sábado, 6 de marzo de 2021

Borges en California. Se ponen a la venta manuscritos y libros con dedicatorias

Daniel Gigena

Un ejemplar de "Luna de enfrente", dedicado por Borges a su amigo Horacio Rega Molina, en venta en California

Para los bibliófilos, los senderos de la escritura borgeana no se bifurcan. Este jueves comienza la Feria Virtual del Libro Antiguo de California, donde se ofertarán cinco manuscritos y quince primeras ediciones de libros de Jorge Luis Borges, con dedicatorias a distintos amigos, como Raúl Scalabrini Ortiz, Horacio Rega Molina y Manuel Rojas Silveyra, director de la revista de arte Augusta en los “dorados” años 1920. La librería anticuaria Víctor Aizenman presentará estas veinte piezas originales, que llegaron a manos del librero a través de subastas o ventas directas de familiares y conocidos del autor argentino. La feria se desarrolla hasta el sábado 6 a las 20 (hora de California), en modalidad virtual. Para visitarla y ofertar por los manuscritos y ejemplares con dedicatorias autógrafas de Borges, hay que romper el chanchito e ingresar en este enlace.

El manuscrito de "Historia de los dos reyes y los dos laberintos" incluye un dibujo de Borgesarchivo

 

“Esperemos que haya compradores argentinos”, dice con ilusión Aizenman a LA NACION. La “fuga” de manuscritos, no solo borgeanos sino también de otros grandes escritores argentinos, es una constante a lo largo de décadas. Instituciones estatales como la Biblioteca Nacional Mariano Moreno no tienen, como declaró hace pocos años Alberto Manguel en su rol de director, “ni para el café”, así que poco podrían ofertar los funcionarios por manuscritos y ejemplares de primeras ediciones. La librería anticuaria de Aizenman está ubicada en la avenida Las Heras 2153.

El manuscrito de "El milagro secreto" se podrá adquirir en la Feria del Libro Antiguo de Californiaarchivo

 

Entre otros tesoros, en la feria californiana se pondrá a la venta el manuscrito del poema “Rusia” (ca. 1920), de catorce versos, titulado y firmado, y escrito en tinta negra. Este poema “prosoviético” de Borges se publicó inicialmente en la revista española Grecia el 1 de septiembre de 1920. “La simpatía juvenil del autor por la revolución bolchevique tuvo su expresión en una breve serie de poemas que, según sus manifestaciones ulteriores, debieron formar parte de un primer libro de título inequívoco: ‘Himnos rojos’ -explica Aizenman-. El proyecto fue desechado y solo sobrevivió una terna de poemas, entre ellos ‘Rusia’, que amalgama la inclinación política con la experimentación metafórica del ultraísmo”. En esta pieza, que coincide en su casi totalidad con la versión de la revista Grecia, hay una significativa variante léxica (”sol aurificado” por “sol crucificado”), detalle que otorga al manuscrito un valor particular en relación con los procesos de escritura de su autor, para quien “no puede haber sino borradores. El concepto de texto definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio”.

Una de las tres versiones del "poema probolchevique" de un joven Borges: "Rusia"archivo

 

También se ofertará el manuscrito de uno de los grandes cuentos del autor de Ficciones, “Historia de los dos reyes y de los dos laberintos”, de 1946, que incluye un dibujo hecho por Borges. Este manuscrito está firmado, datado y titulado, y fue escrito en tinta negra en un pequeño carnet de notas marca Patent, que pertenecía a la abuela inglesa de Borges, Frances Ann Haslam (”Fanny”). La libreta tiene sus iniciales doradas estampadas en la tapa. Junto al dibujo del laberinto hecho por el autor se lee, en griego, “KNΩΣΩN” (Cnosos, por el palacio cretense). Las páginas restantes contienen anotaciones en lápiz de Fanny Haslam, que se remontan a 1875. “Los soportes utilizados por Borges para la redacción de sus manuscritos se alejan de cualquier ortodoxia. Desde cuadernos escolares cosidos o de espiral hasta libros de contabilidad, desde hojas pautadas hasta grandes folios lisos y desde páginas blancas preliminares de libros publicados hasta las retiraciones de tapa de esos mismos libros, todos exhiben rasgos distintivos”, observa el librero. Para Aizenman, es poco probable que sigan apareciendo manuscritos borgeanos. “Las esperanzas son pocas”, agrega.

