domingo, 16 de marzo de 2014

Jorge Luis Borges: postales de la vida cotidiana




En “Borges. Postales de una biografía”, el coleccionista Nicolás Helft reúne esos “rectángulos de cartón de nueve por trece centímetros” enviados por el autor de “El Aleph” a novias, amigos y familiares, en un abordaje íntimo que permite atisbar emociones, afectos e impresiones, marcadas por la fugacidad o cuya importancia dibuja el paso del tiempo.

Entre las postales, irrumpen fotografías, hojas manuscritas, primeras ediciones con correcciones del autor, ideas, apuntes y una caprichosa biografía que enlaza el recorrido y revela datos curiosos de la vida personal y literaria del escritor.

En una cuidada edición de Emecé, cuyo diseño estuvo a cargo de Sergio Manela, se despliega un universo privado, que comienza con una nota titulada “Manuscrito hallado en la habitación de un suicida (Hotel Las Delicias. Adrogué: 1940)”.

“Borges no llegó a suicidarse en ese hotel de Adrogué, pero el texto no parece ficción”, escribe Helft sobre el manuscrito hallado en un cuaderno de hojas cuadriculadas y tapas negras que contiene, un relato fantástico, un poema y una frase suelta.

El libro incorpora también los recuerdos de `Madre`, Leonor Acevedo de Borges, en la casa familiar de la calle Serrano, en Palermo, un barrio pobre de Buenos Aires cerca del arroyo Maldonado. La familia veraneaba en Montevideo, y desde allí, Georgy y su hermana Norah mandaban postales.

En esa primera parte, hay un esbozo de la madre y del padre, ambos tan influyentes para Borges: Desde el dominio que ejerció sobre él su madre, hasta las enseñanzas veladas de su padre: de forma sutil “lega al hijo la misión del escritor, la de triunfar allí donde él había fracasado”.

Ya en Europa, donde llega la familia en febrero de 1914, hay postales de París, Ginebra -donde vivieron al estallar la guerra-, Milán, Florencia, Munich, Segovia, Madrid, entre otras ciudades.

“No me siento aún totalmente reintegrado a mi patria, mucho menos jubilosa de lo que os imagináis allá en España... Aquí en literatura campean todavía el rubenianismo y el valleinclanismo y los siete pecados capitales y la noche plutónica y los crisoberilos y los silencios de oro. Yo no he iniciado todavía ninguna gesta”, escribe en una carta de junio de 1921, dos meses después de que los Borges volvieran al país.

A Macedonio Fernández, un admirador de su escritura, le manda una postal desde Londres en 1923: “A que puntualizar con intensidad de palabras la caterva de días -ninguno alegre, todos turbios, alguno angustiosísimo- que han pasado por mí desde que le dije adiós a Conce y a Buenos Aires. Mejor a divertirse con tonteras visuales como el grabadito persa en el dorso. Tuyo. Jorge”.

Imágenes de Crítica, dan cuenta del paso de Borges por ese diario, un trabajo donde “frecuenta a periodistas que recorren calles, cárceles, manicomios. El poder, la velocidad y la masividad le dan miedo, pero a la vez lo atraen. Por primera vez en su vida, se divierte escribiendo”, recuerda Helft.

A fines de 1934, viaja con Enrique Amorim por el norte de Uruguay, y a un pueblo perdido en la frontera con Brasil, un escenario del que quedan fotos y postales. Ahí imagina un cuento (”El muerto”) incluido en “El Aleph” en el que Benjamín Otálora, “un compadrito quiere usurpar el lugar de su jefe”.

“Padre, no me dejes, llevame contigo a donde sea que vayas”, escribe cuando este muere en febrero de 1938 (en la versión final del poema, publicada años después, eliminará ese primer verso).

Casi cronológicamente, el texto nos lleva por los caminos transitados por el escritor, a través de fotos de Adrogué, primeras ediciones (El jardín de senderos que se bifurcan), también imágenes como tres esferas que dejan ver parte de un mapa del mundo, imaginado por su amiga Mandie Molina y Vedia. Es en su departamento de la calle Juncal donde Borges lo descubre.

Había un río llamado “La barba de Brahms”; otro “El sueño de Frida”; otro, “El fatigado”; y otro, “Luche Pescuezo”. Había bahías, puertos y un golfo con murciélagos que se llamaba “Lord Jim”. En el medio del mapa, una brújula. Perdida en Tyrpia, un continente hacia el Sur, una ciudad Triste-Le-Roy. ¿De dónde sacó Mandie ese nombre? no sabe, no se acuerda....

“Lo que si recuerda - apunta Helft- es el momento cuando Borges descubrió el cuadro, en una salita de la casa de ella, al lado del dormitorio; se acercó y quedó hechizado, mirando, con sus ojos de miope, cada detalle. También recuerda a Borges caminando con ella por la calle, la mirada perdida, hacia adelante, repitiendo una y otra vez, como un autómata el nombre del conjuro: Triste-Le- Roy...”.

Y el texto reproduce además, facsímiles de sus conferencias, en cuadernos de hojas cuadriculadas donde se amontonan palabras escritas en una letra diminuta, y postales de Resistencia, Mar del Plata o de Playa Carrasco (Montevideo). También de Buenos Aires, del Cabildo, el edificio Safico o la estación del Ferrocarril Sud.

“Como a Estela Canto, a Leonor nunca le mandó cartas, sólo postales. Y esas postales tienen un curioso parecido con las que le mandaba a Estela: igualmente apasionadas, excesivamente patéticas, revelan la necesidad y la dependencia de un hombre solo, que provoca un vocabulario excesivo, un poco ridículo. `Te extraño cada momento` o `Yours ever`, le escribe a su madre.

A finales de 1967, cuando Norman Thomas di Giovanni le propone traducir su obra al inglés, hay cambios en la vida de Borges. El traductor arregla la separación entre el escritor y Elsa Astete y luego inventa una escala en Reykjavik (Islandia), para que Borges formalice su relación con María Kodama.

En esta última postal de la biografía, le escribe Borges a su madre (el 14 de abril de 1971): “Reykjavik es menos monumental que la Municipalidad de Lomas e infinitamente más linda”.

Y se acuerda de su hermana y de su infancia en Palermo. Ella fue su única amiga de aquellos años, menciona el coleccionista; “juntos inventaron a Quilos y Molino, sus primeros personajes de ficción, juntos jugaban en la casa de la calle Serrano y en Villa Esther, la casa de los primos Haedo en Paso del Molino, donde Borges se escapaba a leer, y nadaba en un arroyo de agua fresca, a la sombra de los árboles”.

Entonces Borges dicta su última frase: “Norah, siempre pienso en ustedes y en el jardín desde el balcón”.

Fuente : El Dia – la Plata

viernes, 14 de marzo de 2014

BORGES Y LA FILOSOFIA...


En su nota de homenaje póstumo al escritor, comentaba en 1986 el profesor Ezequiel de Olaso que en cierta ocasión había recibido el llamado telefónico de una colega americana que tenía que presentar a Borges en una conferencia en la universidad sobre sus "cuentos filosóficos" y quería informarse precisamente sobre cuáles de los que escribió caerían en esa calificación. Le urgía saberlo (se la notaba casi despavorida, decía Olaso) porque era la encargada de iniciar el debate, se preveía "una enorme concurrencia de público" y "sólo a Kissinger le hemos pagado tanto". El la tranquilizó diciéndole que no se preocupara por las preguntas, que el hombre iba a responder con lo que se le ocurriera y la dejaría bien.

El tema de la filosofía en Borges nos conduce a un par de cuestiones. La primera sería cuáles fueron los pensadores que más influyeron en sus ideas. La segunda (mucho más complicada) consistiría en el grado en que sus serios conocimientos en materia filosófica (una excepción notable en nuestro mundo literario) determinaron ciertas cualidades diferenciales profundidad, rigor, originalidad de sus talentos de escritor. Me parece que ambos temas pero en especial el segundo de ellos tienen todavía espacio para la exploración y que sería interesante verlos analizados competentemente por algún especialista en estudios borgianos (algunos dicen "borgesianos").

Algo, entretanto, podríamos aventurar sobre el asunto de qué pensadores gravitaron más en su formación intelectual. Entre ellos, tal como está considerado en "La filosofía de Borges" del español-venezolano Juan Nuño, debe incluirse al idealista inglés George Berkeley, la influencia de cuya visión metafísica está comentada en el ensayo "Nueva refutación del tiempo" del propio Borges(1). También en ese texto él cita a otro pensador, Arthur Schopenhauer, que podemos distinguir como uno de sus maestros y sobre el cual declaró en una entrevista publicada por "Die Welt" en 1975 que había estudiado el alemán para poder leerlo en su propia lengua. Escribió, además, en "El Hacedor" que pocas cosas le habían ocurrido más dignas de memoria que el pensamiento de ese filósofo y en "Otro poema de los dones" anotó este elocuente agradecimiento al autor de "El mundo como voluntad y representación": "Gracias quiero dar al divino Laberinto de los efectos y de las causas, entre otras cosas, por Schopenhauer, que acaso descifró el universo".

