lunes, 10 de octubre de 2016

Jorge Luis Borges y el Big Data: el conocimiento desbordado


A 30 años de la partida de Borges, el saber infinito del que escribió tiene donde archivarse: la materialidad digital.


 El cuarto infinito: instalación de big data en San Francisco, Estados Unidos, que simula un interminable paisaje digital en un área de 15x18 pulgadas. (Fuente: universaleverything.com)

ÓSCAR BERMEO OCAÑA

Una interminable biblioteca de galerías hexagonales enlazadas, un libro que no tiene principio ni fin, un laberinto cuyas bifurcaciones no dejan de multiplicarse. El lenguaje borgeano guarda una serie de metáforas que juegan con el conocimiento infinito, con la totalidad de saberes y la apremiante imposibilidad de acceder a todos ellos.

“Un lugar que albergue el conocimiento universal”. Era una obsesión de Borges, pero también es la idea que usa Patricio Lorente para definir Wikipedia, la organización que dirigió hasta julio pasado. El pretencioso enunciado se apoya en las crecientes estadísticas de la enciclopedia virtual: más de 40 millones de artículos y presencia en 292 idiomas.

“Contiene la mayor colección de información ordenada y sistematizada de la historia”, anota tajante. Sus palabras buscan aproximarse a lo que escribió Borges siete décadas atrás. En aquellos textos de los cuarenta del siglo pasado, varios han visto signos predictivos, rasgos que prefiguran la naturaleza de la red. “La primera vez que accedí a Wikipedia se me vino a la mente ‘La biblioteca de Babel’ por su sistema de enlaces. Uno empieza en un lugar y puede terminar en otro muy distinto”, dice Lorente, convencido del poder premonitorio del autor de Ficciones.

En los intersticios de las galerías hexagonales de Borges había la posibilidad de escabullirse y saltar a otras aún no exploradas, como aquellos hipervínculos que nos alejan de la web inicial. El número de conexiones asoma inacabable, no cuantificable. El conocimiento entonces se dispersa, sin orígenes ni finales. “El crecimiento de la información en Internet no tiene límites. Siempre habrá lagunas por completar. Se puede traer también la metáfora de ‘El libro de arena’, un cuerpo infinito donde entre dos páginas aparece siempre otra. Nunca es posible encontrar la página exacta”, resalta Lorente.


Sin embargo, quien llevó la premonición borgeana a una forma obsesivamente exacta no tiene la prensa de Wikipedia. Jonathan Basile, un filósofo estadounidense de 30 años fanático del autor argentino, dedicó seis meses a diseñar un algoritmo que permite reproducir cualquier texto imaginable en la lengua occidental. Ante la dificultad de ser recreada físicamente, el monstruoso conocimiento anunciado por Borges cobró vida en la materialidad digital. Como en el relato “La biblioteca de Babel”, que describía un lugar donde estuviesen escritas todas las combinaciones del alfabeto, al ingresar al portal www.libraryofbabel.info podremos buscar palabras en un sinfín de páginas que tienen todas las mixturas posibles de 29 signos ortográficos (el abecedario, el punto, la coma y el espacio).

Frases de canciones, novelas, nombres propios y cuentos escritos (o por escribirse) están contenidos en las búsquedas. Y no solo eso. Retribuyendo a la idea de totalidad de la obra borgeana, en la asombrosa biblioteca digital de Basile también están incluidas aquellas agrupaciones de letras que producen formaciones incoherentes, no legibles en ningún lenguaje. “Este proyecto no es algo que produjera valor en un sentido reconocible, como una empresa o una invención. No voy a ganar dinero ni a cambiar mi actividad, pero sí puede afectar el modo en el que pensamos con respecto a la esencia del lenguaje”, refirió modestamente el inventor. Dejaba en claro su única pretensión (y quizá también la que tuviese Borges): repensar y tensionar las formas conocibles del lenguaje.

