lunes, 13 de marzo de 2023

1977 - Documento: Jairo & Jorge Luis Borges

 

El cantante Jairo y Jorge Luis Borges se reunieron en Canal 11 en 1977. Jairo cantó obras de  Borges.

 

En el programa J L Borges habla de Buenos Aires. Programa Siglo 20

 

Cuando Jairo Canta  Borges en un close UP mueve sus labios repitiendo la letra.

 

Fuente: You Tube

https://www.youtube.com/watch?v=acM1VdNkPVk

 

domingo, 5 de marzo de 2023

El "Falso problema de Ugolino" de Borges, el Gato de Schrödinger y los universos paralelos de Everett


En sus "Nueve ensayos dantescos", Borges dedica un capítulo a: "El falso problema de Ugolino".

 

Por Vicente Aboites

 

En sus "Nueve ensayos dantescos", Borges dedica un capítulo a: "El falso problema de Ugolino". En él analiza el famoso verso setenta y cinco del canto penúltimo del Infierno de Dante partiendo de la conjetura de que hay una confusión entre el arte y la realidad.

 

En este artículo primeramente recordaré en qué consiste la tragedia de Ugolino de Pisa, mostrando la conclusión de Borges de que se trata de un falso problema. Posteriormente señalaré que hay un paralelo entre la solución de Borges al problema de Ugolino y la paradoja del Gato de Schödinger. Finalmente, a partir de la teoría de los universos paralelos de Everett, se presenta una interpretación a la solución de Borges sobre el problema de Ugolino.

 

Primeramente, podemos complementar el dramatismo de la narración de Dante y de sus muchos comentadores, con la profunda impresión estética que produce la contemplación de la escultura, "Ugolino", realizada por Jean-Baptiste Carpeaux en la década de 1860, o también con la escultura, "Ugolino y sus hijos", realizada por Auguste Rodin veinte años más tarde, en la década de 1880. En estas obras se muestra a Ugolino della Gherardesca rodeado de sus hijos, algunos muertos, a punto de cometer canibalismo. En la escultura de Carpeaux se ve a Ugolino mordiendo sus dedos en desesperación rodeado por sus hijos exánimes, mientras que en la escultura de Rodin se exhibe a Ugolino de rodillas sobre los cuerpos de sus hijos muertos, su cara con la boca abierta mirando en desesperación habiendo perdido todo sentido de dignidad humana. Rodin transmite el sentido de humillación y la naturaleza salvaje de la historia de Ugolino. Solo una persona rústica e insensible no podría conmoverse ante el dramatismo de estas obras.

 

Ugolino fue encarcelado junto con sus hijos, por el arzobispo Ruggieri degli Ubaldini en la "Torre del hambre" en Pisa en 1289.  El arzobispo ordenó a sus soldados tirar las llaves de la prisión de Ugolino al río Arno para descartar cualquier posibilidad de que pudieran ser librados. Fueron sentenciados a morir de hambre. Tomado de Dante, Borges describe lo ocurrido en la celda donde Ugolino fue encerrado con sus hijos del modo siguiente: "Ugolino movido por el dolor se muerde las manos; los hijos creen que lo hace por hambre y le ofrecen su carne, que él engendró. Entre el quinto y el sexto día los ve, uno a uno, morir.  Después se queda ciego y habla con sus muertos y llora y los palpa en la sombra; después el hambre pudo más que el dolor".

 

Estas últimas palabras de Dante son las más importantes y la clave del problema, las repito; "después el hambre pudo más que el dolor". ¿Qué significan? Borges señala que algunos comentadores como Rambaldi de Imola, hace notar que; "el hambre rindió a quien tanto dolor no pudo vencer y matar", mientras que Francesco Torraca apunta que; "se ha fantaseado que Ugolino acabó por alimentarse de la carne de sus hijos, conjetura contraria a la naturaleza y a la historia" y considera inútil la controversia, por su parte Bianchi nota que: "Otros entienden que Ugolino comió la carne de sus hijos, interpretación improbable pero que no es lícito descartar".

 

Borges observa que: "El problema histórico de si Ugolino della Gherardesca, ejerció en los primeros días de febrero de 1289 el canibalismo es, evidentemente, insoluble". La respuesta que Borges propone se basa en distinguir el Ugolino del Infierno de Dante -el Ugolino que es una creación literaria- del Ugolino histórico. Por tanto, a la pregunta: ¿Quiso Dante que pensáramos que Ugolino comió la carne de sus hijos? Borges responde: "Dante no ha querido que lo pensemos, pero sí que lo sospechemos.  La incertidumbre es parte de su designio". Con magistral lucidez Borges declara: "Ugolino devora y no devora los amados cadáveres". Esto de modo parecido al gato de Schrödinger que simultáneamente se encuentra vivo y muerto.

 

Como sabemos, Erwin Schrödinger plantea un experimento mental que describe uno de los resultados más contraintuitivos de la mecánica cuántica. Este experimento consta de una caja cerrada y opaca que contiene un gato en su interior, una botella de gas venenoso y un dispositivo que puede emitir una partícula radiactiva con una probabilidad del 50% de desintegrarse en un tiempo dado, de manera que si la partícula se desintegra, el veneno se libera y el gato muere, en caso contrario el gato está vivo. A la pregunta de si el gato está vivo o muerto solo podemos responder diciendo que el gato está simultáneamente vivo y muerto. 

