domingo, 11 de agosto de 2019

Dos obras de Jorge Luis Borges se subastaron en Argentina



 Un ejemplar de la revista “Prisma” y el libro “El idioma de los argentinos” fueron vendidos por la casa de subastas Hilario Artes, Letras & Oficios

Una revista que Jorge Luis Borges dedicó al novelista Macedonio Fernández se adjudicó en una subasta en Buenos Aires por 24.100 dólares. Mientras tanto, un ejemplar de su libro El idioma de los argentinos, ilustrado por Xul Solar, se vendió por 65.800 dólares.

El ejemplar de la revista mural Prisma fue subastado a un coleccionista argentino y el libro lo compró una librería, ambos este miércoles, informó la casa de subastas Hilario Artes, Letras & Oficios.

Jorge Luis Borges, junto a su hermana Norah, artista plástica; su primo Guillermo Juan y Eduardo González Lanuza, ambos escritores, crearon Prisma en 1921.

Según informa El nacional la revista fue una publicación, poco común, en pleno auge del movimiento ultraísta en Buenos Aires. Su emisión solo contó con dos números en 1921 y en 1922. Las ediciones se elaboraron con breves poemas de autores de la época en la década de los veinte.

«Para el ínclito filósofo Macedonio Fernández / inagotable pensador dando tus esbeltas reflexiones en La Perla”, le dedicó a Fernández el autor.

«Con algunos pocos ejemplares bajo el brazo, Borges se acercó al café La Perla y allí conversó con Macedonio Fernández y le obsequió un ejemplar dedicado», señaló la organización.

El idioma de los argentinos


En el libro, Jorge Luis Borges y Xul Solar hacen una mirada crítica sobre las distintas formas del habla de los argentinos. Fue intervenido por el escritor con dibujos en sus márgenes, tachaduras, correcciones, y ampliaciones en sus textos para una segunda edición que nunca existió, explicaron en la institución.


A pesar de las correcciones que realizó Borges, «algo aconteció que lo hizo desistir de la idea de reeditarlo, hasta el punto que años después lo retiró de la colección de sus obras completas», añadieron en Hilario.

Fuente: Aire Digital

sábado, 3 de agosto de 2019

Luis Chitarroni: "Borges creó un modo de escribir completamente distinto al de las tradiciones"




El escritor y editor argentino habla sobre su libro “Breve historia argentina de la literatura latinoamericana (a partir de Borges)”, en el que reflexiona sobre la influencia del autor de “El Aleph” en los estilos de escritura desde mitad del siglo XX con el "boom" hasta el presente en autores como César Aira


En Breve historia argentina de la literatura latinoamericana (a partir de Borges), publicación que recoge las clases que Luis Chitarroni dio en un seminario del Malba, el editor y escritor parte de la premisa de que, aún con sus diferencias, los estilos de escritura desde mitad del siglo XX con el "boom" hasta el presente en autores como César Aira, están atravesados por la impronta borgeana.

La publicación, editada por el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, reúne las diez clases que Chitarroni brindó en un seminario dictado en 2016 en esa institución, donde revisaba el escenario de las letras de la región desde los 60 hasta el presente siguiendo la marca del autor de El Aleph, el instrumentador "del nacimiento de una prosa corriente, sintética y precisa a partir de la noción de 'lector común'".


Para Chitarroni (Buenos Aires, 1958), autor de El carapálida y Siluetas y director de la editorial La Bestia Equilátera, aquel curso significó "comprobar a qué cosas el tiempo las altera de manera sustancial" y le enseñó a acercarse "a dos amores que ya no podré extirpar: Borges y la juventud sucesiva de los lectores".

–¿Por qué comienza este recorrido en relectura borgeana a partir de la mitad del siglo XX, donde el gran protagonista es el llamado "boom latinoamericano"?

-La idea del curso era reproducir una idea de la cultura hoy extinta, que es con la que me crié. Eso equivalía por un lado a creer cierta "estafa", la del boom latinoamericano, fraguada en gran medida por el mundo editorial y los medios, y minarla con mi propia maledicencia y gusto propio. El boom fue una "cosmovisión", como se hubiera dicho en la época y una gran galería de lecturas. Las novelas de esos años, aunque hoy tendríamos poco con qué compararlas, eran asombrosas: de La ciudad y los perros y La casa verde a Arguedas y Onetti. De Lezama Lima a, para usar dos referentes a menudo eclipsados, Arreola y Elena Garro.