En la pieza experimental de Basile es el hombre letrado quien tiene el desafío de encontrar cuerpos de letras con sentido en un mar de mensajes encriptados. En la lectura, tradicionalmente vista como algo estático, se busca identificar marcas reconocibles y racionales de una maraña de signos desiguales. Estamos atentos a matrices, repeticiones. Las narrativas lógicas aparecen a partir de cuestiones identificables conectadas entre sí.

Ante el caos, es el lector quien decide qué senderos recorrer. Una vieja máxima borgeana. En tiempos cuando no se rebatía la unidireccionalidad de los mensajes, el autor de “El aleph” ya le atribuía un rol protagónico a la lectura dentro del juego literario.

 
Se consideró un lector voraz más que un autor. Incluso ciego, no dejó de leer. A su casa llegaban entusiastas jóvenes y amigos que fungían de interlocutores de las páginas que ya no podía ver. En el prólogo de su temprana Historia universal de la infamia (1935) deja clara su posición: “Estos cuentos son el irresponsable juego de un tímido que no se animó a escribir cuentos y se distrajo en falsear y tergiversar ajenas historias”. Es decir, reescribir sobre historias leídas más que escribir. Para el investigador argentino Lisandro Bregant, en esa tergiversación está la necesidad de organizar lo encontrado. Similar a la actitud que tomamos cada vez que accedemos a Internet. “El espíritu del ordenamiento de la información aparece en la obra borgeana y se hila a partir del lector. Este es quien busca darle un orden a ese desorden universal que es la biblioteca total, el universo, la Internet”, explica.

Quien se enfrenta a este nuevo cúmulo de información adopta, inherentemente, una actitud propositiva. La mentada figura actual del “prosumidor” (un consumidor, en este caso un lector que interfiere en la producción de sentidos y contenidos) de la red reivindica al lector borgeano: un cuerpo vivo capaz de resignificar cada página.

Sumergidos en un contexto de abundancia de estímulos, hoy de ese todo tomamos y decodificamos partes que consideramos convenientes o necesarias. No resulta sencillo ese traspaso conductual. El sistema educativo, una de las primeras áreas puestas en tensión, afronta un cambio de paradigma en su metodología. “Los docentes fueron formados en otro tiempo, cuando cómo encontrar información era una habilidad requerida para desempeñarse con éxito en la sociedad. Hoy eso ha dejado de ser un problema”, anota Lorente.

La aparente accesibilidad al conocimiento posibilitada por diversos dispositivos online (computadores, celulares, tabletas, etc.) parece haber llevado el ejercicio de búsqueda a un automatismo. Encontrar sería un paso previo tácito (ya dado) y el reto se ubicaría en los actos posteriores a nuestros clics de búsquedas. “El desafío es qué hacer con esa enorme cantidad de información, cómo usarla de manera productiva, tener una mirada crítica, extraer contenidos y poder sintetizar”, sentencia el exdirectivo de Wikipedia.


En “Funes, el memorioso” Borges retrata a un hombre que de manera mecánica podía recordar cada detalle de sus días, pero que carecía de introspección y pensamiento. Su prodigioso y obsesivo memorismo, gracias al cual había acumulado un gran contingente de información, le impedía borrar diferencias, generalizar y reflexionar. “Así como Funes, Wikipedia es una colección admirable de conocimiento, pero boba. Necesita al lector para hacer estas acciones de comprensión. De algún modo, Internet nos libera del ejercicio de memorizar para dedicarnos a construir nuevos conocimientos”, dice Lorente.

