A mediados de los 80 la editorial Hyspamérica le hizo una
propuesta al autor de “Ficciones”: seleccionar 100 libros indispensables y
escribir un prólogo para cada uno. Su muerte dejó el proyecto sin terminar,
pero la colección fue editada y se convirtió en objeto de culto. No incluyó a
ninguna mujer.
Por Alejo Santander
12 Jun, 2023
“Si un libro les aburre, déjenlo. No lo lean porque es
famoso, no lo lean porque es moderno, no lo lean porque es antiguo. (…) Si un
libro es tedioso para ustedes déjenlo, ese libro no ha sido escrito para
ustedes. La lectura debe ser una de las formas de la felicidad”, dijo Jorge
Luis Borges en 1978, sentado al centro de un set montado en la Biblioteca
Nacional, frente a la cámara y los reflectores del director argentino Ricardo
Wullicher que filmaba Borges para millones.
Para Borges la pregunta sobre “¿qué leer?” no era un tema
menor. Lo decía de muchas formas y cada vez que tenía la oportunidad. “Que
otros se enorgullezcan de lo que han escrito, yo me enorgullezco de lo que he
leído”. Quizás por eso a mediados de los ‘80, la editorial Hyspamerica le hizo
una propuesta que no pudo rechazar: seleccionar 100 libros indispensables y
escribir un prólogo para cada uno. Una biblioteca ideal, suya, la “Biblioteca
Personal Jorge Luis Borges”.
Su muerte en 1986 hizo que esa “biblioteca de preferencias”,
como él la llamó, quedara inconclusa. Son varios los libreros de usados de
avenida Corrientes o Parque Rivadavia que dudan, no se ponen de acuerdo o
simplemente no saben la cantidad de obras que llegaron a publicarse. Sin embargo,
una nota de EL EDITOR en el volumen número 72 de la colección, Saga de Egil
Skallagrimsson del islandés Snorri Sturluson, guarda la respuesta.
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diccionario definitivo para entender al mayor escritor argentino
En la lista de Borges hay sólo seis escritores
latinoamericanos, de los cuales cuatro son argentinos. Estos últimos, en orden
de aparición: Julio Cortázar (Cuentos), Leopoldo Lugones (El imperio
jesuítico), Manuel Mujica Lainez (Los ídolos) y Ezequiel Martínez Estrada (Obra
poética).
Una curiosidad: de los 66 escritores que aparecen en la
lista de 75 obras (algunos volúmenes son dobles), los tres más jóvenes
pertenecen al hemisferio sur de la biblioteca borgeana. Se trata de los
mexicanos Juan José Arreola (nacido en 1918), Juan Rulfo (nacido en 1917), y
Julio Cortázar (nacido en 1914). Del resto de la lista sólo el italiano Dino
Buzatti, nacido en Belluno en 1906, es menor que el escritor de El Aleph.
La nota del editor en el volumen número 72 de la Biblioteca
Jorge Luis Borges.
La nota del editor en el volumen número 72 de la Biblioteca
Jorge Luis Borges.
Sobre Cortázar dijo Borges durante una charla con el
periodista Antonio Carrizo en una entrevista televisiva en 1984 para Canal 11:
“Los cuentos de él me han parecido excelentes, pero en cuanto a las novelas; yo
no soy lector de novelas”. Los Cuentos de Julio Cortázar son el primero de los
libros de la “Biblioteca Personal Jorge Luis Borges” y “Casa tomada”, el que
abre la colección de Hyspamerica.
Así prologó Borges los “Cuentos” de Cortázar
Hacia mil novecientos cuarenta y tantos, yo era secretario
de redacción de una revista literaria, más o menos secreta. Una tarde, una
tarde como las otras, un muchacho muy alto, cuyos rasgos no puedo recobrar, me
trajo un cuento manuscrito. Le dije que volviera a los diez días y que le daría
mi parecer. Volvió a la semana. Le dije que su cuento me gustaba y que ya había
sido entregado a la imprenta. Poco después, Julio Cortázar leyó en letras de
molde “Casa Tomada” con dos ilustraciones a lápiz de Norah Borges. Pasaron los
años y me confió una noche, en París, que ésa había sido su primera
publicación. Me honra haber sido su instrumento.
