sábado, 18 de febrero de 2012

La poética de Jorge Luis Borges en Historia universal de la infamia.


Al hablar de Jorge Luis Borges, resulta realmente difícil agregar algo que no se haya dicho ya en estudios y análisis de su obra. A la de por sí muy extensa lista de obras publicadas, se suma una infinidad –término que acaso a él le hubiera gustado- de bibliografía que busca desentrañar, entender o simplemente brindar más herramientas para admirar aún más al prolífico escritor argentino.

El caso específico de Historia universal de la infamia no es la excepción; es una de las publicaciones más tempranas del escritor (1935) y gran parte del interés académico que ha suscitado consiste en que desde entonces pueden distinguirse algunos de los elementos característicos de su literatura o incluso se puede hablar de una “poética borgiana”.

Estas líneas, más que pretender aportar un análisis inédito o revelador, busca ofrecer una pequeña revisión crítica sobre algunos de los temas que Historia universal de la infamia más interés ha generado.

La historia, lo universal, lo infame.


Los siete relatos que componen el apartado de Historia universal de la infamia, así como “El hombre de la esquina rosada” y los restantes seis relatos clasificados como “Etcétera” tienen en común no sólo la prodigiosa narración que hace Borges con ese estilo que él mismo clasifica en el prólogo de la edición de 1954 como “barroco”, definido como “el estilo que deliberadamente agota (o quiere agotar) sus posibilidades y que linda con su propia caricatura[i]”, sino que, sin duda, hay en todas las historias personajes semejantes y una actitud hacia lo narrado en la que tal vez sin ser infame sí resulta casi maliciosa.

El tema de la infamia ha sido uno de los predilectos del escritor argentino y a lo largo de su obra ha habido siempre personajes complejos por su no total inocencia ni su total villanía.

Amado Alonso, quien por cierto se tomó la molestia de confirmar que la mayoría de la bibliografía referida en Historia universal de la infamia es verdadera y quien no pudo conocer toda la obra posterior del escritor argentino, dice:

La índole estridente y sensacionalista de las historias de infamias, no es de índice expresivo de la naturaleza poética de Borges, sino que obedece a los planes estratégicos del diario popular para cuya hoja literaria fueron destinados. Son temas que el autor se propone, y este carácter de tema propuesto tomado como bronco humorismo y con amistosa burla entreverada de básica seriedad, es lo que explica la índole de la primera pare del libro y su privilegiado nivel estilístico[ii].

Por el contrario, Jaime Alazraki, uno de los más importantes investigadores sobre la obra de Borges y quien, a diferencia de Amado Alonso, sí pudo conocer las últimas publicaciones, analiza en su artículo “Génesis de un estilo”, cómo funciona la infamia en ficciones posteriores.

El tratamiento de la infamia en las colecciones más tardías difiere del empleado en el primer volumen. En aquéllas, los actos de infamia alternan con la justicia, el heroísmo, lo sagrado, la vergüenza, el ideal, la fe y, en resumen, con la virtud […] El insistente interés de Borges en la infamia se prolonga en sus relatos posteriores, pero sin el espíritu socarrón y paródico de las historias de infamia. La letra está presente, pero el espíritu ha cambiado. La infamia ha dejado de ser un mero exceso burlesco para convertirse en un personaje o elemento más de un drama narrativo más complejo y abarcador[iii].

Alazraki hace un análisis, si no exhaustivo, muy profundo de los cuentos en los que hay personajes de moralidad ambigua y ambivalente.

Para Paul De Man, el tema de la infamia no responde a una inquietud ética, sino más bien, estética. Permite al escritor ser tan irreverente como sus personajes, ser tan villano al escribir y reunir sus historias, como ellos mismos.

Borges no considera la infamia un tema moral: en ningún modo sugieren las narraciones una acusación a la sociedad o a la naturaleza humana o al destino […] la infamia actúa aquí como un principio estético, formal. Desde el punto de vista literario, las invenciones no hubieran podido tomar forma sin la presencia de la villanía en su esencia misma […] El tema de la infamia en Borges podría ser una forma más del esteticismo de fin de siglo, un estertor tardío de la agonía románica. O quizás peor, su obra podría ser consecuencia de una desesperación moral como escape a las ataduras de un escritor cuyo compromiso con el estilo es incorruptible […] [Las inquietudes existenciales de Borges] más bien son el consistente incremento de una conciencia puramente poética llevada a sus límites extremos[iv].

Sin duda, la propuesta de De Man es interesante, pero no excluye necesariamente las otras. Borges es uno autor en el cual se pueden distinguir varias figuras, imágenes y tópicos recurrentes, inquietudes y obsesiones siempre estrechamente ligados con un interés formal; en Borges podría decirse que la forma siempre es contenido y el contenido siempre es forma. En el relato “El atroz redentor Lazarus Morell”, por ejemplo, resignifica un verbo con valor negativo, un verbo infamatorio, para una describir una imagen: “Es un río de aguas mulatas; más de cuatrocientos millones de toneladas de fango insultan anualmente el Golfo de Méjico descargadas en él[v]”

El estilo con que está escrita la colección publicada en 1935, ha sido también uno de los objetos centrales de estudio. Por un lado, porque a partir de entonces se prefigura aquél que más adelante lo distinguiría por completo y le valiera ser uno de los escritores más reconocidos de la literatura no sólo hispánica sino universal y, por el otro, porque está en estrecha relación, como se mencionó anteriormente, con el contenido de los relatos; el estilo establece un estrecho vínculo entre el humor y la infamia, elementos que acaso aportan universalidad a la obra, como bien hace referencia el “excesivo” título.

Amado Alonso apunta al respecto: “Como si formaran una serie coordinada, la estimación ética, propia de la vida convivida, se da el brazo con otra estética, propia de la actitud especial del oficio literario […] lo característico del estilo en estas siete historias de infamia es la intromisión del plano literario en el vital con intención humorística[vi]”.

En el prólogo a la primera edición, Borges escribe para presentar su libro: “[Los ejercicios de prosa narrativa] abusan de algunos procedimientos: las enumeraciones dispares, la brusca solución de continuidad, la reducción de la vida entera de un hombre a dos o tres escenas […] No son, no tratan de ser psicológicos[vii]”.

Con respecto a esta autocrítica y a su deliberada intención de no hacer relatos psicológicos, es importante mencionar la relación que tiene el autor con la literatura fantástica en oposición a la realista, al canon decimonónico del cual quiere alejarse. Dice Nancy M. Kason: “lo fantástico es el vehículo por el medio del cual Borges desarrolla su estrategia de renovación literaria […] [En Historia universal de la infamia] construye narrativas laberínticas que indagan en la fantasía metafísica[viii]”. Asimismo, Kason recuerda el prólogo que escribió Adolfo Bioy Casares a la Antología de literatura fantástica, que contó también con la participación de Silvina Ocampo, y en el cual Bioy habla de un nuevo género literario, entre el ensayo y la ficción que ha creado Borges que carece de todo elemento humano y dice: “al enfatizar la carencia de todo elemento humano, Bioy Casares destaca lo fantástico como un rechazo completo del realismo, porque no sólo cuestiona lo real sino que subvierte toda presentación real del mundo […] Los textos de Borges revelan una búsqueda de una autonomía ficcional en la que carece de importancia o, mejor dicho, deja de existir el mundo real[ix]”.

Kason también recupera lo que Borges pronunciara en una ponencia en 1949, en la cual resumió en cuatro los procedimientos de la literatura fantástica: a) el texto dentro de otro texto, b) la contaminación de la realidad por el sueño, c) el viaje en el tiempo y d) el doble.

Las narraciones incluidas en Historia universal de la infamia coinciden, algunas más otras menos, en estos parámetros; son o pretenden ser la interpretación de otros textos que parecieran ser de por sí fantásticos. Ana María Barrenchea, en un artículo titulado “Borges y la narración que se autoanaliza” habla de una narratividad que no deja de analizarse a sí misma, una retórica que no deja de hablar de su naturaleza retórica: en síntesis, un texto que no deja de aludir a su condición de texto. Eso implica la existencia de un extra-texto con el cual el texto mantiene relaciones ambiguas, paradójicamente polares e intercambiables. Tales relaciones se entienden mejor si pensamos que Borges construye narraciones simbólicas que quieren mantener cierta ilusión de “realidad” sin dejar de apuntar a su esencia arquetípica, recordándonos siempre que literatura y vida son dos orbes cerrados y ajenos, aunque a veces, se goce con interpolar el uno con el otro.

El juego entre lo real y lo irreal, lo cotidiano y lo extraordinario, el rompimiento temporal, los desdoblamientos son sin duda definitorios en la poética de Borges. Dice Jaime Alazraki:

Podría decirse que en cada uno de los textos que componen Historia universal de la infamia está la idiosincrasia de Borges, en grado mayor o menor; pero si Borges no hubiera escrito los relatos de Ficciones, no la percibiríamos; vale decir: no existiría Y si es cierto que cada escritor crea a sus precursores, también es cierto que la obra madura de un escritor nos permite modificar nuestra concepción de su obra temprana. Las piezas de esa primera colección profetizan la obra de Borges, pero nuestra lectura de ese Borges más tardío, a su vez, afina y desvía sensiblemente nuestra lectura de sus primeros esfuerzos narrativos[x][xi].

Paul De Man, sugiere que el sujeto de los cuentos de Borges es la creación misma de un estilo. Las narraciones tratan del estilo en que están escritas. Dice: “en Borges el estilo se convierte en el acto ordenador pero desintegrante que transforma la unidad empírica en la enumeración de sus partes aisladas […] El estilo es un espejo pero diferente al espejo de los realistas que no nos permite olvidar ni por un momento su irrealidad: es un espejo que crea lo que imita[xii]”.

A lo que dice De Man, podría agregarse que, en realidad, el lenguaje en sí es el tema que atraviesa toda la literatura de Borges. Tanto en sus poemas, como en sus ensayos y sus narraciones siempre hay una reflexión sobre él y sobre la expresión oral y escrita. No es casual que “En el hombre de la esquina rosada” intente reproducir textualmente el habla del narrador que, al mismo tiempo, cuenta al Borges ficticio su historia. El interés casi científico en la expresión y el desdoblamiento del autor dentro de la ficción persisten a lo largo de su obra.

Cuando Borges en su prólogo habla de las “enumeraciones dispares” de las cuales abusa en Historia universal de la infamia, como sucede por ejemplo en el relato de “La cámara de las estatuas” encontramos ahí también las portentosas enumeraciones del “Poema de los dones” y el “Otro poema de los dones” o del momento en el que el narrador contempla el todo en “El Aleph”.

Apología de la ficción y el lenguaje


Historia universal de la infamia contiene en su estética la esencia de la literatura de Jorge Luis Borges y tal afirmación, más allá del estilo, el género o los temas que propone, radica sobre todo en la preocupación de Borges por el lenguaje como motivo de reflexión que sin importar cómo, atraviesa toda su obra.

Como bien advierte el título, se trata, por lo tanto, de una obra universal no sólo por la apología que hace de la literatura, la ficción y el lenguaje mediante la expresión escrita; no sólo por el humor, el estilo y el tema de la infamia que ha interesa tanto al ser humano, sino porque es una obra –hoy casi octogenaria- que está fuera de toda temporalidad, que ha rebasado las fronteras del tiempo. Borges, siendo un escritor exclusivo de textos breves, ha logrado dialogar con la literatura universal al mismo tiempo que con él mismo.

Leer por primera vez Historia universal de la infamia o cualquier obra del prolífico escritor argentino es siempre un hallazgo y una experiencia avasalladora.

[i] Jorge Luis Borges. Historia universal de la infamia. Madrid, Alianza, 2002. P. 9

[ii] Amado Alonso. “Borges, narrador”, en Jorge Luis Borges. Jaime Alazraki, comp. Madrid, Taurus, 1976. Pp. 46-55.

