domingo, 16 de octubre de 2011

En la Feria del Libro de Frankfurt, Islandia recordó la pasión de Jorge Luis Borges por las sagas


La fascinación de Jorge Luis Borges por las sagas fue el tema elegido por el escritor islandés Hermann Stefansson y su par argentino Martín Kohan, en el Pabellón del país invitado de honor en la Feria del Libro de Frankfurt, para delinear lo que implicó esa pasión borgeana, una impronta compartida por ambos países.

Islandia que sucedió a la Argentina -invitada de honor el año pasado- quiso homenajear a un escritor cuya literatura conocen en profundidad, a partir del amor que Borges profesó a esa extraña y lejana tierra.

En uno de los últimos actos, de esta 63a edición que finaliza hoy (por este domingo), la Argentina participó en el pabellón principal de un diálogo que se extendió media hora sobre la literatura borgeana y las similitudes que Borges supo encontrar en estos dos países tan extremos, "tan periféricos".

El clima era envolvente y silencioso, a pesar de un auditorio repleto de gente, generado por un espacio armado con pocas luces, entre sombras, donde la iluminación estaba dada por enormes paneles que surgían aquí y allá mostrando niños, mujeres, hombres, ancianos leyendo: un leitmotiv que fue el elegido por Islandia en su participación especial en la feria.

"Sabemos que hay un escritor Borges, el de los tigres, los laberintos, los espejos, pero también interesado por la violencia y la epopeya", disparó Kohan y sostuvo que en "Pierre Menard, autor de El Quijote", hay una idea genial en Borges "de equiparar la lectura con la literatura".

"El lector no es menor que el que escribe, y elige al Quijote porque el Quijote era un lector. Lee y actúa lo que lee y esto es un aspecto decisivo también del escritor argentino. Lo que aparece en este relato es un pasaje épico de heroísmo que se está perdiendo en la modernidad", indicó el argentino.

Para Kohan, "Borges va a detectar la épica de las guerras en América Latina, en los duelos a cuchillo de un hombre contra otro, en las sagas...". El concibe dos clases de muerte: la épica y la cotidiana (gris y trivial). En el duelo hay una verdad absoluta que se revela. Cuando el hombre va a matar o ser matado".

Y esa constatación, acentuó Kohan, hace que Borges se vuelva al pasado o a la periferia. "El centro de la ciudad es lo moderno y su actitud va a ser mal interpretada por muchos que leen una fascinación del escritor por Europa. El sufrió la sospecha de ser antiargentino cuando sutilmente advierte como la periferia puede ser central. El entendió ese mecanismo".

Esa manera en que la periferia toca el centro es decisiva para entender el interés de Borges por las sagas", consideró el argentino, cuyas palabras eran traducidas por una intérprete local, mientras que el islandés contestaba en un español, bastante correcto.

Por su parte, Stefansson mencionó la inscripción en la tumba de Borges que corresponde a una saga islandesa nombrada en el cuento "Ulrica" -el único cuento de amor en su obra- e interpreta que "el interés del argentino por las sagas "más que literario es existencial".

El epígrafe corresponde al capítulo 27 de la Saga Volsunga ("El tomó la espada, Gram, y colocó el metal desnudo entre los dos". Esta cita, que cumple un papel importante en el cuento, se encuentra reproducida en el dorso de la lápida de Borges en la ciudad de Ginebra (Suiza).

Stefanssson cuenta que él empezó a leer sagas cuando era muy pequeño, a los 6 años, "y después apareció en la televisión ese escritor ciego de la Argentina, viajando por los lugares de las sagas para respirar el espíritu del lugar".

"Borges no estaba bajo la influencia de las sagas, sino que las sagas estaban influenciadas por Borges", coincidieron ambos al describir la pasión borgeana por historias que en algún lugar se reunían con la épica criolla.

Kohan explicitó como Borges hizo visible la idea de quién es el precursor, algo muy borgeano, "lo que implica comprender que el autor es el inventor también de una tradición".

El autor de "El Aleph" lo que hizo "fue deconstruir el centro y revelar la periferia. Pensaba que las literaturas de las periferias tenían todas las tradiciones a su disposición y por lo tanto había una conexión entre esa literatura y lo universal, algo que parece confirmar su obra", analizó Kohan.

Como lector, señalaron el islandés y el argentino, Borges es el escritor más abierto del mundo por eso se relaciona con las sagas, que son textos sin autores.

Hay que romper con Borges, dijo el islandés de una manera u otra. "Para mí es una influencia enorme".

Al considerar que era más importante leer que escribir, Borges sentía que reescribía sus textos. Los escritores en su vanidad -observó Kohan- suelen sentirse geniales pero Borges no tenía esa necesidad porque él era genial".

El escritor islandés adelantó que María Kodama la viuda de Borges, "tiene la intención de armar un laberinto borgeano en Islandia", y sugirió que sería bueno hacerlo en una localidad que lleva el nombre del escritor.

Fuente : TELAM
Mora Cordeu
16 de octubre de 2011-10-16
http://www.telam.com.ar/nota/4332/

miércoles, 12 de octubre de 2011

El humor carnavalesco en Borges


“es como si yo quisiera ser más que la realidad,
y no puedo serlo, por que la realidad es
...es irreal. Digamos”
Jorge Luis Borges


“No hay otra cosa que formas”
Jorge Luis Borges


“La mente que una vez los soñó, volverá a soñarlos,
mientras la mente siga soñando,
nada se habrá perdido”
Jorge Luis Borges


“En el principio era el verbo...”
San Juan


Jorge Luis Borges, en algunos de sus cuentos, presenta una aniquilación de la noción de realidad objetiva y del Yo sustancial para proponer un estado de existencia alterno, el de la palabra. Este proceso lo realiza de modo humorístico. Parodia los cánones e ideas establecidas, degradándolos al punto de proponer su inexistencia, pero a la vez afirma el verbo como génesis de cualquier realidad posible.

El tipo de humor al que me refiero es el humor carnavalesco de la Edad Media teorizado por Mijaíl Bajtín. En él, se ofrece una visión del mundo deliberadamente antisolemne: “El mundo infinito de las formas y manifestaciones de la risa se opone a la cultura oficial”1. Esa visión es fundamentalmente trasgresora de la autoridad y la institución, pero no se limita solamente a una naturaleza negativa; existe una proposición alterna, de un segundo mundo y una segunda vida. El humor es dual como el mundo que presenta. El carnaval es primordialmente ambivalente, a la vez que degrada y mortifica, regenera y renueva.

En el principio cómico que preside los ritos de la fiesta popular se ignora toda distinción entre actores y espectadores. Quien asiste al carnaval lo vive de acuerdo a sus propias leyes de libertad. En esta celebración se encarna una forma especial de existencia, la cual interpreta a la vez que su muerte, su propio renacimiento y renovación, situándose en el umbral de la realidad y el arte.

Al plantear la resurrección el carnaval se manifiesta como triunfo de una liberación transitoria. Oponiéndose a toda perpetuación y perfeccionamiento apunta a un porvenir aún incompleto, abierto y mutable. Esta emancipación plantea un igualamiento y acercamiento de lo heterogéneo y lo contrario. En el carnaval todos devienen en un mismo plano jerárquico, lo que permite un reinado de “una forma especial de contacto libre y familiar entre individuos normalmente separados en la vida cotidiana por las barreras infranqueables de su condición”2 . Se propone así una gozosa compresión de la relatividad de las jerarquías y cánones de autoridad debido a su carácter “al revés” y “contradictorio”. Lo “elevado”, dentro de una mecánica circular, es parodiado de tal manera que cae hacia una posición completamente envilecida, mientras que “lo bajo” se eleva a estratos ajenos únicamente para ser destronado más tarde.

El Humor es festivo, es patrimonio del pueblo, por ello es de carácter universal. En esta nueva concepción ambivalente del mundo todo es objeto de parodia, absolutamente todo puede ser victima de ella, incluidos por supuesto los que ríen. Ello, para que acontezca, debe ocurrir en la plaza pública, en un ambiente abierto, de tal manera que se permita el libre transito entre las formas de autoridad que desvanecen bajo el influjo de la celebración. La actitud lúdica del carnaval se extenderá a todos los valores, ideas, fenómenos y entes, lo cual “compromete y conjuga lo sagrado con lo profano, lo alto con lo bajo, lo grande con lo miserable, lo sabio con lo estúpido”3.

Uno de los principios fundamentales de este humor es el elemento material y corporal. Se así acentúan las imágenes del cuerpo, la bebida y la satisfacción de las necesidades naturales. Las partes bajas de la carne, como su carácter mundano e imperfecto, actúan como aniquiladores de todo lo elevado y establecido. Dichas formas son denominadas por Bajtín como “realismo grotesco”, el cual se opone a todo aislamiento y confinamiento en sí mismo para brindar una vía de intercambio con lo otro. Bajo la concepción “clásica” el cuerpo es algo rigurosamente acabado y perfecto, de ahí los cánones de un ente aislado y solitario, separado de lo demás y cerrado en sí mismo. Para el humor carnavalesco el Ser es fundamentalmente incompleto y requiere la participación de lo popular para su subsistencia. La máscara del carnaval deshilvana las fronteras entre el Yo y la otredad, “expresa la alegría de las sucesiones y reencarnaciones, la alegre relatividad y la negación de la identidad y del sentido único, la negación de la estúpida auto identificación y coincidencia consigo mismo”4.

El “realismo grotesco” profana lo elevado, lo espiritual, lo ideal y lo abstracto. Acaece una degradación de toda ideología y ceremonia que tiende corporizar y vulgarizar. La risa materializa, aproxima a la tierra. Pero ello a la vez de aniquilar, de matar su objeto, da a luz algo superior, algo alterno que precisamente por su característica fundamental de mutabilidad crea un estado de libertad no concebible bajo la perspectiva oficial y acabada del Ser. Bajo la noción del humor este realismo estridente es renovador, es una muerte que concibe, una muerte en cinta. No se presenta como un fin lineal sino como un mero hito dentro de la circularidad del infinito. Es una muerte que, franqueado sus propios límites, se transforma en génesis.