El tema de aquel cuento es la ocupación gradual de una casa
por una invisible presencia. En ulteriores piezas Julio Cortázar lo retomaría
de un modo más indirecto y por ende más eficaz.
Según Borges cuatro veces se cruzó con Cortázar. En el
prólogo a sus cuentos, recuerda dos de esos encuentros.
Según Borges cuatro veces se cruzó con Cortázar. En el
prólogo a sus cuentos, recuerda dos de esos encuentros.
Cuando Dante Gabriel Rossetti leyó la novela Cumbres
Borrascosas le escribió a un amigo: «La acción transcurre en el infierno, pero
los lugares, no sé por qué, tienen nombres ingleses». Algo análogo pasa con la
obra de Cortázar. Los personajes de la fábula son deliberadamente triviales.
Los rige una rutina de casuales amores y de casuales discordias. Se mueven
entre cosas triviales: marcas de cigarrillo, vidrieras, mostradores, whisky,
farmacias, aeropuertos y andenes. Se resignan a los periódicos y a la radio.
La topografía corresponde a Buenos Aires o a París y podemos
creer al principio que se trata de meras crónicas. Poco a poco sentimos que no
es así. Muy sutilmente el narrador nos ha atraído a su terrible mundo, en que
la dicha es imposible. Es un mundo poroso, en el que se entretejen los seres;
la conciencia de un hombre puede entrar en la de un animal o la de un animal en
un hombre. También se juega con la materia de la que estamos hechos, el tiempo.
En algunos relatos fluyen y se confunden dos series temporales.
El estilo no parece cuidado, pero cada palabra ha sido
elegida. Nadie puede contar el argumento de un texto de Cortázar; cada texto
consta de determinadas palabras en un determinado orden. Si tratamos de
resumirlo verificamos que algo precioso se ha perdido.
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gobiernos y con los políticos buscando “oficios honestos”
Una selección sin mujeres
Entre los 66 autores que Borges llegó a seleccionar no hay
mujeres. Sin embargo no fueron pocas las escritoras con las que tuvo relación e
incluso colaboró a lo largo de su vida. Acompañado por mujeres Borges fue parte
de distintos proyectos creativos, como la Revista Sur, dirigida por Victoria
Ocampo, encaró trabajos conjuntos con Alicia Jurado, María Esther Vázquez, o
Mercedes Levinson.
De una serie de entrevistas radiales que a los 84 años
Borges le concedió al periodista y profesor Osvaldo Ferrari, recopiladas en la
serie de libros Diálogos (Sudamericana, 1985 a1992), surge una referencia suya
a la que para él era la mejor escritora argentina contemporánea. Se trata de
Silvina Ocampo, hermana de Victoria y esposa de su gran amigo, Adolfo Bioy
Casares. Dice Borges:
—Yo estuve en… creo que se llama Exaltación de la Cruz, y a
mí me pidieron que nombrara al mejor escritor argentino contemporáneo, y cuando
yo hablé de Silvina Ocampo, comprendí que ese nombre no significaba nada. Se
quedaron oyendo, y después alguien supuso que era una equivocación, que yo
había querido decir Victoria Ocampo y me había equivocado de nombre. Tuve que
explicarle que no, pero, en fin, ese nombre parece que no ha adquirido el eco,
la resonancia y el ámbito que merece.
El artículo publicado por El Mercurio de Chile, donde Borges
habla de la que para él era la mejor escritora argentina contemporánea: Silvina
Ocampo.
El artículo publicado por El Mercurio de Chile, donde Borges
habla de la que para él era la mejor escritora argentina contemporánea: Silvina
Ocampo.
En abril de 1986, apenas dos meses antes de su muerte,
Borges publicaba en el diario El País de España un artículo titulado “La prosa
de Silvina Ocampo”, que ese mismo año sería replicado por El Mercurio de Chile.