 

El manuscrito del cuento “El milagro secreto” (ca. 1942), firmado y titulado, y escrito en tinta negra en hojas lisas y cuadriculadas, numeradas a mano por el autor, presenta numerosas tachaduras, correcciones, interpolaciones, variantes y remisiones. El relato formó parte de Ficciones y, según Aizenman, está perfectamente conservado. El cuento se publicó por primera vez en febrero de 1943 en la revista Sur, y al año siguiente el autor lo incorporó a la segunda parte de Ficciones, en “Artificios”. Para el librero, este manuscrito, “no solo permite un íntimo acceso a los complejos procesos de escritura de Borges: también es una muestra privilegiada de puesta en abismo, en la que esos procesos tienen su exacta correspondencia con los que el protagonista del relato despliega en la ‘milagrosa’ escritura de su propia obra”. En la Feria del Libro Antiguo de California también estarán en venta los manuscritos de “El muerto” (1946) y “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz” (1946) ambos publicados en El Aleph. Los precios de los manuscritos se informan en la página web de la Feria.

        Dedicatoria de Borges a su amigo, el poeta Roberto Godelarchivo

 

Entre las primeras ediciones de libros de Borges, dedicados por él, se encuentra un ejemplar de Inquisiciones (de 1925), con la siguiente leyenda autógrafa: ”Para Manuel Rojas Silveyra, muy cordialmente. [fdo.] Jorge Luis Borges”. En su madurez, Borges fue inquisidor de esta obra: impidió que fuera reeditada e incorporada a sus Obras Completas, como pasó con El tamaño de mi esperanza y El idioma de los argentinos. Rojas Silveyra se destacó como crítico y director de Augusta, la más prestigiosa revista de arte de la época. “La amistad que los unió le permitió a Borges encomendarle la lectura pública de lo que debió ser su primera conferencia (’El idioma de los argentinos’, el 23 de septiembre de 1927), que su conocida fobia le impidió encarar personalmente”, comenta Aizenman. Otro de los ejemplares dedicados es una segunda edición de El aleph, de 1952. “A Roberto Godel, con vieja amistad. Jorge Luis Borges. Buenos Aires, 1952”, se lee. Borges prologó el libro de poemas de su amigo de la infancia, Nacimiento del fuego. “Mi amistad con Roberto Godel es larga en el tiempo -escribió-. En nuestro común Buenos Aires, en el desierto craso y chacarero de la Pampa Central, en un jardín mediterráneo en la Pampa, en otros menos sorprendentes jardines de los pueblos del Sur, he conocido muchos de los versos publicados aquí”. También lo menciona al inicio de “Juan Muraña”, uno de los relatos de El informe de Brodie. Vida y literatura afloran en la caligrafía menuda del máximo escritor argentino.

 

Fuente: La Nación

https://www.lanacion.com.ar/cultura/borges-en-california-se-ponen-a-la-venta-manuscritos-y-libros-con-dedicatorias-nid04032021/

 

 

 

Por qué leer a Borges en clase


Laura Rosato, directora del Centro de Estudios Jorge Luis Borges, que depende de la Biblioteca Nacional y una apasionada lectora del autor de “Ficciones” y “El Aleph”, da algunas sugerencias para acercar los cuentos de Borges a los adolescentes.

 

Hay un equívoco muy grande en torno a Borges: la idea de pensarlo como un autor árido, tortuoso, difícil, críptico. Lo cierto es que Borges es un autor que tiene la intención de ser leído y que esas frases que parecen indescifrables son, en general, detalles para darle una verosimilitud al relato que cuenta.

 

Laura Rosato, directora del Centro de Estudios Jorge Luis Borges, que depende de la Biblioteca Nacional y una apasionada lectora del autor de “Ficciones” y “El Aleph”. En diálogo con Ticmas, Rosato presentó algunas sugerencias para anclar la lectura de Borges a la realidad de los estudiantes:

 

Cuarentena. “Imagino que la vida cotidiana de Borges se parecía más a nuestra cuarentena. Todo ese mundo imaginario que construyó de niño y de adolescente lo hizo en base a la lectura. No sólo de lo que leía en la biblioteca del padre, sino también en las bibliotecas por las que circulaba y en las charlas con los amigos de sus padres. Borges estaba muy nutrido por la literatura y este momento nuestro es un buen momento para pensar la alternativa”.

 

La lectura popular. “Hoy Borges sería considerado un lector inconsistente. No tuvo una escolaridad formal por varias razones; una de ellas fue el viaje que la familia hizo a Europa por razones de salud del padre, y ahí estaban cuando los atrapó la Primera Guerra. Terminó el bachillerato en Ginebra, pero siempre tuvo una educación informal y se fue formando con sus lecturas. Su forma de leer es, como decía Beatriz Sarlo en un texto que escribió para la Biblioteca, como un alfil. Se movía en diagonal; no leía de principio a fin, sino que iba salteando por lo que le gustaba. Él decía que había que dejar los libros que no te gustaban; puedo no estar de acuerdo con eso, porque hay libros que hay que leer con esfuerzo y despacito. Pero si se compara la biblioteca de Borges con la de Bioy, por ejemplo, que es una biblioteca de clase alta, la de Borges es una biblioteca que se formó con el placer de leer. Su genialidad consiste en que a partir de las lecturas populares y de divulgación científica, que no tienen que ver con la ‘alta cultura’, él hace una obra increíble que tiene la capacidad de amalgamar y sintetizar lo clásico”.

