domingo, 14 de noviembre de 2010

Borges en La Noche de los Museos - Buenos Aires 2010

Museo Borges
Atlas Borges -Presentado en el exterior del Museo













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Centro Cultural General San Martín

Fábulas biocybridas, criaturas fantásticas de Borges.
LART - Laboratorio de Investigación en Arte y Ciencia.
Universidad de Brasilia, Brasil.









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Museo Xul Solar


Borges y Xul.
A partir de documentos, fotografías,libros, revistas y catálogos pertenecientes al archivo documental del artista se reconstruyen los lazos de amistad y de colaboración creativa entre Jorge Luis Borges y Xul Solar














sábado, 13 de noviembre de 2010

Reportaje a Jorge Luis Borges - 1968


-¿ Cuál cree usted que sin las características del hombre contemporáneo? –
- Metafísicamente podría contestar diciendo que todo hombre es contemporáneo; nadie vive en el pasado o en el porvenir; pero si nos referimos al hombre de este siglo XX, creo que hay una diferencia esencial entre este hombre y el de otras épocas. Esa diferencia esencial radica en el hecho de que en otras épocas el hombre se enfrentaba con diversas dificultades, con diversos problemas y eso se resolvía como podía. Pero ahora, el periodismo y la literatura se han encargado de recordar al hombre cuál es su posición en la historia, es decir, ahora debemos resolver nuestros problemas de un modo más consciente, lo cual puede no ser favorable.
Desde luego, la historia ha acontecido siempre, la historia es todo lo que acontece, pero ahora por obra del periodismo tenemos continuamente noticias del curso de los hechos y eso influye en nosotros, ahora se inicia lo que se llama, un poco ambiciosamente, la conquista del espacio y a la gente se le recuerda eso todos los días. En cambio, a juzgar por la literatura de fines del siglo XV, el descubrimiento de América ocurrió, pero la gente no estaba pensando en eso, por ejemplo, uno puede leer, limitándonos a España la obra de
Cervantes y casi no hay conciencia del descubrimiento de América. Estaban más interesados en las guerras de Flandes.
Además hay un fenómeno bastante curioso, en el cual he estado pensando estos días. El fenómeno curioso sería que, en general, todo contemporáneo, tiene un conocimiento erróneo pero minucioso de lo que está ocurriendo en el mundo y al mismo tiempo suele ser bastante ignorante de la historia pasada, de modo que todos somos expertos en la Guerra de Vietnam por ejemplo y ya hemos olvidado la Segunda Guerra Mundial y sabemos muy poco de la guerra de Secesión y muy poco de la guerra de la Independencia, que acaba reducida a unos cuantos aniversarios y a unos cuantos mármoles y posiblemente no sepamos absolutamente nada de las Cruzadas, las Guerras Púnicas o de las guerras de los Griegos con los Persas.
- ¿Ese sería un índice – según lo que usted dice – de una mayor comunicación entre hombres? –
- De información, pero no de comunicación. Todos estamos muy interesados y somos muy conocedores del presente contemporáneo; pero al mismo tiempo tendemos a olvidar el pasado y ese mismo conocimiento del historia contemporánea, es efímero; porque a cada diario lo tapa el del día siguiente; es decir cada texto borra el texto anterior. Es muy posible que lo que sepamos hoy ya lo hayamos olvidado dentro de unos meses o dentro de unos días.
Vivimos en un mundo abarrotado de noticias, pero las leemos para el olvido. En ese sentido el periodismo hace mal porque nos obliga a u conocimiento minuciosos de la historia contemporánea y al mismo tiempo ese conocimiento queda anulado o corregido por lo que leemos al día siguiente o por lo que leemos a la tarde.
- ¿Qué papel desempeña para usted la angustia en nuestra vida? –
- Ustedes acaso me juzguen un hombre anticuado, pero lo que verdaderamente me diferencia de mis contemporáneos es el hecho de que no soy un profesional de la angustia. Me he sentido angustiado muchas veces pero no la cultivo. Creo que en ese sentido el psicoanálisis ha hecho mal, porque casi nos obliga a vivir en un estado de angustia. Yo conozco el caso de una chica que estudió anglosajón conmigo. Sus amigas le preguntaron a quien detestaba más; si a su padre o a su madre. Ella contestó que no detestbaa a ninguno de los dos. Le preguntaron si no dormía bien. Dijo que sí, dormía perfectamente. Si de pronto no se sentía angustiada, dijo que no. Le revelaron que era un ser anormal y que debía someterse al psicoanálisis porque no era natural que ella tuviera todo eso adentro y no se diera cuenta. Guay del hombre que se casara con ella, porque iba a descubrir que era marido de un sepulcro blanqueado, hermosura por fuera y corrupción por dentro.
Me he sentido angustiado muchas veces, pero he tratado de sobreponerme. Recuerdo una frase de Remy De Gourment que dijo: “Debemos ser felices, aunque solo sea por orgullo” y asimismo recuerdo otra de Stevenson que dijo que un amigo suyo, aunque desdichado, había conservado hasta el fin la voluntad de sonreir. “The will to smile”. Entiendo que es mejor conservar la voluntad de sonreir, que tratar de estar angustiado , aunque luego lo estemos como cualquiera.
Tampoco jugaré a ser una persona feliz, porque lo soy a ratos perdidos. Pero a veces, caminando por la calle, siento una racha de felicidad, y trato de no indagar la razón; porque si lo hago, comprobaré con harta felicidad que me sobran motivos de desventura. Mejor es aceptar con humildad, esos dones secretos.
Cuando yo era joven , me gustaba la desdicha, los atardeceres, los arrabales. Salía a caminar al atardecer por el bajo Saavedra, por la Paternal, el Puente Alsina, orillaba el Maldonado, el Riachuelo, y actualmente trato de evitar esos lugares a esas horas. Ahora me gusta, no diré la felicidad porque es una ambición, pero si la mañana, la serenidad y las calles del centro, o estas calles del sur que ya son parte del centro y en las que apenas queda una grata nostalgia de lo que fue.
- ¿Usted unió en algún momento dos conceptos, el concepto de nostalgia y el concepto de felicidad? –
- Creo que si la nostalgia no es muy violenta puede ser una forma de felicidad. Creo que puede haber una nostalgia tranquila.
- ¿En qué otra forma entiende usted la felicidad? –
- Además del amor una de las felicidades del hombre es la costumbre porque nos afianza el hecho de hacer ciertas cosas a ciertas horas. Posiblemente, eso empobrece también. Como argentino, creo en la amistad. Yo diría que la amistad es la máxima pasión argentina. Está en el Fausto de Estanislao del Campo y en el Martín Fierro y en las páginas de Eduardo Gutiérrez y en Don Segundo Sombra. Para mi hay otra felicidad a la cual me aferro, y a pesar de ser casi ciego, es el estudio y cuyo corolario o secuela es otra forma de felicidad: enseñar. –
- ¿Qué opina usted de las píldoras tranquilizantes? –
- Las he frecuentado y las frecuento. ¿Ahora, son realmente eficaces o solo son un apoyo moral?-
- Entendemos de que son eficaces. Pero además hay también algo de apoyo moral. Señor Borges. Nuestra revista cumple 30 años de publicación consecutiva y…
- Sé que el fichero Médico Terapéutico es una publicación de carácter científico.
Limitarse a las lecturas literarias es un error en el cual muchos literatos y muchos no literatos incurren.
Asomarse a la ciencia y a ese sistema de perplejidad metódicas que se llama la metafísica es, como todos sabemos, enriquecerse.
Soy un ingenio lego, pero no puedo no aplaudir, desde mi modesta ignorancia, la nobilísima labor que ustedes ejecutan.
Muchas gracias por su gentileza. Hasta siempre.-

Fuente : Entrevista aparecida en la revista Fichero Médico Terapéutico Purissimus por la conmemoración de su trigésimo año de publicación consecutivo, Año XXX, nro 100, 3er cuatrimestre 1968