Tenemos pues, simplificando al máximo, los nombres de dos filósofos que influyeron en nuestro compatriota. Pero hay un tercero al que le consagró toda una conferencia que, releída después de tantos años, nos parece una muestra notable del interés filosófico y la capacidad intelectual de un hombre que ya no podía leer y, dueño de una memoria portentosa, hablaba sin papeles.

Sobre Spinoza

La conferencia fue dada en abril de 1985 en la Sociedad Hebraica Argentina y con el título "El más adorable de los filósofos". El texto que tengo a la vista consta de páginas fotocopiadas de su publicación en portugués con fecha 15 enero de 1989 en el "Folha de Sâo Paulo" que lo titula "Borges confessa sua 'deslumbrada ignorância' sobre la obra de Spinoza". Echémosle una mirada.
En su charla reconoce que había pasado la vida explorando a Spinoza, que se había propuesto hacía mucho tiempo escribir un libro sobre él y al fin no había podido hacerlo. Tenía en su casa varias ediciones de la "Etica", en alemán, en francés, en inglés, y muchos estudios y biografías. Pero al fin se dio cuenta de que había en ese hombre, que dedicó su vida a imaginar a Dios con amor intelectual, algo sobre lo cual no podía sino confesar su ignorancia, su deslumbrada ignorancia. Se dio cuenta de que no podía explicar a otros lo que no podía explicarse a sí mismo.

Sobre el hombre Spinoza, refiere que su familia era de origen judío-portugués, que fue admirado por los sabios de su tiempo vivió entre 1632 y 1677 , que rehusó cátedras en Heidelberg y en París para dedicarse a la meditación y a su trabajo de tallador de cristales para lentes y microscopios que tuvo que ver con la tuberculosis causa de su muerte a los 46 años y una ocupación a la que él mismo, Borges, dedicó un verso que decía: "Las traslúcidas manos del judío / Labran en la tiniebla los cristales / Y la tarde que muere en miedo y frío / Las tardes, las tardes son iguales". Estudió las Escrituras, el Talmud, la Cábala, a Maimónides y todos los filósofos de su tiempo. Manifestó que la idea de un Dios que escoge un pueblo y la de un Dios personal le parecían extrañas. Rechazó ambas cosas y divulgó sus dudas entre su comunidad. Pero no era ateo sino lo contrario: profesaba la idea de que todo es Dios. Su panteísmo se manifestaba en la fórmula "Dios, o sea la Naturaleza". Quisieron sobornarlo para que abandonara sus opiniones o las callara, pero como persistió en ideas heréticas la Sinagoga lo excomulgó y le impuso terribles anatemas personales y sociales.

Es extensa, brillante y llena de perlas esta poco conocida conferencia de Borges. Por ahí recuerda que Bertrand Russell consideró a Spinoza "the most lovely", el más encantador de los filósofos(2) y comenta que es más importante ser querido que ser admirado. Por ahí que aquel hombre recomendó "no llorar, no esperar, no temer; intentar comprender". Y en su párrafo de cierre: "No sé si conseguí darles una idea de ese adorable ser humano que fue Baruch Spinoza. El no creía en la inmortalidad personal pero escribió: 'Sentimos, experimentamos que somos inmortales'. Pero con esto no se refería a su yo sino a esa sustancia que somos. De algún modo, sentimos la inmortalidad de esa sustancia anterior en el tiempo a nuestro nacimiento, posterior a nuestra muerte en el tiempo".

(1) Ese trabajo concluye con unas frases muy citadas: "El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río, es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre, es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo, desgraciadamente, es real, yo, desgraciadamente, Borges".

(2) En la recensión de una revista norteamericana de dos libros recientes sobre Spinoza se incluye un dato curioso: la admiración de un Albert Einstein de veintiún años y puesto a poeta escribiendo un verso que comienza: "Cuánto amo a ese hombre noble / más de lo que puedo expresar en palabras".

HECTOR CIAPUSCIO (*)
Especial para "Río Negro"
(*) Doctor en Filosofía. .

Fuente:http://gloriamundi.blogsome.com/

Fuente : Filosofando

"Rayuela", una novela frente al espejo



 
Por Maximiliano Tomas
   
Pocas cosas más argentinas que los datos biográficos de Julio Cortázar. Nació en Bélgica, el 26 de agosto de 1914, hace cien años. Vivió brevemente en Suiza y Barcelona, hasta que a los cuatro años llegó a la Argentina. En 1951, después de haber sido maestro de escuela y de publicar su primer gran libro de cuentos, consigue una beca en Francia y se instala en París. Ya no se irá más. Muere en esta ciudad en 1984, y es enterrado en el cementerio de Montparnasse.

Ese vínculo con una tierra y, sobre todo, con una lengua (el castellano rioplatense, en el que Cortázar escribió toda su vida) convivió con un sentimiento de atracción y repulsión por la realidad social y política de su país. Cortázar se exilió en Francia escapando del ambiente de opresión irradiado por el primer peronismo. Cortázar, que ha nacido en Bélgica por error o casualidad, se nacionaliza francés en 1981 en repudio a la dictadura militar argentina. Y sin embargo, o mejor dicho, gracias a todo esto (a su cosmopolitismo y a su debilidad por la cultura europea) hay pocos escritores tan argentinos como él. Lo mismo pasa con Jorge Luis Borges, quien eligió morir en Suiza, donde había estudiado de joven.

Gracias a todo esto (a su cosmopolitismo y a su debilidad por la cultura europea) hay pocos escritores tan argentinos como él

Borges y Cortázar son los dos grandes nombres de la literatura argentina del siglo XX (de un siglo por demás pródigo para la literatura argentina). Y pueden ser vistos como las caras de una misma moneda: Cortázar, una especie de antiBorges. Pero tal vez sea más interesante pensar el lugar de Cortázar en la literatura argentina con Borges. Al fin y al cabo, fue Borges el que publicó en 1946, en una importante revista, uno de los primeros cuentos de Cortázar y lo alentó a seguir escribiendo. Los dos buscaron renovar cierta tradición literaria, los dos fueron hombres cultos y con sentido del humor. A Borges no le interesaba el mundo de la política partidaria, salvo para burlarse del peronismo, y es señalado por lo general como un hombre de derechas. Cortázar, también antiperonista, se solidarizó con regímenes revolucionarios como el de Cuba, se fascinó con la figura del Che Guevara, y es considerado un hombre de izquierdas. Borges escribió cuentos, poemas, crítica, pero nunca una novela. Cortázar, cuyos cuentos están entre los mejores del género, y que tradujo magistralmente a Edgar Allan Poe, se hizo famoso precisamente por eso que Borges nunca hizo: escribir una novela. Es la que estamos recordando acá.

En 1963, cuando se publica Rayuela, Cortázar está a punto de cumplir cincuenta años. La escribió íntegramente en París, en dos casas distintas. Alguna vez dijo: "Si yo no hubiera escrito Rayuela, probablemente me habría tirado al Sena". Por entonces se relacionó al libro con otras obras del llamado "Boom latinoamericano", como Cien años de soledad, Pedro Páramo, La ciudad y los perros. Pero sus intenciones eran otras, y sobre todo su atmósfera era otra. Rayuela es una novela urbana, que transcurre entre París y Buenos Aires. Hay poco folclore y color local en sus páginas, y mucho jazz, arte contemporáneo e ideas de las vanguardias de aquel tiempo. En 1983, apenas veinte años después, Rayuela ya se había convertido en un clásico. También, para muchos, había envejecido bastante.

Pasa algo muy raro con la novela, que el propio Cortázar advirtió en su momento. Es un libro de madurez, que convoca sobre todo a los lectores más jóvenes. "Cuando escribí Rayuela -comentó Cortázar en una entrevista- pensaba haber escrito un libro para gente de mi generación. Cuando se publicó en Buenos Aires y empezó a ser leído en América Latina, mi gran sorpresa fue que empecé a recibir centenares de cartas, y de cien cartas, noventa y ocho eran de jóvenes que no entendían del todo el libro. De todas maneras habían reaccionado de una manera que yo no podía sospechar en el momento en que lo escribí. La gran sorpresa para mí fue que la gente de mi edad no entendió nada".