 

Una lectura apasionada. “Borges genera pasión: directores de cine, científicos, filósofos, todos se apasionaron con Borges. A medida que pasa el tiempo se van diluyendo los prejuicios que hubo sobre su literatura, un poco a partir de sus posiciones políticas. Lo que hay que saber de sus cuentos es que él explica todo: Borges no quiere dejar afuera al lector. Lo que no explica es decorativo, es pintoresco. Es raro, porque las cosas que le dan verosimilitud al texto son nombres de autores o cosas raras como siete formas de mencionar a Buda. Eso podría generar una distancia con el lector; yo creo que no. Los adolescentes están acostumbrados a leer cosas extrañas. Son ‘polilingües’. Hay que confiar en eso”.

 

Un cuento para trabajar en clase. “‘La casa de Asterión’: tal vez no es el mejor cuento de Borges, pero tiene sorpresa y la dosis justa de la literatura de Borges. Es como un muestrario. ‘Hombre de la esquina rosada’ es la variante criollista. Y, así como se trabaja ‘La noche boca arriba’, de Cortázar, se puede trabajar ‘El sur’: son versiones de una misma pesadilla. Con niños se puede leer ‘El libro de los seres imaginarios’. Creo que hay que desprejuiciar la lectura de Borges. Borges es un entretenedor”. La lectura desprejuiciada. “Lo primero que leí de Borges fue ‘El Aleph’. Lo leí cuando tenía 13 años. Después mi papá, que era peronista a muerte, me regaló mi primer libro de Borges. Me dijo: ‘Es un gorila tremendo pero escribe como nadie’. Agradezco mucho el desprejuicio de mi padre a la hora de la literatura. Me impactó muchísimo la primera escena de ‘El Aleph’, cuando Borges cuenta la muerte de Beatriz Viterbo y habla de la aparición de una nueva publicidad de cigarrillo en los carteles de Retiro o de Constitución. Mucho tiempo después, cuando falleció mi papá, recuerdo que un día puse la mesa y puse un plato menos y me acordé de esa escena. El plato que faltaba era la indicación de que el mundo había cambiado para siempre. Borges no se expresa con términos románticos y, sin embargo, cuando escribe esas emociones, lo hace de una manera tan profunda que uno las recuerda en el momento en que se enfrenta a las situaciones dolorosas de la vida”.

 

Entrevista publicada en el blog de Ticmas.

 

Fuente: Infobae

https://www.infobae.com/educacion/2021/03/02/por-que-leer-a-borges-en-clase/

lunes, 1 de marzo de 2021

Aproximación al tiempo en Borges


 

Por: Márcia Batista Ramos

 

El río me arrebata y soy ese río. / De una materia deleznable fui hecho, de misterioso tiempo. / Acaso el manantial está en mí. / Acaso de mi sombra / surgen, fatales e ilusorios, los días.

Jorge Luis Borges, Elogio de la sombra

 

Vivir en este planeta es un arte temporal que transcurre entre lo profano y lo divino, la mayor parte de las veces, de manera profanamente divina.

 

Es cierto que muchos piensan que es así, o por lo menos viven como si así lo fuera: de manera profanamente divina, mismo a sabiendas que el tiempo todo lo cambia o con el tiempo todo se extingue.

 

En Séneca aparece el tiempo dividiendo la vida y la muerte, con su tremenda brevedad. De ahí que Séneca permanece siempre con el presente, ya que sobre el presente gravita la vida con toda intensidad.

 

El pasado, entonces, es ya el rostro mismo de la muerte, porque la vida va dejando un lastre muerto, y el tiempo ineludible la empuja, forzosamente, a la muerte final y definitiva, cumpliendo así con una ley natural.

 

La temporalidad de la vida, en el planeta, parece necesaria. Si no es necesaria, sabemos que es inevitable. Por lo tanto, el tiempo se torna un tema eterno en la poesía.

 

¿Qué poeta no cantó la angustia que causa la temporalidad tan efímera de la existencia?

 

Los conocedores de la obra poética de Jorge Luis Borges, saben que su nombre debe incluirse entre los pocos poetas latinoamericanos, que escribieron su pensamiento también a través de la poesía y dejaron una intensa y profunda impresión sobre la temporalidad, entre otros temas, asumiendo que el verso es forma temporal de la expresión artística.

