viernes, 16 de julio de 2021

Borges y la Buenos Aires secreta

En su vagabundear por la ciudad de antaño, al escritor no le atraía la arquitectura que imita a París, Madrid, o Viena. Por el contrario, en sus historias se funden los tranvías a caballo, los carros del aguatero y el lechero, y las casas con patio, zaguán y jardín... El arrabal, en definitiva.

 

Esteban Ierardo

 

Borges camina por las calles del Buenos Aires perdido, el de las casas bajas y el mucho cielo. No la ciudad con los muchos edificios afrancesados en su centro, sino la de los suburbios, los arrabales que se desvanecen en la pampa. 

 

Los latidos del escritor terminaron en un hospital de Ginebra, Suiza, en 1986. El Buenos Aires que siempre agitó su memoria era el de los tranvías a caballo y de los primeros tranvías eléctricos, los carros del aguatero y el lechero, y las casas con patio, zaguán y jardín; no la urbe de “las torres de cemento y el talado obelisco”. 

 

Varios escritores célebres inspiraron su literatura en ciudades, o sus narrativas contribuyeron a modelar sus ambientes: la Praga de Kafka, el Dublín de Joyce, la Lisboa de Pessoa, el Edimburgo de Stevenson, la Estambul de Pamuk. La de Borges es “la secreta ciudad de Buenos Aires”, según reza el epílogo de su poemario La cifra. 

 

Esa urbe secreta es lo perdido, pero también lo preservado entre cuentos, poemas, entrevistas y versos del autor de El Aleph.   

 

En los bordes            

 

En la casa de la calle Tucumán 840, entre Suipacha y Esmeralda, nació, en 1899, Jorge Francisco Isidoro Luis Borges en el hogar de sus abuelos por la línea de su madre Leonor. Borges recordará luego que hacia fines del siglo XIX la calle Viamonte “se llamaba calle del Temple, y estaba llena de lupanares”. Su lugar de nacimiento era ya la casa arquetípica de un Buenos Aires mítico que luego el escritor evocará con nostalgia, la casa baja, con aljibe, patio, puerta cancel y un húmedo zaguán. 

 

Pero la cosmovisión borgiana nació en su casa de la infancia, ya perdida, en la calle Soler (hoy calle Jorge Luis Borges) en un Palermo que era la transición entre la ciudad céntrica y el suburbio que, en sus límites, albergaba todavía almacenes de ramos generales, galpones, prostíbulos, esquinas en las que los compadritos esgrimían su puñal y su coraje, y donde el arroyo Maldonado fluía todavía como serpiente de agua escurridiza bajo un cielo ancho, con el horizonte visible, de los amaneceres y ponientes. 

 

En aquellos años infantiles Borges conoció la Enciclopedia Británica que lo sumergirá en su pasión cosmopolita por las muchas filosofías, religiones, literaturas, saberes. Y la imagen del tigre. El felino de Asia, con sus rayas y magnetismo que también visitaba en el cercano zoológico. Su casa infantil tenía dos plantas, se encontraba junto a la de su abuela Fanny Haslam, madre de su padre Jorge Guillermo Borges, que era “muy inteligente” y, por lo tanto, como toda persona inteligente, tolerante, y libre pensador que le transmitió una vehemencia casi anarquista por la libertad individual. 

 

Conoció entonces a quien lo introducirá en la ciudad mítica, Evaristo Carriego, joven que murió a los 29 años dejando un solo libro, Misas herejes, con versos en los que se exalta el tango, los compadritos, el ambiente del arrabal, lo que será parte de la mitología de Buenos Aires que el escritor empieza a modelar luego del regreso de un viaje a Europa, en 1921, a través de sus primeros libros de poemas Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de enfrente (1925), Cuaderno San Martín (1929). 

 

Libros de versos nacidos al ritmo de su caminar por las calles del sur, o de Villa Ortúzar, Palermo, Chacarita, Recoleta o Balvanera. Recorridos urbanos impregnados de filosofía. En Fervor de Buenos Aires, por ejemplo, en su poema “Amanecer”, en ese momento cercano a un nuevo sol, luego de una larga caminata nocturna sabe que él y otros pocos noctámbulos impiden que la ciudad desaparezca. La urbe sobrevive porque alguien la está pensando. Los entornos de seres y cosas solo existen por el pensamiento de una mente individual o universal, como lo propone en su cuento “Tlön,  Uqbar, Orbis Tertius”, en Ficciones. 

