sábado, 25 de diciembre de 2010

Beethoven en el laberinto de Calixto Bieito



El director de escena estrena en la Ópera de Múnich una versión de 'Fidelio' en la que sustituye los fragmentos declamados del libreto por textos de Borges






Para el director de escena Wieland Wagner (1917-1966) "la exigencia de fidelidad a la época en que una obra fue escrita" le parecía falsa, "ya que", argumentaba, "conduce fatalmente, si uno la respecta, a una puesta en escena anticuada". Y concluía que "se debe escenificar cualquier obra de teatro musical como si acabara de ser compuesta".


El nieto de Richard Wagner lo explicó en una de las entrevistas que mantuvo con el musicólogo Antoine Golea a propósito de su puesta en escena de Fidelio, de Beethoven. Calixto Bieito no ha sentido necesidad de ampararse en ningún mítico renovador de la dirección de escena para sacudir el mundo de la ópera en la última década. Pero no duda el director de escena español en elogiar la modernidad del Wieland Wagner cuando habla de su propia versión de Fidelio, que acaba de estrenar en la Ópera de Múnich, uno de los grandes teatros líricos de Alemania y del mundo, con las entradas agotadas para todas las funciones desde hace meses y con 15 minutos de aplausos sazonados con algunos abucheos, pocos para lo que se auguraba que el conservador y rico público del coliseo muniqués regalaría al enfant terrible de la escena lírica. Quien se llevó la bronca fue el director de orquesta italiano Daniele Gatti, cuya dirección musical, de contrastados tempi que recordaban a Rossini, a no gustó a una audiencia que, como todos los alemanes, conoce a la perfectamente y venera la única ópera de Beethoven.



Discusiones hubo entre el público de la Ópera de Múnich en el entreacto y al finalizar la representación de la noche del estreno a propósito si el teatro debía haber presentado la obra no como Fidelio sino como una versión a propósito de Fidelio. Y es que Calixto Bieito transforma el canto a la esperanza y a la fidelidad que Beethoven plasma en su ópera en un espectacular y desasosegante laberinto por el que transitan, perdidos física y mentalmente, los personajes de la obra, y a su juicio también la sociedad actual. Pero además del concepto, que no siempre permite reconocer a los personajes del argumento original -una mujer que en el siglo XVIII se disfraza de hombre con el propósito de trabajar en la cárcel en la que presume está encerrado su marido por motivos políticos para poder liberarlo-, el director de escena suprime los diálogos hablados de la ópera por añadir los dos poemas sobre el laberinto escritos por Jorge Luis Borges, uno de los cuales es recitado justo cuando se levanta el telón antes de que suene la obertura Leonora III -15 minutos de puro sinfonismo beethoveniano-, fragmentos de uno de sus cuentos y textos de Kafka.



"Tenía claro que no quería hacer una ópera política. De hecho, la trama política de Fidelio es débil, en realidad más que política es una ópera filosófica, de emociones", cuenta Bieito. Pero pese a tener claro qué es lo que no quería hacer, no lograba acertar con la idea de cómo pasmar todo ello escenográficamente. Junto a la alemana Rebecca Ringst, su escenógrafa, trabajó en varios proyectos con la idea de reproducir una prisión americana, desechados por ser una imagen demasiado vista, sea en reportajes televisivos o fotografías de prensa. Hasta que al final dio con lo que buscaba: "Personas prisioneras de sus pasiones y emociones". Y esa prisión emocional y física se ha traducido en una gran estructura de metacrilato y neón en forma de laberinto vertical, de nueve metros de altura, por la que sube y baja el espléndido reparto de cantantes que encabezan la soprano Anja Kempe -muy creíble en el personaje de Leonora/Fidelio-, y el mediático tenor Jonas Kaufmann -un deprimido Florestán deambulando en pijama de hermoso timbre y perfecto estilo-, tratando de encontrarse o liberarse del laberinto mental en el que están encerrados.



