lunes, 20 de marzo de 2017

De la imagen a la palabra




 Uno de los grandes enigmas de la creación literaria es el paso de la imagen a la palabra. Aunque la palabra imaginar implica tener una imagen visual anterior a las palabras, es difícil saber si todos los creadores tienen que pasar primero por la imagen y de alguna manera misteriosa transmutar la sensación visual en palabras. Albert Einstein pensó que para él primero era la imagen y después podían venir las palabras y los símbolos matemáticos. “La imaginación es más importante que el conocimiento”, dijo Einstein en un aforismo que pocos han discutido o entendido. Los dos poemas que Borges escribiera sobre el grabado de Alberto Durero Ritter, Tod und Teufel son notables en primer lugar porque los publicó al mismo tiempo, en un momento de emoción creativa, muchos años después de haber visto el cuadro por última vez, y sobre todo porque son los únicos poemas de Borges, hasta donde tengo conocimiento, sobre un cuadro o una imagen.

Existen innumerables textos de Borges que hablan sobre libros, autores, frases, poemas, novelas, cuentos y ensayos en variados idiomas y países; algunos poemas y textos de Borges se refieren a objetos reales o imaginarios, pero parecería que la pintura y la escultura no tenían gran importancia para él. Existen poemas dobles sobre algunos temas como, por ejemplo, sobre Baruch Spinoza, pero no existen otros poemas o cuentos donde hable de un cuadro y menos desde un sensualismo visual que exprese su visión del mundo. La hermana de Borges, Norah, fue pintora y dibujante y él la admiró y quiso mucho. Hay que aceptar que la imaginación del autor, sin embargo, tenía un componente visual que le permitió dar una atmósfera muy clara y a veces extraña a la mayoría de sus textos narrativos y poéticos. Se podría argüir que la ceguera de Borges le impidió ver demasiados cuadros a lo largo de su vida, pero es muy posible que el impedimento visual grave se volviera incapacitante hacia principios de los cincuenta, cuando Borges asumió la dirección de la Biblioteca Nacional. Tampoco se interesó, por lo que sabemos, por otros grabados de Durero, considerados como obras maestras, como La melancolía, San Jerónimo o Adán y Eva; así que los poemas sobre El caballero, la muerte y el diablo no fueron generados propiamente por un interés general en la obra pictórica de Durero sino en particular sobre este grabado.

Las “Dos versiones de Ritter, Tod und Teufel” fueron publicadas en el volumen Elogio de la sombra de 1969 y Borges, ostensiblemente, preservó el nombre en alemán del grabado. Borges tenía setenta años cuando publicó estos poemas. En ese mismo libro se encuentran los “Fragmentos de un Evangelio apócrifo” y dos poemas con hermosos nombres ingleses: “The unending gift” y “His end and his beginning”. Aunque ya había escrito numerosos poemas con títulos en inglés, había publicado pocos con título en alemán. El más interesante y que tiene, a mi parecer, una relación con el poema que nos ocupa es “Ewigkeit” (“La eternidad”), que apareció en El otro, el mismo de 1964. La razón de conservar el título original no es evidente, aunque creo que lo más probable es que haya querido mantener el idioma alemán porque así fue como conoció el grabado en su niñez y porque tuvo para él resonancia emocional. Circunstancialmente, tenemos evidencia de que, en su niñez en Buenos Aires o en su adolescencia en Ginebra, Borges vio el “perdurable sueño de Durero”. El poema donde relata su experiencia visual es uno intensamente nostálgico, con título en inglés, “Yesterdays”, publicado en el volumen La cifra de 1981, cuando Borges tenía cerca de 82 años:



    Soy cada instante de mi largo tiempo,

    cada noche de insomnio escrupuloso,

    cada separación y cada víspera.

    Soy la errónea memoria de un grabado

    que hay en la habitación y que mis

                                             [ojos,

    hoy apagados, vieron claramente:

    El Jinete, la Muerte y el Demonio.



Es obvio que la visión del grabado tuvo un gran impacto en el Borges niño o adolescente. El impacto tuvo, sin duda, un componente estético, pero el mayor fue emocional. ¿Qué caracteriza al impávido caballero, rodeado de la turba infame? El valor, el coraje, la capacidad de pasar por la vida con valentía era una de las obsesiones de Borges. Ello explica su admiración por los compadritos cuchilleros, la escritura de “El hombre de la esquina rosada”, su predilección por el cuento “El Sur”, su reiterada reflexión sobre la valentía como uno de los grandes valores humanos. Nietzsche habla sobre el caballero de Durero como un “imperturbable sin esperanza”. Borges no comparte esta idea. La cosmovisión de Borges, expresada en muchos poemas, es que todo se acabará y nada durará y que en realidad sólo existe el instante, el momento presente: “El hoy fugaz es tenue y es eterno; otro Cielo no esperes ni otro Infierno.” “El Tiempo es el más apremiante problema de la metafísica, la eternidad un juego o una fatigada esperanza.” En ocasiones esta visión del mundo la sentía desconsoladora o insoportable. En el poema “Ewigkeit” –citado antes– se rebeló contra esta entrópica Weltanschauung que tantas veces había postulado. El nombre alemán del poema parece indicar que Borges no quería que se supiera del todo el tema del poema, en el que postula la existencia de la eternidad en los hechos de nuestra existencia terrena:



    Torne a cantar la pálida ceniza,

    los fastos de la muerte y la victoria

    de esa reina retórica que pisa

    los estandartes de la vanagloria.

    No así. Lo que mi barro ha

                                                   [bendecido

    no lo voy a negar como un cobarde.

    Sé que una cosa no hay. Es el olvido;

    sé que en la eternidad perdura

                                                          [y arde

    lo mucho y lo precioso que he

                                                     [perdido:

    esa fragua, esa luna y esa tarde.