 

La descripción del sistema está dada por su función cuántica de onda la cual será el resultado de la superposición de los estados "vivo" y "muerto".  Por otra parte, resulta fascinante que en la interpretación de la mecánica cuántica de los universos paralelos, o muchos mundos, de Hugh Everett, el gato está vivo y muerto a la vez pero en ramas diferentes del universo: ambas son reales, pero incapaces de interactuar entre sí.

 

Realizando una inverosímil pero lúdica fantasía literaria, podemos ver que la afirmación de Borges en el sentido de que: "Ugolino devora y no devora los amados cadáveres", no es del todo irracional. En un universo Ugolino devoró a sus hijos y sigue en el infierno imaginado por Dante. En otro universo Ugolino falleció de hambre al lado de los cadáveres intactos de sus hijos. En ambos universos el arzobispo Ruggieri degli Ubaldini seguirá en el infierno hasta el fin de la eternidad.

 

Fuente: Am.com – México

https://www.am.com.mx/opinion/2020/9/26/el-falso-problema-de-ugolino-de-borges-el-gato-de-schrdinger-los-universos-paralelos-de-everett-413119.html

 

"Muchas de las ideas de Borges vienen de Macedonio"


 Daniel Attala. Escritor, docente e investigador santafesino radicado en Francia.

Crédito: Pablo Aguirre

 

Domingo 22.1.2023

Estanislao Giménez Corte

 

En noviembre último, Daniel Attala, profesor, investigador y escritor santafesino radicado en la localidad francesa de Locmiquélic, estuvo en Santa Fe, donde presentó el conversatorio titulado "Mil y un cabos sueltos en 'El Aleph' de Jorge Luis Borges", evento organizado por la Asociación de Docentes de la Universidad Nacional del Litoral y el Centro de Estudios Comparado de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la UNL. En la ocasión, que contó con muy buena asistencia de público -pese a coincidir en la fecha con uno de los partidos de Argentina en el Mundial-, Attala desarrolló una serie de tesis sobre la obra de Borges.

 

Daniel es profesor titular de la Universidad Bretagne Sud (Lorient, Francia); doctor en Humanidades por la Universidad Pompeu Fabra-Barcelona y doctor en Literatura Hispanoamericana por la Universidad Stendhal Grenoble. Ha trabajado largamente a propósito de las relaciones entre el autor de "Ficciones" y Macedonio Fernández. Publicó, entre otros libros: "Impensador Mucho. Ensayos sobre Macedonio Fernández", director (Buenos Aires, Ediciones Corregidor, 2007); "Macedonio Fernández, lector del Quijote", con referencia constante a Jorge Luis Borges (Buenos Aires, Paradiso, 2010); "Macedonio Fernández, précurseur de Borges" (Presses Universitaires de Rennes, Rennes, 2014). Nos encontramos en un café céntrico una mañana calurosa de diciembre a compartir un café. Ésta es una síntesis de esa conversación.

 

- Creo que puede decirse que en tu caso se advierte la existencia de dos "viajes", uno mental o espiritual y el otro físico. El primero sería el que va de la Filosofía -primera carrera en la que Attala se graduó- a la Literatura; el segundo es el que se da desde la Argentina a Francia. ¿Cómo es ese pasaje desde la filosofía a Macedonio, que es considerado por muchos como un pensador? Y, por otro lado, qué nos podés contar de tu "viaje" profesional a Europa.

 

- Antes de Filosofía, hice también cuatro años de Derecho en la UNL. En esa época (1982), todavía se hacían test vocacionales. Me gustaba leer. Durante un tiempo pensé en estudiar una carrera llamada Orientalismo, que descubrí en un libro de carreras. Como tengo ascendencia libanesa, la cosa oriental siempre me atrapó. Pero el test resultó que tenía que estudiar… Derecho.

 

- Recién dijiste "me gustaba leer". Tenés registro sobre la primera vez que tuviste consciencia de esa preferencia. O de dónde viene eso…

 

- En parte viene de la familia. En Gálvez, mi papá había sido alumno de Amelia Biagioni y se sabía muchas poesías de memoria, que nos recitaba. Él y mi mamá leían mucho, aunque no siempre cosas buenas. Pero en mi casa había libros. En torno a los 16 o 17, recuerdo que me encantaba leer Historia. Mi primera pasión fue con motivo de la guerra de Malvinas y de hecho, sobre ese tema hice mi primera publicación. Mi papá leía una revista horrible, Nueva Visión, de Mariano Grondona, y me acuerdo que mandé una carta y que la publicaron, a propósito del conflicto. Estando en Derecho me apasioné por la Filosofía y entonces me inscribí en la Católica, donde hice una licenciatura. Pero acá siempre estudié filosofía europea: Descartes, Frege, Foucault, Wittgenstein. Te lo digo en respuesta a tu pregunta. Entré en el Conicet para estudiar a Hegel y finalmente hice una tesis sobre este filósofo alemán, en Barcelona, con Eugenio Trías. Pero ya en ese momento, el hecho de estar en Europa me hizo tomar consciencia de la alienación cultural que me aquejaba, por así decir.