[iii] Jaime Alazraki. “Génesis de un estilo”.. Revista Iberoamericana. Vol. XLIX. Núms. 123-124. 1983. P. 249.

[iv] Paul De Man. “Un maestro moderno: Jorge Luis Borges”, en Jorge Luis Borges. Jaime Alazraki, comp. ed. cit. Pp. 144-145.

[v] Borges. Op. Cit. P. 19.

[vi] Alonso. Op. Cit. P. 48.

[vii] Borges. Op. Cit. P. 7

[viii] Nancy M. Kason. Borges y la posmodernidad: Un juego de espejos desplazantes. México, UNAM 1994. P. 4

[ix] Ibídem. P. 5.

[x] Alazraki. Op. Cit. 247.

[xi] El artículo “Génesis de un estilo” de Jaime Alazraki es un análisis muy extenso de las figuras retóricas y características que se encuentran desde Historia universal… y que persisten en cuentos posteriores. Este trabajo no incluye todas las referencias, pero sin duda para un análisis más profundo, es una fuente indispensable.

[xii] De Man. Op. Cit. P. 150.

Bibliografía

Además de la citada en las referencias bibliográficas, fueron consultadas estos otros ensayos críticos.

Barrenechea, Ana María. “Borges y la narración que se autoanaliza” en Nueva Revista de Filología Hispánica, XXIV, vol. 2, 1975. Pp. 515-527.

Zavala, Daniel. “El fabulador de historias de infamia” en Fervor crítico por Borges. Rafael Olea Franco, comp. México: Colmex, 2006. Pp. 137-160.

Fuente : Siempre Mexico
Joanna Delgado Chiaberto
En:Cultura hoy mañana y siempre Fecha:31 enero, 2012
http://www.siempre.com.mx/2012/01/la-poetica-de-jorge-luis-borges-en-historia-universal-de-la-infamia/

Borges tenía Internet


Si en la actualidad es difícil definir Internet, su alcance, sus implicancias, su efecto sobre la gente, para Jorge Luis Borges, en cambio, aun sin conocer la "Red de redes", la cosa fue muy fácil. Lo que sigue es un ejemplo de que este genial escritor tenía Internet, o al menos se anticipó a definirla en aquel universo fantástico que dejó como legado.

Cae por su propio peso comenzar este ejercicio con "El Aleph", creación que, para muchos observadores, encierra una definición de la Web en la descripción que el personaje Carlos Argentino Viterbo hace de ese sitio que da nombre al relato: "El lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos".

Más adelante, cuando el narrador describe su experiencia como observador del Aleph, encontramos lo que podría ser el testimonio de un principiante en la Red, quien, al maravillarse, relata con pasión su viaje navegación en Internet: "Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres)...".

Borges tenía InternetInmediatamente después, podemos encontrar algo referente al chat, o una experiencia de intercambio de e-mails, ya que sigue: "...vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó...". Lo que sigue es una descripción de lugares, cosas y sensaciones, como la propuesta de un portal de misceláneas: "...vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace 30 años vi en el zaguán de una casa en Fray Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer de pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemont Holland...".

Es tentador seguir, pero este fragmento alcanza y sobra para demostrar que "ese lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe", es muy parecido a Internet ¿O es Internet? Sobre esa duda se basa la posibilidad de que Borges haya conocido Internet, ya sea porque la tenía en su casa, o la conoció en el sótano de los Viterbo. Hay detalles mínimos que no se pueden dejar pasar por alto, como el de esa mujer que no puede olvidar, ya que, según dice, la vio "en Inverness", ciudad del Reino Unido cuyo nombre suena sugestivamente parecido a Internet. ¿Por qué no vio a la mujer en Canterbury, Coventry o Liverpool? Sencillamente porque ninguno de esos nombres suena parecido a Internet.

El libro de arena

Pero si una sola referencia no basta, hay más. En "El libro de arena", ya desde el comienzo, Borges, para introducir al lector, sin querer, vuelve a definir Internet, está vez desde lo matemático: "La línea consta de un número infinito de puntos; el plano, de un número infinito de líneas; el volumen, de un número infinito de planos; el hipervolumen, de un número infinito de volúmenes...". Sí de la definición del Libro de Arena se trata ¿qué es Internet sino un libro de arena, un hipervolumen compuesto de un número infinito de volúmenes?

"Me dijo que su libro se llamaba el Libro de Arena, porque ni el libro ni la arena tienen principio ni fin", relata luego. La Web, como la arena, tampoco tiene principio ni fin. Más adelante, quien le vende el libro al relator, reafirma: "El número de páginas de este libro es exactamente infinito, ninguna es la primera; ninguna, la última... Si el espacio es infinito estamos en cualquier punto del espacio. Si el tiempo es infinito, estamos en cualquier punto del tiempo". Sólo desde una PC conectada a Internet podríamos lograr este punto de observación en espacio y tiempo.

Adicción

Pero este relato no se queda allí, el efecto que produce el Libro de Arena en el protagonista es idéntico a la adicción que produce Internet en algunos usuarios.

"Me quedaban algunos amigos; deje de verlos. Prisionero del libro, casi no me asomaba a la calle... Declinaba el verano y comprendí que el libro era monstruoso. De nada me sirvió considerar que no menos monstruoso era yo, que lo percibía con ojos y lo palpaba con 10 dedos con uñas. Sentí que era un objeto de pesadilla, una cosa obscena que infamaba y corrompía la realidad". Ni al mejor crítico de Internet se le ha ocurrido una frase que la supere.

Hasta aquí vemos cómo Borges no sólo fue capaz de definir Internet con distintos argumentos, sino también de describir sus efectos en usuarios débiles a los que la vida dejó con la guardia baja.

Pero hay más para el asombro, algo así como el origen de Internet. Al menos eso es lo que parece la historia de la biblioteca del Congreso del Mundo, el delirante proyecto del multimillonario uruguayo Alejandro Glencoe, personaje del relato El Congreso, quien a fines del siglo XIX se propuso formar una especie de gobierno o consejo suprainternacional del que sería presidente. Quienes lo acompañan en la empresa, deciden que el organismo debería contar con la mejor biblioteca del mundo, la que comienzan a formar con los más elevados textos de consulta de la época: "...los atlas de Justus Perthes y diversas y extensas enciclopedias, desde la Historia Naturalis de Plinio y el Speculum de Beauvais hasta los gratos laberintos de los ilustres enciclopedistas franceses, de la Britannica, de Pierre Larousse, de Brockhaus, de Larsen y de Montaner y Simón".

A esta altura, cualquier detractor está en condiciones de decir: Eso no es Internet, ya que en Internet está todo, no sólo lo bueno, preciso y complejo, sino también lo malo, impreciso y vago. Pero no se apure, eso último también estaba en la biblioteca del Congreso del Mundo, ya que el personaje llamado Twirl, tras invocar a Plinio el Joven en aquello de "no hay libro tan malo que no encierre algo bueno", propuso la "compra indiscriminada de colecciones de La Prensa, de 3.400 ejemplares de Don Quijote, en diversos formatos, del epistolario de Balmes, de tesis universitarias, de cuentas, de boletines y de programas de teatro. Todo es un testimonio, había dicho". Para los defensores de Internet, toda la porquería que se amontona en páginas y sitios inútiles también son un testimonio. Hay muchos ejemplos más de que Borges tenía Internet, como "La biblioteca de Babel", o la conducta de "Funes, el memorioso", pero es bueno descubrirlo en la inagotable experiencia de leer, aquella que a este escritor le permitió ver mucho más allá de su tiempo.

Fuente : http://axxon.com.ar/not/142/c-1420002.htm
La Voz del interior, Córdoba.net

Borges: sus primeros poemas publicados en Buenos Aires



El primer poema publicado por Jorge Luis Borges en Buenos Aires es el que lleva por título “Aldea”, aparecido en la revista mural Prisma, en diciembre de 1921. Pero también existen dos poemas publicados por Borges en la primera quincena del mes de diciembre en una revista del anarquismo libertario, dato no recogido por ningún estudio crítico y/o bibliográfico.

La publicación se llama Cuasimodo. Sus directores eran Rómulo Schenini, Nemesio Canale y Julio R. Barcos (1883-1960), intelectual anarquista y autor de varios libros como La doble amenaza. Réplica a Lugones (1923) y La libertad sexual de las mujeres (c.1930). La revista se funda en Panamá en 1920, donde se editan los primeros 13 números; y a partir del nro. 14, del mes de abril de 1921, se traslada a Buenos Aires donde se publican los números finales en diciembre del mismo año. En Cuasimodo era frecuente encontrar texto de Alberto Ghiraldo, Elías Castelnuovo, Lelio O. Zeno, Juan Montalvo y Elías Reclus.

La tendencia política de la revista es “anarco-bolchevique”: son anarquistas pero adhieren a la Revolución Rusa a la que ven como un movimiento de avanzada y de justicia. ¿Parece extraño encontrar a Borges publicando en esta revista? No, historiemos un poco acerca de aquellos años.

En 1914 la familia Borges se traslada a Suiza. El viaje se había originado a raíz de la ceguera de Jorge Borges, el padre de Jorge Luis, que buscaba tratarse con un oftalmólogo suizo de reconocida trayectoria. Durante la estadía en Ginebra estalla la primera guerra y en octubre de 1917, la revolución rusa. Estos dos hechos conmueven profundamente los ambientes universitarios suizos y determinan la actuación del país como neutral en la guerra.

En los ambientes juveniles de Europa la revolución de 1917 lleva una profesión de fe humanista que invade a toda la intelectualidad. Borges no escapa a esta influencia: “Yo empiezo a creer mas i mas en la posibilidad de una revolución en Alemania. No sé si el pueblo alemán está listo para ello. Sin embargo algunos acontecimientos recientes —la tentativa de sublevación en la flota, los motines en Berlín i el magnífico ejemplo de la Revolución Rusa— me dan esperanza. Yo deseo esta revolución con toda mi alma”, escribió Borges en una carta dirigida a su amigo Roberto Godel, redactada en Ginebra y fechada el 4 de diciembre de 1917.

La familia se asienta definitivamente en la ciudad hasta fines de 1918, cuando Borges finaliza sus estudios y consigue el título de bachiller. De allí viajan a España donde comienzan los contactos del joven poeta con Ramón Gómez de la Serna, Guillermo de Torre y Rafael Cansinos Asséns, máxima figura del ultraísmo.

En esta época Borges comienza a publicar una serie de poemas que temática y espiritualmente se relacionan con la revolución rusa. Los textos aparecen en revistas como Grecia , Ultra y Tableros , publicaciones que conforman la avanzada de la vanguardia española ultraísta. Según contó el propio Borges en sus memorias, por aquellos años concibió un libro de poemas que iba a titularse Los salmos rojos o Los ritmos rojos . El libro se compondría de alrededor de veinte poemas “en verso libre, como elogio a la revolución rusa, a la hermandad del hombre, al pacifismo”.

El humanismo que inicialmente inspiró en Borges la poesía de esa etapa, morirá hacia fines de 1920, según el testimonio que aporta una carta que Borges dirigiera a su amigo Maurice Abramowicz, fechada el 12 de enero de 1920: “Soy de tu opinión en lo concerniente al bolcheviquismo. Es una sucia chusma de arribistas que arribarán y harán de la Vida una vileza moral mediocre y monótona”. Sin embargo, lo que Borges sigue reivindicando con la publicación de textos con temática de la revolución y a pesar de reconocer su desencanto con el bolcheviquismo, son las posibilidades estéticas que le aporta el espíritu revolucionario ruso, enmarcado en la estética del ultraísmo.

En marzo de 1921 los Borges regresan a Buenos Aires. El poeta ultraísta comienza a difundir su credo y en esa aventura conoce a Norah Lange, Francisco Piñero y Eduardo González Lanuza, con quienes fundará Prisma .

