lunes, 24 de mayo de 2021

¿Qué hizo Jorge Luis Borges en Lima en 1965?


 Jorge Luis Borges estaba casi ciego cuando bajó del avión en el aeropuerto internacional “Jorge Chávez”. Era el 25 de abril de 1965. Lima andaba entre la modernidad y el tradicionalismo, así la vio el eterno candidato al Premio Nobel de Literatura.

 

Carlos Batalla

 

Borges quería al Perú o, por lo menos, lo apreciaba. Y no necesariamente por sus escritores, sino porque su bisabuelo materno, Manuel Isidoro Suárez (1799-1846), joven coronel del Ejército argentino, había dirigido la caballería independentista en la batalla de Junín, el 6 de agosto de 1824. Sobrevivió a ese combate y se volvió un mito para el bisnieto. Este hecho histórico fue muy significativo para Borges, pues incluso lo llevó a recordarlo en el conocido poema “Junín”.

 

El escritor de “El Aleph” (1949), “Ficciones” (1944), “Historia universal de la infamia” (1935), “El otro, el mismo” (1964), entre otros fabulosos libros de cuentos y poemas, realizó, antes de 1965, una visita fugaz –casi clandestina– a Lima. Ello ocurrió el 17 de diciembre de 1963. Su vuelo de la compañía Avianca, que lo traía de Colombia a Argentina, tuvo que hacer una parada en el “Jorge Chávez”, por lo menos durante tres horas. En esa previsita habló con él, y por unos minutos, el escritor y entonces senador de la República, Luis Alberto Sánchez (LAS).

 

Es muy probable que esa noche de diciembre de 1963, en un ambiente prenavideño, Borges haya prometido a LAS volver a Lima, pero ya no entre gallos y medianoche, sino a plena luz del día. Ese deseo se concretó un año y medio después.

 

 La visita oficial

 

Borges se quedó entre nosotros casi una semana. Llegó el 25 de abril de 1965 con humor y humildad, con ingenio y sabiduría, a pesar de estar pasando un momento complicado de su vida, pues por esos días había dejado su cátedra en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, ya que le tocaba la jubilación (como si el talento se pudiera jubilar). Su retraso en llegar a Lima antes se debió a sus responsabilidades finales en la universidad.

 

En enero del ‘65, la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) lo invitó a la Ciudad de los Reyes y él recién pudo aceptar. El maestro viajó junto con la joven escritora María Esther Vásquez, quien acababa de publicar el libro de cuentos “Los nombres de la muerte”, que fue bien recibido en Buenos Aires. En coautoría con Vásquez estaba por publicar el libro “Introducción a la literatura inglesa” (1965).

 

Borges solía tener paciencia con los reporteros, daba entrevistas, declaraba, pensaba -con ellos al lado- en metafísica, literatura, religión, pero casi enmudecía cuando le preguntaban sobre qué era la poesía. “Es algo tan íntimo que no se puede definir. Solo se puede definir lo elemental, pero no una melodía o el sabor de un café”, decía en una entrevista en Uruguay, poco antes del viaje a Lima.

 

En el aeropuerto limeño, el poeta de los dones soltó esta frase a los periodistas que lo acosaban: “La literatura crea la realidad. Esta suele ser un espejo de la literatura. Es función por tanto del literato crear la realidad”. Lo recibieron el embajador de su país, doctor Sanmartino, y el rector de la UNI, Mario Samamé Boggio.

 

El lunes 26 dio una conferencia de prensa, allí admitió que conocía poco de la literatura peruana actual, y solo recordaba a José María Eguren y a César Vallejo, a quien consideraba un gran escritor. Luego visitó la exposición “Oro del Perú” en el Museo de Arte.

 

El martes 27, a las 11 de la mañana, Borges habló en la UNI de “La Metáfora”. En la tarde, su acompañante, la escritora Vásquez, disertó sobre “Magia y literatura”.