Utiliza la palabra “fragua” como elemento constructor creativo. Uno de los triunfos de Durero fue lograr que la figura del caballero quede suspendida en el tiempo: “Imperturbable, imaginario, eterno.” De esa frágil eternidad en el arte habla Borges en este esforzado poema. Me emociona y me recuerda la frase de Spinoza según la cual la sabiduría del hombre libre consiste “no en una meditación sobre la muerte sino en una meditación sobre la vida”.

Fuente : Letras Libres  -  México

viernes, 17 de marzo de 2017

Obsesión por el manuscrito: el original de Borges que Manguel quiere comprar

Es la versión de puño y letra del ensayo "La Biblioteca Total", que luego derivaría en "La Biblioteca de Babel", e integra una colección valuada en 2 millones de dólares; el director de la Biblioteca Nacional busca un comprador para que lo done.

El coleccionista Aizenmann reunió un tesoro de material borgeano, en el que se destaca el manuscrito del texto "La Biblioteca Total". Foto: Ignacio Sánchez

"Necesito toda mi fibra moral para no robárselo", deslizó Alberto Manguel . Se refería a un manuscrito de Borges que forma parte de la exquisita colección del librero Víctor Aizenmann, y que es el germen para el cuento "La Biblioteca de Babel", datado en agosto de 1939 con el título "La biblioteca total". Estaba claro: era un chiste. Manguel sonrió no sólo por esa apócrifa confesión de delinquir, sino también porque aquel viernes, en uno de los salones de la Biblioteca Nacional, se terminaba de firmar la carta de intención entre la institución que dirige y el grupo de empresas, fundaciones y particulares que fueron compradores y a la vez donantes del acervo bibliófilo de Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo.

Sin embargo, esa broma también revelaba las intenciones de Manguel de implementar un mecanismo que permita incorporar papeles originales al patrimonio de la Biblioteca Nacional. Conseguir el aporte de los 400 mil dólares necesarios para la inminente incorporación de los libros de Bioy Casares fue el primer paso. El gran objetivo al que apunta Manguel es Borges.

Varias veces, desde que asumió su cargo, Manguel repitió que no tienen presupuesto y mucho menos tienen el dinero necesario para adquirir piezas patrimoniales tan costosas como manuscritos de Borges. Por eso incorporó en su equipo a Verónica Viel Temperley como fundraiser. Es la encargada de recolectar fondos o dar a conocer a posibles donantes aquello que la institución no puede adquirir. "Demasiados tesoros literarios argentinos están ahora en el extranjero en lugar de hallarse en nuestra Biblioteca Nacional", se lamenta Manguel. "Víctor Aizenmann ha logrado reunir un conjunto imprescindible de material borgeano y espero que algún argentino afortunado, consciente de su deber cívico, haga lo necesario para obtenerlo para nuestra biblioteca. Si no perderemos aún más documentos esenciales de nuestra memoria nacional. No quiero resignarme a tal pobreza", comenta. Aizenmann ya había prestado algunas de sus joyas para la exposición Borges, el mismo, otro, con la que se inauguró la nueva gestión. Ahí estaban tres de las cuatro páginas manuscritas de "La biblioteca total", una de las piezas más importantes de una colección valuada en 2 millones de dólares.

El manuscrito del texto "La Biblioteca Total". Foto: Ignacio Sánchez

En pequeñas hojas de cuaderno cuadriculadas, la minúscula letra de imprenta que trazaba Borges en tinta se revela sin conexiones entre letra y letra. Este texto de "La biblioteca total", que Borges publicaría en 1939 en la revista Sur, es el germen de uno de sus más importantes cuentos, ya que en él se condensa lo borgeano: el universo con la forma de una biblioteca. En tono ensayístico presenta las fuentes teóricas para desarrollar "La Biblioteca de Babel", publicado en El jardín de senderos que se bifurcan, en 1941. Desde Gustav Theodor Fechner hasta Kurd Lasswitz. Todas fuentes reales y no apócrifas. "La biblioteca borgeana es doble", entiende Manguel. "Es una de las formas ordenadas del Paraíso. El ensayo «La Biblioteca Total» le permite rastrear la historia de ese orden, de los encuentros fortuitos entre lector y texto, y entre un texto y otro, del azar puesto al servicio de la inteligencia, de «la gravitación amistosa del libro». Pero «La Biblioteca Total» es también su sombra, una suerte de infierno, y para describirlo Borges prefiere hacerlo bajo la forma de una ficción. Así, en el cuento «La Biblioteca de Babel» describe esa infernal biblioteca como «iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta» y cuyo otro nombre es Universo."

Este ensayo, para Manguel, es un claro ejemplo de la evolución del pensamiento borgeano y una clave para entender de qué manera creaba sus textos. Nos permite ser, en cierto sentido, arqueólogos de su obra. Borges mismo declaró que toda versión de un texto, todo borrador, no tiene más o menos valor que el de la versión siguiente o precedente. "El concepto de texto definitivo -escribió en 1932- no corresponde sino a la religión o al cansancio."

A través de este documento se observa el rigor de un genio: a partir de corchetes, Borges abría opciones que elegiría en base a la precisión o la cadencia demoledora de la frase. Puntos, asteriscos o notas al pie agregan palabras, aclaraciones o comentarios al texto.

"Los manuscritos de Borges circularon de un modo bastante impredecible", explica Aizenmann. "La mayoría de las cosas salieron del entorno familiar más próximo." Se dice, por ejemplo, que Leonor Acevedo retribuyó servicios con manuscritos de su hijo. Después, como sucede con el arte, los valores de mercado ayudaron a que esos papeles emergieran de los cajones. Uno de los primeros fue el manuscrito de "El Aleph", que Estela Canto remató en 1985 a través de Sotheby's y que fue adquirido a un valor de 25.760 dólares por la Biblioteca Nacional de Madrid. La mayoría de manuscritos de Borges están repartidos entre dos colecciones privadas todavía en la Argentina: la de Helft y la de Aizenmann. Esta última incluye 38 manuscritos de Borges, entre los que se encuentran cuentos como "La muerte y la brújula" o "Examen de la obra de Herbert Quain", y piezas casi inhallables como un ejemplar firmado de la revista mural Prisma, aquella que el joven Borges, en 1921 y con el impulso de las vanguardias, pegaba en las calles de Buenos Aires. Aizenmann confirma que está dispuesto a vender su colección para que pueda incorporarse al patrimonio de la Biblioteca Nacional.

