sábado, 12 de junio de 2010

Joyce - Bloomsday



El Bloomsday es un evento anual que se celebra en honor a Leopold Bloom, personaje principal de la novela Ulises de James Joyce. Se celebra todos los días 16 de junio desde 1954.

James Joyce (Dublín, 1882 – Zúrich, 1941) fue un escritor irlandés, recordado mundialmente como uno de los más importantes e influyentes del siglo XX.
Es aclamado por su obra maestra, Ulises (1922).

Jorge Luis Borges escribió: “Es indiscutible que Joyce es uno de los primeros escritores de nuestro tiempo. Verbalmente, es quizá el primero. En el Ulises hay sentencias, hay párrafos, que no son inferiores a los más ilustres de Shakespeare…”.



El 16 de junio es el día en el que transcurre la acción -ficticia- del Ulises. Este día los celebrantes procuran comer y cenar lo mismo que los protagonistas de la obra, o realizar distintos actos que tengan su paralelismo en la novela. Especialmente se realizan encuentros en Dublín para seguir el itinerario exacto de la acción.

Un viaje al Dublín de James Joyce

Acompáñanos al Dublín colonial de principios de siglo, al mismo día y lugar donde transcurrieron las andanzas de dos peculiares personajes que se encontraron varias veces en las calles de esa ciudad. Fue un 16 de Junio de 1904 y James Joyce lo narró en su celebrada novela “Ulysses”. Sin duda, una de las obras más reputadas y emblemáticas de ese escritor irlandés. El viaje que les propongo, no va a surgir de una simple lectura desde un sillón de nuestra casa, ni tampoco se va a desarrollar en algún lugar de nuestra imaginación. Literalmente, vamos a conducir nuestros pasos hacia un Dublín literario, vivir un día inmerso en la apasionante literatura de James Joyce a través de sus calles, y por qué no, convertirnos en protagonistas del relato más real e intenso de un Dublín que ya no existe. ¿Quieren saber cómo?



Lo primero que debemos hacer es conseguir un traje de época, al estilo de la película “siete novias para siete hermanos”, un sombrero de paja, un bastón a la antigua usanza y estar dispuestos a rendir homenaje al maestro de la literatura moderna, James Joyce, acudiendo al Bloomsday. Una celebración que cada 16 de junio tiene lugar en Dublín y que debe su nombre al personaje principal de “Ulyses”, Leopold Bloom.



El resto, ya es logro de Joyce, quién detalló y relató con tal realismo cada escenario que componen el recorrido de sus personajes, que según él, si Dublín desapareciera de la faz de la tierra, sería posible reconstruirla siguiendo los pasos de Bloom. Parece que quisiera que las frases de su libro funcionasen a modo de viaje, y poder regresar a él en la fecha concreta donde conoció a Nora Barnacle, la que fuera su mujer años más tardes y la madre de sus hijos. De esta manera, sus pensamientos quedarían anclados en ese justo momento a un Dublín por el que alguna vez sintió un amor no correspondido. Dada su trasgresora prosa, su obra llegó a estar prohibida durante años en la “isla esmeralda”.



Por todo esto, sólo nos queda adentrarnos en esta historia en coche de época, comer y beber lo mismo que Bloom y como no, seguir sus pasos. Debo advertiros que también vamos a tener que enfrentar algún que otro altercado con personajes ebrios, pero no se alarmen, son meras reproducciones teatrales que guardan paralelismo con la obra y dan vida a las calles de Dublín. En ese día, no hay un sólo lugar ni persona que no tenga un aire “Joyceano”.

El ritual empieza en el mismo punto donde da comienzo la obra, la torre Martello en Sandycove. Aquí escucharemos el primer capítulo de la novela que continuará con un chapuzón, sólo para valientes, en las frías aguas de la bahía de la ciudad. Acto seguido, como hiciera Bloom, iremos a comer un sándwich de Gorgonzola al Pub Davy Byrne en Duke Street, para proseguir con una pinta en el Ormond Hotel. Después de varias paradas por pubs y tabernas, donde tendrán lugar escenificaciones de los capítulos donde Bloom y Stephen Dedalus compartieron pintas y más, escucharemos la célebre lectura de Molly Bloom, nombre de la casquivana esposa de Bloom, que pondrá fin a nuestro viaje.



Por el trazado tan exacto del recorrido, el Bloomsday puede parecerse a la búsqueda del tesoro en algún tiempo lejano, pero al final del camino no nos esperará un cofre repleto de joyas. Tan sólo nos habremos sumergido en la mente de Joyce para descubrir que entre las calles que han visto nacer cuatro premios Nobel, Yeats, Beckett, Heaney y Shaw, así como escritores de la talla de Oscar Wilde o el propio James Joyce, aún podemos encontrar las huellas que nos han dejado todos estos escritores y revivir el espíritu de una de las plumas más refinadas de la historia.

Leopold Bloom y Stephen Dedalus deambularon por esas mismas calles y, de pasó, marcaron un antes y un después en la literatura contemporánea. ¡Feliz Día Bloom!

Fuente : Turismo de Irlanda



Bloomsday en Buenos Aires

En el marco del evento “James Joyce en Buenos Aires”, la Asociación Argentino Irlandesa de Capital Federal rinde homenaje al escritor y a su obra fundamental.

Bloomsday. Lectura del Ulises de Joyce

Con la participación de Oscar Barney Finn, entre otros.
Lugar: Sala “Juan L. Ortiz”
Biblioteca Nacional
Miércoles 16 de junio - 2010 - 18 hs

viernes, 11 de junio de 2010

Borges, Bohm, Bruno




por Alejandro Palma

Los vasos comunicantes entre las figuras literarias de Borges, en particular “El Aleph”, y las teorías físicas de Bohm y su visión del universo como un holograma, son estudiadas en paralelo por Aljandro Palma en este ensayo, donde se ve en Giordano Bruno a un antecedente de estos genios universales.


Admitamos lo que todos los idealistas admiten:
el carácter alucinatorio del mundo.
Hagamos lo que ningún idealista ha hecho:
busquemos irrealidades que confirmen ese carácter.
Borges

Hay un concepto que es el corruptor y desatinador de los otros.
No hablo del Mal, cuyo limitado imperio es la ética; hablo del infinito.
Borges


En el año de 1951, David Bohm, entonces profesor en la Universidad de Princeton, publicó Quantum Theory, que se convertiría en el libro clásico de la materia. Se lo envió a Albert Einstein y su entusiasmada lectura produjo una cercana y prolongada amistad entre ambos.


En ese libro, Bohm hace una reflexión acerca de la llamada Interpretación de Copenhague, propuesta por Niels Bohr y Werner Heisenberg, que es la base de la ortodoxia aceptada por la mayoría de los estudiosos de la física cuántica. Sin embargo, ya desde entonces Bohm compartía con Einstein y otros físicos dudas serias sobre algunas implicaciones de esa interpretación. Pensaban que, si bien los supuestos matemáticos funcionaban admirablemente para predecir eventos y realizar pruebas experimentales, no podían aceptar otros aspectos de la teoría, tales como negar la existencia objetiva de las partículas subatómicas, o que el nivel cuántico estuviera regido por la indeterminación y el azar. Como es sabido, Einstein y Bohr prolongaron esa polémica por el resto de sus vidas.

Durante la persecución macartista, Bohm fue sometido a juicio por negarse a testificar en contra de J. Robert Oppenheimer y otros colegas. Aun cuando fue liberado, su negativa a comparecer provocó que perdiera su puesto en Princeton y que se le cerraran las posibilidades de realizar trabajo científico en Estados Unidos.

Tuvo que establecerse en Inglaterra, donde fue nombrado profesor de física teórica en la Universidad de Londres, y más tarde miembro de la Royal Academy. En Inglaterra, Bohm continuó sus trabajos en la elaboración de una teoría cuyo resumen rebasaría los alcances de esta nota, pero dentro de la cual se incluyen algunos tópicos que comentaré más adelante. Por lo pronto, cabe citar que en libros como Causality and Chance in Modern Physics, Wholeness and the Implicit Order y The Undivided Universe: An Ontological Interpretation of Quantum Theory, Bohm propuso que la estructura del universo supone un “orden explícito” (explicate order) que se manifiesta en los objetos, acontecimientos y estructuras que percibimos sensorialmente en su individualidad, así como un “orden implícito” (implicate order) que se caracteriza por ser una totalidad indivisa que fluye continuamente.