 

El jueves 29 de abril, recibió de manos del doctor Samamé Boggio el grado de Doctor Honoris Causa. Dio el discurso de orden, Luis Miró Quesada Garland (‘Cartucho’), decano de la Facultad de Arquitectura de la UNI, quien esbozó una serie de correlaciones entre la obra artística de Borges y la arquitectura, “como el sentido de composición, afirmación de forma, voluntad de orden y purismo de medios”, reflexionó.

 

Al día siguiente, viernes 30, la Decana de América, la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, distinguió a Borges como Profesor Honoris Causa. Y el Instituto Cultural Peruano-Argentino lo nombró Miembro Honorario. En ese mes de las letras castellanas, Borges sintió la admiración, el interés y el cariño del Perú. Cerró su visita de manera colosal recibiendo nada menos que la Orden del Sol del Perú en el Grado de Comendador, que le concedió el gobierno de Fernando Belaunde Terry.

 

Jorge Luis Borges volvería una segunda y última vez al Perú, en noviembre de 1978. Lo hizo al lado de María Kodama, su amiga y asistente personal, y quien luego sería esposa el mismo año en que falleció, en 1986.

 

Fuente:  El Comercio -  Lima

https://elcomercio.pe/180-anos-diario-el-comercio-2019/historias/hizo-jorge-luis-borges-lima-1965-noticia-629135-noticia/

 

viernes, 21 de mayo de 2021

Borges, Gardel y la polémica por la verdadera identidad del tango

El gran escritor sentía un desagrado inocultable por el mayor exponente de la música porteña. Aquí las razones.

 

Por Patricio Zunini

 

Para Borges, el tango era, sobre todo, nostalgia. Pero no por un antiguo amor, sino por una ciudad que se perdía en el olvido: la Buenos Aires orillera de casas bajas y calles empedradas, con terrenos baldíos donde pastaban colorados serenos, y arroyos que alternaban entre la sequía barrosa y el cauce desbocado. Una Buenos Aires —y, sobre todo, un barrio: Palermo— que se desvanecía en la frontera porosa de la realidad y el mito, un terreno en donde se movían como héroes legendarios el guapo, el malevo, la prostituta. También de ellos, al igual que del pélida Aquiles, la musa podría haberles cantar su cólera.

 

“Todo —la medianía de las casas, / las modestas balaustradas y llamadores, / tal vez una esperanza de niña en los balcones— / entró en mi vano corazón con limpidez de lágrima”, escribió Borges en su primer libro de poemas, que no casualmente se llama Fervor de Buenos Aires.

 

Y en el mismo libro, más adelante: “(Y pensar / que mientras juego con dudosas imágenes, / la ciudad que canto, persiste / en un lugar predestinado del mundo, / con su topografía precisa, / poblada como un sueño, / con hospitales y cuarteles / y lentas alamedas / y hombres de labios podridos / que siente frío en los dientes)”.

 

En 1929, Borges obtuvo el segundo lugar del Premio Municipal de Poesía con Cuaderno San Martín, que no hace referencia al Padre de la patria, sino a la marca del cuaderno en el que escribió los poemas, como si hoy dijéramos Cuaderno Gloria o Cuaderno Rivadavia. Todos los poemas, desde el primero hasta el último, desde “Fundación mítica de Buenos Aires” hasta “Paseo de Julio” —que era como se llamaba la Av. Alem hasta 1919—, son urbanos. Y allí, entre patios, cementerios, esquinas rosadas y portones, se escucha la música que aviva el coraje de tauras y cuchilleros: “Unas cuantas milongas para hacerte el valiente / y una baraja criolla para tapar la vida / y unas albas eternas para saber la muerte”.

 

Con los 3.000 pesos del premio —una pequeñísima fortuna—, Borges se tomó un año sabático para escribir la vida del poeta Evaristo Carriego. El libro resultó ser bastante más que una biografía. Como si fuera la puesta en práctica de aquel viejo precepto de León Tolstoi, “pinta tu aldea y pintarás el mundo”, Evaristo Carriego es el intento de preservar las cicatrices de un Palermo en proceso de cambio, la fisonomía de sus habitantes, el recuerdo familiar de un escritor de barrio. Y una búsqueda del tango.