 

Y al recorrer las calles durante el día y la noche, el joven Borges descifrará también una sabiduría popular en la inscripción en los carros, uno de los textos de Evaristo Carriego, 1930, la biografía no solo de un amigo, sino también de Palermo. 

 

En su vagabundear por la ciudad de antaño, al escritor no le atrae la arquitectura que imita a París, Madrid, o Viena, sino que, como manifiesta Carlos Alberto Zito en El Buenos Aires de Borges, “el joven poeta quiere ver el Buenos Aires profundo, rioplatense, pampeano, el que se hace solo, sin consultar a los europeos, en los bordes de la ciudad”. Y en “Las calles”, poema también de Fervor de Buenos aires, se rubricará con claridad el lazo del escritor con la ciudad ya que “las calles de Buenos Aires/ya son mi entraña /No las ávidas calles, incómoda de turba y ajetreo/ Sino las calles desganadas del barrio/ Casi invisibles de habituales…” 

 

Las calles humildes del barrio encienden de íntima pasión al poeta. De ahí el desdén por el edificio señorial y por el art Nouveau, o “los reticentes cajoncitos” del estilo art decó de Alejandro Virasoro. La Buenos Aires más ostentosa se apartó de la herencia española, pero la que rebullía en el suburbio era la “arquitectura instintiva” del capataz italiano. Y el goce con la construcción más espontánea también lo buscará en el tango, que valora cuando surge de la rusticidad y no desde la pieza con pretensión de género artístico. 

 

La ética del puñal 

 

El arroyo Maldonado era la frontera natural entre la ciudad y el campo, ya antes de que Belgrano y Flores, primero partidos de la Provincia de Buenos Aires, se incorporaran a la ciudad, en 1887. Los inconvenientes que causaba su curso, inundaciones, problemas de comunicación, llevaron a su entubamiento, en 1933. 

 

 Y el Maldonado también fue escenario de uno de los cuentos de entonación orillera más emblemáticos del autor de “La Biblioteca de Babel”: “Hombre de la esquina rosada”, incluido en su versión final en Historia universal de la infamia, de 1935. 

 

El Salón de Julia era lugar de encuentro para las cartas, el alcohol y las prostitutas. Allí irrumpe un hombre alto, fornido, con una chalina color bayo, vestido de negro. Se llama Francisco Real, apodado el Corralero, con fama de peleador letal, y que venía del Norte. Provoca a Rosendo Juárez el Pegador, alagado por el amor de La Lujanera, la mujer más codiciada del lugar. El desafío del Corralero busca aumentar su prestigio al vencer a otro malevo encumbrado. Rosendo se niega al enfrentamiento, aunque la Lujanera le acerca el facón para que pelee. Pero la lucha no consumada no significa que no haya un muerto. Al final, el narrador sorprende a Borges y al lector con su uso del cuchillo para, fuera de la vista de todos, ajustar cuentas con quien vino a provocar en su pago. 

 

El lugar del reto a duelo puede situarse, como el propio escritor aclaró, en cualquier sitio en el curso del Maldonado, en Palermo, Villa Crespo, o los fondos de Flores. Sin embargo, en el relato se afirma que Rosendo Juárez pisaba fuerte en Santa Rita, zona hoy entre Villa del Parque y Flores; y el salón de Julia “era un galpón de chapas de cinc, entre el camino de Gauna y el Maldonado”. 

 

Varios de los relatos de Borges suscitaron versiones en el cine. Pero solo una le conformó, la adaptación del cuento del Salón de Julia y su atmósfera de pasado orillero, por René Mugica: “un film admirable, muy superior al relato endeble en el cual se inspiró”. 

 

El interés por las historias de peleadores de compadritos, guapos y malevos, algunas nacidas de las anécdotas que le refería a Borges su amigo Nicolás Paredes, guardaespaldas de un caudillo conservador. La sustancia de un criollismo que supo alentar también con sus letras para milongas, como la que quiere salvar la memoria de Juan Muraña, hombre del cuchillo que “tuvo una sola virtud. /Hay quien no tiene ninguna. /Fue el hombre más animoso que han visto el sol y la luna.” 