En el carnaval no se distinguen las fronteras claras e inertes que dividen los “reinos naturales” en el ámbito habitual del mundo. Sus límites son audazmente superados lo cual conlleva la imperfección eterna de la existencia. De esa concepción inacabada del mundo surge una fantasía artística que proporciona al Ser una libertad y una ligereza excepcional. Esta celebración asimila elementos heterogéneos, aproxima lo lejano y lo contrario liberándolos de ideas convencionales. “Permite mirar con nuevos ojos el universo, comprender hasta que punto lo existente es relativo, y en consecuencia, permite comprender la posibilidad de un orden distinto del mundo”5. Esa realidad mutable y relativa es siempre feliz. Lo trágico de la visión “clásica” se traduce a una alegre y lúdico devenir. “La libertad absoluta que necesita lo grotesco no podría lograrse en un mundo dominado por el miedo”6.

La profanación se eleva en el carnaval como una categoría fundamental del humor y mediante ella celebra el cambio mismo. Toda degradación corresponde a una renovación. A toda aniquilación le sigue un renacimiento abierto al infinito.

En “Las ruinas circulares”7 de Jorge Luis Borges se hace uso de los mecanismos profanadores que degradan la realidad para dar vida a la ficción. El relato trata de la intentona de un mago de crear en el sueño a un hombre e imponerlo a la realidad. Propósito no “imposible aunque sí sobrenatural”(RC50). Después de un arduo esfuerzo el soñador alcanza su creación únicamente para darse cuenta, horrorizado, que él es también nada más que el sueño de otro. Se propone quizás, bajo dicha perspectiva, una cadena infinita de soñadores soñados que incluyan al autor y por supuesto a los lectores.

Lo humorístico a primera vista parece ausente debido a la complejidad del relato, pero conforme transcurre la historia se suscita una serie de elementos que parodian la aparente seriedad y tragedia del relato.

En “Las ruinas circulares” existe por un lado la degradación de figuras oficiales en la cultura occidental creando una tensión entre lo elevado y lo soez, de tal manera que lo primero coincida heterogéneamente con lo segundo. Así el hombre desembarca en la noche “sumiéndose en el fango sagrado”(RC49). Se atribuye aquí cierto carácter sacro a un elemento bajo por naturaleza: El fango. Más que elevar el elemento material se rebaja lo alto a terrenos sensibles. El mago desde el primer párrafo del cuento es completamente humillado y envilecido de tal manera que a pesar de su extraordinario carácter de creador “besa el fango”(RC49). El siguiente elemento envilecido es la deidad. Los dioses aparecen “incendiados y muertos”(RC50) y sin recibir el honor de los hombres. Los templos, inhabitados y despedazados han sido profanados por “la selva palúdica” (RC49) y yacen en ruinas. El saneamiento atribuido a la deidad no es más que una forma rebuscada de expresar los tramites de un niño antes de dormir, tomar un baño y rezar sus oraciones: “Luego, en la tarde, se purificó en las aguas del río, adoró los dioses planetarios, pronunció las sílabas lícitas de un nombre poderoso y durmió”(RC52). De esa manera todo elemento hierático es destrozado y llevado a los límites del ridículo. El clasicismo de la cultura griega no se salva de la humillación tampoco: El hombre provenía de donde “el idioma zend no está contaminado de griego”(RC49). Así se presenta lo helénico, no sólo degradado, sino incluso degradante de la ficción.

Los elementos netamente corpóreos aparecen en repetidas ocasiones en el cuento. El hombre en su esfuerzo sobrenatural es desgarrado por el ambiente hostil: “las cortaderas […] le dilaceraban las carnes y se arrastró, mareado y ensangrentado, hacia el recinto circular”(RC49) mientras que “El arroz y las frutas de su tributo eran pábulo suficiente para su cuerpo”(RC50). El hombre a su vez al construir paso a paso a su sueño, solamente tiene éxito cuando lo hace detenidamente creando cada parte corpórea de su hijo. Una vez purificado sueña en primera instancia “con un corazón que latía”(RC52) e incluso llega a rozar “la arteria pulmonar con el índice y luego todo el corazón”. Se emprende así la construcción de su creación siguiendo una cierta lógica anatómica, comenzando por los órganos fundamentales, el esqueleto y llegando a niveles detallados y triviales como los párpados y peor aun, al grado ridículo de conformar cada uno de los cabellos del “pelo innumerable” (RC53). Se alcanza la existencia independiente por medio de la corporeidad pero de manera grotesca. No se logra un cuerpo acabado y perfecto. Existe la necesidad de rehacer “el hombro derecho, acaso deficiente”(RC54). La realidad no es sólo creada, sino circularmente reconstruida.

Los espacios abiertos (dimensiónales como temporales) aparecen también. Son el escenario del drama. Los templos y las ruinas son carcomidos y abiertos por la selva y el río. El acceso a ellos es permitido a todos los discípulos. Existe, un estridente si, pero libre paso entre los diferentes reinos naturales: El salvaje, el del sueño, el de la vigilia del hombre, el de lo sagrado. Los individuos (el soñador, el soñado, los discípulos) no son entes independientes y autónomos, sino que participan, debido a su naturaleza onírica, del cuerpo popular, del cuerpo del sueño. La creación se da en un proceso inmemorial, los discípulos “pendían a muchos siglos de distancia”(RC50). El génesis acontece en innumerables sesiones al grado del detalle ya expuesto. El carácter abierto del relato abarca a todos. En sus mecanismos se confunden cada uno de sus elementos: “El alma humana, cuando sueña [...] es a la vez el teatro, los actores y el auditorio”8. Dentro del sueño la totalidad aparece espacio-temporalmente y ontológicamente abierta.

El fuego se presenta como elemento ambivalente por antonomasia en el relato. Es así, por un lado, génesis de la creación del hijo, ya que gracias a su culto esa labor sobrenatural sería posible: “Ese múltiple dios le reveló que su nombre terrenal era Fuego, que en ese templo circular (y en otros iguales) le habían rendido sacrificios y culto y que mágicamente animaría al fantasma soñado”(RC53). Únicamente este elemento coronador junto con el soñador, revelaría la naturaleza insustancial del creado. Gracias a esa adoración el hijo tendría además de la vida, dones mágicos, sería “capaz de hollar el fuego y de no quemarse”(RC55). Pero el fuego representa, además del origen de la vida, también la aniquilación del culto al dios: “Las ruinas del santuario del dios del Fuego fueron destruidas por el fuego”(RC56), y la muerte del soñador que debido a las llamas que le “acariciaron”(RC56) y le “inundaron sin calor y sin combustión”(RC56) toma conciencia de su “condición de mero simulacro”(RC55). El Fuego corona al hombre como creador para al final darle muerte.

Ahora, para que la visón carnavalesca sea plena debe ser universal, incluir a todo y a todos, incluso al que ríe. La degradación ontológicamente mayor ocurre cuando el soñador mismo, primero coronado por su sobrenatural propósito, es finalmente humillado al darse cuenta que él es nada más que una sueño soñado por otro. Lo creador es insustancialmente a su vez creado, y así al infinito. Si el soñador no es real no hay garantía de una existencia que franqueé lo onírico, ni en los lectores, ni en el autor. No se presenta entonces ningún estamento que proporcione un valor más verdadero que el de los personajes de la ficción. De ésta manera la profanación es universal. No actúa únicamente en el cuento, sino que trasciende sus mecanismos a la realidad extra-literaria. “Las ruinas circulares: lleva la circularidad, la ficción radical, al limite, hasta incluirnos a nosotros, los lectores, es decir a todo el mundo”9.

El mundo de la vigilia es entonces confundido, o más bien fundido, con el de los sueños “que tienen su álgebra singular y secreta, y en cuyo ambiguo territorio una cosa puede ser muchas”10. Gracias a ello el orden de la realidad es desestructurado y la identidad de la existencia es destruida. El sueño ha degradado la pretendida condición ontológica del hombre a una simple imagen de lo otro. El ser se ha perdido en su naturaleza lírica y ha sido enterrado en vida, se ha extraviado en el laberinto de esa insoportable verdad: No haber sido creado por ningún Dios que garantice o que sane su condición de contingencia, sino que es hijos de la imaginación de “demonios inferiores”11 tan irreales como su ficción, creados a su vez por soñadores al infinito. Se vive entonces atrapado en la condena del sueño, “cárcel infinita de la que somos prisioneros”12.

De la mencionada visión del mundo se puede analizar la filosofía idealista de Borges de una manera más profunda así como su genealogía diacrónica13, pero lo que me interesa aquí es verificar la propuesta alterna que surge de los mecanismos de la parodia. Recuérdese el planteamiento de un humor ambivalente, una degradación creadora, un fallecimiento que da vida a la vez que aniquila. Una nueva forma de existencia nace con el humor. Es verdad que el hombre “con humillación, con terror, comprend[e] que él también [es] una apariencia”(RC56) de otro soñador, pero a ello se le antepone fundamentalmente un “alivio”(RC56). No es lo trágico ni es el miedo el último determinante del relato, sino la libertad proporcionada por el regocijo que produce la insustancialidad del Yo.

En “El inmortal”14 los mecanismos del carnaval funcionan de la misma manera. En este cuento la búsqueda de la inmortalidad de un legionario romano lo impele a una expedición hacia la ciudad de los inmortales. Al encontrarla, después de una travesía caótica, bebe las aguas del río que bañan ciudad. De ella ”emergían hombres de piel gris, de barba negligente, desnudos [que] pertenecían a la estirpe bestial de los trogloditas”(I12) los cuales no hablaban y devoraban serpientes. Esos entes resultan ser los inmortales. Después de siglos de convivencia resuelven buscar ahora, debido a lo espantoso de su existencia, la fuente de la muerte, el río que ha de otórgales el don de la mortalidad.

