domingo, 20 de diciembre de 2020

Qué debe aprender Netflix de Borges

En “Borges, big data y yo” (Ed. Siglo XXI), Walter Sosa Escudero aborda cuentos como “El jardín de senderos que se bifurcan”, “Tlön Uqbar Orbis Tertius” y “La biblioteca de Babel” desde la estadística. La ficción “científica” de Borges se vuelve así un camino para comprender nuestra vida y nuestro comportamiento en tiempos de datos a gran escala

 

Por Patricio Zunini

La big data se instaló en nuestra vida y, aunque todavía se debate si es una ventaja o una amenaza, en el imaginario se acepta sin discusión que rige nuestras decisiones, nuestros intereses, nuestros deseos: desde lo más banal como definir el recorrido que haremos en auto hasta los más profundos como qué carrera estudiar o en qué zona vivir. Los datos a gran escala parecerían, entonces, una suerte de fantasma en la máquina que se mueve con voluntad propia y que no comprendemos del todo.

En su libro anterior, Big data (Ed. Siglo XXI), Walter Sosa Escudero se metía —se entrometía— con esta idea y, con un tono afable, didáctico pero no profesoril, sencillo pero sin perder rigor, señalaba la dinámica, el alcance y los límites de los “macrodatos”. Estas ideas vuelven a aparecer en Borges, big data y yo (también publicado por Siglo XXI), pero con una interesantísima vuelta de tuerca: a partir de cuentos como “El jardín de senderos que se bifurcan”, “La biblioteca de Babel”, “Funes, el memorioso”, “Pierre Menard autor del Quijote” y un largo etcétera, Sosa Escudero se interroga por la función de la estadística, la utilidad de la big data en tiempos de coronavirus, la ubicuidad de los números en las tomas de decisión.

Borges, Big data y yo entra en una tradición de libros que aborda la relación entre Borges y las diferentes ramas de las ciencias formales: la antología Borges y la ciencia, compilada por Eudeba y con prólogo de María Kodama, Borges y las matemáticas, de Guillermo Martínez, Borges y la física cuántica, de Alberto Rojo. La lista, como cabe a una serie borgiana, podría extenderse hacia el infinito. Pero no deja de ser una característica muy llamativa, dado que el propio Borges había admitido que tenía rudimentarios conocimientos de matemática.

“La ciencia es la construcción de un universo”, dice Walter Sosa Escudero en diálogo con Infobae Cultura. “Es como si nosotros primero hubiésemos determinado las reglas del mundo y después la gente opera con respecto a esas reglas. Es un poquito lo que hace Borges: es el argumento de ‘Tlön Uqbar Orbis Tertius’ puesto cabeza abajo. Borges inventa esos universos que se parece muchísimo al tipo de universo que, a los gritos pelados y con urgencia, quiere crear un científico. En ‘La biblioteca de Babel’, Borges plantea una tremenda cantidad de preguntas acerca de la tensión entre lo finito y lo infinito, de la posibilidad de buscar y encontrar, de qué significa que una cosa sea más grande que la otra. Es el tipo de cosas que un científico pretende hacer; la tarea del científico no es dar respuestas sino generar preguntas”.

Esa mirada “científica” de Borges se acentúa también en cómo sus cuentos toman ideas que se estaban formando mientras él escribía. Alberto Rojo, por ejemplo, refiere en Borges y la física cuántica que una lectura de “El jardín de senderos que se bifurcan” podría dar cuenta de la teoría del multiverso.

“Borges”, sigue Sosa Escudero, “parece sentirse comodísimo con los conceptos contemporáneos de la física y la matemática que eran prácticamente contemporáneos, y eso habla, no del Borges erudito ni del Borges intelectual, sino del Borges creador. Tendemos a pensar en Borges como intelectual, como si fuese Bertrand Russell, y no lo vemos como si fuese un Picasso, como un Stravinsky. Como científico, lo que más me impacta es el Borges creativo”.

