domingo, 9 de julio de 2023

La lista de Borges: los 75 libros que para el máximo escritor argentino no podían faltar en la biblioteca

 

A mediados de los 80 la editorial Hyspamérica le hizo una propuesta al autor de “Ficciones”: seleccionar 100 libros indispensables y escribir un prólogo para cada uno. Su muerte dejó el proyecto sin terminar, pero la colección fue editada y se convirtió en objeto de culto. No incluyó a ninguna mujer.

 

Por Alejo Santander

12 Jun, 2023

 

“Si un libro les aburre, déjenlo. No lo lean porque es famoso, no lo lean porque es moderno, no lo lean porque es antiguo. (…) Si un libro es tedioso para ustedes déjenlo, ese libro no ha sido escrito para ustedes. La lectura debe ser una de las formas de la felicidad”, dijo Jorge Luis Borges en 1978, sentado al centro de un set montado en la Biblioteca Nacional, frente a la cámara y los reflectores del director argentino Ricardo Wullicher que filmaba Borges para millones.

 

Para Borges la pregunta sobre “¿qué leer?” no era un tema menor. Lo decía de muchas formas y cada vez que tenía la oportunidad. “Que otros se enorgullezcan de lo que han escrito, yo me enorgullezco de lo que he leído”. Quizás por eso a mediados de los ‘80, la editorial Hyspamerica le hizo una propuesta que no pudo rechazar: seleccionar 100 libros indispensables y escribir un prólogo para cada uno. Una biblioteca ideal, suya, la “Biblioteca Personal Jorge Luis Borges”.

 

Su muerte en 1986 hizo que esa “biblioteca de preferencias”, como él la llamó, quedara inconclusa. Son varios los libreros de usados de avenida Corrientes o Parque Rivadavia que dudan, no se ponen de acuerdo o simplemente no saben la cantidad de obras que llegaron a publicarse. Sin embargo, una nota de EL EDITOR en el volumen número 72 de la colección, Saga de Egil Skallagrimsson del islandés Snorri Sturluson, guarda la respuesta.

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En la lista de Borges hay sólo seis escritores latinoamericanos, de los cuales cuatro son argentinos. Estos últimos, en orden de aparición: Julio Cortázar (Cuentos), Leopoldo Lugones (El imperio jesuítico), Manuel Mujica Lainez (Los ídolos) y Ezequiel Martínez Estrada (Obra poética).

 

Una curiosidad: de los 66 escritores que aparecen en la lista de 75 obras (algunos volúmenes son dobles), los tres más jóvenes pertenecen al hemisferio sur de la biblioteca borgeana. Se trata de los mexicanos Juan José Arreola (nacido en 1918), Juan Rulfo (nacido en 1917), y Julio Cortázar (nacido en 1914). Del resto de la lista sólo el italiano Dino Buzatti, nacido en Belluno en 1906, es menor que el escritor de El Aleph.

La nota del editor en el volumen número 72 de la Biblioteca Jorge Luis Borges.

La nota del editor en el volumen número 72 de la Biblioteca Jorge Luis Borges.

 

Sobre Cortázar dijo Borges durante una charla con el periodista Antonio Carrizo en una entrevista televisiva en 1984 para Canal 11: “Los cuentos de él me han parecido excelentes, pero en cuanto a las novelas; yo no soy lector de novelas”. Los Cuentos de Julio Cortázar son el primero de los libros de la “Biblioteca Personal Jorge Luis Borges” y “Casa tomada”, el que abre la colección de Hyspamerica.

Así prologó Borges los “Cuentos” de Cortázar

 

Hacia mil novecientos cuarenta y tantos, yo era secretario de redacción de una revista literaria, más o menos secreta. Una tarde, una tarde como las otras, un muchacho muy alto, cuyos rasgos no puedo recobrar, me trajo un cuento manuscrito. Le dije que volviera a los diez días y que le daría mi parecer. Volvió a la semana. Le dije que su cuento me gustaba y que ya había sido entregado a la imprenta. Poco después, Julio Cortázar leyó en letras de molde “Casa Tomada” con dos ilustraciones a lápiz de Norah Borges. Pasaron los años y me confió una noche, en París, que ésa había sido su primera publicación. Me honra haber sido su instrumento.

 

El tema de aquel cuento es la ocupación gradual de una casa por una invisible presencia. En ulteriores piezas Julio Cortázar lo retomaría de un modo más indirecto y por ende más eficaz.

Según Borges cuatro veces se cruzó con Cortázar. En el prólogo a sus cuentos, recuerda dos de esos encuentros.

Según Borges cuatro veces se cruzó con Cortázar. En el prólogo a sus cuentos, recuerda dos de esos encuentros.

 

Cuando Dante Gabriel Rossetti leyó la novela Cumbres Borrascosas le escribió a un amigo: «La acción transcurre en el infierno, pero los lugares, no sé por qué, tienen nombres ingleses». Algo análogo pasa con la obra de Cortázar. Los personajes de la fábula son deliberadamente triviales. Los rige una rutina de casuales amores y de casuales discordias. Se mueven entre cosas triviales: marcas de cigarrillo, vidrieras, mostradores, whisky, farmacias, aeropuertos y andenes. Se resignan a los periódicos y a la radio.