El relato aparentemente serio debido al cuidado excesivo de estilo utiliza elementos cómicos que han de aparecer a lo largo de cuento. La primera imagen parodiada es la del expedicionario que siendo “tribuno militar de una de las legiones de Roma”(I13) se alimentó por primera vez de una detestable ración de carne de serpiente, acto bárbaro y salvaje. Su rango de militar civilizado es llevado a niveles humillantes al compartir el alimento de estos trogloditas.

La deidad es profanada junto con la dignidad de los inmortales por medio de la impresión de temor y repugnancia que produce la ciudad, recinto “adecuad[o] al trabajo de los inmortales’(I16) y “fabrica de dioses [que] han muerto [y] estaban locos”(I16). Mediante el nivel sacro otorgado al recinto de los Inmortales lo hierático es desvirtuado al grado de afirmar lo horrendo de la “Mera existencia y perduración”(I17) de una ciudad así. Los inmortales en apariencia “coribantes a quienes posee la divinidad”(I21), sacerdotes privilegiados con el supuesto don de los “dioses irracionales que manejan el mundo”(I22), se han convertido en seres bestiales y salvajes, casi monos. Dioses con dichas características son los únicos que podrían dotar de una inmortalidad que produce “Una especie de horror sagrado”(I13), una inmortalidad que ha de devenir a través de una existencia atroz y bárbara.

Los espacios abiertos aparecen en el relato de manera que sus limites no condicionan ni ahogan el libre paso entre los diferentes reinos del mundo. La entrada a la ciudad de los Inmortales es por medio de una caverna abierta (uno de los agujeros que permite el libre paso entre mundos contrarios), una cueva en cuyo interior un laberinto casi interminable conduce a la ciudad, un laberinto que deviene otros y así hasta la inmortalidad. La ciudad es a su vez una plaza abierta, inacabada e imperfecta. Emerge en ella “una suerte de plazoleta” (I16) rodeada por un edificio “heterogéneo”(I16) cuya “arquitectura carece de fin”(I17). Por otro lado la ciudad es “anterior a los hombres, anterior a la tierra”(I16) construida y desolada desde siempre, donde los límites de tiempo, bajo la luz de la inmortalidad, se pierden en la totalidad. En la infinitud la ciudad las fronteras de temporalidad se desvanecen.

La cultura oficial no se salva de ser parodiada. Uno de los “trogloditas” que acompaña a Marco Lamino Rufo durante su primera visita a la ciudad lo espera fuera del laberinto. Al regreso de su horrendo descubrimiento el narrador encuentra un alivio en la espera del inmortal. “La humildad y miseria del troglodita”(I19) traen a la memoria del narrador la imagen de “Argos, el perro moribundo de la Odisea”(I19) y lo nombra de esa manera. Inútilmente el tribuno militar intenta enseñarle a hablar. Para su sorpresa la lluvia, símbolo de fecundidad, descubre la identidad de “Argos”. En el éxtasis que produce el aguacero el inmortal balbucea: “Argos perro de Ulises [...] Este perro tirado en el estiércol”(I21), para después confesar que: “ya habrán pasado mil cien años desde que la invente (la Odisea)”(I21). Homero, la pretendida cuna de la cultura occidental, es degradado no sólo al nivel de sus personajes sino de uno de los más bajos.

La inmortalidad dentro de la ciudad se plantea como una negación de cuerpo. Los hombres al llegar a ese estado “Absortos, casi no perciban el mundo físico”(I22) y no se alimentan de “carne sazonada”(I22). Acontece un elemento sumamente curioso: Los mecanismos de la inmortalidad impelen al Ser a negar su propio cuerpo. Dentro de la infinitud de su existencia su Ser deviene puro pensamiento. Pero al desvirtuar la inmortalidad es negado el estado de aislamiento, afirmando sutilmente el carácter positivo del cuerpo. Acaece una negación entonces de la negación de lo corpóreo, y así lo afirma.

Mediante este humor se pierde en la infinitud del tiempo la identidad. Homero se convierte en Argos, Marco Flaminio Rufo es Joseph Cartaphilus que a su vez resulta ser Homero. El hombre se convierte en nadie y en todos los hombres: “Nadie es alguien, un sólo hombre inmortal es todos los hombres”(I24). La existencia acontece sólo en un cuerpo popular, infinito e inacabado, un cuerpo que abarca a la totalidad: “soy dios, soy héroe, soy filosofo, soy demonio, soy el mundo”(I24). Acaece aquí la universalidad de la risa del carnaval. No sólo el narrador sino todo personaje de la historia, cada hombre que pretenda esa inmortalidad aislada, ha de degradarse y dejar de ser. Los mismos autores (Homero y Borges por supuesto) no son más que su creación.

La naturaleza ambivalente del relato es presentada mediante la muerte que viene a convertirse en regeneración del hombre. El fallecimiento corpóreo y la muerte de la identidad hacen al mismo tiempo “preciosos y patéticos a los hombres”(I25). En ese fin que es génesis donde “no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño”(I25) se encuentra la verdadera vida, donde todo “tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso”(I26) y donde cada vivencia es preciosamente precaria. En la mortalidad, después de perderse en el todo, el hombre se recupera planteándose una vida exquisitamente contingente: “incrédulo, silencioso y feliz”(I27) el hombre contempla la “preciosa formación”(I27) de su fin.

El hombre, al recuperarse de la impersonalidad de la inmortalidad, se reencuentra en la máscara que ha de desvanecerse en la muerte, convirtiéndose ahora gozoso, por medio de la palabra, en todo y en todos: “Yo he sido Homero; en breve, seré Nadie, como Ulises; en breve, seré todos: estaré muerto”. El hombre ha de deshilvanarse en la muerte para serlo todo, ahí donde sólo queda el mundo del verbo, donde “sólo quedan palabras”(I31). La inmortalidad, si perdurara a la manera de los Inmortales haría que ”nadie en el mundo podrá ser feliz y valeroso”(I17). Borges cree en la inmortalidad, “no en la personal, pero si en la cósmica”15. La palabra es ahora la vía de la perpetuación de la vida. En lo contingente se encuentra lo exquisito de la existencia. La literatura, en su naturaleza de estado de excepción, ha de convertirse en la única creación utópica posible.

En “El informe de Brodie”16, supuesto relato de una cultura bárbara descrita por un misionero escocés cuya referencia tiene por objeto pedir al “Gobierno de su majestad” (IB121) la necesidad de la salvación de este pueblo, el humor juega el mismo papel que en los relatos analizados. Los habitantes del pueblo, los “Yahoos”, al igual que los “inmortales” viven desnudos y “sólo pocos tienen nombre” (IB111). Desde el principio la identidad es aniquilada.

El relato corona paródicamente a su gobernador para inmediatamente después burlarse de su condición: ”La tribu está regida por un rey, cuyo poder es absoluto, pero sospecho que los que verdaderamente gobiernan son los cuatro hechiceros que lo asisten y lo han elegido” (IB112). El rey es mutilado, le son quemados los ojos y le cortan las manos y los pies. Humillado, vive confinado en una caverna “para que el mundo no lo distraiga de la sabiduría” (IB112). En el solipsismo de la autoridad el único contacto del rey es mediante los hechiceros (sus destronadores) y las esclavas cuya función es atenderlo y untarlo de estiércol (IB113). La reina es también completamente desvirtuada. Junto con todas las mujeres del pueblo conoce "el comercio carnal” (IB117). Se le ofrece al misionero en vista de todas las azafatas. El narrador declina el honor que se concede a los hechiceros y a los cazadores de esclavos (IB113). La sexualidad de la reina no sólo humilla su condición de autoridad sino que es entregada, al igual que la del resto de las mujeres del pueblo, a la colectividad, su cuerpo le pertenece a los demás.

La Cultura es deshilvanada hasta los limites de la irrealidad: “La memoria les falta a los Yahoos, o casi no la tienen” (IB115). No saben si lo acaecido lo recuerdan ellos, sus padres o si es sólo es una invención. De esa manera no hay sustancialidad en el pasado, fuente de la identidad del Ser y de la cultura, que se pierden de entre las manos deviniendo un sueño.

La deidad, al igual que en los anteriores cuentos analizados, es profanada no sólo por la apariencia grotesca de los hechiceros, sacerdotes usurpadores del poder, sino por el culto de los “Yahoos” a “un dios, cuyo nombre es Estiércol” (IB116) que ha sido ideado a imagen y semejanza de su humillado rey: “mutilado, ciego, raquítico y [paródicamente] de ilimitado poder” (IB116) La forma que suele representar esta deidad es de hormiga o culebra, animales sustancialmente arraigados en la tierra. Por otro lado a ese hombre cuya poesía es exaltada es elevado a la naturaleza de dios y con ello ”cualquiera puede matarlo” (IB119). La naturaleza de la deidad es tal que el pueblo tiene el derecho de aniquilarla, se rechaza así la superioridad de lo hierático que es llevado a los bajos mundos de la existencia.

Los elementos carnavalescos descritos en “El informe de Brodie” son dentro de la mecánica lúdica del relato regeneradores. Si bien los “Yahoos” es un pueblo degenerado y “quizás el más bárbaro del orbe” (IB120), en él existen ciertos rasgos que lo redimen: El grotesco orden, el lenguaje genérico y sobre todo la raíz divina de la poesía, la exaltación de la palabra. Al igual que en “Las ruinas circulares” y “El inmortal”, la palabra viene a convertirse en el medio de una existencia que ha de renacer. Ese génesis ha de regenerar no sólo al mundo y a la deidad parodiada sino a la posibilidad de encontrar, gracias a ella, un tipo de existencia alterna.