 

En El idioma de los argentinos (1928), en Evaristo Carriego (1930) y en diferentes textos que más tarde decantarían en las conferencias que dio en 1965, Borges elabora la genealogía del tango. Parte de una operación de lector genial: comprueba la ausencia de la palabra “tango” en la gauchesca y en especial en el Martín Fierro —donde “chimango” rima con “fandango”—, y establece así que el origen es necesariamente posterior al poema de Hernández, que es de 1872. Y, de nuevo, con la ayuda de la literatura y de la poesía, señala que los primeros tangos se tocaban con piano, violín y flauta en las casas de mala vida . El bandoneón llegaría con el nuevo siglo.

 

“La morocha”, “El choclo”, “El entrerriano”, “El apache argentino”, “El pollito”, “Siete palabras”, “Una noche de garufa”: aquellos tangos no tenían letra, y, si la tenían, era indecente o traviesa. Era una música alegre que, lejos de ser popular, se rechazaba por inmoral y pendenciera. Dice Carriego en “El casamiento”: “El tío de la novia, que se ha creído / obligado a fijarse si el baile toma / buen carácter, afirma, medio ofendido, / que no se admiten cortes, ni aún en broma. / Que, la modestia a un lado, no se la pega / ninguno de esos vivos seguramente. / La casa será pobre, nadie lo niega: / todo lo que se quiera, pero decente”.

 

Según Borges, entonces, no fue el pueblo quien impuso al tango, sino que recién se lo aceptó cuando fue aprobado y adecentado en París. Hasta entonces esa era la música de quienes, como dice Borges justamente en el poema “El tango”, pertenecían a la “secta del cuchillo y del coraje”. (Como en un juego de espejos, París fue también el origen del reconocimiento de Borges en la Argentina: los lectores comenzaron a prestarle atención una vez que lo tradujo Roger Chartier).

 

Borges no escribió sobre Gardel —aunque sí escribió el prólogo a un ensayo sobre Gardel de Carlos Zubillaga— y casi no lo menciona en las cuatro conferencias del 65; lo hace a desgano y en un breve pasaje del tercer encuentro con un movimiento tan característico que no puede más de borgiano: plantea sus objeciones a partir del relato de un otro —Bioy— que cuenta las opiniones de un tercero —Bioy padre—, de manera tal que cualquier desprevenido podría considerar que hasta lo está elogiando.

 

“Gardel”, dice en aquella conferencia, “además de su voz, además de su oído, hizo algo con el tango, algo que había sido intentado antes, pero de un modo parcial, por Maglio, y que Gardel llevó, no sé si a su perfección, pero sí a un ápice”. Y sigue: “Esa transformación producida por Gardel fue, según me dijo anoche Adolfo Bioy Casares, acaso la razón por la cual su padre, acostumbrado al modo criollo de cantar, no aprobaba a Gardel”.

 

Según esta idea, Gardel habría sido quien provocó que el tango abandonara una forma estoica en donde el cantor, a la manera de los payadores, se despegaba indiferente de la violencia de la letra, y se volviera una viñeta dramática: una escena en la cual un hombre abandonado se lamenta o habla —”y este es uno de los temas más tristes del tango”— de la decadencia física de la mujer.

 

La crítica parece injusta: no se puede juzgar a Gardel por sus epígonos y malos imitadores, de la misma manera que no se le puede caer a Borges por los laberintos y tigres con los que tantos escritores de los 60 y los 70 agobiaron a sus lectores. Pero, en un punto, resulta verosímil que con Gardel y no solo con él, el tango fuera cambiando de signo, se habilitara esa estética llorona —la palabra es de Borges— y el cantor actuara la letra. Podría ser, entonces, que a partir del éxito de este nuevo tipo de interpretación se diera aquello que para Borges es una consecuencia directa, y las letras de los tangos comenzaran a escribirse pensando en el énfasis teatral que él entendía como artificio.