 

La topografía corresponde a Buenos Aires o a París y podemos creer al principio que se trata de meras crónicas. Poco a poco sentimos que no es así. Muy sutilmente el narrador nos ha atraído a su terrible mundo, en que la dicha es imposible. Es un mundo poroso, en el que se entretejen los seres; la conciencia de un hombre puede entrar en la de un animal o la de un animal en un hombre. También se juega con la materia de la que estamos hechos, el tiempo. En algunos relatos fluyen y se confunden dos series temporales.

 

El estilo no parece cuidado, pero cada palabra ha sido elegida. Nadie puede contar el argumento de un texto de Cortázar; cada texto consta de determinadas palabras en un determinado orden. Si tratamos de resumirlo verificamos que algo precioso se ha perdido.

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Una selección sin mujeres

 

Entre los 66 autores que Borges llegó a seleccionar no hay mujeres. Sin embargo no fueron pocas las escritoras con las que tuvo relación e incluso colaboró a lo largo de su vida. Acompañado por mujeres Borges fue parte de distintos proyectos creativos, como la Revista Sur, dirigida por Victoria Ocampo, encaró trabajos conjuntos con Alicia Jurado, María Esther Vázquez, o Mercedes Levinson.

 

De una serie de entrevistas radiales que a los 84 años Borges le concedió al periodista y profesor Osvaldo Ferrari, recopiladas en la serie de libros Diálogos (Sudamericana, 1985 a1992), surge una referencia suya a la que para él era la mejor escritora argentina contemporánea. Se trata de Silvina Ocampo, hermana de Victoria y esposa de su gran amigo, Adolfo Bioy Casares. Dice Borges:

 

—Yo estuve en… creo que se llama Exaltación de la Cruz, y a mí me pidieron que nombrara al mejor escritor argentino contemporáneo, y cuando yo hablé de Silvina Ocampo, comprendí que ese nombre no significaba nada. Se quedaron oyendo, y después alguien supuso que era una equivocación, que yo había querido decir Victoria Ocampo y me había equivocado de nombre. Tuve que explicarle que no, pero, en fin, ese nombre parece que no ha adquirido el eco, la resonancia y el ámbito que merece.

El artículo publicado por El Mercurio de Chile, donde Borges habla de la que para él era la mejor escritora argentina contemporánea: Silvina Ocampo.

El artículo publicado por El Mercurio de Chile, donde Borges habla de la que para él era la mejor escritora argentina contemporánea: Silvina Ocampo.

 

En abril de 1986, apenas dos meses antes de su muerte, Borges publicaba en el diario El País de España un artículo titulado “La prosa de Silvina Ocampo”, que ese mismo año sería replicado por El Mercurio de Chile. Allí, entre otras cosas, decía: “De las palabras que podrían definirla, la más precisa, creo, es genial”. Y en el primer párrafo, describía:

 

“Como el Dios del primer versículo de la Biblia, cada escritor crea un mundo. Esa creación, a diferencia de la divina, no es ex nihilo; surge de la memoria, del olvido que es parte de la memoria, de la literatura anterior, de los hábitos de un lenguaje y, esencialmente, de la imaginación y de la pasión. Kafka es creador de un orbe eleático de infinitas postergaciones; James Joyce, de un orbe de hechos ínfimos y de líneas espléndidas; Silvina Ocampo nos propone una realidad en la que conviven lo quimérico y lo casero, la crueldad minuciosa de los niños y la recatada ternura, la hamaca paraguaya de una quinta y la mitología.

 

Ayudado por la miopía gradual y ahora por la ceguera, vivo entre tentativas de soñar y de razonar; la mente de Silvina recorre con delicado rigor los cinco jardines del Adone, consagrado cada uno a un sentido. Le importan los colores, los matices, las formas, lo convexo, lo cóncavo, los metales, lo áspero, lo pulido, lo opaco, lo traslúcido, las piedras, las plantas, los animales, el sabor peculiar de cada hora y de cada estación, la música, la no menos misteriosa poesía y el peso de las almas, de que habla Hugo”.

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Borges compara a Ocampo con Kafka y con Joyce, que sí estuvieron en su selección. A pesar de estas y otras declaraciones, la menor de las Ocampo no figura en su lista inconclusa.

El Borges lector

 

“Yo no tengo ningún libro mío en casa. No, porque yo cuido mucho mi biblioteca. ¡Cómo voy a codearme yo con Conrad o con Platón! Sería ridículo.”. El que habla, de nuevo, es Borges. El pasaje es del libro de Blas Alberti Conversaciones de Alicia Moreau de Justo y Jorge Luis Borges (Ed. del mar dulce,1985).

 

En la frase se desdobla, como en “Borges y yo” (Emecé, 1960), el cuento donde el narrador habla de la existencia de dos Borges, uno público y uno íntimo, aunque en este mano a mano con Alberti es un Borges lector el que considera que el Borges escritor no está a la altura de su propia biblioteca. Y es que el Borges lector era implacable.