Es bien cierto que lo cómico en Borges no provoca la carcajada como en el carnaval, “sino que es humor sardónico que contrapesa el horror con chispa y suscita una sonrisa intelectual”17. El principio utópico material y corporal aparecen también debilitados. No existe el exceso característico del carnaval de la Edad Media, pero como he analizado algunos relatos borgeanos contienen todos los elementos de aquella expresión popular, aunque algunos de ellos aparezcan de manera más sutil. La identidad y la realidad poseen ese proceso ambivalente fundamental del humor carnavalesco, de aniquilamiento y recreación, aparecen “simultáneamente en el umbral de la tumba y de la cuna” 18. El cuerpo se diluye en lo otro y aunque de manera idealista existe una mecánica de recreación del individuo, pero a partir de lo otro y de la totalidad. La vida es en Borges entonces, a pesar de una primera apariencia trágica, osada y sonriente. Borges como duplicador de la realidad la crea alegremente “al sacarle partido lúdico a la gran paradoja de Platón”19.

En Borges la realidad no literaria es traída y apropiada por el mundo onírico de la palabra. El valor real de mundo y del individuo es de alguna manera sumergido dentro de la literatura. Se da muerte a la sustancia pretendida en el mundo serio, incluido la de Borges mismo para quien “el autor era, a fin de cuentas, él mismo, una ficción indistinta de sus propios personajes”20. Jorge Luis Borges afirma su escepticismo con respecto a esos valores fundamentales de la visión de la realidad. Se sorprende de la incapacidad de apreciar desarticulados los límites de la realidad y la ilusión: “¿Por qué nos inquieta que don Quijote sea lector del Quijote, y Hamlet, espectador de Hamlet?”21

Debido a la negación de una identidad univoca del hombre también se le plantea una libertad inconmensurable mayor en la conciencia de la otredad. La celebración de un nuevo mundo no ocurre de manera trágica, no puede serlo si ello representa un “alivio”(RC56). En el mundo del humor, en el mundo del carnaval, “la relatividad de lo existente es siempre feliz”22. Borges propone en su escritura un mensaje ambivalente, dirigido no sólo al lector literal sino también, por medio un doble juego, a un «hipotético lector inteligente con quien establece una suerte de complicidad [que] experimenta esa “súbita iluminación”, percibiendo lo cómico en lo aparentemente serio»23.

Los personajes de la ficción, que abarca ahora a todos lo seres cualquiera que sea su naturaleza, están efectivamente condenados al fracaso. Su existencia pende de un hilo, el de la imagen que fácilmente es desintegrada por la insustancialidad del Ser. Se escurre la existencia de la realidad y del individuo en las propias manos, pero si carnavalescamente reniega su condición de “mero simulacro”(RC55) impuesto por el orden del sino, adquiere vida. La muerte resulta ahora regeneradora, “la ficción cobra realidad y se hace verdaderamente consistente”24. La rebelión al destino, la parodia, la risa y el humor actualizan ese sobrenatural propósito: Existir. El Hombre se redime de su ”condición de vana apariencia y [se] interpola en el mundo real”(RC51) por medio de la palabra y su creación. Los personajes, el autor y los lectores, alcanzan cierto grado de realidad de diferente índole: Una realidad de naturaleza literaria. Debido a “la posibilidad de que la palabra, la palabra humana, y no sólo la divina, contenga el Ser”25 es posible encontrar la propia renovación que trasportaría al Ser a un mundo igualmente verdadero: El mundo del verbo, el mundo del arte.

Borges quiere demostrarse a sí mismo que “los hombres son capaces de concebir un mundo”26. Al confundirse el Ser dentro de sí con lo otro, al tener conciencia del desvanecimiento de las fronteras del Yo y de la sustancialidad de lo real, al celebrar “la victoria total de ese panteísmo idealista”(TT26), se permite sobre todo un “repudio al solipsismo” (TT26). La verdad es así jocosa y colectiva al apelar a la totalidad en la poesía. Al ser el mundo ambivalente todos sus elementos “contienen [su] tesis y [su] antítesis” (TT27)

Tanto en la mitología Judea-Cristiana como en el platonismo, la palabra precede a la realidad. Dios dijo “hágase la luz”, “hágase el mundo”, y éstos fueron creados. En el topos-uranus de Platón el mundo de las Ideas tienen un valor ontológico superior a este, reflejo de aquel. Así a pesar de la conciencia de inexistencia sustancial, precisamente en el proceso de creación y en la libertad que proporciona al hombre el no coincidir consigo mismo, se plantea la posibilidad de lúdicamente interpretar a la deidad utilizando sus máscaras para crear a lo otro y con ello a uno mismo. Ser el otro, ser Homero, ser Borges, ser todos, permite fantasiosamente pretender la eternidad. Consagrando la celebración de la creación, afirmando el verbo como génesis de cualquier realidad posible, cierta plenificación probablemente resulte asequible. Buscando que el alma merezca “participar en el universo”(RC51), buscando que la palabra sea “la escritura que produce un dios subalterno para entenderse con un demonio” (TT23) que es sí mismo, es posible la propia creación. La verdad es “un laberinto urdido por los hombres, un laberinto destinado a que lo descifren los hombres”(TT34) para imponerlo la realidad que será concebida por la palabra. Los hombres sólo pueden ser inmortales en la medida que pueden participar en a la poesía, donde se adquiere puramente la esencia de lo mortal: La irrepetibilidad, la individualidad, la alegre conciencia de la especificidad, el Ser como producto de la mera casualidad y del encuentro, el Ser como acontecimiento. Esta verdad estética, la verdad en el soñar, no es “encontrada por el filósofo sino por el poeta”27 que existirá en la medida de que alegremente celebre la recreación en su muerte. La palabra es pues génesis de la vida, su acaecer. A través de la muerte del individuo y de la realidad, se encuentra gozosamente en “la literatura una forma de felicidad”28

Notas:

1 MIJAÍL BAJTÍN, La Cultura Popular en la Edad Media y en el Renacimiento, Trad. de Julio Forcat y César Conroy, Alianza Editorial, Madrid,1998, p10.

2 MIJAÍL BAJTÍN, op cit, p.15.

3 MIJAÍL BAJTÍN, Problemas de la poética de Dostoievski, Trad. de Tatiana Bubnova, FCE, México, 1986 p174. (primera edición en ruso 1979).

4 MIJAÍL BAJTÍN, La Cultura Popular en la Edad Media y en el Renacimiento, Trad. de Julio Forcat y César Conroy, Alianza Editorial, Madrid,1998, p 42.

5 MIJAÍL BAJTÍN, op cit, p.37.

6 Ibíd., p. 48.

7 JORGE LUIS BORGES,”Las Ruinas Circulares”, Ficciones, EMECÉ, Buenos Aires, 1990, p. 49-56. En Adelante al citar este texto, a renglón seguido, sólo daré, entre paréntesis, las iniciales RC y la página de donde proviene la cita.

8 JORGE LUIS BORGES, Libro de sueños, Alianza Editorial, Madrid,1999, p.7.

9 JUAN NUÑO, La Filosofía de Borges, FCE, México, 1986, p. 108.

10 JORGE LUIS BORGES, op cit, p.114.

11 JORGE LUIS BORGES, “Redescubrimiento de la Ficción”, Ficcionario, Una Antología de sus textos, FCE, México, 1998, p 27.

12 CARLOS CAÑEQUE (ed), Conversaciones sobre Borges, Destino, Barcelona, 1999, p 230.

13 Ver JUAN NUÑO, op cit, pp.104-113.

14 JORGE LUIS BORGES,”El inmortal”, El Aleph, EMECÉ, Madrid, 1999, p. 7-31. En Adelante al citar este texto, a renglón seguido, sólo daré, entre paréntesis, la inicial I y la página de donde proviene la cita.

15 ESTEBAN PEICOVICH,, Borges, el palabrista, Prodhufi, Madrid, 1995, p 200.

16 JORGE LUIS BORGES,”El informe de Brodie”, El informe de Brodie, EMECÉ, Madrid, 1997, p. 109-121. En Adelante al citar este texto, a renglón seguido, sólo daré, entre paréntesis, las iniciales IB y la página de donde proviene la cita.

17 EVELYN FISHBURN, “Borges y el Humor”, Borges: Desesperaciones aparentes y consuelos secretos, El Colegio de México, 1999, p.150.

18 MIJAÍL BAJTÍN, op cit, p.3o.

19 CARLOS CAÑEQUE (ed), op cit,, p. 264.

20 JUAN CRISTÓBAL CRUZ, “Borges y el espejo Vienés”, Ocho ensayos sobre Borges ( A 100 años de su nacimiento), Publicaciones Cruz O.S.A., México, 1999, p.95.

21 JORGE LUIS BORGES, Otras Inquisiciones, EMECÉ, Buenos Aires, 1996, p 82.

22 MIJAÍL BAJTÍN, La Cultura Popular en la Edad Media y en el Renacimiento, Trad. de Julio Forcat y César Conroy, Alianza Editorial, Madrid,1998, p 49.

23 RENÉ DE COSTA, El humor en Borges, Cátedra, Madrid, 1999, p. 23.

24 CARLOS CAÑEQUE (ed), op cit,, p. 232.

25 Ibid, p. 235.

26 JORGE LUIS BORGES,”Tlon, Uqbar, Orbis, Tertius”, Ficciones, EMECÉ, Buenos Aires, 1990, p. 30. En Adelante al citar este texto, a renglón seguido, sólo daré, entre paréntesis, las iniciales TT y la página de donde proviene la cita.

27 CARLOS CAÑEQUE (ed), op cit, p.279.

28 JORGE LUIS BORGES, “La poesía”, Siete noches, FCE, México, 1998, p 108.

Bibliografía

BAJTÍN, MIJAÍL, La Cultura Popular en la Edad Media y en el Renacimiento, Trad. de Julio Forcat y César Conroy, Alianza Editorial, Madrid, 1998.

———Problemas de la poética de Dostoievski, Trad. de Tatiana Bubnova, FCE, México, 1986. p174. (primera edición en ruso 1979).

BORGES, JORGE LUIS, El Hacedor, EMECÉ, Buenos Aires, 1996.

—— Ficciones, EMECÉ, Buenos Aires, 1990.