Bohm fue el primero de los físicos modernos en analogar su visión del universo con un holograma. Como se recordará, un holograma se produce mediante la aplicación de un rayo láser a una placa fotográfica especialmente grabada que aparenta tener una imagen en tres dimensiones. Característica especial de un holograma es que cada una de sus fracciones, por pequeña que sea, contiene la imagen total del objeto registrado en la placa. Según Bohm, en el universo “everything is enfolded into everything” de manera continua, algo semejante a un gigantesco holograma en movimiento, un holomovimiento. La heterodoxia de estas ideas, sumada a su calidad de exiliado, propició que su mérito científico comenzara a oscurecerse. El desdeñoso rechazo que la ortodoxia recetó a Bohm, sin embargo, no ha impedido que retomen la idea del universo holográfico científicos tan prestigiados como el Premio Nobel en física Gerard t’Hooft, Leonard Susskind de la Universidad de Stanford, Jacob D. Bekenstein de la Universidad Hebrea de Jerusalén y, vinculado a ellos, John A. Wheeler.1

Uno de los últimos proponentes de una descripción holográfica del universo es Juan Maldacena, del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, que en un artículo reciente propone conciliar las discrepancias entre ciertos conceptos básicos de la teoría cuántica y los de la teoría general de la relatividad a partir de su teoría holográfica.2 Maldacena conjetura un espacio con una curvatura negativa constante que, “aunque infinito, tiene un borde o perímetro”, lo que los físicos llaman “espacio anti-de Sitter o espacio hiperbólico”. Como referencia visual, Maldacena utiliza un grabado de M.C. Escher de forma circular que representa un cardumen de peces contenidos en una circunferencia que se “aleja infinitamente” del centro del disco y produce una ilusión de tridimensionalidad. En el grabado, Escher reduce progresivamente el tamaño de los peces conforme se acercan al borde para dar la sensación de hallarse en un espacio infinito dentro de un círculo finito. Tal como Escher usa un círculo para producir la ilusión de una tercera dimensión sobre una superficie plana, la descripción del universo que propone Maldacena incluiría una cuarta dimensión temporal, por lo cual “la representación que la podría ilustrar es más la de una esfera que la de un círculo”. Una esfera infinita que, sin embargo, tendría una circunferencia que funcionaría como un holograma.
Según Maldacena, la expresión más simple de su propuesta es la siguiente: “una teoría gravitacional cuántica, aplicable en el interior de un espacio-tiempo anti-de Sitter, es completamente equivalente al funcionamiento de una teoría cuántica de partículas que funcionara en el perímetro.” Esta equivalencia es la que podría resolver la discrepancia que se mantiene entre la teoría general de la relatividad y las teorías de mecánica cuántica generalmente aceptadas.3

Las fórmulas de físicos como Maldacena y Bekenstein pueden hacer aparecer estas teorías como matemáticamente plausibles, pero no es posible hablar de “ubicaciones” y otras propiedades físicas en el interior o en el perímetro de la esfera infinita que ellos proponen con el mismo significado que ordinariamente les damos. Estamos empleando una metaforización de la propuesta, toda vez que la “imagen” de esa esfera rebasa tanto nuestro entendimiento como el lenguaje verbal. Borges decía que la pura mención de infinito contamina de irrealidad un texto. Tenemos, dice, una “incapacidad natural de concebirle principio al tiempo; adolecemos de la misma incapacidad en lo referente al espacio”.4 A esa “incapacidad natural” sumamos las limitaciones de un lenguaje que, en ciertos casos, ha sido rebasado por la problemática que la ciencia revela. De ahí que científicos como Maldacena recurran en ocasiones a imágenes plásticas para ilustrar una teoría, algo que Borges parecería justificar cuando propone que “sería aventurado pensar que una coordinación de palabras puede parecerse mucho al universo”.5 El mismo Maldacena reconoce que la idea de un universo holográfico es un “escenario que desafía la imaginación”, algo a lo que muchos de los más destacados proponentes de las teorías cuánticas están habituados cuando reiteran que sus postulados se aceptan, aunque no se comprenden realmente. Niels Bohr decía que “cualquiera que no se sienta escandalizado por la teoría cuántica es que no la ha entendido”, y Richard Feynman fue aún más categórico al decir que “nadie entiende la teoría cuántica”.6 Si bien las ecuaciones matemáticas y múltiples pruebas experimentales llevan a aceptar la existencia de una materia-energía que es, a la vez, partículas y ondas, así como otros postulados de la teoría cuántica que desafían la lógica tradicional, se trata de fenómenos, dice Feynman, que “son imposibles, absolutamente imposibles de comunicar con palabras, y que están en el corazón de la mecánica cuántica. No podemos en realidad explicar ese misterio”.7
No podemos explicar ese misterio con palabras porque, como Roland Barthes escribió, el “lenguaje es una legislación y el habla es su código”. Si bien enormemente útil, ese código restringe lo comunicable a significados preestablecidos y compartidos. Recordaba que “Jakobson ha demostrado que un sistema de lenguaje se define menos por lo que nos permite decir que por lo que nos obliga a decir”, pero señalaba también que existe una opción para trascender esas limitaciones, evadirnos de la cárcel del lenguaje y lograr transmitir algo más de lo que el código prefigura: “esa saludable trampa, esa evasión, esa gran impostura, que nos permite entender un lenguaje más allá de sus límites, es lo que yo cuando menos llamo literatura.”8 No es muy diferente de lo que escribe Borges en “El Aleph”:



Empieza aquí mi desesperación de escritor. Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten; ¿cómo transmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca? Los místicos, en análogo trance, prodigan los emblemas… Quizá los dioses no me negarían el hallazgo de una imagen equivalente, pero este informe quedaría contaminado de literatura, de falsedad.9

Si la literatura puede superar las limitaciones del código del lenguaje, ¿acaso la imagen de Escher puede superar la dificultad para representar la teoría holográfica del universo? A esa imagen se podría agregar otra ya no visual sino conceptual, la que Borges llama “la metáfora geométrica” en su ensayo “La esfera de Pascal” y que, como sabemos, posee una vieja historia, proporcional a la fascinación que ha ejercido en muy diferentes pensadores. Es la “metáfora” (aunque no lo sea, en rigor, en términos de poética) que se formula como sigue: El universo es una esfera infinita cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna. Es, desde luego, inevitable leer en esa metáfora al menos una prefiguración conceptual de la actual hipótesis holográfica.

Entre sus precursores, Borges cita a Jenófanes de Colofón, a Parménides, a Empédocles de Agrigento. Agrega que, según un texto del siglo XII debido a Alano de Insulis, la fórmula remonta a un escrito egipcio atribuido a Hermes Trismegisto.10 Más tarde, en el siglo XIIIi, el Roman de la Rose se la atribuye a Platón; Rabelais se la vuelve a atribuir a Hermes en el capítulo final de Pantagruel, y Pascal la reformula en el XVII.11

Borges dedica especial atención entre los autores que cita a Giordano Bruno pero, extrañamente, no menciona a Nicolás de Cusa, el teólogo, filósofo y científico alemán cuyo nombre aparece tan cercanamente ligado al de Bruno por los biógrafos de ambos. En Wittenberg, en su famosa Oratio Valedictoria, Bruno mismo proclamó exaltadamente al referirse al de Cusa: “¿Dónde encontraremos a su igual? Su sapiencia y discernimiento eran muy grandes y fue verdaderamente uno de los seres más dotados que alguna vez hayan respirado…”12 A pesar de su admiración por el de Cusa, Bruno estableció también diferencias de fondo con él ante algunos temas teológicos y filosóficos que incluyen referencias específicas a la formulación sobre el universo que ambos compartieron. El texto es prácticamente igual en uno y otro:
De Cusa (en De docta ignorantia II, 2) propone un cosmos que es “sphaera infinita cuius centrum est ubique, circumferencia nullibi”. Para Bruno, la propuesta es un “mero juego de palabras”13 y no obstante dejó escrita (en el diálogo V de Causa, Principio e Uno) la declaración que cita Borges: “podemos afirmar con certeza que el universo es todo centro o que el centro del universo está en todas partes y la circunferencia en ninguna.”14 A pesar de la descalificación previa, la identidad de ambas declaraciones es clara.