 

Cada entrevista que le hicieron implicó un viaje a citas, obras y conceptos de otros. Es así que casi naturalmente, se volvió referente a partir de lo obvio, su escritura, pero también de lo que se ocupaba de hacer evidente, sus lecturas. Autores que traía a las charlas y que muchas veces, terminaban respondiendo por él a las preguntas.

 

No le temblaba la voz para decirle a quien se lo preguntara que no le gustaban Horacio Quiroga, Gabriela Mistral o Pablo Neruda. Pero tampoco le faltaban las palabras para hablar de los escritores que admiraba: Bernard Shaw, Whitman o Stevenson.

 

Una de las pocas cosas que sabemos con certeza que comparten los protagonistas de “Borges y yo”,los dos Borges, el público y el privado, es el gusto por “la prosa de Stevenson”:

 

“Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor” (Fragmento, “Borges y yo”).

 

De la serie de entrevistas radiales con Osvaldo Ferrari, se rescata esta escena:

 

—…Sí, creo que le conté que uno de los hechos más gratos de mi vida —que me ocurrió hace poco— fue cuando me crucé con un muchacho, en la calle, y él me dijo: “Quiero agradecerle algo, Borges”. “¿Qué?”, le pregunté yo, y él me dijo: “Usted me ha hecho conocer a Robert Louis Stevenson”. Y yo pensé: en ese caso, me siento justificado. No sé cómo se llama, no sé nada de él, además; porque aquello fue tan perfecto que para qué agregar nombres propios.

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El Borges lector se vuelve interesante, incluso, a destiempo. Dos empleados de la Biblioteca Nacional, Germán Álvarez y Laura Rosato, pasaron catorce años recolectando los libros que, con anotaciones suyas, dejó mezclados entre los estantes del edificio de calle México, durante el tiempo que dirigió la institución, entre 1955 y 1973. Esa búsqueda se convirtió en un libro: Borges, libros y lecturas (Biblioteca Nacional, 2010).

 

En todo caso tampoco es casual que desde el 2012 y tras la aprobación de la ley nacional 26.754, en Argentina, cada 24 de agosto, el día del cumpleaños de Jorge Luis Borges, se festeje el Día del Lector.

Un antecedente: La biblioteca de Babel

 

Antes de que Borges emprendiera el proyecto de su “Blioteca Personal”, que implicaba la elección de 100 títulos indispensables y la escritura de 100 prólogos inéditos, eligió libros y escribió introducciones para una colección breve. Se trata de “La biblioteca de Babel”, que contó con apenas 33 títulos.

 

Detrás de esa primera colección, que toma el nombre de un relato del propio Borges, publicado en Ficciones (1944), estuvo el editor italiano Franco María Ricci. Se conocieron a mediados de los ‘70, recuerda la mujer que los presentó, María Esther Vázquez, escritora, colaboradora y biógrafa de Borges.

La portada de la edición de Alianza con los prólogos de Borges a la Biblioteca de Babel.

La portada de la edición de Alianza con los prólogos de Borges a la Biblioteca de Babel.

 

Según Vázquez, Ricci llegó a Buenos Aires con el único propósito de conocer al Aleph, pero también con dos propuestas para hacerle: pedirle permiso para editar su cuento “El Congreso”, que había quedado fuera de sus Obras completas (Emecé, 1974) y pedirle que dirigiera una colección de literatura fantástica, “La biblioteca de Babel”. Borges aceptó las dos.

 

“La Biblioteca de Babel” fue publicada originalmente en italiano entre los años 1975 y 1981, con una versión reducida de apenas 6 títulos traducidos al castellano, editados en Buenos Aires por Librería La Ciudad / F.M. Ricci. Desde 1983 sería la editorial española Siruela la que publicaría los 33 volúmenes en español que incluirían, entre otros autores, a Meyrink, Papini o Melville.

 

Todas las portadas llevan bajo sus encabezados la misma inscripción, la misma garantía para el lector, el mismo “gancho editorial” y el prestigio que buscaba Ricci para su selección: “Colección de libros fantásticos dirigida por Jorge Luis Borges”.

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Los volúmenes de Siruela respetan tanto en la tapa como en las páginas interiores el diseño original de Ricci. También el tipo de papel y la encuadernación originales. Esa estética, la misma con la que se publicó en Francia, Turquía, Japón, Alemania y Portugal, es considerada de culto. La marca registrada del editor italiano, un homenaje suyo al impresor y tipógrafo Giambattista Bodoni (1749-1813).

Los 33 títulos de “La biblioteca de Babel”

 

01. Las muertes concéntricas, de Jack London.

 

02. Veinticinco agosto 1983 y otros cuentos, volumen de varios autores en honor a Borges.

 

03. El cardenal Napellus, de Gustav Meyrink.

 

04. Cuentos descorteses, de León Bloy.

 

05. El espejo que huye, de Giovanni Papini.

 

06. El crimen de Lord Arthur Saville, de Oscar Wilde.

 

07. El convidado de las últimas fiestas, de Villiers de l’Isle-Adam.

 

08. El amigo de la muerte, de Pedro Antonio de Alarcón.

 

09. Bartleby, el escribiente, de Herman Melville.

 

10. Vathek, de William Beckford.

Jorge Luis Borges, siempre rodeado de libros.

