en sus cuentos. Un análisis completo de la influencia del inglés antiguo esta mas alla delalcance de este artículo, pero analizaré a continuación a algunos de los poemas en los que la influencia del idioma y la literatura anglosajona resultan más visibles.

El otro, el mismo de 1964, es un libro especialmente pródigo en poemas de tema sajón. Esta no es una coincidencia. Como se ve en la cronología, para el año de publicación de este libro, Borges acababa de regresar de un viaje por Inglaterra, en el que visitó numerosos lugares de interés histórico y literario, entre ellos, York y el pueblo de sus ancestros en Staffordshire.

En todos estos poemas Borges vuelve una y otra vez al tema de los comienzos: los comienzos de Inglaterra, el inicio de sus estudios de anglosajón, los orígenes de la lengua inglesa.

El poema titulado “Un sajón” (de El otro, el mismo, pag 883) narra la llegada de uno de los primeros guerreros de esa tribu a Inglaterra. Describe a un hombre rudimentario, portador a la vez de una tosca religión pagana y de una lengua ricas en posibilidades literarias. El mismo guerrero que adoraba a Odín (Woden) y Thor (Thunor) es capaz de componer poemas utilizando metáforas complejas.

Woden o Thunor, que con torpe mano
Engalanó de trapos y de clavos
Y en cuyo altar sacrificó al arcano
Caballos, perros, pájaros y esclavos

Para cantar memorias o alabanzas
Amonedaba laboriosos nombres;
La guerra era el encuentro de los hombres
Y también el encuentro de la lanzas

Borges utiliza de ejemplo dos de estas metáforas que corresponden a la batalla: “encuentro de los hombres” y “encuentro de las lanzas” ambas similares (aunque no exactamente iguales) a las que cita en su ensayo Las kenningar.

En el mismo libro (El otro, el mismo, p. 902), encontramos un poema titulado “Composición escrita en un ejemplar de la gesta de Beowulf”. Se trata nuevamente de una reflexión sobre los motivos que impulsan a Borges a estudiar este idioma. La explicación se refiere, nuevamente a sus ancestros:

A veces me pregunto qué razones
Me mueven a estudiar sin esperanza
De precisión, mientras mi noche avanza
La lengua de los ásperos sajones
...
Será, (me digo entonces) que de un modo
secreto y suficiente el alma sabe
Que es inmortal y que su vasto y grave
Círculo abarca todo y puede todo...

Al parecer, al estudiar inglés antiguo, Borges jugaba realmente con la idea de la inmortalidad del alma. En “Borges, Esplendor y Derrota” (p. 218), la autora transcribe una conversación grabada en 1961 en Nuevo México, que tuvo lugar entre Borges, Enrique Zuleta Álvarez y Cleoh N. Capsas. Luego de recitar “Composición escrita sobre un ejemplar...” Borges anuncia a sus interlocutores que está estudiando inglés antiguo “precisamente porque conoce su naturaleza inmortal.” Agrega que está regresando a este idioma “aprovechando los beneficios de la metempsicosis”, es decir, de la reencarnación. “¿Por qué no pudo haber hablado mi alma en un cuerpo anterior al siglo décimo, aquel idioma que luego se convertiría en el inglés?” - se pregunta Borges. Los tres participantes de la conversación ríen, “pero Borges" -se pregunta M.E. Vázquez - " ¿hablaría en serio o en broma?”. No lo sabemos.

A la “Composición escrita sobre un ejemplar...” le sigue otro otro poema, cuyo título es directamente anglosajón: “Hengist Cyning”. Se trata de una elegía de Hengist, primer de Inglaterra. De la palabra anglosajona cyning desciende la forma moderna “king”, de manera que el título de este poema, “Hengist Cyning”, significa simplemente “Hengist Rey”.

Hengist y Horsa, fueron, en la leyenda, los dos fundadores de Inglaterra. Podríamos decir que son la versión sajona de Rómulo y Remo. En el anal del año 449 de la Crónica Anglosajona, se lee:

On hiera dagum Hengest ond Horsa from Wyrtgeorne geleaþade Bretta kyninge gesohton Bretene on þam staþe þe is genemned Ypwinesfleot, ærest Brettum to fultume, ac hie eft on hie fuhton.

“En sus días Hengist y Horsa fueron invitados por Wurtgern, rey de los Bretones y arribaron a Gran Bretaña en un lugar llamado Ipswinesfleet (Ipswitch). [Vinieron] en un principio para ayudar a los Bretones, pero luego combatieron contra ellos.”

La primera parte de este poema, propone un posible epitafio para Hengist. Se trata de una maniobra literaria que Borges ejecuta una y otra vez a lo largo de su obra: completar los enigmas de la historia con hechos imaginarios, postular realidades posibles para sucesos para los que no hay evidencia. Como hemos dicho, Hengist es un personaje de leyenda: nunca se han descubierto sus restos y mucho menos una inscripción sobre su tumba. Borges, sin embargo, no puede evitar postular una leyenda fúnebre para este rey que tal vez nunca existió.