La primera publicación conocida de Jorge L. Borges tras su regreso a Buenos Aires aparece en El Diario Español bajo el título “Ultraísmo”. En ella escribe acerca del movimiento: “es un arte aquilatado, sobrio, esquemático, que allende las martingalas mezquinas de preparar efectos y las baratas victorias conseguidas mediante el despilfarro de palabras auroleadas o extrañas, tiende a enunciar, sencilla y fácilmente, las intuiciones líricas. Los poemas ultraicos constan de una serie de metáforas, cada una de las cuales tiene sugestividad personal y sintetiza una visión de algún fragmento de la vida”.

Diciembre de 1921 será un mes prolífico: Borges publica otro ensayo en Nosotros y edita la revista Prisma , una hoja mural que empapela Buenos Aires con poemas. Allí publican, en el primer número, algunos poetas españoles ultraístas (J. Rivas Panedas, Pedro Garfias, Adriano del Valle, Isaac del Vando-Villar, Jacobo Sureda), Borges, Eduardo González Lanuza y Guillermo Juan. Los poemas van acompañados por un grabado de Norah Borges y una “Proclama” firmada por los últimos tres poetas junto a Guillermo de Torre. “Salíamos de noche (González Lanuza, Piñero, mi primo y yo) —cuenta Borges — cargados con baldes de engrudo y escaleras proporcionados por mi madre y caminábamos kilómetros, pegando las hojas a lo largo de Santa Fe, Callao, Entre Ríos y México”.

Entre tanto el primer grupo vanguardista da a conocer Prisma, Borges ya había entregado sus poemas a Cuasimodo. La publicación de los poemas “Rusia” y “Guardia Roja”, seguramente, tienen relación con la amistad que Borges mantuvo con Francisco Piñero. Este rosarino, fallecido a los 22 años en un accidente de tránsito, fue amigo íntimo de Borges y un acérrimo anarquista: “cuando le ocurrió el accidente que le costó la vida en Río Negro, quisieron llevarlo al único hospital confortable de Viedma. Pero ese hospital pertenecía a una congregación religiosa. Se negó a que lo condujeran allí. Indicó la Asistencia Pública. Luego, en otro pobre hospital de Patagones, murió”. Piñero colaboró en el segundo número de Prisma y en la primera época de la revista PROA (1922-1923). Antes formó parte de Insurrexit , un grupo de estudiantes universitarios de izquierda surgidos a partir de la Reforma Universitaria de 1918. En la revista que editaba el grupo publicaba Julio R. Barcos, mas tarde director de Cuasimodo y también Eduardo González Lanuza, por entonces amigo de Piñero y luego también de Borges . De modo que es factible pensar que Piñero fue el encargado de vincular a Borges con el director de Cuasimodo y que éste, viniendo los poemas por parte de Piñero y obedeciendo a la temática de la poesía borgesiana de entonces, publicara aquellos textos.

El poema “Rusia” apareció originalmente en la revista madrileña Grecia , en septiembre de 1920. De la correspondencia que Borges mantuvo con su amigo Maurice Abramowicz se desprende que el poema fue concebido originalmente como prosa y así fue publicado.

Existe también una versión manuscrita del mismo poema reproducido en el número dedicado a Borges del cahier de L'Herne (París) en 1964. Este manuscrito está redactado en verso pero no presenta variantes textuales con la publicación de Grecia . El texto original de “Rusia” posiblemente sea el manuscrito puesto a remate por la casa de subastas inglesa Bloomsbury en 2004.

La versión del poema en verso será publicada en 1925 por Guillermo de Torre en su Literaturas europeas de vanguardia . También será reproducida en el Índice de la nueva poesía americana , en 1926, edición que lleva prólogos de Borges, Alberto Hidalgo y Vicente Huidobro. Según comenta Carlos García la inclusión de este poema en la antología fue una decisión molesta para Borges, quien no se encargó de la selección de los textos, y motivo de enemistad con Hidalgo.

En una carta dirigida a su amigo Jacobo Sureda en 1920, Borges escribe: “Yo terminé hace tiempo mi poema “Judería” y ahora forjo un segundo poema: muy objetivo, dinámico y frío, que se rotulará “Guardia roja”. El poema se publicó en la revista Ultra en marzo de 1921. Meses después será recogido por la madrileña Tableros .

Los poemas publicados en Cuasimodo aparecieron en el nro. 27, de la primera quincena de 1921, en la página 14. Los versos están acompañados de dos grabados que si bien no llevan firma pueden atribuirse a Nora Borges. Respecto a las versiones anteriores de estos poemas, publicadas en España, ofrecen numerosas variantes.

“Rusia”: en el 5to. verso, Borges, reemplaza la palabra “estandartes” por “huracanes” y en el verso 6to, “se pluraliza” por “dice su queja”. El final del poema cambia radicalmente: las versiones anteriores decían: “El mar vendrá nadando a esos ejércitos / que envolverán sus torsos / en todas las praderas del continente / En el cuerno salvaje de un arco iris clamaremos su gesta / bayonetas / que portan en la punta las mañanas”. La nueva versión publicada en Cuasimodo suprime los versos enunciados y los reemplaza por los que siguen: “La tropa que desfila / con bayonetas levantadas / semeja un candelabro de mil brazos”.

Con estos cambios en el poema Borges despersonaliza el texto de las anteriores intromisiones propias: él ya no se incluye como parte sino se vuelve un simple contemplador y transcriptor de aquella emoción estética. Además “porteñiza” un poco el poema borrando expresiones líricas.

El poema “Guardia Roja” también presenta algunos cambios respecto de la primera versión (revista Ultra , marzo de 1921) y la segunda (revista Tableros , noviembre de 1921). Tomando ésta como base para el análisis, la versión publicada en Cuasimodo ofrece la variante más importante en el 3er. verso: donde antes decía: “De las colas de los caballos cuelga el villorrio incendiado”, ahora dice: “Las lejanías cuelgan de las colas de los caballos”. Otros cambios aparecen en el 4to. verso: se reemplaza la palabra “estepa” por “llanura”; en el verso 7mo. donde decía “el milagro terrible del dolor estiró los instantes”, dice ahora: “el milagro implacable del dolor estrujó los instantes” y por último, en el verso 11ro., se reemplaza “tañen” por “bañan”.

Borges parece adaptarse al idioma castellano pero del habla porteña y por ello suprime algunos giros verbales y reemplaza palabras por otras más atendibles para el oído argentino: ya había pasado la admiración por las epopeyas y había que dedicarle tiempo al uso de lenguaje: había que cambiar política por estética.

Por el tenor de sus poemas Borges pareció admirar la revolución rusa más como un movimiento humano de justicia que por razones ideológicas. Esta profesión de fe humanista, extendida a todos los jóvenes europeos, y de seguro relacionada con la estancia ginebrina de Borges, es lo que se vuelve en el inicio el camino de su primera estación poética. Luego, con la “desilusión” del comunismo, Borges verá solamente las posibilidades estéticas que le brinda la revolución y buscará así explotar las imágenes y metáforas de la gesta, poniéndolas al servicio de su poesía.

Fuente : Revista Godot 3
Ariel Fleischer
http://www.revistagodot.com.ar/num3/3_fleischer.html

Carta de María Kodama a Borges.



¿Qué era para nosotros el arte? Era la mágica posibilidad de percibir la realidad a través de sonidos, de colores, de texturas que, transmutados por la alquimia de la creación, ofrece el espejismo de otra realidad.

Era la emoción compartida, porque usted supo, cuando al pie de la escalinata del Louvre alcé los ojos y descubrí a la Victoria de Samotracia, que en ese instante, anulado el tiempo, se superponía a esa escultura la imagen de una lámina en un libro de arte que mi padre me regaló. Con ese libro, me dio, a los cuatro años, sin que yo lo supiera, la primera lección de estética de mi vida. Me enseñó qué era la belleza. Recuerdo que, ante mi desencanto porque la figura no tenía cabeza, un rostro, con la infinita paciencia me dijo que observara los pliegues de la túnica agitados por la brisa del mar. Detener en ese movimiento, para la eternidad, la brisa del mar, eso era la belleza. El arte y sólo el arte podía lograrlo.

No lo olvidé nunca; esto signó de algún modo mi vida y se proyectó en lo que sería nuestra relación. Nuestra decantada relación, que fue pasando, a través del tiempo, por distintas facetas hasta culminar en el amor que nos habitaba mucho antes de que usted me lo dijera, mucho antes de que yo tuviera conciencia de mis sentimientos.

Ese amor que, revelado, fue pasión insaciable para colmar el sentimiento vago, indescifrable, que experimenté por usted siendo niña, cuando alguien me tradujo un poema dedicado a una mujer a la que amó años antes de que yo naciera. A esa mujer a la que le decía:

I can give you my loneliness, my darkness, the hunger of my heart;
I am trying to bribe you with uncertainty, with danger, with defeat.

Ese amor del que fue dejando trazas a lo largo de sus libros, sin decírmelo, hasta que me lo reveló en Islandia. Ese amor protegido, como en la "Völsunga Saga", por un mágico círculo de fuego, cuyo resplandor nos ocultaba de las miradas indiscretas, para poder ser Ulrica y Javier Otárola, nombres que elegí, de todos los que nos dábamos, para grabarlos en la estela de piedra que señala el punto desde el que su alma entró en el Gran Mar, como llamaban a la muerte los florentinos; pero que, a la vez, relata nuestro encuentro. Aunque parezca una paradoja, la muerte y la vida no son signos opuestos, sino que son un solo fluir, y el vínculo entre el ser que parte y el que queda es el amor.

Por eso, cuando me trajeron el proyecto para hacer una exposición de pintura inspirada en las obras que usted me dedicó, sentí temor de esa materialización que sus palabras sufrirían al convertirse en motivo de inspiración para otros creadores. Sin embargo, reflexioné en la intensidad de los momentos que vivíamos en los museos, a lo largo y a lo ancho del mundo, y pensé que esa podía ser una maravillosa alquimia que exaltaría el Amor buscado a tientas por dos almas aún sin nombres, que fueron, son y seguirán siendo un hombre y una mujer, Tristán e Isolda, Dante y Beatriz, Frida Kahlo y Rivera, Ulrica y Javier Otárola, poco importa cómo se llamen, si en el encuentro sienten que se pertenecen con esa llama de pasión inextinguible que no se consume, sino que da fuerzas para sentir que, aun en el infierno, como Paolo y Francesca, ese castigo no es terrible porque lo comparten. Hasta el infierno es ilusorio, como es ilusorio el mundo, para los que se aman, porque sólo ellos existen.

Esa dinastía que no se hereda ni se compra es un desafío y un don que debe preservarse a lo largo del tiempo de nuestra vida y más allá aún, a través de los siglos, por la magia del arte.

Desde el centro de nuestro jardín secreto se alza esa llama que pertenece a la dinastía de los amantes. A partir del encuentro, gracias al acordado movimiento de los astros, o al azar, según queramos, sigue construyéndose esa invisible cadena que, transmutada en arte o por el simple hecho de existir, hará que las nuevas generaciones sigan creyendo en la armonía del mundo, a pesar de todo.

Esa llama que espero sea como un faro cuya luz alcance el inimaginable confín del universo, para que si algo, de alguna forma, persiste del alma humana, le llegue y sienta que se llama, hecha de amor, de lealtad, de pasión, que una vez compartimos, sigue viva en mí para usted "for ever, and ever... and a day".



* María Kodama, a Jorge Luis Borges

Esta carta se dio a conocer en "De Borges a María Kodama"

Homenaje en el Centro Cultural Recoleta.

Del 30 de noviembre al 24 de diciembre de 1995.

Incluyó obras de 42 artistas plásticos, quienes trabajaron sobre textos de Borges.


Fuente : El Interpretador
Número 9 – Diciembre 2004
http://www.elinterpretador.net/9CartaDeMariaKodamaABorges.htm

Borges ya tiene su laberinto en el municipio de Tigre


A 25 años de la muerte de Jorge Luis Borges , el municipio de Tigre (Provincia de Buenos Aires) inauguró un laberinto para rendirle tributo a uno de los más destacados autores del siglo XX.