Allí, entre otras cosas, decía: “De las palabras que podrían definirla, la más
precisa, creo, es genial”. Y en el primer párrafo, describía:
“Como el Dios del primer versículo de la Biblia, cada
escritor crea un mundo. Esa creación, a diferencia de la divina, no es ex
nihilo; surge de la memoria, del olvido que es parte de la memoria, de la
literatura anterior, de los hábitos de un lenguaje y, esencialmente, de la
imaginación y de la pasión. Kafka es creador de un orbe eleático de infinitas
postergaciones; James Joyce, de un orbe de hechos ínfimos y de líneas
espléndidas; Silvina Ocampo nos propone una realidad en la que conviven lo quimérico
y lo casero, la crueldad minuciosa de los niños y la recatada ternura, la
hamaca paraguaya de una quinta y la mitología.
Ayudado por la miopía gradual y ahora por la ceguera, vivo
entre tentativas de soñar y de razonar; la mente de Silvina recorre con
delicado rigor los cinco jardines del Adone, consagrado cada uno a un sentido.
Le importan los colores, los matices, las formas, lo convexo, lo cóncavo, los
metales, lo áspero, lo pulido, lo opaco, lo traslúcido, las piedras, las
plantas, los animales, el sabor peculiar de cada hora y de cada estación, la
música, la no menos misteriosa poesía y el peso de las almas, de que habla
Hugo”.
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únicas mujeres que aparecen en la antología de los mejores cuentos policiales
Borges compara a Ocampo con Kafka y con Joyce, que sí
estuvieron en su selección. A pesar de estas y otras declaraciones, la menor de
las Ocampo no figura en su lista inconclusa.
El Borges lector
“Yo no tengo ningún libro mío en casa. No, porque yo cuido
mucho mi biblioteca. ¡Cómo voy a codearme yo con Conrad o con Platón! Sería
ridículo.”. El que habla, de nuevo, es Borges. El pasaje es del libro de Blas
Alberti Conversaciones de Alicia Moreau de Justo y Jorge Luis Borges (Ed. del
mar dulce,1985).
En la frase se desdobla, como en “Borges y yo” (Emecé,
1960), el cuento donde el narrador habla de la existencia de dos Borges, uno
público y uno íntimo, aunque en este mano a mano con Alberti es un Borges
lector el que considera que el Borges escritor no está a la altura de su propia
biblioteca. Y es que el Borges lector era implacable.
Cada entrevista que le hicieron implicó un viaje a citas,
obras y conceptos de otros. Es así que casi naturalmente, se volvió referente a
partir de lo obvio, su escritura, pero también de lo que se ocupaba de hacer
evidente, sus lecturas. Autores que traía a las charlas y que muchas veces,
terminaban respondiendo por él a las preguntas.
No le temblaba la voz para decirle a quien se lo preguntara
que no le gustaban Horacio Quiroga, Gabriela Mistral o Pablo Neruda. Pero
tampoco le faltaban las palabras para hablar de los escritores que admiraba:
Bernard Shaw, Whitman o Stevenson.
Una de las pocas cosas que sabemos con certeza que comparten
los protagonistas de “Borges y yo”,los dos Borges, el público y el privado, es
el gusto por “la prosa de Stevenson”:
“Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía
del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el
otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en
atributos de un actor” (Fragmento, “Borges y yo”).
De la serie de entrevistas radiales con Osvaldo Ferrari, se
rescata esta escena:
—…Sí, creo que le conté que uno de los hechos más gratos de
mi vida —que me ocurrió hace poco— fue cuando me crucé con un muchacho, en la
calle, y él me dijo: “Quiero agradecerle algo, Borges”. “¿Qué?”, le pregunté
yo, y él me dijo: “Usted me ha hecho conocer a Robert Louis Stevenson”. Y yo
pensé: en ese caso, me siento justificado. No sé cómo se llama, no sé nada de
él, además; porque aquello fue tan perfecto que para qué agregar nombres
propios.
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aniversario como excusa de una declaración política
El Borges lector se vuelve interesante, incluso, a
destiempo. Dos empleados de la Biblioteca Nacional, Germán Álvarez y Laura
Rosato, pasaron catorce años recolectando los libros que, con anotaciones
suyas, dejó mezclados entre los estantes del edificio de calle México, durante
el tiempo que dirigió la institución, entre 1955 y 1973. Esa búsqueda se
convirtió en un libro: Borges, libros y lecturas (Biblioteca Nacional, 2010).