En la segunda parte del poema, es Hengist quien habla, ignorando el epitafio que el mismo Borges postula:

No sé que runas habrá marcado el hierro en la piedra
Pero mis palabras son estas:
Bajo los cielos yo fui Hengist el mercenario

Y, lo que resulta aún más curioso: en las líneas siguientes, Hengist describe a la tierra que acaba de conquistar::

Me place el reino que gané con la espada:
Hay ríos para el remo y para la red
Y largos veranos
Y tierra para el arado y para la hacienda

Estas referencias geográficas son peculiares. Describen en pocas líneas, concretas y próximas a la prosa narrativa una tierra nueva que algún día será Inglaterra. Sobra decir que ningún documento sobrevive de éstas épocas tempranas de la colonización anglosajona de las islas británicas, sino que se trata de una creación de Borges, un intento por imaginar qué habrán sentido o pensado los primeros habitantes sajones de Inglaterra al contemplar su nuevo hábitat..

El poema titulado “Brunanburh, 937 A.D”. constituye otro excelente ejemplo de esta maniobra literaria de esto. Este poema está basado en un poema anglosajón titulado “La Batalla de Brunanburh” que aparece intercalado en el anal correspondiente al año 937 de la Crónica Anglosajona.

El poema original de Brunanburh conmemora la victoria del rey sajón Aethelstan y su hermano Eadmund sobre un ejército formado por pictos, escoceses y britanos. Anlaf es el jefe del contingente vikingo, que debe escapar, derrotado y humillado, del campo de batalla.

El poema de Borges, basado en el original anglosajón, evoca la voz de un guerrero sajón que ha combatido en Brunanburh e imagina a la mujer que aguardará en vano, en las costas escandinavas, al guerrero escandinavo que mató la noche anterior :

Brunanburh 937 A.D.
Nadie a tu lado
Anoche maté a un hombre en la batalla.
Era animoso y alto, de la clara estirpe de Anlaf.
La espada entró en el pecho, un poco a la izquierda.
Rodó por tierra y fue una cosa,
Una cosa del cuervo.
En vano lo esperarás, mujer que no he visto.
No lo traerán las naves que huyeron
Sobre el agua amarilla.
En la hora del alba,
Tu mano desde el sueño lo buscará.
Tu lecho está frío
Anoche maté a un hombre en Brunanburh.

Hay además, en este poema, un detalle lingüístico interesante. El “agua amarilla” que Borges menciona en el poema es una traducción directa del original. Las líneas 28-36 del poema

… Fife lægun
on þam campstede cyningas giunge,
30 sweordum aswefede, swilce seofene eac
eorlas Anlafes, unrim heriges,
flotan and Sceotta. þær geflemed wearð
Norðmanna bregu, nede gebeded,
to lides stefne litle weorode;
35 cread cnear on flot, cyning ut gewat
on fealene flod, feorh generede.

Cinco reyes jóvenes quedaron tendidos en el campo de batalla, adormecidos por la
espada, y también siete guerreros de Anlaf, y otro sinnúmero de escoceses y navegantes
(vikingos). Así fue puesto en fuga el rey de los hombres del norte, acuciado por el
peligro, hacia la proa de su barco, con reducido ejército. La nave se apresuró sobre el
mar. El rey escapó, navegando, sobre las amarillas aguas, y salvó su vida

El adjetivo fealu (aquí declinado en su forma fealene), tiene un significado múltiple sobre el que los traductores no logran ponerse de acuerdo. Se refiere, en muchos casos, a un color amarillento o amarronado, pero en este contexto puede significar también “brillante”, tal vez haciendo referencia al reflejo del sol en el mar. El amarillo era uno de los pocos colores que Borges podía distinguir a pesar de su ceguera; seguramente la idea de que los sajones vieran a las aguas mar de este color llamó poderosamente su atención.

Conclusión

El inglés antiguo, antecesor directo del inglés moderno, fue uno de los idiomas que Borges estudió con más afán. El interés inicial puede haber sido anticuario o genealógico, pero en todo caso, con el tiempo, Borges se convirtió en un verdadero erudito de esta lengua. Los textos que estudió le sirvieron de inspiración para su creación poética y narrativa. Poco estudiados en estas latitudes, tanto el idioma como la literatura de la Inglaterra medieval resultan fundamentales para poder abarcar en su totalidad la obra de este escritor.

Nota: inglés antiguo y anglosajón son términos sinónimos. Anglosajón es el término que utilizaban los primeros estudiosos de la lengua; el término inglés antiguo es el más actual y lingüísticamente el más correcto. Borges, sin embargo, prefería utilizar el más arcaico “anglosajón” para referirse a esta lengua, tal vez porque sonaba más majestuoso que “inglés antiguo”, más simple y directo.

Bibliografía:


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With Borges on an Ordinary Evening in Buenos Aires
Urbana and Chicago
Universityof Illinois Press 1993

Borges, Jorge Luis
Antiguas Literaturas Germánicas
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Fondo de Cultura Económica 1951

Borges, Jorge Luis
Obras Completas 1923-1972 (OC)
Buenos Aires
Emecé Editores 1974

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Obras Completas, Tomo III (OC III)
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Emecé Editores 1989

Borges, Jorge Luis.
Obras Completas en Colaboración (OCC).
Buenos Aires
Emecé Editores 1995

Borges, Jorge Luis.
Autobiografía
El Ateneo.
Buenos Aires 1999
Borges, Jorge Luis
Borges profesor
Buenos Aires
Emecé Editores 2000

Eliade, Mircea
The Myth of the Eternal Return
Estados Unidos
Princeton University Press 1991

Vázquez, María Esther
Borges: esplendor y derrota
Barcelona
Tusquets Editores, 1996

Fuente : Publicado originalmente en "El Lenguaraz"
Revista del Colegio de Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires.
Autor : Martin Hadis
http://www.martinhadis.com/
Abril de 2003.