Es un libro de madurez, que convoca sobre todo a los lectores más jóvenes

Hace poco escribí un artículo cuyo título era "¿Quién lee a Cortázar hoy?". No pretendía ser una pregunta retórica, y la dosis de ironía era apenas la justa. Tampoco buscaba menoscabar su importancia como autor, sino tratar de ver si algo de eso había cambiado en todo este tiempo. Hace rato que entre los editores y novelistas que conozco el nombre de Cortázar no suena como influencia a la hora de escribir. En muchos casos ese lugar fue ocupado, paradójicamente, por un autor que podríamos denominar cortazariano: el chileno Roberto Bolaño. A pesar del enojo de algunos fanáticos, si algo me quedó claro después de aquel artículo es que Cortázar no es uno sino muchos escritores: un modelo para armar. Están los que admiran su compromiso ideológico y los que creen que ese compromiso arruinó su obra literaria. Están los que solo leen sus cuentos y no soportan sus novelas. Y están los que confiesan que Rayuela les cambió la vida. Pero hay algo que se mantiene inalterable: pensada como una novela para adultos, Rayuela es el libro que muchos argentinos leen entre los 15 y 25 años. Con ella experimentan y aprenden sobre el amor, los celos, el dolor y la muerte. Rayuela es un gran libro, quizá uno de los mejores, para esa etapa traumática, la adolescencia y la primera juventud (como lo pueden ser también El cazador oculto, de J.D. Salinger, o El lobo estepario, de Herman Hesse). Hay quienes siempre la querrán tener a mano y quienes no volverán a tocar el libro jamás. Pero leída a una edad temprana, su influjo se volverá indeleble. Luego habría que ver cuánto cambió el libro en estos cincuenta años de existencia. Probablemente mucho. ¿O no será que los que en verdad cambiamos, a los que nos estimula o avergüenza el reflejo que la novela nos devuelve, somos nosotros?

(Una versión de este texto fue leído el jueves 6 de marzo do 2014 en París, Francia, en el marco de las actividades "Rayuelarte", el homenaje que la Ciudad de Buenos Aires le rindió al escritor argentino a cien años de su nacimiento y a tres décadas de su muerte)..

Fuente : La Nacion.com

miércoles, 12 de marzo de 2014

“Borges va al cine”




Por Héctor J. Freire

Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré, sucesivo, porque el lenguaje lo es
El Aleph

"La relación de Borges y el cine ha sido tan laberíntica e inesperada como la de sus personajes con el tiempo", comenta Edgardo Cozarinsky en la introducción a su ya clásico libro "Borges/en/y sobre Cine". Esta relación es necesariamente compleja porque cada vez que nos referimos a Borges y el cine, debemos tomar en cuenta por lo menos cuatro aspectos:
1- Las críticas cinematográficas que entre l93l y l944, Borges publicó en la revista Sur sobre films muy puntuales, y distintos aspectos del lenguaje cinematográfico.
2- Las resonancias que el Cine como nuevo discurso, dejan en las ideas que el escritor tiene sobre la práctica narrativa.
3- Las adaptaciones cinematográficas de directores argentinos y extranjeros, realizadas sobre los cuentos de Borges. Como así también las innumerables citas que no tardaron en aparecer después de las lecturas que los intelectuales – en especial los franceses- hicieron sobre su obra, y la incorporación de temas o atmósferas borgeanas en diversos films.
4- Borges como guionista, y “teórico” de cine.
Como vemos los encuentros de Borges con el cine, y de éste con el escritor son perdurables y curiosamente entrecruzados.
En cuadernos Hispanoamericanos(N°505/507. Julio-Septiembre l992) José Agustín Mahieu, nos recuerda que Borges era un frecuentador asiduo de las salas oscuras, y que su interés por el lenguaje cinematográfico no se limitó al de simple espectador. En la primera década de la revista Sur publicó numerosas críticas de films, y algunos estudios donde analizaba algunos de los elementos constitutivos del discurso cinematográfico. Son de destacar la dedicada al film Prisioneros de la Tierra, del cineasta argentino Mario Soffici, basado en los cuentos Un peón, Una bofetada y Los destiladores de naranjas, de Horacio Quiroga. Y la más polémica de sus notas, a propósito del genial film de Orson Welles, “Citizen Kane” (El Ciudadano)
Con respecto al segundo punto, el que se refiere a cómo el cine influyó en Borges, las ideas sobre la práctica narrativa misma o las opiniones y reflexiones sobre el cine, las podemos encontrar en el prólogo a la Historia universal de la infamia de l935, donde el mismo Borges reconoce la influencia temprana y determinante del cine en su narrativa:

“Los ejercicios de prosa narrativa que integran este libro fueron ejecutados de 1933 a 1934. Derivan, creo, de mis relecturas de Stevenson y de Chesterton y aun de los primeros films de Von Sternberg y tal vez de cierta biografía de Evaristo Carriego”.

“Son el irresponsable juego de un tímido que no se animó a escribir cuentos y que se distrajo en falsear y tergiversar (sin justificación estética alguna vez) ajenas historias. De estos ambiguos ejercicios pasó a la trabajosa composición de un cuento directo -Hombre de la Esquina Rosada -.”

El discurso cinematográfico aparece en Borges unido a cierta práctica de la narración, y también, como material de relectura. Como nos señala Cozarinsky, los ejemplos que el cine le ofrece a Borges ilustran temas muy dispares:
- la hilaridad del público de Buenos Aires ante escenas de Hallelujah y de Underworld provoca un comentario de "Nuestras imposibilidades", artículo del año l93l, incluido en el libro Discusión al año siguiente y suprimido en la reedición de l957.
- En los textos "La postulación de la realidad" y "El arte narrativo y la magia" del mismo libro Discusión, Borges gracias al cineasta Von Sternberg, verifica una hipótesis sobre el funcionamiento de todo relato.
• La mera difusión de apariencias y simulacros era para Borges un incalculable enriquecimiento que el cine aporta a la vida.
• La atracción por la estilización, que Von Sternberg imponía a personajes, ambientes y convenciones, cuya violencia habitual es menos elíptica, menos irónica que la de films como Underworld o Los muelles de Nueva York.
• El rescate que hace Borges de los "westerns" (el modelo cinematográfico del famoso cowboy Billy the Kid), y de los films policiales. Por ejemplo, Borges encuentra en el cine de Von Sternberg, la retórica que acelera el relato y lo condensa, como es el caso de la elipsis, las aparentes inconexiones, el uso eficaz de la metonimia, los montajes rápidos. A propósito comenta Borges:
• "En estos tiempos en que los literatos parecen haber descuidado sus deberes épicos, creo que lo épico nos ha sido conservado, bastante curiosamente, por los "Westerns"; en este siglo el mundo ha podido conservar la tradición épica nada menos que gracias a Hollywood"………"Cuando vi los primeros films de gángsters de Von Sternberg, como Gángsters de Chicago, recuerdo que los ojos se me llenaban de lágrimas".

También son recomendables, a propósito de la relación Borges/Cine-Cine/Literatura, la lectura de tres artículos incluidos en Discusión (l932), como ser: "Films", "Sobre el doblaje", y "El doctor Jekyll y Edward Hyde, transformados".
En otro famoso libro, Antología de la literatura fantástica (1940), escrito en colaboración con Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares, leemos en las líneas que informan sobre la persona de Borges: "escribe en vano argumentos para el cinematógrafo".
No es casual que en la biografía sobre Evaristo Carriego publicada en l930, Borges describa el pasado de Palermo, sus hombres y sus paisajes por medio de una descripción que prácticamente es un guión cinematográfico:
“..Recuperar esa casi inmóvil prehistoria sería tejer insensatamente una crónica de infinitesimales procesos: las etapas de la distraída marcha secular de Buenos Aires sobre Palermo, entonces unos vagos terrenos anegadizos a espaldas de la patria. Lo más directo, según el proceder cinematográfico, sería proponer una continuidad de figuras que cesan: un arreo de mulas viñateras, las chúcaras con la cabeza vendada; un agua quieta y larga, en la que están sobrenadando unas hojas de sauce, una vertiginosa alma en pena enhorquetada en zancos, vadeando los torrenciales; el campo abierto sin ninguna cosa que hacer, las huellas del pisoteo porfiado de una hacienda, rumbo a los corrales del Norte; un paisano (contra la madrugada) que se apea del caballo rendido y le degüella el ancho pescuezo; un humo que se desentiende en el aire.”

En esta selección de imágenes como proceso verbal, Borges propone una especie de "montaje", entendiendo el montaje como la construcción definitiva de un film -un relato en el caso de Borges-, que recurre a las mismas técnicas de selección, ordenación, empalme y combinatoria de imágenes.

En el "ejercicio narrativo" (llamado así por el propio Borges), El asesino desinteresado Bill Harrigan, incluido en la Historia universal de la Infamia, leemos inmediatamente después del subtítulo Demolición de un mejicano:

“La historia (que, a semejanza de cierto director cinematográfico, procede por imágenes discontinuas) propone ahora la de una arriesgada taberna, que está en el todopoderoso desierto igual que en alta mar.”