Es ese laberinto, magnífica creación de Ringst, que se abate a telón abierto al inicio del segundo acto, el que se erige en auténtico protagonista de la representación. Pero la metáfora visual no tarda en agotarse. Ello no quita que la propuesta de Bieito esté salpicada de magníficos, estremecedores e intensos momentos, como la negación, al inicio, de Leonora de su condición de mujer vendándose a la vista del público los pechos para pasar por un hombre; el suicidio, por ahorcamiento, de un preso mientras canta "¡Hablar bajo¡ ¡Conteneros!/ Nos espían con orejas y ojos"; o el descenso en tres jaulas -evocando los campos de concentración- de los músicos del Cuarteto Odeón mientras interpretan el molto adagio del Cuarteto de cuerda núm. 15, opus 132, de Beethoven tras el primer final en el que Leonara rescata a Florestán de su prisión, aquí atrapado en si mismo en una prolongada depresión.



Para el segundo final Bieito echa mano de un golpe de efecto al hacer aparecer a Don Fernando, ministro del rey en visita por sorpresa a la prisión para excarcelar a los presos, transmutado en el Joker, el achienemigo de Batman en versión Heath Ledger de El caballero oscuro. Don Fernando representa el poder y Calixto Bieito y no duda en dibujarlo como un psicópata, desaprensivo e impredecible. De hecho se carga a Florestán de un disparo justo tras ser liberado para luego, inmediatamente resucitarlo. El sueño de la utopía beethoveniana. "Nadie te puede salvar, pero siempre puede haber alguien que ayuda a vivir", concluye el director de escena.

Fuente : El Pais – España
LOURDES MORGADES –
Múnich - 24/12/2010

Borges en la Biblioteca Pública Miguel Cané



La Biblioteca Pública Miguel Cané, decana de las Bibliotecas Municipales de la Ciudad de Buenos, fundada a iniciativa de la luego Dirección General de Bibliotecas Municipales, se inauguró el 11 de noviembre de 1927. El éxito del emprendimiento, medido en el número de lectores que visitaban la casa, obligó muy pronto a su traslado a un nuevo y moderno local, ubicado en Av. Carlos Calvo 4311/23, parte del cual se conserva aún hoy. .La importancia que alcanzó este acontecimiento para la época la señalan las presencias en su apertura de funcionarios de alto rango, como el Sr. Ministro del Interior, Dr. Leopoldo Melo, el Rector de la Universidad de Buenos Aires Dr. Vicente Gallo y del escritor Gustavo Martínez Zuviría, Director de la Biblioteca Nacional , etc. Nos informa el historiador Arnaldo I.Miranda, en su trabajo: La Biblioteca Municipal "Miguel Cané". Orgullo cultural del Barrio de Boedo (Primer Congreso de Historia del Barrio de Boedo, t.1, JEHBB, Bs.As., 1997), que (la biblioteca)..."Contaba, también con pupitres individuales, cuyos modelos fueron tomados de los existentes en la Biblioteca Nacional de Amberes: los experimentos realizados para la sala de lectura de la Biblioteca de Michigan-Estados Unidos de Norteamérica-sirvieron de base para la instalación de luz localizada para cada lector......Respecto de los ficheros. Eran éstos únicos en su género pues permitían hallar la pieza bibliográfica deseada por cinco mecanismos distintos....Esta casa, modelo en Sudamérica....era la biblioteca más concurrida de Buenos Aires, llegando a atender diariamente un promedio de setecientos lectores"



En 1937 Borges consigue por recomendación de Francisco Luis Benárdez un empleo en la biblioteca municipal Miguel Cané, en Almagro Sur, donde cataloga libros y, en sus ratos libres, se dedicaba leer y a escribir sus primeros cuentos.

En uno de los paneles chiquitos que recuerdan a ese Borges que asoció su imaginación y su vida a estas calles y a este sitio hay un texto hermoso de Jorge Edwards que recuerda esa letra menuda y urbana desde la que se produjo finalmente el prodigio de ser Borges.



Su sitio de trabajo, donde escribía, hacía fichas de libros y leía, cuando aún tenía vista y venía hasta acá leyendo la Divina Comedia en el tranvía 27, es un rectángulo muy pequeño que ahora se visita como si fuera el santuario laico en el que uno esperaría hallar la atmósfera del mito más extraordinario de la literatura en español del siglo XX.