Del rigor de la ciencia

—Alguna vez Borges dijo que había dos clases de mentiras: la psicología y la estadística. ¿Cómo se puede leer esa frase a la luz de tu libro?

—Qué tiene que ver la estadística con Borges: bueno, uno de los temas más recurrentes de Borges es la tensión entre la realidad y su representación. En “Funes el memorioso”, Borges dice: “Intentaré resumir con veracidad las muchas cosas que me dijo Ireneo”. Y resumir con veracidad es casi una descripción de la tarea de la estadística. Es algo aparentemente contradictorio resumir y ser veraz, porque toda vez que uno quiere resumir parece estar faltando a la verdad. Pero, justamente, el objetivo de la ciencia es quedarse con la verdad a través del resumen. Pensemos en el juego que hace Borges con “Del rigor en la ciencia”, donde un grupo de cartógrafos hace un mapa escala uno a uno. La ciencia ocurre con un propósito y, si uno se lo saca, termina representando al mundo en su forma más trivial.

—Yo creo que una de las cosas por las que te gusta tanto Borges es su pasión por el infinito.

—En el libro digo que, si vos decís tres veces infinito, el espíritu de Borges empieza a flotar por donde estás. La estadística vive del infinito. Si pudiésemos lanzar una moneda infinitas veces, aprenderíamos que las chances de que salga cara o ceca son 0.5. Ese razonamiento, que se llama “Ley de grandes números”, pide a gritos la presencia del infinito. Y el resultado a partir del cual puedo aprender algo por replicarse infinitas veces tiene un nombre muy simpático: se lo llama “Teorema fundamental de la estadística”. Si veo cómo algo se replica entiendo su esencia. La estadística vive en esa esperanza de ver replicar las cosas infinitas veces. En la práctica no se da infinitas veces sino en un número lo suficientemente grande, pero es la esperanza del infinito lo que permite que la estadística viva.

Netflix de senderos que se bifurcan

“La big data”, dice Sosa Escudero, “es un montón de información que la gente decide mostrar. Pero el problema de big data es pensar que el tamaño importa. La masividad es interesante, pero muchísimos problemas de la big data tienen que ver con sobreconfiar en los datos sin saber que son tremendamente sesgados: yo puedo tener un montón de datos de una encuesta que hizo una celebrity en Twitter, pero esos datos están filtrados por la decisión de seguir a esa persona. Si los analizo inocentemente, estoy metiendo la pata más fuerte. Big data te ofrece un montón de información que es interesante, pero que no es completa”.

—¿Qué tiene que aprender Netflix de Borges?

—Es un poco contradictorio lo que puede aprender Netflix del infinito y de Borges. Porque Netflix nos ve en los senderos del jardín que hemos visitado, pero no en los otros que no visitamos. Qué quiero decir: Netflix ve un enorme derrotero de lo que estoy haciendo, pero quizá mañana camino por otro sendero, y Netflix querría mantenerme eternamente cerca de donde yo ya estaba. Lo interesante es cómo señalarle a Netflix que existimos también en otros senderos, porque parte de la esencia del ser humano es saltar rápido a otros senderos del jardín. Ese es el problema de Netflix y los algoritmos: por un lado, tienden a pensar que somos las personas más conservadoras del mundo, pero por otro lado sabe que estamos dispuestos a pegar esos saltos. Esos saltos… borgianos, si se quiere.

—Pero: si el censo es la foto del día y al día siguiente pueden variar, si big data es incompleta, si, como decís en el libro, es imposible tomar el PBI varias veces al año, si hay ochenta maneras de medir la pobreza y cada una es sesgada, si tenemos todas esas limitaciones, ¿para qué sirve la estadística?