—— Libro de sueños, Alianza Editorial, Madrid, 1999

—— Otras Inquisiciones, EMECÉ, Buenos Aires, 1996.

—— “La poesía”, Siete noches, FCE, México, 1998.

—— “Redescubrimiento de la Ficción”, Ficcionario, Una Antología de sus textos, FCE, México, 1998.

CAÑEQUE, CARLOS (ed), Conversaciones sobre Borges, Destino, Barcelona, 1999.

COSTA, RENÉ DE, El humor en Borges, Cátedra, Madrid, 1999.

CRUZ, JUAN CRISTÓBAL, “Borges y el espejo Vienés”, Ocho ensayos sobre Borges (A 100 años de su nacimiento), Publicaciones Cruz O.S.A., México, 1999.

FISHBURN, EVELYN, “Borges y el Humor”, en Borges: Desesperaciones aparentes y consuelos secretos, El Colegio de México, 1999.

NUÑO, JUAN, La Filosofía de Borges, FCE, México, 1986.

PATIÑO, JUAN PABLO. “El humor carnavalesco en Borges”, México, 2001. p.1.

PEICOVICH, ESTEBAN, Borges, el palabrista, Prodhufi, Madrid, 1995.

Fuente : Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid
Juan Pablo Patiño Káram
Universidad Iberoamericana, Puebla, México
El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero22/borg_hum.html

sábado, 8 de octubre de 2011

Borges en la Libreria del Centro de Arte Moderno de Madrid

Libreria Temática Borgeana



El Centro de Arte Moderno de Madrid, es una institución privada que desarrolla su actividad en el ámbito cultural. Dispone de una galería de arte, una librería especializada en autores hispanoamericanos y españoles con presencia en América, un sello editor, Del Centro Editores, el Pequeño Museo del Escritor y también realiza acciones de centro cultural.


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JORGE LUIS BORGES, LA INFAMIA COMO SINFONÍA ESTÉTICA


Se acaba de publicar la obra “Jorge Luis Borges, la infamia como sinfonía estética” del escritor y ensayista F. Morales Lomas.

Borges es un escritor universal. Su obra abarca lo oriental y lo occidental, lo cristiano y lo musulmán pero también un nuevo concepto de la realidad y de lo mágico. Su figura se agranda con el tiempo tanto que es necesaria su revisión constantemente y su consideración como uno de los grandes escritores en español del siglo XX. El escritor y profesor Morales Lomas ha querido adentrarse en los mecanismos que conforman su capacidad creativa a través de “Jorge Luis Borges, la infamia como sinfonía estética”, con la que ha querido revelar un mundo preciso desde su obra inicial, cuando la lectura llevada a la obra propia alcanzaba un valor literario en sí mismo. Metaficción, metaliteratura, creación de mundos cabales de gran capacidad artística y, sobre todo, organización de una narrativa tan original y personal como pocos escritores en la historia de la literatura.

Fragmento del Prólogo

El principio que sostiene la literatura borgeana es que «la literatura no es otra cosa que un sueño dirigido». La ficción estética y sus galanes procesos nacen y crecen en los sueños, como la existencia de los seres humanos en la imaginación de Dios y de Lucifer. Así lo declara en el Prólogo de El informe Brodie (1970), donde realiza un análisis epilogal y expresivo de su estética literaria y, entre otras cosas, observa que con sus cuentos no pretendió sino distraer y conmover. Creo que estos dos principios, que suscriben muchos escritores entre los que me encuentro, son inherentes al hecho literario, lejos de esa dimensión estética y ética que igualmente posee, al menos para el que esto subscribe. También nos afirma Borges que pocos han sido los argumentos que le han hostigado a lo largo del tiempo y, en consecuencia, se autodefine como un escritor monótono temáticamente. Y siempre ha preferido en su obra «la preparación de una expectativa o la de un asombro» y no las sorpresas del estilo barroco o las que deparan un final imprevisto. Se define lingüísticamente en la indefinición porque nunca ha pretendido concentrar su obra en lo que dicen los diccionarios a los que considera reductores de la realidad. Pero, sobre todo, se ha dejado llevar en la construcción por el principio absoluto de la libertad, de ahí el situar sus obras en lugares lejanos al momento en que escribe que impidan los límites espaciales tanto como la relación sentimental con la causa-efecto.
En consecuencia, sus principios rectores son:
1) El escritor debe elaborar su obra en plena libertad creativa.
2) La literatura debe distraer, entretener o divertir al lector.
3) La literatura debe conmover, emocionar, impresionar al lector.
4) La literatura debe crear expectativas y asombro en el lector.
5) La literatura debe abarcar la lengua en su más elevada dimensión.

Fuente : Morales Lomas
http://moraleslomas.blogspot.com/2011/09/nuevo-libro-de-morales-lomas-sobre.html

Carlos Oliva: ¿El defecto de Borges? Uno y… ninguno


¿Qué punto flaco tiene el autor de ‘El Aleph’? El especialista mexicano Carlos Oliva dice a VANGUARDIA que el defecto del argentino fue también su virtud; descubra cuál es

Años estudiando a Jorge Luis Borges le dan a Carlos Oliva, escritor, filósofo e investigador nacido en la Ciudad de México, la certeza de que el autor argentino tiene un defecto, pero a la vez no tiene ninguno. O, al menos, es difícil hallarlo, dice en entrevista exclusiva el autor de “Literatura y Azar. Cuatro Ensayos sobre Borges”, un libro con el que recientemente entró a la bibliografía coahuilense.

Algo de ello plasma Oliva en este libro que edita la Coordinación de Bibliotecas, Publicaciones y Librerías del Estado. Borges, autor de “El Aleph” se volvió una obsesión para Oliva, pues su literatura es un laberinto en el que prácticamente no hay salida, es decir, no hay una falla grande que destruya el universo borgiano que persiste y que salta a grandes autores de hoy que aún no lo superan.

Y es que podemos ser muy críticos con los nuevos escritores, pero ante un “monumento” como Borges, ¿qué punto flaco se le puede achacar a su obra literaria? Luego de un breve silencio de reflexión, responde Oliva. “Sí hay uno. Lo que nos muestra Borges yo creo que es la crisis de Occidente como cultura. Y lo hace a través de la literatura. Entonces, el punto flaco es que, por ejemplo, autores como (J. M.) Coetzee, (Ismail) Kadare y Rubem Fonseca nos dicen ahora un poco más que Borges porque están en las periferias de esa crisis, en algo que está sucediendo ahora”.

Y esa es la flaqueza, aterriza Oliva: “El punto flaco sería que Borges es como el último de los grandes escritores de Occidente y que no toma postura por Occidente, sino que nos muestra la crisis de esta región, la crisis en la que estamos: la de las naciones, la del proceso de civilización, la de las humanidades”.

Y ésta, afirma, es la clave de su vigencia: “Claro, Borges tendrá una gran vigencia porque cada vez que veamos cómo fracasó el proyecto civilizatorio de Occidente, Borges será un ejemplo fabuloso de que nos enseña qué sucedió ahí —más allá de las izquierdas, las derechas—, cómo se destrozó un proyecto civilizatorio”.

Ante el pesimismo, literatura antiborgesiana

Con tal de un cambio en el paradigma borgiano, escritores han tomado una postura detractora, señala Oliva: “Muchos autores de ahora se ponen como meta escribir literatura antiborgesiana: son escritores menos pesimistas que Borges a la hora de la hora; como Bolaño, él sería menos pesimista que Borges”. En conclusión, “el punto flaco puede ser que Borges es el último gran pesimista de la saga occidental”.

Sin embargo, ser el último es un lugar privilegiado. Oliva tiene que admitir que también es una virtud. “Sí, en sí mismo es muy difícil encontrarle un punto flaco, eso le da su permanencia. Incluso mientras no desaparezcan algunas cosas de nuestra convivencia, nuestra confianza en el libro, en las humanidades, Borges va a saltar a estos autores tan radicales: Coetzee, por ejemplo, y Kadare, que son dos que siempre tienen a Borges en la mira; pero es muy probable que Borges salte a Bolaño, a Rubem Fonseca, a Fadanelli… Borges es muy radical”.

Su ceguera también fue virtud

Un punto de la vida de Jorge Luis Borges que a Oliva lo ha fascinado es la ceguera que sufrió, porque ella accidentalmente lo hizo releer las obras que ya conocía, algo fundamental para su trabajo literario.

“Su ceguera lo hace que él relea lo que ha leído y que no esté pendiente de las novedades que hay. Y eso, cuando uno lo ve en la distancia, nos muestra la importancia que tiene la relectura de la obra y no estar en las novedades de lo último que se está publicando. Y eso a Borges le pasó en parte accidentalmente, porque ya no podía leer más y releía y hacía que le leyeran lo que él conocía. Eso nos da una lección”, indica.

Otro punto interesante, destaca el autor de “Hotel Imperial”, es lo biográfico en su narrativa: “Beatriz Viterbo, la protagonista de ‘El Aleph’, claramente es Estela Canto; el cuento es una historia realista que Borges llena de metáforas, pero a fin de cuentas es la historia de Estela Canto con su primo y cómo Borges lo descubre. Es el descubrimiento de una traición amorosa”.

Oliva comenta que Canto publicó después en su libro las postales que Borges le envió. “Hay una muy bonita donde él le dijo: ‘Ya sólo te puedo ofrecer la traición’. Hay un Borges con un erotismo también negro, no estridente, no del deseo, sino erotismo vencido, en su literatura”, finaliza. El defecto de Borges es ser poco defectuoso, quizá sería la última conclusión del especialista que se fue de Saltillo con su libro de Borges bajo el brazo, luego de presentarlo en la Feria Internacional del Libro 2011.