¿Pero qué pasa cuando un actor organiza por nosotros los caminos a transitar? Si bien está latente la posibilidad de montar rutas de navegación propias, resulta muy tentador dejarse seducir por las señales iniciales, por lo exhibido en ese primer pantallazo que sugiere el buscador de buscadores, Google. Cada segundo, un promedio de 40.000 personas recurren a su motor de búsqueda para despejar inquietudes. El ordenamiento de Google responde a un criterio sencillo: índice de popularidad. Así, las páginas más citadas y consultadas aparecerán instantáneamente ante nuestros ojos, como los primeros invitados a la fiesta. La lógica de privilegiar los sitios populares esconde un juego sagaz: fomenta un círculo vicioso que se retroalimenta continuamente en cada búsqueda.

Bajo esas reglas, Wikipedia sale bien parada. Actualmente, con 500 millones de visitantes únicos mensuales es uno de los cinco sitios web más consultados del mundo. “Hay un sesgo intrínseco en los sistemas de búsqueda. El algoritmo de Google favoreció a Wikipedia en desmedro de otros”, admite Lorente.

En nombre de la comodidad y practicidad, cada usuario que detiene la resolución de sus dudas en Wikipedia va legitimando el discurso. Nuestros ojos se van acostumbrando a quedarse en la parte superior de esa infinita sábana de datos que es la Internet. Nuestros tiempos exigen salidas rápidas y accesibles, que prescindan de contrastes o comprobaciones. Entonces, las primeras voces van tornándose las oficiales.

La Fundación Wikimedia, institución que administra Wikipedia, busca compensar ese sesgo con una mejor calidad de contenidos. La naturaleza colaborativa en la construcción de los textos intenta elevar los estándares de las publicaciones. Para Lorente, los cuestionamientos respecto al contenido de Wikipedia son una discusión casi superada. “No existe la pretensión ingenua de que exista neutralidad, pero sí diversidad. Los artículos de mayor calidad son los que tienen más puntos de vista y enfrentados entre sí. La colección es producto de ese equilibrio inestable, de producción permanente”, refiere.

La escritura colectiva no solo es aludida como garantía de calidad. También es la base del concepto de hipertextualidad planteado en la obra de Borges. “Establecía un cuerpo de texto donde no hay firma, donde hay un solo autor que es anónimo y atemporal. Una prefiguración de lo que hoy es Wikipedia. Borges dice que la humanidad se puede encontrar en un libro total donde el autor sea la misma humanidad”, acota Lisandro Bregant.

Diversas miradas se han posado este año, con especial interés, sobre la obra de Jorge Luis Borges. A tres décadas de su partida, sus textos continúan cobrando nuevos sentidos. “Cada uno toma como rehén a Borges para sacarle lo que quiere”, dice Bregant con una mueca, acaso sintiéndose responsable de una apropiación casi ilícita. Como parte de ese cosmos textual, a la producción del inmenso autor argentino también le toca ser sometida a sesudas interpretaciones y antojadizos desvíos. Son las reglas de un juego que él mismo promovió.

Datos a mansalva

En un terreno menos evidente para alusiones borgeanas, podemos decir que las nociones de información y conocimiento hoy exceden las consultas enciclopédicas en la World Wide Web. Inmersos en una contemporaneidad en que nuestra sociabilidad la definen las características de nuestros dispositivos técnicos, la producción de contenido se torna incesante en cualquier momento y lugar. A través de correos electrónicos, mensajes de texto, llamadas telefónicas, mensajería móvil y posteos en redes sociales engrosamos continuamente el volumen de información cuya sistematización llamamos big data. (Hablando de hipervínculos, revisar el artículo sobre el tema que publicamos en este suplemento en julio pasado).

La cantidad de mensajes emitidos en estos espacios de socialización va en vertiginoso crecimiento, pero no son los únicos que aportan documentación. El universo de datos masivos incorpora también transacciones bancarias, capturas de videovigilancia, controladores de salud, mapas de calor, sensores GPS, escáneres de huellas digitales, entre otras acciones máquina-máquina (M2M). Es decir, cualquier acción que suponga registro puede ser procesada. En cada movimiento hay rastros y dentro de ellos información.