 

- ¿Cómo se da tu viaje a Europa, de qué manera?

 

- Hacía tiempo que pensaba en ir. Mi compañera santafesina se fue becada a España y la seguí. Y después nos fuimos quedando. Fue ahí también que empecé a escribir literatura. Me di cuenta de que la filosofía no me servía para expresar mis inquietudes del momento y de hecho publiqué dos libros de cuentos en Beatriz Viterbo. El primero vuelve sobre recuerdos de infancia y adolescencia, cosas escondidas que en ese momento me pareció tener que expresar. El segundo es una especie de parodia de la alienación cultural, de la necesidad constante de apoyarse en una bibliografía que tienen los literatos y los filósofos y del exceso de erudición… muchas veces de segunda mano.

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- Cuando te referís a la cuestión de la alienación cultural, a ver si te interpreto adecuadamente: un amigo mío decía que en ciertos ámbitos lo que se hace en la Filosofía es escribir notas a pie sobre la figura de algún autor de renombre europeo (ejemplo Foucault) ad infinitum. ¿Dedicás toda la vida a eso y no podés salir de ahí?

 

- En Argentina era más o menos así. Dejé de pretender escribir filosofía y empecé a hacer otra cosa. Escribí también una novela, una narración épica, también paródica, de la fundación de un pueblo parecido al mío, Gálvez, que al final no publiqué. Se llama "El promontorio". En Francia, terminada mi tesis sobre Hegel, tuve que reconvertirme al hispanismo, en parte por razones laborales. Y entonces empecé a estudiar a Macedonio Fernández, lo que es decir también a Borges. Publiqué tres libros sobre Macedonio, dos en castellano y el otro, capaz el más importante, por el momento únicamente en francés. Estudié su pensamiento más que su obra literaria. Creo que fue la primera vez que alguien lo estudió con el mismo rigor y seriedad con que suelen estudiarse los autores europeos. En eso sigo a Borges, el único -en mi opinión- que entendió a Macedonio, el predominio que tiene en él la emoción por sobre la consciencia representativa, como en Schopenhauer.

 

- A mí me pasó, como lector, esta dificultad o complejidad en la lectura de Macedonio. ¿Qué opinás al respecto? ¿Te parece que es un autor muy difícil de leer o es un error de apreciación?

 

- Como todos los grandes autores de la historia de la literatura y del pensamiento, Macedonio exige cierto estudio. De hecho, ayer unos amigos de Santa Fe me contaban de sus reuniones para estudiar el "Ulises" de Joyce. El colonialismo cultural que yo veo en el terreno del pensamiento y de la crítica en Argentina está, no desde luego en estudiar a Joyce sino en que no se haga lo mismo con autores como Macedonio. Y que siempre se esté leyendo la literatura desde la óptica de los críticos y filósofos europeos o norteamericanos. Yo intento leer a Macedonio desde Macedonio. Y lo mismo a Borges. Fijate: ninguno de los dos está siquiera bien editado todavía. Borges ya sabemos por qué. En cambio lo de Macedonio es inexplicable, porque los manuscritos, por suerte, están en Argentina. Pero, salvo algunas excepciones, siguen sin ediciones críticas.

 

- ¿Cómo podríamos sintetizar tu tesis sobre El Aleph?

 

- Es un trabajo de largo aliento. Ya escribí sobre "Tlön", sobre los usos de la Biblia en Borges, y de las "Mil y una noches". En cuanto a "El Aleph", el error fue para mí leer este cuento a partir de la idea que el propio Daneri propone del Aleph, entendido por lo general en clave matemática o cabalística, por ejemplo. Se ignora que Borges al principio llama al punto mágico del sótano "mihrab", no "aleph". El mihrab es una especie de hornacina ante la que se coloca el imam en las mezquitas y que está orientada hacia La Meca. Yo presto atención a lo que el narrador dice al final: el Aleph de Daneri es un falso Aleph. Tampoco me parece acertado pensar que Daneri es únicamente una alegoría de Dante Alighieri y Beatriz Viterbo una alegoría de Beatrice Portinari. Beatriz Viterbo tiene un segundo nombre que casi nadie explica, Helena, que representa, en la tradición, exactamente lo contario de la Beatriz de Dante.

 

- Y después están todos los significados intelectuales que se le han encontrado al Aleph.