—Ahí está el asunto. La estadística se mueve por “piedras de Rosetta”. Suponete que tomás una medición del desempleo en base a tres mil hogares que son representativos de los tres millones que hay en CABA: en algún momento necesito ver si lo que medí con tres mil hogares es muy distinto de lo que podría haber medido con tres millones. Cada tanto la realidad te ofrece esas piedras de Rosetta en donde la estadística permite ver si las cosas realmente funcionan. Lo importante de la estadística no es que sea buena o mala, sino con que sea útil o inútil. La pregunta es útil para qué: útil para la toma de decisiones. No hay peor estadística que la que no se usa. Si te digo qué va a pasar con el dólar y no logro cambiar tu marco decisorio —independientemente de que acierte o no—, es como que no te hubiera dicho nada. Las estadísticas son útiles en la medida en que nos permitan tomar decisiones más informadas. O, si se quiere, mejores decisiones.

La pandemia y el milagro secreto

—¿Qué tendrían que aprender Ginés, Quirós y los ministros de Salud de Borges?

—Siguiendo con “El jardín de senderos que se bifurcan”, uno tiene que prestar atención a los datos y a los escenarios contrafácticos, que son los peores de todos porque son los que tenemos que imaginar. Si ahora la tasa de contagios baja, no puedo tomarlo como una medida de éxito de la política que se tomó, porque es una mezcla del éxito de la política con la evolución natural de la pandemia. Así como están las cosas, por lo menos en esta circunstancia, la tasa de contagios tiene que bajar. La gran pregunta es si va a subir. Y la otra gran pregunta es cómo hubiese sido la curva de casos de haber adoptado otra política. Entonces, si tuviese que dar un consejo borgiano: hay que meterte en todos los posibles senderos del jardín para ver cómo hubiera sido el escenario de haber hecho otra cosa.

—¿Se puede considerar como “otro sendero” las medidas de otros países?

—Pero los datos te muestran nada más que una cosa y te muestran, insisto, una mezcla de causas. Antes decíamos que Uruguay era un país ejemplo y ahora resulta que están preocupados. Se decía que Europa ya se habían sacado el problema de encima y ahora les pegó de vuelta. En definitiva, la enseñanza borgiana es que hay que dejar hablar a los datos, pero no demasiado. En algún momento uno tiene que pensar los escenarios alternativos porque es la única forma de evaluar políticas.

—Cuando la cantidad de infectados era baja, el coeficiente de multiplicación era muy alto. Ahora, ese número es bajo, pero la tasa de infectados es muy superior. Entonces, ¿era válido que el gobierno tome ese coeficiente para pasar de una fase a otra de la cuarentena?

—Todos estos coeficientes son distintas formas de mirar lo mismo, lo que pasa es que con algunas es más fácil de ver la cantidad de contagios, de casos, la tasa de duplicación, etc. Tu pregunta pone arriba de la mesa que una realidad compleja no se puede resumir en un coeficiente solo. La complejidad de la dinámica del coronavirus tiene que ser representada de una forma relativamente compleja para que no se distorsione la realidad. Me parece que es tan peligroso reportar nada más que casos a la Funes —el personaje de Borges—: estos son los datos y yo no digo nada, como intentar resumirlos en un número y ver si ese número sube o baja. Una enfermedad como esta es un fenómeno más relativo que absoluto. La discusión que se está manteniendo ahora es si no estamos viendo el comienzo de la tasa de rebote. Si uno mira la curva ve una caída pronunciada, pero si sacás la lupa vas a ver que esa caída se detuvo. En términos técnicos estás mirando otra característica de una función.

—Una derivada.

—Exactamente, estamos mirando la segunda deriva. Siempre les digo a mis alumnos que las situaciones simples demandan estadísticas simples y que las situaciones complejas demandan estadísticas complejas. Eso es inevitable. Lo que ha pasado con la pandemia es que algunas circunstancias las agarrás con un numerito, pero cuando tenés que ver dinámicas complejas como ver si se pega un rebote o analizar si se va a ocupar la capacidad hospitalaria, necesitás estadísticas más sofisticadas. La gente tiene una preferencia innata por las cosas simples y está bien que así sea, pero entonces se pone nerviosa cuando decís que necesitás estadísticas más complejas. “Antes te alcanzaba con estadísticas simples, por qué ahora necesitás estadísticas complejas”. Bueno, no todo puede simplificarse: ¡bienvenido a la ciencia!