Según un estudio de la corporación Cisco, el tráfico mundial de datos IP en el 2015 alcanzó los 72,5 exabytes mensuales (1 exabyte es equivalente a 1.024 terabytes). El 47% de esa información provino de dispositivos distintos a las PC (smartphones, televisores, tabletas, módulos M2M), lo que marca una tendencia creciente en la portabilidad.

Además del uso científico y militar, el sector comercial ha hecho énfasis en la sistematización y análisis de estos datos masivos para aproximarse al público con campañas publicitarias más personalizadas, que les permitan reducir el margen de error. La identificación de patrones de comportamiento y la predictividad de acciones es lo que nos toca enfrentar como ciudadanos consumidores. “Lo que se manifiesta a través del procesamiento de datos es la pesadilla orwelliana de saber en qué momento y lugar está expuesta una persona para que una empresa le ponga su marca en el grado justo”, refiere Bregant.

En las reiteradas citas a lo que no conoce límites, la obra de Borges parece aproximarse a la esencia del big data: el potencial acceso a datos infinitesimales. Como el lector-creador en los textos de Borges, será la intervención estadística ejecutada por humanos la que deba hilar fino entre lo que sobra y lo que resulta útil en los datos masivos. Las matemáticas acumulan números, cifras, dígitos, pero es el hombre quien direcciona los usos. Riesgosamente, no son muchos los que pueden atribuirse esas facultades.

Para Lorente que el procesamiento de información a gran escala esté en pocas manos puede encaminarnos a la homogenización de la oferta. Estaríamos ante el riesgo de no encontrar cosas nuevas. “Los grandes actores tratan de mostrarnos lo que nos interesa. Probablemente estén equivocados. Uno quiere novedades, no repetir patrones de búsqueda. Los intentos por replicar conductas pueden hacer de la red un lugar mucho menos sorprendente, y nosotros necesitamos sorprendernos”, reflexiona.

En el laberinto borgeano hoy parecen clausurarse varias bifurcaciones. Ante la imposibilidad de experimentar todas las opciones, nos dejamos seducir por los caminos más transitados. La posibilidad de acceder a “uno de los puntos del espacio que contiene todos los puntos”, descrita en “El aleph”, presupone una unidad manejable pero al mismo tiempo inconmensurable, “un lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos”. Sin embargo, el acceso a esta construcción que condensa la totalidad de las cosas, como los puestos donde se analizan los flujos del océano de datos, tiene cláusulas de exclusividad.

El flujo de datos no cesa. La estadística corre tratando de estar a la par, flexibilizando sus dogmas y ensanchando sus bases. Las ciencias son remecidas por el discurso acaparador del big data, que amenaza medir y cuantificar todos los procesos sociales. Pareciera ya no asustar la posibilidad de que algunos agentes de datos nos conozcan más que nosotros mismos. Mientras tanto, la vida, eso que sucede mientras estamos ocupados, como decía John Lennon, prosigue. ¿En algún momento de este intercambio vertiginoso de información hay tiempo para una pausa? “La velocidad es la nueva censura”, dice el poeta portugués Gonzalo Tavares. “Pareciera que hay una velocidad única, ¿qué espacios por fuera podemos crear?”, también se pregunta Bregant. Volver a generar velocidades propias, que hablen de una tipología de vínculo distinta al del intercambio de datos móviles, parece mucho pedir. La ruta a las raíces asoma cada vez más brumosa y la ventisca nos empuja a avanzar por un mismo sendero.

Fuente : El Comercio – El Dominical  - Lima Perú

sábado, 8 de octubre de 2016

Borges, filósofo y matemático



 
Juan Carlos del Río

Borges intenta con el uso de las paradojas demostrar que el mundo no puede explicarse adecuadamente usando exclusivamente la lógica y la razón, pues las consecuencias ultérrimas de esto nos llevan al absurdo.