Borges y el hombre contemporáneo


Estuvimos hablando con Borges, intentando seguirlo en sus metáforas y estar a la altura de sus reflexiones. El resultado es el diálogo que reproducimos, desordenado por nuestra improvisada y pobre disciplina periodística pero iluminada por la inteligencia borgiana.
“a/” quiere pensar en profundida sobre el significado y la real trascendencia de lo ambiental. Borges es un eslabón imprescindible en esta línea de redoblado compromiso. Su ambiente es la cultura del paisaje y paisaje cultural -raza, lengua y tierra. Lo que no dice la entrevista lo dicen sus poemas.
“Desde mi calle de altos (es cosa de una lengua)
voy a buscar recuerdos a tus calles nocheras”

I Borges y las elecciones

a/: Sr. Borges, ¿Cómo se siente Ud. en estos momentos que el país comienza a vivir?
B: Me siento muy feliz. Es un gran alivio para mí y también una gran sorpresa. Descontaba el triunfo peronista, es decir, pensé que seguiríamos viviendo en una pesadilla, yo diría por culpa de los peronistas y de los militares, lo cual, creo, no es muy distinto.
Estaba en Madison, Wisconsin, y el día de “All-Hallows” todo el mundo se disfrazaba, y yo, que no lo hacía desde los ocho años, pensé: si todo el mundo, estudiantes, profesores, lo hace, y si hay una fiesta por la mañana y yo no lo hago, quedo como una especie de censor; de modo que para no llamar la atención voy a disfrazarme.
Invertí u$s 2; compré una gran cabeza de lobo de goma, me puse un sobretodo, y entré en una gran sala llena de gente disfrazada de esqueletos, animales, fantasmas y, en ese momento, me vio una maga que me dijo: “Alfonsín ha ganado”. Entonces pensé: es tan raro que yo esté disfrazado, es tan tato que esté en esta sala llena de gente disfrazada, que no es mucho más raro que haya ganado Alfonsín. Y bueno, un pequeño milagro, aquí, me dije (yo tengo una cabeza de lobo) y un pequeño milagro en la Patria (el triunfo de Alfonsín).
Pero no sé si es justo hablar del triunfo de Alfonsín. Creo que hay algo más importante: no tenemos por qué pensar en el partido radical, en la memoria de Leandro N. Alem o de Hipólito Yrigoyen. Creo que no, que es algo más, que es un país que ha resuelto despertarse de una larga e inquietante pesadilla.
a/: ¿Por qué lo ha resuelto?
B: Felizmente, los mismos peronistas han colaborado. Ese acto insensato, que me contaron de la Avenida 9 de Julio, ese descrédito del muñeco coronado y después incendiado,, todo eso tuvo que mostrar a los electores que quien los votara, votaba mal. Votaba por malevos, esencialmente gente estúpida y mala. Seguros ellos del triunfo, era ridículo delatarse de ese modo.
Pero afortunadamente lo hicieron; sé de mucha gente que había resuelto votarlos, pero cuando vió ese horroroso espectáculo, dijeron no, no vamos a votar a esos insensatos. Por ello es que me siento muy feliz ahora, aunque sé que es absurdo esperar milagros a corto plazo. Sé que el país está deshecho; harán falta muchos años para que se recupere. Yo no entiendo nada de política, no estoy afiliado a ningún partido, no conozco personalmente a Alfonsín, pero pienso que en este momento ser argentino no es bochornoso.
a/: ¿El país alguna vez fue realmente grande o su grandeza fue siempre una ilusión?
B: Todo país es un acto de fe. Desde luego, la victoria de Caseros fue benéfica; la revolución del ’55 nos dió algunos días de felicidad(luego nos defraudó), y estas elecciones han sido uno de los acontecimientos esenciales de nuestra historia.
Por ahora, el gobierno es uno de los males necesarios, como la policía, pero llegará un momento en que vamos a poder prescindir de él. Por el momento no; por el momento lo necesitamos.

II Sobre la Argentina

a/: ¿Cuántas Argentinas hay? ¿Más de una?
B: Muchas, tantas como individuos. Los países son falsos, los individuos quizás no lo sean – si es que el individuo es el mismo al cabo de muchos años -.
Yo no sé si soy aquel niño que se crió en Palermo y vivió en Adrogué. Sin embargo, de algún modo lo soy; yo recuerdo cosas que sólo aquel niño puede recordar. Habrá un “yo” que persiste a todos los cambios.
Recuerdo una sentencia de Heráclito: “Nadie se baña dos veces en el mismo río”. Yo creo que Heráclito agregó aquello de que “las aguas cambian” para que el oyente reflexionara que no sólo las aguas cambian, sino que también el que baja dos veces al mismo río es también un río. Porque cambia también; está cambiando como el río.
Esto nos llevaría a esa larga perplejidad que llamamos filosofía. Ese ya no es un tema de Borges, sino de la filosofía, de la metafísica.
a/: El argentino, ¿es un ser metafísico?
B: No, el argentino, no. Pero la gente tiene aquí intereses metafísicos como en todas partes del mundo.

III El profundo interior

a/: ¿Qué piensa Ud. del interior del país?
B: Yo quiero mucho a Córdoba sobre todo. Soy de descendencia cordobesa, heredada de mi padre. Hay viejos apellidos cordobeses en mi familia Funes, Bustos, Trejo, Cabrera, Sanabria, Montenegro, Lafinur.
Conozco bastante bien el país. Hubiera querido conocer las ruinas de San Ignasio en las Cataratas del Iguazú, pero me encontré en Posadas sin un centavo, de modo que tuve que volver a Buenos Aires. Iguazú debería conocerse como “U-guazú”, que quiere decir “agua grande”)
¿Saben ¿, creo que tengo una gota de sangre guaraní (soy descendiente de Irala, que tuvo varias concubinas, y los Ocampo descienden de una de ellas).
Carlos Mastronardi hizo un hermoso poema sobre Entre Ríos (y los padres eran venecianos); parecía no tener ni una gota de sangre entrerriana y, sin embargo, escribió sobre el paisaje de Entre Ríos y los gauchos. El poema empieza así: Un fresco abrazo de agua te nombre para siempre
¡Lindísimos versos!
Pasan como dormidos los troperos
¡Qué lindo verso!
“Tropero “ es linda palabra, en cambio “resero” no, es fea, sugiere las reses.
Miren que raro, resero era desconocida hasta que Güiraldes publica “Don Segundo Sombra” y ahora todo el mundo la usa.
Hasta hay un monumento al Resero, y eso se debe a un capricho de Güiraldes. Quizás se usara allí, en San Antonio de Areco. En el “Quijote” se habla de arrieros, como se los llama en Cuyo y en el Chaco.