Una historia simpática que recuerda Miguel de Torre Borges, sobrino del escritor, lo sitúa en esa biblioteca ilegible de los arrabales del sur. Cierto día, un compañero del trabajo, "el Rufián" Bogdano, encontró en un Apéndice de 1931 de la Espasa, una pequeña nota sobre un tal Jorge Luis Borges. Esa entrada presentaba una foto -con moñito y bigotes- y el texto: "Poeta y literato argentino, nacido en Buenos Aires en 1899". Bogdano comentó la graciosa coincidencia de que existiera un mismo nombre para dos personas, sin percatarse de que eran la misma. Borges aclaró el asunto, pero no le creyeron.



La Biblioteca Pública Municipal Miguel Cané, que goza de fama internacional y se registra en las guías de turismo más afamadas, por ser el primer lugar de trabajo como empleado público, de Jorge Luís Borges. Allí Borges en una habitación del primer piso que aún conserva su escritorio, trabajó como auxiliar de bibliotecario, registrando y catalogando libros y escribiendo en sus ratos libres, entre 1937 y 1946 parte de sus memorables obras.



En 1946 se vio obligado a renunciar a su empleo de la biblioteca tras el ascenso al poder de Juan Domingo Perón.

La Razón - 1946



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Biblioteca Miguel Cané



Carlos Calvo 4919/23

En un local de reducidas dimensiones, ubicado en la esquina de Independencia y Castro Barros, se habilitó –el 11 de noviembre de 1927– la primera Biblioteca Municipal de Buenos Aires, que con el tiempo enorgullecería al barrio de Boedo. Bautizada con el nombre del autor de Juvenilla, don Miguel Cané, muy pronto contó con numerosos lectores, superando las 300 personas por día. El auge de la actividad motivo años después el traslado a un nuevo y cercano emplazamiento, pasando a ocupar una amplia construcción de dos plantas y subsuelo, sita en Carlos Calvo 4311/23, reduciéndose luego a la finca bajo el número 4319/23, que ocupa actualmente.

La ceremonia de inauguración del nuevo local, el 6 de diciembre de 1935, fue brillante. Asistieron a ella, además de un numeroso público, altas autoridades nacionales, como el entonces Ministro del Interior, Dr. Leopoldo Melo, el Rector de la Universidad de Buenos Aires, Dr. Vicente Gallo y D. Gustavo Martínez Zuviría, Director de la Biblioteca Nacional.



En la planta baja fueron ubicados el salón principal, la hemeroteca, la oficina de informes y la sala de lectura. En la planta superior funcionaba la dirección del establecimiento, la administración, el archivo y depósito.

El amoblamiento, sistema de ficheros y lumínico tuvo en cuenta los últimos adelantos de la época para estos emprendimientos. Estas condiciones hicieron que la biblioteca fuera la más concurrida de todo Buenos Aires, llegando a atender diariamente un promedio de setecientos lectores.



En esta biblioteca trabajó, durante muchos años, el escritor Jorge Luis Borges, motivo por el cual en una de las remodelaciones realizadas durante los últimos años, en el piso superior del edificio se inauguró un espacio cultural que lleva el nombre del ilustre hombre de letras.

Fuente : Boedo un barrio con historias
Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires

Borges por él mismo - Fundación mítica de Buenos Aires

Borges y los Beatles - Museo Beatles en Buenos Aires



Borges decia que "le gustaban los Beatles porque ese tipo de música tenía enorme fuerza, terrible pero vital".

Así lo afirmó María Kodama, última esposa del celebre escritor Argentino, en una conferencia que dió en Paris. Jorge Luis Borges escuchaba a Pink Floyd, los Beatles y los Stones; aborrecía a Beethoven y a Gardel; tenía pasión por la comida japonesa y dejó de tomar vino cuando un amigo de su padre vaticinó que se volvería un "borracho perdido". Así lo reveló su viuda María Kodama en París, donde se exponen 130 fotos de los viajes personales del genial escritor por el mundo. La noticia fue difundida por la agencia Télam.