 

Pablo Gianera dice en el ensayo La música en el grupo Sur que a Borges le gustaba el blues, algo que se confirma muchas veces en el diario de Bioy. Gianera dice que el gusto se debe en parte a la predilección tan de Borges de dejarse seducir por los géneros. Yo creo que a esto se le puede agregar el estilo de los bluseros, que se parece mucho al modo criollo que destacaba el padre de Bioy: storytellers que cuentan historias —las más de las veces sangrientas— sin disfraces ni emociones falsas. Estoy seguro de que por esta razón —y por varias otras más— Borges habría sido muy elogioso con Bob Dylan. Pero eso es para otra nota.

 

Fuente: Infobae

https://www.infobae.com/educacion/2021/05/17/borges-gardel-y-la-polemica-por-la-verdadera-identidad-del-tango/

 

lunes, 17 de mayo de 2021

Tesis literaria sobre el enigma del derecho penal: "La lotería en Babilonia" de Jorge Luis Borges


 

1. Introducción

 

Entre 1935 y 1944 Jorge Luis Borges escribe una serie de cuentos que luego se publican juntos en la colección " Ficciones ", dividida en dos partes: " El jardín con senderos que se bifurcan " y " Artifici " [1] .

 

Literatura onírica, fantástica, simbólica, irreal: la cantidad de definiciones atribuidas a las ficciones atestigua la dificultad de reducirlas a un género vivido y definir el camino y propósito del viaje propuesto por Borges.

 

Sin embargo, parece surgir una constante: el autor ofrece su mirada a los lectores pero al mismo tiempo los invita a desconfiar de ellos, a usar la mirada pero también a desconfiar de ellos, a seguir sus caminos pero también a buscar a los demás. .

 

Las Ficciones son una referencia continua de una perspectiva a otra y es precisamente esta infinidad de planos lo que, paradójicamente, parece definir la realidad: la realidad nunca es única y fija, siempre es múltiple y cambiante.

 

El cuento " La lotería en Babilonia ", insertado en la primera parte de las Ficciones , es un magnífico ejemplo de construcción borgesiana.

 

Es también otra cosa: la representación de la lotería como herramienta imprescindible para definir la identidad y la ética pública babilónicas y un medio privilegiado de atribuir a cada uno sus propios medios que Borges entra legítimamente en el círculo de quienes han intentado comprender la génesis del crimen. ley y los impulsos humanos que estaban en su base.

 

Más de uno, en verdad, sostiene que el derecho penal es producto de una ciencia y que en consecuencia quienes definen su estructura y coordenadas son los científicos y, quizás, también los demás que extraen de ese producto para su función institucional. identificar delitos, conductas y sanciones cuando sea necesario.

 

El corolario obvio es que solo estos científicos tienen lo que se necesita para enfrentar y resolver acertijos criminales, especialmente cuando se trata del secreto de los secretos, el origen de la culpa y el castigo y la afirmación de su necesidad.

 

Pero esta forma de ver las cosas es solo una de las muchas posibles.

 

Se puede argumentar, y esto es lo que pretendemos hacer, que el derecho penal, como construcción de hombres que reflexionan sobre los hombres y establecen causas y efectos que afectan la piel de los hombres, debe ser ante todo tema de filósofos, escritores, poetas, neurocientíficos, ya que ellos, mucho más que juristas, parecen ser capaces de comprender la naturaleza humana.

 

La Lotería de Babilonia , cualquiera que sea el propósito narrativo de Borges, merece ser considerada como una explicación del enigma criminal.

 

 2. La historia

 

El narrador es un hombre de Babilonia: era poderoso y esclavo, mandaba y servía, conocía el éxito y el esplendor, la prisión y los dolores, la esperanza y el terror.