Jorge Luis Borges, siempre rodeado de libros.

 

11. La puerta en el muro, de H. G. Wells.

 

12. El invitado tigre, de Pu Songling.

 

13. La pirámide de fuego, de Arthur Machen.

 

14. La isla de las voces, de R. L. Stevenson.

 

15. El Ojo de Apolo, de G. K. Chesterton (selección: “Los tres jinetes del Apocalipsis”, “Extraños pasos”, “El honor de Israel Gow”, “El ojo de Apolo” y “El duelo del doctor Hirsch”).

 

16. El diablo enamorado, de Jacques Cazotte.

 

17. El buitre, de Franz Kafka.

 

18. La carta robada, de Edgar Allan Poe.

 

19. La estatua de sal, de Leopoldo Lugones.

 

20. La casa de los deseos, de Rudyard Kipling.

 

21. Las mil y una noches, según Antoine Galland.

 

22. Las mil y una noches, según Richard Burton.

 

23. Los amigos de los amigos, de Henry James.

 

24. Micromegas, de Voltaire.

 

25. Relatos científicos, de Charles Hinton.

 

26. El gran rostro de piedra, de Nathaniel Hawthorne.

 

27. El país del Yann, de Lord Dunsany.

 

28. La reticencia de Lady Anne, de Saki.

 

29. Cuentos rusos, de Fiódor Dostoyevski, León Tolstói y Leonid Andréiev.

 

30. Cuentos argentinos, de varios autores.

 

31. Nuevos cuentos de Bustos Domecq, de Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges.

 

32. Libro de sueños.

 

33. Borges A-Z, Borges y Antonio Fernández Ferrer (1988).

La “Biblioteca Personal Jorge Luis Borges”

 

En el prólogo a la edición de 75 libros de Hyspamerica, Borges, anticipa:

 

“No elegiré los títulos en función de mis hábitos literarios, de una determinada tradición, de una determinada escuela, de tal país o de tal época. Que otros se jacten de los libros que les ha sido dado escribir; yo me jacto de aquellos que me fue dado leer, dije alguna vez. No sé si soy un buen escritor; creo ser un excelente lector o, en todo caso, un sensible y agradecido lector”.

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Las obras son diversas en géneros y banderas. Si es por cantidad de escritores de una misma nación, encabezan la lista 15 británicos, entre ellos G.K. Chesterton, Wilkie Collins, H.G. Wells o Alexander Gunn. Les siguen ocho franceses, entre otros, André Gide, Gustave Flaubert o Marcel Schwob.

 

La estadística es previsible en su biografía. Se crió en un hogar bilingüe en el que se hablaban el inglés y el castellano. En 1914, por la Primera Guerra Mundial, su familia quedó varada en Ginebra, Suiza, donde predominaba el francés. Son los idiomas de la mayoría de las obras de la lista. A la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos.

 

Los prólogos, de la colección “Biblioteca Personal Jorge Luis Borges” y también los que escribió para “La biblioteca de Babel”, fueron publicados por la editorial Alianza en dos tomos que recopilan esas introducciones.

El sello distintivo de la edición de Hyspamerica, con las letras y el perfil de Borges en dorado.

El sello distintivo de la edición de Hyspamerica, con las letras y el perfil de Borges en dorado.

 

Es imposible no descubrir al Borges lector. No sólo a partir de los autores a los que citaba y a los que acudía, sino también, sin nombres propios. En un pasaje del documental de Wullicher Borges para millones (1978) se anima incluso a aconsejarles a hipotéticos lectores: “… que leyeran mucho. Que no se dejaran asustar por la reputación de los autores. Que leyeran buscando la felicidad personal. Un goce personal. Es el único modo de leer”.

 

Inconclusa, la lista de Hyspamérica deja abierta la entrada a un nuevo laberinto borgeano. Ahora cualquiera podrá entrar en él y jugar, sin equivocarse, a pensar en los nombres que le faltaron a Borges. En los caminos que pudo haber tomado. En todo caso, sólo serán falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios.

Los 75 títulos de la Biblioteca Personal Jorge Luis Borges

 

01. Cuentos - Julio Cortázar

 

02. Los evangelios apócrifos I

 

03. Los evangelios apócrifos II

 

04. América. Relatos breves - Franz Kafka

 

05. La cruz azul y otros cuentos - G.K. Chesterton

 

06. La piedra lunar I - Wilkie Collins

 

07. La piedra lunar II - Wilkie Collins

 

08. La inteligencia de las flores - Maurice Maeterlinck

 

09. El desierto de los tártaros - Dino Buzzati

 

10. Peer Gynt. Hedda Gabler - Henrik Ibsen

 

11. El Mandarín - Eça de Queirós

 

12. El imperio jesuítico - Leopoldo Lugones

 

13. Los monederos falsos - André Gide

 

14. La máquina del tiempo y El hombre invisible - H.G. Wells

 

15. Los mitos griegos - Robert Graves

 

16. Los demonios I - Fiódor Dostoievsky

 

17. Los demonios II - Fiódor Dostoievsky

 

18. Matemáticas e imaginación - Edward Kasner

 

19. El gran dios Brown, Extraño interludio y El luto le sienta a Electra - Eugene O’Neill

 

20. Los cuentos de Ise - Ariwara no Narihara

Borges, el máximo escritor argentino y tal vez el lector más erudito también.