"Él decía que era sordo musical porque tenía sólo oído para la música de la palabra. Decía que Beethoven no le gustaba, lo que producía horror en la gente entendida; y creía que Gardel había arruinado el tango porque lo había hecho sentimental y llorón", recordó Kodama en una entrevista que concedió a BBC Mundo en París, donde se exhibe la muestra "El Atlas de Borges".

Borges - Lenon


"Pero le gustaban Brahms, Bach, la música antigua, medieval, la música folklórica, la milonga y los tangos de la 'guardia vieja', como los llamaba, porque eran como milongas: tenían letras divertidas, en doble sentido", repasó Kodama.

Le gustaba ese tipo de música porque decía que tenía enorme fuerza, terrible pero vital". Los Rolling Stones y los Beatles "le encantaban por su fuerza increíble".


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El primer museo de los Beatles en Latinoamérica está en Buenos Aires




Reúne una amplia variedad de objetos, desde autógrafos y cheques firmados por los cuatro de Liverpool a un ladrillo del pub The Cavern y preservativos con la imagen de John y Yoko. Se abrió, además, la sala John Lennon.



No todo lo que orbita alrededor del cuarteto musical más famoso de Liverpool está tan lejos de Buenos Aires. Rodolfo Vázquez es argentino y es el coleccionista de objetos de los Beatles más importante del mundo. Por eso mismo, en 2001 ingresó al Libro Guiness de los récords. En la actualidad acumula más de 8500 ítems, dentro de un catálogo donde se mezclan figuritas, fotos, discos, piezas de vestuario, videos, juegos de mesa y objetos tan exóticos como cheques firmados por los famosos músicos o una caja de preservativos con la imagen de John Lennon y Yoko Ono. El miércoles, con música alusiva en vivo en el complejo teatral Paseo La Plaza, el infatigable coleccionista hizo realidad dos nuevos sueños: transformar su tesoro privado en el primer museo dedicado a los Beatles en América Latina y también inaugurar la sala de teatro John Lennon.



“Este es el único museo sobre los Beatles cuyo catálogo pertenece a un coleccionista privado. Es realmente el único en el mundo después del The Beatles Story en Liverpool”, cuenta Vázquez, seguro de que su pasión lo mantiene “vivo y activo porque siempre hay algo nuevo para agregar”. Hasta la inauguración de este nuevo espacio, que estará abierto al público desde el próximo 3 de enero con una entrada de 10 pesos, su colección de objetos sólo había hecho algunas giras para exhibiciones en el interior del país. Construido junto al Cavern Club Buenos Aires, que recrea la atmósfera del mítico pub The Cavern de Liverpool donde John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr comenzaron su carrera en Inglaterra –y con el cual desde hace una década se celebra anualmente en Buenos Aires la “Semana Beatle de Latinoamérica”, que este año atrajo a más de 3000 visitantes–, el nuevo museo porteño apuesta a atraer la atención de los fans más veteranos de los Beatles y la curiosidad renovada de nuevas generaciones.



En el interior del Paseo La Plaza, en plena avenida Corrientes y al alcance tanto de paseantes locales como de turistas, el único museo sobre Los Beatles a este lado del océano Atlántico es de por sí una propuesta original. La oportunidad para su inauguración no podía ser mejor: este año no sólo Paul McCartney pasó con su última gira por Buenos Aires, reavivando la clásica beatlemanía, sino que además se cumplieron 40 años desde la separación del grupo, 70 desde el nacimiento de John Lennon y 30 desde su asesinato en Nueva York. Una conjugación que hizo de 2010 el “año beatle” en el mundo. “Sé que hay más gente de la que uno cree que ama a los Beatles; y si no es un fan, seguro que al menos le gustan. A Paul lo fueron a ver más de 90 mil personas en Buenos Aires y muchas otras se quedaron con las ganas. Visitar el museo vale la pena: van a ver cosas que difícilmente puedan ver en otro lado. Las nuevas generaciones se van a sorprender”, dice Vázquez.