 

Borges, consignatario de una poesía más tributaria de la prosodia clásica, escribió de forma muy disciplinada circunscrita a una preceptiva canónica, sin alejarse de las temáticas que angustian al hombre por el simpe hecho de existir.

 

La profunda e intensa impresión del tiempo en la poesía de Borges permite reflexionar sobre la existencia mortal, finita, inevitablemente temporal, de las personas que habitamos en el planeta en este preciso instante, ya que después no estaremos; ya seremos historia, memoria, pasado…

 

La fugacidad del tiempo fue uno de los orígenes de la angustia manifestada en las letras de Borges, ya que escribió muchos textos en alusión a este tema.

 

En el poema “Heráclito”, la angustia que produce la fugacidad del tiempo está relacionada con el devenir incesante y el cambio de la realidad que nos rodea. Pero Borges identifica que nosotros, los humanos, también somos una realidad en eterno devenir; entonces para él estamos hechos de esa “materia deleznable”, de “misterioso tiempo”, reconociendo que somos seres hechos de tiempo, lo cual acentúa la conciencia de nuestra fragilidad.

 

Borges escribió: “Yo diría que siempre sentimos esa antigua perplejidad, esa que sintió mortalmente Heráclito en aquel tiempo al que vuelvo siempre: nadie baja dos veces al mismo río. ¿Por qué nadie baja dos veces al mismo río? En primer término, porque las aguas del río fluyen. En segundo término —esto es algo que ya nos toca metafísicamente, que nos da como un principio de horror sagrado—, porque nosotros mismos somos también un río, nosotros también somos fluctuantes. El problema del tiempo es ése. El problema de lo fugitivo: el tiempo pasa” (“El tiempo”, en Borges oral).

 

En otro poema con el mismo título, Borges agrega algo novedoso al análisis del tema de la fugacidad, de nuevo inspirado en la filosofía de Heráclito:

 

“Se mira en el espejo fugitivo / y descubre y trabaja la sentencia / que las generaciones de los hombres no dejarán caer. Su voz declara: / Nadie baja dos veces a las aguas / del mismo río. Se detiene. Siente / con el asombro de un horror sagrado que él también es un río y una fuga”.

 

Además de reconocer que siempre habrá otro río a pasar, Borges reconoce que ya no somos los mismos cada vez que retornamos al río. Empero, posteriormente, siguiendo la lectura del poema, el lector comprueba que el verdadero protagonista del mismo no es Heráclito, sino un “hombre gris” que ha soñado con Heráclito y que “entreteje endecasílabos para no pensar tanto en Buenos Aires y en los rostros queridos”, lo que hace pensar en Borges eternizado en uno de sus poemas; tal vez para no sentirse finito, mortal.

 

Jorge Luis Borges escribe versos adamantinos que resisten el desgaste del tiempo, versos perdurables que sobrevivan al autor y a su recuerdo, comprobando que la simpleza técnica conduce a la grandeza intrínseca y escribe:

 

“Pido a mis dioses o a la suma del tiempo \Que mis días merezcan el olvido, \Que mi nombre sea Nadie como el de Ulises, \Pero que algún verso perdure \En la noche propicia a la memoria\O en la memoria de los hombres” (Obra poética: 247).

 

Así como Píndaro, al declarar que el ser humano es el “sueño de una sombra”, Shakespeare dijo que “estamos hechos de la madera de los sueños”, o Calderón de la Barca en su libro La vida es sueño. Borges, introduce este recurso en su obra. En el caso, la figura del sueño en el que aparece Heráclito aumenta la sensación de la imperdonable brevedad que conlleva el paso del tiempo.

 

Borges, en sus relatos, también muestra su preocupación por el tema del doble, que desarrolla en “El otro” (El libro de arena), donde reconoce la capacidad de ser distinto, esa alteridad, imaginario espejo del que permanentemente se sintió acompañado, incluso en su ceguera.

 

“El Otro” sería uno mismo visto a través del tiempo con todos los cambios consecuentes del transcurrir en el tiempo. “El Otro” fue interpretado como una consecuencia de esta inquietud: ¿Cómo sería un encuentro con nosotros mismos, pero mucho más jóvenes de lo que somos ahora, cuando el paso del tiempo nos ha convertido en “otras” personas? ¿Seguimos siendo “el mismo” o, por el contrario, podemos desconocernos en este espejo deformado por el tiempo? A esas interrogantes Borges responde en este relato, que es un desafío a la lógica y al tiempo, a través de un viaje al pasado y al futuro de sí mismo o la conversación con el “alter ego”.

 

Para Borges, la vida es una especie de camino de la muerte y escribe: “Morir es perder el ámbito de la costumbre. Morir es sentir que el mundo se le hace cada vez más ajeno y ver que se queda como una litografía” (Sucre: 93).