Borges, el máximo escritor argentino y tal vez el lector más erudito también.

 

21. Benito Cereno, Billy Budd y Bartleby, el escribiente - Herman Melville

 

22. Lo trágico cotidiano, El piloto ciego y Palabras y sangre - Giovanni Papini

 

23. Los Tres Impostores - Arthur Machen

 

24. Cantar de los cantares y Exposición - l Libro - Job I - Fray Luis de León

 

25. Cantar de los cantares y Exposición - l Libro - Job II - Fray Luis de León

 

26. El corazón de las tinieblas y Con la soga al cuello - Joseph Conrad

 

27. Historia de la decadencia y ruina del Imperio Romano - Edward Gibbon

 

28. Ensayos y diálogos - Oscar Wilde

 

29. Un bárbaro en Asia - Henri Michaux

 

30. El juego de los abalorios - Hermann Hesse

 

31. Enterrado en vida - Enoch A. Bennett

 

32. Historia de los animales - Claudio Eliano

 

33. Teoría de la clase ociosa - Thorstein Veblen

 

34. Las tentaciones de San Antonio - Gustave Flaubert

 

35. La descripción del mundo - Marco Polo

 

36. Vidas imaginarias - Marcel Schwob

 

37. César y Cleopatra, La comandante y Bárbara Cándida - George Bernard Shaw

 

38. La hora de todos y la fortuna con seso y Marco Bruto - Francisco de Quevedo

 

39. Los rojos Redmayne - Eden Phillpotts

 

40. Temor y temblor - Sören Kierkegaard

 

41. El Golem - Gustav Meyrink

 

42. La lección del maestro, La vida privada y La figura en la alfombra - Henry James

 

43. Los nueve libros de la historia I - Heródoto

 

44. Los nueve libros de la historia II - Heródoto

 

45. Pedro Páramo - Juan Rulfo

 

46. Relatos - Rudyard Kipling

 

47. Vathek - William Beckford

 

48. Las venturas y desventuras de la famosa Moll Flanders - Daniel Defoe

 

49. El secreto profesional y otros textos - Jean Cocteau

 

50. Los últimos días de Emmanuel Kant y otros escritos - Thomas de Quincey

 

51. Prólogo a la obra de Silverio Lanza - Ramón Gómez de la Serna

 

52. Las mil y una noches - Antoine Galland

 

53. Las nuevas noches árabes y Markheim - Robert Louis Stevenson

 

54. La salvación por los judíos - León Bloy

 

55. Gilgamesh - Bhagavad-Gita

 

56. Cuentos fantásticos - Juan José Arreola

 

57. De dama a zorro. Un hombre en el zoológico y La vuelta del marinero - David Garnett

 

58. Los Viajes - Gulliver - Jonathan Swift

 

59. Crítica literaria - Paul Groussac

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60. Los ídolos - Manuel Mujica Lainez

 

61. Libro de Buen Amor - Juan Ruiz

 

62. Poesía completa - William Blake

 

63. En la plaza oscura - Hugh Walpole

 

64. Obra poética - Ezequiel Martinez Estrada

 

65. Cuentos - Edgar Allan Poe

 

66. La Eneida - Publio Virgilio Maron

 

67. Cuentos - Voltaire

 

68. Un experimento con el tiempo - J. W. Dunne

 

69. Ensayo sobre Orlando Furioso - Attilio Momigliano

 

70. Las variedades de la experiencia religiosa I - William James

 

71. Las variedades de la experiencia religiosa II - William James

 

72. Saga de Egil Skallagrimsson - Snorri Sturluson

 

73. El libro de los muertos

 

74. El problema del tiempo I - J. Alexander Gunn

 

75. El problema del tiempo II - J. Alexander Gunn

 

Fuente: Infobae

https://www.infobae.com/leamos/2023/06/11/la-lista-de-borges-los-75-libros-que-para-el-maximo-escritor-argentino-no-podian-faltar-en-la-biblioteca/

 

DOMENICO ROSACI. "UN TANGO CON BORGES". DALLA POESIA ALLA DANZA


18 jun 2023

 

Jorge Luis Borges, uno dei massimi scrittori d'ogni tempo, ha raccontato attraverso il Tango l'anima del suo Paese, l'Argentina, e in particolare della sua città, Buenos Aires.

 

Ma ha anche svelato un segreto fondamentale dell'anima umana, quella forza dionisiaca che solo una danza rituale come il Tango sa esprimere.