El director es otra vez Von Sternberg, y el procedimiento ya había sido declarado en el prólogo a la primera edición de la Historia Universal de la Infamia:"...Abusan de algunos procedimientos: las enumeraciones dispares, la brusca solución de continuidad, la reducción de la vida entera de un hombre a dos o tres escenas. (Ese propósito visual rige también para el cuento "Hombre de la Esquina Rosada")..."
Esta enumeración caótica, que en su discontinuidad termina siendo una continuidad, al igual que en el cine, se produce más allá del relato cronológico y sucesivo, en un espacio temporal con sus elipsis y choques. De ahí la elección por el cuento, que permite una síntesis mayor que la novela y que Borges rechaza.
El tercer punto se refiere a las adaptaciones cinematográficas sobre algunos de los cuentos del escritor. La primera fue Días de Odio (l954) de Leopoldo Torre Nilsson, basada en el relato Emma Zunz. Aunque Borges colaboró con Torre Nilsson en el guión, y en cierta forma también fue responsable, no le gustó esta primera adaptación que el cine hizo de un texto suyo. En l962 cuando ya Borges era un prestigioso escritor, otro de sus relatos, Hombre de la esquina rosada es llevado a la pantalla grande por René Mugica, en 1969. Este film, con el paso del tiempo se transformó, junto al film La estrategia de la araña, del gran director italiano Bernardo Bertolucci en uno de los más festejados. En l969, otro director argentino, Hugo Santiago convoca a Borges y Bioy Casares para que escriban el guión de su próximo film llamado Invasión. Como En la espesura de las ciudades de B.Brecht, Invasión presenta una acción donde los motivos no se dicen, y donde se pone en escena una lucha por la lucha misma. La invasión ocurre en Aquitania, una ciudad que no existe fuera del film, aunque la topografía es la de la ciudad de Buenos Aires. Y de esta ciudad sólo sabemos que se la disputan invasores y defensores.
Cuatro años más tarde, el mismo director vuelve a reunir a Borges y Bioy Casares para su otro film Los Otros, este film filmado en Francia, es muy interesante ya que inscribe dentro de su texto el proceso de producción del mismo. En l969 aparece una nueva versión del cuento Emma Zunz, realizada para la televisión francesa por Alain Magrou. En l970 el gran realizador italiano Bernardo Bertolucci adapta el cuento Tema del traidor y del héroe, bajo el título Strategia del Ragno (Estrategia de la araña). Splits del estadounidense Leandro Katz (l978) es la tercera adaptación del cuento Emma Zunz. Y la cuarta versión la realizará en 1991 el director francés Benoit Jacquot. Otro de los cuentos de Borges que fueron llevados al cine es El muerto (l975) de Héctor Olivera, en coproducción con España, donde fue rebautizado como Cacique Bandeira. La Intrusa es filmada por Carlos Hugo Christensen, en 1979. Y en el 1991 por el español Jaime Chávarri, con guión de Fernando Fernán Gómez y Raúl de la Torre. En l989 Edgardo Cozarinsky adapta Guerreros y Cautivas, basado en el cuento Historia del guerrero y de la cautiva, uno de los textos que conforman el emblemático libro El Aleph.
Hay que mencionar también, los films producidos por TVE e Iberoamericana Films, para conmemorar el Quinto Centenario del descubrimiento de América.

El Sur de Carlos Saura.
El evangelio según Marcos de Héctor Olivera.
La otra historia de Rosendo Juárez de Gerardo Vera.
Emma Zunz, de Bernard Jacquot
La Muerte y la Brújula de Alex Cox

Por fin, varios documentales hechos con el mismo Borges como protagonista: el primero llamado Borges realizado por Ángel Bellaba en 196l Los paseos con Borges (l979) de Adolfo García Videla y Borges para millones (1978) de Ricardo Wullicher.
El otro aspecto importante a resaltar, son las muchísimas citas textuales, los temas y atmósferas borgeanas dispersos en varios films. Como el más conocido y exitoso de todos: el film de Jean Jacques Annaud El Nombre de la Rosa, estrenada en 1986, basada en la novela homónima de Umberto Eco.
Como anota Edgardo Cozarinsky en uno de los apartados de su libro, titulado "Una cita para cineastas": Les carabiniers de Godard, que está precedido por un “insert” manuscrito donde Borges, en un tono coloquial que delata la entrevista, admite:
"A medida que avanzo, prefiero desnudar mi expresión. Empleo las metáforas más gastadas porque eso es lo eterno: las estrellas parecen ojos...o la muerte, por ejemplo, es como el sueño".
En Alphaville (1965) del mismo Godard, se vuelve a citar a Borges, el texto, en este caso es pronunciado por el ordenador que rige la sociedad futura, la voz de una máquina que en agonía dice algunas líneas de la "Nueva refutación del tiempo", incluido en Otras Inquisiciones (1952):

“El tiempo es la sustancia de que estoy hecho.
El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego”.

Con respecto a la incorporación de temas o atmósferas “borgeanas”, parece que todo empezó con los films: El año que viene en Marienbad (1961) de Alain Resnais y París nous appartient de Jaques Rivette (196l), donde en el comienzo, sobre la mesa de la protagonista aparece un ejemplar del ya citado Otras inquisiciones.
Luego revistas de cine inglesas descubren todo un mundo borgeano en los films de Nicolas Roeg. Es notoria también la influencia del cuento de Borges El jardín de senderos que se bifurcan en el film de Peter Greenaway El contrato del pintor. Como podemos observar después de este incompleto “inventario", la relación de Borges y el cine, y de éste con el escritor no por ser laberíntica, compleja e intrincada deja de ser sumamente importante e interesante.
En cuanto al último punto, el que refiere a Borges guionista, conviene recordar lo que éste anotó de sí mismo:

                     “escribe en vano argumentos cinematográficos”.

Esta alusión resultó profética, al menos para los dos primeros guiones que Borges escribió con Bioy Casares en el año 1951, a pedido de una productora: Los orilleros y El paraíso de los creyentes, y que fueron luego rechazados. Estos textos los podemos encontrar en un libro publicado por la Editorial Losada en l955, con un prólogo muy ilustrativo de sus intenciones fallidas. No obstante Los orilleros, fue llevada al cine en 1975, por el director Ricardo Luna.
Pero lo más significativo de Borges como guionista, lo vamos a encontrar, sin lugar a dudas, en el film Invasión (1969) dirigido por Hugo Santiago. Es de recordar, que Invasión, es considerado uno de los films más importantes de la historia del cine argentino.


Fuente : El Psicoanalitico
hectorfreire@elpsicoanalitico.com.ar

viernes, 7 de marzo de 2014

El universo estético del editor Franco Maria Ricci irá a Oaxaca - México



  
Alejandra Ortiz Castañares

 La muestra La divina proporción concluirá el día 28 en el Museo Nacional de San Carlo

La exposición compendia el quehacer de quien cambió el concepto de hacer libros y de su amigo el fotógrafo Massimo Listri

El fundador de la revista FMR inaugurará su gran laberinto en 2015

 La divina proporción es una exposición que se presenta en el Museo Nacional de San Carlos, en la ciudad de México.

 El 28 de marzo concluirá en el recinto de Puente de Alvarado 50, colonia Tabacalera y luego se montará en el Centro Cultural Santo Domingo de Oaxaca y en el Museo Regional de Guadalajara. La curaduría es de Giorgio Antei, quien escribió el texto del catálogo de la muestra.

 Aunque pomposo, el título compendia la base cultural y estética que sustenta el quehacer de dos personajes de fama internacional, protagonistas de la muestra: el editor Franco Maria Ricci y el fotógrafo Massimo Listri, cuyo talento se unió en la célebre revista FMR desde sus inicios: del número 0 de diciembre de 1981 hasta el 62 de 2004.

 El título retoma ya sea las siglas de su fundador, como también el juego de palabras que en francés se pronuncia éphémère: efímero.

 Aunque diferentes, ambos mantienen una actitud estética y mirada profesional a la calidad impecable, a la armonía, a la belleza y al equilibrio; valores heredados de la cultura humanista del Renacimiento italiano.

 FMR y Latinoamérica


 La muestra introduce al público en el universo del mayor editor del mundo según lo definió Le Figaro, una figura de culto que cambió el concepto de hacer libros y de disfrutarlos, gracias a la originalidad de los temas y a la manera de mostrarlos con el inconfundible color negro.

 Para Ricci contenido y contenedor guardaban la misma importancia, el libro se convertía por tanto en objet d’art.

 Tras un breve paréntesis como geólogo en Turquía y una exitosa carrera como diseñador gráfico, Ricci se convierte en editor. Su modelo y padrino fue el tipógrafo –también de Parma– Giovanni Battista Bodoni (1740-1813), gracias al cual descubre su vocación y la importancia de la cualidad estética del libro: la reimpresión de El Manual Tipográfico de Bodoni, inaugura en 1963 su brillante actividad. El símbolo de esta admiración se expresa en el tipo de letra Bodoni que Ricci adoptará en todas sus ediciones, además de ser coleccionista de su obra editorial que conserva casi en su totalidad.