IV Ambiente, paisaje, literatura

a/: La noción de ambiente, ¿es una noción que a usted le interesa?
B: Creo que la noción de raza no es importante. Nosotros hablamos de “raza española”. Pero el español es – o ha sido – íbero, celta, fenicio, romano, godo, suevo, vándalo. (De modo que “Andalucía” debería ser “Vandalucía”, los moros la llamaron así haciendo alusión a los vándalos). Y Tennyson dijo (respecto a los ingleses): “Somos sajones, celtas y escandinavos”.
En mi caso, yo tengo mayoría de sangre española, y alguna sangre inglesa también. Pero descreo de los árboles genealógicos. En una novela, Wilhelm Meister, dice Goethe: “La paternidad es cuestión de confianza”. Creo, luego soy padre.
a/: Discúlpeme, Borges. Pero yo le pregunté por la noción de ambiente y Ud. me habló de la raza.
B: En nosotros debe haber influido mucho la llanura. Pero no sé si ha influido tanto. Por ejemplo, el tipo del gaucho. Se puede decir que corresponde a medios distintos; está el gaucho de las cuchillas de Entre Ríos, de Uruguay, y luego aquel de la llanura pampeana, o de las sierras de Córdoba. Son gente muy parecida, con un ambiente un poco distinto.
No sé si el ambiente puede importar. Pero si la llanura es importante en nuestro caso, tengo la ilusión de que la llanura es la misma. Yo no estuve nunca en Australia, pero tengo la sensación que me sentiría como en la provincia de Buenos Aires, como lo sentí en Oklahoma.
a/: Y en la literatura, ¿qué gravitación tiene el ambiente?
B: Yo hablé anteayer en la casa de Enrique Larreta. Se decía que La gloria de Don Ramiro es una novela típicamente española. Y yo creo que no. Por ejemplo, en esta novela de Larreta es muy importante el paisaje. Pero los españoles de aquella época, en tiempos de Felipe II, se movían en el paisaje, pero no lo sentían. En el Quijote yo no recuerdo que haya paisajes, no se sí llueve alguan vez en la novela, creo que no. Eses sentido del paisaje y, además, el hecho de que Larreta fuera hábil y se documentara, eso ya corresponde a la novela francesa del siglo XIX, ese escrúpulo corresponde a Flaubert y no a Cervantes.
a/: ¿Por qué dice Ud. que los españoles no veían el paisaje en la época de Felipe II?
B: Lo veían visualmente, pero no sentían, creo yo. El caso de Góngora. Él ve todo, sobre todo la naturaleza, a través de la mitología clásica. Por ejemplo: el sol no es el sol, el sol es Febo, una divinidad pagana. Todo lo mira a través de una mitología, en la que descreía, por lo demás. Eso le da cierto carácter superficial.

V. Sobre lenguajes y lenguaje arquitectónico

a/: ¿Qué es el lenguaje para Ud., Borges? ¿Qué es el idioma?
B: Cada idioma es un modo de sentir el universo.
Yo hasta he pensado que quizás los diccionarios bilingües comportan un error. ¿Quién sabe si la palabra “luna” corresponde exactamente a la palabra “moon”? Tal vez, no. Cada palabra está cargada de literatura, de connotaciones, sentimentales o intelectuales, de manera que difieren de algún modo.
a/: ¿Ud. cree que la arquitectura es también un lenguaje?
B: Supongo que sí, si el lenguaje es una serie de símbolos que sirven para expresarse. Pero yo no sé Uds. a qué “secta” pertenecen.
a/: Siempre nos ha interesado mucho Wright.
B: Él no se parece en nada al suizo Le Corbusier. No tiene nada en común. Le Corbusier parece un poco pedante, rígido, que trabaja sólo sobre ciertas teorías. En cambio uno ve (yo no veo, pero me lo describen) un edificio de Wrigth y parece que fluye con cierta inocencia. En el caso de Le Corbusier no se siente que fluya, se siente que obedece a una teoría previa.
Es muy lindo ser arquitecto, hacer una obra que sea distinta según los puntos de vista, porque es infinita.

VI. Borges y Buenos Aires

a/: ¿Ud. sería Borges sin Buenos Aires?
B: No. Yo soy la consecuencia de muchas cosa y de muchas cosas que ignoro también. Quizás podría decirse que cada uno es, en cada momento, todo un pasado y todo su porvenir. Oscar Wilde decía: “Cada hombre es en cada momento todo lo que ha sido y todo lo que será”. Es decir, que en el caso de Wilde, cuando él era famoso, era también el encarcelado, y cuando estaba en la cárcel, seguía siendo el hombre famoso y celebrado. No sé si yo en este momento no soy todo mi largo pasado y todo mi breve porvenir.
Mamá murió a los 99 años, con el temor de llegar a los cien. Todas las noches (ella era creyente, yo no) pedía a Dios que la llevará en un sueño, y la mañana siguiente lloraba porque no se había muerto durante la noche.
Yo le decía que el 100 es una superstición del sistema métrico, pero que con otro sistema ella cumpliría 6 años y no 100 pero el 100 la aterraba.
A mi me pasa lo mismo. Al cumplir 80 pensé que me desplomaba una montaña encima. Ahora al cumplir 84, estoy un poco arrepentido, un poco avergonzado.
Cuando cumpla 85 va a ser más terrible todavía, y si llego a los 90 me sentiré como muerto. Los números redondos impresiona mucho. Para una mujer haber cumplido 30 años, es para un hombre cumplir los 40, son hechos importantes. Pero sé por experiencia propia, que 84 es más o menos como 78.
a/: ¿Cómo es el Buenos Aires que Ud. recuerda?
B: Yo nací en un Buenos Aires del todo distinto. Toda la ciudad era de casas bajas, muy pocas de alto. Era semejante al que se conserva por el lado de San Telmo, sin tejas, techos de azoteas, con chapa de zinc y ladrillos. Casas con aljibes, zaguanes, llamadores, ése es el Buenos Aires que recuerdo.

VII. Amigos y maestros

a/: Borges, ¿cómo construye Ud. sus obras?
B: Trato de intervenir lo menos posible. Creo que lo mejor es dejar que la obra se abra camino, se construya a sí misma (lo contrario de la idea de orden de Flaubert, por ejemplo). Desde luego que hago muchos borradores, pero son mentales, ya que no puedo escribir.
Alfonso Reyes y Kipling creo que también trabajaban así. Hacían varios borradores mentales, y creo que Reyes caminaba desde arriba hacia abajo armando una frase; me lo dijo Alfonso, que fue muy bueno conmigo. Yo no era nadie, un desconocido, y sin embargo el me invitaba a comer todo los domingos en la Embajada de México. Estaba don Alfonso, su mujer, su hijo y yo.
Hablábamos de literatura hasta la una de la mañana.
a/: Volviendo a Buenos Aires, ¿cómo siente sus calles?
B: Ahora las siento de un modo anacrónico. Yo perdí la vista como lector en el año 55, pero todavía podía recorrer las calles. Lo hacía no viéndolas, sino imaginándolas, como lo hace un chico.
a/: ¿Qué otras personas lo ayudaron en sus comienzos?
B: Otra persona que me ayudó muchísimo fue Arturo Capdevilla, como así otros, pero sobre todo Reyes y Capdevilla. Ambos muy distintos, pero amigos, desde luego.
Reyes era muy amigo también de Lugones a quien yo conocí.
a/: ¿Cómo era Lugones?
B: Era un hombre desagradable y muy desdichado, sin duda. Cuando me dijeron que se había suicidado me sentí apenado, pero no sentí ningún asombro.
Todo el mundo lo admiraba, todo el mundo lo respetaba y nadie lo quería.
Debía sentirse muy solo, y como él no hacía nada para aliviar su soledad, porque era muy orgulloso y soberbio, tenía pocos amigos.
Lugones no condescendía al diálogo. Recuerdo una tarde en que yo estaba con Francisco Luis Bernárdez (de quien yo era muy amigo), Bernárdez le dió a conocer un poema de Baudelaire y Lugones dijo “No vale nada”. Pero no explicó por qué no valía nada, ni propuso ningún argumento, simplemente lo condenó a muerte. Eran pocos sus amigos.
a/: Sin embargo, Ud. le dedicó el Prefacio de “El Hacedor” a Lugones.
B: Sí, sí. Me parece que salió bien. Creo que me quería. Era un hombre fácilmente fanático y de diversas causas. Sé que empezó por el anarquismo y concluyó con el fascismo, pero nunca medró ninguna.
Las cuatro o cinco veces que le vi, siempre desviaba la conversación para hablar de Rubén Darío, y hablaba de “mi maestro Rubén Darío”. Insistía en esto, es algo raro, siendo tan soberbio.