 

Fuente: Infobae

https://www.infobae.com/cultura/2020/12/20/que-debe-aprender-netflix-de-borges/

 

Jorge Luis Borges «pidió un favor»: Quería hablar con Juan Rulfo

 Rulfo: ¿Yo? Pues muriéndome, muriéndome por ahí".

Borges: "Entonces no le ha ido tan mal".

Jorge Luis Borges «pidió un favor»: Quería hablar con Juan Rulfo

 

A su llegada a México, el escritor argentino Jorge Luis Borges «pidió un favor» a sus anfitriones. Quería hablar con Juan Rulfo. Le sugirieron entonces un desayuno. «Pido clemencia -respondió-. Prefiero los atardeceres. Las mañanas me derrotan. Ya no tengo el brío ni las fuerzas para entregar al día lo que se merece. Hoy el crepúsculo me sienta mejor. Sólo quiero conversar con mi amigo Rulfo».

Rulfo: Maestro, soy yo, Rulfo. Que bueno que ya llegó. Usted sabe como lo estimamos y lo admiramos.

Borges: Finalmente, Rulfo. Ya no puedo ver un país, pero lo puedo escuchar. Y escucho tanta amabilidad. Ya había olvidado la verdadera dimensión de esta gran costumbre. Pero no me llame Borges y menos «maestro», dígame Jorge Luis.

Rulfo: Qué amable. Usted dígame entonces Juan.

Borges: Le voy a ser sincero. Me gusta más Juan que Jorge Luis, con sus cuatro letras tan breves y tan definitivas. La brevedad ha sido siempre una de mis predilecciones.

Rulfo: No, eso sí que no. Juan cualquiera, pero Jorge Luis, sólo Borges.

Borges: Usted tan atento como siempre. Dígame, ¿cómo ha estado últimamente?

Rulfo: ¿Yo? Pues muriéndome, muriéndome por ahí.

Borges: Entonces no le ha ido tan mal.

Rulfo: ¿Cómo así?

Borges: Imagínese, don Juan, lo desdichado que seríamos si fuéramos inmortales.

Rulfo: Sí, verdad. Después anda uno por ahí muerto haciendo como si estuviera uno vivo.

Borges: Le voy a confiar un secreto. Mi abuelo, el general, decía que no se llamaba Borges, que su nombre verdadero era otro, secreto. Sospechoso que se llamaba Pedro Páramo. Yo entonces soy una reedición de lo que usted escribió sobre los de Comala.

Rulfo: Así ya me puedo morir en serio.

 

Fuente: pudh.unam.mx/

Revista de Derechos Humanos No. 67

Fuente: La Crónica de Chihuahua – México

http://www.cronicadechihuahua.com/Jorge-Luis-Borges-pidio-un-favor-Queria-hablar-con-Juan-Rulfo.html

martes, 8 de diciembre de 2020

DOCUMENTO: DE COMO 1.000 JOVENES INGLESES OVACIONARON A BORGES


 Revista Gente y la Actualidad

27.05.1971

JORGE LUIS BORGES, EL MAXIMO ESCRITOR DE LOS ARGENTINOS, DESLUMBRO DURANTE CUATRO NOCHES A LOS CHICOS DE PELO MUY LARGO Y A LAS MUCHACHAS DE ROPAS ESTRIDENTES DE INGLATERRA, EN CONFERENCIAS MEMORABLES. UN PUENTE A TRAVES DEL TIEMPO, LLENO DE AFECTO, DE RESPETO, DE ENTENDIMIENTO.

 

Estaba allí, con las manos aferradas a la mesa, una sonrisa y un temblor, y esa voz que sale muy despacio, entreverada entre la realidad y los sueños.

 

—"Las palabras pueden alterarlo todo. Incluso a la persona que las utiliza. .."