 

Fuente: You Tube

https://www.youtube.com/watch?v=cbc2mHNrSaM

 

martes, 6 de junio de 2023

Borges habla de J.B. Priestley

Beatriz Iacoviello

 

21 de marzo de 2022

 

Buenos Aires es una ciudad que posee un espacio en el cual, a veces, ocurren pequeños milagros, que no siempre son posibles de alcanzar. Pero en este caso la Diosa Fortuna me acompañó en ese año 1981. Buscando cartas familiares y de amigos de Ulises Petit de Murat, en casa de su hermana Fedra Sofía (Beba), ésta me dio la posibilidad de acompañarla al departamento de Borges, y ella grabar la conversación que luego me transcribió. Era un acto inédito de Jorge Luis Borges. Sereno y pausadamente habló de varios temas. El primero fue el de John Boynton Priestley.

 

Le pedí autorización para publicar estos textos, que tienen la frescura de una conversación de café, o la respuesta de un profesor a una alumna inquieta.  Por lo tanto les entrego a los lectores a un Borges coloquial e íntimo, con sus pausas y repeticiones, con sus asombros y cuestionamientos. Un Borges, al que con cierta nostalgia recordamos todos aquellos que fuimos alguna vez sus alumnos escuchando embelesados sus clases que eran como pequeñas conferencias. Por lo tanto esta conversación la respeté en extremo, para tomar su propia voz y no la de la de mis arreglos de entrevistadora.

 

 Pero también en estos textos se encontrarán otras facetas de Jorge Luis Borges, su sencillez, predisposición, y ese humor mordaz de los porteños, como se les llama a los habitantes de la ciudad de Buenos Aires.

 

 En fin, este es otro Borges, cotidiano y locuaz, no menos interesante que el minucioso escritor:

 

“Yo recuerdo que J.B. Priestley, que era de Bradford, había empezado escribiendo vastas y populosas novelas a la manera de Dickens. La más famosa es ¨Angel Pavement…» después, se dedicó al teatro. Leyó sin duda textos de J. W. Dunne y un libro del teósofo ruso Uspensky que le interesaron por el tema del tiempo, y los problemas del tiempo.

 

El libro de Dunne tiene un título lindísimo, quizás el más hermoso de todos los títulos “An experiment with time” (Un experimento con el tiempo), ésta basado en sueños. Dunne tenía la idea de que los sueños no son sucesivos. Por ejemplo: en la realidad, nuestra realidad, nuestra vigilia es sucesiva, pasamos de un momento a otro y el primer momento se convierte en pasado y el que viene es futuro. Pero, Dunne llegó a la conclusión, y la basó en una suerte de estadísticas de sueños, que cuando soñamos no lo hacemos suficientemente, sino que, en una especie de modesta eternidad personal, somos sensibles del pasado inmediato y del futuro inmediato, y esto vendría a ser lo mágico. Es decir: hoy estamos en sábado entonces esta noche tal vez sueñe con el día de hoy, con el de mañana, con el de ayer y, quizás, con el de pasado mañana también. Todo eso se ve como una suerte de eternidad, se ve simultáneamente, pero como estamos acostumbrados a vivir sucesivamente cuando nos despertamos le damos un orden sucesivo, de  igual manera que si nos muestran una página, y no estamos leyendo hebreo desde luego, tendemos a leer de izquierda a derecha y empezando por la  parte de arriba. Dunne sostenía que nuestro recuerdo de los sueños no corresponde a nuestra experiencia personal de los sueños, que le damos un falso orden sucesivo a las cosas, como si le colocáramos una pequeña fábula que no corresponde al sueño. Luego llega a una teoría que él llamó ¨Series de Tiempo¨. Esa teoría, yo, creo que está equivocada. La idea de que, si el tiempo fluye, tiene que fluir dentro de otro tiempo, y que ese tiene que fluir dentro de otro , por lo tanto, así van a existir un número infinito de tiempos…

 

El libro de Uspensky interesó mucho a Priestley y llevó esta idea a las posibilidades literarias, y escribió los ¨Times comedies¨. En los “Times comedies o Times plays¨, no recuerdo bien como los llama, siempre se juega con el tiempo. Por ejemplo, hay una de ellas, la que ustedes mencionan, ¨Time and the Conways¨, es la más patética, en la cual el orden de los actos que debían ser A – B – C,  los presenta A – C – B.  Entonces, nosotros sabemos que los personajes van a llegar a un fin muy triste,  pero en lugar de mostrarnos como llegan a ese fin, nos muestra el momento triste en el segundo acto y en el tercer acto nos los muestra confiados, y nosotros sabemos que van a ser defraudados y engañados. Luego tiene otra pieza que está basada en esa teoría cíclica del tiempo, ¨I have been here before¨, tomó el título de una poesía de Rossetti…

 