El motivo de ese Big Bang en la literatura latinoamericana lo provoca, y no invoco el nombre por motivos chauvinistas, Borges, que desde sus primeros textos, Historia universal de la infamia, crea para nosotros un modo de escribir completamente distinto al de las tradiciones de las que proviene, la española (de Unamuno a Menéndez y Pelayo) y la latinoamericana (de López Velarde a Huidobro, que tan poco le gusta).
Juan Carlos Kreimer, Luis Chitarroni y Carla Scarpatti durante la presentación del libro en el Malba
Juan Carlos Kreimer, Luis Chitarroni y Carla Scarpatti durante la presentación del libro en el Malba

–¿Cuáles son algunas de las marcas que llevan la impronta de Borges?

-La precisión adjetival, las aventuras sin límites geográficos (como las de Julio Verne, tal vez). Nada de temor por las especulaciones y conjeturas metafísicas, por la teoría entretejida a la tramas narrativas. Se ve claramente incluso en Gabriel García Márquez, para no hablar de Severo Sarduy o Juan José Arreola, más epigonales.

La ventaja de Borges era su gran entendimiento del "common reader", algo de lo que supo sacar provecho en el diario Crítica. Eso incorporaba una cantidad de lecturas, sobre todo de ficciones, que provenían de la vertiente inglesa. Pero por supuesto que nada tenía que ver con los reproches a que lo sometió algo que dio en llamarse "el juicio de los parricidas", cuando se lo trataba de prepo de cipayo.

–Años después Borges sigue siendo Borges. ¿Cambió ese "lector común" o sigue siendo el mismo?

– Ignoro por completo la respuesta. Hoy encontramos un lector más familiarizado con las sagas nórdicas que a Borges tanto lo desvelaban.

–Cuando se refiere al boom, sostiene que hay algunas omisiones…

-Al cabo de más de treinta años, hay desapariciones curiosas, como por ejemplo la de Cabrera Infante, el autor de Tres tristes tigres, disidente cubano que comenzó trabajando para la revolución, integrador y director desde el 58, más o menos, hasta su muerte de la Casa de las Américas.

En general se lo trató como a un gusano. Pero él no se exilió en Miami sino en Londres, donde sostuvo una literatura que hasta García Márquez tuvo que admirar. Su novela famosa salió el mismo año, 1967, que Cien años de soledad. Y La Habana para un Infante difunto y Mapa dibujado por un espía son testimonios únicos de la narrativa latinoamericana. A muchos, sus juegos con el lenguaje les parecen más inofensivos, y a la vez agraviantes, de lo que son: una celebración de los escritores en la única sala que les queda ocupar.
Los cuadernos de Luis Chitarroni con los que confeccionó la publicación
Los cuadernos de Luis Chitarroni con los que confeccionó la publicación

–¿Y qué otro caso?

-Los desengaños políticos acompañaron decepciones de edad y hasta generacionales. O prefirieron una rara nostalgia casi amnésica y cierta ceguera protectora. Nadie menciona, salvo por alguna efemérides culposa, a Sarduy ni a Octavio Paz. Y sin embargo, en términos de escritura, es difícil encontrar, aun de Roberto Bolaño en adelante, escrituras más elaboradas y abarcadoras.

–También aparece César Aira ¿qué hay de Borges en su escritura?

– Aira es un gran salto después. Están los temas borgeanos llevados a un extremo de moderna simplificación y cambio de juego, cambio y simplificación, a veces. A veces, todo lo contrario.

Fuente:  Infobae

Cumplen 80 años los ravioles de pollo que deleitaban a Borges en Adrogué



El maestro, en la puerta de su casa de Adrogué donde iba a pasar los veranos. El escritor siempre dejó bien claro su amor por la localidad.

La fábrica de pastas Prato que elegía el gran escritor es un ícono del Sur del GBA. Cuatro generaciones de "una familia de tanos pusieron todo para sostenerla.

Erik Gómez

Los barrios están llenos de historias, costumbres y vivencias. Pero también los identifican los sabores, los olores y las tradiciones gastronómicas que miles de vecinos han podido disfrutar durante décadas. Adrogué no escapa a esta generalidad, y en Esteban de Adrogué 1061 tiene su reducto histórico, el lugar de los sabores eternos: es la fábrica de pastas “Prato”, que cumple 80 años alimentando y arrancando sonrisas de placer a todos los vecinos.


 Desde 1939, “Prato” es sinónimo de tradición gracias a los hermanos Francisco y Mauricio: el primero era integrante de la Marina y el segundo trabajaba en una fábrica de pastas con cama adentro, en Banfield.

Con la idea de su madre Juana, los hermanos decidieron emprender este “sueño” con el fin de reunir a la familia y comenzaron de una manera muy precaria, realizando pastas a mano en hornos de barro y con pocas maquinarias. Sin saberlo, la familia Prato estaba creando un nombre y una marca en las calles adoquinadas de Adrogué que sobrevive en la actualidad con mucho orgullo, amor y dedicación por la cocina.
Hoy Cristian Prato -chef y actual encargado del histórico emprendimiento- y su hermano Marcelo -lo asesora en materia de finanzas- conforman la cuarta generación en llevar adelante el sueño de esta “típica familia tana”.