La mayoría de las paradojas utilizadas por Borges tratan acerca del tiempo y la intemporalidad, lo finito y lo infinito, la continuidad y la discontinuidad, la unidad y la multiplicidad. Borges utiliza frecuentemente la segunda paradoja de Zenón, a la que dedica incluso dos ensayos: La perpetua carrera de Aquiles y la tortuga y Los avatares de la tortuga, ambos incluidos en el libro Discusión. Recordemos la paradoja: siempre que la tortuga comience la carrera con ventaja por delante de Aquiles, cuando éste recorra la distancia que les separa, la tortuga habrá avanzado una décima parte más; cuando Aquiles recorra esta décima parte, la tortuga habrá recorrido otra décima parte de la misma: independientemente de la distancia que recorra Aquiles, la tortuga siempre estará una décima parte de su anterior ventaja por delante. La paradoja resulta de tratar de convertir el continuo en una serie infinita de magnitudes decrecientes.

Inspirado en Platón, que veía en el tiempo una imagen móvil de la eternidad y en Plotino, que afirmaba que para indagar y definir la naturaleza del tiempo es indispensable conocer primero la eternidad, Borges cree poder ver en la matemática moderna una buena aproximación al infinito.

Otra de las paradojas que gustaban a Borges es la de Russell (el conjunto de los conjuntos que no se contienen a sí mismos sí está contenido en sí mismo), que no es sino la extensión de la célebre paradoja del mentiroso: si digo "soy un mentiroso" y efectivamente lo soy, entonces estoy diciendo la verdad, por lo que no soy un mentiroso. Fue el matemático Gödel, también estudiado por Borges, quien demostró que cualquier sistema formal que contenga una teoría de números tiene al menos un estamento indecible. Aunque nosotros sepamos que el estamento es cierto, el sistema no puede probarlo. Esto es importante, porque indica que la verdad matemática es algo más que lógica y computación, haciendo añicos las ingenuas expectativas de que el pensamiento humano pueda llegar a ser reducido a algoritmos. Los algoritmos son procesos matemáticos paso por paso para resolver problemas, que pueden ser reproducibles, y que son la base del funcionamiento de las computadoras. Por lo tanto, nuestro pensamiento no puede ser estrictamente un proceso mecánico reproducido por un ordenador.


Borges pretende sorprender al lector, intranquilizándole, mostrándole hechos que no por cotidianos dejan de ser incomprensibles para nosotros, o como diría Gödel, indemostrables. Borges nos hace pensar, recordándonos a ese "partero de las ideas", como se hacía llamar Sócrates. Utiliza las matemáticas para sumirnos en el desconcierto, obligándonos a una acción que no pueden hacer las computadoras: pensar. Uno de sus argumentos preferidos para estimular el pensamiento es el concepto de infinito.

EL INFINITO

Borges quiebra uno de los fundamentos de lo real, su certeza de finitud, para precipitarnos en la imposibilidad de representación del infinito. De este modo, por ejemplo, en Tlön, Uqbar, Orbis Tertius las repeticiones se hacen infinitas hasta su irrupción en lo real. En Las ruinas circulares, un hombre es soñado por otro hombre que a su vez lo será por otro, y éste por otro, y así hasta el infinito, como infinitamente divisible será el espacio que impedirá que Aquiles alcance a la tortuga. En los versos de uno de los sonetos sobre el ajedrez se dibuja esta duplicación al infinito: "Dios mueve al jugador, y éste, la pieza / ¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza / de polvo y tiempo y sueño y agonías?". En La Escritura del Dios teje el mundo de los sueños con el de la vigilia en una infinita urdimbre: "Un día y una noche —entre mis días y mis noches, ¿qué diferencia cabe?— soñé que en el piso de la cárcel había un grano de arena. Volví a dormir, indiferente; soñé que despertaba y que había dos granos de arena. Volví a dormir; soñé que los granos de arena eran tres. Fueron, así, multiplicándose hasta colmar la cárcel y yo moría bajo ese hemisferio de arena. Comprendí que estaba soñando; con un vasto esfuerzo me desperté. El despertar fue inútil; la innumerable arena me sofocaba. Alguien me dijo: No has despertado a la vigilia, sino a un sueño anterior. Ese sueño está dentro de otro, y así hasta lo infinito, que es el número de los granos de arena. El camino que habrá de desandar es interminable y morirás antes de haber despertado realmente".