Esta teoría del tiempo suele ser adjudicada a Nietzsche, pero él fue el último en descubrirla, ya que los pitagóricos y los estoicos sostenían esa doctrina, y en ¨La Ciudad de Dios¨ de San Agustín, hay un libro entero dedicado en refutar esa teoría de que el tiempo es cíclico. Hay una metáfora muy linda de San Agustín en la cual dice que: ¨La Cruz,  debemos pensar en la forma de la Cruz, nos ha salvado del laberinto circular, el eterno retorno de los estoicos¨.  ¿Muy linda esa idea, no? De un lado la Cruz y la Cruz inscripta y borrando el círculo en que el tiempo se repite infinitamente. San Agustín atribuye esa idea a Platón, es que no sabía que era de Pitágoras, en fin, él la discute y la refuta. La razón no movió a San Agustín a negar esa doctrina, fue una razón teológica. Él pensó que, si la historia es cíclica, entonces la redención del hombre, la crucifixión ocurriría un número infinito de veces, entonces Cristo quedaría como un  “pruebista” que cada tantos siglos se hace crucificar y eso parece indigno de la Majestad Divina…

 

Priestley tiene otras obras en las que juega con la idea de que nosotros tenemos un número infinito de porvenires, pero que se cumple uno solo. Por ejemplo, ustedes han venido esta mañana a casa, entonces ya se cumplió un tiempo en el que ustedes llegaron y las consecuencias de su llegada, el hecho que ustedes no vayan a hacer lo que tenían que hacer…  Pero, si ustedes no hubieran llegado yo habría pasado una mañana bastante solo y ustedes hubiesen hecho algo distinto. Entonces en  ¨Dangerous corner¨ hay un momento en el cual una persona comete una “gaffe”, dice algo que no debió decir, y se desencadenan una serie de consecuencias que llegan a ser inverosímiles, hay un suicidio, no sé muy bien, pero eso es en el segundo acto y luego en el tercero nos encontramos de nuevo en el primer acto; los personajes dicen exactamente lo mismo, pero cuando llegan a la esquina peligrosa, el ¨Dangerous corner¨, logran sortearla, no se dice aquello peligroso, entonces todo se arregla bien…

 

Estas son las obras que yo recuerdo, pero creo que tiene otras basadas en el mismo tema. ¨An Inspector Calls¨ también es muy linda porque tiene la idea del tiempo cíclico, es muy buena, creo que la mejor,  trabaja con prototipos en esa pieza. Todos de una u otra manera son culpables de esa muerte que ocurre en la trama, y cuando todos creen que están libres de esa culpa el inspector llama ¨An Inspector Calls”. Dangerous corner¨ no es tan buena, como está jugando con algo que no ocurre realmente, tiene escenas muy violentas, y hasta creo hay ciertos rasgos de homosexualidad también, elementos así, para llamar la atención.

 

Vi las obras de Priestley en el Teatro Odeón, aquí en Buenos Aires, recuerdo que fui con mi madre a ver ¨An inspector calls¨ y me impresionó mucho porque no la había leído…

 

Estas obras de Priestley han tenido mucho éxito en Alemania. Allí ya es casi un clásico, no sé porque, ha habido algo que les agradó particularmente… Actualmente Priestley, en Inglaterra, no se lo ve como un escritor muy importante, digamos más bien que lo han catalogado como un escritor hábil y muy inteligente, que ha explotado las posibilidades literarias del tiempo. Recuerdo que hay otra obra cuya protagonista es una actriz en la que también se juega con el tiempo…

 

Los filósofos han estado estudiando las posibilidades del tiempo, pero a nadie se le había ocurrido aplicar eso al teatro. El que lo hizo y llevó esas  ideas, aunque no eran suyas por supuesto, fue Priestley y las manejó con gran eficacia.

 

Si usted piensa en una pieza de Bernard Shaw, o en una de Shakespeare usted piensa en los personajes. Pero, en Priestley todo está suspendido al mecanismo de la pieza. Ese viene a ser su defecto, el hecho de haber escrito una especie de máquina ingeniosa, pero usted no ve realmente seres humanos. Ocurre, un poco, lo que sucede con la novela policial, en la que todos los personajes son engranajes de un mecanismo que es el argumento de la novela. Por ejemplo, cómo se comete un crimen en un cuarto cerrado, etcétera… etcétera…

 

Lo que le echan en cara a Priestley, de sus obras, es que los personajes no existen fuera de la trama. Pero Priestley pudo haber contestado que a él le interesaba la trama. También tiene dos volúmenes, muy lindos, de autobiografía, él pasó una larga parte de su vida en California…

 

Pienso que ¨An Inspector Calls¨ es su mejor obra de teatro, porque en las otras todos los personajes están supeditados a un mecanismo, pero en esta pieza son seres humanos, en las otras no, existen menos. Existen, me parece a mí, como elementos necesarios para un dibujo…

 

Quizás una de las teorías más curiosas sobre el Tiempo que utilizó es la del metafísico inglés F.H. Bradley, la encontré también en un verso de Unamuno.