 

- Claro, y creo que también es un error. Hay una especie de "inflación intelectualista" entre los estudiosos de su obra. Se lo toma como un autor de ideas, de conceptos, y hasta se le atribuye un "método". No se le cree cuando dice que él no es un filósofo, que no sabe ni puede pensar con conceptos sino con imágenes. Tampoco se le toma muy en serio cuando dice que lo que a él le gusta sobre todo es Stevenson, Kipling, Chesterton o las "Mil y una noches". Se lo sigue interpretando en términos de matemáticas y filosofías trascendentales. Una de las mejores críticas de Borges es, para mí, Estela Canto. En 1949 publicó en Sur una crítica de "El Aleph" en la que dice que Borges no es un escritor frío, intelectual, como andaba diciendo Sábato. Porque Borges, según ella, iba a la emoción. Lo califica incluso de autor popular, creador de leyendas e impregnado de cultura popular. Pienso que Estela Canto tenía razón y que hay que volver a leer a Borges en esa dirección. Pero hoy la crítica parece resignada a ocuparse de sus manuscritos, como si Borges ya no tuviera nada que decir, o como si ya lo hubiéramos entendido. Se fijan en la manera como escribía, en el papel, la tinta, la letra, el método… o la tos, como diría Tita Merello. Creo que a mi libro sobre Borges lo voy a llamar "El anti-método Borges". Pocos escritores están más lejos de Descartes.

 

Fuente: El Litoral

https://www.ellitoral.com/opinion/borges-ideas-macedonio-entrevista-daniel-attala-el-aleph_0_3F4aQL0Wpo.html

 

sábado, 18 de febrero de 2023

Borges sobre James Joyce: admiración y perplejidad

 

James Joyce ya había publicado en 1914 su único volumen de cuentos, titulado ‘Dublineses’, y dos años más tarde su novela de aprendizaje: ‘Retrato del artista adolescente’.

Pero la vasta ‘Ulises’, que dio a conocer como libro en 1922, es la obra del irlandés que llenó de admiración a Jorge Luis Borges, quien luego mostró su perplejidad ante ‘Finnegans Wake’.

Esta es la historia del vínculo literario entre el argentino y la obra del irlandés, que a lo largo de la vida de Borges tuvo numerosos episodios.

Fuente: You Tube

https://www.youtube.com/watch?v=ThRdqQTDovE

Borges, metafísico


13 de febrero de 2023

 

Antonio Boggiano

 

Oírlo trascender la realidad del ser; sus ficciones, colores, cuentos, laberintos y la poesía. La filosofía de Schopenhauer, que tenía por mayor que ninguna. También debería verse a Borges desde Schopenhauer. Porque sus cuentos, ficciones, sueños y laberintos parecen vinculados a la verdadera cosa en sí, la verdad última y razón suficiente; la voluntad en Schopenhauer y en Borges, unión irreductible del ser y la representación como imagen del mundo, de las tantas patrias de Borges que atisbaban la única patria de un después ignorado y perseguido. La pluralidad de las apariencias hasta aquella misteriosa unidad imaginada tan sólo poéticamente, como las ideas de Platón que Borges oía en diálogo con Sócrates. Una eternidad en el continuo devenir de Heráclito, a quien Borges nombraba con admiración. Hoy no soy el Borges de ayer, repetía como oración filosófica.

 

Cuántas horas de reflexión iban desde Heráclito y Platón hasta Schopenhauer, traducidas, si se puede usar esta palabra, a su literatura siempre en busca de un sentido estético y, al fin, metafísico. Borges, al contemplar las ideas de Platón, iba curándose de a poco del rigor de la voluntad, en su persecución insatisfecha y renegada de lo perdurable. La voluntad de su Schopenhauer, fuente de todo el mal doliente, al querer vivir, solo apaciguado por el sueño, el cuento, el laberinto. Y cuánta filosofía más inspiraría a Borges en sus infinitas lecturas y lecciones que apenas leemos y oímos.

 

Sí, el metafísico Borges, máximo filósofo argentino tal vez, sacaba conocimientos ocultos de aquellas lecturas cuyo sólo recuento se nos haría imposible. Con sus letras nos comunicaba el ser. En su dolor de vivir hallaba su propia curación, en la aventura de atrapar las ideas con geniales letras. Como un místico sin Dios. Llega el arte a la contemplación, cuya misteriosa realidad podía acaso endiosar con estilo pagano. El arte revela las ideas eternas que Borges vio de tantas formas con las que nos colmó de riquezas, posiblemente aun ocultas a los más sabios.

 

Ese ir y venir de Spinoza a Schopenhauer unió la realidad divina de Spinoza al mundo como voluntad de Schopenhauer, que dio a nuestro Borges el sentido irrenunciable por el bien moral, que siempre quiso realizar en su propia vida y obra. He aquí otro rasgo existencial de la unión de su vitae et operum. Del Sócrates platónico al río de Heráclito, vio el bien escondido de Spinoza y la poderosa voluntad de Schopenhauer. Admiraba a San Agustín más que a Santo Tomás. Nadie como Borges hizo dialogar a cuchilleros con Platón. ¿Quién se pregunta hoy dónde quedó perdido el Nobel de Borges? El Nobel que lo privó del oropel le reservó la gloria.

 

Parecería que el desmayo nos lleva a una extraña patria que no hemos de habitar jamás, cuando de un solo golpe nos parece que él, Borges, nos abriera un camino que no transitaremos, y nos parece que él ya había alcanzado esa cima sobrehumana en la que habitan todos sus escritores vecinos, a los que se acercaba con devoción ante sus dioses, o a quienes jerarquizaba en lugares diferentes, sin miramiento alguno, con naturalidad y con aquella inocencia del niño en la biblioteca de su padre.