 Ricci empleó el talento de los mayores intelectuales y creativos de su tiempo, abarcando temas y autores que superaron el límite europeo. Gracias a esta apertura, Latinoamérica cubrió un lugar especial en sus publicaciones. Para él colaboraron Octavio Paz, Luis González y González, Julio Cortázar, Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges, a quien Ricci no sólo admiraba y estimaba sino le encomendaría por un decenio –desde 1975– la dirección de la colección de libros la Biblioteca de Babel formada por 33 títulos, seleccionados e introducidos por Borges, exceptuando tres como autor.

 Junto a ellos Guillermo Tovar de Teresa –a quien se debe la idea de la actual exposición y el préstamo de volúmenes–, quien además de colaborador fue amigo, publicó uno de sus textos más famosos Repertorio de artistas en México, cuya edición estuvo a cargo de Ricci.

 Sobre México hay monogra-fías, artículos y portadas esparcidas en las colecciones de la editorial, como las Guías imposibles, colección de literatura de viaje (La Nueva España, Anáhuac y Huasteca), pero también en varios números de la revista FMR, desde sus inicios: empezando por los aztecas hasta el barroco novohispano o el pintor dieciochesco Hermenegildo Bustos.

 Laberinto de Fontanellato y Borges


 Los libros de Ricci son hoy historia. En 2002 vendió la editorial al grupo Art’è, actualmente al borde de la quiebra. Dos años después, con la impresión del último número de FMR, concluyó definitivamente su actividad.

 ¿Por qué dejar una editorial en la cumbre del éxito? Porque según dijo Ricci entonces: “Hay que evitar ser patéticos. A los 65 años, uno debería dejar de hacer lo que hizo toda la vida, no quería convertirme en un viejo editor”.

 Agregó: “Como los grandes señores del pasado, me dedicaré a construir un jardín. Habrá ruinas y bambú; bajo su sombra nacerá un gran laberinto, una biblioteca y demás cosas superfluas. Así como hasta este momento tuve a Bodoni como maestro, ahora tendré al príncipe de Ligne. A quien me pregunte por qué, le responderé con Voltaire: Laissez-moi cultiver mon jardin”.

 Ricci se retira de la vida pública y organiza un espacio que desafía la vanitas, cristalizando su infatigable actividad en su mansión de Fontanellato en las afueras de Parma. Aquí construye desde hace un decenio el laberinto más grande del mundo, que inaugurará a principios de 2015, formado por 120 mil plantas de bambú, con un trayecto de tres kilómetros y 300 metros por cada lado.

 El visitante encontrará un museo con la colección de Ricci que suma 450 obras de arte, una biblioteca con todos sus libros impresos, un área para exposiciones temporales, un restaurante, una librería y una iglesia en forma de pirámide. Ésta, para Ricci, es símbolo de la trinidad católica, pero también de la masonería, de los revolucionarios, del laicismo y del misterio.

 El marqués Ricci recuerda que desde niño amaba los laberintos. Sobre ellos discutí toda la vida con Ítalo Calvino, Roland Barthes y Borges; a él le obsesionaban.

Fuente : NSS OXACA - Mexico
La Jornada – México


Messi, el fútbol y los implacables guardametas de la literatura



 por Dubler R Vázquez Colomé

El 2 de junio de 1978, a las 7:15 de la tarde bonaerense, exactamente a la misma hora y a escasas cuadras del estadio Monumental, donde la selección argentina de fútbol jugaba su primer partido de la Copa del Mundo, el poeta Jorge Luis Borges comenzaba a dictar una conferencia sobre la inmortalidad. Era su muy particular manera de boicotear lo que calificaría como "la misa enloquecida del balompié".

La reticencia del autor de El Aleph de reconocer cualquier virtud en el juego más seguido por las multitudes no era nueva entre los círculos literarios. Para Borges, el fútbol era "estéticamente feo", una expresión vulgar de los rasgos menos civilizados de la humanidad. Para el mundo de la cultura, se reducía a una condición de anestesia social; era y sigue siendo el opio de los pueblos. De hecho, cuenta Eduardo Galeano que ya en el Londres de 1880 Rudyard Kipling se burlaba del entonces naciente deporte y de "las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan".

La ancestral beligerancia del universo del pensamiento hacia una actividad meramente física, pero con una increíble capacidad para exceder exponencialmente el poder de convocatoria de la literatura, aun de la más encumbrada, parte de lo que el exjugador del Real Madrid y la selección argentina, Jorge Valdano, ha denominado como desconfianza de los intelectuales hacia la masa. "En el fútbol la masa es muy sectaria, porque existe una polarización de los sentimientos: para disfrutar este juego es necesario que uno ame a un equipo y hacer posible el odio a otro. Eso espanta a los intelectuales, porque en esa división maniquea se acaban los matices y desaparece el pensamiento", afirma el campeón del mundo en 1986.

Siguiendo a Galeano en su maravilloso texto El fútbol a sol y sombra, el desprecio de muchos letrados conservadores se funda "en la certeza de que la idolatría de la pelota es la superstición que el pueblo merece. Poseída por el fútbol, la plebe piensa con los pies, que es lo suyo, y en ese goce subalterno se realiza. En cambio –matiza-, muchos intelectuales de izquierda descalifican al fútbol porque castra a las masas y desvía su energía revolucionaria".

Sin embargo, recuerda el autor de Las venas abiertas de América Latina, el club Argentinos Juniors nació llamándose Mártires de Chicago, en homenaje a los obreros anarquistas ahorcados un primero de mayo; y fue precisamente un primero de mayo el día elegido para fundar el club Chacarita, bautizado en una biblioteca anarquista de Buenos Aires. En aquellos primeros años del siglo XX, no faltaron intelectuales de izquierda que incluso celebraron al fútbol, en lugar de repudiarlo como anestesia de la conciencia. Entre ellos, el marxista italiano Antonio Gramsci, quien elogió "este reino de la lealtad humana ejercida al aire libre".

Pero más allá de reticencias, suspicacias y resentimientos, no son pocos los que sucumben al embrujo de la pelota. Más de dos décadas después de su muerte, en 1986, vale la pena cuestionarse si Borges habría cambiado de parecer después de los dos inolvidables goles de Maradona ante Inglaterra, el país que había ocupado las Malvinas. La muerte lo sorprendió a los 87 años y le impidió escuchar la inmortal descripción de Víctor Hugo Morales, cuando el Diez marcó el primero con "la mano de Dios", antes de hacer el tanto más espectacular de la historia, partiendo de cancha propia y dejando en el camino hasta a siete jugadores ingleses.

De hecho, el último capítulo de la tormentosa relación del poeta con el deporte más popular es una inverosímil leyenda, algo así como un mito urbano, según el cual el escritor argentino le debió su ceguera al fútbol. De acuerdo con la polémica biografía no autorizada que circula por la red de redes, Borges era en realidad un apasionado del balón, hasta el día en que en un partido entre amigos sufrió un fuerte golpe que le habría desprendido ambas retinas y que, con el tiempo, lo condenaría a quedar ciego. Y aunque la historia parece más una especie de homenaje borgiano, o probablemente una broma postrera al hombre que hizo de la solemnidad su bandera, lo cierto es que recoge el espíritu de hostilidad y, al mismo tiempo de seducción, que ha mediado por décadas entre los mundos de la literatura y el fútbol.

La desaparición del ambiente romántico que envolvía al juego de potrero, de las canchas de barrio, ha hecho mayor esta brecha. "La historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí", asegura Galeano, para quien "la tecnocracia del deporte profesional ha ido imponiendo un fútbol de pura velocidad y mucha fuerza, que renuncia a la alegría, atrofia la fantasía y prohíbe la osadía. Por suerte todavía aparece en las canchas, aunque sea muy de vez en cuando, algún descarado carasucia que sale del libreto y comete el disparate de gambetear a todo el equipo rival, y al juez, y al público de las tribunas, por el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad".

La reflexión del nacido en Montevideo, Uruguay, no puede menos que conducir hasta la pista de un ilustre compatriota suyo, a quien los cubanos (y su propia voluntad de vivir, crear y trascender desde esta Isla) hemos convertido en nuestro. Y es que Daniel Chavarría, el célebre autor de El ojo de Cibeles y Adiós muchachos, se ha declarado incapaz de perdurar en su particular destierro del fútbol moderno, derrotado por el genio de uno de esos "carasucias" que todavía redime el goce dentro de las canchas.

Lionel Messi con sus cuatro balones de oro. El volumen Cuentos clásicos, publicado por la editorial tunera Sanlope y disponible aún en las librerías por estos días de Feria, recoge un relato en el que el escritor apenas si se distancia del personaje, para dar pública cuenta de su claudicación ante la maravilla del fútbol practicado por el Barcelona de Lionel Messi. Bajo el enigmático título de Por culpa del botafumeiro, el único latinoamericano que ostenta el premio Edgar Allan Poe narra la experiencia de su reencuentro con el espectacular pasatiempo, tras décadas de autoexilio, desde que "el fútbol se convirtió en negocio millonario, supeditado al mandato de las grandes satrapías corruptoras del deporte."