En todo caso tampoco es casual que desde el 2012 y tras la
aprobación de la ley nacional 26.754, en Argentina, cada 24 de agosto, el día
del cumpleaños de Jorge Luis Borges, se festeje el Día del Lector.
Un antecedente: La biblioteca de Babel
Antes de que Borges emprendiera el proyecto de su “Blioteca
Personal”, que implicaba la elección de 100 títulos indispensables y la
escritura de 100 prólogos inéditos, eligió libros y escribió introducciones
para una colección breve. Se trata de “La biblioteca de Babel”, que contó con
apenas 33 títulos.
Detrás de esa primera colección, que toma el nombre de un
relato del propio Borges, publicado en Ficciones (1944), estuvo el editor
italiano Franco María Ricci. Se conocieron a mediados de los ‘70, recuerda la
mujer que los presentó, María Esther Vázquez, escritora, colaboradora y
biógrafa de Borges.
La portada de la edición de Alianza con los prólogos de
Borges a la Biblioteca de Babel.
La portada de la edición de Alianza con los prólogos de
Borges a la Biblioteca de Babel.
Según Vázquez, Ricci llegó a Buenos Aires con el único
propósito de conocer al Aleph, pero también con dos propuestas para hacerle:
pedirle permiso para editar su cuento “El Congreso”, que había quedado fuera de
sus Obras completas (Emecé, 1974) y pedirle que dirigiera una colección de
literatura fantástica, “La biblioteca de Babel”. Borges aceptó las dos.
“La Biblioteca de Babel” fue publicada originalmente en
italiano entre los años 1975 y 1981, con una versión reducida de apenas 6
títulos traducidos al castellano, editados en Buenos Aires por Librería La
Ciudad / F.M. Ricci. Desde 1983 sería la editorial española Siruela la que
publicaría los 33 volúmenes en español que incluirían, entre otros autores, a
Meyrink, Papini o Melville.
Todas las portadas llevan bajo sus encabezados la misma
inscripción, la misma garantía para el lector, el mismo “gancho editorial” y el
prestigio que buscaba Ricci para su selección: “Colección de libros fantásticos
dirigida por Jorge Luis Borges”.
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Argentina tiene “menos historia” que otros países? La audaz hipótesis de su
traductor al bengalí
Los volúmenes de Siruela respetan tanto en la tapa como en
las páginas interiores el diseño original de Ricci. También el tipo de papel y
la encuadernación originales. Esa estética, la misma con la que se publicó en
Francia, Turquía, Japón, Alemania y Portugal, es considerada de culto. La marca
registrada del editor italiano, un homenaje suyo al impresor y tipógrafo
Giambattista Bodoni (1749-1813).
Los 33 títulos de “La biblioteca de Babel”
01. Las muertes concéntricas, de Jack London.
02. Veinticinco agosto 1983 y otros cuentos, volumen de
varios autores en honor a Borges.
03. El cardenal Napellus, de Gustav Meyrink.
04. Cuentos descorteses, de León Bloy.
05. El espejo que huye, de Giovanni Papini.
06. El crimen de Lord Arthur Saville, de Oscar Wilde.
07. El convidado de las últimas fiestas, de Villiers de
l’Isle-Adam.
08. El amigo de la muerte, de Pedro Antonio de Alarcón.
09. Bartleby, el escribiente, de Herman Melville.
10. Vathek, de William Beckford.
Jorge Luis Borges, siempre rodeado de libros.
Jorge Luis Borges, siempre rodeado de libros.
11. La puerta en el muro, de H. G. Wells.
12. El invitado tigre, de Pu Songling.
13. La pirámide de fuego, de Arthur Machen.
14. La isla de las voces, de R. L. Stevenson.
15. El Ojo de Apolo, de G. K. Chesterton (selección: “Los
tres jinetes del Apocalipsis”, “Extraños pasos”, “El honor de Israel Gow”, “El
ojo de Apolo” y “El duelo del doctor Hirsch”).