La aparente contradicción de Bruno puede explicarse si revisamos ciertos aspectos tanto de su vida como de la de Nicolás de Cusa. No fue Bruno el único que en esa época reconoció los méritos del de Cusa como un pensador que mucho había contribuido al cambio de la concepción medieval del cosmos.15 Descartes hizo notar que “Nicolás de Cusa negó la finitud del universo y el que estuviera enclaustrado dentro de las esferas celestiales”, pero también destacó que “… el cardenal no recibió por ello reproches de la Iglesia, sino al contrario, se entendió que el hacer aparecer como muy grandes Sus obras es honrar a Dios”.16 Y es que, si el de Cusa habló de un universo sin límites, se cuidó de calificarlo como interminatum, pues reservó el término infinitum para Dios solamente y mantenerse así dentro de la ortodoxia. Por algo Bruno combinó el elogio con el reproche cuando dijo de él (Oratio Valedictoria): “Si no hubiera sido por la sotana de sacerdote que infectó su genio, sería no meramente igual, sino ampliamente superior al genio de Pitágoras.”17 De ahí que, propuesta por Nicolás de Cusa, la “metáfora geométrica” se deba entender como una analogía y no como una aseveración; una metáfora que procura ilustrar nuestra irremediable incomprensión de Dios o su universo, o ambas entidades. Según el de Cusa, nos podemos acercar a la causa primera –sin realmente comprenderla– a condición de asumir nuestra “ignorancia educada” de Ella; pero en rigor no podemos acceder a la noción de infinito aplicada ya al Creador, ya a su creación. De Cusa se refiere a un centrum metafísico:

El universo no tiene ni centro ni circunferencia porque, de tenerlos, tendría también un principio y un fin en sí mismo y estaría limitado respecto a algo más, y fuera del universo habría espacio y otras cosas, lo que no puede ser verdadero. Es por tanto imposible encerrar el universo en una circunferencia y asignarle un centro corpóreo, y es imposible para nuestra razón tener un entendimiento total del universo, ya que implicaría la comprensión de Dios, quien es su centro y su circunferencia.18

Para Bruno, en cambio, se trata de una afirmación literal: el universo esinfinito y lo es porque de una causa infinita tiene que derivarse un efecto infinito, y el Creador no es distinto de su creación, por el contrario, es un Creador inmanente que es uno y lo mismo con su universo, en su todo y en cada uno de sus átomos, todos centro y todos uno, lo mismo que la esfera cuya circunferencia infinita existe, pero no está en ninguna parte específica. El argumento de Bruno, de un panteísmo hilozoísta, anticiparía la idea de Bohm sobre un universo holográfico que mantiene una unidad indivisa y que a la vez contiene cada una de sus partículas y es contenido en cada una de ellas, como sucede en un holograma. Con gran valor intelectual, Giordano Bruno declararía ante la Inquisición: “creo en un universo infinito, efecto de una divina potencia infinita, porque me ha parecido indigno del poder y la bondad divinos crear un universo finito, pudiendo haberlo hecho infinito.”19 Lo que en el caso de Nicolás de Cusa se calificó como una declaración ortodoxa (tanto que no le impidió ser cardenal, legado papal y participante activo en el Concilio de Basilea), en el de Bruno se consideró una afirmación panteísta con visos de herejía que, como base de su propuesta cosmológica, se sumó a las acusaciones de docetismo que lo llevaron a la hoguera.20
En este marco de referencia, y sabiendo de la erudición y acuciosidad de Borges, ¿cómo explicar la omisión de cualquier referencia a Nicolás de Cusa en el referido ensayo? Como él mismo dijera en otra investigación similar que llevó a cabo, su texto pareciera “no solicitar otra virtud que la de su acopio de informes”,21 lo que hace aún más intrigante la omisión de una referencia tan evidente en el acopio que incluye en “La esfera de Pascal”.

Desde luego no cabe siquiera la suposición de una improbable ignorancia sobre Nicolás de Cusa por parte de Borges, toda vez que dejó al menos dos referencias a él, ambas anteriores a “La esfera de Pascal” (1952) y ambas asociadas con la geometría del infinito. En “Avatares de la tortuga”, de 1932, se refiere a “las conjeturas de ese remoto cardenal alemán –Nicolás de Krebs, Nicolás de Cusa– que en la circunferencia vio un polígono de un número infinito de ángulos y dejó escrito que una línea infinita sería una recta, sería un triángulo, sería un círculo y sería una esfera (De Docta ignorancia, i, 13)”. En un texto posterior, “Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto” (1949), uno de los personajes “recordó a Nicolás de Cusa para quien toda línea recta es el arco de un círculo infinito”. La clave de la omisión podría quizás entonces encontrarse en el epílogo a Otras inquisiciones, donde escribe que los trabajos incluidos en la colección (“La esfera de Pascal” entre ellos) manifiestan su “tendencia a estimar las ideas religiosas y filosóficas por su valor estético y filosófico y aún más por lo que encierran de singular y maravilloso”.

Bajo este último entendido, la descalificación que hiciera Bruno del texto de Nicolás de Cusa como un “mero juego de palabras”, seguida por la propuesta, del propio Bruno, del mismo texto, hace inevitable pensar en “Pierre Menard, autor del Quijote” y, más precisamente, en el cotejo que propone Borges entre un párrafo escrito por Cervantes y el mismo párrafo escrito por Menard:

Redactada en el siglo XVII por el “ingenio lego” de Cervantes, esa enumeración es un mero elogio retórico de la historia. Redactada por Menard, contemporáneo de William James, la idea es asombrosa.

Con idéntico principio, podemos leer significación especial y distinta en el texto del audaz y heterodoxo Bruno que, decidido a no retractarse de sus ideas y a defenderlas con valor ejemplar, resiste siete años de encarcelamiento y después la muerte en la hoguera, mientras que, redactado por el de Cusa, es apenas la versión ortodoxa de una idea que pierde su “valor estético” y ha dejado de ser “singular y maravillosa”. Esta conjetura ¿bastará para explicar que Borges no le otorgue cabida entre los autores que prestigian la “metáfora geométrica” en “La esfera de Pascal”? ¿O podríamos conjeturar, también, que en la simpatía de Borges tuviera especial peso la figura heroica de Giordano Bruno?

En el epílogo a sus Obras completas, Borges incluye uno de sus obsesivos escritos autobiográficos en tercera persona en el que reconoce “sentir la nostalgia del destino épico de sus mayores y que piensa que el valor es una de las pocas virtudes de que son capaces los hombres”. Podríamos entonces suponer no solamente la admiración de Borges por el valor de Bruno, sino detectar también una identificación notable entre el pensamiento de ambos. Borges escribe, por ejemplo, “Nosotros (la indivisa divinidad que opera en nosotros) hemos soñado al mundo. Lo hemos soñado resistente, misterioso, visible, ubicuo en el espacio y firme en el tiempo.”22 Difícilmente podemos imaginar una declaración más acorde con la cosmología panteísta que propusiera Bruno.

La coincidencia de ideas no se limita a Bruno y Borges. Quizás haya también un paralelo entre Bruno y Bohm, no sólo en cuanto a su concepción del universo, sino también en su actitud ante la vida, en lo que hace a un fervor de honestidad intelectual que llevó al primero a la muerte en la hoguera y al otro al exilio y al ostracismo.

Dos comentarios finales
Las diversas versiones de la “metáfora” no se encuentran sólo entre científicos, místicos y literatos de occidente. El Dalái Lama consigna una versión budista de la misma en su reciente The Universe in a Single Atom, donde alude a un remoto texto del budismo mahayana que incluye cierto poema que compara “la intrincada y profundamente interconectada realidad del mundo” a una red infinita de gemas. Esta “red enjoyada de Indra” se extiende hacia el espacio infinito. En esa red no hay joya alguna que se encuentre en el centro o en el borde. Todas y cada una de ellas están en el centro en tanto que reflejan a las demás.
El segundo comentario es que existen otras versiones de la metáfora que Borges no incluyó en su listado por la comprensible razón de que él mismo fue su autor, pero que nosotros, sus lectores, no podemos omitir. Algunas versiones borgesianas de la metáfora que representa al universo pueden ser:

a. El Aleph, “esa pequeña esfera tornasolada de casi intolerable fulgor donde está todo el espacio cósmico sin disminución de tamaño. Ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo”.
b. “La Biblioteca (que otros llaman universo) que es una esfera cuyo centro cabal es cualquiera de los hexágonos que la componen y cuya circunferencia es inaccesible”.
c. La Rosa Amarilla que en su lecho de muerte permitiera a Giambattista Marino “sentir la eternidad y percibir la realidad del mundo”.
d. “La Rueda Altísima que no estaba ni delante, ni detrás, ni a los lados, sino en todas partes a un tiempo”, que le permitió a Tzinacán “ver el universo y los últimos designios del universo”.
e. El Espejo de Tinta, que era un círculo en la mano derecha de Yakub el Doliente, colocado ahí por el hechicero Abderráhmen El Masmudí, “para mostrarle todas las apariencias del mundo”.
f. El espejo de forma circular, “obra de Soliman hijo de David… en cuya luna, el que se miraba, veía la cara de sus padres y de sus hijos desde el primer Adán hasta los que oirán la trompeta”.
g. Por último, quiero pensar que la “metáfora” está implicada en el generoso homenaje que Borges escribiera en memoria de Alfonso Reyes:

Reyes, la indescifrable providencia
que administra lo pródigo y lo parco
nos dio a los unos el sector o el arco,
pero a ti la total circunferencia. ~



La liga con J. Wheeler proviene de la especial compatibilidad que existiría entre el universo informático que él propone, constituido por “bits” de información (“it from bit”) con un universo holográfico. Cfr. “Information in the Holographic Universe”, de Jacob D. Beckenstein, Scientific American, agosto de 2003, p. 49.