Con constantes referencias a la narrativa de Carpentier en su obra El camino de Santiago, Chavarría establece un interesante paralelismo entre el humo purificador el botafumeiro, una especie de incensario utilizado en las iglesias de la Galicia medieval, y el impacto hipnotizador del fútbol coral practicado por el Barça de Pep Guardiola. "Nunca imaginé que el juego de mi adolescencia se hubiera convertido en coreografía. Quedé deslumbrado. Lo miré tres veces y cada una me pareció mejor. Luego vi por TV una tanda de los goles de Messi durante los últimos años y en verdad que es un genio. No se lo dije a nadie, pero no he podido privarme de seguirlo junto a sus compañeros", cuenta el personaje y el lector puede descubrir en su piel al propio autor, al niño que con solo 8 años era ya un apasionado hincha del Nacional de Montevideo.

"Pero aparte de mi pasional interés por el genio de Messi, me ratifico en la convicción de que un deporte tan metalizado es inmoral. Ergo: soy un admirador vergonzante", confiesa sobre el final, solo para apuntalar la complejidad de un escenario en el que el lucrativo negocio del fútbol es capaz de hacer felices a millones de personas. Ante esta paradójica realidad, la literatura y sus hacedores permanecen mayormente reticentes, si bien son incapaces de evitar un constante coqueteo con el mundo esencialmente hermoso que hay dentro de una cancha, donde 22 artistas se las arreglan para reducir miles de metáforas, siglos de incesante desvelo literario por tocar el alma humana, a la belleza simple y categórica de la palabra gol.


Fuente :  Periodico 26 –Cuba
06 Marzo 2014


“Uno que no pudo resistir a Borges fue García Márquez”, Ricardo Piglia



 
Cartagena-Seguramente usted ha conocido alguno de esos señores que hablan con entusiasmo de historia y literatura, citando nombres y escenas como si a todo el mundo le interesara. Así era Jorge Luis Borges, más allá de sus textos, en la cotidianidad que recuerda Ricardo Piglia en un jardín en Cartagena. Y mientras habla, la descripción se va encajando en él mismo sin problema alguno.

Cuando nos encontramos en el lobby del Hotel Santa Clara, un señor de gafas y dientes grandes le estaba pidiendo que le “autobiografiara” ‘El camino de ida’, su más reciente novela. Le mostraba una tabla de Excel impresa en una hoja, con los nombres de los escritores invitados al Hay Festival 2014 que aún estaban pendientes de firmarle obras. La bolsa de libros que llevaba en la otra mano se veía pesada. Piglia solo sonreía y parecía despeinarse más, buscando un lugar para apoyarse y firmar. Tuvo que hacerlo en un charco de la fuente. Dijo que temía resbalar, golpearse y morir; aunque reconociera que, así, la “autobiografía” habría cobrado valor verdadero. Habría sido, definitivamente, lo último que escribió.

Nació el 24 de noviembre de 1941 en Adrogué, provincia de Buenos Aires. Su primera novela fue publicada en 1980, cuando cumplía 39 años. ‘Respiración artificial’, considerada una de las obras más representativas de la nueva literatura argentina. Con ‘Plata quemada’, en 1997, y ‘Blanco nocturno’, que le mereció el premio Rómulo Gallegos en 2011, este profesor emérito de Princeton University consolidó su reconocimiento internacional como creador de laberintos que vuelven protagonistas a los lectores. Según el escritor bogotano Juan Gabriel Vásquez, “redefinió lo que la novela latinoamericana puede hacer”.

En los pasillos coloniales del centro de prensa del noveno Hay Festival en Colombia, todas las mesas y sofás estaban ocupados, llenos de escritores atendiendo entrevistas, periodistas y lectores resguardándose del sol. Había un espacio vacío, en medio de las palmeras y la fuente. Una mesa metálica que ardía como parrilla con el mediodía, desprovista de toda sombra. Piglia asumió el reto de asarse allí, con tal de sostener la conversación que surgió entre bromas mientras buscábamos sillas. Se iba tostando a cada palabra. Pero no interrumpía sus ideas, pese a que el sudor y el rojo crecían en las frentes. El que no aguantó fue el iPhone. Justo cuando hablaba de la técnica, de cómo la tecnología viene influyendo las formas de la narrativa, el teléfono que servía como grabadora de audio se recalentó y pidió auxilio. Buscamos refugio en el aire acondicionado del restaurante. Convenció a las meseras de que no nos demoraríamos mucho, que no sería un banquete de palabras, apenas un bocadillo, y pronto devolveríamos la mesa del rincón para que sirvieran el almuerzo.

Una parte de la conversación quedó condenada para siempre al terreno de lo indefinido; hubo algo sobre el uso de grabadoras, Capote y Gabo. El resto, puede leerlo a continuación. Ricardo Piglia empezó hablando de Cartagena, de cómo se dibujan de lindo sus salvajes contrastes cuando te metes en ella en un avión. Pero fue hilvanando ideas hasta tejer un gran tapiz, que hace difícil de creer la espontaneidad con la que fueron surgiendo sus fibras. Lienzo compuesto con la literatura latinoamericana, los escritores jóvenes, los libros de su vida, la dialéctica aparente entre sensibilidad y cultura, las redes sociales, la técnica… Hasta que se levanta, da la mano y sigue. Acá, al fondo del restaurante, lo vinieron a encontrar. Otro más que quiere hablar con él. Nunca faltan, y uno no puede dejar de imaginar que a Borges le pasaba igual.

Decía que no conocía Cartagena, que está contento de estar acá.
Estoy contento, básicamente, por la diferencia. Siempre los argentinos nos impresionamos, o yo personalmente me impresiono, con el descubrimiento de la grandes tradiciones coloniales. Buenos Aires es una ciudad sin tradición colonial, es mínima.

Tiene como un aire inglés.
Sí, europeo, en un sentido muy variado. Hay cosas italianas, francesas, inglesas. Pero a mí eso me hace reflexionar sobre la diversidad de las áreas culturales de América Latina. Nosotros pensamos la unidad de América Latina como un proyecto, una utopía, pero culturalmente tenemos que empezar a pensar la diferencia, a respetarla; lo que es el Caribe, lo que es el Río de la Plata, lo que es la región andina, que tienen tradiciones culturales prehispánicas muy distintas. Creo que vamos hacia esa etapa.

Eso se refleja en los escritores, en la obra, ese carácter caribe o andino.
Claro. Creo que si pensamos en Carpentier o García Márquez, en la zona del Caribe; si pensamos en Arguedas, en Rulfo, en Roa Bastos, en la zona donde hay una gran tradición bilingüe prehispánica; y pensamos más allá en Macedonio Fernández, Borges, Cortazar… estamos viendo escritores que son latinoamericanos pero se han hecho cargo de tradiciones propias. La literatura fantástica en Río de la Plata; el llamado realismo mágico, lo real maravilloso, en el Caribe, que los conecta con Faulkner; Faulkner tiene mucho que ver con el Caribe también. New Orleáns es una ciudad del Caribe. La gran tradición de las lenguas campesinas, en Arguedas, en Rulfo, en Roa Bastos, que son en general bilingües. Bilingües del quechua, del guaraní. Muy ligados a tradiciones prehispánicas, casi antropólogos. Hay poéticas firmes, distintas. Somos latinoamericanos pero tenemos una diversidad muy admirable, yo diría.

Pero ahora todo tiende a la globalización.
Resistimos eso.

¿Cree que se podría hablar de una voz latinoamericana?
Yo creo que, como dices bien, hay una tendencia a uniformar las voces, digamos. A construir una especie de lengua mundial, un castellano un poco neutro, con unas problemáticas narrativas y anecdóticas muy ligados a imaginarios que circulan. Pero me parece que solamente se puede escribir lo universal desde un lugar. Cómo se localiza eso, es la cuestión. Cómo se localizan esas tradiciones, que todos compartimos, que va desde internet hasta los retos sociales. Me parece que el gran desafío es que nosotros mantengamos un espacio en el cual eso se localiza y toma su forma. Nosotros los escritores actuales estamos en diálogo con escritores norteamericanos, alemanes, italianos. Son amigos nuestros, estamos escribiendo lo mismo, pero cada uno de nosotros tiene su área. Creo que es muy importante eso, no perder la personalidad.

¿Cómo se refleja en su trabajo en particular?
Bueno, acabo de escribir una novela que sucede en los estados unidos, donde yo pasé 15 años. Pero me parece una novela muy argentina, si tuviera que definirla. Sucede en Estados Unidos y ya lo verás, si la lees, se llama el camino de ida. Te doy eso como ejemplo, Es una novela sucede en Estados Unidos, pero yo la vivo como una novela que solamente un argentino podría haber escrito, porque es una manera de ver Estados Unidos que tiene que ver con mi propio pasado, con mi propia vida. A eso me refiero cuando digo, nosotros escribimos en sincro con la literatura mundial, cosa que antes quizá no sucedía. Cuando escribían Asturias, Rómulo Gallegos, ellos estaban más aislados. Mientras nosotros sí estamos más en sincro con escrituras mundiales muy fluidas, pero mantenemos esa marca, que es una marca que no es color local, ni es una identidad externa, es cierta manera de ver el mundo, yo creo.