En una placa de mármol sostenida por un podio de acero la frase ‘El jardín de los senderos que se bifurcan’ indica en ocho idiomas, el ingreso al universo mágico del autor argentino, convertido ya en una leyenda literaria.

Para Borges, que falleció en Ginebra el 14 de junio de 1986, el laberinto ”simboliza la vida de todos y de cada uno y la posibilidad de elegir con libertad en cada momento”, expresó su viuda María Kodama que asistió a la inauguración junto al intendente del Municipio, Sergio Massa.

El espacio se relaciona con un cuento de Borges que refleja un laberinto con forma de libro abierto y, sobre una superficie de 3.500 m2, se han plantado más de 4.000 arbustos buxus de hasta 70 cm de diámetro que dibujan el nombre completo del autor, como reflejado en espejo, otro de los símbolos emblemáticos del autor.
Más de 4.000 arbustos buxus de hasta 70 cm de diámetro que allí se encuentran, dibujan el nombre completo de Borges, como reflejado en espejo, símbolo emblemático para el autor. Además, la obra se ha construido con una dimensión de más de 3.500 metros cuadrados, es un gran rectángulo cuyas medidas son de 50 por 70 metros, con la forma de un libro abierto.

Kodama manifestó “una gran emoción y mucha alegría de que el intendente Massa haya adoptado esta idea del laberinto, porque con Borges veníamos bastante al Tigre, porque le encantaba el agua, y ha escrito páginas sobre esta “Venecia salvaje” como él la llamaba”.

Quienes lo visiten podrán optar por dos recorridos diferentes para caminar entre los senderos de piedras blancas: un trayecto corto de aproximadamente 500 metros y otro más de 1,5 km. Una vez en él, se podrán descubrir los símbolos del bastón, el número 86, las iniciales MK (en mención a María Kodama) y las del gran escritor.


El laberinto promete convertirse en uno de los emblemas culturales más importantes de Tigre y una visita imperdible.

Cabe recordar que otros dos laberintos recuerdan a Borges, uno en Venecia (Italia) y otro en la provincia argentina de Mendoza que es ‘hermano’ del de Venecia.

Fuente : eviajando.com
http://www.eviajando.com/argentina-borges-ya-tiene-su-laberinto-en-el-municipio-de-tigre/

jueves, 16 de febrero de 2012

La muerte y la brújula, de Jorge Luis Borges : el cazador cazado




1- INTRODUCCIÓN: PERSPECTIVA Y NARRACIÓN


Los estudios contemporáneos sobre narratología ponen el énfasis en cómo el relato se construye, en cada caso, a partir de la mediación de un sujeto. Derivados de la definición de “focalización" de Genette, estos estudios conciben a la perspectiva como un filtro, una estructura mediadora que va orientando la narración. A pesar de partir de Genette, no limitan su concepto de perspectiva a la relación del narrador con la historia que narra (según la clásica división, tomada a su vez Tzvetan Todorov) sino que toman a la misma como una estructura mediadora en todos los niveles del texto. (1)

Desde la semiótica, por su parte, se reconoce, en especial a partir de los años ‘80, una base fenomenológica del sentido, heredada particularmente de la obra de Maurice Merleau-Ponty. María Isabel Filinich, por ejemplo, aunque reconoce la validez operatoria de los estudios clásicos sobre perspectiva narrativa (en la línea Todorov-Genette), plantea que estos han limitado el problema y se declarará partidaria de una línea de análisis que continúe las investigaciones de Algirdas Greimas. Al igual que para Greimas y también para Jacques Fontanille, para Filinich, el acto perceptivo mismo ya implica la instauración de una deixis.

“Si aceptamos con Greimas que la percepción es “el lugar no lingüístico en que se sitúa la aprehensión de la significación”, entonces consideraremos que la fase perceptiva es, no sólo un primer umbral de contacto entre el hombre y el mundo sensible, sino también una primera forma asignada a los fenómenos que son objeto de su percepción”, dirá Filinich.

Para la semiótica contemporánea, el motivo de la percepción no puede dejar de unirse al motivo de la corporeidad. Así, Greimas y Fontanille, en su Semiótica de las pasiones , acentuarán el hecho de que: “Las figuras del mundo no pueden hacer sentido más que a costa de la sensibilización que les impone la mediación del cuerpo.” (2)

Esta insistencia en la mediación somática y sensible es tomada a su vez de la fenomenología de la existencia, en especial en su línea francesa. Merleau-Ponty, por ejemplo, cuyo estudio se ha retomado recientemente, aludía directamente a los estudios póstumos de Husserl. (3) Para este tipo de fenomenología existencial, determinados temas resultan claves: el cuerpo, la libertad, los Otros. El cuerpo constituye aquí el medio constante para la relación con el mundo, con los Otros y con uno mismo. El punto de vista del mundo siempre parcial del sujeto está necesariamente restringido por las condiciones existenciales de su experiencia individual.

“El cuerpo es un umbral entre el sujeto y el mundo (...) es el lugar donde el mundo aparece y se manifiesta ante mí y también el objeto que me instala en el mundo. El cuerpo es lo que me provee de la certeza inmediata de que ambos: el mundo y yo, existimos, de que estamos en relación y de que esa relación hace sentido. Es por mediación del cuerpo percipiente que el mundo se convierte en sentido”, aseveran Greimas y Fontanille en su Semiótica de las pasiones . Esa aseveración nos muestra al cuerpo como una usina semiótica, un transformador que recoge y procesa las impresiones sensibles para hacer de ellas señales y mensajes. (4)

Intentaremos en este trabajo determinar de qué manera las nociones de perspectiva y punto de vista entran en juego en los procesos de construcción del texto en el cuento de Jorge Luis Borges, La muerte y la brújula .

2- EL RELATO POLICIAL


Tzvetan Todorov, en su Tipología del relato policial dice:

“El relato policial superpone dos series temporales: el tiempo de la investigación que comienza después del crimen y el tiempo del drama que conduce a él.”

El relato policial no narra una historia sino dos: la historia de la investigación y la historia del crimen. Veremos cómo, en La muerte y la brújula , la historia de la investigación es narrada desde el punto de vista de Lönnrot (el detective) y la historia del crimen es narrada desde el punto de vista de Scharlach (el criminal). En este relato, ambas historias resultan ser una sola, sólo que narradas desde dos puntos de vista diferentes. Analizaremos aquí cómo cada una de las historias se va construyendo a partir de la otra, planteando todo un juego de simetrías a partir de las cuales Borges arma la estructura de su texto.

“La quinta de Triste-le-Roy abundaba en inútiles simetrías y repeticiones maniáticas: a una Diana glacial en un nicho lóbrego correspondía en un segundo nicho otra Diana; un balcón se reflejaba en otro balcón; dobles escalinatas se abrían en doble balaustrada. Un Hermes (5) de dos caras proyectaba una sombra monstruosa.” (6)

El detective, en la búsqueda de su objeto, entra en la casa y la explora pero en el interior asistimos a una perturbadora multiplicación de los ángulos de la visión y de los puntos de vista, a partir de espejos y reduplicaciones.

“Subió por escaleras polvorientas a antecámaras circulares; infinitamente se multiplicó en espejos opuestos; se cansó de abrir o entreabrir ventanas que le revelaban, afuera, el mismo desolado jardín desde varias alturas y varios ángulos.” (7)

También en su Tipología del relato policial que Todorov sostiene:

“En el policial, el tenor de cada información está determinado por la persona que la transmite. No existe observación sin observador: por definición, el autor no puede ser omnisciente.” (8). Todorov insiste en el hecho de que toda observación está hecha desde un particular punto de vista: no existe observación sin observador, de la misma manera en que, como habíamos visto, no existe narración sin sujeto.

3- EL ESPACIO NARRATIVO: FIGURAS


A partir de la trayectoria de los personajes, Borges va espacializando la trama de su relato en una figura geométrica -el tetrahedro-, que aparece, según los puntos de vista, construida por Scharlach y recorrida por Lönnrot. Trataremos de demostrar de qué manera el espacio narrativo debe ser entendido como una articulación significante, dado que -como señalará Luz Aurora Pimentel en su artículo La dimensión icónica de los elementos constitutivos de una descripción , un espacio construido nunca es un espacio neutro, inocente sino un espacio de significación.(9)

Como vimos, toda descripción implica necesariamente la presencia de un centro de orientación que deictize el espacio. Según Boris Uspenski, en el tratamiento del espacio en la narración puede haber una concurrencia del punto de vista entre la posición espacial del narrador y del personaje o puede no haber concurrencia. En el primer caso, el narrador aprovechará las posiciones espaciales de su personaje para realizar las descripciones. En La muerte y la brújula , Borges avanza en el espacio junto con Lönnrot. El narrador no sabe en este caso más que el personaje y va descubriendo los indicios que le sirvan en su búsqueda a medida que éste los descubre.

El relato de La muerte y la brújula transcurre en una ciudad sin nombre. (10) En dicha ciudad, el narrador establece una clara demarcación de los puntos cardinales, puntos que tendrán una carga semiótica fundamental en el desarrollo del relato.

“El primer crimen ocurrió en el Hotel du Nord -ese alto prisma que domina el estuario cuyas aguas tienen el color del desierto.” (11)

“El segundo crimen ocurrió en el más desamparado y vacío de los huecos suburbios occidentales de la capital.”(12)

“El tercer crimen (ocurrió en) la taberna de Rue de Toulon -esa calle salobre en la que conviven el cosmorama y la lechería, el burdel y los vendedores de Biblias.” (13)

El cuarto crimen ocurre en el sur: “Al sur de la ciudad de mi cuento fluye un ciego riachuelo de aguas barrosas, infamado de curtiembres y de basuras. Del otro lado hay un suburbio fabril donde al amparo de un caudillo barcelonés, medran los pistoleros.” (14)

En cada uno de los cuatro puntos cardinales tendrá lugar, sucesivamente, un asesinato. Los asesinatos (pertenecientes a la serie “historia del crimen”) serán, a su vez, las acciones que motiven los desplazamientos espaciales de Lönnrot (perteneciente a la serie “historia de la investigación”). En la trayectoria de un punto cardinal al otro, los personajes van formando la figura geométrica del tetrahedro (figura que, por otra parte, tendrá sus multiplicaciones a lo largo del texto, por ejemplo en la reiterada presencia de losanges -en la pared de la pinturería, en el traje de arlequín, en los cristales de las ventanas en Triste-le-Roy. En el texto, se hacía referencia al Tetragramatón -nombre de cuatro letras: JHVH. Éste figuraba mencionado en uno de los libros que Lönnrot descubre en el placard de Yarmolinsky, que es el primero en ser asesinado. Sospechando que el crimen del rabino guardaba relación con la secta de los Hasidim - caracterizada por un reverente miedo de pronunciar precisamente el inefable, todopoderoso y secreto Nombre de Dios- y a partir del emprendimiento de diferentes lecturas, Lönnrot imaginó que llegaría a solucionar el enigma de las muertes mediante el estudio de los diferentes Nombres de Dios.