 

Me gusta recordar los diálogos de Borges con el hombre culto. Me parecía asistir a sus diálogos con Platón. Se les veía el alma. El locuente ha de tener en cuenta el carácter, la disposición y el estado del oyente. Mucho dependerá de su relación con el que habla. Este debe presentar su estado anímico. Y oír atado por su atención. El discurso será idóneo cuando pueda remover pasiones y creencias del que oye. Esta remoción puede ser suave y persuasiva o brusca, llevando el argumento hasta cierto límite, devolviéndolo rápidamente al “nuevo orden”. He aquí la catarsis verbal aristotélica que algunos, no todos, padecen por Borges.

 

Los griegos vieron el buen orden del alma vinculado a la curación de las enfermedades. Aquella haría óptima la intervención médica. Del discurso a la curación. Falta aún una palabra de cautela. Sería ilusorio pretender que sabios discursos pudieran convertir a “hombres malvados”. También Aristóteles en su Ética a Nicómaco, advierte que los discursos no pueden traer a lo bueno y lo bello. Sería necesaria la ley coactiva. Muchos son los que no cumplen la regla moral. Por ello es ineludible la ley justa con “fuerza coactiva y a la vez un discurso que procede del entendimiento práctico y de la mente” (1180, a 22-23). La belleza del discurso y la coacción de la ley moral, que Borges seguía como prosa cotidiana. Como un beato laico.

 

Expresidente de la Corte Suprema

 

Fuente: La Nación

https://www.lanacion.com.ar/opinion/borges-metafisico-nid13022023/

Elena Lentini's Jorge Luis Borges ... "There are more things"

Elena Lentini

 

Elena Lentini, choreographer/performer

Music: "The Philosopher's Hand" by Terry Riley

Presented at 16th Annual Rakkasah East 2015

 

Fuente: You Tube

https://www.youtube.com/watch?v=duo0BrEfjTQ

Los pasos perdidos de Borges en Mar del Plata: cómo fueron sus clases de 1966


Todos los lunes, el ya célebre escritor venía a la ciudad a dictar Historia de la Literatura Inglesa y Norteamericana a apenas ocho estudiantes, quienes terminaron siendo la primera promoción de graduados de Letras de la Universidad Católica. Los recuerdos de dos alumnas y el estudio de la investigadora marplatense Mariela Blanco para reconstruir al Borges profesor.

   

Por Dante Galdona y Rocío Ibarlucía

 

Entraba al aula, colmada de gente, se sentaba, colocaba sobre el escritorio nada más que un reloj enorme de bolsillo, de esos antiguos, y empezaba a hablar durante tres horas, de memoria, sin libros ni fichas. Recitaba poemas en inglés antiguo, los volvía a recitar en inglés moderno y los traducía al español en el momento. Cada tanto, levantaba su reloj y se lo apoyaba en el único ojo del que veía algo para calcular el tiempo. Hablaba muy bajito y lento, con una voz algo monótona y un ritmo cortado, como la respiración, pero después continuaba. Nadie se animaba a hacer ruidos, comentarios o preguntas.

 

Así describen a Jorge Luis Borges sus alumnas de las clases de literatura inglesa y norteamericana dadas por el escritor entre abril y septiembre de 1966 en la Universidad Católica de Mar del Plata, entonces ubicada en el Instituto Santa Cecilia. Apenas ocho estudiantes, de los cuales eran siete mujeres y un varón, tuvieron el privilegio de tener a Borges de profesor, todos los lunes durante seis meses. Dos de ellas, Beatriz Inchausti y Marta Villarino, quienes fueron docentes de la carrera de Letras de la UNMdP hasta hace poco tiempo, recuerdan en charla con LA CAPITAL sus experiencias de ese curso que Borges dio ya siendo una figura reconocida a nivel nacional e internacional.

 

Pocos alumnos, muchos oyentes

 

“Las clases de Borges eran más bien conferencias. Éramos muy poquitos quienes estábamos cursando la materia, pero el aula se llenaba de alumnos y docentes, especialistas en lengua y literatura inglesa, de Mar del Plata y de la zona, era impresionante. Nosotras odiábamos eso porque queríamos tener un contacto más humano, pero no podíamos hacer nada. Hasta una vez aparecieron Silvina Ocampo y Bioy Casares a escucharlo”, cuenta Beatriz Inchausti.

 

Borges, que tenía entre 66 y 67 años, se alojaba en un hotel por una noche porque al día siguiente debía estar de regreso en Buenos Aires. Venía en tren, solo, toda una proeza ya que desde 1955 era ciego, aunque algo de visión en el ojo izquierdo le quedaba, lo que le permitía leer la tapa de un libro o consultar la hora. En Mar del Plata lo esperaba un viejo amigo de la vanguardia llamado Homero Guglielmi, “su lazarillo”, un intelectual que fue profesor en la UBA antes de 1955 y que, seguramente por adscribir al peronismo, tuvo que irse de la academia y recomenzar su vida en Mar del Plata, donde publicaba en el diario LA CAPITAL.

La investigadora marplatense Mariela Blanco realiza un minucioso trabajo para reconstruir las clases de Borges en Mar del Plata.