 

Muy probablemente, Borges retoma el concepto de Séneca de que la vida va dejando un lastre muerto a su paso. Entonces asume la muerte como el desprendimiento de algo propio, de vivencias, de recuerdos que, de alguna manera, son dejados en el pasado y que ya no regresarán.

 

Por ende, cada acto de su vida le parece definitivo e irrevocable, puertas que se cierran a su paso, en un camino ya recorrido y sin regreso.

 

Por eso cavila y se pregunta: ¿Cómo soy y quién es el otro, él que fui yo, cuando joven?, en un ejercicio cíclico que caracteriza su poesía y su pensamiento circular y tautológico.

 

Borges escribe sobre el tiempo que “es irreversible y de hierro”, reconociendo siempre que es la sustancia de que está hecho el hombre, que radica en el hombre mismo. A pesar de, su fuerza, el tiempo marcha de ascenso a descenso; y es este tiempo el que finalmente destruye al hombre cuando llega al punto cero de su trayectoria, de la muerte. No obstante que el tiempo “es ciega sucesión, pero se vuelve lucidez en la conciencia del hombre” (Sucre: 43). Ya que el hombre reconoce lo que ha vivido y sabe que ya no puede volver a vivir lo mismo otra vez.

 

Borges lo registra en “Laberinto”:

 

No habrá nunca una puerta. Estás adentro \Y el alcázar abarca el universo \Y no tiene anverso ni reverso \Ni externo ni secreto centro” (Elogio de la sombra: 326).

 

Borges sabe que, a través de la palabra, él puede contrariar la divinidad y eternizar el hombre o eternizarse a través de la palabra hecha poesía, pero también sabe que la vida llega a su fin; que para el fin que es la muerte no existe escapatoria ni salida. Entonces escribe: “Es de hierro tu destino/ Como tú juez. No existe. Nada. Ni siquiera/ En el negro crepúsculo la fiera.” (Elogio de la sombra: 326).

 

No hay más tiempo, el acto de la muerte no es reversible. No hay esperanza. La condenación es aniquilante, al final todo termina. Se cierra la última puerta, que Borges menciona constantemente para mostrar que no hay salida posible, y registra: “Todo lo arrastra y pierde este incansable \Hilo sutil de arena numerosa. \No he de salvarme yo, fortuita cosa \De tiempo, que es materia deleznable” (El Hacedor: 117).

 

Borges sabe que el tiempo termina, que ya no vuelve, que el último movimiento del río de Heráclito pasará para siempre y la memoria será olvido.

 

Ya que el tiempo es una ley que lo rige todo, manifestando un esquema establecido y completa un círculo que termina invariablemente.

 

Fuente: Consultario

http://archivo.e-consulta.com/blogs/nuevoconsultario/nota/desde-el-sur/aproximacion-al-tiempo-en-borges

 

 

 

Borges y El bosque de la noche


Por Héctor Cortés Mandujano

 

Me alegró hallarme con la biografía Jorge Luis Borges (Ediciones Omega, 2002), escrita por el filósofo español Fernando Savater, de quien he leído con mucho placer varios libros. El título original de este libro, aclara mi lector electrónico, era, es El tiempo, la ironía metafísica.

 

Savater declara sin ambages que Borges ha sido desde siempre su autor favorito y que no vivió a su lado (estuvo junto a él en pocas ocasiones) ninguna anécdota especial. Cuando lo invitaron a escribir su biografía pensó en revisar lo que de este autor se hubiera escrito y, dice que, en 2000, en Argentina (p. 8) “me fue facilitado un imponente prontuario, del tamaño de la guía telefónica de Nueva York, con literalmente miles de referencias. Como si se tratara de Shakespeare o Cervantes, pero a menos de veinte años de su muerte”.

 

Alan Pauls, cita Savater, dijo de Borges (p. 24), “fue básicamente alguien que se pasó una respetable cantidad de años escribiendo en redacciones tumultuosas, con plazos perentorios, contra reloj y a veces contra sus jefes, por dinero, y alguien cuyos textos, a menudo tachados de ilegibles, compartían la misma página de revista con un aviso de corpiños o de dentífrico y con artículos para esclarecer a las amas de casa”.

 

Borges escribió un dístico genial en “Un poeta menor” (p. 32): “La meta es el olvido. Yo he llegado antes”.

 

Savater, aunque no se empeña en ello, sí da cuenta de varias de las famosas anécdotas de Borges (p. 36): “En cierta ocasión, ya semiciego, al pasar frente al cartel electoral de un partido nacionalista que exultaba ‘Dios, familia y propiedad’ comentó a su acompañante: ‘¡Caramba, qué tres incomodidades’ ”.