La colección de Jorge Helft, por su parte, es de otra índole, pero cuenta con más de un centenar de páginas de manuscritos, cartas y fotografías que se adquirieron en los años 90. Es una de las más importantes desde lo patrimonial y lo económico, aunque no haya cifras oficiales, porque posee materiales inexplorados como una serie de cuadernos de marca Avon en los que Borges preparaba, de manera fragmentaria, las conferencias que daba por la provincia y que terminarían siendo la base de sus más importantes ensayos.

Como entiende el investigador Daniel Balderston, los manuscritos de Borges son, en gran parte, terra incognita para el estudioso. Rastrear su ubicación comenzaría por las colecciones de Helft y Aizenmann, y podría seguir por la de Alejandro Vaccaro -que incluye una importante hemeroteca- y algunas de las pocas piezas que se encuentran en la Fundación Jorge Luis Borges, dirigida por María Kodama, entre ellas el borrador de "Las ruinas circulares" con un título provisorio: "El templo del fuego". En el exterior, la Biblioteca Bodmer de Ginebra posee manuscritos de "El Sur" y "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius". La Universidad de Virginia atesora el texto "Viejo hábito argentino", que luego sería publicado en el volumen Otras inquisiciones como "Nuestro pobre individualismo". Esta rara pieza tiene, además, un dibujo de Borges: un monstruo de siete cabezas entre las que pueden identificarse las de Evita, Hitler y Marx. Si bien esta colección es interesante, está lejos de igualar a las de Helft o Aizenmann. El librero John Wronoski, dueño de Lame Duck Books, tuvo a la venta originales de "Funes el Memorioso", "El jardín de senderos que se bifurcan" y "Pierre Menard, autor del Quijote". Este último manuscrito fue el que Wronoski prestó a la BN para la reciente exposición.

"Si conseguimos al menos algunos de los documentos de Aizenmann, Helft o Wronoski, ya podremos sentirnos satisfechos", dice Manguel. Aunque sin presupuesto, la pregunta que decanta es de qué manera lo harán. "Cualquier método (sin recurrir al crimen) será válido", responde. "Ya veremos qué medios ingeniosos emplearemos para conseguirlo."

Fuente : La Nacion


domingo, 12 de marzo de 2017

¿Dónde estaba el hotel Continental en el que residió Borges?



Pesquisa sobre la ubicación del establecimiento donde la familia del escritor se alojó en sus dos estancias en Palma en 1921 y 1923

José Mª Lafuente


En la manzana situada entre las calles Can Gater y Can Tamorer se levantaba un pequeño hotel, en cuyo vestíbulo había un piano tapado con una tela de mueselina blanca bordada, sobre el que descansaba la foto de una joven.

Un conocido proverbio italiano dice que "los besos son como las cerezas: uno te lleva a otro" (baci sono come le ciliegie: uno tira l´altro). El interés por la historia de Jorge Luis Borges en Mallorca, surgió de mi libro sobre la estancia de Evita Perón en la Golden Home de la calle Posadas del número 1557. Evita residió en ese petit hotel de Buenos Aires entre los años 1942 y 1944. Unos portales más allá, en el número 1673, se encontraba el palacete de la familia Del Carril, en el que nació Delia, la que fue segunda esposa de Pablo Neruda, después de haber residido en Formentor con Adán Dihel. Y justo enfrente, en el número 1650, la vivienda de la familia Ocampo, donde Silvina convivió con Adolfo Bioy Casares, el gran amigo de Borges. Todo eso en apenas dos cuadras.

Casi diariamente, desde su casa en la calle Quintana o más tarde en la calle Maipú, Borges se dirigía hasta la calle Posadas para encontrarse con Bioy y juntos ascender por la escalinata de la plaza San Martín de Tours y llegar a La Biela, el café que durante tantos años conoció de sus tertulias. Para su homenaje, una de las mesas, la número 20, está para siempre ocupada por la talla de ambos, esculpida a tamaño natural.


Procedente de Ginebra y previa escala en Barcelona, la familia Borges-Acevedo visitó la isla de Mallorca en 1919. Tras ese primer viaje, decidieron residir en Palma de Mallorca durante dos períodos. El primero entre mayo de 1920 y marzo de 1921; y el segundo, más breve, en 1923.

En su biografía Borges en Mallorca (Ed. Aitana, Alicante, 1996), Carlos ´Coco´ Meneses da cuenta de que en Palma, los Borges se hospedaron en el Hotel Continental de la calle San Miguel. Y esta fue mi primera curiosidad: ¿Dónde estaba exactamente el Hotel Continental? Una vez más la casualidad me condujo a la respuesta.

Conozco a Jaime Canudas desde muchos años atrás. Fue uno de los promotores del primer polígono industrial en Mallorca y desde entonces mantuvo una muy buena amistad con Pau Catalá quien, a su vez, fue íntimo de mi padre. Estas relaciones son el motivo de que Jaime y yo coincidamos en la dirección de alguna sociedad. Nos separa la edad pero sé que nos guardamos un sincero afecto. Jaime es el prototipo de persona formal, seria, responsable y fiable. Tras alguna de nuestras reuniones, de pasada comenté de mi interés por la estancia de Borges en Mallorca y mencioné el Hotel Continental. Fue a partir de entonces que se hizo la luz.

-­¡Vaya! Yo conozco al actual propietario del Hotel Continental€
-¿El que estoy buscando?
-Bueno la actual ubicación del hotel está en la esquina entre la calle Industria y la calle Pou.