 

Lo “animoso” es prenda de coraje, épica del puñal, que también encontró en Jacinto Chiclana. Así, “siempre el coraje es mejor/ la esperanza nunca es vana/vaya, pues, esta milonga, /para Jacinto Chiclana”. 

 

La ética del coraje que el escritor, con algún matiz forzado y de idealización desubicada, quiso encontrar en los compraditos, hombres solo violentos; convertidos en habitantes de una ciudad lejana, recóndita, arrabalera, a los que el autor de “El sur” les confirió la aureola de lo legendario. 

 

La biblioteca Miguel Cané 

 

El escritor procedía de una familia culta y de ilustre genealogía, pero todo esto no lo eximió de la carencia económica. Borges tenía que trabajar. Y su amigo el poeta Francisco Luis Bernárdez movió influencias para conseguirle un empleo como auxiliar en la Biblioteca municipal Miguel Cané, en Carlos Calvo 4319, Almagro, “un barrio gris y lóbrego, por el sudoeste de la ciudad”. Borges dirá que allí no trabajaban mucho más de cincuenta empleados para un trabajo de quince o veinte, a lo sumo. Sus recuerdos de aquellos días no eran muy gratos: “Resistí en la biblioteca alrededor de nuevo años. Fueron nuevo años de profunda infelicidad”, de pesar por la soledad respecto a sus compañeros de trabajo, a los que poco o nada les interesaba la literatura, a pesar de la cotidiana cercanía de los libros. 

 

Y es inevitable la mención de la anécdota de que ya en esos días Borges era reconocido por la elite literaria. Entonces uno de sus colegas, que hojeaba un tomo de la Enciclopedia Espasa Calpe, manifestó su sorpresa por un artículo sobre alguien que tenía el mismo nombre y apellido y fecha de nacimiento que Borges. Éste no trató de convencerlo de que no era una coincidencia, sino que se trataba de la misma persona. 

 

El largo viaje en tranvía para llegar a la biblioteca municipal era oportunidad para sus lecturas continuas, para su aprendizaje del italiano a través de un ejemplar bilingüe de la Divina comedia. Pero el empleado bibliotecario hará también de la biblioteca lugar de escritura de algunos de sus grandes cuentos, y metáfora del universo.  Se conservan un sillón y un pupitre en el que escritor trazó las letras de “Tlön…”, y otros cuentos de Ficciones. En el sótano hizo su conocida traducción de Orlando de Virginia Woolf. 

 

Y allí concibió también “La biblioteca de Babel” con sus galerías hexagonales, de veinte anaqueles, cada uno de ellos con treinta y dos libros de cuatrocientos diez páginas. Los hexágonos se propagan por todo el espacio, una “biblioteca infinita-dirá-que abarca el universo y se confunde con el universo, era mi pequeña y casi secreta biblioteca de Almagro”. 

 

La imaginación como forma de transfiguración de la realidad deslucida y pedestre. La biblioteca real de la estrechez y la rutina mediocre convertida en biblioteca universal; la escritura como esencia de una realidad total. Desde los anaqueles reales de Almagro hacia los hexágonos atestados de libros de la biblioteca simbólica, fantástica, infinita. 

 

Y la sensación de agobio en la pequeña biblioteca de barrio la intentó compensar también el escritor comprando todos los días en San Juan y Boedo “un mismo décimo de lotería”. Luego de abandonar la biblioteca barrial no tentó más la suerte. Pocos meses después salió premiado el número antes religiosamente comprado. “La lotería de Babilonia” es el relato borgiano que, entre suertes, loterías y colegios secretos ancla el azar en el fondo de la vida. Es posible que haya surgido de la costumbre del escritor de tentar la suerte a la salida de la biblioteca de Almagro. Otro acto de trasposición por el que un billete de lotería deviene un juego literario que intuye que lo azaroso, y no una necesidad divina, es lo que late en el centro del mundo.    

 

El Sur 

 

Juan Dahlmann, el secretario de la biblioteca Manuel Gálvez, sale de la clínica en la que estuvo internado. Quiere viajar a un terreno de su propiedad en la provincia de Buenos Aires. Debe entonces llegar a la estación de trenes de Constitución para empezar su viaje. Y, camino hacia allá, al atravesar una conocida avenida, sabe que “nadie ignora que el Sur empieza del otro lado de Rivadavia. Dalhmann solía repetir que ella no era una convención y que quien atraviesa esa misma calle entra en un mundo más antiguo y firme”, según se lee en el relato “El Sur”.