 

El biógrafo ha leído completa y reiteradamente al argentino y nos hace saber los que considera sus mejores cuatro libros (p. 39): Ficciones (1994), El Aleph (1949), Otras inquisiciones (1952) y El hacedor (1960). Y también sus mejores cuentos: “Las ruinas circulares” y “El Aleph”.

 

Otra anécdota (p. 58): “En Egipto, ante las pirámides, se inclinó para recoger un puñado de arena que derramó unos metros más allá, mientras susurraba: ¡Estoy modificando el Sáhara!”.

 

Tal vez por textos como éste, tituló Savater a su libro la ironía metafísica. Dice Borges sobre la vista azarosa de unos pájaros al vuelo (p. 71): “Si Dios existe, el número es definido, porque Dios sabe cuántos pájaros vi. Si Dios no existe, el número es indefinido, porque nadie pudo llevar la cuenta. En tal caso, vi menos de diez pájaros (digamos) y más de uno, pero no vi nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres o dos pájaros. Vi un número entre diez y uno, que no es nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres o dos. Ese número entero es inconcebible; ergo, Dios existe”.

 

Al final, Savater hace la selección de los que considera los mejores textos de Borges, pero excluye aquellos que son muy populares o muy sabidos; la suya es una antología para quienes ya han leído al argentino, no para quienes quieran empezar a leerlo.

 

El menosprecio que los norteamericanos sienten por la gente de México ha existido desde hace mucho. En “El asesino desinteresado Bill Harrigan”, biografía de Billy The Kid, cita Borges que este asesino legendario debía (p. 90) “hasta veintiuna muertes –‘sin contar mejicanos’-, porque “no vale la pena” anotarlos.

 

En “The Fear of the Dead in Primitive Religion, de sir James George Frazer”, Borges hace gala de su ironía característica cuando glosa el volumen de Frazer, que trata del temor a los muertos, y dice que (p. 99) “la obra seguirá inmortal: no ya como lejano testimonio de la credibilidad de los primitivos, sino como documento inmediato de la credulidad de los antropólogos, en cuanto les hablan de primitivos”.

 

En “La señora mayor” cuenta la historia de María Justina Rubio de Jáuregui, quien (p. 135) “era la única hija de guerreros de la independencia que no había muerto aún”. De nuevo es irónico (p. 138): “Hacia 1929, en que se hundió en el entresueño, contaba sucedidos históricos, pero siempre con las mismas palabras y en el mismo orden, como si fueran el Padrenuestro, y sospeché que ya no respondían a imágenes. Lo mismo le daba comer una cosa que otra. Era, en suma, feliz”.

 

Su poema “La dicha” tiene líneas magistrales (p. 145): “Los árboles me dan un poco de miedo. Son tan hermosos. […] Loado sea el amor en el que no hay poseedor ni poseída, pero los dos se entregan. […] Todo sucede por primera vez, pero de un modo eterno. El que lee mis palabras está inventándolas”.

 

La novela El bosque de la noche (me gusta el título), de la escritora norteamericana Djuna Barnes, hace constante alusiones sexuales y no se priva de constantes “palabrotas”; sin embargo, y en contraste, está escrita en una cuidada prosa poética.

 

La historia fue, supongo, escandalosa para los tiempos en que se publicó (originalmente en 1936, mi original es de RBA Editores, 1993), porque habla, y simplifico, de la relación entre el noble Félix y Robin, que se casan; cuando ella pare a su primer hijo, deja a su marido y a su hijo (no volverá a verlos) para irse con una mujer, Nora, de la que se ha enamorado; luego deja también a Nora para irse con Jenny… Nada mal para epatar burgueses.

 

Otro de los personajes, para atacar por todos los flancos, es un doctor travestido, que es amigo de Félix y Nora. Cuando ve que las mujeres se aman, piensa (pp. 90-91): “Amor de mujer por mujer, ¿qué mente pudo crear este demencial afán de angustia desenfrenada y sombría maternidad sin resolver”.

 

El doctor Matthew Poderoso O’Connor es un pensador (p. 98): “Dormimos sumidos en un polvo de reproches contra nosotros mismos. Estamos llenos hasta la garganta de los nombres que damos al sufrimiento”.

 

Tiene largas parrafadas disfrutables, pero no se prodiga con todos (pp. 108-109): “Yo no hablo de cosas importantes con gente tan superficial”.

 

No tiene gran opinión de los demás (p. 112): “Para mí, todo mundo es una especie de hijo de puta”; ni de sí mismo: “Yo soy un pedo en un vendaval, una humilde violeta debajo de una plasta de vaca”.

 

Me encantó esta idea del doctor sobre la cotidianidad de la muerte (p. 113): “Nosotros no conocemos la muerte ni sabemos cuántas veces ha tanteado nuestro espíritu más vital. Cuando estamos en el salón, ella visita nuestra despensa”.