La fecha del 4 de noviembre de 2016, Jaime Canudas me acompañó a la magnífica finca que Miguel Sastre Bordoy tiene en el municipio de Esporles.
-¡El viejo Hotel Continental! Por supuesto. En la calle San Miguel. Ocupaba toda la manzana entre las calles Can Gater y Can Tamorer -aclaró don Miguel-.
-Eso es donde ahora es el número 14.
-Justo enfrente del Palacio March. Enrique Pedret abrió dos hoteles: El Continental y el Catalonia que estaba en la calle Can Massanet, muy cerca el uno del otro.

Miguel Sastre es un empresario destacado. Preside un grupo importante que encabeza Comercial Bordoy, tal vez la distribuidora líder en Balears. Aunque ya casi nonagenario, conserva su memoria intacta. Nos recibió con la amabilidad que sin duda le es propia; y, muy orgulloso de sus Bodegas Bordoy, nos regaló una botella de su rosado cabernet Sa Rota.

-El Hotel Continental de la calle San Miguel lo fundó Enrique Pedret Rovira, un gerundense del Ampurdán que recaló en la isla.
-¿Y cómo heredaste el Hotel?
-Porque Enrique era el padre de mi tía Carmen Pedret Tasquet.
-¿Cuándo lo mudaste?
-Cerró en los años 50. Por su pequeño tamaño había dejado de ser rentable. Yo registré el nombre y el logo con los que lo reabrí en el 2006 en su actual emplazamiento.
-Claro. Por eso el hotel actual del barrio de Santa Catalina se llama como aquel de la calle San Miguel
-Así es. Enrique tuvo dos hijas. La primera era pianista y todos los días amenizaba la cena de sus huéspedes. Falleció en el mismo hotel siendo aún muy joven; y desde entonces su padre mantuvo el piano cubierto con una tela negra.
-¡Ahora comprendo porque en la web del nuevo Continental aparece la foto de un piano en el hall! ¿Alguien te contó algo sobre la estancia de Jorge Luis Borges en el Hotel?
-Sé que estuvo hospedado. Me lo contaron mis familiares. Pero ignoro cualquier otro detalle. ¡Soy muy mayor pero no había nacido!-añadió entre risas-. Sobre aquellos años, existe un libro que publicó un tal Gordon que se hospedó en el Continental.
-¿Gordon?
-¡Sólo me acuerdo de su apellido porque me quedó que se llamaba como la ginebra!

Días después encontré el libro al que se refería. Gordon West: Jogging round Majorca que fue escrito en 1920 y publicado por Alston Rivers Ltd. en 1929.

–No recuerdo si tengo algún ejemplar de ese libro pero os he preparado fotocopia de una joya. Una guía hotelera de Baleares editada en 1933. El Hotel Continental aparece en la página 2, con los precios: 12 pesetas pensión completa mínima y 15 pesetas pensión completa máxima.

Al poco llegó su esposa Antoinette, nos hicimos unas fotos con Miguel y aprovechamos para dejarle descansar un rato antes de almorzar. Nos despedimos convencidos que habíamos entrevistado al último testigo directo de la sede en la calle San Miguel del histórico Hotel Continental donde, junto a su familia, se hospedó Jorge Luis Borges entre 1921 y 1923.

La lectura del libro de viajes de Gordon West me confirmó que se trataba del hotel Continental porque la coincidencia en el detalle de la descripción del piano cubierto resulta revelador: "(El carruaje) se detuvo ante una arcada, que era la puerta principal de nuestro hotel, en una calle tan estrecha que bien podría haber sido un largo pasillo sin techo.Tras la arcada había un vestíbulo sombrío con los muros de cerámica, frío como una tumba, con unas pocas sillas y un piano cerrado, cubierto con una tela blanca de muselina bordada. Sobre el piano estaba colgada la fotografía a tamaño natural de una sonriente muchacha demasiado gorda."

También describe cómo era una habitación del Hotel: "Tiene dos pequeños armazones de cama de hierro blanco y cubrecamas amarillo pálido; paredes encaladas y el suelo de baldosas blancas y negras; dos sillas, ningún armario, una ventana de tres pies por dos, oculta en un rincón como por descuido, y un lavabo con agua corriente." Con la misma minuciosidad detalla cómo era el comedor: "Estaba separado de la vieja caverna por un tabique de madera y cristal y se abría a un pequeño patio. Las paredes estaban coloreadas de amarillo brillante hasta unos cincuenta centímetros del techo, donde había un fantástico friso verde oscuro de colinas y valles repletos de cipreses."

Más adelante, cuenta con exactitud la historia del piano cuando le embargaron las ganas de tocar al regresar de la casa Canut, próxima a la Catedral, cuya propietaria les aseguró poseer el piano con el que Chopin y George Sand desembarcaron en Mallorca en 1838 invitados por una de sus antepasados:
"El piano estaba cerrado. Buscamos al gato negro (el propietario) pero no estaba. Entonces encontramos a una anciana melancólica que resultó ser su madre, y le pedimos la llave. Negó con la cabeza

-No, señora, no. Durante un año no se oirá música en esta casa- dijo.

Le preguntamos por qué. Señaló la foto de la chica gorda que había sobre el piano.
-Ella tocaba este piano –dijo la anciana- ¡Ah, cómo lo tocaba! ¡Oh, cómo tocaba ese piano! Lo tocó hasta dos días antes de su muerte. Pobre niña, era la hija de mi querido hijo.
Entonces comprendimos el motivo de la mortaja blanca que cubría el instrumento cerrado. La niña había muerto hacía unos meses y, de acuerdo con las costumbres locales, el piano debía permanecer mudo".

Leyendo sobre la estancia de los Borges en Palma de Mallorca me encontré con que en 1923 Jorge Luis Borges escribió el siguiente texto:
"Mallorca es un lugar parecido a la felicidad, apto para en él ser dichoso, apto para escenario de dicha, y yo „como tantos isleños y forasteros„ no he poseído nunca el caudal de felicidad que uno debe llevar adentro para sentirse espectador digno (y ni avergonzado) de tanta claridad de belleza. 