Lo “más antiguo y firme” es trasformación de un punto cardinal de la ciudad en lugar filosófico que entrega una mayor consistencia de vida.   

 

Y esto hace comprensible lo que Borges escribe en el prólogo de Buenos Aires en tinta china, libro de 1951, con la poesía de Rafael Alberti y los dibujos de Attilio Rossi, donde asegura que “…el Sur es la sustancia original de que está hecha Buenos Aires, la forma universal o idea platónica de Buenos Aires”. Y también luego agrega que cuando creía cantarle a Palermo, estaba evocando al Sur porque no hay palma de Buenos Aires que “no sea… el Sur”. 

 

El Sur es el de San Telmo, Montserrat, Barracas y Constitución; zona vasta de la ciudad que no despertó el interés inmobiliario, lo que contribuyó a que preservara su fisonomía con conventillos, hoteles pobres y pensiones. 

 

En el Sur, mucho quería el escritor el Parque Lezama, donde intimó con Estela Canto. Y muchas veces pasó por la esquina de Piedras y Chile, en Montserrat; y en “La noche que en el sur lo velaron”, de Cuaderno San Martín, ya su poesía se detenía en un velorio en casa de gente modesta en el sur mitificado. 

 

 Fuente: Perfil

https://www.perfil.com/noticias/cultura/borges-y-la-buenos-aires-secreta.phtml

 

martes, 6 de julio de 2021

La obra y la figura de Jorge Luis Borges serán revisitadas en un festival que lleva su nombre


 05 Julio 2021

Organizado en charlas, talleres y lecturas, todas gratuitas y con inscripción previa.


Autores como Sylvia Iparraguirre, Martín Kohan, Darío Sztajnszrajber y Pedro Mairal son algunos de los invitados al Festival Borges, "el primero dedicado totalmente a la figura de uno de los máximos exponentes de la literatura universal", que se hará del 23 al 28 de agosto de manera virtual.

 

Organizado en charlas, talleres y lecturas, todas gratuitas y con inscripción previa, el encuentro busca difundir la obra de Borges (1899-1986), de quien se cumplieron 35 años de su muerte y "generar un puente entre el autor y el lector".

 

El objetivo es "revisitar distintos perfiles de su trabajo para que nuevos públicos accedan a él, como la influencia de sus textos en el cine, la Buenos Aires que creó en sus relatos, sus manuscritos, sus motivos filosóficos, su lectura de los clásicos universales y los mecanismos de su poética", indicaron las organizadoras.

 

El festival contará con la participación de los escritores Santiago Llach, Carlos Gamerro, Pablo Gianera y Patricio Zunini; del director y guionista venezolano Luis Bond y del estadounidense Daniel Balderston, especialista en manuscritos de Borges.

 

Además habrá talleres sobre algunos textos, en particular "Funes el memorioso”, “La muerte y la brújula”, “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz” y “Tema del traidor y del héroe”, a cargo de Pablo Gaiano y Marcos Liyo.

 

“La intención es mostrar que Borges no es un escritor inaccesible y complejo, sino que puede estar más cerca de lo que pensamos", resumió la editora y codirectora del festival, Marisol Alonso.

 

"Borges nos dejó muchas puertas para acceder a su obra, solo hay que encontrar cuál es la que cada persona tiene que abrir para conocerlo”, agregó la otra directora, Vivian Dragna.

 

Los interesados encontrarán más información en la cuenta de Facebook FestivalBorges, en el Instagram @FestivalBorges y en la página web https://www.festivalborges.com.ar.

 

Fuente: Ámbito

https://www.ambito.com/espectaculos/jorge-luis-borges/la-obra-y-la-figura-seran-revisitadas-un-festival-que-lleva-su-nombre-n5214419

 

 

lunes, 5 de julio de 2021

Borges Tango, canta Jorge Aravena Llanca


 Borges Tango, Letra y Música: Jorge Aravena Llanca ,con arreglos de Bernardo el Viejo.