Entre sus tesoros hay piezas capaces de impresionar incluso a quienes mejor conozcan la historia de la banda. Por supuesto, los autógrafos de puño y letra de cualquiera de los Beatles a la vista tienen un poder magnético único. Pero no faltan otros objetos maravillosos, cargados con buena parte de la energía de su historia. Entre ellos, un pedazo del escenario del Star Club de Hamburgo, Alemania, donde la banda tocó antes de alcanzar la fama mundial; una baldosa del antiguo orfanato Strawberry Fields, que sirvió de inspiración para una de las canciones legendarias del conjunto, y hasta un ladrillo del pub The Cavern original. “Lo que más me costó conseguir es la baldosa de Strawberry Fields; y el más caro, no lo sé, hay colecciones de figuritas que cuestan mucho dinero, algunos discos también, autógrafos, cheques firmados por Harrison o Ringo…”, cuenta Vázquez, que desde su niñez “comenzó a juntar cosas, algo muy distinto a ser coleccionista”, aclara, rodeado de los cofres de madera desde los que hace semanas desembala con sumo cuidado la exhibición. Cada uno de esos baúles luce un mismo rótulo orgulloso: “Rodolfo R. Vázquez’s Beatle Collection”.



“Es bastante difícil para un coleccionista elegir un objeto determinado”, dice cuando se le pregunta por un ítem favorito. “Cada pieza vale lo mismo más allá de su valor monetario. Pero amo un autógrafo de Lennon que compré luego de su muerte. Fue lo que me decidió a empezar”, recuerda. Para quienes necesiten tener una idea del valor monetario de la colección para acercarse a la exhibición, hay algunas coordenadas del propio mercado. Un buen autógrafo de McCartney o Ringo, por ejemplo, puede cotizarse en alrededor de 3000 dólares, mientras que los de Harrison o Lennon varían entre los 4500 o 5000 dólares. Vázquez, sin embargo, aclara que sólo estaría dispuesto a vender piezas de su colección si se tratara de ítems ya repetidos o que pudiera volver a recuperar.



Pero los cuatro de Liverpool no hicieron de Rodolfo Vázquez un coleccionista infatigable, sino también un escritor y dramaturgo premiado. Sobre el Museo Beatle y con una capacidad para 70 espectadores, se emplaza la sala John Lennon. A partir del 7 de enero, con funciones nocturnas los viernes y sábados y entradas que rondarán los 70 pesos, se estrenará Diamantes en el paraíso. Una pieza escrita por el propio ganador del Guiness –a punto también de publicar un libro sobre el coleccionismo y otro sobre la bibliografía existente de los Beatles–, que narra a través de diálogos y números musicales, el encuentro imaginario de Lennon y Harrison en el cielo.



Con las actuaciones de Yumi Miyagi, Cristian Centurión y Federico Rimau, la propuesta de Diamantes en el paraíso es recrear anécdotas e historias íntimas alrededor de la trayectoria musical de los Beatles, pero también colocar en tensión cuestiones filosóficas diversas, que alcancen a un público multigeneracional y contemporáneo, no necesariamente conocedor de la vida de los Beatles. Entre esos temas, tal vez el más interesante es el eclipse de los proyectos políticos pacifistas colectivos (encarnados en la militancia de Lennon en los años setenta) y el triunfo del espiritualismo individualista (encarnado en Harrison y su acercamiento a la filosofía hinduista). “La obra ya se presentó en Mar del Plata en 2002 y ganó el premio Estrella de Mar. Hace ya dos meses que ensayamos para esta reposición”, explica el director y responsable de la puesta en escena, Gabriel Gestal, experimentado maestro de práctica vocal en la escuela de comedia musical de Julio Bocca y Ricky Pashkus. “Es una apuesta valiosa que en el contexto actual del teatro se abran nuevas salas. Atraer gente es un desafío y la producción musical y escenográfica detrás de esta obra aspira a lograr ese desafío”, asegura Gestal, encargado además de los arreglos vocales de las canciones de los Beatles, que en la obra se presentan en castellano. Una forma más para que la banda que cambió la historia de la música desde Liverpool pueda sentirse mucho más cerca de Buenos Aires.