 

Su condición no es inusual, de hecho: todos los babilonios tienen un destino similar.

 

Ni siquiera es por casualidad - de hecho sí, pero es un caso elevado a un sistema - que esto suceda: hay una razón precisa y es la lotería.

 

Nació por iniciativa de algunos empresarios y estaba reservado a los plebeyos. Unos pocos centavos eran suficientes para comprar pequeños objetos de hueso o pergamino en los que estaba grabado un símbolo. Siguió un sorteo y los afortunados recibieron monedas de plata.

 

Esta primera versión no funcionó: le faltó virtud moral - no hay compromiso y trabajo en la suerte - y, volviendo sólo a la esperanza, no atrajo lo suficiente al público.

 

Se hizo un primer cambio, insertando un resultado desafortunado cada treinta a favor: su "beneficiario" debía pagar una multa que podía ser sustancial.

 

Este sencillo recurso elevó la fortuna de la lotería y la convirtió en un hábito de masas hasta el punto de que quienes la eludían eran considerados con desprecio.

 

Pronto la desaprobación se extendió a quienes, habiendo jugado y perdido, se resignaron a pagar la multa.

 

Ya nadie pagaba por temor a ser juzgado como una personita pero esto expuso a la Compañía a pérdidas -por lo que se empezó a llamar a la entidad responsable de la lotería- que tuvo que correr a cubrirse.

 

Los perdedores delincuentes comenzaron a ser juzgados y condenados al pago de sus cuotas o, alternativamente, a unos días de prisión. Todos los condenados optaron por el encierro hasta el punto que se decidió omitir la lista de multas y exponer directamente los días de prisión correspondientes a los números desfavorables. Esta sublimación metafísica aumentó enormemente el poder de la Compañía y le dio una dimensión eclesiástica.

 

No fue suficiente. La aparición de elementos no pecuniarios fue tan popular que se reclamó el aumento de los números adversos: los moralistas habían observado de hecho que el bienestar material no servía a la felicidad y los hedonistas habían añadido que el deleite residía en la alternancia entre la esperanza y el terror. .

 

Estos movimientos fueron la base de un nuevo orden: la Compañía obtuvo la plenitud de los poderes públicos que eran indispensables para atender sus complejas y múltiples funciones, todos los babilonios participaron automáticamente en los sorteos que se realizaban cada sesenta días.

 

Los resultados de la lotería se volvieron incalculables: los afortunados eran admitidos en el consejo de magos o podían deshacerse de un enemigo o ganarse el favor de las mujeres que turbaban sus sueños; la mala suerte puede ir seguida de la muerte, la mutilación o la infamia.

 

La elección de los posibles resultados fue un secreto celosamente guardado por la Compañía cuyos emisarios utilizaron espías y astrólogos para descubrir los deseos y temores más ocultos de los babilonios. Con el mismo propósito, se eligieron lugares apartados donde todos pudieran depositar denuncias de todo tipo.

 

No siempre, como es natural, la información recopilada fue correcta y alguien murmuró y protestó. Fue fácil para la Compañía difundir un mensaje que invitaba a considerar los errores no como una contradicción sino como una herramienta que corroboró la influencia del azar en el orden del mundo.

 

La explicación fue aceptada y dio lugar a discusiones y finalmente a una propuesta: si la lotería fue una infusión de caos en el cosmos, no habría sido apropiado llevar esta verdad a la plenitud de sus consecuencias y asegurar que fuera siempre y solo. caos para gobernar cada etapa del juego?

 

La propuesta fue aceptada y resultó en una gran reforma.

 

Así podría suceder, por ejemplo, que un primer sorteo dictara la muerte de un hombre, un segundo propusiera una multiplicidad de posibles perpetradores, un tercero indicara el nombre del verdugo, un cuarto pudiera anular el primer sorteo y por tanto sustituirlo por un destino feliz. para la muerte. o para hacerlo más cruel, una quinta eximió a los ejecutores de su tarea y así sucesivamente.