Tiene que ver con las tecnologías de la información, y el uso de estas herramientas que hacen los escritores. ¿Cómo se acerca usted a las redes, cómo tocan su trabajo?
Hay un modo de hacer intervenir el avance tecnológico, vamos a llamarlo, que es temático. Entonces ahora en las novelas hay e-mails, del mismo modo que la gente viaja en auto y no en coche de caballo. Uno ve en Stendhal que viajan en coche de caballo, y después lee a Céline, y ya va de otra forma. En fin. Hay una cuestión que tiene que ver con cómo se incorpora temáticamente la modificación. El problema es qué modificación se está creando formalmente. Porque temáticamente todos incluimos elementos que tienen que ver con nuestra propia experiencia. Se mandan mails y usamos eso narrativamente. Se usa el teléfono celular. Pero qué tipo de modificaciones se están produciendo en la escritura propiamente dicha, es la cuestión. Por un lado los jóvenes escritores están muy decididos a romper un poco esa diferencia que para muchos ha identificado la literatura moderna, que es, el escritor por acá, el crítico por acá y el editor por acá. Me parece que los jóvenes unifican eso. Eso me parece muy importante. No es tan nuevo. Antes de la modernidad, los que eran escritores eran editores y críticos. Hoy los chicos pueden editar sus cosas en internet, pueden hacer su blog con críticas que intercambian y hacer circular sus textos.

Las redes nos llevaron a un regreso en cuanto a la autonomía sobre la obra.
Sí…
(Risas y un celular que hierve)

¿Dice, sin embargo, que la interlocución global pone en riesgo el valor de la diferencia?
Hay una marca lingüística en el Caribe, una lengua muy española en García Márquez y Carpentier. Lo que hay es la idea de un universo complejísimo que no se puede narrar con los parámetros europeos, y se remite a los cronistas españoles para construir esos universos, que se llamó lo real maravilloso. Luego, en el Río de la Plata tenemos un invento que hizo Borges, que no hay en otro lado, que es la literatura fantástica. Él la llama así pero es una cosa muy rara, muy nueva, una literatura conceptual más bien. Silvina Ocampo, Macedonio Fernández, que es el padre de todo eso. Porque hay esa diferencia. Todos esos escritores están ligados a Faulkner, a unas grandes tradiciones narrativas, pero le ponen a eso una marca propia. Yo llamaba eso una localización de las tradiciones internacionales. No tiene nada que ver con el color local. Los escritores actuales estamos en relaciones con otros escritores del mundo. Soy amigo de Peter Handke, soy amigo de Pynchon. Pero cada uno tiene su propio espacio. Antes, esa relación era más escindida. Asturias, Rómulo Gallegos, eran escritores que tenían poco que ver con Thomas Mann, o con escritores que en ese momento estaban haciendo otro tipo de cosas. Hoy tenemos es que evitar una tendencia, que el mercado unifica demasiado. Muchos escritores tratan de escribir novelas internacionales, con lenguajes más o menos neutros.

Entonces, ¿de qué otros modos está cambiando la tecnología a los escritores?
En principio en los temas es evidente, no hay duda, se va modernizando. Ya nadie manda cartas, manda mails, habla con el teléfono celular. El problema es qué tipo de diferencia produce eso en la forma, en la escritura. Por un lado, los jóvenes están más conectados con una cuestión antimoderna, en el sentido que lo moderno era la separación del escritor, el crítico y el editor. Los jóvenes están volviendo a una manera que era muy clásica en el medioevo, en el siglo XVIII. Voltaire, cualquiera de ellos, era escritor, también un editor, un crítico. No había diferenciación. Los jóvenes hoy están haciendo eso, y además hacen otras cosas. Hacen videos, son escritores pero salen a la calle a investigar. Ha cambiado un poco la figura de escritor, yo diría. Está la cuestión técnica.
Me parece que la escritura en la computadora está creando un problema, que tiene que ver con el hecho de que en la computadora la página aparece muy bien diagramada, y a veces parece mejor escrito que lo que está cuando lo lees en la pantalla. Y muchas veces los escritores se olvidan de cómo empezó la novela porque no la leen completa, van leyendo la novela en cada una de las páginas. Yo les recomiendo a los chicos que impriman los libros y los lean antes. Lo que veo es novelas que se les pierde la forma porque están trabajadas cada una en un espacio de pantalla, donde todo parece muy bueno, pero porque está muy bien diagramada la página. Y también se pierde de vista a veces el conjunto de la estructura narrativa, porque los chicos no leen todo, van leyendo página por página y van avanzando.
Lo que es una ventaja, porque uno trabaja más rápido, a veces puede ser un problema. Esas serían dos observaciones que hago sobre la situación actual.

Mencionó que es amigo de Thomas Pynchon, quien se mantiene muy al margen de los medios, de todo, dedicado a su obra. Muy diferente a como se ven los escritores acá.
Creo que ellos tienen una ventaja, Salinger, Pynchon, Cormac McCarthy. Que en Estados Unidos hay un gran mercado literario, entonces los libros circulan muy bien. Nosotros, en cambio, yo digo en broma: viajamos los escritores porque no viajan los libros. Vos me conoces a mí pero te va a costar más encontrar mis libros. Alguien me decía no están los libros de García Márquez en Colombia. Cuesta mucho encontrar los libros de Vila Matas en Buenos Aires, pero todo el mundo lo conoce a él. Entonces, a veces estamos más presentes para contrarrestar una política de las grandes corporaciones editoriales, que aíslan los mercados. Balcanizan los mercados. Es muy difícil encontrar una novela de un joven colombiano hoy en Buenos Aires. Cuando nosotros empezamos a escribir leíamos las novelas de los jóvenes colombianos y mexicanos al día. Circulaban. Por eso, creo, está este exceso de figuración de los escritores. Conocemos a los escritores pero no conocemos sus libros. Es un problema. En Estados Unidos no hace falta, sale una novela de Pynchon y aunque te parezca increíble vende un millón de ejemplares. Pero no me refiero a la cantidad de libros, me refiero a que hay un público, que no necesita conocer al escritor porque están los libros primero. Ese es un problema.

¿Qué vino a contar en el Hay Festival?
Vine justamente a hacer una pequeña intervención sobre cómo se forma un escritor. Qué libros he leído y cómo empecé a escribir, la conferencia se llama ‘Los libros de mi vida’. Porque los escritores cuando vos les preguntas te dicen yo leo Homero, Dante, Stendhal. “¿Qué está leyendo usted ahora? Estoy leyendo Dostoievsky”. Pero no es así como se forma un escritor. Hay libros que te marcan y que no son los grandes libros. Voy a usar mi propia experiencia para contar cómo empecé a leer, cómo empecé a escribir, y de qué manera un escritor construye su propio lugar. Para llamarlo así.

Se le referencia como gran lector, historiador, con opiniones sobre cómo se ha movido la literatura. Ya hizo una parodia de la pregunta, ¿pero qué está leyendo ahora?
Antes que eso, te diría que en América Latina los escritores hacemos muchas cosas. En Estados Unidos un escritor publica una primera novela y sigue siendo novelista sin hacer otra cosa, ¿qué más necesita? Yo, como muchos, he hecho periodismo, he hecho antologías, he hecho traducciones, he hecho guiones de cine, he enseñado, he dado clases. Cómo se gana la vida un escritor, es una pregunta tan importante como qué está leyendo. Borges es un ejemplo. Hoy parece un aerolito, pero Borges hizo todo lo que hacemos todos. Dio clase, hizo antologías, dirigió colecciones, hizo traducciones. Es decir que en América Latina los escritores hacemos muchas más cosas que el modelo flaubertiano. Y eso es también el aura nuestra. Yo me he ganado la vida leyendo, para decirlo de manera concreta. Es decir, que me pagaron más por lo que leo que por lo que escribo. Porque como lector hice colecciones, fui traductor, dicté clases. Hay una combinación que tiene que ver mucho con las condiciones materiales. Las lecturas están muy ligadas a un trabajo, están ligadas a mis diversos trabajos. Quizá a ti te pasa igual. Tienes una entrevista vas a mirar un poco lo que ese escritor hizo. Tienes que hacer una antología de literatura colombiana, vas a ponerte a leer cosas. En fin, hay una relación entre la lectura y los intereses reales que es mucho más íntima de lo que se suele pensar. Escritores dicen: “oh, ahora estoy dedicado a leer la Iliada”. Pero cualquiera que quiera escribir va a leerla. No es que la lectura sea algo tan abstracto, que solamente el gusto te maneja lo que lees. No. Muchas veces uno lee porque está escribiendo algo que le parece que tiene que ver con algo más. Entonces, posiblemente lea la Iliada si tengo ganas de escribir una novela sobre mi abuelo, que fue a la guerra. Más probable que lea la Iliada de otra manera, diferente a como la leería un tipo en la pileta.