Fuente : Entrevista aparecida en la revista ambiente -arquitectura, urbanismo y planificación-, año IV, n° 40 de Marzo de 1984.
Borges y el hombre contemporáneo

13 de noviembre de 1894 - 160 años de la muerte de Stevenson


El precursor velado: R. L. Stevenson en la obra de Borges -


Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson...(OC, 808).J L Borges[1]




A lo largo de los años Borges ha desconcertado a sus críticos al insistir en la importancia que tienen para él escritores como Stevenson, Wells, Chesterton y Kipling, y más a ún al declarar que toda su obra deriva de estos y otros escritores. [2] George Steiner comenta: "Los escritores para él más significativos, que sirven casi de máscaras alternativas de su propia persona, son De Quincey, Stevenson, Chesterton y Kipling. Sin duda estos son maestros, pero de carácter tangencial", [3] mientras que William Gass ridiculiza a Borges por "un gusto que sigue siendo adolescente, un gusto apaciguado en un rincón tranquilo, y una mente seriamente interesada en ciertas formas dudosas o inmaduras, formas que deben ser superadas, no meramente utilizadas", [4] como los cuentos fantásticos, las novelas de aventuras y los relatos policiales. Lo extraño de estos comentarios es que, en lugar de entender por quá Borges está "seriamente interesado" en tales escritores y sus invenciones, los críticos mencionados lamentan que no se ocupe de lo que a ellos les interesa. El juego crítico, desarrollado en numerosas entrevistas de años recientes, y al que Borges accedió con perverso deleite, es preguntarle quá piensa de Larra, Austen o Mann, con previsibles (y a menudo deleitables) ráplicas de Borges. [5] Sin embargo, es razonable preguntarse si no sería más provechoso que la atención de la crítica se dirigiera a entender por quá Borges se interesa en los que él declara sus precursores, y de quá manera las lecturas que hizo de ellos influyeron en sus escritos. Al hacerlo cabría esperar que se llegara a un conocimiento más profundo de la inteligencia crítica y creativa de Borges, y la perspicacia con que se refiere a sus precursores podría ayudarnos a recuperar o revelar aspectos de las obras de aquellos autores que han escapado a la atención de los críticos.

En la misma entrevista en que Borges manifiesta su falta de interás por una larga serie de escritores del siglo XIX y modernos, un nombre reaparece insistentemente como el de su maestro: Robert Louis Stevenson. Primero lo menciona entre los modelos de Historia universal de la infamia (OC, 239), y luego lo considera como "cierto amigo muy querido que la literatura me ha dado" en el prólogo a Elogio de la sombra (OC, 975). El famoso catálogo de cosas predilectas en "Borges y yo" incluye una sola referencia literaria y es a la prosa de Stevenson. El nombre de Stevenson, pues, funciona para Borges como criterio de cualidad literaria y talismán personal.

Esta doble cualidad que Borges le atribuye a Stevenson—a la vez maestro literario y "amigo personal"— en ninguna parte está mejor representada que en su Introducción a la literatura inglesa, que incluye uno de los pocos pasajes extensos [6] que Borges ha dedicado al escritor escocás:

La breve y valerosa vida del escocás ROBERT LOUIS STEVENSON (1850-94) fue una lucha contra la tuberculosis, que lo persiguió de Edimburgo a Londres, de Londres al sur de Francia, de Francia a California, y de California a una isla del Pacífico, donde, al fin, lo alcanzó. Pese a tal asechanza, o tal vez urgido por ella, ha dejado una obra importante que no contiene una sola página descuidada y si muchas esplándidas. Uno de sus primeros libros, las Nuevas mil y una noches, anticipa la visión de un Londres fantástico, y fue redescubierto mucho despuás por su fervoroso biógrafo Chesterton. Esta serie incluye la historia de El Club de los suicidas. En 1886 publicó El exiraño caso del doctor Jekyll y del señor Hyde; debe observarse que esta breve novela fue leída como si fuera un relato policial y que la revelación de que los dos protagonistas eran realmente uno tiene que haber sido asombrosa. La escena de la transformación le fue dada a Stevenson por un sueño. La teoría y la práctica del estilo lo preocuparon siempre; escribió que el verso consiste en satisfacer una expectativa en forma directa y la prosa en resolverla de un modo inesperado y grato. Sus ensayos y cuentos son admirables; de los primeros citaremos Pulvis et Umbra; de los segundos Markheim, que narra la historia de un crimen. De sus extraordinarias novelas solo recordaremos tres: La resaco, El señor de Ballantrae, cuyo tema es el odio de dos hermanos, y Weir of Hermiston, que ha quedado inconclusa. En su poesía alterna el inglás literario con el habla escocesa. Como a Kipling, la circunstancia de haber escrito para niños ha disminuido acaso su fama. La isla del tesoro ha hecho olvidar al ensayista, al novelista y al poeta. Stevenson es una de las figuras más queribles y más heroicas de la literatura inglesa (OC, 845). [7]

Nótese el tono laudatorio: la vida de Stevenson fue heroica, merecedora del fervor de Chesterton (y el nuestro), mientras que su obra fue extraordinaria, asombrosa, admirable.

En este breve resumen de la vida de Stevenson, Borges distorsiona sutilmente la relación entre sus viajes y su enfermedad, [8] haciendo que los viajes parezcan el esfuerzo heroico y desesperado de un hombre que lucha incesantemente por arrebatarle tiempo a la muerte (una suerte de versión decimonónica escocesa de Jaromir Hladik). La muerte de Stevenson en Samoa se convierte, pues, en la culminación de su vida y la confirmación de su leyenda como hároe literario, una idea que tambián se encuentra en los versos que Borges dirige a Stevenson en su poema "Blind Pew":

A ti tambián, en otras playas de oro,

te aguarda incorruptible tu tesoro:

la vasta y vaga y necesaria muerte (OC, 826).

Así alcanza Stevenson, con su vida y su muerte, la categoría de mito.

Entre las obras de Stevenson, Borges destaca los relatos de índole policial, señalando que Treasure Island ha dado la imagen de un escritor para niños en vez de un novelista y ensayista serio, [9] imagen que Borges considera más apropiada. (Stevenson hubiera objetado esta dicotomía, como despuás veremos.) Borges atribuye a Stevenson la invención de un "Londres fantástico" [10] que más tarde encontraremos en Chesterton. El adjetivo fantástico sugiere que el tercer miembro de la serie es el propio Borges, un autor siempre consciente de haber creado a sus precursores.

La creación de sus precursores (comentada en los ensayos sobre Kafka y Hawthorne), el infinito juego de los espejos enfrentados, lo confirma un pequeño detalle de su Introducción a la literatura inglesa. La frase que Borges atribuye al ensayo de Stevenson sobre el estilo, "que el verso consiste en satisfacer una expectativa en forma directa y la prosa en resolverla de un modo inesperado y grato", es una adecuada síntesis de varias ideas expresadas en el ensayo de Stevenson, [11] pero textualmente se asemeja más a una frase de uno de los primeros ensayos de Borges. "La simulación de la imagen", en el que se refiere a "el verso, juego de satisfacer una expectativa, la prosa, juego de chasquearla infinitamente". [12] Al citar a Stevenson, Borges se cita a sí mismo citando a Stevenson. El precursor es distanciado y velado por medio de la alusión. La infinita serie de citas dentro de citas en que todos los originales se pierden (el texto de Borges): un nuevo avatar de la paradoja de Zenón.