Dos veces he vivido en Mallorca y mi recuerdo de ella es límpido y quieto: unas tenidas discutidoras con los amigos, una caminata madrugadora que empezó en Valldemosa y se cansó en Palma, una niña rosa y dorada de la que estuve enamorado tal vez y a la que no se lo dije nunca, unos días largos remasándose en el cálculo de las playas. Ahora dejo de escribir y sigo acordándome."

´Georgie´ Borges hizo entrañables amistades, en especial la que le unió con el poeta Jacobo Sureda, de cuya hermana Elvira llegó a enamorarse platónicamente. Con apenas veinte años se dedicó al bon vivre. Su jornada comenzaba en el Café de los artistas que estaba en el Paseo del Borne, continuaba el Círculo mallorquín, junto a la Catedral, y concluía a altas horas de la madrugada en la célebre Casa Elena, un prostíbulo al que dedicó una crónica y del que era cliente asiduo junto a otros escritores y artistas en ciernes: Miguel Ángel Colomar, Pedro Ferrer, Juan Alomar o el cantante lírico Fortunio Bonanova.

Habitualmente los fines de semana Jorge y su hermana Norah se desplazaban al pueblo de Vall-demossa donde, o bien se alojaban en alguna de las habitaciones que se alquilaban en la casa del doctor Jiménez, conocida como el Hôtel des Artistes, o bien su amigo Jacobo Sureda les invitaba al Palacio del Rey Sancho, propiedad de su familia.

Entre su primera y su segunda estancia en Mallorca, Jorge y su hermana Norah residieron en Sevilla y en Madrid. Hospedados en el Hotel Cécil de Sevilla, entraron en contacto con los ultraístas de la revista Grecia, Rafael Cansinos Asséns, Isaac del Vando Villar, además de otros dos poetas que se disputaron el amor de Norah: Adriano del Valle y Guillermo de Torre, con el que finalmente contraería matrimonio en 1926.

Sería una estupenda iniciativa que el Ayuntamiento de Palma inmortalizase con una placa la estancia de Jorge Luis Borges en el viejo hotel Continental del número 14 de la calle San Miguel.

Fuente : Diario de Mallorca


sábado, 11 de marzo de 2017

Xul Solar, a 130 de su nacimiento, abre una muestra de su obra en el Bellas Artes


"Xul Solar. Panactivista" es el título de la retrospectiva que desde el martes y hasta el 18 de junio podrá verse en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) con motivo de los 130 años del nacimiento de este artista utópico y vanguardista capaz de inventar idiomas, imaginar ciudades o reinventar el I Ching en su búsqueda por descifrar la metafísica de las cosas.

"Xul Solar. Panactivista" es el título de la retrospectiva que desde mañana y hasta el 18 de junio podrá verse en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) con motivo de los 130 años del nacimiento de este artista utópico y vanguardista capaz de inventar idiomas, imaginar ciudades o reinventar el I Ching en su búsqueda por descifrar la metafísica de las cosas.

Curada por Cecilia Rabossi, la muestra repasa la obra de Oscar Agustín Alejandro Schulz Solari (1887-1963) a lo largo de unas 180 obras, algunas de ellas nunca vistas, que dan cuenta de las múltiples dimensiones de este "pintor, músico y escribidor", tal como se describía a sí mismo, además de astrólogo músico y transformador.

Un recorrido exhaustivo por acuarelas, témperas, ilustraciones, manuscritos, cartas, fotografías, máscaras y objetos como el "Títere de la muerte" de su Teatro para adultos (un esqueleto de más de dos metros de altura) profundizan en sus indagaciones, atravesadas siempre por lo trascendente.

Montada en el Pabellón de exposiciones temporarias del museo, la muestra ahonda en el carácter místico y fabuloso de su vasta producción, organizada en seis ejes: "Músico visual" (idea desarrollada por la musicóloga Cintia Cristiá); "Grafías plastiútiles. Una escritura plástica"; "El mundo de las lenguas"; "Lo místico, lo esotérico y lo artístico"; "Espacios habitables"; y "Arte y literatura: Xul y sus amigos".

Muchas de las obras se montaron sin marco, como una forma de recuperar la fuerza de la lectura Xul Solar, de revelar el montaje que él mismo hacía, con cartones pintados o escritos con textos que traducían la imagen; y en pos de procurar un acercamiento más directo del espectador.

Fue su propia carta astral, esa que él mismo realizó en su búsqueda por expandir el saber, la que Rabossi amplió en las paredes de la sala, señalizando cada una de las áreas en la que se divide la muestra.

Con esta retrospectiva el MNBA abre la temporada 2017. Se trata de la tercera gran muestra que celebra sobre la vasta obra de Xul: la primera fue tras su muerte, en 1963, "90 obras que valieron las palabras de su amigo Jorge Luis Borges"; la otra en 1997, repasa Rabossi en diálogo con Télam.

"Borges habla de que Xul es el único cosmopolita que conoció en el sentido de los estoicos, de que por un lado está la polis y por el otro el ciudadano del cosmos, universal. Eran amigos y a posteriori hubo un reconocimiento para revalorizar su figura, para que no se perdiera", destaca la curadora.

"Músico y pintor" -así se definió Xul Solar en su libreta de enrolamiento-, además de astrólogo, humanista e investigador notorio, su obra no puede escindirse del plano esotérico ni de la pura invención utópica y ahí esta la ciudad flotante que imaginó en 1936 tras el paso de un zepelín sobre la ciudad de Buenos Aires.

Xul Solar intentó modificar todos los sistemas de conocimiento y movido por esa pulsión transformó, por ejemplo, instrumentos musicales -en la muestra puede verse el colorido Dulcitone, piano al que le modificó la teclas para facilitar su interpretación-, así como partituras para facilitar su lectura, que también pueden verse entre la sala.

Políglota y traductor, de niño estudió latín, hablaba italiano, francés, inglés e inventó dos idiomas: el neocriollo, con base en el español y el portugués, las dos lenguas más habladas de América, bajo la creencia de que redefinirían el vínculo del continente con Europa; y la panlengua, un idioma universal de raíz numérica y astrológica.