Juan Maldacena,“The Illusion of Gravity”, Scientific American, noviembre de 2005,
pp. 33-39.
En palabras de Maldacena, el problema se centra en que “en teoría cuántica, las partículas que constituyen la materia no tienen posiciones y velocidades definidas, y sólo podemos describirlas como ondas y probabilidades que ocupan ciertas regiones del espacio”; en cambio, la teoría general de la relatividad “explica que las concentraciones de materia o energía causan una curvatura del espacio-tiempo, y esta curvatura desvía la trayectoria de las partículas, tal como sucede en un campo gravitacional… de acuerdo con esta teoría, los objetos tienen localizaciones y velocidades definidas”. Ibid.

Borges, “La doctrina de los ciclos” (Historia de la eternidad) en sus Obras completas, Buenos Aires, Emecé, 1974, p. 390 (en adelante OO.CC.).

Borges, “Avatares de la tortuga” (Discusión), OO.CC., p. 258.

Cfr. Leon Lederman, The God Particle, Nueva York, Delta Books, 1993, p. 142.

Richard Feynman, Six Easy Pieces, Cambridge (Massachusetts), Perseus Books, 1963.

Roland Barthes, “Conferencia inaugural para ingresar al Colegio de Francia”, A Barthes Reader, Nueva York, Hill and Wang, 1982, p. 460.

Borges, “El Aleph”, OO.CC., p. 624.
El escrito al que alude Borges es el “Sermón de la esfera inteligible”, cfr. M.T. d’ Alverny, Alain de Lille: textes inédits, p. 257.

Borges, “La esfera de Pascal”, OO.CC., pp. 636-637. A la lista compilada por Borges podrían añadirse los nombres de Marsilio Ficino y de Bartholomeus Anglicus, pero, en rigor, lo que ambos hacen es meramente reiterar la atribución ya consignada por Borges en el sentido de que el autor original habría sido Hermes. Ficino en “Deo et Anima” escribe: “Disse Mercurio: Iddio é una sphera intelligibile, il cui centro é ogni loco la circunferencia in nessuno” (citado por Frances A. Yates en Giordano Bruno and the Hermetic Tradition, The University of Chicago Press, 1964, p. 247). Anglicus, hace su atribución en De proprietatibus rerum (cfr. M.C. Seymour et al., Bartholomeus Anglicus Enciclopedia). En el capítulo quinto de Itinerarium Mentis in Deum, San Buenaventura escribió una formulación parecida: “… la contemplación de la divina unidad… en tanto eterna y presentísima, como si existiera a un mismo tiempo como su centro y su circunferencia.” Henry Miller –of all people– hizo una vaga e improbable atribución de la fórmula a San Agustín de Hipona en su novela Black Spring. Según cambian la época y el autor, la formulación se aplica a veces al Creador y a veces a su creación, pero la intención básica permanece.

Cfr. J. Lewis McIntyre, Giordano Bruno, Mystic Martyr, University of Aberdeen, 1903. p. 141.

Giordano Bruno, Cause, Principle and Unity, Cambridge University Press, 1998, p. XV.

bid, p. 89.

En los mismos años en que Bruno elaboraba su cosmología, en Safed de Galilea se constituía una comunidad de estudiosos y místicos hebreos encabezados por Isaac Luria, quienes daban especial importancia al concepto de Ein Sof (el infinito), en términos que guardan paralelos geométricos y filosóficos con las ideas cosmológicas de Nicolás de Cusa y de Giordano Bruno. Cfr. Amir D. Aczel, The Mystery of the Aleph. Mathematics, the Kabbalah, and the Search for Infinity, Nueva York, Ed. Four Walls Eight Windows, 2000, pp. 31-44.

Cfr. Alexandre Koyré, From the Closed World to the Infinite Universe, Baltimore y Londres, The Johns Hopkins University Press, 1957, p. 6.

J. Lewis McIntyre, op. cit, p. 141.

A. Koyré op. cit. p. 11

Cfr. McIntyre, op. cit, p. 76

La heterodoxia de Bruno fue especialmente perseguida por la Iglesia, por las graves consecuencias que representaba para su autoridad una propuesta cosmológica bien argumentada, la cual, al rechazar la noción de un universo cerrado y finito constituido por un número limitado de esferas girando alrededor de la Tierra como su centro único, rechazaba también la idea de un universo formado por Dios para beneficio de los hombres como seres creados a su imagen y semejanza, cosa que necesariamente ponía en duda el papel de una Iglesia cuya autoridad dependía de la validez del esquema cuestionado. En este sentido, era mucho más peligrosa la cosmología elaborada por Bruno que la tímida propuesta de Copérnico, que se limitó a proponer al Sol en lugar de la Tierra como centro del universo. Cfr. Ramón G. Mendoza, The Acentric Labyrinth, Giordano Bruno’s prelude to contemporary cosmology, Shaftesbury (Dorset, Inglaterra), Element Books, 1995, pp. XVIi, XX, 30, 31, 45, 72.

Borges, Discusión. OO.CC., p. 177.

Borges, “Avatares de la tortuga”, OO.CC., p. 258.

Fuente : Letras Libres Mexico – Mayo 2007

El Palacio Barolo, La divina Comedia y Borges




Luis Barolo, progresista y poderoso productor agropecuario, llego a la Argentina en 1890. Fué el primero que trajo máquinas para hilar el algodón y se dedicó a la importación de tejidos. Instaló las primeras hilanderías de lana peinada del país e inició los primeros cultivos de algodón en el Chaco.

En el centenario de la revolución de Mayo, conoció al Arq. Mario Palanti (1885-1979), a quien contrató para realizar el proyecto de un edificio que tenía en mente. Este se convertiría en una propiedad exclusivamente para rentas. Luis Barolo pensaba, como todos los europeos instalados en Argentina, que Europa sufriría numerosas guerras que destruirían todo el continente. Desesperado por conservar las cenizas del famoso Dante Alighieri, quiso construir un edificio inspirado en la obra del poeta, “la divina Comedia”.

El terreno elegido para levantar el palacio tenía una superficie de 1365 m2 y un frente de 30,88 metros. Ubicado en la Avda. de Mayo 1370 y Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen), la superficie cubierta resultó de 16.630 m2. En 1919 comenzó la edificación del palacio que se convirtió en el más alto de latinoamérica, y en uno de los más altos del mundo en hormigón armado.

Con un total de 24 plantas (22 pisos y 2 subsuelos), 100 metros de altura se hicieron posibles gracias a una concesión especial otorgada por el intendente Luis Cantilo en 1921, ya que superaba en casi cuatro veces la máxima permitida por la avenida. Hasta el punto más alto de la cúpula mide 90 metros, llegando a los 100 con un gran faro giratorio "Salmoiraghi", con un poder luminoso de 300.000 bujías, lo que permite que sea divisado desde el otro lado del Río de la Plata. En la famosa noche del 14 de setiembre de 1923, el faro sirvió para que Buenos Aires se enterara al instante del resultado de la llamada "Pelea del Siglo", entre Luis Angel Firpo y el estadounidense Jack Dempsey en la Ciudad de Nueva York.

El código entonces fue el siguiente: si se encendía una luz blanca, indicaría que la victoria pertenecía al "Toro Salvaje de las Pampas" y, de ser roja, la de su adversario. Lamentablemente fue roja.

El faro que funciona actualmente! se prende todos los 25 de cada mes que por la noche y se realiza una visita guiada.

La cúpula tiene 16 metros de altura y se diseñó sobre el modelo del templo Rajarani Bhubaneshvar, construído en los siglos XII y XIII en la India. El axis de la cúpula debía alojar la escultura Ascensión inspirada en los bocetos de la tumba de Dante, de Miguel Angel pero nunca llegó a instalarse

Una usina propia la autoabastecía en energía. En la década del ´20, esto lo convertiría en lo que hoy denominaríamos “edificio inteligente”.
Desde entonces existen 2 montacargas y 9 ascensores, dos de los cuales están ocultos. Estos últimos respondían a las actividades comerciales de Barolo. Al llegar la mercadería ingresaba desde los montacargas ubicados en el acceso de lo que hoy es Hipólito Yrigoyen hacia los 2 subsuelos, de 1.500 m2 cada uno. Barolo utilizaba los ascensores ocultos para desplazarse de sus oficinas en planta baja, 1° y 2° piso, hasta los subsuelos evitando el contacto con sus inquilinos, que ocupaban las dependencias a partir del tercer piso.

Desde un inicio el Palacio provocó cierta perplejidad., se habló de estilo “remordimiento italiano”, gótico romántico, castillo de arena, o cuasi gótico veneciano.
La construcción finalizó en 1923 siendo bendecida el 7 de junio por el nuncio apostólico Monseñor Giovanni Beda Cardinali.

Relaciones con la Divina Comedia

El Arq. Palanti también era un estudioso de la Divina Comedia, y llenó el palacio con referencias a ella.