“Es un honor enorme. Que cada uno te vea caminando y que le generes hambre y le recuerdes a los padres y a los sabores antiguos es algo superlativo”, cuenta Cristian.

Actualmente, la antigua fábrica se destaca además por la elaboración de pascualinas, tartas y empanadas, y toda clase de pastas largas y rellenas.

Según Prato, los “favoritos” de los vecinos son los ravioles de pollo y jamón crudo deshuesado, hechos de “una manera tradicional y especial que lo hace único para el público”. Además, el servicio de rotisería ofrece un variado número de platos y minutas en las que lo fresco de los productos marcan una diferencia.

Una de las características de Prato es la popularidad que alcanzó a lo largo de estas ocho décadas, ya que además de vecinos y gente de otros barrios del Sur, las delicias que fabrican en sus máquinas llegaron a oídos y paladares de famosos. Uno de ellos fue ni más ni menos que Jorge Luis Borges, un amante reconocido de Adrogué, quien afirmó que cada vez que en los veranos venía en busca de la sombra de los árboles del barrio lo primero que hacía era “ir a la iglesia San Gabriel y a Prato a comprar ravioles de pollo”.

Esto fue confirmado a través de la transmisión oral de abuelos y padres, que dieron fe de haberlo recibido. Además, el local fue visitado por Dolores Fonzi, Lizy Tagliani, Axel, el ex jugador de futbol Jorge Carrascosa y muchos otros. “Vienen porque les recuerda a sus padres y siguen esa secuencia, de seguir acercándose, cuando pueden tomarse un respiro”, asevera Cristian.

Prato reflexiona: “Nos siguen eligiendo por calidad, cantidad, buena atención, la amplitud de horario y la gran oferta de productos que tenemos. La realidad es que nos aggionarmos al barrio porque ahora tiene una gran actividad comercial en horarios donde antes se dormía la siesta”.
Fuente: Clarin Zonales

viernes, 2 de agosto de 2019

Subastan un ejemplar de Prisma, que Borges le dedicó a Macedonio


La revista-mural dedicada por Borges a Macedonio Fernández. 

Un ejemplar de la revista-mural Prisma, que entre 1921 y 1922 empapeló las calles porteñas con poemas de autores locales, y que incluye la firma y una dedicatoria de Jorge Luis Borges a Macedonio Fernández, saldrá a remate el 7 de agosto. Así lo informó ayer la Casa de Subastas Hilario, Artes, Letras & Oficios, y recordó que se llegaron a publicar sólo dos números de aquella "revista-mural" que en su momento fueron pegadas con engrudo en los muros de la ciudad de Buenos Aires con versos de Borges, su hermana Norah, Salvador Reyes y varios más. Voceros de la subastadora especializada en antigüedades revelaron a Télam que el número uno dejó insatisfechos a sus responsables porque en la imprenta no hicieron un buen trabajo y para el segundo, cambiaron de taller de impresión y fueron a buscar los ejemplares para dar su conformidad.

"Con algunos pocos bajo el brazo, Borges se acercó al Café La Perla -lugar de encuentro de los intelectuales de la época- y allí conversó con Macedonio Fernández y le obsequió un ejemplar dedicado", señalaron. "Para el ínclito filósofo Macedonio Fernández, inagotable pensador dando tus esbeltas reflexiones en La Perla", escribió el autor de "El Aleph" y luego lo firmó y fechó, ejemplar que ahora saldrá a la venta. Además, saldrá a subasta un ejemplar de la primera edición de "El idioma de los argentinos", donde Borges realizó anotaciones, cambios y hasta dibujos, ilustrado además por su amigo Xul Solar. Ambos objetos integraron la colección de Norah Borges y luego, propiedad del locutor Antonio Carrizo, quien supo formar una de las bibliotecas más notables de Argentina sobre Borges. La subasta incluirá libros, mapas, grabados y objetos históricos, como dibujos realizados por marinos franceses en 1839, integrantes de una flota que bloqueó el puerto de Buenos Aires contra el gobierno de Juan Manuel de Rosas, obsequiados luego a Florencio Varela.

Fuente: La Capital  -  Rosario

Borges, heredero de Shakespeare y Cervantes




En su nuevo libro, el escritor español Jorge Carrión destaca la importancia universal del autor de “El Aleph”.

Por Patricio Zunini

La parodia y el homenaje tienen como raíz el gran conocimiento de la obra original. Nunca una parodia ni un homenaje serán buenos si no hay admiración, dedicación y estudio. Por eso muchas veces César Aira es tan mal parodiado —entre las excepciones se destaca, sin dudas, el trabajo de Ariel Idez—; por eso muchas veces Jorge Luis Borges es tan mal homenajeado.