 Breve semblanza de Jorge Aravena Llanca: nació en Chile , el 11 de mayo de 1936 es un fotógrafo, escritor, investigador, cantante y compositor chileno. Vivió en Argentina hasta los 33 años ,emigro a Ecuador y hoy Reside en Berlín, Alemania, desde el año 1982, donde fue profesor de la Universidad Libre de Berlín.

Un hombre que trabaja constantemente por resguardar y difundir preferentemente la Cultura de América, el dijo alguna vez *"La imagen y la palabra, en un mismo camino contribuyen como testimonio y memoria para que no haya olvido, otros perdonaran, pero los encargados de recordar son la imagen y la palabra.

FUENTE: https://www.cronicadigital.cl/2016/06...

 

Fuente video: You Tube

https://www.youtube.com/watch?v=UBl7E8-NIBw

 

Borges y los judíos


 El escritor argentino nunca ocultó su amor por el pueblo de Israel y su defensa de su Estado

Por  Rabino Alejandro Avruj

Rabino de la Comunidad Amijai, y Presidente de la Asamblea Rabínica Latinoamericana del Movimiento Masorti

 

A la memoria de mi hermano, mi maestro, José Levin zl´

 

Andamos la vida cosechando maestros. Los que han vivido nuestro tiempo, o caminado nuestras calles, o maestros que heredamos del tiempo. A veces personas que compartieron años importantes de nuestra vida u otras, de quienes escuchamos sólo una frase que nos inspiró para siempre. Esta semana, el texto bíblico que estudiamos nos habla del misterio de la muerte, como también de las historias y mensajes que viven para siempre.

 

Borges dijo: “La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene”. El camino inevitable hacia el final, nos intima a hacer de nuestra vida un mensaje. Una poesía. Esta semana se cumplieron 35 años del fallecimiento del gran poeta argentino. Bioy Casares al recordar la pérdida de su eterno amigo, dijo: “Seguí mi camino pensando que eran mis primeros pasos en un mundo sin Borges”. Sin embargo, el mundo nunca se queda sin aquellos que son inmortales.

 

Otra vez Borges: “El tiempo es la sustancia de la que estoy hecho”. Prosa inmortal. Sus ojos frágiles, le entregaron visión. Hecho de todos los tiempos, conocía su esencia. Se sabía parte de una cosmovisión multicultural. Desde esa sustancia, nunca ocultó su amor al pueblo judío y su defensa al Estado de Israel: “La más antigua de las naciones, es también la más joven”. Sea esta nota un homenaje al maestro, en su vínculo profundo con el pueblo de Israel.

 

En los años 30, bajo el Mandato Británico en Palestina, cuando no existían reclamos de liberación de nación palestina alguna ni mucho menos asentamientos en Cisjordania, la Argentina ya había importado la moderna ideología nazi desde Europa. En el año 1932, en una nota en el diario comunitario de la época “Mundo Israelita”, Borges alertaba acerca de la “obscena doctrina llamada Antisemitismo”.

 

Aquella misma ideología de persecución, “acusó” entonces al escritor del Aleph de tener una “ascendencia judía maliciosamente ocultada” (Revista Crisol, enero de 1934). Borges respondió ese ataque en la Revista Megáfono (Abril 1934), con una nota que tituló “Yo, Judío”:

 

“Como los drusos, como la luna, como la muerte, como la semana que viene, el pasado remoto es de aquellas cosas que pueden enriquecer la ignorancia…Es la estación famosa y predilecta de las mitologías. ¿Quién no jugó a los antepasados alguna vez, a las prehistorias de su carne y su sangre? Yo lo hago muchas veces, y muchas no me disgusta pensarme judío”.

 

En su nota, Borges dice sentir la aventura de un judaísmo sin palabras. Comparado a la belleza de las canciones de Mendelssohn. Sin embargo, después de traer registros históricos sobre su innegable ascendencia española, continúa:

 

“Doscientos años y no doy con el israelita, doscientos años y el antepasado me elude”.

 

Estadísticamente los hebreos eran de los más reducidos. ¿Qué pensaríamos de un hombre del año cuatro mil, que descubriera sanjuaninos por todos lados? Nuestros inquisidores buscan hebreos, nunca fenicios, garamantas, escitas, babilonios, persas, egipcios, hunos, vándalos, ostrogodos, etíopes, dardanios, paflagonios, sarmatas, medos, otomanos, bereberes, britanos, libios, cíclopes y lapitas. Las noches de Alejandría, de Babilonia, de Cartago, de Menfis, nunca pudieron engendrar un abuelo, sólo a las tribus del bituminoso Mar Muerto les fue deparado ese don.