La planta del edificio está construida en base a la sección áurea y al número de oro.
La división general del palacio y de la Divina Comedia es en tres partes: infierno, purgatorio y cielo. Las nueve bóvedas de acceso representan los nueve pasos de iniciación y las nueve jerarquías infernales; el faro representaba los nueve coros angelicales. Sobre el faro está la constelación de la Cruz del Sur que se ve alineada con el eje de Barolo Los que conocen sus secretos dicen, que en los primeros días de junio, por las 7 y media de la tarde, es posible ver la constelación de la Cruz del Sur (la entrada al cielo) alineada sobre el eje del ondulante edificio.Es posible, por qué no, que el Barolo nos hable de infinito...
Los cantos de la Divina Comedia son cien, igual que los cien metros de altura del pasaje ubicado sobre la avenida de Mayo. Las estrofas de los cantos del poema tienen 11 o 22 estrofas, los pisos del edificio están divididos en 11 módulos por frente, 22 módulos de oficinas por bloque. La altura es de 22 pisos. Estos números representan símbolos sagrados: la proporción 22/7 expresa la relación en números de la proporción entre la circunferencia y su diámetro.El Palacio Barolo tiene 11 ascensores

Los detalles cuidados caracterizan este proyecto: desde las citas personales en latín sobre la obra del Dante en el edificio, hasta la apertura del mismo, llevada a cabo en la fecha del aniversario del poeta.

La distribución del edificio está basada en la métrica de la Divina Comedia del Dante. En arquitectura esto se conoce como un Danteun.
Edificio se divide en dos bloques, con 11 oficinas por bloque en cada uno de los niveles. El número restante, el 22, responde a la métrica utilizada por Dante en los 100 cantos.

Entre las tres divisiones de la Divina Comedia, Infierno, Purgatorio y Paraíso, que sita Borges en su obra “Nueve ensayos dantescos”, se cumple la relación pitagórica que determina el número Pi(3,14); dicha relación se da en la división original del acceso mediante los ascensores.




La admiración que sentía Borges por Dante, y en concreto por los versos de la Divina comedia, queda reflejada en gran parte de su producción creadora. Nueve ensayos dantescos es un libro singular y profundo en el que Borges indaga en los pasajes de la Divina comedia que más le impresionaron. Toda su erudición aflora a medida que analiza las distintas interpretaciones que de esta obra han realizado los más importantes críticos; pero más interesantes resultan las reacciones del Borges lector, plasmadas en esa prosa tan característica



En el pasaje central, el palacio cuenta con 9 bóvedas de acceso que representan al infierno: para Dante, este no era un fin teológico, sino el punto de partida en las etapas de iniciación emprendidas para la llegada del paraíso.

Las 9 bóvedas se dividen, desde el centro, de la siguiente manera: tres hacia la Avda. de Mayo, tres hacia Hipólito Yrigoyen, la bóveda central se extiende hacia la cúpula, y las que contienen las escaleras hacia los laterales.
Cada una de las seis bóvedas transversales, así como las dos laterales, contienen inscripciones en latín, y se pueden distinguir catorce citas que pertenecen en total a nueve obras distintas, manteniendo así, el número que se repite a lo largo de la Divina Comedia. Algunas de ellas pertenecen a Virgilio, otras a escrituras bíblicas. “La letra mata, el espíritu vivifica”, y “está fundada sobre piedra firme”, dan testimonio del sentido espiritual con el que fuera construido el edificio, determinando su carácter y función: un templo laico que promueve las artes liberales.

Entre las bóvedas transversales sobre las columnas, se ubican cuatro lámparas sostenidas por cuatro cóndores y dos dragones, un macho y una hembra, que representan los principios alquímicos, el mercurio y el azufre, y sus atributos.

Entre los extraños signos que lo adornan, se destacan en la bóveda del pasaje que comunica la Avenida de Mayo con la calle Hipólito Irigoyen, un techo cubierto de inscripciones en latín, entre las que se destaca la que expresa: "Omnis Pulcritudinis forma unidas est", cuya traducción corresponde a la siguiente idea: "La forma es la unidad de toda belleza".



La bóveda central se encuentra sobre un punto de bronce en la que se ubicaba, originalmente, una estatua de un cóndor con el cuerpo del Dante elevándolo al paraíso. El actual propietario de la pieza es un coleccionista marplatense que se niega a venderla a los propietarios del edificio.

Los pisos superiores y la cúpula simbolizan los siete niveles del purgatorio.
La cúpula está inspirada en el Templo Hindú de Rajarani Bhubaneshvar. dedicado al amor, y es el emblema de la realización de la unión del Dante con su amada Beatrice.

Para educar al Primer Ministro Canadiense Le envian Ficciones de Borges



Yann Martel, el bibliotecario inopinado del Primer ministro canadiense

Desde hace dos años, cada dos semanas el jefe de gobierno canadiense Stephen Harper recibe un libro por correo. Su remitente es el escritor Yann Martel, canadiense también y célebre desde que en 2001 publicó Vida de Pi. Hasta la fecha, el novelista le ha enviado al primer ministro conservador 64 libros, acompañados por una carta explicando su elección. Luego publica la lista y la correspondencia en el sitio ¿Qué lee Stephen Harper? Hasta la fecha sólo han llegado cinco respuestas del despacho de Harper y ninguna de ellas escritas por él.



Educando al primer ministro

Todo comenzó en abril de 2007, cuando el escritor se encontraba en un evento que conmemoraba los cincuenta años del Consejo de las Artes de Canadá, la principal agencia cultural del país nórdico. Al acto, que duró menos de diez minutos, solo asistieron un puñado de miembros del Parlamento y un ministro del gabinete. Harper no musitó una palabra y, ocupado barajando sus papeles, no parecía muy tocado por el evento, según observó Martel.

"¿Quién es este hombre? ¿Qué le mueve?" escribió el autor de 46 años en el diario The Globe and Mail. "Sin duda es un hombre ocupado. Sin duda le engaña su ajetreo... Y sin duda suena y gobierna como alguien a quien poco le importan las artes. Pero debe tener momentos de quietud. Y eso es lo que propongo: no educarlo, que sería arrogante, pero sí hacerle sugerencias para su quietud". Así, se comprometió a enviarle un libro cada dos semanas a Harper por el tiempo que éste gobernara Canadá.

Todos los textos reúnen una condición: según la lectura de Martel, giran en torno al tema de la quietud. El primero fue La muerte de Iván Ilich de León Tolstoi, que narra la historia de un juez que lentamente se da cuenta que se está muriendo. El resto de la lista, en su mayoría integrada por libros escritos en inglés, incluye obras clásicas como Julio César de Shakespeare, La metamorfosis de Franz Kafka o el Baghavad Gita, texto sagrado del hinduismo.

También hay otros menos convencionales, como el libro infantil "Donde viven los monstruos" de Maurice Sendak o la novela gráfica "Persépolis" de la iraní Marjane Satrapi. El más reciente fue "Elegía" del norteamericano Philip Roth, en el que un hombre mayor recuerda su vida al tiempo que se va desgastando su salud.

Las respuestas del despacho ministerial apenas acusaban recibo de los libros. Una iba firmada por la asistenta de Harper y las restantes, por su oficial de correspondencia. La única respuesta inesperada llegó del ministro de industria, respondiendo a una queja de Martel -acompañando a Shakespeare- sobre la limitación exclusiva de becas de un fondo de investigación de ciencias sociales y humanidades para estudiantes de materias afines a los negocios. Pero nunca se supo del primer ministro.

Dentro de la biblioteca por correspondencia de Harper figura sólo un libro argentino. Se trata de Ficciones, de Jorge Luis Borges, enviado por Martel en la navidad de 2008.

Paradójicamente, el novelista confiesa habérselo enviado porque nunca le gustó. Cuenta Martel que lo consideró una cuestión de inmadurez de sus años universitarios, creyendo que lo apreciaría al releerlo. Pero eso no sucedió: le parece que la literatura de Borges no se ocupa de las complejidades de la vida, sino que todo su universo gira alrededor de solitarios juegos intelectuales.

"¿Y por qué le envío un libro que no me gusta?", lee la carta de Martel. "Por una buena razón: porque uno debe leer extensamente, incluyendo libros que no le gustan. Al hacerlo, uno evita la posible trampa de los autodidactas, que corren el riesgo de moldear sus lecturas para servir a sus limitaciones, de ese modo incrementándolas... La mente se enfrenta así a nuevas ideas insospechadas. Es decir, uno aprende tanto de los libros que le han gustado como de los que no."

Lo que no queda claro es si Harper leyó a Borges. O a García Márquez o Virginia Woolf. O incluso al mismísimo e insistente Yann Martel.