 

La investigadora marplatense Mariela Blanco realiza un minucioso trabajo para reconstruir las clases de Borges en Mar del Plata.

 

Recién este año, gracias a los estudios de la investigadora marplatense Mariela Blanco, podremos acceder a sus clases de la UCA, cuyas transcripciones serán publicadas en el transcurso del 2023 en un libro editado por la Biblioteca Nacional. Este trabajo nace en el marco de un proyecto sobre las conferencias de Borges que la doctora en Letras, docente de la UNMdP e investigadora de Conicet viene desarrollando formalmente desde 2015, en conjunto con la Biblioteca Nacional, el Borges Center de la Universidad de Pittsburgh y su grupo de estudios “Escritura e invención” que dirige en el Inhus.

 

La producción oral de Borges

 

“Las primeras conversaciones se dieron en 2012 con dos colegas de la Biblioteca Nacional, que son Laura Rosato y Germán Álvarez, que habían hecho la enorme tarea de encontrar, buceando en las estanterías de la biblioteca, y luego recopilar los libros que Borges había leído. Y también encontraron, para su sorpresa, que había dejado anotadas 20 conferencias que había dado entre 1949 y 1955. Como para ver la envergadura que fue cobrando el trabajo, que tuvo que volverse grupal e interinstitucional, hoy en día ya estamos en alrededor de 300 conferencias, es decir, partimos de 20 y llegamos a eso, solamente contando las que dio hasta 1955”, explica a LA CAPITAL Mariela Blanco sobre los orígenes de sus estudios acerca de la producción oral de Borges.

 

Seguramente por problemas de salud vinculados con la ceguera, Borges no pudo terminar las pocas clases que le quedaban en la Católica. Recuerda Beatriz Inchausti: “Prácticamente terminó el curso, le quedarían dos o tres clases, pero no tomó los exámenes, no le gustaba. A nosotras nos hubiera encantado rendir con él. Dicen que jamás desaprobó a un alumno, supongo que nadie se presentaría sin haber estudiado”.

 

Por eso, de literatura norteamericana llegó a hablar solamente de Nathaniel Hawthorne y de Edgar Allan Poe. “Este dato -agrega la investigadora- nos permite otra constatación que es que estas clases son la continuación de lo que fueron las conferencias. Porque él en 1949 dio una conferencia sobre Hawthorne, que fue la primera dada en el Colegio Libre de Estudios Superiores, después la publicó en ‘Otras inquisiciones’ y en el ’66 la trasladó a un ámbito universitario más formal. Borges a veces convertía las conferencias y las clases en ensayos, por eso nuestro error inicial fue pensar que iba de la escritura a la oralidad, cuando a veces era al revés. Creo que es más interesante ir de la oralidad a la escritura, como en este caso”.

 

Los rastros de sus clases

 

Cada uno de los ocho estudiantes transcribió las grabaciones de sus clases, sobre las cuales Inchausti comenta: “Nosotros grabábamos con cinta y después cada uno tenía la responsabilidad de escribir a máquina toda la clase que se había dado. Era una tarea ardua porque como recitaba mucho en inglés, teníamos que buscar los poemas para no cometer errores”. “Las grabaciones no quedaron y eso tiene que ver con lo que se dice en el libro ‘Borges profesor’ (de Martín Arias y Martín Hadis), que es que si tenías una cinta, la regrababas para otras clases. Además, si bien en 1966 Borges era famoso, no era la figura mediática que explotaría en los ’80. Por eso, es interesante pensar qué era ir a escuchar a Borges en el ’45, qué quiere decir escuchar a Borges en el ’66 y qué quiere decir en el ’86”, aclara Mariela Blanco.

 

En ese grupo de alumnas estaba Graciela Mazzanti, la madre de Mariela Blanco, quien además se desempeñó como correctora de este medio hasta su jubilación. “Para mí, esta investigación tiene una carga emotiva súper fuerte por eso. Crecí escuchando a mi mamá hablando de las clases de Borges, pero como esas cosas que están ahí, como el camello en el Corán, nunca había pensado nada particular para hacer con ese dato, hasta que vino Germán Álvarez una vez y me dijo ‘cómo no buscás las clases de Borges en Mar de Plata’”, comparte, emocionada, la investigadora.

 

Así empezó la búsqueda de los rastros que quedaron de su curso en Mar del Plata. Lo primero que hizo fue ir a la biblioteca de la Universidad Católica, que aunque ya no existe se conserva su archivo. Sin embargo, no tuvo suerte: no quedaron registros y hasta le dijeron que Borges nunca había estado en la Católica. A pesar de esta decepción, su segundo paso fue ponerse en contacto con las excompañeras de su mamá, que habían sido profesoras de ella en la UNMdP o a quienes conocía desde muy chica. Una de ellas, Celia Pérez Mathiasen, tenía las transcripciones de las clases conservadas de forma muy meticulosa.

 

    Blanco pudo recuperar que Borges tenía “una retórica mucho menos trabada en relación con las primeras conferencias. Acá encontramos una explotación de la oralidad muy linda. Usa muchos coloquialismos, apela a la repetición, que me hace acordar a estos temas que tanto le gustaban de las ‘kenningar’. Tiene una hiperconciencia de la oralidad, porque ya también la ha estudiado en las literaturas anglosajonas que le interesaban”.