[1] OC significa Obras completas de Borges, Buenos Aires, Emecá, 1974.
[2] Váase entrevista de Irby, incluida como apándice a "The Structure of the Stories of Jorge Luis Borges" (La estructura de los cuentos de Jorge Luis Borges), tesis doctoral, University of Michigan, 1962, pág. 314, tambián publicada en Irby, Murat y Peralta: Encuentro con Borges, Buenos Aires, Galerna, 1968.
[3] 3 Steiner, "Tigers in the Mirror", The New Yorker 46:18 (20 de Junio de 1970), pág. 116. Tambián incluido en Jaime Alazraki: JorgeLuis Borges: El escritor y la crítica, Madrid, Taurus, 1976, pág. 245.
[4] Gass, Fictions and the Figures of Life, New York, Knopf, 1970, pág 124.
[5] Un ejemplo de tal intercambio: durante una conferencia sobre la poesía de Borges en el Dickinson College de Pennsylvania, en abril de 1983, un eminente crítico español le preguntó a Borges cómo podía afirmar que E ça de Queiroz era el mejor escritor peninsular del siglo XIX cuando en ese siglo hubo en España cuatro grandes escritores. Borges, traviesamente, preguntó cómo se llamaban. "Larra, Bácquer, Galdós y Clarín", respondió el crítico español. Borges comentó: "Mi sentido pásame, entonces".
[6] Otro extenso pasaje es el reciente prólogo de Borges para la traducción de las Fábulqs de Stevenson que realizó con Roberto Alifano. El prólogo cita el famoso poema de Stevenson, "Requiem", y se refiere al autor como un hombre ático (váase OC, pág. 975), y dice de las fábulas: "En la vasta obra de Stevenson este libro es un libro lateral, una breve y secreta obra maestra. Aquí tambián están su imaginación, su coraje y su gracia", Fábulas, Buenos Aires, Legasa, 1983, pág. 11. Al usar el adjetivo lateral Borges emplea uno de los tárminos más importantes de su vocabulario crítico, ya que para él lo supuestamente marginal a menudo constituye una especie de centro secreto. Váase Sylvia Molloy, Las letras de Borges, Buenos Aires, Sudamericana, 1979, pág. 60. En el prólogo citado Borges escribe: "En todas (las fábulas) se combinan cosas heterogáneas, y "Casi en cada renglón hay una sorpresa", frases que por poco no convierten a Stevenson en un poeta ultraísta.
7] OCC significa Obras completas en colaboración de Borges, Buenos Aires, Emecá, 1979.
[8] Por ejemplo, el viaje de Stevensón a California tras de Fanny Osbourne fue una empresa temeraria, con gran riesgo para su salud, y su muerte en Samos fue provocada por una hemorragia cerebral, no una hemorragia pulmonar. Váase J. C. Fumas, Voyage to Windward, New York, William Sloane, 1951,págs. 172-75,
[9] Extrañamente, Ronald Christ sostiene que el Stevenson que interesó a Borges fue "seguramente el Stevenson de Treasure Island y Kidnapped (Raptado)" y no el ensayista o el crítico. Váase The Narrow Act: Borges’ Art of Allusion, New York, New York University Press, 1969, pág. 58.
[10] En una entrevista realizada en 1918, Borges me dijo que Stevenson creó "a fairy London" (un Londres feárico), frase tomada de un ensayo de Andrew Lang, "Mr. Stevenson’s Works" (Las obras del señor Stevenson), incluido en Essays in Little (Ensayos en miniatura), New York, Scribner’s, 1891, pág. 28.
[11] Stevenson escribe: "para hombres dotados de igual facilidad es mucho más fácil escribir versos bastante agradables que una prosa razonablemente interesante: porque en prosa la forma misma debe ser inventada, y las dificultades surgen antes que puedan ser resueltas", Stevenson, Works, edición Thistle, New York, Charles Scrihner’s Sons, 1897-98, XXII, 250. (Todas las subsiguientes referencias a Stevenson pertenecen a esta edición.) En la página siguiente agrega: "En prosa. la oración gira en torno a un eje, bellamente equilibrado... El oído registra y es singularmente gratificado por este retorno y equilibrio; mientras que en el verso todo es desviado hacia la medida (XXII, 251). Y más adelante dice: "La prosa debe ser rítmica...pero no mátrica. Puede ser cualquier cosa, pero no debe ser verso" (XXII, 256).
[12] E1 idioma de los argentinos. Buenos Aires, M. Gleizer, 1928, pag. 91.


Fuente :Daniel Balderston –University of Pittsburgh
El precursor velado: R. L. Stevenson en la obra de Borges.
Introducción. Borges Studies Online.
J. L. Borges Center for Studies & Documentation.
Internet: (http://www.borges.pitt.edu/bsol/dbi.php)

domingo, 7 de noviembre de 2010

Borges y Hélène von Stummer. Un temprano amor desconocido o la traducción que quizás no fue




(I) Mucho, demasiado quizás, se ha escrito ya sobre la vida privada de Borges. No sin pudor, agrego a esa aciaga bibliografía un capítulo inédito, que se localiza entre 1917 y 1921. Lo haré con decoro y sin embages.

En una carta a Roberto Godel, su antiguo compañero de escuela, enviada desde Ginebra a Buenos Aires el 23 de mayo de 1918, Borges relata al amigo una penuria amorosa sufrida el año anterior (respeto la heterodoxa grafía del manuscrito, pero no señalo tachaduras y agregados):

[En 1917] Me enamoré de una muchacha de Praga muy inteligente pero bastante fea que estudiaba conmigo. Felizmente ella no me hizo caso y la crisis no duró mas de unos tres meses. Ahora la veo con mucha frecuencia y somos muy amigos y nada mas.
(Ella tendrá unos veinticinco años).

Esa «muchacha de Praga» es, según puede inferirse de algunos indicios, «la checa» mencionada en carta inédita de Borges, enviada a su amigo ginebrino Maurice Abramowicz hacia mayo de 1919. Allí, Borges anota:

La tchèque m’ai fait cadeau d’une photo en profil, coiffée à la Boticelli, sur le revers de laquelle elle avait le toupet touchant d’écrire ces vers fameux de Catulli: odi et amo, etc.1

[Trad. CG: La checa me ha regalado una foto de perfil, peinada a lo Boticelli, al reverso de la cual tuvo el emocionante tupé de escribir ese verso famoso de Cátulo: odi et amo, etc.]

La «checa» no volverá a aparecer en la correspondencia de Borges con Abramowicz (cuando menos, en las cartas publicadas hasta hoy; cf. mi edición: Cartas del fervor. Correspondencia con Maurice Abramowicz y Jacobo Sureda, 1919-1928. Barcelona, 1999); pero a cambio surge, a fines de 1920, una «Hélène». En otra carta a Abramowicz, de hacia el 17 de noviembre de 1920 (Cartas del fervor, 128), Borges anota:

Je partage ton jugement sur Hélène.

[Trad. CG: «Comparto tu juicio sobre Hélène».]

Hacia el 2 de marzo de 1921, Borges vuelve a escribir a Abramowicz (Cartas del fervor, 146):

Je partage ton aversion pour Hélène. Elle m’a fiché une lettre style Jean-Christophe.

[Trad. CG: «Comparto tu aversión hacia Hélène. Me ha arrojado una carta estilo Jean-Cristophe». Borges alude a la novela de Romain Rolland, autor que él consideraba sensiblero.]

A pesar de los giros despectivos, producto del despecho, «Hélène» es la baronesa Hélène von Stummer, a quien Borges recordará, decenios más tarde, ya esclarecido por la edad, como aquélla «cuya muerte no ha borrado en nuestra memoria su tímida sonrisa». A ella agradece Borges el haber tomado conocimiento, en Ginebra, de la novela El Gólem, de Gustav Meyrink.2

1. Borges alude al epigrama 85 de Cátulo, que reza: «Odi et amo, quare id faciam, fortasse requiris. Nescio, sed fieri sentio et excrucior». Mi conjetural traducción, sin ambiciones literarias: «Odio y amo. ¿Por qué lo hago?, preguntarás. Lo ignoro. Así lo siento y soporto el martirio».

2. Gustav Meyrink: Der Golem. Leipzig: Kurt Wolff Verlag, 1915. En castellano: El Gólem. Barcelona: Tusquets, 1995. La cita procede del prólogo que Borges adosara a El cardenal Napellus, del mismo autor (La Biblioteca de Babel. Madrid: Siruela, 1987, 8-10). Otras obras de Meyrink probablemente leídas por Borges hacia 1916-1917: Fledermäuse. Sieben Geschichten [Murciélagos. Siete cuentos]. Leipzig: Kurt Wolff Verlag, 1916; Das grüne Gesicht [El rostro verde]. Leipzig: Kurt Wolff Verlag, 1917.




(II) La identidad de «Hélène», la «muchacha de Praga», «la checa», y «H. von Stummer» fue, durante años, una intuición secreta, apenas compartida con algunos conocidos.