Fuente : Andrés Bermúdez Liévano - Revista Ñ

Yann Martel

Escritor canadiense nacido en Salamanca (España). Hijo de diplomáticos, estudió Filosofía en la Universidad de Trent y ha vivido en Francia, Costa Rica, Alaska, México y Canadá. Ya de adulto ha pasado temporadas en Irán, Turquía y la India. La historia de la familia Roccamatio de Helsinki (1993), fue su primera novela, una obra sobre la amistad y la imaginación en la que un joven al que se le diagnostica la enfermedad del sida en estado terminal, consigue que su amigo y mentor en la universidad decida mantenerlo enganchado a la vida a través de la ficción. Cada día le contará un capítulo de la familia Roccamatio de Helsinki en una suerte de novela en marcha en la que irán sucediéndose los acontecimientos más importantes del siglo XX. A ésta siguió Self (1996), una obra que habla del contexto compuesto de estudiantes anglófonos, de artistas, de los que son "cool" y de los quebequenses francófonos. Con su tercera obra, Vida de Pi (2001), que narra la historia de un chico náufrago flotante en una balsa en medio del océano, obtuvo el favor de la crítica y cientos de miles de lectores en todo el mundo, siendo considerado por L'Humanité como el más grande escritor del mundo de los nacidos en los años sesenta. Con ésta novela recibió el Premio Booker, el galardón más prestigioso otorgado a escritores de la Comunidad Británica. La relación entre la fe y la razón es uno de los temas centrales de las obras de Yann Martel, así como intentar reflejarse al que considera uno de sus maestros, Franz Kafka.

Zapatero Prologa Ficciones de Borges


Prólogo

El lector que tiene en sus manos Ficciones es una persona en la frontera, un ser humano que está a punto de abandonar el mundo seguro y confortable del que está hecha la vida cotidiana para adentrarse en un territorio absolutamente nuevo. Borges descubre en su obra, o quizás inventa, otra dimensión de lo real. Con seguridad el título, que nos sugiere la idea de mundos imaginados y puramente ilusorios, es sólo una sutil ironía del autor, una más, que nos señala lo terrible y maravillosamente real de sus argumentos. Después de leer a Borges el mundo real multiplica sus dimensiones y el lector, como un viajero romántico, vuelve más sabio, más pleno, o lo que es lo mismo, ya nunca vuelve del todo.

Ficciones es una de las más esenciales e inolvidables obras de Borges. En ella se resumen los principales temas, los intereses intelectuales más queridos del autor. En todas las historias de este libro el tiempo es, de un modo u otro, un personaje central. También lo es la literatura, los libros. Libros en los que está escrito el destino de los hombres y que por eso son a la par tan necesarios como inútiles. También el destino es una preocupación borgiana, un destino que no es más que el reconocimiento de que nuestros afanes e inquietudes, que aquello que nos parece incierto, que sólo es un deseo o un temor, tiene otra cara, una cara cierta, cerrada. Lo que en el anverso es azar, en el reverso es necesidad.

Quizás, entre las cosas admirables de Borges, la que más me impresiona es su extraña mezcla de pasión y escepticismo, esa mezcla de la que en distinta proporción y cantidad estarnos hechos los seres humanos, pero que en el caso de nuestro autor se dan en un equilibrio y abundancia cuya mejor prueba es su obra.

Durante un tiempo, cuando era más joven, estuve enfermo de Borges, todavía no estoy seguro de haberme curado. Cuando uno enferma de Borges se pregunta por qué la gente sigue, seguimos, escribiendo. Todo está en Borges y él lo sabe. Cuando leernos La biblioteca de Babel no podemos evitar la sensación de que en esas pocas páginas están contenidos todos los libros que los hombres han escrito y escribirán, además de todos los restantes, que son la infinita mayoría. Las ruinas circulares son otro ejercicio de la más espléndida metafísica, y uno no sabe cómo salir del sueño que nos propone, realmente el lector ya nunca sale de ese sueño, salvo a través del olvido, pero el olvido no está en las manos del lector, no forma parte de su poder.

Es posible que Borges me fulminara con una de esas bellísimas y mortales críticas que podemos leer en sus libros, pero diré que en algún momento llegué a pensar que cada página suya contiene toda su obra, como uno de esos objetos fractales que repiten su estructura creando geometrías tan hermosas como extrañas. Pero este parecido concluye en la forma, Borges nos da más, los textos de Borges no son amorales, sus héroes son héroes morales, que se someten, a veces hasta la locura, hasta la más lúcida locura, a los códigos de su cultura, de su tiempo y lugar. Es, otra vez, la multiplicidad de esos códigos, las variadas dimensiones de los mismos la que Borges utiliza con extraordinaria maestría para dejarnos atrapados en una libertad infinita.

Prologar a Borges resulta muy difícil cuando Borges es el prólogo de uno mismo, y es eso exactamente lo que le ocurre a este prologuista. Quizás la tarea que se propuso Pierre Menard al tratar de escribir el Quijote no sea tan extraña, uno se ve muchas veces haciendo cosas parecidas a la que intentó Menard, como ocurre ahora. El lector debe estar tranquilo, porque él es el verdadero héroe de la obra de Borges, una obra que es una aventura que debe vivir como quiere el autor cuando dice: «Así combatieron los héroes, tranquilo el admirable corazón, violenta la espada, resignados a matar y a morir».

José Luis Rodríguez Zapatero
Prólogo al libro Ficciones de Jorge Luis Borges
Editado por el Diario El Mundo -Madrid

Zapatero, un socialista Borgeano



La profunda equivocación de Zapatero ha sido la de crear una impresión pesimista a un sector no minoritario del espectro ideológico de la izquierda, en orden a una renuncia del Gobierno socialista por buscar puentes entre la igualdad de las personas. Y digo que es una impresión creada, no por una percepción de los ciudadanos, sino por una muy errónea política en materia territorial, donde las consecuencias a medio plazo se visualizarán de manera sencilla: las órdenes del Estado central no podrán aplicarse plenamente, dibujándose con trazo firme una NUEVA GEOMETRÍA DE PODER: LA CONFEDERACIÓN. En este sentido, hay que destacar “la mutación constitucional” que en palabras de Gregorio Peces-Barba representa la reforma del estatuto de Andalucía y de Cataluña. Una opinión expuesta aquí en tres artículos (Estado gaseoso) tomada de la lectura del libro El Estado fragmentado escrito por Sosa Wagner y Sosa Mayor.

Pero estos asuntos negativos no deben hacer olvidar aspectos muy brillantes y creo innovadores en la política de Zapatero. Por exponer un marco teórico previo, hay que decir que la conformación en España de una gran clase social media, con cierto nivel cultural, que aboga por pagar pocos impuestos y tener las máximas prestaciones sociales, convierten en naftalina el mensaje clásico de los socialistas de posguerra, que basaban su estrategia en el mejoramiento de las clases inferiores, generalmente sin recursos económicos y de escasa formación, y que cristalizaron en el Estado del Bienestar. Para el caso español la situación aún es más acusada habida cuenta de que no ha existido más que durante 30 años, es decir, durante muy poco tiempo, una cultura impositiva de carácter redistributiva. En España no ha habido IRPF en 40 años de dictadura, y sólo a partir del antiguo ministro de UCD, luego socialista, Fernández Ordoñez, se empezó a tributar por la rentas de las personas físicas. Sin embargo, el discurso de modernización y de impuesto entendido como inversión para el salario social que debían representar estas mejoras, no se ha podido traducir en unos modos responsables de tributación individual. Sólo desde este punto de vista se explica la política del Presidente en esta materia.

Obviamente Zapatero no es socialdemócrata, pero tampoco estimo que haya seguido la carretera trazada por el sociólogo de cabecera de Blair llamada Tercera Vía. La política de Zapatero no se ha situado como una forma de superación de las viejas formas de hacer política, esto es, el modelo liberal-conservador y el socialdemócrata, por más que muchas medidas como las ayudas a la maternidad tengan ideológicamente un alma Giddeniana muy evidente: El objetivo final de esas ayudas no conduce hacia una igualdad de resultados sino de oportunidades. En realidad esto introduce la desigualdad final. El Estado guía pero no rema.

Pero el PSOE de Zapatero no ha tirado la toalla en el combate social ante los crecientes gastos de mantenimiento del sistema social de solidaridad y con una población cada vez más envejecida. Lo que ocurre es que ha cambiado el modo y el ritmo de esas políticas. Zapatero, otrora conocido como el “socialista de los ciudadanos”, pienso que en realidad, como buen lector, conocedor y admirador de la obra del escritor argentino Jorge Luís Borges, sabe lo que representa el valor del tiempo político. De manera que, ni Bambi de acero, ni Socialismo de los ciudadanos, ni Tercera Vía, ni republicanismo, ni democracia deliberativa son conceptos que engloben los tiempos y la acción en su política.

Zapatero es un socialista Borgeano. Como Paul Menard autor del Quijote, como La Biblioteca de Babel, como Funes el memorioso, el Presidente sabe que el éxito de su política social y de cualquier otro tipo, no está tanto en publicitarla sino en hacer ver que la acción modernizadora de su gobierno sería impensable con el Partido Popular.
Es la lógica de saber que unos usos y costumbres más propios de la época de Fraga (cuando éste construía paradores y se bañaba en Palomares), son totalmente impensables, a pesar de la ayuda de dios, o de la COPE, a día de hoy. Y lo son también para sus propios votantes, que no entienden los comportamientos de lo que Santos Juliá denomina Santísima Trinidad y yo califico como unidad de quemados (Acebes, Zaplana, Rajoy).