 

Borges profesor

 

“Como yo también soy docente, lo primero que me pregunté es cómo preparaba sus clases Borges. Y las preparaba como un lector crítico, como un lector-escritor preocupado por sus obsesiones. Es decir, él tiene varios ensayos dedicados a cómo crear realismo, cómo crear verosimilitud y habla de los detalles circunstanciales, por ejemplo, en ‘El arte narrativo y la magia’. Él para sus clases también buscaba en cada texto esos mismos detalles y los exponía. Entonces, se ven esas conexiones entre el Borges lector, el Borges escritor que crea una teoría de la ficción y que también la aplica en su modo de leer y compartir lecturas con los estudiantes. Esto marca que no es tan escindible el Borges conferencista del Borges profesor o del Borges que crea ficciones. Él estaba en una búsqueda y era una sola”, dice Mariela Blanco para explicar la red de conexiones entre oralidad, escritura y lectura.

 

“De hecho, en 1966 dio simultáneamente las clases en Mar del Plata y en la UBA (donde enseñó entre 1956 y 1966) y en ese mismo año publicó ‘Introducción a la literatura inglesa’, que es más semejante a las clases de Mar del Plata que a las de Buenos Aires”, advierte y agrega: “Entonces, cuando uno dice cómo pudo hacer tanto, al pensarlo como un escritor que está trabajando siempre en un mismo proyecto, entiende cómo fue posible. Y eso es lo interesante ahora de poner a dialogar todos los materiales en simultáneo o, mejor, primero juntar las piezas y ahora empezar a armarlo”.

 

Por otro lado, también Borges dejó escritas las estructuras de algunas de sus clases: “Como sabía que se iba a quedar ciego -resalta Blanco-, lo que él hacía muy detalladamente antes de 1955 era dejar la estructura de las clases que después repetiría y también las fuentes que consultaba. Con lo cual ahora se puede reconstruir la biblioteca de Borges, sin especular, desterrando ese mito falso de la crítica de las citas apócrifas, lo que abre un nuevo campo de estudios que obviamente nos excede y que va a llevar años y años”.

 

    “Borges empezó a escribir a los 7 años y ya lo hacía bien, tradujo, escribió cuentos, ya era el Maradona de la escritura. Pero en la oralidad no pasó lo mismo. Pensemos: Borges empieza a dar conferencias a los 46, 47 años. Tenía miedo a hablar en público, hasta cierta tartamudez, por lo que hace psicoanálisis para vencer el miedo. Pero él se puede desarrollar como orador, lo que le permite hacer otras cosas que antes no hacía, como ser conferencista y, después, convertirse en el Borges profesor”, agrega Blanco.

 

El desafío de hablar en público

 

El camino que Borges emprende como orador comienza en 1946, cuando renuncia a su cargo en la Biblioteca Municipal Miguel Cané a causa de su oposición a la presidencia de Juan Domingo Perón y, por necesidades económicas, se ve obligado a enfrentar los desafíos de un nuevo trabajo, que es hablar en público.

 

En sus primeras conferencias, las dadas antes de 1955, el grupo de investigación “Escritura e invención” confirmó que Borges de manera alegórica exponía su oposición al peronismo. En este caso, en 1966 también hay un diálogo con el contexto político, aunque de una forma muy diferente, como aclara Blanco: “Pasamos de tener un intelectual polemista con el régimen peronista a ser el intelectual orgánico después de la ‘Revolución Libertadora’, del nombramiento en el ’55 como director de la Biblioteca Nacional. Entonces, en el ’66 ya tenemos a un señor que es una institución, así que obviamente su lugar era muy distinto y tampoco olvidemos la proyección internacional. Cambia mucho la dinámica del ’60 en adelante, cuando dará clases en universidades de Estados Unidos, acá y en la UBA. Y empieza a tener premios hasta que renuncia a la Biblioteca Nacional y ese es otro gesto evidentemente político. Yo creo que la política nunca está desvinculada de cada cosa que Borges hace, pero obviamente no la lleva con ese grado de lo contestatario que tenía con el peronismo”.

 

Además de las clases de Mar del Plata que van a salir en formato libro, el resto de las conferencias estarán disponibles en centroborges.bn.gob.ar (Centro Borges de la Biblioteca Nacional) y en borges.pitt.edu (Universidad de Pittsburgh). Actualmente, ya pueden consultarse en ambos sitios las conferencias relevadas hasta 1955.

 

También, desde los proyectos de investigación dirigidos por Mariela Blanco, lanzaron el año pasado un casting destinado a oyentes de las charlas de Borges, trabajo que se podrá ver en un documental realizado en conjunto con la Biblioteca Nacional.

 

“Yo me escapaba de otra clase para escucharlo”

 

Entre los asistentes a las clases de Borges en la Universidad Católica, estaba Marta Villarino, una alumna de otra promoción que prefirió escaparse del curso de literatura italiana para escuchar al autor de “Ficciones”. En entrevista con LA CAPITAL, recuerda qué temas desarrolló, cómo era su voz y cuánto impactó en su experiencia docente.