Borges utiliza las teorías de los matemáticos Cantor y Gödel en su exposición del concepto del infinito. Al contrario que la tradicional idea del infinito como un número inimaginablemente grande, Georg Cantor introdujo al final del siglo XIX los números transfinitos, representados por el número que denominó aleph. Cantor redefinió el concepto de conjunto infinito como aquel que permite establecer una correspondencia biunívoca con una parte de sí mismo. He ahí la paradoja, o lo ininteligible del concepto de infinito que tanto fascina a Borges: la cantidad de números pares es la misma que la de los números pares e impares juntos.

También coincidió Borges con Kafka en tomar el infinito como leitmotiv de sus relatos. En La construcción de la muralla china de Kafka aparece la idea de infinito y la multiplicidad. Hay un emperador infinitamente remoto en el tiempo y en el espacio que ordena que infinitas generaciones construyan una muralla infinita que circunscriba su imperio infinito. Borges nos acerca al infinito de otra manera: en El Aleph todos los puntos coinciden en uno, en El jardín de senderos que se bifurcan, todos los tiempos coinciden sin excluirse, fundando de este modo una nueva espacialidad y una nueva temporalidad. Borges dice: "Lo que llamamos azar es nuestra ignorancia de la compleja maquinaria de la causalidad. Esa compleja maquinaria incluiría en sí todo lo que el orden normal excluiría: lo falaz, el crimen, lo infinito..." Borges se diferencia de Kafka en que éste se acerca al infinito desde la atmósfera del absurdo y del horror, mientras que para el autor de El Aleph, es desde una distanciada ironía.

El infinito es una clave para la comprensión del universo. Al igual que en un conjunto de infinitos elementos, cada uno es equivalente a los restantes, nos cuenta Borges en El Zahir: "Dijo Tennyson que si pudiéramos comprender una sola flor sabríamos quiénes somos y qué es el mundo. Tal vez quiso decir que no hay hecho, por humilde que sea, que no implique la historia universal y su infinita concatenación de efectos y causas... Los cabalistas entendieron que el hombre es un microcosmos, un simbólico espejo del universo; todo, según Tennyson, lo sería"

EL LABERINTO Y LAS DIMENSIONES DEL TIEMPO

En Borges el laberinto es algo más que un símbolo, en ocasiones se convierte en verdadero eje del relato, en el elemento estructural del mismo.

Toda la obra borgiana gira en torno al laberinto. Borges afirmaba que sus pesadillas más recurrentes eran el laberinto y el espejo, dos símbolos que, en suma, se limitan a lo mismo, pues "bastan dos espejos opuestos para construir un laberinto". ¿Qué es el laberinto en Borges? A veces una imagen del universo o de la forma en que la humanidad ve el universo, una imagen de la cultura humana, un lugar para perder a los hombres, una expresión del caos, una expresión del orden, lo que no puede comprenderse, la escritura de Dios, lo inhumano, los rigores de la lógica, la razón, etc.

En La Biblioteca de Babel, Borges construye una fascinante alegoría en la que parece expresarse la condición esencial del hombre. Ésta podría ser entendida como la condición de un ser que se encuentra perdido de manera irremediable en un universo extrañamente caótico, en el que se siente tremendamente angustiado por el flujo de una temporalidad que lo envuelve y lo aniquila. La Biblioteca de Babel es un monstruoso laberinto que alude al infinito y al caos. Por sus inagotables corredores y galerías vagaría el hombre en busca de explicaciones y justificación. Encontramos numerosas referencias a la vastedad de ámbitos tanto espaciales como temporales: "yo afirmo que la Biblioteca es interminable"; "la Biblioteca existe ab aeterno"; "la Biblioteca es tan enorme que toda reducción de origen humano resulta infinitesimal"; "... la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita..."; "...digo que no es ilógico pensar que el mundo es infinito"; "...el dictamen clásico: la Biblioteca es una esfera cuyo centro cabal es cualquier hexágono, cuya circunferencia es inaccesible."