Este ha sido políticamente el principal acierto de Zapatero. El socialismo borgenano tiene su praxis en una nueva generalización de derechos estratégicos, como en el s. XIX, hicieron los socialistas europeos al abrir las constituciones liberales, sólo que esta vez de tipo interclasista. La clave es que ideológicamente el Partido Popular, que económicamente podría igualar lo obtenido por el PSOE, como ya demostró con Rodrigo Rato, es un partido de 9 millones de votantes, de los que la inmensa mayoría no comparte aspectos de conductas morales y cívicas, más propias de la época del búnker en el inicio de la Transición. Santos Juliá me hizo reflexionar esta idea cuando leí su columna dominical (la primera de este curso político), en EL PAÍS. Dice Juliá: "¿Cómo va a ser que esa clase media mire hacia atrás con ira, como pretende el PP, si en esta legislatura le ha ido de perlas, si sus viviendas -su bien más pre-ciado- han triplicado su valor y alcanzado por fin la altura de los países de nuestro entorno? Con estos dirigentes del PP no se trata de credibilidad, sino de fatiga, de cansancio: han invertido todo su capital en el 11-M, en ETA, en España-se-rompe, y han asistido atónitos al desplome en bolsa de esos valores. Nada tiene de extraño que el anciano de la tribu aconseje preparar las sucesiones, dicho así, en plural, porque, en efecto, son sucesiones lo que habrán de preparar".

Los hechos siempre nos remiten a Borges: Leyes contra violencia de género, en favor de la igualdad, sobre la dependencia, la agilidad en la tramitación del divorcio, el reconocimiento del matrimonio entre personas del mismo género, la defensa de escuela y Estado laicos, generalización de mecanismos de integración para inmigrantes, fomento de nuevas formas la investigación científica como las células madre, e incluso reformas en la ley de financiación de partidos políticos o leyes electorales que beneficien a grupos más minoritarios.

Con esta carta de presentación de la oposición y con un impulso modernizador evidente, por más que fuera deseable que Izquierda Unida pudiera aplicar la misma medicina borgeana a Zapatero, marcando claramente lo que representan las líneas de la socialdemocracia, parece poco probable que no se cumpla políticamente aquella reflexión de Borges según la cual “la tarea del arte es transformar todo lo que nos rodea en símbolos, en algo que pueda perdurar en la memoria de los hombres, es nuestro deber, tenemos que cumplir con él, si no, nos sentimos muy desdichados”. No obstante el Presidente debe tener presente que Borges fue un escritor magníficamente cínico y que todos sus libros están llenos de citas a ciegas

Fuente : Daniel Molina - La Voz de Salamanca
Miércoles, 05 de Septiembre de 2007

Hugo Chavez en su Blog cita a Borges



El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, fue uno de los siete mandatarios que participaron de los festejos por el Bicentenario argentino. Desde su blog oficial, habló sobre la importancia de esta fecha y citó a Jorge Luis Borges

“Al Sur de la Frontera”

A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires: la juzgo tan eterna como el agua y el aire”, decía el infinito Jorge Luis Borges, de su ciudad natal. Sus palabras no dejaron de acompañarme el martes 25 de mayo desde que aterrizamos en el aeroparque metropolitano Jorge Newbery.

25 de mayo: día grande y luminoso de la historia nuestra americana. Fue un 25 de mayo de 1810 cuando toda una Patria tomó la irreversible decisión de dispararse para siempre en el tiempo, porque como decía también Borges: “…la patria, amigos —y amigas, agrego yo—, es un acto perpetuo, como el perpetuo mundo”.


“Nacimos juntos a la historia. Juntos tenemos que navegar el proceloso futuro. Juntos debemos aparecer ante el resto de la humanidad, en unión que hará la fuerza y nos conceda la autoridad requerida para actuar eficazmente en pro de la felicidad mundial”. Estas palabras de nuestro padre Libertador nos invitan a conjugar pasado, presente y porvenir y a hacerlo juntos: con el sentimiento patrio y la conciencia unitaria que enlazaron al 19 de Abril y al 25 de Mayo.

Qué grande el pueblo argentino: qué infinito aquel río arterial que inundó las calles de Buenos Aires y en el que nosotros todos nos confundimos junto a nuestra Presidenta anfitriona. Dios mío: ¡cuánta pasión, cuánto sentimiento patrio y revolucionario! Allí estaba ardiendo el fuego sagrado que prendió en los corazones de Mariano Moreno, Manuel Belgrano y Juan José Castelli hace doscientos años.

Fuente : http://www.chavez.org.ve
29.May.2010

domingo, 6 de junio de 2010

Carta de Susan Sontag a Borges


12 de junio de 1996,

Querido Borges:

Dado que siempre colocaron a su literatura bajo el signo de la eternidad, no parece demasiado extraño dirigirle una carta. (Borges, son diez años.) Si alguna vez un contemporáneo parecía destinado a la inmortalidad literaria, ese era usted. Usted era en gran medida el producto de su tiempo, de su cultura, y, sin embargo, sabía cómo trascender su tiempo, su cultura, de un modo que resulta bastante mágico. Esto tenía algo que ver con la apertura y la generosidad de su atención. Era el menos egocéntrico, el más transparente de los escritores... así como el más artístico. También tenía algo que ver con una pureza natural de espíritu. Aunque vivió entre nosotros durante un tiempo bastante prolongado, perfeccionó las prácticas de fastidio e indiferencia que también lo convirtieron en un experto viajero mental hacia otras eras. Tenía un sentido del tiempo diferente al de los demás. Las ideas comunes de pasado, presente y futuro parecían banales bajo su mirada. A usted le gustaba decir que cada momento del tiempo contiene el pasado y el futuro, citando (según recuerdo) al poeta Browning, que escribió algo así como "el presente es el instante en el cual el futuro se derrumba en el pasado". Eso, por supuesto, formaba parte de su modestia: su gusto por encontrar sus ideas en las ideas de otros escritores.

Esa modestia era parte de la seguridad de su presencia. Usted era un descubridor de nuevas alegrías. Un pesimismo tan profundo, tan sereno como el suyo no necesitaba ser indignante. Más bien, tenía que ser inventivo... y usted era, por sobre todo, inventivo. La serenidad y la trascendencia del ser que usted encontró son, para mí, ejemplares. Usted demostró de qué manera no es necesario ser infeliz, aunque uno pueda ser completamente perspicaz y esclarecido sobre lo terrible que es todo. En alguna parte usted dijo que un escritor -delicadamente agregó: todas las personas- debe pensar que cualquier cosa que le suceda es un recurso. (Estaba hablando de su ceguera.)

Usted fue un gran recurso para otros escritores. En 1982 -es decir, cuatro años antes de morir (Borges, son diez años)- dije en una entrevista: "Hoy no existe ningún otro escritor viviente que importe más a otros escritores que Borges. Muchos dirían que es el más grande escritor viviente... Muy pocos escritores de hoy no aprendieron de él o lo imitaron". Eso sigue siendo así. Todavía seguimos aprendiendo de usted. Todavía lo seguimos imitando. Usted le ofreció a la gente nuevas maneras de imaginar, al mismo tiempo que proclamaba, una y otra vez, nuestra deuda con el pasado, por sobre todo con la literatura. Usted dijo que le debemos a la literatura prácticamente todo lo que somos y lo que fuimos. Si los libros desaparecen, desaparecerá la historia y también los seres humanos. Estoy segura de que tiene razón. Los libros no son solo la suma arbitraria de nuestros sueños y de nuestra memoria. También nos dan el modelo de la autotrascendencia. Algunos piensan que la lectura es solo una manera de escapar: un escape del mundo diario "real" a uno imaginario, el mundo de los libros. Los libros son mucho más.

Lamento tener que decirle que la suerte del libro nunca estuvo en igual decadencia. Son cada vez más los que se zambullen en el gran proyecto contemporáneo de destruir las condiciones que hacen la lectura posible de repudiar el libro y sus efectos. Ya no está uno tirado en la cama o sentado en un rincón tranquilo de una biblioteca, dando vuelta lentamente las páginas bajo la luz de una lámpara. Pronto, nos dicen, llamaremos en "pantallas-libros" cualquier "texto" a pedido, y se podrá cambiar su apariencia, formular preguntas, "interactuar" con ese texto. Cuando los libros se conviertan en "textos" con los que "interactuaremos" según los criterios de utilidad, la palabra escrita se habrá convertido simplemente en otro aspecto de nuestra realidad televisiva regida por la publicidad. Este es el glorioso futuro que se está creando -y que nos prometen- como algo más "democrático". Por supuesto usted y yo sabemos, eso no significa nada menos que la muerte de la introspección... y del libro.