Las figuras de cuatro lados proliferan en el texto. Scharlach dice: “JHVH consta de cuatro letras, los arlequines y la muestra del pinturero sugieren cuatro términos. Yo subrayé cierto pasaje del manual de Leusden que manifiesta que los hebreos computaban el día de ocaso a ocaso; este pasaje da a entender que las muertes ocurrieron el cuatro de cada mes. Yo presentí que usted agregaría el punto que falta. El punto que determina un rombo perfecto.” (15)

La figura del tetrahedro simboliza tradicionalmente totalidad, a partir de la unión de todas las perspectivas. El espacio abstracto que proporciona la figura geométrica en el texto abre la posibilidad de acceso a una totalidad que se vuelve una presencia metafísica dentro de la narración. Al respecto, es interesante analizar el papel que cumple esta suerte de “dibujo invisible" o “forma secreta” en la obra de Borges. La posibilidad de resolver el misterio a partir de un argumento more geométrico , las consideraciones acerca de la posibilidad o no de una regularidad “triangular” de los crímenes -“vértices perfectos de un triángulo equilátero y místico”(16) -, incluso las palabras finales de Lönnrot, quien ante la inminencia de su propia muerte opone al tetrahedro el esquema de Zenón de Elea, dibujo de una única línea recta invisible, inaccesible, y “en la que se han perdido tantos filósofos y bien puede perderse un detective” como en un desierto, justifican las declaraciones, por ejemplo, de un Julio Cortázar, quien sostenía que lo fantástico en Borges se presentaba como “un despiadado teorema geométrico”. (17)

Es interesante remarcar el hecho de que una vez cerrada la figura del tetrahedro, terminando de delimitarse su perímetro a partir de estos recorridos, el protagonista muere y se termina la narración.

4- EL CAZADOR CAZADO

María Isabel Filinich escribe:

“El tamiz de los sentidos entrega ya una cierta forma de los fenómenos, (...) tal acto de conocimiento nos conduce a reflexionar sobre la articulación sujeto-objeto implicada en el acto perceptivo.” (18)

En La muerte y la brújula es interesante analizar la manera en que aparece tratada la relación sujeto-objeto. En primer lugar, Scharlach es presentado como objeto para el sujeto Lönnrot (objeto desconocido, misterio a develar, pero objeto al fin). Luego, Lönnrot termina en cambio siendo el objeto para el sujeto Scharlach.

En su clásico libro sobre la novela policial, Boileau y Narcejac dicen: “Se podría definir en forma sintética la novela policial como la narración de una “caza del hombre”. (19)

En La muerte y la brújula , ambas miradas -Lönnrot y Scharlach- son las del cazador. ¿Qué mueve el desplazamiento de Lönnrot? La búsqueda de Scharlach. ¿Qué mueve el trazado de Scharlach? La búsqueda de Lönnrot.

“-Scharlach ¿usted busca el Nombre Secreto?

-No. Busco algo más efímero y deleznable, busco a Erik Lönnrot.” escribe Borges.

Pero aunque se trata de dos miradas cazadoras, existe en ellas una insalvable asimetría: mientras que Scharlach permanece continuamente oculto a los ojos de Lönnrot, éste es siempre visible a los ojos de Scharlach: un sujeto mira, el otro permanece ciego; un objeto se muestra, el otro se oculta.

A partir de la obra Lo visible y lo invisible , Merleau-Ponty, releyendo intensamente los textos de Husserl y Heidegger, produce un cambio en su obra: la fenomenología de la percepción, que hasta ese momento había mantenido en el cuerpo su punto de referencia, se convierte ahora en una suerte de ontología de la visión. La visión deja de ser acto de un sujeto y se convierte en acontecer que ocurre entre lo que ve, lo visible y el Otro que ve también. Las ideas de Merleau-Ponty son retomadas, entre otros, por Jacques Lacan en el seminario sobre la mirada. En este juego de miradas, según Lacan, “al mirar a otro sujeto me esfuerzo por determinarlo como objeto, pero ese sujeto puede a su vez negarme el estatuto de sujeto y determinarme como objeto. Entonces yo seré el objeto que el otro mira.” (20)

Según esta lógica, el sujeto, al enfrentarse con la mirada de su objeto, se encuentra se encuentra a sí mismo mirando. Veremos cómo es en este “verse siendo visto” que finalmente Lönnrot se encuentre a sí mismo.

5- EL RELATO EN PERSPECTIVA

El cuento de Borges comienza desde el punto de vista del narrador quien, mediante el procedimiento de prolepsis, adelanta lo que va a suceder en el relato:

“Es verdad que Erik Lönnrot no logró impedir el último crimen, pero es indudable que lo previó. Tampoco adivinó identidad del infausto asesino de Yarmolinsky, pero sí la secreta morfología de la malvada serie y la participación de Red Scharlach.”

Es curioso notar que este narrador no retomará más su punto de vista sino únicamente en el momento en que está por producirse el pasaje del punto de vista de la historia de la investigación al de la historia del crimen, es decir, cuando Lönnrot decide viajar a la quinta de Triste-le-Roy:

“Al sur de la ciudad de mi cuento fluye un ciego riachuelo de aguas barrosas...” (21) Más allá de estas escasas intervenciones del punto de vista del narrador, el cuento puede ser dividido en dos grandes partes: una en la que predomina el punto de vista de Lönnrot (detective), o sea, en donde predomina la historia de la investigación y otra en la que predomina el punto de vista de Scharlach (criminal), la historia del crimen. El punto de vista de Lönnrot está estructurado en forma compleja, a su vez dividido en cuatro partes que se corresponden con los asesinatos: Norte, Oeste, Este, Sur.

En el Norte, el punto de vista es netamente de Lönnrot, mientras que, en el Oeste y el Este, se rastrea la oscilación entre los de Lönnrot y Treviranus. Entre los puntos de vista de ambos, poseerá sin duda mayor peso el de Lönnrot tanto por el hecho de que él es el protagonista del cuento como porque Treviranus, llegado el caso, siempre delega en él la posibilidad última de la interpretación o de lectura.

Los puntos de vista de Lönnrot y Treviranus son, a su vez y en todos los casos, reconstruidos a partir de una serie de puntos de vista parciales que conforman una polifonía de voces.

En el Sur, los puntos de vista de Lönnrot (detective) y Scharlach (criminal), serán finalmente confrontados.

A continuación, haremos un listado de los sucesivos puntos de vista parciales planteados por el texto y que se constituyen, diríamos, como las “letras” que Lönnrot y Treviranus irán leyendo en la construcción de su propio englobante punto de vista. Distinguiremos para ello tres niveles: 1-el de la acción directa (ya sea en el terreno de la historia de la investigación o en el de la historia del crimen), 2-testimonios y 3-pistas, según se trate de los que actúan, los que cuentan sobre la acción de otros o de los diversos materiales que van aportando datos (objetos y, muy particularmente, materiales de lectura).

Hotel du nord ( lectura de Lönnrot)
Marcelo Yarmolinski (acción directa/víctima del crimen)
el chauffeur del Tetrarca (testimonio)
un redactor de la Yidische Zaitung (testimonio)
los empleados del hotel (testimonio)
un grupo de periodistas, fotógrafos y gendarmes (acción directa/investigación)
los libros del rabino (pistas)
uno de los agentes (testimonio)
hoja de papel en la pequeña máquina de escribir (pista)
un libro con las enseñanzas de Israel Baal Shem Tobh (pista)
un libro con las vicisitudes y terrores del Tetragrámaton, el inefable nombre de Dios (pista)
un libro con la tesis de que Dios tiene un nombre secreto en el cual está compendiado su noveno atributo: la eternidad (pista)
el redactor de la Yidische Zaitung (acción directa)
un librero que publica una edición popular de la Historia de la secta de los Hasidim(acción directa)

Suburbio occidental de la capital ( lecturas de Treviranus y Lönnrot)
uno de los gendarmes (testimonio)
la policía (testimonio)
las palabras escritas con tiza sobre los rombos amarillos y rojos de la pared (pista)

Rue de Toulon
(lectura deTreviranus)
un hombre con voz gutural que dice llamarse Ginzberg o Ginsburg (testimonio/ falso testimonio que luego comprobaremos que en realidad es acción directa, ya que el autor del llamado no es otro que el criminal Scharlach)
personal de la compañía telefónica (testimonio)
Black Finnegan, el patrón de la Liverpool House (testimonio)
algunos parroquianos (testimonio)
Black Finnegan otra vez (testimonio)
una de las mujeres del bar (testimonio)
la sentencia en una de las pizarras de la recova (pista)
brusca estrella de sangre en el piso (pista)
restos de cigarrillos de marca húngara (pista)
un libro en latín en el armario con varias notas manuscritas (pista)
Treviranus deriva las pistas a Lönnrot

(lectura de Lönnrot)
un libro en latín en el armario con varias notas manuscritas, en particular, un pasaje subrayado (pista)
una palabra que dijo Ginzberg (pista)
los diarios de la tarde (testimonios, en este caso, el interlocutor previsto es la comunidad de lectores y no Lönnrot o Treviranus)
el más ilustre de los pistoleros del Sur, Red Scharlach (acción directa/ como comprobaremos, se trata de una acción directa falsa destinada a manipular la información interpretada por Treviranus y Lönnrot)

(lectura de Treviranus)
sobre sellado que contenía una carta firmada Baruj Spinoza y un minucioso plano de la ciudad arrancado de un Baedeker (pista)
Treviranus deriva las pistas a Lönnrot

(lectura de Lönnrot)
una carta firmada Baruj Spinoza y un minuscioso plano de la ciudad arrancado de un Baedeker (pista)

quinta de Triste-le-Roy
Lönnrot (acción directa/investigación)
Scharlach (acción directa/crimen)
Lönnrot (acción directa/víctima del crimen)

Contrariamente a los tres primeros puntos (en un presente de la investigación y con Lönnrot y Treviranus en constantes desplazamientos por la ciudad), en el cuarto punto, el punto de vista espacial de Scharlach se reserva para la zona sur y la narración está planteada en tiempo pasado. La narración “renarra” y, al hacerlo, da otro sentido a los sucesos y devela las verdaderas causalidades. Desde este punto fijo (el cuarto), vuelve a recorrer mentalmente los sucesos acaecidos en los otros tres puntos.

La historia que narra Scharlach se remonta a tres años antes del asesinato de Yarmolinski. En lugar de una dispersión de testimonios, acá el relato se centraliza en la responsabilidad de una acción directa:

-Yo juré tejer un laberinto en torno al hombre que había encarcelado a mi hermano.
-Yo había tramado el robo de los zafiros del Tetrarca.
-Yo escribí encima de los rombos de la pinturería La segunda letra del Nombre ha sido articulada.
-Gryphius-Ginzberg-Ginsburg soy yo.
-Yo intercalé repetidos indicios para que usted, el razonador Eric Lönnrot comprendiera que la serie de crímenes era cuádruple.
-Yo subrayé cierto pasaje en el manual de Leusden.
-Yo mandé el triángulo equilátero a Treviranus.
-Yo presentí que usted agregaría el punto que falta.

6- LECTURA Y ESCRITURA

Es de resaltar el lugar que Borges asigna en este relato al tópico de la lectura.

Por leer entendemos el arte de reunir las palabras encontrando los nexos que den sentido a las partes e impongan una articulación al lenguaje. El hombre necesitó siempre de este “hacer legible” para dotar al mundo de una ordenación conforme a las leyes de la inteligibilidad. En su relación con el mundo, este se embarca en una búsqueda de regularidad, en una búsqueda de orden casi pulsional. El lector, al igual que un detective, intenta encontrar un sentido, una narratividad coherente a partir de la interpretación de una serie de claves y pistas determinadas. De hecho, la labor de un detective se identifica plenamente con el acto de la lectura ya que el “desciframiento” implica encontrar el nexo que una las partes.

En La muerte y la brújula , quien tenga la capacidad de leer será al mismo tiempo el que lleve el punto de vista. Lönnrot, el “razonador”, el detective, será el paradigma mismo del lector. Pero de lo que se trata en este relato es no de quien lee (Lönnrot) sino de quién escribe la historia (Scharlach).