Hay más de mil jóvenes de pelo largo y ropas estridentes escuchando al argentino Jorge Luis Borges, un genio de la literatura que a los 72 años ha roto todas |as barreras, todas las discusiones para alcanzar el respeto universal.

 

El "Institute of Contemporary Arts" ha programado estas "Cuatro noches con Borges", estas cuatro conferencias en el Central Hall, una amplia capilla metodista que se yergue en el corazón londinense, a las puertas de Westminster, cerca del sonido del Big Ben.

 

Una ciudad que Borges ama a través de su sangre y de su lengua, a través de los placeres de investigar cada palabra, cada libro. La mirada acuosa distingue apenas esos rostros que pertenecen un poco al presente y un poco al futuro. Chicos y chicas que han leído a ese hombre legendario, que están allí con sus obras en la mano.

 

—Me enamoré muchas veces — dice la voz de Borges desde algún valle húmedo.

 

—¿De qué, de quiénes? —pregunta una cabeza roja, un cuello con collares.

 

—De tantos libros, de tantos sueños..., de alguna mujer, de algún recuerdo.

Lo escuchan los rebeldes, los preocupados, los que cuestionan. Hay un río de afecto entre Jorge Luis Borges y ellos, los que se bañaron en los admirables productos de su imaginación y su cultura inconmensurable. El mundo de su fantasía, cuando llega a través de su voz, es mucho más real que la realidad misma

 

—¿Dónde está mi vida? No sé bien. Creo que está en los libros. No en los que yo he escrito, que jamás me parecieron buenos, sino en los que fui encontrando desde la biblioteca de mi casa natal hasta hoy. Los libros llegan a ser amigos muy queridos que existen sólo cuando se los lee. Por eso he leído y releído tantos. Cuando se tienen 72 años no se sabe mucho acerca del futuro, y en orden a morir lo único que importa es estar vivo. Yo quiero seguir leyendo.

 

—¿Qué libros le interesan? — dice una muchacha repleta de rulos y con la cara dominada por dos ojos inteligentes.

 

—Quiero, repito, leer y releer lo leído, encontrar otra vez aquellos universos maravillosos.

 

—Borges —otra voz llega desde el fondo—, ¿por qué sus libros hablan siempre de las relaciones de los hombres con las cosas y no de las relaciones de los hombres entre sí?

 

—No lo sé..., no lo sé..., es que toda mi vida he sido un poco torpe. Y aunque por otro lado la justificación de mi vida es la amistad, no he conseguido siempre narrarlo.

 

—¿La amistad? ¿Quiénes son sus amigos?

 

—Entre las obras que ahora me dan vueltas por dentro, habrá probablemente una llamada "Los Amigos". Supongo que allí estarán Cansinos Asens, Macedonio Fernández, Alfonso Reyes, y otros amigos que ni siquiera conocí o que están muertos. Soy tan amigo de los vivos como de los muertos: Chesterton, Stevenson, Kipling. Y, de pronto, alguno que jamás vivió: soy muy amigo de Sherlock Holmes.

 

—¿Cómo juzga su obra, Borges?

 

—No la juzgo —dice con su inglés de inmejorables armonías—. Apenas termino algo se lo doy a otros. Hay quienes sostienen que es buena, pero yo estoy lleno de dudas.

La charla crece muy lentamente, se hace más cálida. Un poeta, un cuentista, un imaginero que cruzó los setenta años se une mágicamente con jóvenes que descreen de muchas cosas, pero siguen creyendo devotamente en la poesía.

 

—Pienso a veces que la lectura obligatoria, a la que ustedes están por lo que hacen, acostumbrados, no tiene valor. Es más importante explorar los libros en soledad.

 

—¿Hubo algún libro imposible para usted?

Otra vez la sonrisa o el temblor. Mil jóvenes se sientan sin formalidad en una vieja capilla de Inglaterra y escuchan, esperan.

 

—Claro. Por ejemplo, fracasé con "Madame Bovary", no pude leerla, me aburrió.