 

Hoy en día, el azar impregna por completo todos los aspectos de la vida de los babilonios, incluso el más pequeño: quien compra una docena de ánforas de vino no se sorprende en absoluto si una de ellas contiene una víbora, quien redacta un contrato inserta deliberadamente un dato erróneo en En ella, quienes publican libros se cuidan de que ninguna copia sea igual a las demás.

 

Increíblemente, hay quienes dudan de que la Compañía realmente exista, quienes piensan que se ha extinguido durante siglos y quienes, en cambio, juran que durará hasta los albores de los tiempos.

 

Algunos, tan cobardes como esos escépticos y herejías, llegan a decir que es en vano cuestionar la realidad de esa oscura corporación, ya que " Babilonia misma no es más que un juego infinito de azar ".

3. El caso planteado a Grundnorm

 

En la Babilonia borgesiana hay un poder público, la Compañía, un orden jurídico, la lotería, y un principio general, el caos que determina sus desenlaces y efectos.

 

Como es común en las experiencias humanas, se trata de un arreglo nacido desde arriba para intereses de élite de índole económica: la lotería es, en efecto, un pasatiempo reservado a los plebeyos pero diseñado por empresarios y destinado a producir beneficios.

 

La configuración original no funciona, su mecanismo es demasiado aburrido y predecible.

 

Es la primera lección para los gerentes del juego, pero también se les podría llamar padres constituyentes porque eso es lo que son, y no la desperdiciarán: los bienes se venden y la ganancia se genera solo cuando las cuerdas más internas del se solicitan compradores.

 

Sí, pero ¿cuáles? La promesa de unas pocas monedas no funciona para los plebeyos, y mucho menos para los ricos.

 

Y aquí está la primera de muchas ideas brillantes: la ansiedad. A los que jueguen ya no se les permitirá la tranquilidad, tendrán que vivir con el preocupante conocimiento de que, si se equivocan, es posible que no se salgan con la suya perdiendo el cambio invertido para participar en la lotería.

 

Es el cambio que todos esperan. La inquietud inducida por ese simple multiplicador de la mala suerte da en el blanco, atrae a todas las clases, se convierte en una necesidad y un deber a la vez, genera reproches en quienes se resisten.

 

Construyendo las bases para la adicción, se cree con razón que cuanto más arraigada esté, mejor.

 

El terror es mejor que la ansiedad, el resultado adverso pagado con dolor físico y la pérdida de libertad es más emocionante que una multa trivial por muy alta que sea.

 

Aún no es suficiente. Se introducen nuevas variantes. Según el resultado del sorteo, puedes perderlo todo o tenerlo todo, unirte a la élite social o caer entre los marginados.

 

Se observa entonces que el terror y el deseo, si son atractivos cuando uno se arriesga por sí mismo, se vuelven irresistibles cuando pueden proyectarse sobre los demás, adquiriendo el poder de condenar al enemigo o de poseer a la mujer deseada.

 

Finalmente, se comprende la verdad última. Lo que los babilonios anhelan por encima de todo y de lo que nunca sabrán prescindir es el azar, la sublime certeza de que nada es seguro en su vida y que así será durante siglos y milenios.

 

Puedes ser esclavo pero espera que los mecanismos que te permitirán entrar en el consejo de magos ya estén en marcha, o temer lo contrario.

 

Uno puede estar encantado con la vista de los Jardines Colgantes de Babilonia pero al mismo tiempo vivir con la idea de que el próximo sorteo podría seguir a su propia sentencia de muerte, o esperar lo contrario.

 

Incluso se repudia el concepto de error, reconfigurándolo como un factor ordinario de producción del caos.

 

La perenne incertidumbre y la posibilidad inmanente de un cambio de destino se convierten así en el bien supremo de los babilonios y en la causa justificativa de toda la regulación de sus vidas.

 

En el fondo, inmanente y también vago, actúa la Compañía.