Pero también parece encontrarse Dios subyaciendo bajo las formas de la esfera y del círculo en que se transfiguran mágicamente tanto los hexágonos como los libros de esta biblioteca-universo, cuya presencia nos aproxima simbólicamente al sentido de lo inabarcable: "Yo afirmo que la Biblioteca es interminable. Los idealistas arguyen que las salas hexagonales son una forma necesaria del espacio absoluto, o por lo menos de nuestra intuición del espacio. Razonan que es imposible una sala triangular o pentagonal. (Los místicos pretenden que el éxtasis les revela una cámara circular con un gran libro circular de tomo continuo, que da toda la vuelta de las paredes. Ese libro cíclico es Dios)."

Esta Biblioteca de Babel, surgida a partir de la descripción matemática fundamentada en un cálculo probabilístico y en el convencimiento de que los veinticinco signos del alfabeto producen un número finito de combinaciones, desemboca en último término en una errar cíclico al interior de un terrible laberinto que consume a la especie humana y la pone al borde de su próxima extinción. "A cada uno de los muros de cada hexágono corresponden cinco anaqueles; cada anaquel encierra treinta y dos libros de formato uniforme; cada libro es de cuatrocientas diez páginas; cada página de cuarenta renglones, cada renglón, de unas ochenta letras de color negro." Concluye Borges su relato con las siguientes palabras: "Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden)."

EL TIEMPO CIRCULAR (ETERNO RETORNO)

La noción de Tiempo Circular aparece repetidamente en la obra de Jorge Luis Borges. Uno de los primeros ensayos en que Borges habla del tiempo circular es La doctrina de los ciclos que se incluye en Historia de la Eternidad: "El número de todos los átomos es, aunque desmesurado, finito, y sólo capaz de un número finito de permutaciones. En un tiempo infinito, el número de permutaciones posibles debe ser alcanzado, y el universo tiene que repetirse". Así tenemos una primera noción de tiempo circular, que se basa en la repetición cíclica infinita, asociado a la imagen del eterno retorno, sin tomar esta imagen como retroceso sino como avance infinito hacia el punto de partida, recorriendo la circunferencia finita para volver al mismo punto.

Esta idea también aparece en sus cuentos: "Antes de exhumar esta carta, yo me había preguntado de qué manera un libro puede ser infinito. No conjeturé otro procedimiento que el de un volumen cíclico, circular. Un volumen cuya última página fuera idéntica a la primera, con posibilidad de continuar indefinidamente. Recordé también esa noche que está en el centro de Las mil y una noches, cuando la reina Shahrazad (por una mágica distracción del copista) se pone a referir textualmente la historia de Las mil y una noches, con riesgo de llegar a la noche en que la refiere, y así hasta el infinito". Ficciones, p. 142

En el ensayo Nueva refutación del tiempo intenta demostrar que las negaciones del idealismo pueden extenderse al tiempo. Berkeley niega la existencia de objetos independientemente de nuestra percepción de ellos. Dice Borges que si el hombre se puede reducir a una colección de sensaciones, entonces una simple repetición en la vida de un hombre es suficiente para probar que el tiempo, entendido como una sucesión, es una falacia puesto que la repetición destruye la secuencia lineal.