Xul es también el astrólogo Shultze del "Adán Buenosayres" de Leopoldo Marechal, a quien bien retrata el ingeniero Valdéz -personaje de la emblemática novela- cuando lo interpela y advierte: "Usted anda innovándolo todo (...) Ya lo veo con una llave inglesa en la mano, queriendo aflojar los bulones del sistema solar".

Las palabras de Valdéz se recuperan en la sala del Bellas Artes. También se recupera, encriptado en una vitrina, un original de "El idioma de los argentinos", libro de Borges ilustrado con acuarelas de Xul que puede consultarse en un facsímil que reposa a un lado. "Con Borges hubo un intercambio real -asevera Rabossi -, este es el único libro que existe ilustrado por Xul a mano alzada".


En una conferencia que se puede escuchar en la exposición del MNBA (la voz de Xul es parte del recorrido), cuenta cómo jugaba con Borges al panajedrez, ese juego inventado por él, más espiritual y complicado que el ajedrez, para practicar las posibles combinaciones de la panlengua, el idioma con el que buscaba una posible comunicación universal.

En ese audio, que puede escucharse mirando parte de la obra y que al alejarse se transforma en un murmullo, "Xul cuenta cómo ya no sabían con Borges cuáles eran las reglas del juego, porque estas, en su búsqueda inagotable, estaban cambiando siempre".

Montada con piezas del MNBA y del Museo Xul Solar-Fundación Pan Klub la muestra también explora su vínculo fraternal con el pintor Emilio Pettoruti, y a través de él se detiene en su estadía europea; recorriendo ciudades y museos con la Primera Guerra como telón de fondo; conociendo artistas, vanguardias que luego llevaría a Buenos Aires, y a algunos de los representantes más significativos del esoterismo de la época como Aleister Crowley, "El mago", a quien le dedica algunos de los dibujos también expuestos en "Xul Solar. Panactivista".

"La idea fue mostrarlo como un artista global y holí­stico, su búsqueda final es humanista, tiene que ver con la fraternización entre los hombres, por eso investiga y se mete con todos los sistemas de conocimientos e intenta facilitar el aprendizaje y la adquisición del conocimiento", concluye la curadora.

Fuente : Telam



Borges: el otro acuerdo con Irán



El gran escritor argentino autor de “El Aleph” despierta pasión en Oriente. Tanta, que Najmeh Shobeyri ganó uno de los máximos premios del mundo persa por traducir “Cartas del fervor”, una colección de escritos que el argentino redactó cuando era poco más que un desconocido.

La mujer recibió una llamada telefónica. Le pedían auxilio: una editorial de Irán había comprado los derechos para publicar textos de Jorge Luis Borges, pero ante lo difícil de la prosa el traductor había salido corriendo.

“Soy una persona de desafíos, así que les dije que iba a poder hacerlo yo si me daban un tiempo”, cuenta Najmeh Shobeyri desde Teherán. Cuatro años después de aquel pedido, la versión en farsi de “Cartas del fervor” le valió a la investigadora el Premio Nacional de Libro 2016, una de las mayores distinciones que tiene la milenaria cultura persa.

Cartas… reúne la correspondencia juvenil entre Borges y sus amigos Maurice Abramowicz y Jacobo Sureda. Jorge Luis se dirigía a ellos en francés o en castellano; siempre laberíntico y genial. Al traducir, Shobeyri tuvo que incorporar casi quinientas notas al pie para que el lector iraní no se desorientara. Un mar de explicaciones y referencias.

“Lo hice con placer, pero me demandó un gran esfuerzo. En ocasiones tardaba una semana en interpretar diez líneas”, confiesa. Algo entendible, ya que a la lejanía cronológica –las misivas se escribieron entre 1919 y 1928- hay que sumarle las distancias culturales.

El joven Borges comenta con igual entusiasmo sus proyectos estéticos y sus visitas a los burdeles. Por eso asombra al prejuicio occidental que el libro premiado en Irán haya sido justamente “Cartas del fervor”. No hay tabú en esas páginas de estilo irreverente. Es un Georgie que se empapa de experiencia. “Cada carta me ha llevado al menos una semana, y son incontables los tramos que tuve que ir descifrando desde el final para llegar al principio”, apunta la traductora.

-Además, el Borges que llega a Irán con “Cartas…” es atípico. Tiene cierta distancia con el personaje que conocimos luego…

-Es un Borges veinteañero, pero su espíritu inquieto, que impulsa al ultraísmo y surge en sus palabras, ya está ahí. Tenía sus metáforas, su ironía. Al traducirlo, se nota cómo aquel jovencito, que era muy maduro para su edad, se iba convirtiendo en un hombre.

-¿Y cómo son los lectores iraníes de Borges?

-En Irán se lee mucha literatura hispanoamericana. Leemos a Juan Rulfo, a Alejo Carpentier, a Cortázar. Gustan todos esos autores.

Supongo que los iraníes, al luchar por nuestra independencia y ser bastante “antigringos”, como dicen ustedes, nos reconocemos en algunas voces de Latinoamérica. Hay una fraternidad. Pero claro, los lectores borgianos tienen sus propias particularidades. En principio, es un autor que se asocia con “el límite de lo difícil”. Decimos que hay que leerlo como mínimo dos veces para llegar a comprenderlo.

El vínculo de Borges con Oriente puede rastrearse hasta el padre de Jorge Luis, que se llamaba Jorge Guillermo. El papá también tenía intereses literarios: tradujo al español los Rubaiyat de Omar Jayam, un clásico de la poesía iraní.

Más tarde, en la biblioteca familiar, Borges hijo tuvo acceso a múltiples traducciones de “Las mil y una noches” -incluida la de Richard Burton, no apta para menores-, así como a los ensueños de Rudyard Kipling, Lord Byron y otros viajeros. La relación entre el escritor argentino y la civilización persa, con su lengua “de aves y de rosas”, fue más cercana de lo que suele suponerse.