 

Uno siempre concibe el tiempo, parece una metáfora natural, como un río que fluye del pasado al porvenir. En cambio, Bradley, opinaba que no, que el tiempo fluye desde el porvenir hacia el presente, que el presente es el momento en el cual el porvenir se desintegra en pasado. Según esta teoría nadamos contra la corriente, tenemos el manantial del tiempo; yo voy nadando en sentido contrario al de la corriente y hay un momento en el cual no cuento con el porvenir, y ese momento se le llama presente. Es el momento en que el porvenir se desintegra y se convierte en pasado. Estas ideas tan raras las encontré en un soneto de Unamuno que dice: ¨Nuestra vida fluye desde su manantial que es el eterno porvenir ¨… Es decir la misma idea de Bradley, que la vida fluye desde el porvenir, no desde el pasado. Es una idea rarísima… Las novelas de Priesley están hechas un poco como la creación de  Dickens, de tomar vida de la gente humilde de Londres, y muchas vidas, son novelas muy, muy, populosas, con muchos caracteres como las del Balzac o Dickens con veinte o treinta personajes en un libro y le gusta llevarlos a través de muchas vicisitudes.  Empezó siendo novelista popular a la manera de Dickens, luego publicó esas biografías y después se dedicó a las posibilidades del teatro. Tiene que haber hecho mucho dinero. Sobre todo lo que ganó en Alemania y en todo el mundo con sus obras de teatro.

 

Fuente: Artezblai -  El Periódico de las Artes Escénicas

https://www.artezblai.com/borges-habla-de-j-b-priestley-2/

Man on Pink Corner, una película según Borges

 

SELECCIÓN OFICIAL  FESTIVAL DE CANNES  - FRANCIA

 

Por Charlotte Pavard

 

HOMBRE DE LA ESQUINA ROSADA

¿Aprovechará El Corralero, un ex sicario, la oportunidad de cambiar su vida? Esa es la trama de la película argentina Hombre de la Esquina Rosada , dirigida por René Mugica, presentada en Cannes Classics en versión restaurada. Entrevista a Thomas Messias, periodista y autor de “Nouveau cinéma argentin” (Playlist Society 2015), sobre esta película inspirada en un texto de Jorge Luis Borge .

 

La película está basada en un texto de Jorge Luis Borges: ¿es una adaptación fiel?

 

La película está basada en un cuento bastante corto de Borges, originalmente titulado “Hombres de las orillas”. Su redacción nació del deseo de Borges de rendir homenaje a Nicolás Paredes, un exdirigente político de pasado turbulento que se había hecho amigo de Borges. El escritor, en cierto modo, se pone en el lugar de Paredes, utilizando su estilo narrativo para desplegar una colección de recuerdos, esperando que su mera acumulación sea suficiente para componer el retrato de varios hombres. Al adaptarlo para la pantalla, los tres guionistas introducen una serie de personajes para enriquecer la historia.

 

Adopta un estilo narrativo muy particular. ¿Puedes contarnos más al respecto?

 

La película abre con un pedido de liberación de Nicolás Fuentes, un bandolero que lleva preso varios años tras ser traicionado por un grupo integrado por varios compañeros y su propia esposa. Pero cuando los guardias van a soltarlo, lo encuentran muerto en su celda. “El hombre de la esquina rosada” consiste entonces en un flashback masivo: antes de morir, Fuentes le había contado su historia a su compañero de celda Francisco Real, quien ahora es nuestro narrador. Este sistema de narración indirecta crea una constante sensación de cuestionamiento: ¿estamos ante la verdadera historia de Fuentes, la versión embellecida que le pudo haber contado al Real, o una versión aún más distorsionada, producto de las improvisaciones de este narrador?

 

¿Qué opinas de esta adaptación en pantalla?

 

Conserva la esencia y el espíritu del cuento de Borges, que lograba expresar la admiración por estos pocos matones porteños al mismo tiempo que arañaba su condición de hombres viriles y valientes. René Mugica capta a la perfección la fascinación del escritor por la periferia de Buenos Aires, donde el ambiente festivo no deja de tener un estremecimiento ligado al peligro.

 

¿Los intérpretes eran destacados actores argentinos de la época?

 

Eso fue sin duda el caso de Francisco Petrone, que interpretó a Francisco Real y había aparecido en una veintena de películas, siendo esta una de sus últimas (falleció en 1964, tres años después del rodaje). Susana Campos, quien interpretó a la esposa de Fuentes, también tuvo una larga carrera como actriz, apareciendo regularmente en películas entre 1946 y 2004, año de su fallecimiento.

 

¿Qué pensó Borges de esta adaptación?

 

Le pareció de su agrado, afirmando que Mugica había “hecho un buen trabajo dadas las posibilidades que ofrecía la trama”. Vale la pena mencionar que Borges había publicado inicialmente su historia bajo un seudónimo porque no estaba muy satisfecho con ella. Lo consideró pomposo y no lo suficientemente bien escrito. La adaptación cinematográfica puede haberlo ayudado a ganar perspectiva sobre su propio trabajo, que siempre fue cautivador, y a mostrar más indulgencia hacia él.

 

Fuente: Festival de Cannes - Francia

https://www.festival-cannes.com/en/2023/man-on-pink-corner-a-film-according-to-borges/