“A los diez días, yo supe por la Yidiche Zaitung que usted buscaba en los escritos de Yarmolinsky la clave de la muerte de Yarmolinsky. Leí la historia de la secta de los Hassidim; supe que el miedo reverente de pronunciar el nombre de Dios había originado la doctrina de que ese nombre es todopoderoso y recóndito. Supe que algunos Hassidim, en busca de ese nombre secreto, habían llegado a cometer sacrificios humanos. Comprendí que usted conjeturaba que los Hassidim habían sacrificado al rabino; me dediqué a justificar esa conjetura.” (22)

Scharlach (el criminal) es identificado con el escritor, que va tejiendo paso a paso, palabra tras palabra, letra tras letra, la trama que luego recorrerán Lonnrot y también el lector. “Todo lo he premeditado, Erik Lönnrot, para traerlo a usted a las soledades de Triste-le-Roy” dirá Scharlach. (23)

7. LABERINTOS Y ROMPECABEZAS


“De noche, mi delirio se alimentaba de esa metáfora: yo sentía que el mundo es un laberinto del cual era imposible huir, pues todos los caminos, aunque fingieran ir al norte o al sur, iban realmente a Roma, que era la quinta de Triste-le-Roy”, cuenta Scharlach. (24)

Otra figura crucial en este relato será la figura del laberinto, uno de los tópicos característicos de la poética borgeana. El laberinto está simbolizado aquí por la ciudad.

La ciudad se vuelve una figura laberíntica para Lönnrot quien -a pesar de lo elemental de la trayectoria, a partir de los ejes cardinales- se desplaza a ciegas de un punto a otro en una dialéctica orientación/desorientación propia de todo laberinto. Es curioso observar cómo recién al terminar de trazar su mapa -al arribar al último de los puntos de la figura- Lönnrot toma conciencia de su propia ubicación en el mismo. Sólo entonces se dará cuenta de que ha caído en la trampa urdida para él.

En un interesante análisis lacaniano, Slavoj Zizek analiza ciertas películas cuya trama está basada en la figura del rompecabezas, en la que el sentido total sólo puede ser vislumbrado al colocar la última pieza y donde la última pieza, precisamente, viene a ser aquel que está armando el rompecabezas. En un policial, será el detective o, en todo caso, el indagador que, mediante su indagación, va trazando la figura, construyendo la narración, armando un sentido. (25) Pero Zizek se detiene también en otro punto: la narrativización del propio destino sólo se vuelve posible cuando el sujeto ya está muerto; cuando “el juego ya terminó”, cuando el rompecabezas está concluido. Sólo una vida que ha llegado a su fin puede dar lugar a una historia terminada. En tanto el sujeto no asuma esta situación de “muerto vivo” todo intento de narrativización, de integración del propio destino al tejido simbólico se vuelve vana: una amenaza de muerte ronda en torno al esfuerzo por contar la historia acerca de sí mismo. (26).

Si retomamos los tópicos borgeanos comprobaremos que la figura del hombre que se encuentra consigo mismo aparece con frecuencia en sus ficciones. El mago de Qaholom, por ejemplo, sospecha que el mensaje divino puede estar en su propio rostro. En el “Acercamiento a Almostasim” las identidades del buscador y del buscado terminan por igualarse. Lönnrot, buscando a Scharlach, se está buscando en realidad a sí mismo. La narración termina cuando se encuentre con su propio destino, un destino trazado aquí por la pluma no de Dios ni del Azar, sino por las mismas pasiones humanas.

BELÉN GACHE.

NOTAS

1- Luz Aurora Pimentel, por ejemplo, propone para el análisis partir de dos posibles deixis de referencia en la construcción de la perspectiva: según el origen (narrador, personaje, trama, lector) y según la selección y restricción de la información (espacial, temporal, cognitiva, perceptual, afectiva, estilística, ideológica).

Boris Uspensky, a su vez, analizando la tipología de las opciones compositivas en literatura en lo referente al punto de vista, planteará diferentes planos para el análisis del mismo: el nivel ideológico (qué punto de vista asume quién evalúa y percibe ideológicamente el mundo narrado), fraseológico (donde se podrá rastrear las posibilidades de alternar o no las formas de nombrar de los personajes), espacio-temporal (coordenadas donde se manifiestan los distintos ángulos de focalización, ya que toda narración implica necesariamente un centro de orientación que deictize el espacio y el tiempo) y psicológico(a quien pertenecen los datos de la percepción de las conciencias en juego.

2- Greimas-Fontanille, Semiótica de las pasiones , p14

3- En especial, el Husserl de Ideas II y de Crisis .

4- Dorra, Fundamentos sensibles de la discursividad , p18

5 - Hermes es el dios griego mensajero del cielo y conductor de las almas al submundo, su nombre significa “intérprete”. Hermes es también el dios de los caminos, de las posibilidades, de doble naturaleza, de allí sus otros nombres de “Rebis” (cosa doble) o “monstrum hermaphroditus”. (Cirlot, Diccionario de símbolos, Barcelona, Labor, 1991)

6- JLBorges, “La muerte y la brújula”, Obras Completas , p504

7- idem, p505

8- en Link (ed.), El juego de los cautos , Buenos Aires, La Marca , 1992, p48

9- Pimentel, op.cit, p113

10- Aunque en el prólogo a Artificios , Borges dice que, “pese a sus nombres alemanes o escandinavos, ocurre en un Buenos Aires de sueños: la torcida Rue de Toulon es el Paseo de Julio; Triste-le-Roy, el hotel donde Herbert Ashe recibió, y tal vez no leyó, el tomo undécimo de una enciclopedia ilusoria (...) la primera letra del Nombre podría articularse en Islandia; la segunda, en Méjico; la tercera en Indostán. Agregaré que los Hasidim incluyeron santos y que el sacrificio de cuatro vidas para obtener las cuatro letras que imponen el Nombre es una fantasía que me dictó la forma de mi cuento?”, Obras completas , p 483

11- Borges, “La muerte y la brújula”, Obras completas, p499.

13- Id, p501


14- Id, p501

15- Id, p504

16- Recordemos aquí la mención que hace Borges en “El Aleph” de Ezequiel, ángel de cuatro caras que va hacia todos los lados al mismo tiempo.

17- En Goloboff, Julio Cortázar , Buenos Aires, Seix Barral, 1998, p84

18- Filinich, op.cit, p186

19- Boileau-Narcejac, La novela policial, op.cit, p13

20- Lacan, Seminario sobre la mirada , op.cit.

21- Borges, “La muerte y la brújula”, Obras completas , p 504

22- Borges, “La muerte y la brújula”, Obras completas , p 506

23- Borges, “La muerte y la brújula”, Obras completas , p 507

24- Borges, “La muerte y la brújula”, Obras completas , p 507

25- Slavoj Zizek, Goza tu síntoma!, Buenos Aires, Nueva Visión, 1994. Aquí Zizek hará referencia a películas como Sorry, wrong nunber , de Anatole Litvak, The Window , de Ted Tetzlaff o Confidential Report , de Orson Wells.

26- Zizek, op.cit, p187

BIBLIOGRAFIA:

Boileau y Marcejac (1994), Le roman policier , Paris, Quadrige, Presses Universitaires de France

Borges, Jorge Luis (1974), Obras Completas , Buenos Aires, Emecé

Dorra, Raúl (1997), Fundamentos sensibles de la discursividad , México, Universidad Autónoma de Puebla, Instituto de Ciencias Sociales y humanidades

Filinich, María Isabel (1997), La voz y la mirada. Teoría y análisis de la enunciación literaria , México, Plaza y Janés, UAP, UI

Fontanille, Jacques (1989), Les espaces subjectifs, introduction a la sémiotique de l'observateur (discourse-peinture-cinema ), París, Hachette

Greimas, Algirdas - Fontanille, Jacques (1994), Semiótica de las pasiones , México, sXXI

Hammon, Phillipe (1991), Introducción al análisis de lo descriptivo , Buenos Aires, Edicial

Lacan, Jacques (1991), “La mirada como objeto a minúscula ”, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis , Buenos Aires, Paidós

Pimentel, Luz Aurora (1998) El relato en perspectiva. Estudio de teoría narrativa , México, Siglo XXI

Todorov, Tzvetan (1986), “Las categorías del relato literario, en R.Barthes et al., Análisis estructural del relato , México, Premia

Uspensky, Boris (1973), A poetics of composition. The structure of the artistic text end tipology of a compositional form , Berkley , Los Angeles , Londres, University of California Press

Zizek, Slavoj (1994), ¡Goza tu síntoma! Jacques Lacan dentro y fuera de Hollywood , Buenos Aires, Nueva Visión

Fuente : Belén Gache
http://findelmundo.com.ar/belengache/brujula.htm

domingo, 5 de febrero de 2012

BORGES POR FELLINI



Borges me comunica siempre una singular exaltación pacificadora a causa de su prodigiosa vocación de aprisionar, aunque sea por un instante, entidades tan ambiguas y enrarecidas como el tiempo, el destino, la muerte, los sueños, en operaciones mentales portentosas y refinadas, en mecanismos conceptuales poderosamente simplificados, libres de los oropeles de la lógica, de los juegos de equilibrio de la dialéctica. Sobre todo para un hombre de cine, Borges es un autor particularmente estimulante en cuanto a que lo excepcional de su literatura consiste en ser muy parecida al sueño, como una extraordinaria visión onírica al evocar del subconsciente imágenes innatas donde la cosa y su significado coexisten simultáneamente, exactamente como en una película. Y justamente como en los sueños, también lo incongruente de Borges, lo absurdo, lo contradictorio, lo arcaido, lo repetitivo, aún conservando toda su virulenta carga fantástica, son igualmente iluminados como los rigurosos detalles de un dibujo más amplio e ignorado, son los elementos impecables de un mosaico atrozmente perfecto e indiferente. También, Borges, me hace pensar en un flujo onírico discontinuo, y la heterogeneidad de esta misma producción —relatos, ensayos, poesías— prefiero imaginármelas, no como el fruto de los múltiples resortes de un talento impaciente, sino más bien como el signo sin descifrar de una metamorfosis infatigable.

Federico Fellini

Fuente : Epanadiplosis
17 junio 2011
http://epanadiplosis.wordpress.com/category/jorge-luis-borges/

Dialogo J L Borges - Tomás Barna : 1980


Hoy, al encontrarme -una vez más- con la voz de Jorge Luis Borges fluyendo de la cinta donde grabara aquel diálogo que sostuviéramos en su departamento de la calle Maipú en una tarde gris del invierno porteño de 1980, me estremezco con creciente emoción. Y queda confirmado el sentido de la eternidad, en lo que concierne al ser humano, gracias a lo perenne de la imagen cuando se estampa en una fotografía o adquiere movimiento merced al cine, o bien… mediante la palabra escrita o -en este caso- la voz grabada.

Así es como -conmovido “hasta el hueso” (como diría Julián Centeya)- comienzo, ya mismo, a transcribir aquella conversación sostenida con ese maestro impar de la literatura y del pensamiento: JORGE LUIS BORGES.



Tomás Barna: Borges, si lo que rige la creación y la destrucción es un movi­miento perpetuo, si todo es una constante modificación, ¿es posible que exista la Nada?

Jorge Luis Borges: La palabra Nada parece contradecirse. Si existe…ya es algo, ¿no? La palabra Nada parece aplicarse a algo imposible. (Yo no había pensado en eso). En francés sería “Le Néant”. La palabra Nada ha sido creada como un reverso de la palabra Todo. Pero no sé si puede corresponder a algo. Si correspondiera a algo, dejaría de ser la Nada. Creo que es un reverso creado por la lógica. Y además cuando uno piensa en la Nada…uno piensa en el espacio astronómico o en un espacio vacío. Y eso ya es Algo. El espacio infinito es Algo bastante concreto.

Tomás Barna: ¿Qué significan Dios y el Diablo para usted, Borges? ¿Dónde los sitúa: en lo fantástico, en lo sobrenatural, en el sueño, o en esa realidad que palpamos de una manera absolutamente concreta?