En tanto, el idilio de Najmeh con las letras borgianas empezó cuando tradujo Hombre de la esquina rosada. Tardó seis meses en pasar al farsi las siete carillas del baile donde brilla La Lujanera y se apaga Francisco Real. “¡Fue tan hermoso y complicado!”, suspira ella. Pero le gustó. Después de todo, aquellos americanos del Sur tenían cosas que contar.

  
Lo que más sorprende

Toda traducción implica el deseo de entender al otro. En el caso del Cercano Oriente, el intento puede generar intercambios y sorpresas. Una de las preguntas que Los Andes le hizo a Najmeh Shobeyri fue, por ejemplo, qué aspectos de la realidad latinoamericana le resultaban más incomprensibles.

“Uno de los fenómenos que más me impacta es el asunto de las madres solteras”, contestó ella.

“Espero que no sea así, pero mis amigas de Latinoamérica me dicen que allí muchos niños no tienen recuerdos de haber estado con su padre. Los han criado solamente sus mamás. Creo que eso es una desgracia; y a la vez creo que estas mujeres, que luchan solas por sus hijos cuando el varón se ha ido, tienen un gran mérito”.



Jorge en la timba

Hace unos años, la editorial Emecé publicó en castellano las “Cartas del fervor”. Allí pueden encontrarse piezas inesperadas, como la esquela que Borges le escribió a su amigo Maurice Abramowicz el 2 de marzo de 1921 desde Barcelona.   

“Querido hermano:
Desde la ciudad rectangular e inmunda, lanzo hacia ti mi corazón como una red. Pasado mañana parto. He dejado Palma con una vasta pena. Alomar, Sureda y yo escribimos el manifiesto que sabes y que provocó un asombro y un escándalo espléndidos. Después, en la ruleta tuve una suerte inaudita para mí (¡60 pesetas con un capital de una peseta!) y que me permitió triunfar tres noches seguidas en el burdel. ¡Una rubia suntuosamente chancha y una morena que llamábamos La Princesa y sobre cuya humanidad me embriagué como un avión o un caballo! (…)

Ahora la gloria se ha apagado. Me siento "como un huérfano pobre sin su hermana mayor". Verdaderamente he amado a esa Luz que me trataba como a un chico y cuyos gestos eran de una indecencia ingenua. Se parecía a una catedral y a una perra.

Escríbeme a Poste restante en Buenos Aires (…)”.


Fuente : Los Andes – Mendoza



martes, 7 de marzo de 2017

El mismo, el otro



Tres semanas atrás murió en Inglaterra, a los 83 años, Norman Thomas di Giovanni, traductor, editor y también escritor de ficciones cuyo recuerdo quedará indisolublemente unido al hecho de haber sido el traductor (de Borges) favorito de Borges.

Por Andrew Graham Yooll

Norman Thomas di Giovanni va ser recordado por sus amigos porteños por su ingenio y por la brusquedad con que encaraba cada tarea. También tiene que ser recordado por su brillante entrenamiento literario, su enorme calidad como traductor y su capacidad de pasar del modo abrasivo en el trabajo a su calidez como amigo. Di Giovanni era generoso, muchas veces en exceso, y parecía querer ayudar al mundo entero. Fue una esponja de atención y afecto para todos los que se le amigaron y hasta para muchos que sólo lo conocieron. Y sin embargo, Di Giovanni probablemente querría ser recordado solamente como el mejor traductor que tuvo Jorge Luis Borges.

Se murió el 15 de febrero, después de alcanzar la respetable edad de 83 años el tres de octubre del año pasado. Murió durmiendo en el hospital de Bournemouth, en el sur de Inglaterra. Llevaba un tiempo enfermo con problemas renales y del corazón, y le costaba caminar en parte por una operación de la rodilla que no había funcionado del todo bien.

Di Giovanni nació en Newton, Massachusetts, en 1933, y fue bautizado en honor al líder del Partido Socialista de Estados Unidos, el ministro presbiteriano Norman Thomas. En 1955, se graduó en el Colegio de Antioquía, la universidad de humanidades, con la que siguió unido por muchas décadas a través de su excelente e histórica revista literaria, la Antioch Review.

A poco de graduarse, Di Giovanni comenzó a trabajar con el poeta español Jorge Guillén (1893-1984), que estaba en Harvard encargado de las Clases Eliot Norton del semestre 1957-1958. Di Giovanni tradujo y editó en inglés cincuenta poemas de Guillén, trabajando con un equipo de traductores. Ese fue el comienzo de una carrera como editor erudito, inflexible y también paciente y amable con sus autores. Era divertido verlo trabajar, tratando de enfocar el papel –más tarde la pantalla– pero listo a distraerse con la primera mujer que le pasara cerca.

Diez años después, en 1967, Di Giovanni conoció a Borges, que justamente tenía la cátedra de poesía Charles Eliot Norton en Harvard, y le propuso trabajar en una edición bilingüe de su poesía a la manera de la que había producido con Guillén. Borges se tomó su tiempo y no le propuso trabajar juntos hasta volver a Buenos Aires. Las primeras traducciones fueron publicadas en la revista New Yorker y aparecieron como libro en Selected Poems 1923-1967, con las versiones en inglés y castellano en páginas enfrentadas. Di Giovanni, su esposa y sus hijos Derek y Tom pasaron dos años viviendo en Argentina.

Mi diario, The Buenos Aires Herald, se benefició directa y tempranamente de esta relación literaria, que muchos entre nosotros comparaban con la de Boswell y el doctor Johnson (el chisme fue enterrado por Adolfo Bioy Casares en su monumental Borges). Entre las primeras obras traducidas estuvo el Libro de los Seres Imaginarios, en 1970. El Herald publicó una selección de textos, ilustrados por un joven Hermenegildo Sábat, que reeditamos con permiso de María Kodama en 2006.