Fuente : Tiempo Argentino
Nicolás Mavrakis
24 - 12 - 2010

viernes, 24 de diciembre de 2010

Josías McElheny un artista Borgeano



Josías McElheny nació en Boston, Massachusetts en 1966, y vive y trabaja en Brooklyn, Nueva York. Obtuvo un BFA de la Escuela de Diseño de Rhode Island, y fue aprendiz de sopladores de vidrio maestro Ronald Wilkins, Ritzman Jan-Erik, Caarlson Sven-Ake, y Lino Tagliapietra.

McElheny crea finamente trabajados, objetos de cristal hechos a mano que combina con fotografías, texto y muestra museológica para evocar nociones de sentido y la memoria.



Si recrear objetos milagrosos de vidrio representado en pinturas del Renacimiento o las versiones modernizadas de vidrio o de fotografías documentales, o la extrapolación de las historias sobre la vida cotidiana de los pueblos antiguos a través de los restos de sus posesiones y vidrios de uso doméstico, el trabajo de Josías McElheny toma como sujeto del objeto, idea, y el nexo social de vidrio.

Influido por los escritos de Jorge Luis Borges, el trabajo McElheny a menudo toma la forma de “histórica ficción”-que ofrece al espectador a creer o no. Parte de la fascinación McElheny con narración de cuentos es que la fabricación de vidrio forma parte de una tradición oral transmitida de generación en generación, artesano a artesano.





Josiah McElheny cuentos de cristal

Recuerdo haberme quedado fascinado por una demostración de un soplador de vidrio en Venecia; han pasado años y muchas imágenes, pero aquélla continúa emergiendo como capítulo persistente en mi memoria. Al acercarme a la obra de Josiah McElheny, esta imagen volvió a ocupar mi cabeza. Y esa materialización física de lo que hoy sólo puede ser reconstruido por la imaginación y que, en cierto modo, se nos presenta como testimonio real, es el ejercicio que nos propone este contador de cuentos que es Josiah McElheny en su primera muestra para un museo europeo.



Su obra se conforma a partir de una serie de objetos y de historias a las que él da forma en vidrio. Se crea así una tensión que obliga al espectador a tomar una actitud activa, de interrelaciones frágiles entre lo aprendido y lo imaginado. Pero este artista norteamericano, nacido en Boston en 1966, se aleja de todo efectismo que se pueda presuponer del hecho de transmutar en real lo virtual o de la mera habilidad que demuestra como maestro soplador de vidrio. De hecho su primera inclinación por el vidrio soplado fue a partir del interés que le generaba su propia historia, flaca y quebradiza como toda transmisión oral, abierta, de complicidades heredadas. Una historia periférica y sin punto central como la Biblioteca de Babel de Borges, lo que tal vez explique su temprana devoción por éste.





Sus objetos devienen, por tanto, en una suerte de ready-made reinventado. Objetos que huyen de su contexto para sementar dudas en su reubicación expositiva. McElheny no trata de dotar de un significado estable a sus objetos, sino que demanda en éstos una capacidad para trazar metáforas. Así, los objetos guardan historias, como en From an Historical Anecdote About Fashion, donde se narra y reproduce la serie de jarrones de maestros cristaleros de la fábrica Venini que tienen como modelos los vestidos de la esposa del dueño que lucía por la fábrica diseños de Christian Dior. McElheny apela a la memoria, íntima como cuando reconstruye Los actos de fe de Verzelini, en todo caso misteriosa, como el espejo, como el vidrio, producto de la mirada tensa.

Fuente : El Cultural
15-05.2002

La oftalmología en la obra poética de Jorge Luis Borges (I)



SECCIÓN HISTÓRICA

La ceguera no debe verse como un patetismo;
la ceguera debe verse como un modo de vida.
Jorge Luis Borges



El arte pretende expresar percepciones, lecturas y sensaciones que tenemos los seres humanos y que no son explicables de otro modo, con sus propios patrones de belleza o estética (1). La noción del arte es hoy sujeta a polémicas y debates cada vez más encarnados, debido a que el significado de la palabra «arte» varía según la cultura, la época, el movimiento, o el grupo de personas para las cuales el término es productor de sentido (2).

La contemplación de la literatura –una de las Bellas Artes– nos remonta fácilmente a la dicha y la recreación de ese mundo que leemos. De sus géneros, la creación poética destaca por promover la estética y armonía en su lenguaje.