Fuente : Vanguardia – Mexico
5 de Octubre de 2011
http://www.vanguardia.com.mx/carlosoliva%C2%BFeldefectodeborges?unoy%E2%80%A6ninguno-1113880.html

martes, 4 de octubre de 2011

De Pynchon a Amis, toda una generación borgeana


Ian McEwan

Ian McEwan, Martin Amis, Salman Rushdie y Thomas Pynchon reconocen la marca del escritor y le rinden tributo. En las últimas décadas, lo "borgeano" se ha filtrado en la ficción inglesa y americana sin que los escritores sepan de dónde viene.

Cuando leí Ficciones por primera vez, tenía 18 años y vivía en una cabaña de pastores a medio camino hacia la cima de una montaña en la isla de Creta. Había encontrado el lugar, como por casualidad, mientras exploraba una franja de playa deshabitada, y me mudé para el verano. Acababa de leer Los hermanos Karamazov y La montaña mágica rápidamente, uno tras otro, y la concisión e intensidad de la escritura de Borges se me aparecieron como una revelación.

El mismo Borges tenía algo que decir sobre las novelas: "Es una locura laboriosa y empobrecedora ­la locura de escribir libros muy extensos­ desarrollando durante quinientas páginas una idea que puede ser contada perfectamente en cinco minutos de narración oral. La mejor forma de ocuparse de ellos es hacer como que esos libros ya existen y ofrecer un sumario, un comentario".

Como a cualquier persona de 18 años, me sedujo la idea de que cada instante contiene el potencial para infinitas posibilidades ­algo recurrente en el trabajo de Borges­ o que nuestro universo es solo uno entre muchos universos posibles, o que más que ser los propietarios de nuestra propia conciencia, somos el sueño de alguna otra entidad. No son ideas con las que se pueda vivir cómodo, pero yo siempre estaba empujando los límites de la comprensión e insatisfecho con los conocimientos obtenidos.

No todo el mundo reconocía a Borges con tal asombro en ese momento, incluido el amigo con el que compartí mi idilio en el Mar del Líbano. Durante los años siguientes, anoté con curiosidad cualquier mención que se hiciera de Borges en relación con otros escritores.

Desde el principio, teniendo en mente una de mis historias preferidas, "El Sur", siempre consideré que Borges era un escritor profundamente argentino, y que muchas de sus historias eran parábolas de la vida argentina. Pero aprendí que también había un Borges "inglés", porque debido a la influencia de su abuela inglesa, creció siendo bilingüe y nos recuerda en sus cadencias a los escritores que influyeron en él: su adorado Rudyard Kipling y Chesterton. Fue quizás esta "inglesitud" lo que atrajo a muchos de sus fans (aunque no a todos) en el Reino Unido.

De cualquier manera, Borges tiene una considerable influencia en novelistas de lengua inglesa en los años 80, en particular, en ambos lados del Atlántico, y el vigésimo quinto aniversario de su muerte es una buena ocasión para revisar esa influencia.

En su novela La información, (en la que los protagonistas, Richard y Gwin, forman mi nombre de forma alarmante), Martin Amis utiliza el concepto de "El Aleph" ­"una esfera cuyo centro está en todas partes y cuya circunferencia no está en ningún lugar... uno de los puntos en el espacio que contiene a todos los demás"­ como un tropo central para infundir en el libro detalles astronómicos, particularmente con respecto al ciclo de vida de las estrellas y del Sol.

La influencia de Borges en el libro va más allá, "Las ruinas circulares" son una alegoría de cómo todos los trabajos literarios se derivan de otros trabajos, confirmando de ese modo la propia deuda de Amis con Borges.

En un debate con Ian McEwan, que se llevó a cabo en Londres para celebrar el centenario del nacimiento de Borges, Amis dijo "El genio de Borges me deja sin palabras, su trabajo no se puede considerar minimalista, sino extravagante. Su forma de encarar el horror ante lo eterno y ante lo transitorio es extraordinaria". McEwan, de forma similar, elogió la "colosal inteligencia" de Borges, y añadió: "Hay algo de liberador en la escritura de Borges; es el puro placer del juego de la abstracción literaria".

Salman Rusdhie también confesó la influencia de Borges, y en un ensayo dice que siempre lleva consigo varios "pasaportes", uno de los cuales es Ficciones. Más aún, en los agradecimientos que aparecen en su libro Los versos satánicos, Rushdie incluye "El libro de los seres imaginarios" de Borges utilizado para la descripción del Mantícora.

No obstante, en una reseña de 1999 sobre las Ficciones completas, en su publicación en inglés, Mavis Gallant observa que: "es prácticamente imposible encontrar a alguien que haya leído a Borges recientemente (que no sean lectores de habla hispana, traductores, especialistas en Literatura Americana y estudiantes que preparan disertaciones)".

Las cosas no han cambiado mucho desde entonces. Sospecho que muchas de las presunciones y tropos que se consideran "borgeanos", se han filtrado en la ficción inglesa y americana, generalmente sin que los escritores sepan de dónde vienen. Culturas fantásticas, jerarquías absurdas, ardides lúdicos y una recurrente autorreferencialidad podrían llevarnos a algunos a su origen, pero para muchos otros es sólo la forma como son las cosas: han sido normalizadas bajo el rubro de ficción posmoderna.

Entre los escritores ingleses más jóvenes, Borges parece estar más lejos, como influencia, de lo que estaba en el momento de su muerte, aunque aquella es discernible en las obras de excelentes autores como Geoff Dyer, David Mitchell y Zadie Smith. Yo enseño en una universidad inglesa y, alarmantemente, pocos de mis alumnos lo han leído, aunque la mayoría han oído hablar de él. Cada año, me esfuerzo por rectificar su ignorancia, y su reacción es de incomprensión o de asombro y gratitud: "¡por qué nadie me habló de esto antes!" Entre mis amigos escritores, su nombre sigue siendo prácticamente sacrosanto, aunque estoy empezando a preguntarme cuántos de los que aún no tienen cuarenta lo han leído realmente.

Casi todo el mundo está de acuerdo en que las historias entre 1939 y 1949 son realmente grandiosas: el trabajo posterior es, según J. M. Coetzeé, por ejemplo, "fatigoso" y "no aporta nada". Por desgracia, los poemas son poco apreciados y excesivamente comparados con los de sus contemporáneos, Neruda y Lorca.

Pero las grandes historias de los años 40 son percibidas como dueñas de una fuerza imperecedera, y como sugerí antes, su influencia ha sido absorbida y se refleja en una manera de ver el mundo tal como Foucault diera a entender hace unos cuarenta años.

Mi tributo favorito a Borges está en El arco iris de la gravedad de Thomas Pynchon, en el que un grupo de exiliados argentinos en Europa durante la Segunda Guerra Mundial, liderados por el aventurero Squalidozzi, secuestran un submarino alemán. Como algo muy poco probable, están acompañados por la glamorosa Graciela Imago Portales, una "amiga especial" de los literatos de Buenos Aires, a quien "se dice que Borges le dedicó un poema".

Se citan dos líneas: "El laberinto de tu incertidumbre/Me trama con la inquietante luna..." Por supuesto, la cita ha desconcertado a los estudiosos, al concordar perfectamente con los ritmos y los temas de los primeros trabajos de Borges.

No hay duda de que a Borges lo habría deleitado, sobre todo desde que Pynchon lo compuso.

Fuente : Revista Ñ Clarín
RICHARD GWYN - ESCRITOR GALES.
14 - 06 - 2011

En torno a Borges: La música de la inteligencia


La noche del 19 de enero de 1999 se reunieron, en la New British Library de Londres, los novelistas ingleses Martin Amis (Dinero, Campos de Londres) e Ian McEwan (El placer del viajero, Los perros negros) a conversar sobre Borges, cuya literatura se nutrió de innumerables libros ingleses. La lectura que Amis y McEwan hacen del argentino parecería cerrar ese círculo virtuoso. Letras Libres presenta la transcripción resumida de esa apasionada charla moderada por Richard Coles.

RICHARD COLES: Esta noche somos invitados de la British Library en Londres, lugar idóneo para celebrar el centenario de uno de los bibliotecarios más famosos del mundo. Me acompañan dos escritores ingleses, ambos admiradores de Borges: Ian McEwan y Martin Amis. ¿Cuál piensas, Martin Amis, que sea la influencia y el atractivo de la literatura inglesa para este escritor argentino?

MARTIN AMIS: Creo que tuvo que ver con el hecho de haber tenido una abuelita y una nana inglesas y padres anglófonos. Uno podría decir, como con Nabokov, que el inglés fue su lengua materna. Su español se traduce como si estuviera en una especie de inglés original, porque los patrones se constituyeron tempranamente en él. Es un escritor increíblemente accesible. Escribir es una calle de dos sentidos y lo que ocurre en el otro carril es la lectura. Uno no puede pasar mucho tiempo en compañía espiritual con un escritor sin querer afianzar su amistad —y es una verdadera amistad, recíproca, pues todos los escritores quieren a todos sus lectores y, en particular, adoran a sus buenos lectores: sus lectores efusivos. Los escritores, en realidad, son más físicamente accesibles de lo que uno creería. John Updike dijo que ya llevaba algunos años trabajando en el asunto literario cuando se dio cuenta de que era el único escritor estadounidense con una licenciatura en inglés que no había conocido a Norman Mailer y Robert Lowell [risas]. Ian solía comer ocasionalmente con esa figura espectral, Thomas Pynchon, y a cada rato oigo, para mi disgusto, que todo el mundo pasó mucho tiempo con Borges. Desafortunadamente, Borges no vivió hasta los cien años y ahora sólo hay una forma de comulgar con él. Quiero hacer hincapié en la accesibilidad de este gran genio. Su reputación, creo, desanima a algunos lectores. Es libresco, arcano, abstracto y trabaja con ideales platónicos y tormentosos absolutos, infinitos, eternidades. Pero lo que me sorprendió al releerlo es cuán juguetón y chistoso es y qué alegría produce ver cómo su prosa se mantiene al paso de su imaginación tumultuosa y la controla. La prosa de Borges es como un alto latín: cada palabra y cada frase parecen conocer y remozar su etimología, y lograr que esto pase al inglés —no sin algunas torpezas aquí y allá— con una música consistentemente borgesiana es algo que debemos celebrar.