Recién la tardía publicación de una entrevista mantenida por Borges con Jaime Alazraki en 1971 (Variaciones Borges 3, Aarhus, enero de 1997, 171) trajo certeza, aunque solo de manera reconocible para quien ya estuviera sobre la pista. Aludiendo nuevamente a quien lo iniciara en la lectura de El Gólem, Borges relata:

Entonces una amiga mía —¿cómo se llamaba?—, era baronesa, era de Praga, ah sí, la baronesa Forschtümer [sic], me dijo que se había publicado hace poco un libro muy interesante, una novela fantástica que se llamaba Der Golem.1

«Forschtümer» es una fallida transcripción de oídas de von Stummer. (anoto, de paso, que la teratológica creación involuntaria del amanuense significaría, en alemán, algo así como investigüedades).

Ninguno de los biógrafos compulsados ha reparado en que Borges publicó, a fines de 1920, una poesía atribuida a Hélène, «Epitalamio» (Textos recobrados, 1997, 68-69), con versos de este tenor:

Pájaro rojo
El corazón voló sobre las plazas que esponjaba la noche
[...]
Los ojos fueron una vid trepadora sobre tu torso irradiante
Bajé a tu carne como quien baja a una fuente
Trapecio sensorial estrella honda gimnasia curvilínea
En la culminación los cuerpos fueron dos alas
[...]
Sobre tu cuerpo avión de adolescentes
Volé rompiendo los horizontes felices.

La versión firmada por Borges apareció con el agregado «(Del libro Leidenschaftliche Plakate, 1919)», título traducible por «afiches apasionados». A pesar de una intensa búsqueda, no me ha sido posible encontrar el original alemán en bibliotecas o en librerías de viejo de Ginebra o Alemania; tampoco figura en ninguno de los repertorios a mi alcance.

Borges publicó el poema, sin comentario, al final de la «Antología expresionista» (Cervantes, Madrid, octubre de 1920, 111-112; Textos recobrados, 1997, 68-69), allí atribuido a «H. v. Stummer», donde se transparenta Hélène von Stummer, la única mujer de quien se publica algo en la antología.

Para quien conozca la maniera del temprano Borges ultraísta, el poema sonará como un auténtico Borges de 1920, tanto en el vocabulario como en el sistema de enfilamiento de imágenes.

Una carta inédita y sin fecha de Borges a un amigo español obliga, empero, a replantear el tema de la autoría de este poema.

La misiva, que dato hacia el 3 de septiembre de 1920, enumera una serie de términos que Borges emplea, por esa época, en poemas que está escribiendo, cuyos títulos, sin embargo y por desgracia, no menciona. Uno de esos términos es culminación. Había sido utilizado por Borges en 1919 («La llama»; rebautizado «Llamarada» en Fervor de Buenos Aires, 1923, donde figura con variantes menores). De 1920 no ha llegado a mi conocimiento ningún poema impreso o inédito de Borges que contenga esa palabra, con excepción del verso 10 («en la culminación los cuerpos fueron alas») del arriba reproducido «Epitalamio».

Ello sugiere que, o bien se ha perdido un manuscrito poético que contenía la palabra culminación, o la firma «H. von Stummer» es una finta de Borges y el poema no es una traducción, sino suyo. En ese caso, sería un oblicuo homenaje a la cambiante baronesa, de cuyo esquivo cuerpo Borges se apodera, por fin, en el poema.

1. El ejemplar se conserva, al parecer, en la Fundación Jorge Luis Borges, Buenos Aires: véase Un ensayo autobiográfico. Barcelona: Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores / Emecé, 1999, 48.

Fuente :
El trujamán, Centro Vitual Cervantes
Carlos García
14 de abril de 2005 y 25 de abril de 2005

Borges y Freud: una insospechada relación, o los trucos de Borges


Es conocida, quiero creer, la aversión intelectual que Borges sintió para con el psicoanálisis. No especularé aquí sobre la posible motivación psicológica de esa preferencia, que apenas necesita más que la contraria de una excusa. Sólo me interesa resaltar un pequeño nexo entre las obras de ambos autores que no he visto mencionado hasta hoy.

En Evaristo Carriego (1930; Obras completas, 1974, 146) y ya antes en «El truco» (La Prensa, 1-I-1928, reproducido en El idioma de los argentinos, 1928; 1994, p. 29), Borges trae el siguiente chiste, tras certificar que la «cachaza» del truco «es de picardía» y que el espíritu del juego es similar «al de los baratijeros Mosche y Daniel que en mitad de la gran llanura de Rusia se saludaron:

—¿Adónde vas, Daniel? —dijo el uno.
—A Sebastopol —dijo el otro.
—¡Mientes, Daniel. Me respondes que vas a Sebastopol para que yo piense que vas a Nijni-Novgórod, pero lo cierto es que vas realmente a Sebastopol. ¡Mientes, Daniel!».

Con algunas ligeras variantes, el chiste fue repetido en el suplemento de Crítica 52, 4-VIII-1934 (Borges en Revista Multicolor, 1995, pp. 46 y 48):

Los baratijeros Mosche y Daniel se encontraban en la mitad de la mitad [sic] de la gran llanura de Rusia.
—¿Adónde vas, Daniel? —dijo el uno.
—A Sebastopol —dijo el otro.
Entonces Moshe lo miró fijo y dictaminó:
—¡Mientes, Daniel. Me respondes que vas a Sebastopol para que yo piense que vas a Nijni-Novgórod, pero lo cierto es que vas realmente a Sebastopol. ¡Mientes, Daniel!



Ahora bien: Sigmund Freud trae este chiste en un libro de 1905, Der Witz und seine Beziehung zum Unbewußten (El chiste y su relación con el inconsciente; cf. Studienausgabe. Frankfurt, 1982, IV, 109-110), el cual, debido a las implicaciones filosóficas del mentir con la verdad, ubica entre los «chistes escépticos».

Zwei Juden treffen sich im Eisenbahnwagen einer galizischen Station. „Wohin fahrst du?“, fragt der eine. „Nach Krakau“, ist die Antwort. „Sieh‘ her, was du für Lügner bist“, braust der andere auf. „Wenn du sagst, du fahrst nach Krakau, willst du doch, daß ich glauben soll, du fahrst nach Lemberg. Nun weiß ich aber, daß du wirklich fahrst nach Krakau. Also warum lügst du?“.




Traduzco sin conservar los rasgos dialectales sugeridos por Freud:

Dos judíos se encuentran en un vagón de ferrocarril en una estación de Galitzia. «¿Adónde viajas?» pregunta uno. «A Cracovia», es la respuesta. «Mira que eres mentiroso —se enfada el otro—. Dices que vas a Cracovia, para que yo crea que viajas a Lemberg. Pero ahora sé que viajas realmente a Cracovia. Así pues, ¿por qué mientes?».

Teóricamente, Borges puede haber abrevado en otras fuentes, según sugiere la introducción de los nombres propios y de la profesión de las figuras, así como el cambio de localidad; pero aunque así fuese, es mostrable que Borges conoció ese libro de Freud, al cual aludirá en 1937 (El Hogar 19-XI-1937; Textos Cautivos, 1986, pp. 188-189). Doy por seguro, además, que lo conocía desde mucho antes, ya que pertenece al corpus de libros comentados por su maestro y amigo Macedonio Fernández en sus estudios sobre la Humorística, y que ambos deben de haber discutido desde temprano.

Para mortificación del orgullo argentino, digno, a menudo, de mejor causa, agrego que el truco, ameno juego de cartas, es uno de los tantos mitos de que vive ese paciente pueblo. No es del todo cierto que le pertenezca. En Valencia, por ejemplo, existe uno muy similar, llamado truc. La peculiaridad de la variante argentina reside en el florido y estilizado lenguaje que emplean los jugadores.

Por lo demás, es poco conocido que Borges propuso a su otro maestro y amigo mexicano, Alfonso Reyes, componer una antología de dichos del truco.