Por esos tiempos no habrá necesidad de una gran conflagración. Los bárbaros no tienen que quemar los libros. El tigre está en la biblioteca. Querido Borges, por favor entienda que no me da placer quejarme. Pero ¨a quién podrían estar mejor dirigidas estas quejas sobre el destino de los libros -de la lectura en sí- que a usted? (Borges, son diez años.) Todo lo que quiero decir es que lo extrañamos. Yo lo extraño. Usted sigue marcando una diferencia. Estamos entrando en una era extraña, el sigro XXI. Pondrá a prueba el alma de maneras inéditas. Pero, le prometo, algunos de nosotros no vamos a abandonar la Gran Biblioteca. Y usted seguirá siendo nuestro modelo y nuestro héroe.

Traducción de Claudia Martínez
Especial Clarín - 1999.




Susan Sontag

Novelista y ensayista estadounidense, nació el 16 de enero de 1933 y murió el 28 de diciembre del 2004, cuando había cumplido los setenta y un años; aunque fueron sus dos géneros preferidos, la novela y el ensayo, también fue profesora y directora de alguna obra de teatro y cine. Se licenció en Filosofía y Letras por las Universidades de Harvard y Chicago.

De padres judíos, estudió en su adolescencia en Arizona y en Los Ángeles. Quedó huérfana de padre desde muy temprana edad, adoptando el apellido de su segundo padre. Contrajo matrimonio con Philip Rieff, tras un noviazgo de escasos días, con quien tuvo un hijo, quien más tarde paradójicamente sería su editor.

Destaca por su actitud crítica frente a los valores culturales establecidos en obras de ensayo. Publica su primera novela en 1963 con El benefactor. Muchos años después, en el año 1999, publicó En América, galardonada con el Premio Nacional del Libro de Estados Unidos, con gran recibimiento de crítica y público.

Fue enviada como periodista a la guerra de Vietnam en 1968, conflicto que la impactó profundamente, tomando parte activa en los movimientos de protesta.

Recibió en el 2001 el Premio Jerusalén de Literatura “por sus logros intelectuales y literarios, y por su dedicación a la libertad de expresión y a la causa de la libertad”. En el año 2003 se añadió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, compartido con la socióloga marroquí Fátima Mernissi.

sábado, 5 de junio de 2010

Confiteria Richmond



Ubicada en Florida 468, y fundada en el año 1917, esta confitería fue durante mucho tiempo, y desde las primeras décadas del 900, una cita obligada de políticos, artistas y gente adinerada. La Richmond, en cuyo subsuelo continúan librándose apasionadas partidas de ajedrez y billar, reunió también a los colaboradores de Martín Fierro. Por sus mesas pasaron Borges, Marechal, Baldomero Fernández Moreno y Horacio Quiroga. También Eduardo Mallea, que dirigió durante muchos años el suplemento cultural de La Nación.



Desde su nacimiento, a finales de la primer década del siglo XX, este lugar se convirtió en una parada cotidiana de escritores, políticos, artistas, agentes de bolsas y enamorados de distintas partes del mundo.

“Y… hubo tres, pero sólo sobrevivió éste” Dice Valentin Angel, un mozo que trabaja hace 37 años en Florida 468. Una clara evidencia de que el modernismo y las costumbres, dejaron caídos y sobrevivientes. Muchos fueron los casos en que el destino ha decidido terminar con esos costados nostálgicos de la gran Buenos Aires. Los Richmond, de Esmeralda y Suipacha, ya no existen, solo quedaron los recuerdos.



Vaya si la esencia de las almas pudieran compartir aquellas ideas, discusiones y lecturas de aquellos intelectuales que emulaban el ritual del encuentro o el de las charlas, como lo hacían los “Socialistas de Boedo” en la esquina del café Homero Manzi. Notables palabras fueron parte del aire que se respiraba en el Richmond, también la sala se perfumaba de ese chocolate caliente que siempre pedía Borges, acompañado por su dama, por la invisible compañía del inglés Herbert y por sus oraciones eternas. Asimismo, aquellos sillones auténticos, desde 1917 relucientes, tapizados de cuero, fueron anfitriones de veladas únicas e irrepetibles, todo aquello iluminado por las imponentes arañas holandesas que colgaban del techo.




Esta orilla porteña fue defendida por esos lúcidos, que se decían llamar “Los de Florida”; con lecturas e ideas que se mezclaban con los aromas del café, los vapores del té y los chocolates calientes. Ellos eran Leopoldo Marechal, Macedonio Fernández y Jorge Luis Borges, eran “los caballos del tablero” que contraatacaban el mal uso de las palabras. “Los de Florida” tenían como necesidad la elevación de la cultura y el noble propósito de la justicia.

Pues, Richmond es un mundo aparte. Tranquilo, bello y único. Amado por aquellos matrimonios de abuelos que desayunaron, quizás, un té para empezar a disfrutar de la ciudad, pero con el paso de los años, era más bien un melikraton para el alma. Las rivalidades fueron los pétalos de las leyendas en aquella vereda porteña, como ese grupo imponente de “Los de Florida” que desafiaban a “Los socialistas de Boedo” y los ajedrecistas enemigos pero que eran verdaderos amigos.



En este costado del mundo; encontramos la paz, las lecturas ya eternizadas en los recuerdos de pocos, las charlas de aquellos agentes de bolsas que vienen antes de que Valentin Angel empezara a trabajar, los debates políticos en el fondo para que nadie escuche, los turistas que encuentran un estilo inglés en cada espacio, pero conquistado por la energía porteña. Como también esos clientes esporádicos que entran para pasar el rato pero corren el peligro de ser hechizados por aquellas huellas enriquecidas que han enaltecido desde el 21 de diciembre de 1917, un gran reinado.

Fuente : Emanuel Fernández, Globedia

"Borges ha sido una influencia enorme"



"Borges ha sido una influencia enorme"PETER ADOLPHSEN.
Su libro propone osados ejercicios formales

A juzgar por su literatura, la anécdota parece haber sido inventada por él: las cenizas de un volcán se esparcen desde Islandia por toda Europa y modifican las vidas de miles de personas. Pero Peter Adolphsen fue apenas una víctima más de ese fenómeno a la vez extraño y vulgar: la cancelación de vuelos le impidió viajar a la Feria del libro de Buenos Aires, de modo que esta entrevista se realizó vía correo electrónico.

Nacido hace 38 años en Aarhus, una ciudad universitaria de Dinamarca, Adolphsen vivió también en Austria, Alemania, España y Estados Unidos. Estudió de todo, incluyendo filología árabe, y si bien ha sido profesor de la Academia de Escritores de Copenhague, también se pasó un año y medio escribiendo crucigramas.

Parece una vida fascinante. Un adjetivo que también les cabría a sus dos novelas cortas recientemente editadas en español, Brummstein y Machine, que Lengua de Trapo reunió en un solo libro. Más bien, son dos ejercicios formales soberbios, construidos a partir de una idea común tan absorbente como peligrosa: en Brummstein, una piedra que atraviesa todo el siglo XX cuenta una multiplicidad de historias alrededor de un misterio irresoluble; en Machine, una gota de petróleo que viene desde la muerte y retorna a ella actúa como detonante de las vidas de dos seres sentimentalmente errantes. En ambos casos, apenas un objeto como núcleo: el relato como un sistema imperfecto, multiforme, voraz.

-¿De dónde proviene la idea, tan compleja, de trabajar ambas nouvelles como una serie de eslabones?

-Supongo que viene de la decisión de utilizar objetos, una piedra y una gota de petróleo, respectivamente, como protagonistas. Si lo que seguimos es una cosa, eso lleva a que las personas sean menos importantes, o mejor dicho: su importancia está en la relación que tengan con el objeto.

-¿No temía incomodar demasiado al lector, al correr constantemente el eje de las historias?

-Para el 98% de los lectores este tipo de libro es insufrible: plagado de palabras raras y extranjeras, frases largas y enrevesadas, y, efectivamente, sin un protagonista definido. Pero al restante dos por ciento, más o menos, este tipo de literatura, eso espero, le gusta. Hay quienes no se asustan con lo desconocido. Para esa gente escribo.

-¿Qué relación tiene con la literatura latinoamericana?

-Borges, evidentemente, ha sido una influencia enorme. Llegué a un punto en que tuve que dejarlo durante unos años, como si fuera una droga. Soy otro más de los miles que imitan a Borges. Pero como un gran escritor danés, Per Højholt, me dijo una vez: "Somos muchos los que cabemos bajo su sombra". Luego me gustan otros, como Cortázar, Huidobro, Bioy Casares u Octavio Paz. Mis lecturas normalmente se limitan a los clásicos. Casi siempre leo con un espíritu utilitarista: busco algo para robar.

Fuente : La Nacion ADN Cultura
29 de mayo de 2010