IAN MCEWAN: Lo que celebraremos es la música de la inteligencia y, dado que estamos sentados encima o en las bóvedas de una de las bibliotecas más grandes del mundo, me parece adecuado comentar "La biblioteca de Babel", cuento escrito en 1940, al inicio de un periodo de extraordinaria creatividad para Borges, cuando él mismo se descubrió como la figura que ahora conocemos como Borges, cuando escribió los cuentos que realmente, pienso, han reordenado la parafernalia mental de cualquiera que se ponga en contacto con él. Vale la pena reflexionar acerca de los nueve años miserables que pasó Borges en una biblioteca municipal completamente abandonada; y vale la pena porque nos da un atisbo de la extraordinaria yuxtaposición, el trastrocamiento que sufrió Borges para traernos esta biblioteca infinita. Es una biblioteca del tamaño del mundo. El cuento tiene un comienzo maravilloso: "El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone" y luego pasa a describir exactamente de qué estaba compuesto. La biblioteca donde trabajó Borges sólo tenía 6,500 libros. También contaba con veinte bibliotecarios [risas]. Como dijo el propio Borges en un ensayo autobiográfico, la selección era tan pequeña que se podían encontrar los libros sin ningún sistema y, no obstante, estaban decididos a elaborar un sistema de catalogación, él y sus 19 colegas. Borges, en su primer día de trabajo, catalogó cuatrocientos libros; los otros bibliotecarios lo mandaron llamar y le dijeron que la catalogación se les había ofrecido para que hubiera una apariencia de trabajo y que él iba a conseguir que los despidieran. Creo que algo del genio de Borges está en esa yuxtaposición que para hacer una biblioteca revierte los propósitos de una biblioteca: uno no puede encontrar nada en ella.
RC: Hay en "La biblioteca de Babel" una compleja música gnóstica. Pero lo que, supongo, se percibe claramente a lo largo del cuento, como un pariente literario cercano, es de nuevo a Kafka.
IM: Vale la pena recordar que Borges era un admirador de Kafka, pero, más importante aún, que era su traductor. Sin duda en los cuentos de este periodo especialmente fructífero hay muchas resonancias, el placer de todas las contradicciones que surgen del infinito o de lo casi infinito, algo que deleitaba a Kafka. Un rasgo que comparten es este mundo herméticamente sellado que se da por hecho. Nunca se cuestiona aunque sea absurdo.
MA: ¿Cómo es posible que estos dos escritores, Borges y Kafka, hayan creado una especie de visión del mundo en sus cuentos? Kafka escribe acerca de los sueños, pero sus novelas son una pesadilla. Johnson dijo, creo, de Tristram Shandy, que nada extraño funciona cuando se prolonga. Resulta extraordinario que Kafka nunca haya terminado sus novelas y que Borges nunca haya empezado las suyas.
IM: Borges pensó que iba a escribir novelas y en los años treinta pareció estarse preparando y escribió pequeños manifiestos acerca de lo que debían o no debían ser. Sin embargo, una parte de su hazaña literaria, una parte de su revolución, por decirlo así, de su naturaleza radical, fue simplemente no escribir una novela, negarse a escribir una novela. Y dijo, célebremente, que no servía de nada darle vueltas a quinientas páginas cuando todo podía hacerse con dos o tres frases.
RC: Nunca habría logrado esa perfección formal, que es el sello distintivo de sus mejores cuentos, en algo tan grande y alborotado como una novela.
MA: Es la extrañeza, me parece: se gasta al cabo de cierto número de páginas. No puede sostenerse. Me gustaría comentar "La lotería en Babilonia", un cuento absolutamente maravilloso y típicamente borgesiano. La lotería se complica al cabo de un tiempo por la introducción de sorteos negativos, donde en vez de conseguir el premio se contrae una multa. Todos en Babilonia se negaron a pagar el dinero y acabaron en la cárcel y "poco después los informes de los sorteos omitieron las enumeraciones de multas y se limitaron a publicar los días de prisión que designaba cada número adverso". Se introdujo entonces la muerte como uno de los premios negativos y a veces "un solo hecho —el tabernario asesinato de C, la apoteosis misteriosa de B— era la solución genial de treinta o cuarenta sorteos". El número de sorteos pronto conduce hacia donde conduce todo en Borges, el infinito. Finalmente les toca a los sabios, a los heresiarcas, que llegan a la conclusión de que la Compañía "no ha existido nunca" y que el universo siempre ha obrado de esa manera.
IM: En una parte del relato de la lotería se menciona a un esclavo que roba un billete carmesí. El sorteo "lo hizo acreedor a que le quemaran la lengua" [risas]. La palabra "acreedor" me parece maravillosa. La pena por robar un billete de lotería es que a uno le quemen la lengua. Algunos insistieron en que se le quemara la lengua al esclavo porque había contravenido la ley; otros, en que se le quemara porque era su derecho. Y Borges, con suma impasibilidad, describe los disturbios en las calles entre estas dos facciones, que pugnan por el mismo resultado.
RC: Hay otro nexo entre "La lotería de Babilonia" y "La Biblioteca de Babel", pues está la referencia a la letrina sagrada, que se escribe QAPHQA. Supongo que se pronuncia como Kafka.
IM: Es Kafka: la letrina sagrada [risas]. Pasemos a otro cuento de 1940, "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius", su cuento más grandioso y, sin duda, el más ambicioso. Inquiere directamente en lo libresco —las notas a pie de página, los artículos falsos en la enciclopedia— y luego se revela como una trama extraordinariamente paranoica. Una sociedad secreta de ascetas o monjes ha transmitido, a lo largo de generaciones, otro mundo descrito en su filosofía y en toda su literatura, y este otro mundo gradualmente se está apoderando del nuestro. Ahora bien, uno no suele pensar en Borges como en un escritor político, pero vale la pena recordar que, por más conservador que le pareciera a nuestra generación en los sesenta cuando empezamos a leerlo, era un demócrata apasionado que se opuso firmemente a la dictadura de Perón. En ese pensamiento estrecho y ordenado Borges ve el mismo tipo de orden paranoico del nazismo y del antisemitismo. Lo que hace que este cuento sea grandioso y ambicioso es el movimiento que empieza con la primera vez que se advierte la falta de un artículo en la enciclopedia y acaba con ese vasto complot cósmico. Lo que combate Borges a través de Tlön es simplemente el acto de la inconstancia. Lo dijo durante una comida poco tiempo después de que Perón ascendiera al poder: que las dictaduras fomentan la servidumbre y la opresión, pero aún más abominable es el hecho de que fomentan la estupidez. En contra de esto se encamina la lenta labor de su erudito personaje.
RC: Proclamarlo demócrata podría ser en cierta forma la proclama de una minoría. Pienso sobre todo en el resentimiento por parte de sus colegas literatos en América Latina. Quizá no parezca demasiado fuerte, pero García Márquez, por ejemplo, resintió su negativa a comprometerse, junto con otros escritores, en los asuntos políticos más urgentes de la época.
IM: Sí se alejó del compromiso político y, sin duda, siempre fue un conservador, pero de todos modos sostendría mi argumento de que su odio por la caída de la democracia en Argentina se mantuvo firme a lo largo de su vida.
RC: Otra razón por la cual quizá se le tuvo resentimiento fue porque, según algunos, era frío, porque su escritura perfecta y juguetona era a fin de cuentas fría y carente de compromiso y de pasión.
MA: No creo que uno se acerque a Borges por interés humano, aunque tiene mucho que decir sobre los extremos del temor y de la alegría. Nos acercamos a él para ver cómo se pone en marcha su imaginación frente a ciertas premisas frecuentemente ridículas, como en "Tlön...". Borges se divierte mucho con los filósofos de ese mundo alternativo, donde dice que una escuela declara "que la historia del universo... es la escritura que produce un dios subalterno para entenderse con un demonio".
RC: A menudo reserva su toque más ligero para los asuntos más grandes, lo cual es un maravilloso logro técnico.