 

Trata de consolar a Nora, que sigue enamorada de Robin, a pesar de que ella ya vive con Jenny (p. 155): “Supón que tu corazón tuviera un metro de diámetro, ¿lo destrozarías por un corazón que no fuera mayor que una cagadita de ratón?”.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

 

Fuente: Paralelos

https://www.chiapasparalelo.com/opinion/2021/02/borges-y-el-bosque-de-la-noche/

 

 

 

El peluquero de Borges

 

Por Gilberto Cunha

 

A primeras horas de la tarde del 13 de marzo de 2013, después de que el humo blanco en la chimenea de la Capilla Sixtina anunciara que el nuevo Papa había sido elegido, sonaron las campanas de la iglesia en Roma y el cardenal protestado (el decano de la orden de diáconos) Jean -Louis Tauran pronunció el clásico y convencional “Habemus Papam”, dice la leyenda que en la Casa General de la Compañía de Jesús, en Via Borgo Santo Spirito, nº 4, a pocos metros de la Plaza de San Pedro, un silencio casi sepulcral reinó.

 

Jorge Mario Bergoglio, el primer jesuita en el cargo de Sumo Pontífice de la Iglesia Católica Apostólica Romana, en adelante el Papa Francisco, nunca había sido unánime entre los discípulos de San Ignacio de Loyola. Sobre el sucesor de Benedicto XVI, desde que fue elevado al rango de provincial de la orden en Argentina a los 36 años en 1973, se sospechaba que había guardado silencio en relación a la dictadura militar que gobernaba el país en el 1970 y la persecución impuesta a los jesuitas que se habían adherido a la Teología de la Liberación y, como consecuencia, terminarían detenidos, torturados o incluso asesinados. Este no es el caso, afirman los defensores del Papa Francisco. En ese momento, tuvo que lidiar con una orden religiosa en crisis económica y falta de vocaciones, levantando enemistades por las decisiones que tenía que tomar. Pero, sin duda Bergoglio no callaba ni estaba de acuerdo con la dictadura, dicen sus aliados con convicción. De hecho, él personalmente se habría esforzado por proteger a las personas religiosas y a otras personas amenazadas de persecución. Al final, el carisma y la humildad del Papa Francisco superarían las dudas sobre su integridad moral.

 

A partir de 2014 cobró notoriedad una fotografía de la década de 1960, que muestra un encuentro entre el entonces profesor de literatura Jorge Mario Bergoglio y el reconocido escritor Jorge Luis Borges. Artículos en periódicos y revistas de todo el mundo, entrevistas a testigos de ese momento histórico, diversos ensayos académicos y la formulación de variadas tesis, no siempre correctas, para explicar el encuentro de estos dos “Jorges”, llevaron esta imagen a una popularización hasta entonces inimaginable. Después de todo, ¿qué tiene de especial esta escena grabada por un fotógrafo del interior del diario El Litoral para haber merecido tanta atención? ¿Cuál es la verdadera historia del encuentro retratado? ¿Y sus consecuencias? ¿Fue el Papa Francisco un posible personaje de la ficción de Borges?

 

La fotografía del Papa Francisco con Jorge Luis Borges, para muchas personas, tiene el contorno de un cuento borgiano. Entenderlo requiere saber que, antes de ser ordenado sacerdote, Jorge Mario Bergoglio tuvo que completar las etapas de formación jesuita, actuando como maestro en el Colégio Imaculada Conceição, en Santa Fé, Argentina. En esta escuela, a pesar de su formación en química, Bergoglio impartía clases de literatura. Y, para reforzar lo que enseñaba en el aula, solía invitar a escritores a dar seminarios a sus alumnos, luchando por lo que se puede llamar una educación de calidad. Así, en las clases de Bergoglio estuvieron presentes en la Inmaculada Concepción, la maestra “Carucha” (apodo que los alumnos le dieron a su cara de bebé), personas como las escritoras María Esther Vázquez y María Esther De Miguel, entre otros nombres.

 

Posiblemente fue con la ayuda de María Esther Vázquez, secretaria, colaboradora y miembro del rol femenino de la que Borges había estado enamorado, que Bergoglio logró acercarse a la célebre escritora argentina. Se dice que, en 1965, el profesor Carucha invitó a Borges, a pesar de ser reconocidamente agnóstico, a impartir algunas clases de literatura gauchesca a los estudiantes de la Immaculada Conceição. Para sorpresa e incredulidad de muchos, Jorge Luis Borges, entonces director de la Biblioteca Nacional de Argentina, profesor de Literatura Inglesa en la Universidad de Buenos Aires y, en ese momento, candidato al Premio Nobel de Literatura (que nunca ganó, estrés a sí mismo)), aceptado.