 

Nadie sabe realmente qué es, quién forma parte, cómo actúa, cuáles son sus objetivos.

 

Incluso es incierto si realmente existe .

 

Pero esto no nos impide atribuirle un carácter divino y considerar cobarde y hereje a quien se atreva a cuestionarlo.

 

4. Las similitudes

 

Por extraño que parezca, el orden jurídico babilónico descrito por Borges y el derecho penal tal como lo conocemos los contemporáneos comparten varias características de identidad.

 

La seducción del poder punitivo que atrae tanto a quienes lo detentan como a quienes podrían terminar como víctimas.

 

El esoterismo de ese poder.

 

Sus sacerdotes / magos / hechiceros que practican ritos igualmente esotéricos en forma, lenguaje, procedimientos, decisiones, efectos y su duración.

 

La superfetación del juicio que ya no se limita, si es que alguna vez lo estuvo, a un desafío específico, y pretende extenderse a toda la vida de quienes lo padecen y abrir un debate infinito sobre él.

 

El castigo que ya no es, si es que alguna vez lo fue, reeducación, sino ostracismo, gueto, aniquilación y un obstáculo perenne.

 

La afirmación de que sus efectos están marcados en la carne de los destinatarios y permanecen allí como una letra escarlata.

 

La víctima del mal que se dice cometido, del que se espera la indignación, la implacabilidad, la crueldad, siendo estos sentimientos los únicos considerados de acuerdo con las expectativas del público.

 

El espectáculo que gira en torno a la acusación, el juicio y el castigo, las multitudes de aplausos y espectadores, el escalofrío de excitación que recorre sus espaldas.

 

Los cambios repentinos del destino con la culpa restada de la culpa y los inocentes que se sienten atraídos por ti.

 

Ante todo y sobre todo casualidad que sacude todas las cosas hasta dejarlas indistintas, que incorpora el error y lo convierte en un instrumento activo de su propio poder geométrico, que crea necesidades e intercepta deseos pero está dispuesto a destruir ambos, lo que inspira esperanza y terror.

 

Y finalmente, por encima del caso, la Compañía.

 

Sería en vano buscarlo, intentar rastrear a sus emisarios, la Compañía es cualquiera y en todas partes.

 

La entidad misteriosa que lo sabe todo porque todo lo espía y lo vigila todo.

 

En casa en las salas de estar y en los barrios marginales porque es dueña de los poderosos y los desposeídos y puede mantenerlos en su lugar o abrumarlos si le gusta.

 

Confiada con la vida y la muerte porque ella también es la dueña de ellos.

 

Babilonia no está tan lejos .

 

 [1] Entre las numerosas ediciones italianas deFicciones, destaca la de Einaudi en 2014, con una traducción de Franco Lucentini.

 

Fuente: Filodiritto - Italia

https://www.filodiritto.com/una-tesi-letteraria-sullenigma-del-diritto-penale-la-lotteria-babilonia-di-jorge-luis-borges

 

domingo, 16 de mayo de 2021

The Secret Mathematicians: Jorge Luis Borges - Marcus Du Sautoy


 

Gresham College

Marcus Du Sautoy investigates the writings of Argentine master, Jorge Luis Borges, seeking its mathematical underpinnings. Looking both at the life of the man and his texts, specifically ‘The Library of Babel’ Professor Du Sautoy shows how this singular author has found a way to describe the shape of an infinite universe that eerily mirrors the  thinking of modern mathematicians.

 

This is a short extract from a Gresham Lecture. You can enjoy the lecture in full on our website: http://www.gresham.ac.uk/lectures-and...

 

Marcus Du Sautoy OBE is the Simonyi Professor for the Public Understanding of Science and a Professor of Mathematics at the University of Oxford and he’s interested in how Maths and the Arts work together and how similar processes underlie them.

Fuente: You Tube

https://www.youtube.com/watch?v=f1QXrbWtbKQ