No se puede leer ingenuamente a Borges, no se lo puede homenajear ingenuamente. Además, Borges supone un problema extra: tomar cierta distancia de él. Es como un virus, un caballo de Troya que prepara todo para abrir las puertas mientras estamos descuidados y conquistarnos. "Aún los que están totalmente en contra de él leen con un criterio borgiano", decía Alan Pauls hace unos años, al hablar de su ensayo El factor Borges. Quienes fueron conscientes de las puertas que abría Borges y pudieron reelaborar su literatura son los que hicieron algo nuevo y valioso. Para nombrar solo a dos ejemplos de una lista extensa: Roberto Bolaño en Literatura nazi en América y Luis Chitarroni en Siluetas tuvieron la capacidad de apropiarse de los temas, de sus búsquedas y las preguntas de Borges.

En este grupo está también, sin dudas, el español Jorge Carrión con el libro Shakespeare & Cervantes (Ed. Nórdica, 2019). Carrión escribe a partir del cuento "El otro": un hermoso relato de 1972, donde un Borges de pelo gris se encuentra en un banco de plaza con una versión joven de sí mismo: ambos se entrecruzan como en un ensueño fantástico, hablan de sus libros, de sus padres. No hay consejos, no hay cambios de conducta, no hay preguntas cruciales ni verdades reveladas. Tan solo dos hombres —el mismo— que miran al destino como un camino insondable.

Carrión recupera el artificio borgiano de hablar de un manuscrito extraviado… de Borges, en este caso. Como un médium, le da una voz posible y retoma varias de sus características más conocidas para darle un marco y un sostén a la historia: el libro apócrifo, la primera persona que certifica el verosímil, la cita falsa, el pliego barroco de la realidad, la literatura como indagación.

El cuento perdido de Borges se llama "Los otros dos". Es un cuento menor, dice Carrión, del que sólo tuvo acceso a unos pocos fragmentos. Más borgiano no se consigue. Y, sin embargo, es exquisita la manera en que evita el error de todos los epígonos e imitadores de Borges. Carrión nunca pierde su estilo. Shakespeare & Cervantes podría ser un escrito póstumo en colaboración.

La victoria del género menor

La estructura del libro es relativamente simple. Carrión comienza hablando de sí —como tantas veces ha hecho Borges— y sutilmente desliza el tema del cuento perdido y nos mete en la historia adentro de la historia: en "Los otros dos" Borges pasea por Ginebra y, mientras mira una partida de ajedrez en la plaza, se sienta en un banco ocupado por dos hombres, William y Miguel. El diálogo es intrascendente, pero se adivina que es un efecto buscado por el narrador, que "omite o desfigura los hechos".

"El secreto de Cervantes y Shakespeare", escribe Carrión casi al final, "está en el mecanismo creativo que concibieron, desarrollaron y perfeccionaron, en paralelo, sin conocerse. Los dos trabajaron a partir de materiales previos, de novelitas populares y leyendas urbanas y cuentos chinos. De relatos pulp, de la pulpa de papel, sustrato de la cultura. De géneros menores. Los dos moldearon, remezclaron, transformaron esos textos preexistentes, hasta convertirlos en obras maestras. El mecanismo es antiguo, se remonta a los orígenes de la creación literaria. Pero Shakespeare y Cervantes lo reconfiguraron en clave moderna: sin miedo a los límites, sin miedo a los géneros y sin miedo a los dioses".

La lectura que hace de Cervantes y Shakespeare aplica a la perfección para Borges. Y tal vez sea también un intento para pensarse a sí mismo. No hay que olvidar que él mismo toma esos materiales —aunque tal vez con más hincapié en cine y series— para sus libros, como en la novela Los muertos y en el ensayo Teleshakespeare.

Centro y periferia

En el ensayo "El escritor argentino y la tradición" (1957), Borges planta el precedente de una arrolladora que modificó la forma de concebir la literatura, no sólo en la Argentina, sino en América latina y en todos los países "tercermundistas" en general: no hay razón para que no se pueda considerar a cualquier autor ni a cualquiera obra como instrumento. Borges invierte la relación de fuerzas entre las tradiciones "fuertes" y las "nuevas". Sólo este ensayo debería servir para que la imagen de conservador con la que siempre se lo asoció se rompiera en mil pedazos.

Cómo no volver a aquel ensayo, cómo no pensar por dónde pasa el eje centro-periferia de la literatura, ahora, cuando es un español el que usa la obra de Borges como arcilla y lo pone en una serie junto con Shakespeare y Cervantes.

Fuente: Infobae