 

Un jueves 26 de agosto de 1965 muy frío, Jorge Luis Borges, que aún no estaba totalmente ciego (pero casi), mostró su gracia en Santa Fé, capital de la provincia argentina del mismo nombre. Llegó solo. Llegó en bus desde Buenos Aires y no en tren, como lo registra Adolfo Bioy Casares en su poderoso diario sobre Borges (1680 páginas). No se quedó ni cinco ni diez días, ni estuvo acompañado de María Esther Vázquez, como sugirió Roberto Alifano. Para las fechas del diario de Bioy, a pesar de otras menciones de cinco días, fueron dos días. Tiempo más que suficiente para que el escritor, invitado por el profesor de literatura del Colégio Imaculada Conceição, Jorge Mario Bergoglio, diera una conferencia sobre literatura gauchesca, hablara con los alumnos y marcara indeleblemente la memoria de muchos de ellos.

 

La fotografía de la recepción de Borges en la Immaculada Conceição, desde que salió a bolsa en 2014, ha generado especulaciones. En la imagen, además del escritor, aparecen los profesores Jorge González Manent y Jorge Mario Bergoglio, quien actualmente se desempeña con el sugerente nombre de Papa Francisco. Aquí están las razones: ¿qué hacen Borges y el Papa Francisco juntos? ¿Eran amigos? ¿Cómo fue la estancia de Borges en Santa Fé? ¿Y las consecuencias de ese encuentro?

 

También está la emblemática escena, retratada por la serie de Netflix “Can call me Francisco”, en la que el entonces profesor de literatura Jorge Mario Bergoglio aparece afeitando al escritor en el patio de la escuela. La escena es ficticia, tenga en cuenta. Pero es un hecho que el Papa actual, con motivo de la visita de Borges a Santa Fé, era el barbero del escritor.

 

Borges se hospedó en el Hotel Ritz. A la mañana siguiente, los profesores Manent y Bergoglio lo recogieron en el hotel. Bergoglio subió a la habitación del escritor y tardó más de lo razonable en regresar. Cuando regresó, Manent, disimuladamente, preguntó qué había pasado. Y, en respuesta, también encubierta, recibió esto: "El anciano me pidió que lo afeitara". No era un complot borgeano, pero ese día Borges tenía al Papa de barbero. Aquí está la escena real que los directores de las series de Netflix han recreado poéticamente.

 

Edna Aizenberg, en el ensayo “Borges, Bergoglio y Cuentos originales. Historia de un prólogo y 14 ficciones ”, publicada en la revista Variaciones Borges (n. 37, p.207-217, 2014), hizo la recopilación de información y análisis más completa que conozco de este encuentro de Borges y Bergoglio.

 

Entre los estudiantes que vivieron el encuentro de Borges y Bergoglio, Edna Aizenberg logró contactar a Jorge Milia (periodista y escritor), José Hernán Ciblis (músico afincado en Alemania), Rogelio Pfirter (diplomático y embajador argentino en el Vaticano durante el papado de Francisco). y Ubaldo Pérez-Paoli, entre otros. Milia, con ironía y cariño, etiquetó a Borges como “Viejo Zorro” (Raposo Velho) y dijo que hacer que el escritor dé clases de literatura gauchesca a estudiantes de secundaria es como ver a la Filarmónica de Berlín tocar Happy Birthday en una fiesta infantil. Pfirter y Pérez-Paoli recuerdan la crítica de Borges al artificialismo del senador José Hernández en Martín Fierro, con su clásico “Hernández no conocía el campo ...”.

 

El libro “Cuentos originales” fue un legado de ese encuentro entre Borges y Bergoglio. Jorge Luis Borges escuchó los cuentos escritos por los alumnos de Bergoglio y se ofreció a llevarlos a Buenos Aires. Así nació "Cuentos originales" con prólogo firmado por Jorge Luis Borges el 7 de octubre de 1965. En su peculiar estilo, Borges escribió: "(...)  Es probable que alguno de los ocho escritores que comienzan aquí, alcance la fama y, entonces, los bibliófilos buscarán este breve volumen en busca de tal o cual firma, que no me atrevo a profetizar ”.

 

La premonición de Borges quedó parcialmente confirmada: el libro “Cuentos originales” (Cuentos originales . Introducción Jorge Luis Borges. Santa Fe: Castellví, 1965; 2a ed. Salta: Maktub, 2006.) se convirtió en una obsesión de los bibliófilos, no por los por el maestro que se convirtió en el sucesor de São Pedro.

 

Fuente: O Nacional - Brasil

https://www.onacional.com.br/opiniao,47/2021/02/26/o-barbeiro-de-borges-final,114933

https://www.onacional.com.br/opiniao,47/2021/02/19/o-barbeiro-de-borges-parte-1,114804