 

—Y su aporte a la literatura de Sudamérica, ¿cómo podría explicarlo?

 

—Es un intento —tiembla Borges con el rostro cubierto por el bastón y emocionado.

 

—¿Un intento de qué?

 

—De llevar a la gente, de invitarla a abandonar la realidad para incorporarse a la fantasía. Claro que en algún momento uno no distingue en qué lugar está cada cosa, la realidad, la fantasía. Imagino que alguna antología dirá de mí, después de mi muerte, que fui un autor de narraciones fantásticas.

Afuera hay una lluviecita transparente. Borges ha callado y bebe agua fresca.

 

—Debo decirles que me siento dichoso de sentir que ustedes quieren a Borges. Esto es algo parecido a la abolición del tiempo, al desprecio del tiempo. Aunque en realidad el tiempo mana del futuro y ustedes pertenecen ya al futuro.

 

Quizás no lo sepa, pero Jorge Luis Borges, un deslumbrante embajador de su tierra, pertenece también al futuro. Para probarlo basta una sola de sus líneas. Para hacerlo tangible, esta charla cálida con un millar de jóvenes de ropas y pelos libres que lo conocen profundamente. Algunos se han acercado. Borges los atisba, sigue hablando pero ahora casi en un susurro.

 

Por ANA MARIA BEL. Fotos: SALVADOR GARCIA DE LA TORRE

Fuente: Mágicas Ruinas

http://www.magicasruinas.com.ar/revistero/argentina/jorge-borges-en-inglaterra.htm

 

 

Diálogo. (Re)leer a Borges en tiempos de big data

 

Nota de Oye Borges: El dialogo comienza a los 3,50 minutos

Literatura, ciencia, poesía, estadística y computación se entrelazan y se bifurcan para iluminar nuestro tiempo de manera particularmente apropiada: en medio de la revolución de Big Data y algoritmos, ciertos fenómenos cruciales siguen siendo esquivos a la predicción. Son esas incertidumbres y azares los que la obra de Borges –el escritor que científicas y científicos idolatran sin grietas– nos ayuda a entender (e incluso, a veces, a disfrutar).

Este es el acercamiento que nos proponen los científicos Walter Sosa Escudero, autor de Borges, big data y yo y Diego Golombek, director de la colección Ciencia que ladra, de Siglo XXI editores, quienes dialogarán en vivo.

Transmitido en vivo el 5 dic. 2020

 

Fuente: You Tube

https://www.youtube.com/watch?v=Uo3aeT0UEwc

domingo, 6 de diciembre de 2020

Borges aparece en “El nombre de la rosa”, la novela que se convertirá en serie


Escritor, filósofo, ensayista, profesor, semiólogo, el italiano Umberto Eco (1932-2016) dedicó una vida a la academia y a los libros. Y cobró popularidad no por su Tratado de semiótica general, de 1975, o al menos no solo por él, sino sobre todo por su novela histórica, misteriosa, oscura, El nombre de la rosa, de 1980. El primero es un tratado, casi un manual de semiología, y el segundo, una novela, la primera que escribió Eco y la que le dio fama mundial. Y sin embargo, porque Eco nada dejaba librado a la casualidad, los dos están de alguna manera relacionados y no únicamente por su autor.

La historia de El nombre de la rosa –que este jueves 7 de mayo se estrena como serie para Latinoamérica en la plataforma de streaming Starzplay– está ambientada en el siglo XIV, en un cerrado ambiente religioso en un monasterio benedictino al norte de Italia, bajo el papado de Juan XXII. Allí una serie de crímenes son investigados por el fray Guillermo de Baskerville y su pupilo, el joven Adso de Melk, la voz narradora de la novela, transitando su vejez.

Umberto Eco, un referente de la semiología.