LAS INFINITAS DIMENSIONES DEL TIEMPO

En el símil borgiano del universo como biblioteca se esconde un concepto del continuo espacio-tiempo, a la manera de los explicados por Einstein en las Teorías Especial y General de la Relatividad, donde presenta la realidad como un sistema unificado e interconectado. De esta manera, en vez de considerar al tiempo como una serie de momentos omnipresentes, Einstein lo concebía interrelacionado con el espacio dentro de una matriz espacio-tiempo de cuatro dimensiones. Todo lo que para nosotros constituye el pasado, el presente y el futuro es un bloque homogéneo anterior a nuestro conocimiento del mismo. Sin embargo, con este modelo, un observador no puede disfrutar de la totalidad porque está atrapado por su propio cono de luz. De la misma manera, los personajes en La Biblioteca de Babel durante su vida apenas si pueden conocer una parte infinitesimal del vasto edificio geométrico.

El relato El jardín de senderos que se bifurcan es una enorme adivinanza, o parábola, cuyo tema es el tiempo: "...una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades. No existimos en la mayoría de esos tiempos; en algunos existe usted y no yo; en otros, yo, no usted; en otros, los dos. En éste, que un favorable azar me depara, usted ha llegado a mi casa; en otro, usted, al atravesar el jardín, me ha encontrado muerto; en otro, yo digo estas mismas palabras, pero soy un error, un fantasma"(F, pág. 114-115). En este relato Borges va más allá del concepto de tiempo como una cuarta dimensión y considera el tiempo como algo atrapado en el infinito. El protagonista del relato creía en infinitas series de tiempos, las cuales abarcan todas las posibilidades. Esto implica una red infinita de tiempos paralelos, en la que sus ramificaciones a veces se topan y otras no.

Bibliografía y notaciones utilizadas

Sus obras completas se encuentran publicadas en Alianza Editorial, y para este trabajo hemos utilizado:

(D) Discusión

(EA) El Aleph

(EH) El hacedor

(F) Ficciones

(HE) Historia de la eternidad

(LA) El libro de arena

(OI) Otras Inquisiciones

En Internet existe una colección de interesantes estudios sobre el autor auspiciados por la Universidad danesa de Aarhus:



Fuente : Monografias.com  - Revista Esfinge

Borges and Post-pop Populism




 
Beatriz Sarlo is a scholar of Latin American literature and culture and one of the most important Argentine literary and cultural critics of the last 40 years. Her Una’s Lecture examines populism in relation to Borges’ work, to the paintings of the distinguished artist Daniel Santoro, and to its most recent avatar, found in post-pop political populism.

Fuente : You Tube

The Porteño Urban Mythology of Jorge Luis Borges by Dr Faye Bendrups




Australian National Centre for Latin American Studies (ANCLAS - ANU)

2016 is the 30th anniversary of the death of J L Borges, arguably Argentina’s greatest writer and universally acclaimed as one of the most influential literary figures of the 20th century.

This public lecture will celebrate Borges’ passion for popular culture and everyday life; his intimate portraits of Buenos Aires neighbourhood streets, city outskirts, tango, truco, criollo culture and compadritos. Borges was endlessly fascinated with Buenos Aires and conjured up an urban landscape populated with colourful characters; pimps, hooligans and gangsters. He describes adobe walls and knives, gauchos, card games and resentment.

Through a unique personal vernacular and creation of evocative urban mythology, Borges shaped Buenos Aires and Buenos Aires shaped him. Lost in the “voluntary dream called artistic creation”, he understood how he could be both local and universal at the same time.

Faye Bendrups is an academic, composer and performance-maker. She has been a guest lecturer at the University of London, the University of Barcelona, and first Australian recipient of the Paul Sacher Stiftung Award at the University of Basel. She has written over 25 major theatre works including the verbatim operas Sindromtango: una ópera grotesca and Service Station: Straying the Australian Landscape. Her original works have been commissioned by the MTC, QTC, Playbox Theatre, Drama Project Trust, fortyfivedownstairs, and others.

Fuente : You Tube