16. El diablo enamorado, de Jacques Cazotte.
17. El buitre, de Franz Kafka.
18. La carta robada, de Edgar Allan Poe.
19. La estatua de sal, de Leopoldo Lugones.
20. La casa de los deseos, de Rudyard Kipling.
21. Las mil y una noches, según Antoine Galland.
22. Las mil y una noches, según Richard Burton.
23. Los amigos de los amigos, de Henry James.
24. Micromegas, de Voltaire.
25. Relatos científicos, de Charles Hinton.
26. El gran rostro de piedra, de Nathaniel Hawthorne.
27. El país del Yann, de Lord Dunsany.
28. La reticencia de Lady Anne, de Saki.
29. Cuentos rusos, de Fiódor Dostoyevski, León Tolstói y
Leonid Andréiev.
30. Cuentos argentinos, de varios autores.
31. Nuevos cuentos de Bustos Domecq, de Adolfo Bioy Casares
y Jorge Luis Borges.
32. Libro de sueños.
33. Borges A-Z, Borges y Antonio Fernández Ferrer (1988).
La “Biblioteca Personal Jorge Luis Borges”
En el prólogo a la edición de 75 libros de Hyspamerica,
Borges, anticipa:
“No elegiré los títulos en función de mis hábitos
literarios, de una determinada tradición, de una determinada escuela, de tal
país o de tal época. Que otros se jacten de los libros que les ha sido dado
escribir; yo me jacto de aquellos que me fue dado leer, dije alguna vez. No sé
si soy un buen escritor; creo ser un excelente lector o, en todo caso, un
sensible y agradecido lector”.
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en un solo libro: de sus obsesiones e influencias a su supuesta homofobia
Las obras son diversas en géneros y banderas. Si es por
cantidad de escritores de una misma nación, encabezan la lista 15 británicos,
entre ellos G.K. Chesterton, Wilkie Collins, H.G. Wells o Alexander Gunn. Les
siguen ocho franceses, entre otros, André Gide, Gustave Flaubert o Marcel
Schwob.
La estadística es previsible en su biografía. Se crió en un
hogar bilingüe en el que se hablaban el inglés y el castellano. En 1914, por la
Primera Guerra Mundial, su familia quedó varada en Ginebra, Suiza, donde
predominaba el francés. Son los idiomas de la mayoría de las obras de la lista.
A la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos.
Los prólogos, de la colección “Biblioteca Personal Jorge
Luis Borges” y también los que escribió para “La biblioteca de Babel”, fueron
publicados por la editorial Alianza en dos tomos que recopilan esas
introducciones.
El sello distintivo de la edición de Hyspamerica, con las
letras y el perfil de Borges en dorado.
El sello distintivo de la edición de Hyspamerica, con las
letras y el perfil de Borges en dorado.
Es imposible no descubrir al Borges lector. No sólo a partir
de los autores a los que citaba y a los que acudía, sino también, sin nombres
propios. En un pasaje del documental de Wullicher Borges para millones (1978)
se anima incluso a aconsejarles a hipotéticos lectores: “… que leyeran mucho.
Que no se dejaran asustar por la reputación de los autores. Que leyeran
buscando la felicidad personal. Un goce personal. Es el único modo de leer”.
Inconclusa, la lista de Hyspamérica deja abierta la entrada
a un nuevo laberinto borgeano. Ahora cualquiera podrá entrar en él y jugar, sin
equivocarse, a pensar en los nombres que le faltaron a Borges. En los caminos
que pudo haber tomado. En todo caso, sólo serán falsas las circunstancias, la
hora y uno o dos nombres propios.
Los 75 títulos de la Biblioteca Personal Jorge Luis Borges
01. Cuentos - Julio Cortázar
02. Los evangelios apócrifos I
03. Los evangelios apócrifos II
04. América. Relatos breves - Franz Kafka
05. La cruz azul y otros cuentos - G.K. Chesterton
06. La piedra lunar I - Wilkie Collins
07. La piedra lunar II - Wilkie Collins
08. La inteligencia de las flores - Maurice Maeterlinck
09. El desierto de los tártaros - Dino Buzzati
10. Peer Gynt. Hedda Gabler - Henrik Ibsen
11. El Mandarín - Eça de Queirós
12. El imperio jesuítico - Leopoldo Lugones
13. Los monederos falsos - André Gide
14. La máquina del tiempo y El hombre invisible - H.G. Wells
15. Los mitos griegos - Robert Graves
16. Los demonios I - Fiódor Dostoievsky
17. Los demonios II - Fiódor Dostoievsky
18. Matemáticas e imaginación - Edward Kasner
19. El gran dios Brown, Extraño interludio y El luto le
sienta a Electra - Eugene O’Neill
20. Los cuentos de Ise - Ariwara no Narihara
Borges, el máximo escritor argentino y tal vez el lector más
erudito también.