La abadía es conocida por su amplia biblioteca. La investigación no es sencilla –alguien ¿quién y por qué? se opone a que se sepa la verdad– y las muertes se suceden unas a otras. Y todos esos crímenes están vinculados a un libro prohibido, envenenado y que se creía perdido. Alerta de spoiler: ese libro “blasfemo” es el supuesto segundo tomo con de la Poética de Aristóteles, un libro, por lo que se sabe, desaparecido desde la Edad Media y que supuestamente trataba sobre la comedia. La risa aparece entonces como elemento subversivo, es, en definitiva, lo que provoca la muerte de los monjes.

Guillermo de Baskerville y su pupilo recolectan indicios, signos, huellas, señales –conceptos vertidos en el Tratado de semiótica general– para descubrir, homenajeando a los mejores detectives de investigación, lo que está sucediendo.

“El nombre de la rosa”, de Umberto Eco.

En el medio, Guillermo de Baskerville debe enfrentar, por un lado, al enviado papal e inquisidor Bernardo Gui, y, por el otro, su método científico de investigación se contrapone al fanatismo religioso de Jorge de Burgos, el bibliotecario anciano y ciego, un personaje que homenajea a Jorge Luis Borges y así es aparece en la novela:

“El que acababa de hablar era un monje encorvado por el peso de los años, blanco como la nieve; no me refiero solo al pelo sino también al rostro, y a las pupilas. Comprendí que era ciego. Aunque el cuerpo se encogía ya por el peso de la edad, la voz seguía siendo majestuosa, y los brazos y manos poderosos. Clavaba los ojos en nosotros como si nos estuviese viendo, y siempre, también en los días que siguieron, lo vi moverse y hablar como si aún poseyese el don de la vista. Pero el tono de la voz, en cambio, era el de alguien que solo estuviese dotado del don de la profecía”.

Eco quedó de muy joven fascinado con Borges, sobre todo a partir de la lectura de Ficciones. No pocos han remarcado cierta presencia de la biblioteca del cuento La biblioteca de Babel en El nombre de la rosa, sobre todo por lo laberíntico y espejado del lugar y porque en el cuento, un viejo librero se desvive por encontrar un libro perdido.

“Evidentemente, hay una suerte de homenaje en El nombre de la rosa, pero no por el hecho de que haya llamado a mi personaje Burgos. Una vez más estamos frente a la tentación del lector de buscar siempre las relaciones entre novelas: Burgos y Borges, el ciego, etc. Al igual que los pintores del Renacimiento, que colocaban su retrato o el de sus amigos, yo puse el nombre de Borges, como el de tantos otros amigos. Era una manera de rendirle homenaje a Borges”, dijo Eco.

Eco quedó fascinado cuando leyó a Borges y lo homenajeó con un personaje en “El nombre de la rosa”.

Publicada en 35 países y con más de 15 millones de copias vendidas, la novela tiene más de un nivel de lectura: puede ser leída linealmente como una historia de misterio, casi como un policial, y luego viene el desafío, la segunda lectura, la que permite captar una gran cantidad de referencias, personajes históricos, citas, juegos, retórica, ironías y notas al pie.

Pese a ser considerada una novela “difícil”, cosechó gran éxito entre los lectores y tuvo su espaldarazo mundial y masivo con la versión cinematográfica de 1986, dirigida por Jean-Jacques Annaud, en la que actúan Sean Connery y Christian Slater. También tuvo diversas adaptaciones a juegos electrónicos y hasta de mesa.

El título del libro es de por sí curioso y en algún punto una exquisitez semiótica: ha contado el propio Eco que el título iba a ser otro (La abadía del delito o Adso de Melk, por ejemplo), que de una larga lista de opciones El nombre de la rosa era la última elección. Es que la rosa es una figura simbólica y portadora de múltiples referencias y significados y por eso resultó tan conveniente para dar título a esta novela que juega bastante con los significados, para deleite de lingüistas y lectores.

 Fuente: Estar Informado

 https://estarinformado.com.ar/coronavirus/cuarentena-por-coronavirus-sabias-que-borges-aparece-en-el-nombre-de-la-rosa-la-novela-que-se-convertira-en-serie/