Otro chisme divertido es que Borges dijo en una entrevista colectiva en el Massachusetts Institute of Technology en abril de 1980 que Di Giovanni andaba diciendo por ahí que sus traducciones eran mejores que el texto original. Es curioso, pero recuerdo escuchar a Borges, y no a Di Giovanni, diciendo que algunos de sus poemas sonaban mejor en inglés que en castellano. Lo más probable es que Di Giovanni citara de memoria a Borges y Borges a Di Giovanni, y ambos se equivocaran.

En 1971, Di Giovanni y su familia dejaron Buenos Aires rumbo a Londres. Sentían que Argentina estaba entrando en un estado de caos. Se divorció y luego, con su segunda mujer Susan Ashe, formó una prolífica sociedad de traductores que produjo muchos libros. Entre ellos está la antología de historias breves argentinas, Hand-inHand Beside the Tracks, publicado por Constable en 1992.

Tras la muerte de Borges en 1986, la relación de Di Giovanni con Kodama se deterioró, con varias discusiones legales y chispazos personales.

Los libros de Di Giovanni incluyen Celeste Goes Dancing and Other Stories, publicado por Constable en 1989, y The Lessons of the Master: On Borges and his Work, publicado por Continuum en 2003.  También publicó en 1976 la novela Novecento, basada en el guión de la película de Bernardo Bertolucci.

Dejó tres libros listos que van a ser publicados este año, uno una novela escrita hace tiempo, otro una autobiografía sobre sus años juveniles en Boston, y el tercero una colección de piezas breves sobre la Boston de los años treinta y cuarenta.

Fue una vida rica y productiva, y su estilo y encanto van a ser recordados por los que lo conocimos y trabajamos con él.

Fuente : Pagina 12

sábado, 4 de marzo de 2017

Conoce la historia de la primera Biblioteca del mundo




¿Cómo comenzó esta fascinación por acumular y ordenar libros; por conservar la historia y el conocimiento?

El gran escritor argentino Jorge Luis Borges, uno de mis autores predilectos, escribió: “Siempre imaginé que el Paraíso será algún tipo de Biblioteca”. También lo imaginamos así, la atracción que crean los estantes repletos de libros, la combinación de ejemplares viejos y nuevos, la fascinación por las sorpresas qué descubrir en ellos, el aroma a cuero de las encuadernaciones o a papel amarillento que guarda en sí mismo el tiempo, el registro del conocimiento de la historia del hombre, la imaginación acumulada entre las páginas, el saber que el pacer de la lectura puede durar una eternidad…

Pero ¿cómo comenzó esta fascinación por acumular y ordenar libros; por conservar la historia y el conocimiento? ¿cuál es la historia de las bibliotecas y dónde se ubicó la primera?

A diferencia de lo que se cree, no fue la Biblioteca de Alejandría la primera biblioteca, aunque si fue la más grande de la antigüedad.

Se tiene registro que el primer edificio dedicado a almacenar papiros y tabletas de piedra que fungían como archivos de lectura, fue mandado a construir expresamente para este propósito por el rey asirio Asurbanipal, en el siglo VII A.C, quien ordenó edificarla en la ciudad de Nínive, cerca del río Tigris, a unos kilómetros de la actual ciudad de Mosul, en Irak.
Leyden Library
 Leyden Library  (Foto: Getty Images)

Fue un espacio en el que ordenó encontrar tabletas de arcilla con registros de todos los campos de conocimiento de la época. Estas tablillas eran rescatadas y restauradas por escribas especializados (y muy bien pagados en la época) que además, en caso de que las tablillas fueran ilegibles, tenían la obligación de investigar y hacer la aclaración pertinente.


Se calcula (no hay registro fiable de ello) que esta biblioteca de Asurbanipal contó hasta con mil 500 tabletas de arcilla, cada una con ochenta y hasta 200 líneas de texto.

Sin embargo, como ocurre cuando hay una conquista, lo primero que se destruye es el conocimiento y la historia del pueblo conquistado, con el afán también de destruir su identidad y en el año 612 A.C, la ciudad de Nínive y la biblioteca fueron destruidas.

Otro registro que se tiene es que ya en el año 330 A.C, se establece la que fue la primera Biblioteca Pública en la ciudad griega y capital del conocimiento occidental: Atenas.

Justo en ese mismo año se funda también la que fue la más grande biblioteca del mundo antiguo, en la ciudad egipcia de Alejandría. Esta biblioteca fue fundada por Ptolomeo I Sóter, y ampliada por su hijo Ptolomeo II Filadelfo, llegando a albergar hasta 900, 000 manuscritos, en su mayoría, provenientes de las grandes culturas de la época y el conocimiento de sus filósofos, estudiosos e historiadores. Las obras eras de Grecia, Persia, India, Palestina, África y otras culturas, aunque predominaba la literatura griega y helenística, quienes eran además los que más producían.
Institution Library
 Institution Library  (Foto: Getty Images)


Se estima que en la biblioteca llegaron a existir el siguiente número de libros, rollos y papiros:
– 200,000 volúmenes en la época de Ptolomeo I
– 400,000 en la época de Ptolomeo II
– 700,000 en el año 48 a.C. con Julio Cesar.
– 900,000 cuando Marco Antonio ofreció 200.000 volúmenes a Cleopatra, traídos de la Biblioteca de Pérgamo.

Esta biblioteca sufrió varios intentos de ser destruida por los diferentes pueblos que conquistaron Egipto: la primera en el año 48 a.C. incendiada por las tropas de Julio César. Aunque se cree que ahí el daño no fue mayúsculo. El fin de esta biblioteca en realidad, se sitúa en un momento indeterminado del siglo III o del siglo IV d.C., quizá en 273 d.C, cuando el emperador Aureliano tomó y saqueó Alejandría, o cuando Diocleciano hizo lo propio en 297.

Afortunadamente desde la década de los 90 del siglo XX, la UNESCO comenzó un proyecto mayúsculo por rescatar y recrear la mítica Biblioteca de Alejandría y el 16 de octubre de 2002, inauguró la Nueva Biblioteca de Alejandría rememorando y haciendo un homenaje a la original.

Fuente : Life and Style - Amilcar Olivares @Amilcaracol