Jorge Luis Borges: Yo no puedo creer en un Dios personal, ni como Elliot que dice que cree en un Demonio personal. De lo que estoy seguro es ser un hombre ético, o por lo menos tratar de serlo. Creo en el Bien y en el Mal. Pero no creo que haya en este momento alguien que se diga Dios o alguien que sea el Diablo. Pero sé que todos los días tengo que tomar decisiones, y sé que he obrado bien o he obrado mal. Recuerdo una frase muy linda de no sé qué comedia de Bernard Shaw en la que un personaje dice: “He dejado atrás el soborno del cielo”. Cielo vendría a ser un soborno. El infierno, una amenaza. Ese personaje quiere decir que ha obrado bien, y que no lo ha hecho urgido por la esperanza de un premio o por temor a un castigo. Ha dejado atrás ese soborno que es el cielo.¡Es una frase muy linda! Lo que quiero decir es que el Infierno no se refiere a ideas éticas sino a ideas inmorales.

Tomás Barna: Además de la eternidad, el tiempo, el destino, el héroe, el juego, el cuchillo, los espejos, el sueño, y dejo el laberinto…

Jorge Luis Borges: ¿Pero eso son muchas cosas, no?

Tomás Barna: Es que todo eso es su mundo y nuestro mundo.

Jorge Luis Borges: Claro, sí, pero yo trato de simplificarlo. Estoy escribiendo un libro de poemas, y me he prohibido el uso de las palabras laberin­to, cuchillo, espejo, porque sé que el lector ya las está prohi­biendo y temiendo. (Sonríe irónicamente.)

Tomás Barna: ¿Y la palabra”tigre”?

Jorge Luis Borges: Bueno, eso me ha costado algo más. No es fácil desprenderme de la palabra”tigre”. Aunque también tengo que prohibírmelo. Todo eso no es más que una mala costumbre. (Ríe, ahora, abiertamente.) Teóricamente no me costaría nada decir “leopardo” o “jaguar” en lugar de “tigre”. Y, sin embrago, no; yo necesito un “tigre”.

Tomás Barna: Hay algo en usted que exige un “tigre”.

Jorge Luis Borges: Sí, sí. Quizás sea que más que las manchas del leopardo me gus­tan las rayas del “tigre”. ¡Además… que los tigres son lindísimos! Ya que hablamos de tigres creo recordar a dos tigres de la lite­ratura, famosos: uno, el de William Blake: “Tigre, tigre, ardiendo y resplandeciendo en las selvas de la noche”. Comparar el tigre con una hoguera. ¡Qué lindo,¿no?! También en el Tasso hay una her­mosa idea: algo así como que “mellaba el tigre”. Y una frase de Chesterton muy linda sobre el tigre, que dice: “El tigre es un símbolo de terrible elegancia”, ¡Qué bien está! Porque el tigre es elegante y al mismo tiempo es terrible.

Tomás Barna: Y lo importante es también el símbolo.

Jorge Luis Borges: ¡Claro que sí: el símbolo! Chesterton -comentando un libro de Blake- acuña esa imagen: el tigre, como un símbolo de una terrible elegancia; como una especie de dandy.

Tomás Barna: ¿El hombre, Borges, no tendrá un destino poético si consideramos que la poesía es el principio activo de la evolución creadora? Es decir: ¿el hombre no estará en la Tierra para cantar -mediante su acción- la dialéctica de las alegrías y las desdichas?

Jorge Luis Borges: Creo que encontramos una idea parecida en “La Odisea”. Yo no sé griego. Pero hay dos versiones hermosas: una, la de Lawrence de Arabia, y otra versión francesa de Leconte de L’Isle. En algún lugar de “La Odisea” -y Homero la escribió después de “La Ilíada”- se dice que “los Dioses tejen desdichas para que las generaciones venideras tengan algo que cantar”. Y hay una frase de Mallarmé: “Tout aboutit à un livre” (“Todo acaba en un libro”). Claro que es más bella la idea de Homero: “generaciones que canten”, y no la idea de un libro, que al fin de cuentas no es más que un objeto, una cosa. Aunque la idea es la misma: que las cosas existen en función de la literatura. O que un artista -en todo caso- o un escritor…debe pensar en eso. O tratar de pensar en eso. Yo he llegado a pensar que todo lo que me sucede es una especie de ar­cilla que debo modelar. O que todo lo que le dan a uno es como un instrumento. Incluso -y sobre todo- la desventura personal que es la arcilla, la materia más rica. O sea que la felicidad es un fin en sí mismo.

Tomás Barna: Borges: yo he descubierto, a través de lo que he leído de su obra, que usted es un ser sumamente vital.

Jorge Luis Borges: ¡Claro que sí!

Tomás Barna: Y por eso lo emparento con Walt Whitman. Me refiero, por supuesto exclusivamente a la vitalidad, dado que la expresión literaria es muy distinta.

Jorge Luis Borges: Es cierto. Fíjese que mi memoria está llena de versos de Walt Whitman, y yo recuerdo muy pocos versos míos; además, Whitman es un gran poeta, y yo soy -digamos- un aprendiz.

Tomás Barna: No. Eso es modestia. Usted es un gran escritor.

Jorge Luis Borges: No, no. No es para tanto. De todos modos me siento muy halagado por su captación de lo vital que me habita.

Tomás Barna: Yo, por lo menos, lo siento así.

Jorge Luis Borges: Me halaga de verdad eso que me dice. Y supongo que algo de vital habrá en mí ya que he cometido la imprudencia de llegar a los 80 años. Eso significa que habrá algo que me mantiene. Y el hecho, además, de que yo haya aceptado la ceguera como parte de mi destino, que no me haya quejado nunca, que haya pensado que -bueno- ser ciego es un modo distinto de ser; y yo debo ver eso como un hecho. Y hasta tengo un libro titulado (claro que no del todo sincera­mente) “Elogio de la Sombra”, que se refiere, precisamente, a la ceguera.

Tomás Barna: Para mí… ha existido un gran soñador que supo transfigurar sus sueños en palabras dotadas de una inefable poesía. Y a la vez ha sido una suerte de alquimista de la metafísica. Me refiero a Gaston Bachelard; lo considero, también, un poco hermano espiritual de Jorge Luis Borges.

Jorge Luis Borges: ¿Sabe que no lo conozco? Usted, Barna, acaba de revelármelo. ¿De qué época es?

Tomás Barna: Digamos que es relativamente contemporáneo. Falleció hace unos veinte años.

Jorge Luis Borges: Todos somos relativamente contemporáneos. Estamos pasando en el tiempo. Pero dese cuenta: yo perdí la vista como lector en el año 1955, y recordé una frase de Schopenhauer -que para mí sería el filósofo por excelencia-. Schopenhauer dice: “No debemos leer ningún libro que no haya cumplido cien años, porque no sabemos si es bueno o malo. En cambio si un libro ha sobrevivido cien años, quiere decir que por lo menos habrá algo en ese libro”. Entonces aventurarse a leer a los contemporáneos es exponerse a leer trivia­lidades. De modo que yo he preferido releer o hacerme leer a los autores que ya conocía.

Tomás Barna: ¿En cuanto a la literatura francesa, cuáles son los escritores, para usted, de mayor riqueza creadora?

Jorge Luis Borges: Una prueba de la riqueza de la literatura francesa es que otras literaturas tienden a cifrarse erróneamente en un autor. Por ejemplo si usted dice Inglaterra, piensa de inmediato en Shakespeare. Si usted dice Italia, piensa inmediatamente en Dante. Esto es injusto puesto que hay muchos otros escritores de valía ingleses o italia­nos. Pero si usted dice Francia… ahí no hay un nombre. Ahí se siente que hay varias tradiciones francesas y que no podemos pronunciar un solo nombre, o si pronunciamos varios nombres resultan en cierto modo incompatibles. Por ejemplo, voy a dejarme llevar por lo que primero se me ocurre: yo pensaría inmediatamente en Montaigne o en Voltaire, en Victor Hugo, en Verlaine.

Tomás Barna: ¿Qué me puede decir -Borges- sobre la imagen del escritor y su obra?

Jorge Luis Borges: Tomemos, como ejemplo, a Baudelaire, con quien se da lo mismo que con Byron: con ambos ha quedado una imagen superior a su obra. Y con Poe también. Cuando pensamos en ellos -que se parecen bastante- pensamos en tres individuos más que en sus páginas. Si yo tuviera que hacer una antología me resultaría difícil elegir un cuento de Poe que me agrade del todo, salvo que sea el relato “Gordon Pym”. Pero, en cambio, me doy cuenta de que la suma de lo que él escribió corresponde a un hombre de genio, aunque ese genio esté desparrama­do por toda su obra. Y yo creo que la mejor prosa castellana -de este o del otro lado del Atlántico, de este o de otro siglo- ha sido escrita por Alfonso Reyes, pero al mismo tiempo Alfonso Reyes está disperso en toda su obra, y quizá para la fama del escritor convenga poder pensar inmediatamente en un libro. Por ejemplo… si digo Shakespeare pienso -sin duda- en Macbeth o en Hamlet, pero si digo Alfonso Reyes… está desparramado.

Tomás Barna: ¿Qué importancia le da, en las letras argentinas, a esos dos grupos literarios que fueron el de Florida y el de Boedo?

Jorge Luis Borges: Sí, yo recuerdo muy bien. Eso fue una broma. Fue tramado por Roberto Mariani y por Ernesto Palacio, que dijeron: “En París hay cenáculos, hay polémicas; eso hace que la vida literaria se haga más interesante. Aquí necesitamos eso”. Entonces me avisaron a mí, y dije: “Bueno, yo no conozco la calle Boedo. Pero yo preferiría estar en el Grupo de Boedo porque la calle Florida no tiene nada de particular”. Ellos -que ya habían creado ambos Grupos querían contar conmigo. Y don Ernesto me dijo: “Ya te hemos puesto en Flo­rida, y como es una broma…no importa. Y, luego, eso ha sido toma­do en serio por las universidades. Pero nosotros no lo tomamos en serio. Recuerdo que Nicolás Olivari era de Boedo y Florida. Ricardo Güiraldes era de Florida porque le habían dicho que tenía que ser de Florida. Roberto Arlt era de Boedo y era secretario de Güiraldes que -como dije- pertenecía a Florida. Y ya ve: a mí me pusieron en el Grupo de Florida sin que lo quisiera. Si yo estaba escribiendo poemas sobre las orillas de Buenos Aires. Jamás se me hubiera ocu­rrido escribir sobre el centro, aunque he nacido en el centro. Quizá por eso me interesan las orillas, porque las veo como un poco extrañas.

Tomás Barna: ¿Qué es más enriquecedor para el espíritu: la escritura o la lectura?

Jorge Luis Borges: La escritura enriquece, pero desde luego enriquece menos que la lectura, aunque en general corren parejas las dos. Yo no sé si soy un buen escritor, pero creo ser un buen lector y de muchas litera­turas. Tuve la suerte de que en casa se hablara indistintamente en castellano y en inglés. Mi abuela materna -que se casó con el coronel Borges- era inglesa.La cultura, en aquel tiempo, era francesa. Ahora hemos pasado del francés al inglés. Pero es un error, porque el francés se estudiaba en función de la literatura francesa, y el inglés no se estudia en función -por ejemplo- de Marlowe o de Shakespeare o de Shaw. No. Se estudia con fines comerciales. En cambio el francés se estudiaba para gozar del idioma y de la lite­ratura francesa. La gente hablaría muy mal francés, con un pésimo acento como el mío, pero todo el mundo podía gozar de la literatura francesa. En cambio ahora la gente estudia inglés y no lo hace para gozar de la casi infinita literatura inglesa sino por cuestión de negocios, sobre todo con gente de Nueva York.

Tomás Barna: Algunos de sus últimos cuentos -Borges- tienden hacia una lite­ratura de tipo oral, conversacional; parecen -me atrevería a decir- un poco menos “escritos”.