El 28-I-1929 Reyes escribe una carta al polígrafo Pedro Henríquez Ureña (Epistolario III: 358-359):

Recordarás que en mi carta de ayer por la mañana te dije que se me habían ocurrido grandes cosas para los Cuadernos del Plata? Pues precisamente una de ellas (de que estuve hablando ayer en la tarde con Borges, como tú mismo lo sugieres en tu carta) es el juego del truco. (En España, truque, truquiflor, como también se dijo aquí, pues los antiguos trucos que aparecen en la Verdad Sospechosa son más bien las bochas).
Y bien: en la tarde recibo tu carta, en que me hablas largamente del juego del truco y me dices que debo ocuparme de él. (...) Ya comprenderás que lo del truco puede pasar a los Cuadernos del Plata, en una recoplación folklórica de las coplas y frases y cuentos que se injertan en el juego para envolver las palabras sacramentales: envido, quiero, flor, etc. (...)
[H]azme el favor de proceder a tomar nota de esta literatura folklórica, aunque esté llena de palabrotas, que aquí después haremos la selección. Esto, precedido de un ensayito escrito por Borges y yo, será un libro famoso en América, te lo aseguro.

En «Las Jitanjáforas» (Libra 1, invierno de 1929), artículo recogido y ampliado en La experiencia literaria (1942; Obras Completas de Alfonso Reyes, XIV, 233), el mexicano recordará:

Jorge Luis Borges pensó en recoger algún día las coplas del truco, de cuya locura puede dar idea la siguiente copla que se dice para tirar la flor: «Por el río Paraná / viene navegando un piojo, / con un lunar en el ojo / y una flor en el ojal».

Es de lamentar que el delicioso plan no fuese llevado a cabo. Tras este artículo, alguna inteligente y ambiciosa editorial podría recopilar finalmente los dichos del truco, mientras que nosotros, agradecidos lectores de Borges y de Reyes, podemos componer el erudito prólogo con retazos de las respectivas obras —ex ungue leonem, como Reyes propuso en «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius», aunque referido a otro tema—.

Fuente :
El trujamán ,Centro Virtual Cervantes
Carlos García
20 de diciembre de 2004

Angelus Silesius, la sombra luminosa de Jorge Luis Borges



En uno de sus cuentos más reveladores, "El acercamiento a Almostásim", Jorge Luis Borges narra a modo de novela policial un largo itinerario interior y exterior, en la India, que termina a las puertas del enigmático Almostásim, cuya voz "increíble" escucha en el recinto a donde se encamina cuando el relato termina.

Queda a las puertas viendo -suponemos- con ojos que no son los de la cara que desde adentro quizá Angelus Silesius lo anima a entrar con gesto imposible.

En la antigüedad, el que no estaba calificado no podía entrar al templo, era "profano", que es el significado etimológico de la palabra: "delante del templo".

Borges reconoce con humildad su condición profana y, como lo aclara desde el título, no alcanza a Almostásim, sino solo se acerca a él y a escuchar su voz, en la que no puede creer. Es una de las cosas, según una expresión que tantas veces usó, que "no me fue dada".

Angelus Silesius es nombrado muchas veces por Borges con admiración, nunca con crítica. Hasta su sobrenombre de Ángel de Silesia le parece "extrañamente poético, real".



El Borges agnóstico, conservador, "antipopular", "gorila" y hasta "anarquista", el Borges que leía autores raros o extraños para tomar ideas para sus obras, el Borges sinuoso y laberíntico que no podía creer pero que tampoco alcanzaba a saber como quería, llevaba en sí una búsqueda que era interminable como se la planteó, pero reconocía que Angelus Silesius era uno de los que estaba en el fin del camino, quizá de los pocos elegidos que admiró sin reservas, uno de los pocos ante los que dejó caer a medias su coraza agnóstica.

Borges tomó como divisa de toda la poesía aquella de Angelus: "La rosa es sin porqué, florece porque florece, no presta atención a ella misma, no se pregunta si uno la ve". (Die Rose ist ohne warum; Sie blühet weil Sie blühet...'). Dice en alguna parte que él afirma lo contrario, que es imprescindible "una tenaz conspiración de porqués" para que la rosa sea rosa.

Pero que la rosa exista con causa o sin ella no es cuestión de la rosa sino del ojo que la mira. Finalmente, el "panteísmo" de Angelus insistiría en que la rosa y el ojo no son sino dos aspectos ocasionales de la unidad esencial de todo lo existente.

"Desprenderse vuelve al hombre capaz de Dios; pero desprenderse de Dios mismo es un desprenderse que pocos hombres alcanzan", escribió Angelus. Borges intentó el desprendimiento y a veces pareció haberlo alcanzado. Pero solo pudo mirar a distancia el "desprendimiento del desprendimiento", aquel que pocos alcanzan.




Si de los dioses se pudo decir que son la luz del mundo, no hay luz sino por la oscuridad que la envuelve y de la que ella brota; ni vibra ningún sonido si no es sobre el fondo del silencio que lo contiene y es anterior a él, ni hay espacio sin el vacío del que surge, ni tiempo sin la eternidad que lo sostiene.

Por eso el negro, la oscuridad, como símbolo, no es solo la negación de la luz, es lo que la contiene, lo que está antes que ella, aquello de que la luz proviene, la sombra luminosa que prestó su brillo a Borges, aquel interior donde sonaba la voz increíble de Almostásim.

El color blanco, tradicionalmente, es el color de la luz y de todo lo fenoménico que ella permite reconocer. Pero el negro es el símbolo de aquello de que dependen los fenómenos, de lo que éstos toman su existencia y sin lo cual serían imposibles. Es asimilable a una sombra, pero luminosa porque no es una mera nada sino por el contrario es la plenitud absoluta.



Aquí blanco y negro simbolizan dos estados diferentes: el de los fenómenos o manifestado (blanco) y el "no manifestado" o negro. Pero dentro del orden cósmico se puede aplicar la misma simbología.

Las mitades blanca y negra del círculo taoísta, que se interpenetran separadas por una línea sinuosa, representan el yin y el yang, constitutivos de toda la realidad de los fenómenos. Y aunque parezca distante, el mismo sentido tienen las 32 casillas negras y las 32 blancas del tablero de ajedrez.

Durante toda la vida creadora de Borges, Silesius estuvo presente. En el "Otro poema de los dones" le agradece "las místicas monedas". Confiesa en su poesía "Al idioma alemán", ya anciano, que sus noches estuvieron llenas de Virgilio, de Hölderlin y de Angelus Silesius.

Sin dudas Borges no acierta cuando considera a Silesius "un epigramatista del panteísmo", pero las dificultades para expresar lo casi inexpresable se unen aquí a las de comprender lo que un agnóstico de antemano no entenderá. Expositores de la obra de Silesius hablan de un "extraño panteísmo". Advierten en sus poemas la presencia de lo sagrado en todas las cosas, la inmanencia, pero no pueden advertir la trascendencia, que no obstante, una vez vista, es completamente evidente.

Si bien muchas proposiciones del poeta alemán pueden interpretarse como panteístas, otras que no las contradicen de ningún modo lo son: "Dios es pura nada, ni espacio, ni tiempo. Y cuanto más se trata de asirlo, más pronto desaparece". Esta "nada" inasible que supera al tiempo y al espacio y sin duda también a la causalidad (la rosa es sin porqué, sin causa) no puede confundirse con el mundo, lo que sería necesario si de panteísmo se tratara.

Instruido por Silesius, Borges no quiere tocar la belleza, explicarla. "La rosa es sin porqué (...) la sentencia del místico nos advierte la posible profanación que encierra todo análisis de lo bello". (El análisis llevaría indefectiblemente a tratar de encontrarle un "porqué" a la rosa).

Silesius se llamaba Johannes Scheffler. Nació en Breslau de una familia de origen polaco en el siglo diecisiete; fue médico, teólogo y poeta. Fue luterano, se convirtió al catolicismo, fue sacerdote. Murió a los 52 años en extrema pobreza. Sin dudas, como Borges vio atraído por él, no le preocupó la pobreza ni la muerte.