IM: Su inteligencia colosal nunca está en duda. Además, fue uno de los grandes lectores del mundo; la idea de la literatura como una realidad tan primordial como cualquier cosa que uno ve o tiene en sus manos, se entreteje en todos sus cuentos y les sirve de apoyo. Según yo, lo que le da a sus cuentos esa cualidad sinuosa es esa idea de que lo imaginado es real.
RC: ¿No es también ligeramente humorístico con respecto a eso?
IM: Es muy chistoso. Sería una lástima que la gente se desanimara con Borges por pensar que es demasiado erudito.
MA: La erudición es más bien una búsqueda de imágenes e ideas que algo verdaderamente sistemático; es la hermosa generadora de esas monografías alemanas y textos antiguos. Es el sonido siempre, su musicalidad, creo.
RC: De hecho, su traductor francés, Néstor Ibarra, dijo: il n'y a que de lacunes, "no hay más que lagunas". En cierta forma, las lagunas le dan esa ligereza particular. Y se refería al cuento "Pierre Menard".
IM: "Pierre Menard" fue en realidad uno de sus mejores chistes. Se trata, de hecho, de un chiste prolongado. Se nos presenta como un ensayo literario acerca de un imaginario poeta simbolista francés, Pierre Menard, y contiene una lista maravillosa de todas sus obras. Una de sus hazañas, hallada entre sus papeles, fue una lista manuscrita de versos que deben su excelencia a la puntuación. Pero lo que interesa de Menard es su gran proyecto, su enorme ambición, sólo parcialmente consumada, de escribir el Quijote; no reescribirlo, no copiarlo, sino volver a imaginarlo. Y como dice Borges, inicialmente el método de Menard era más o menos sencillo: aprender español, regresar al catolicismo, pelear contra los moros o los turcos, olvidar la historia de Europa de 1602 a 1918 [risas] y ser Miguel de Cervantes. Pero luego descartó todo eso porque le pareció demasiado fácil y decidió que lo que quería era convertirse en Cervantes, pero seguir siendo Pierre Menard; ser Pierre Menard convertido en Cervantes. Así que el crítico literario nos presenta esta hazaña y la celebra. Es difícil determinar si esto es una celebración de la imposibilidad de ser jamás original o de la inevitabiliad de la originalidad.
MA: Esto aparece una y otra vez en Borges: la idea de que todos los escritores son el mismo escritor y todos los libros el mismo libro. Hay ahí una revelación genuina. Una de las dolencias de la crítica literaria es que escribir literatura no la perfecciona, no la hace mejor. Lo que ocurre es que evoluciona y es como un organismo vivo y los escritores, por lo tanto, son como células en este único organismo.
IM: Afirma también la primacía del lector.
MA: La literatura vive a través del lector. No hay dos lectores que tengan la misma imagen visual de los personajes y constantemente les están atribuyendo vida a esas propuestas sugeridas por el autor. Un cuento no es nada sin un escucha, el círculo no se cumple y simplemente se desvanece en el aire.
RC: ¿Cómo se referirían a Borges en términos de evolución literaria? Pues parece ser el último autor que se conforma a un modelo, a una teoría de la evolución literaria. En cierta forma Borges es el final de un camino; se puede hablar aquí más bien de cancelar rutas que de volver a abrirlas.
MA: Toda cancelación es una nueva apertura. Ésta es una imagen muy persistente en Borges.
IM: Lo descubrió en su propia vida. Es decir, el Borges que adoramos, creo, pertenece a un periodo de doce o quince años. De hecho, hubo un largo periodo de quince años durante el cual casi no escribió nada. Pero cuando empezó a producir de nuevo, al final de los setenta y en los ochenta, la calidad no tenía nada que ver con la de los cuentos escritos en los cuarenta y a principios de los cincuenta.
RC: ¿No hay algo despiadado en ese espíritu juguetón? Según yo es, en cierto modo, como si alguien usara tus juguetes y los rompiera y ya no pudieras volver a utilizarlos de nuevo. Borges de veras parece tener la última palabra —en tantos sentidos.
MA: Pero tiene ese otro hábito de encerrarse tras un muro de notas al final de un cuento, con lo cual parece estar negando todo lo que afirmó.
IM: A Borges no le interesan especialmente los sentimientos, el pathos, el destino de los individuos, el amor; muy semejante a Kafka, tenía enormes dificultades con las mujeres y me pregunto si eso no explica, en parte, la manera en que uno parece habitar el mundo del otro. Pero pienso que hay algo muy liberador en su deseo de alcanzar algún tipo de luminosa meseta hecha de pura abstracción, de juego intelectual. Creo que para el lector eso representa una gran libertad. Uno puede regresar luego a las novelas que tratan básicamente de cómo la gente se lleva entre sí, se distancia, se enamora y se odia.
MA: Quiero terminar comentando "El Aleph", un cuento que contiene un monstruo horrendo que es un poeta, y no hay muchos monstruos en estos cuentos. El narrador de Pierre Menard, por ejemplo, es un esnob terrible y un rastrero y un antisemita y todo lo demás. En cambio, aquí el narrador es un ser razonable, mientras que el villano del cuento es un horrible poeta llamado Carlos Argentino Daneri. Es un gran relato sobre la rivalidad y el odio literario. Carlos Argentino es un poeta cuya falta de talento resulta prodigiosa; tiene un aparato mágico en su sótano llamado el Aleph, la primera letra del alfabeto hebreo, con el cual puede ver todo el planeta. Y entonces este idiota se propone "versificar toda la redondez del planeta; en 1941 ya había despachado unas hectáreas del estado de Queensland, más de un kilómetro del curso del Ob, un gasómetro al norte de Veracruz, las principales casas de comercio de la parroquia de la Concepción [...] y un establecimiento de baños turcos no lejos del acreditado acuario de Brighton". Cuando se relee el cuento, por lo general se va a ese momento en que el narrador —un hombre decente, razonable, un poco carcomido por la envidia, llamado Borges— mira el Aleph y ve todo lo que ha ocurrido jamás, pero simultáneamente. "El Aleph", como la memoria de Funes y la novela infinita en "El jardín de senderos que se bifurcan", muestra el panorama de todo a un mismo tiempo. Una vez más, la burla espeluznante de la escritura, el terrorífico telón de fondo que aparece en Borges. Todo a un mismo tiempo es el caos al que está tratando de darle forma y de mondar. Es lo que hacen estos cuentos. Se enfrentan a los terrores del infinito y de la eternidad con brevedad, con condensación.
IM: En algún momento están charlando y Daneri dice que no hay necesidad de viajar porque se tienen actualmente todas esas máquinas maravillosas, fonógrafos y aparatos de radiotelefonía, y el narrador dice: "Tan ineptas me parecieron esas ideas, tan pomposa y tan vasta su exposición, que las relacioné inmediatamente con la literatura" [risas]. Pienso que eso nos lleva al núcleo radical de Borges: hay algo casi antiliterario en estos cuentos, aunque sean un homenaje a los libros, pues parecen querer decir: todo es una mentira y la única verdad consiste en examinar la mentira misma. -— Traducción de Tedi López Mills

Fuente : Letras Libres
Martin Amis- Ian McEwan
Agosto 1999

viernes, 30 de septiembre de 2011

Presentan en Madrid un texto de Borges inédito en español


Se trata de la versión íntegra de una conferencia que dio en inglés en EE.UU., en 1968

El Centro de Arte Moderno de la capital española cerrará esta noche el Año Borges, en el que se hicieron múltiples homenajes al autor de El Aleph al cumplirse 25 años de su muerte, con la presentación de un texto inédito que ahonda en la faceta borgiana más querida y defendida por el escritor, la de lector, y que analiza la obra máxima de Miguel de Cervantes.

"El libro Mi amigo Don Quijote es una buena oportunidad para explorar al Jorge Luis Borges lector. Porque él siempre se jactaba de los libros que había leído, pero no de los que había escrito. Y en estas líneas se puede ver muy claramente este rasgo tan suyo", afirmó María Kodama, su viuda, en una entrevista con LA NACION en el hotel Westin Palace de Madrid.

El libro contiene agudas apreciaciones sobre la lectura de la piedra angular de la literatura española, así como de su autor, y el personaje principal, Don Quijote de la Mancha, a quienes considera cálidamente "amigos" en aquellas líneas. "Siempre hay un placer; siempre hay una suerte de felicidad cuando se habla de un amigo. Y creo que todos podemos considerar al Quijote como un amigo", destaca Borges en el escrito.

La obra se basa en la transcripción de una conferencia ofrecida en inglés por Borges en la Universidad de Austin, Texas, en 1968. Y aunque ya fue publicada una versión en su lengua original en Europa, y se ha conocido una primera traducción al español en las páginas de la revista Poesía , este texto, según los editores, es "la versión íntegra, corregida, aumentada y más fiel" a la grabación que fue hallada por casualidad, a mediados de los 70, por el académico Julio Ortega, de la Universidad de Brown.

"Estudié y analicé mucho tiempo el contenido de ese cassette, ya que el inglés de Borges era muy claro, pero a la vez muy particular. Porque si bien lo hablaba con gran corrección, en muchas ocasiones utilizaba la sintaxis del idioma español, así como el modo de estructurar el pensamiento tan propio de nuestra lengua. Y eso, entre quienes no estaban al tanto de estas sutilezas, llevaba a hacer interpretaciones del texto que muchas veces no se correspondían con lo que el escritor había pensado o querido decir", señaló el experto.

La edición de Mi amigo Don Quijote , que incluye una grabación en inglés, una transcripción en ese idioma y su traducción al castellano, se caracteriza por el cuidado puesto en su tratamiento y por su exclusividad, ya que sólo fueron impresos, hasta el momento, 100 ejemplares. Sin embargo, Kodama no descarta que se realicen más copias. "Esta es una edición artesanal, que fue llevada a cabo gracias a los responsables del Centro de Arte Moderno. Y si bien no hay un proyecto concreto para editarlo, la idea es que este material tenga una mayor difusión", afirmó.

Pero Kodama, que se casó con el escritor en 1986, prefirió destacar en todo momento la mirada especial que el nuevo libro tiene sobre el Borges lector, sobre todo a través de su afinidad con los animadores de las historias que más lo entusiasmaban. "Cuando nos encontramos con un verdadero personaje en la ficción -dice el autor en el texto-, sabemos que ese personaje existe más allá del mundo que lo creó. Sabemos que hay cientos de cosas que no conocemos y que, sin embargo, existen. De hecho, hay personajes de la ficción que cobran vida en una sola frase." Y entre los ejemplos que acompañan al de Alfonso Quijano, Borges suma a Huckleberry Finn, Mr. Pickwick, Peer Gynt y Lord Jim.

No obstante, Kodama recordó, no sin ironía, que su marido también tuvo "enemigos" en la ficción, como el gaucho Martín Fierro, de José Hernández, a quien "asesinó" en un recordado cuento.

"Él siempre decía que el libro fundacional de la literatura argentina debió haber sido Facundo , de Domingo Faustino Sarmiento, y no la obra de Hernández. Borges sostenía que el Martín Fierro se apoyaba más en las conductas del Viejo Vizcacha, es decir, de la viveza criolla, y que eso había sido la perdición de todos nosotros", apuntó, acerca de La muerte de Martín Fierro .

Kodama dijo sentirse muy satisfecha con los homenajes realizados en distintas partes del mundo durante el Año Borges, y destacó que Mi amigo Don Quijote podría ser una de las últimas, si no la última obra desconocida del autor en ver la luz. "No hay más material inédito de Borges, más allá de que yo tengo el prólogo de un libro y el guión de Para salvar a Venecia , que aún no se publicaron. Pero todo lo demás que aparece son «fantasías del paciente», como dicen los psicoanalistas", sostuvo..

Fuente : La Nación
Adrián Sack
29de septiembre de 2011