 

-¿Cómo fue su experiencia como alumna de Borges?

 

-Se supo a principios de la cursada que Borges había sido contratado para dictar literatura inglesa. En el horario en que daba clases Borges, yo cursaba literatura italiana, procuraba que no me viera el profesor y me escapaba. El curso estaba atiborrado. Se publicitó en toda Mar del Plata y la zona y además corría de boca en boca porque fue en un momento en que Borges tenía una difusión internacional muy importante, estaba consiguiendo premios, publicaba mucho, llamaba la atención. Fue realmente una experiencia rarísima porque yo no era su alumna, iba como oyente, con muchísima curiosidad para escuchar de qué hablaba. Algunos grababan con el Geloso (antiguo grabador de cinta), ponía el micrófono y aparecían otros que se iban colgando a la red y era una maraña de cables, y el pobre hombre tenía siete u ocho micrófonos delante.

 

-¿Quién hizo los arreglos para que venga?

 

-Lo llevó el rector de ese momento que era el doctor García Santillán y que habían sido amigos desde la juventud, iban a ver teatro juntos, a reuniones literarias. García Santillán creo que era mayor, era un maestro, una delicia de persona. La primera vez lo presentó como su amigo poeta y lo dejó. Me dio una impresión muy extraña porque se lo veía muy frágil, con bastón, muy elegante, muy bien peinado como las típicas fotos con el pelo hacia atrás. Nos saludó y dijo: “Yo no los veo pero sé que están ahí”.

 

-¿Qué recordás de las temáticas de esas clases?

 

-Era desde el primer libro de la literatura inglesa que es el “Beowulf”, el poema épico, hasta escritores contemporáneos de principios del siglo XX. Siempre contaba un poco la biografía pero sobre todo la obra. Era un maestro enseñando porque realmente a uno le despertaba la curiosidad por saber quién era esa persona, qué había escrito, por qué lo mencionaba Borges. Porque si lo mencionaba era por algo particular, o era una imagen, a veces las palabras, el uso del lenguaje, el ritmo. Y su ritmo era un poco extraño, como vemos en los videos que hay, un poco anhelante y siempre esperando respuesta.

 

-¿Le ayudaron las clases de Borges para su profesión?

 

-Yo no seguí literatura inglesa, me dediqué a literatura española. Dicté clases veinticuatro años en la ENET Nº1. Imaginate ir a un curso de electromecánica, de química o de electrónica a dar dos horas semanales de literatura. ¿Cómo incentivarlos en la lectura? ¿Cómo hacerles disfrutar? Cuando empecé un curso, un alumno empezó con que él quería ser mecánico, que para qué servía la literatura, decía cosas como “seguro nos va a hacer leer a Borges” y yo “sí, claro” y él “que ese viejo…” y yo “momentito, que fue mi profesor”. Ahí empezaba la curiosidad y les contaba la historia.

Un año particularmente complicado, porque daba clases los viernes en la última hora, llevé bolsas con todos los libros de cuentos que había en mi casa. La consigna era que lean, que eligieran lo que quieran. Había desde los cuentos más simples hasta toda la obra de Borges. “¿Quién se anima?” Y el chico que menos esperaba, que era el que más le costaba, me dice “profe, deme algo de Borges, pero algo liviano porque ya sabe cómo soy yo que mucho no entiendo”. Le di algo para empezar, estuvo todo el viernes leyendo, llega el miércoles y otra vez las bolsas con los libros. “¿Qué nos va a pedir?”. “Ustedes lean. Lo mismo o elijan otra cosa”. Y el alumno me pide el mismo libro. Y ahí empezó con los compañeros: “Mirá, tenés que leer esto”. Un lector que se apasionó por Borges, entendiéndolo seguramente a medias, pero no me importaba porque después multiplicaba las lecturas.

 

Eso para mí fue muchísimo, al punto que un año, no me acuerdo si fue ese grupo u otro, me piden que los acompañe a la Feria del Libro. En un momento, aparecen dos chicos corriendo, desbocados y me llevaron corriendo a la salida: venía Borges caminando del brazo de una señora que yo no conocía. Yo lo miraba pasar como un dios, viendo un prócer, un mito. Uno de los chicos me pide que le hable y como yo no quería, me empujaron. Quedé en frente de Borges, así que le tuve que hablar: “Profesor, ¿cómo está? Yo asistía a sus clases de literatura en la Universidad de Mar del Plata”. Me dijo: “Los recuerdo con tanto afecto”. Era una persona normal, eso es lo que veían los chicos también, que no era un bronce. También me dijo que ese día firmaba ejemplares y me preguntó por el rector y no me animé a decirle que ya había muerto. Cuando vamos a la Feria, estaba firmando libros Borges solo. Yo había comprado el libro que escribió con Sábato (“Diálogos”). Le pasé el libro y él con la mano aplanó la hoja y dibujó una firma, era un gesto que siempre hacía. Eso para mí fue histórico.

 

Fuente: La Capital – Mar del Plata

https://www.lacapitalmdp.com/los-pasos-perdidos-de-borges-en-mar-del-plata-como-fueron-sus-clases-de-1966/