Leer pensando en la utilidad.
El escritor lee así. Es una lectura propia la del escritor. Un escritor no lee como un crítico. Hay una frase de Faulkner que me gusta mucho. “Escribí el Sonido y la Furia y aprendí a leer”. Escribir te cambia el modo de leer.

Uno o dos libros que hayan cambiado su vida.
Para mí ha sido muy importante la lectura del primer libro de cuentos de Hemingway, In our time. Yo me acuerdo que me empecé a leer ese libro y lo leí en un día, iba cambiando la luz mientras lo leía. Lo recuerdo ya influido por Hemingway, porque él trabaja mucho con ese movimiento. Después cambió. Pero a mí me ha servido Hemingway para resistir a Borges. In our time y Hemingway me sirvieron para resistir a Borges, porque era muy difícil. Debe ser acá como con García Márquez. Porque es la idea máxima si uno es colombiano. Cómo me las arreglo para no repetir esas escrituras que son, como se dice, tan fáciles de plagiar.

Para salirse un poco de la sombra.
Yo no lo pensaba así, tenía 18 años, pero era un poco eso. Hemingway, que escribe con pocas palabras, con textos muy extraordinarios, y muy discretos narrativamente, me servía para resistir la prosa de Borges, que parece que la única manera de escribir es la de él. Ese libro me marcó, en pocas palabras, tratando de ser muy elíptico, muy alusivo. Entonces, los libros que te marcan son libros que tienen que ver con tu proyecto, aunque por el momento no lo tengas claro todavía. No es que yo haya dicho, voy a leer a Hemingway porque me va a ayudar,  porque es un gran escritor y me va a ayudar a enfrentar los cuentos de Borges. Después uno se da cuenta. Bueno, uno que no pudo resistir a Borges fue García Márquez, ¿no? Hay una estructura en 100 años de soledad que es Borges puro. El tipo que encuentra un manuscrito, que construye, todo. Borges no era cualquier cosa. Vos imaginate que lo teníamos en la ciudad.  Lo podíamos ir a visitar. Parecía que no había otra manera de hacer literatura. Uno también lee en relación a espacios que considera que son espacios de los cuales no se puede alejar, pero tiene que hacer el esfuerzo de construirse una voz propia.

¿Cómo ve la literatura latinoamericana hoy?
Está muy bien. Hemos tenido una pérdida gravísima, que fue la muerte de José Emilio Pacheco, que era un extraordinario escritor, tal vez el mejor que teníamos. Un escritor secreto, un poeta increíble, un ensayista extraordinario, un gran traductor. Un narrador fantástico, un profesor muy bueno. Esos son los escritores latinoamericanos que me interesan. Escritores que no juegan a ser inocentes, iletrados. Hay muy buenos escritores que vienen de eso, pero me interesan más los escritores que trabajan con tradiciones culturales firmes, como puede ser el caso de José Emilio Pacheco. Puede ser el caso de Fernando Vallejo, que ha leído muy bien a Berger. Es difícil escribir esas cosas si no se ha leído a Thomas Berger antes. Entonces, me interesan esos escritores que se las arreglan con las tradiciones y las localizan. No hay nadie más colombiano que Vallejo, pero lo hizo con toda la literatura que tiene a su alrededor. Entonces, Vallejo, José Emilio Pacheco. ¿Qué más te puedo decir? Juan José Saenz, Manuel Puig. Eso es, me parece, la literatura latinoamericana. Es mucho más compleja de lo que pensábamos en los años 50. Puig, un escritor extraordinario. Cada novela distinta, con técnicas distintas, y al mismo tiempo ligado al mundo del cine, Guillermo Cabrera Infante. Esa es la tradición en la que me siento inserto. Respeto mucho la otra, a los escritores que tienen la teoría de que hay que ser ingenuo, inocente, porque esa es una teoría también. Es una teoría muy norteamericana, yo fui camionero, después fui marinero, viste. La de Henry Miller, Kerouac. Que todo el tiempo están hablando de los escritores. Son muy literarios. Muchas veces los latinoamericanos jugamos ese juego frente a Europa. No tenemos nada que ver con la cultura, no nos va a perturbar, tenemos una mirada inocente.

Más sensible
Sí, como si hubiera una contradicción entre sensibilidad y cultura. No la hay. La literatura de siempre es cómo uno transmite una emoción. Si no está eso, no hay nada. Pero me interesan los escritores que hacen ver que la literatura latinoamericana es compleja. Bueno, Borges. Es un milagro que hoy Borges sea el escritor latinoamericano más representativo, porque no parece latinoamericano, y lo es a fondo.

Ya dio el consejo de imprimir a los escritores jóvenes. Otro más, en el sentido de la lectura.
Que aprendan otra lengua. Que se tomen el trabajo de aprender otra lengua, el alemán, el inglés. Lean en otra lengua. Hay que leer el 80% en la lengua natal en la que uno escribe, pero hay que tener la ventana abierta hacia otras literaturas. Es trabajoso, pero me interesa más que un joven escritor se tome el trabajo un año de aprender una lengua, aunque sea para leerla, y no hablarla, que que vaya a un taller literario. Si encontrará un joven de 18 años, y me dijeran qué tengo que hacer, le dijera lee mucho y aprende inglés o francés. Y después, uno mismo aprende, con los errores propios. También es muy importante que los escritores de una generación que todavía no publicó, tengan amigos que tampoco publicaron, y que sea una bandita, que se leen los textos. Porque después uno se queda solo. A veces hay que ir a los talleres para conocer jóvenes que están como uno, porque uno aprende mucho de los contemporáneos. Parezco un viejo que da consejos, es lo peor.

Cuatro frases sueltas de su primera novela, Respiración artificial:
-    “El que no está a la altura de su deseo (…) ese es uno a quien el mundo puede llamar un cobarde”
-    - No se desapasionen porque la pasión es el único vínculo que tenemos con la verdad.
-    No es cierto que el dinero corrompa; son la corrupción y la muerte las que han producido al dinero y lo han erigido en el rey de los hombres.
-    La guerra no se deja humanizar, su violencia ahonda en el hombre un espacio anterior a toda vestimenta cultural.

Iván Bernal Marín

Fuente : La Republica -Colombia

"Jardín de sueños", una película sobre un laberinto en homenaje a Borges




En 1979 el consagrado diseñador de laberintos inglés Randoll Coate diseñó por pedido de la escritora Susana Bombal, una de las grandes amigas de Borges, un laberinto simbólico en homenaje a este gran escritor argentino. Pasarían 25 años para que un sobrino nieto de Susana, Camilo Aldao (h), al enterarse de la existencia de este diseño, junto a María Kodama y el paisajista

Carlos Thays iniciaran un plan para construir el mismo en Los Alamos, una finca de 1830, propiedad de Susana Bombal. Allí, en San Rafael, al sur de Mendoza, en la misma finca donde Borges solía pasar algunos veranos en los años treinta.

El laberinto imaginado por Coate ocupa una superficie de casi una hectárea, y está formado por más de 9000 arbustos de buxus. Dentro de éste se encuentran muchos de los símbolos borgeanos: el espejo, el reloj de arena, la cara de un tigre, el bastón de un ciego y hasta la cinta de Moebius. También se puede leer el nombre y apellido del escritor, las iniciales de su viuda, y,
tiene al mismo tiempo la forma de un libro abierto al universo.

El documental es una reconstrucción de la historia, con el testimonio de varios de sus protagonistas, y recorre una de las obras paisajísticas más singulares del continente. El mismo diseño posee dos réplicas: una en Tigre y la restante en Venecia. Arte, literatura, amistad y poesía, son los elementos que distinguen a este documental, que muestra los entretelones de una obra que pretende honrar la memoria de Borges.


FICHA TÉCNICA

Dirección
JAVIER TANOIRA Y ALEJO YAEL
Producción
JAVIER TANOIRA
Música Original
ARIEL SCHLICHTER
Asistente de Produccion
MATEO FERLEY YAEL
Montaje
JAVIER TANOIRA Y ALEJO YAEL
Animación y efectos especiales
MATIAS MATTERI
Masterización de Audio
JUAN MANUEL CERROTA
Camara
JAVIER TANOIRA
MATEO FERLEY YAEL
ALEJO YAEL
CARINA GARBIN
GABRIEL MORTAROTTI
MARCHELLO MORTAROTTI
ELIODORO DIAZ LORENZO
RODRIGO
Productor Asociado
MATIAS REYNAL
Una Producción de Yaeltex y SoSlowFilms
Con el apoyo de la fundación Jorge Luis Borges.

Domingo 9 de marzo a las 18:00
Domingo 16 de marzo a las 18:00
Domingo 23 de marzo a las 18:00
Domingo 30 de marzo a las 18:00

Fuente : Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires - MALBA