 

“Más allá de las aventuras de la sangre, más allá del casi infinito y ciertamente incalculable azar de los tálamos, toda persona occidental es griega y judía”.

 

En el año 1969 en su visita a Jerusalén, Borges le dijo al Primer Ministro David Ben Gurión esas mismas palabras: “Todos somos judíos y griegos”. A su regreso, escribió un poema titulado “Israel”. En él describe de manera única el dolor del exilio, la nostalgia eterna por el retorno, la mixtura de naciones hecha una, el milagro del idioma sagrado, y el judío dispuesto a luchar. Por esa historia, por esa tierra, por ese pueblo.

 

“Temí que en Israel acecharía con dulzura insidiosa la nostalgia que las diásporas seculares acumularon como un triste tesoro en las ciudades del infiel, en las juderías, en los ocasos de la estepa, en los sueños, la nostalgia de aquellos que te anhelaron, Jerusalén, junto a las aguas de Babilonia. ¿Qué otra cosa eras, Israel, sino esa nostalgia, sino esa voluntad de salvar, entre las inconstantes formas del tiempo, tu viejo libro mágico, tus liturgias, tu soledad con Dios?

 

No así. La más antigua de las naciones es también la más joven. No has tentado a los hombres con jardines, con el oro y su tedio sino con el rigor, tierra última. Israel les ha dicho sin palabras: olvidarás quién eres. Olvidarás al otro que dejaste. Olvidarás quién fuiste en las tierras que te dieron sus tardes y sus mañanas y a las que no darás tu nostalgia. Olvidarás la lengua de tus padres y aprenderás la lengua del Paraíso. Serás un israelí, serás un soldado. Edificarás la patria con ciénagas: la levantarás con desiertos. Trabajará contigo tu hermano, cuya cara no has visto nunca. Una sola cosa te prometemos: tu puesto en la batalla.

 

Eso es el pueblo de Israel. El que ve un hermano en esa cara que nunca ha visto. El que viene de todos los confines, de todos los exilios, de todas las nostalgias, de todas las tierras. El que ha dado batalla al tiempo, en toda la historia. El que decide aprender la lengua del Paraíso. Porque nunca partió su espíritu, de su Tierra Prometida.

 

El pueblo judío resulta la memoria histórica de todos los pueblos en los que habitó. Por eso el judío es sefaradí y ashkenazí, porteño y americano, ruso y turco, polaco y alemán, falaya y español. Es de Oriente y de Occidente, blanco, negro, amarillo, pelirrojo, rubio, moreno y sabra. Es un joven religioso en Jerusalén y un escritor porteño en su vejez en Ginebra. Jurará en nombre de su propio Dios que el varenike de su bobe y el lajmashin de su abuela fueron siempre comidas judías, por más que fueran en verdad comidas típicas de Varsovia y de Damasco. Al judío lo quemaron en la hoguera por creer que pertenecía a una religión y lo gasearon en Auschwitz por creer que era parte de una raza. Pero no entendieron que el judío era otra cosa. Se hizo de retazos de cada frontera, de fragmentos de cada era. El judío siempre fue parte de una familia. La familia de la diversidad de toda la Humanidad. Un mensaje que trasciende al tiempo.

 

Amigos queridos. Amigos todos.

 

Borges escribió: “Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es.”

 

Los maestros inmortales son aquellos que nos dejan no sólo un mensaje, sino una misión. El destino colectivo a alcanzar, exige sabernos. Saber nuestra esencia, nuestra sustancia, nuestro tiempo. Si tal como rezó el maestro, todos somos griegos y judíos, estamos entonces llamados a reconocernos como esa gran familia humana. Como sociedad a veces tan fragmentada, cada uno en lo diverso de su propio idioma sabernos convocados a retomar el diálogo. Lo que nos hará trascendentes será volver a hablarnos en la lengua del Paraíso. Una cita con la inmortalidad.

 

Fuente: Infobae

https://www.infobae.com/opinion/2021/06/20/borges-y-los-judios/