Borges, el máximo escritor argentino y tal vez el lector más
erudito también.
21. Benito Cereno, Billy Budd y Bartleby, el escribiente -
Herman Melville
22. Lo trágico cotidiano, El piloto ciego y Palabras y
sangre - Giovanni Papini
23. Los Tres Impostores - Arthur Machen
24. Cantar de los cantares y Exposición - l Libro - Job I -
Fray Luis de León
25. Cantar de los cantares y Exposición - l Libro - Job II -
Fray Luis de León
26. El corazón de las tinieblas y Con la soga al cuello -
Joseph Conrad
27. Historia de la decadencia y ruina del Imperio Romano -
Edward Gibbon
28. Ensayos y diálogos - Oscar Wilde
29. Un bárbaro en Asia - Henri Michaux
30. El juego de los abalorios - Hermann Hesse
31. Enterrado en vida - Enoch A. Bennett
32. Historia de los animales - Claudio Eliano
33. Teoría de la clase ociosa - Thorstein Veblen
34. Las tentaciones de San Antonio - Gustave Flaubert
35. La descripción del mundo - Marco Polo
36. Vidas imaginarias - Marcel Schwob
37. César y Cleopatra, La comandante y Bárbara Cándida -
George Bernard Shaw
38. La hora de todos y la fortuna con seso y Marco Bruto -
Francisco de Quevedo
39. Los rojos Redmayne - Eden Phillpotts
40. Temor y temblor - Sören Kierkegaard
41. El Golem - Gustav Meyrink
42. La lección del maestro, La vida privada y La figura en
la alfombra - Henry James
43. Los nueve libros de la historia I - Heródoto
44. Los nueve libros de la historia II - Heródoto
45. Pedro Páramo - Juan Rulfo
46. Relatos - Rudyard Kipling
47. Vathek - William Beckford
48. Las venturas y desventuras de la famosa Moll Flanders -
Daniel Defoe
49. El secreto profesional y otros textos - Jean Cocteau
50. Los últimos días de Emmanuel Kant y otros escritos -
Thomas de Quincey
51. Prólogo a la obra de Silverio Lanza - Ramón Gómez de la
Serna
52. Las mil y una noches - Antoine Galland
53. Las nuevas noches árabes y Markheim - Robert Louis
Stevenson
54. La salvación por los judíos - León Bloy
55. Gilgamesh - Bhagavad-Gita
56. Cuentos fantásticos - Juan José Arreola
57. De dama a zorro. Un hombre en el zoológico y La vuelta
del marinero - David Garnett
58. Los Viajes - Gulliver - Jonathan Swift
59. Crítica literaria - Paul Groussac
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cuando muriera y lo dijo en un poema
60. Los ídolos - Manuel Mujica Lainez
61. Libro de Buen Amor - Juan Ruiz
62. Poesía completa - William Blake
63. En la plaza oscura - Hugh Walpole
64. Obra poética - Ezequiel Martinez Estrada
65. Cuentos - Edgar Allan Poe
66. La Eneida - Publio Virgilio Maron
67. Cuentos - Voltaire
68. Un experimento con el tiempo - J. W. Dunne
69. Ensayo sobre Orlando Furioso - Attilio Momigliano
70. Las variedades de la experiencia religiosa I - William
James
71. Las variedades de la experiencia religiosa II - William
James
72. Saga de Egil Skallagrimsson - Snorri Sturluson
73. El libro de los muertos
74. El problema del tiempo I - J. Alexander Gunn
75. El problema del tiempo II - J. Alexander Gunn
Fuente: Infobae
https://www.infobae.com/leamos/2023/06/11/la-lista-de-borges-los-75-libros-que-para-el-maximo-escritor-argentino-no-podian-faltar-en-la-biblioteca/