Había pasado al fin de sus días a un estado que el hindú Shankara, en el siglo nueve, describe así: "A veces con sus miembros como única vestimenta (desnudo), a veces vestido con una espléndida capa, o a veces con una simple piel de león para ceñirle los costados; pero siempre con la conciencia despierta y vigilante, radiante por la beatitud que brota directamente del corazón del Perfecto, el sabio, cuya ignorancia se ha disuelto, ya no sucumbe a la ilusión". ( Del "Océano de beatitud del liberado en vida").

Al final de su obra más conocida, Angelus Silesius puso dos versos que Borges cita a menudo, traducidos del alemán por él y por Bioy Casares: "Ya basta amigo. Si quieres seguir leyendo, transfórmate tú mismo en el libro y en la doctrina".

Este transformarse en la doctrina es transformarse en la Verdad advertida directamente, sin mediación de libro alguno. Como esa Verdad es otro nombre del infinito, equivale a la recomendación taoista: "Descubre el infinito y piérdete en él". Es disipar la ilusión -misión de la doctrina- mediante el conocimiento puro, representado por el libro. Es el estado en que ni la pobreza ni la muerte importan, aquel en que da lo mismo ir desnudo o vestido espléndidamente. Es el estado que Borges entrevió en Almostásim.


Al idioma alemán

Mi destino es la lengua castellana,
El bronce de Francisco de Quevedo,
Pero en la lenta noche caminada,
Me exaltan otras músicas más íntimas.
Alguna me fue dada por la sangre-
Oh voz de Shakespeare y de la Escritura-,
Otras por el azar, que es dadivoso,
Pero a ti, dulce lengua de Alemania,
Te he elegido y buscado, solitario.
A través de vigilias y gramáticas,
De la jungla de las declinaciones,
Del diccionario, que no acierta nunca
Con el matiz preciso, fui acercándome.
Mis noches están llenas de Virgilio,
Dije una vez; también pude haber dicho
de Hölderlin y de Angelus Silesius.
Heine me dio sus altos ruiseñores;
Goethe, la suerte de un amor tardío,
A la vez indulgente y mercenario;
Keller, la rosa que una mano deja
En la mano de un muerto que la amaba
Y que nunca sabrá si es blanca o roja.
Tú, lengua de Alemania, eres tu obra
Capital: el amor entrelazado
de las voces compuestas, las vocales
Abiertas, los sonidos que permiten
El estudioso hexámetro del griego
Y tu rumor de selvas y de noches.
Te tuve alguna vez. Hoy, en la linde
De los años cansados, te diviso
Lejana como el álgebra y la luna.

Jorge Luis Borges

Fuente :
Fortunato Calderón Correa.
De la Redacción de AIM.
31-10-2010

viernes, 5 de noviembre de 2010

Teatro : El Espejo de Borges


Lo specchio di Borges, un espectáculo teatral en lengua italiana que se desarrolla en un acto de cinco escenas partiendo de una antología de textos de Jorge Luis Borges.

En esta magistral obra, el teatro asume el rol de valor público y ético partiendo del principio de que la cultura es un factor imprescindible para el desarrollo de la sociedad. Con la palabra como protagonista, pretende estimular la curiosidad intelectual, la creatividad, la apertura a nuevas experiencias y la interacción. Todo ello a través del poder evocador que tienen la poesía y la música.

Lo specchio di Borges es un proyecto trabajado en varios lenguajes expresivos- un diálogo entre literatura, música y filosofía – que pretende devolver al hombre la conciencia de que la poesía es la manera de redescubrir el significado más profundo de la vida.

En este espectáculo, Jorge Luis Borges representa el retrato de quién mediante el lenguaje de la poesía quiere devolver voz y espacio a esta forma de expresión del genio.

El tango de Astor Piazzola, uno de los compositores más célebres del mundo, ritma el viaje literario de Borges, dirigido e interpretado por Massimiliano Finazzer Flory, y ejecutado magistralmente por el quinteto Neofonia Ensemble -acordeón, violín, piano, vibráfono y contrabajo- dirigido por Gianni Mola, y conocido internacionalmente por sus arreglos de tango sinfónico.

Se presenta El espejo de Borges , una obra con el actor italiano Massimilliano Finazzer Flory. A las 21, en el Teatro 25 de Mayo, Triunvirato 4444,el viernes 5 y sabado 6 de noviembre de 2010. Las entradas se retiran dos horas antes.

Films Borgeanos : EL BOSQUE

Cine fantátisco que se inspira en un cuento de Jorge Luis Borges, que plantea un juego inquietante entre la naturaleza y tres personajes que definen su destino prefijado. Con imágenes muy sugestivas, algunas vacilaciones, un intento que vale la pena.



El mito del Minotauro es parte del relieve patagónico. La imagen de ese monstruo (mitad hombre y mitad toro) enfrentado a sus propios fantasmas –recreado por Jorge Luis Borges en su cuento La casa de Asterión–, es una síntesis acertada de este rincón del mundo. Y una postal que despertó, un día de 2003, en la cabeza del director Pablo Siciliano. Aunque, en esta oportunidad, el laberinto estaba formado por un ejército de árboles. Luego le pasó el recado a Gastón Markotic, su productor y guionista. En 4 meses, unieron los puentes de sus residencias estudiantiles entre Buenos Aires y La Plata y bosquejaron El Bosque. El primer largo de estos dos amigos nacidos en Comodoro Rivadavia se completó con la aparición del también director Eugenio Lasserre.

Dannenberg vive solo en el medio de un bosque en casa sin número. Caza un conejo, rinde tributo a un par de tumbas coronadas por el signo de un Minotauro (un círculo de madera) y espera. Su péndulo está inmóvil hasta que comienza a funcionar como puesto en marcha por el destino. Dannenberg sabe que está por llegar quien descubrirá allí a su monstruo interior y ocupará su lugar.

El bosque , la ópera prima de Pablo Siciliano y Pablo Laserre, que tienen 26 años y son de Comodoro Rivadavia, costó nada más que 4000 dólares. Los dos coincidieron en La Plata, en la Facultad de Bellas Artes, donde estudiaron cine. El suyo es un relato de suspenso austero, con muerte anunciada. En buena medida, el efecto hipnótico del film es producto de su excelente encuadre apaisado, y la fotografía trabajada con puntilloso cuidado -en HD- por el mexicano Pablo Alberti y el argentino Pablo Yanelli. Sorprenden las actuaciones, en especial la de Oscar Pérez, un actor teatral de Pehuajó (donde tuvo lugar el rodaje), que con pocas palabras y miradas muy trabajadas conmueve; también las de la pareja, Ariadna y Martín (el nuevo Teseo), que llega al lugar para romper la rutina de este hombre que parece sacado de La casa de Asterión , de Jorge Luis Borges (a cargo de Paula Brasca y Martín Markotic).

En medio de ese páramo se quebrará el devenir de la nada para dar paso a la violencia, a la posesión, al hecho de sangre y al ritual que marca un nuevo inicio. "El Minotauro apenas se defendió", dijo Teseo a Ariadna, en palabras de Borges, y aquí esta historia se repite, porque Dannenberg, según Laserre y su coguionista Gastón Markotic, conoce el desenlace y no se resiste.

A pesar de algunos desajustes del guión que perjudican los muy buenos climas logrados, es importante destacar la patriada de la Facultad de Bellas Artes de La Plata en esta producción, que no es la primera (los cortos Toro verde y Túneles en el río , visto en el Festival de San Sebastián; el largo Los chicos desaparecen , especiales para el canal Encuentro) y que seguramente no será la última. Una sorpresa que reconforta, entusiasma y habla de futuro promisorio, que no es poco.

El bosque (Argentina-México/2010). Dirección: Pablo Siciliano y Eugenio Laserre. Guión: Gastón Markotic y E. Laserre. Fotografía: Pablo Yanelli y Pablo Alberti. Música: Daniel Soruco. Con Oscar Pérez, Paula Brasca, Martín Markotic. Hablada en español, Presentada por Bellas Artes. 105 min.

Fuente :
Revista Ñ, 23 de mayo de 2009
La Nacion ,4 de Noviembre de 2010