La medicina colabora en la creación del mundo literario (3). Novelas y cuentos con médicos u hospitales, y poemas con doctores son ya parte de nuestro corpus literario cotidiano (4). En este ensayo se analiza la presencia de componentes y referencias hacia la oftalmología en la obra poética del escritor argentino Jorge Luis Borges. La referencia a Borges en la oftalmología se debe a que éste fue ciego, por lo que la presencia de la ceguera y sus consecuencias es reiterada en su obra.

Jorge Luis Borges, un poeta ciego

Jorge Isidoro Francisco Luis Borges Acevedo nació el 23 de agosto de 1899 en Buenos Aires, Argentina (fig. 1). Fue hijo de Jorge Guillermo Borges –quien también padecía de sus ojos– y de Leonor Acevedo. Su bisabuelo materno y su abuelo paterno fueron militares, mientras que el bisabuelo paterno fue escritor y periodista. Su abuela también fue ciega.

A sus siete años, el pequeño Georgie (que así le decían de niño) inicia el estudio del idioma inglés. Sus estudios básicos los continúa en Buenos Aires hasta 1914, debido a que la necesidad de atención médica oftalmológica de su padre mueve a la familia a Ginebra, Suiza, para un tratamiento médico especializado, por una enfermedad no definida (5).

El retorno de Borges a Buenos Aires en 1921 marca una evolución de su poesía. Así, en 1923 aparece Fervor de Buenos Aires, seguido de otros libros y muchas colaboraciones en periódicos y revistas.

En febrero de 1938 fallece su padre después de un ataque de hemiplejía. La Nochebuena de ese año Jorge Luis sufre un accidente que le produce una septicemia y debe ser internado; algunos autores afirman que éste fue el causante de su ceguera. Otros aseguran que padecía glaucoma o un desprendimiento de retina por su miopía patológica (4,7).

Su producción continúa, al tiempo que su fama crece. Pero también, gradualmente, empieza a quedar ciego. Su libro Ficciones (1944) es laureado por la Sociedad Argentina de Escritores con el Gran Premio de Honor (8-10). En 1946 se ve obligado a renunciar a su empleo de la biblioteca «Miguel Cané» tras el ascenso al poder de Juan Domingo Perón. Para obtener algunos ingresos, Borges se ve obligado a dictar conferencias en Buenos Aires y, más tarde, en Uruguay y diversas provincias de Argentina.

En 1955, tras el derrocamiento del gobierno de Perón y casi totalmente ciego, Jorge Luis Borges es nombrado Director de la Biblioteca Nacional. En 1956 recibe el Premio Nacional de Literatura y un Doctorado Honoris Causa. Desde esta fecha los médicos oftalmólogos le prohíben la lectura y pasa a depender de su madre y un círculo de amistades que gustosamente se prestan a tareas de lectores y escribientes.

Durante estos años realiza numerosos viajes alrededor del mundo generalmente acompañado por María Kodama y recibe premios y distinciones significativas: su obra se coloca ya a nivel inmortal (12). Incluso, algunos autores afirman que sus relatos pronostican la Internet (13).

Una encuesta mundial publicada en 1970 por el Corriere della Sera revela que Borges obtiene allí más votos como candidato al Premio Nobel que Solzhenitsyn, a quien la Academia Sueca distinguirá ese año. En 1983, la Academia sueca otorga el Premio Nobel a William Holding y uno de los académicos denuncia la mediocridad de la elección (14).

El doctor Eisse Osman fue quien lo atendió médicamente en sus últimos días. También colaboró en su tratamiento el médico Alejo Florin. Fallece de cáncer hepático en Ginebra el 14 de junio de 1986, poco después de haberse casado con María Kodama. Sus restos se encuentran en el cementerio de Pleinpalais, en esa misma ciudad suiza.

Como ya se mencionó, la obra de Borges comprende todos los géneros de la literatura. Se ha propuesto que los límites entre los géneros que escribió se pierden, encontrando ensayos poéticos, cuentos que parecen ensayos y poemas que parecen cuentos o tratados (15). Borges, en sus textos poéticos habló de la ceguera de manera directa o indirecta (11).