Jorge Luis Borges: Le agradezco mucho esto que me dice. Sí. Mi generación sufrió el influjo de Lugones. Y Lugones -a quien se llamó el poeta del diccio­nario- tendía a usar todas las palabras. Y creo que es un error. Creo que uno debe escribir sólo con aquellas palabras que tienen un impulso vital. Palabras que correspondan a nuestra experiencia. En cambio…Lugones tenía esa idea española de que un escritor debe tener un vocabulario rico. Y todos lo imitábamos. Ahora yo trato de eliminar toda palabra que pueda hacer que el lector consulte el diccionario, salvo en el caso de palabras que son inevitables; por ejemplo si yo digo “silogismo” o “metáfora” o “hipérbaton”, esas palabras pueden parecer pedantescas pero no hay otro modo de expresar los conceptos que mediante esos vocablos. Pero yo trato de escribir de un modo sencillo. Y además trataría de que en mis cuentos, ahora, se notaran menos las líneas que las páginas, y menos las páginas que el conjunto. Intento escribir de un modo que no moleste al lector. De un modo lo menos vanidoso posible.

Tomás Barna: ¿Ser argentino es un acto de fe?

Jorge Luis Borges: Sí. Creo que yo he dicho eso alguna vez. ¿Y qué otra cosa puede ser? Ser argentino, ser chileno, ser holandés… ¿qué otra cosa puede ser? Yo no creo que corresponda a los colores de un mapa. Ni étnicamente, sobre todo, no tiene ningun sentido. En ningún país ser de un país tiene un sentido étnico. ¿Qué sangre tiene usted?

Tomás Barna: Mi origen es húngaro.

Jorge Luis Borges: ¡Caramba, quien lo hubiera dicho!

Tomás Barna: ¡Pero qué importancia tiene eso, si me siento profundamente argentino y -a la vez- un fragmento pensante de nuestro planeta!

Jorge Luis Borges: Me gusta eso porque quiere decir, Barna, que usted se siente habitado por un sentimiento de universalidad. Dígame, ¿cómo se dice: Árpad o Arpad?

Tomás Barna: Árpad.

Jorge Luis Borges: Bueno, entonces usted es un hijo de Árpad. Es decir que es leja­namente asiático, y -sin embargo- usted es tan argentino como yo. Y yo tengo una mayoría de sangre española, una cuarta parte de sangre inglesa, una parte de mis bisabuelos son de sangre portu­guesa, una lejana parte de sangre francesa (normanda), y creo que algo de sangre belga, y -sin duda- sangre judía… ya que mi ape­llido materno (Acevedo) es judío portugués; y, por supuesto, sangre árabe como casi todos los españoles. De modo que no creo que poda­mos definir lo argentino por la sangre. Sin embargo sabemos que somos inexplicablemente, irreparablemente argentinos, más allá de las vicisitudes políticas o por los gobiernos… que no son muy importantes.

Tomás Barna: Ahora, en vez de hacerle una pregunta, Borges, hábleme de algo que usted tenga ganas de expresarme en este momento. Dejemos que el azar le sugiera un tema.

Jorge Luis Borges: Bueno… veamos, por ejemplo, la etimología de la palabra “Náusea”.

Tomás Barna: ¿Náusea? ¡Qué interesante conocer el origen de ese vocablo!

Jorge Luis Borges.- “La “nausée” (en francés). Y en latín es la palabra “nauis” o “navis”. Náusea es lo que uno siente, a veces, cuando está a bordo de una nave. De modo que la palabra “navis” -latina- dio “naval”, “náutico” y “náusea”. Así que la raíz está en “navis” latina.

Tomás Barna: Creo que ni a Sartre, que se ocupó a fondo de la náusea, se le ocurrió esto.

Jorge Luis Borges: Así parece. Además, se pronunciaba “nauis”, que suena casi igual que náusea. Como en español… “mareo” viene de mar. Ya ve, es una linda etimología. Tan evidente que a nadie se le ocurre. Y yo creo que Sartre habrá usado la palabra “nausée” para levantarla, ya que no deja de ser un poco infame. Aunque si un escritor de la talla de Sartre elige un vocablo como título, es natural que le interese la etimología. Pero, en fin, eso no importa.

Tomás Barna: Claro, él se ocupó, pienso, mucho más de la sensación que pro­vocaba un estado de ánimo poblado de angustia.

Jorge Luis Borges: Sí, con toda seguridad. Por otra parte, nadie piensa que Centro Naval -por ejemplo- y náusea se parezcan, ¿no? (Y vuelve a sonreír con ironía.)

Tomás Barna: Con respecto a todo lo que tiene vida ¿el progreso y la civili­zación han obrado positiva o negativamente? ¿No se contradicen? El progreso, muchas veces, atenta contra la naturaleza, y como el hombre es naturaleza… ¿por lo tanto no atenta contra el hombre, contra la vida y hasta contra la armonía universal?

Jorge Luis Borges: Sin duda alguna. Y esto me lleva a recordar una frase muy linda de un tocayo suyo en nombre y apellido: Sir Thomas Brown (porque Browm es Braun en alemán y Barna en húngaro; es decir…marrón o moreno, lo que equivale al apellido Moreno en español). Sir Thomas Brown dijo, en el siglo XVII: “Todo es artificial, pero la natura­leza es el arte de Dios”. Si uno cree en Dios, un árbol es tan ar­tificial como un instrumento de música. Y si uno cree en un Dios personal, todo es artificial; salvo que lo natural es mucho más complejo. Un hombre es más complejo que un muñeco.

Tomás Barna: ¿Qué piensa, Borges, de la íntima correlación entre el amor, la vida y la muerte?

Jorge Luis Borges: Yo no sé si soy capaz de pensamientos tan abstractos como ésos.Yo tiendo a pensar por medio de fábulas o de metáforas. Usted usa palabras tan abstractas como amor, vida y muerte, que no puedo contestarle.

Tomás Barna: Pero su respuesta puede ser una hermosa metáfora.

Jorge Luis Borges: Sí, quizá. Pero no se me ocurre en este momento. (Un corto silencio.) Desde luego… yo no creo en la inmortalidad personal. Eso me da una gran tranquilidad: pensar que voy a cesar. Porque la gente que cree en la inmortalidad póstuma está aterrada. Piensan que serán juzgados. Oyen, algunos, la voz de un ángel que les anuncia la muerte y que se los juzgará. Me parece un poco ridículo, ¿no? Yo no tengo una idea tan pueril de Dios. Es una idea jurídica de Dios que me parece absurda.

Tomás Barna: ¿Qué nos puede decir de los cuatro grandes períodos de la existecia humana: la infancia, la juventud, la madurez y la vejez?

Jorge Luis Borges: Mi deber es contestar que el más propicio, el que puede acercar­nos más a la felicidad, es la vejez, ya que evidentemente uno es viejo; pero no sé si eso es verdad. Posiblemente no. Lo más po­sible es que sea la infancia el período más feliz, cuando uno está descubriendo todo. La juventud… bueno, los jóvenes son muy vanido­sos. Si son gente educada todos quieren ser Hamlet o Baudelaire o un personaje de la novela rusa. Ya la madurez puede ser mejor. Y la vejez tiene, por lo pronto, esta ventaja: uno conoce sus límites; uno sabe qué puede hacer, y sobre todo qué no puede hacer. Por ejemplo, yo sé que puedo intentar, con mayor o menor felicidad -digamos con menor felicidad- un cuento o un poema; que no debo intentar una pieza de teatro o una novela, por ejemplo. Y sé que no puedo contar con muchos amigos, sino sólo con a, b y c; posible­mente con d y e…menos. Y uno se acostumbra a todo. Bueno, la vida es una mala costumbre. Es más fácil resignarse cuando uno es viejo, aunque no siempre es fácil.

Tomás Barna: ¿Y qué es ser feliz?

Jorge Luis Borges: Yo hablaba de eso con Silvina Ocampo, noches pasadas. “No hay personas felices” -me dijo ella-. Yo le dije: “Sí, son felices las personas que uno no conoce; en cuanto uno conoce a alguien, uno se da cuenta de que tiene sobrados motivos de desdicha”. Pero quizá al cabo de un día habrá habido instantes de cielo e instantes de infierno. Sé que ambos instantes son efímeros y quizá no sean muy importantes. Schopenhauer dijo que “los paraísos de la literatura no satisfacen”. Vamos a empezar por el más ilustre: el “paradiso” dantesco. En cambio los infiernos, sí. La razón es muy fácil. El hecho es que el paraíso es una vaga esperanza. Y contra el infierno no se puede: no hay ninguna dificultad en crear infiernos litera­rios, puesto que ya estamos allí.

Tomás Barna: Si tuviera que nacer de nuevo, Borges, ¿en qué mundo le gusta­ría vivir?

Jorge Luis Borges: Yo creo que he elegido bien la fecha: 1899. Siento que este mundo está declinando. Si pienso en el siglo XX me parece inferior al XIX. El XIX inferior al XVIII. En fin, tengo la impresión de que todo está declinando, pero es posible que el que esté declinando sea yo simplemente, y yo no sé acomodarme a un mundo distinto. Desde luego…nos ha tocado una época triste, salvo que el presente quizá sea siempre triste. La gente tiende a situar la felicidad en una época anterior. Por ejemplo.. .Mujica Láinez habla continuamente de “la belle époque”. A nosotros nos parece bella porque estamos lejos de esa época, pero a quienes les tocó vivir en ella no la vie­ron “belle”. Fue la época de los primeros atentados anarquistas debido a la miseria y a las desigualdades sociales. La “belle époque” es una simple ilusión. Y ahora se tiende a suponer que la felicidad está en el porvenir. Pensamos en utopías futuras y no en paraísos perdidos.

Buenos Aires, Julio de 1980.


Fuente : Epanadiplosis
http://epanadiplosis.wordpress.com/category/jorge-luis-borges/

Ana María Rivera : Recital Poético sobre textos de J L Borges


En la memoria y la voz colombiana de Ana María Rivera, y la música para clarinete,piano, y pantágora, de Alejandro Díaz.

El Sueño de Pedro Henríquez Ureña

"El Sueño de Pedro Henríquez Ureña" de Jorge Luis Borges, conforma uno de los diecinueve textos del Recital Poético "El Oro de los Tigres" en gira internacional.

Ésta serie de videos sobre textos de Jorges Luis Borges, son una manera de dar a conocer nuestros Recitales Poéticos en repertorio, "Luna de Enfrente", y "El Oro de los Tigres"; y con ello una invitación a la lectura y relectura del autor. Agradecemos su difusión



Edición de Audio: Alejandro Díaz

Edición y Dirección :Ana María Rivera

Poema de los Dones

Borges Recitales "Poema de los Dones", de el libro "El Hacedor", de Jorge Luis Borges.En la Memoria y la Voz Colombiana de Ana maría Rivera, y la Música Original, para Piano, Clarinete y Pantágora, de Alejandro Díaz-Lamprea.



Estos videos poemas hacen parte de nuestro Recital Poético "El Aleph", en gira internacional 2012. Proyecto "Temporartes 2012. El Paraíso en Forma de una Biblioteca: Destino Sudamericano, en Concertación con el Ministerio de Cultura de Colombia, y la Corporación Artes Escénicas del Tolima.

El Videopoema , "Poema de los Dones", está dedicado a Augusto Garrido Huergo , y su Grupo de Estudio de Borges 1999-2012.

Infierno I, 32

Borges Recitales "Infierno I, 32", de el libro "El Hacedor", de Jorge Luis Borges.En la Memoria y la Voz Colombiana de Ana maría Rivera, y la Música Original, para Piano, Clarinete y Pantágora, de Alejandro Díaz-Lamprea.



Estos videos poemas hacen parte de nuestro Recital Poético "El Aleph", en gira internacional 2012. Proyecto "Temporartes 2012. El Paraíso en Forma de una Biblioteca: Destino Sudamericano, en Concertación con el Ministerio de Cultura de Colombia, y la Corporación Artes Escénicas del Tolima.
El Videopoema "Infierno I,32", está dedicado a nuestras amigas en Borges, Isabel Ackerley, y Alejandra Crespin Argañaraz.


Fuente:
http: museodelaeterna7.blogspot.com
http:borgesrecitales.blogspot.com