En reiteradas ocasiones se encuentra el recurso del color amarillo en la poesía de Jorge Luis Borges. En una conferencia dictada en el Teatro Coliseo de Buenos Aires el 3 de agosto 1977, Borges mencionó que su ceguera era total de un ojo y parcial del otro, y que el amarillo era un color que aún percibía en su ceguera, junto con el verde y el azul. El uso del color amarillo también explica la creación de algunos textos de la serie El oro de los tigres (1972). En esta misma conferencia afirma seguir un tratamiento –no definido– y extrañar los colores rojo y negro, y esto se comprueba por la ausencia de estos colores en su obra (16). En el siguiente número de los Archivos de la Sociedad Española de Oftalmología se analizarán textos poéticos de Jorge Luis Borges inspirados por su ceguera.

Bibliografía

1. Eco U. La definición del arte. Barcelona: Edit. Destino, 2002.

2. García-Guerrero J, Merayo-Lloves J, Villareal-Alanis CO, García-Silva D, de la Padilla-Colín P, González-Treviño JL, et al. La oftalmología en la obra poética del escritor mexicano Octavio Paz I. Arch Soc Esp Oftalm 2008; 8: 675-678.

3. García-Guerrero J. La presencia de la medicina en las novelas del mago Harry Potter. Medicina Universitaria 2007; 9: 42-46.

4. García-Guerrero J, Valdez-García JE, González-Treviño JL. Presencia de la medicina en la novela Madame Bovary. Revista AVANCES 2009; 6: 42-49.

5. Jurado A. Genio y figura de Jorge Luis Borges. Buenos Aires: EUDEBA; 1980.

6. Borges JL. Obra poética, 1 (1923-1929). Madrid: Alianza Editorial; 2008.

7. López-Mato O, Francavilla C, Garabedián M. Ciudad de Ángeles: Historia del Cementerio de la Recoleta. Buenos Aires: Olmo Ediciones; 2001.

8. Borges JL, Bioy Casares A, Ocampo S. Antología de la literatura fantástica. Madrid: Edi. De Bolsillo; 2008.

9. Borges JL, Zemborain E. Introducción a la literatura norteamericana. Madrid: Alianza Editorial; 2006.

10. Borges JL. Ficciones. Madrid: Alianza Editorial; 2007.

11. Sucre G. Borges, el poeta. México, UNAM, 1967.

12. Bronstein C. Borges, immortality and the circular ruins. Int J Psychoanal 2002; 83:647-660.

13. http://es.wikipedia.org/wiki/Jorge_Luis_Borges#Poes.C3.ADas

14. Alifano R. Borges, biografía verbal. Barcelona: Plaza & Janés, 1988.

15. Sarlo, B. Borges: un escritor en las orillas. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores; 2007.

16. Borges JL. Siete noches: conferencia sobre su ceguera. México: FCE, 1980.


Fuente :
Archivos de la Sociedad Española de Oftalmología
Arch Soc Esp Oftalmol v.84 n.8 Madrid ago. 2009
García-Guerrero J.1, Valdez-García J.2, González-Treviño J.L.3
1 Licenciado en Medicina. Profesor de la Escuela de Medicina del Tecnológico de Monterrey. México. E-mail: jairgarcia-guerrero@itesm.mx
2 Licenciado en Medicina. Oftalmólogo especialista en Córnea y Cirugía Refractiva. Profesor de la Escuela de Medicina del Tecnológico de Monterrey. México.
3 Licenciado en Medicina. Oftalmólogo especialista en Oculoplástica y Vías Lagrimales. Profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad de Monterrey. México.

La oftalmología en la obra poética de Jorge Luis Borges (II)



SECCIÓN HISTÓRICA

La poesía tiene una entrañable amistad con la ceguera.
Roberto Alifano

Para el presente ensayo se han considerado los poemas más representativos de la ceguera de Jorge Luis Borges: El Ciego, Poema de los dones, Un ciego y On his blindness, los cuales aparecen en la etapa ciega de su vida. Otros poemas que también hablan de la ceguera de nuestro personaje son Elogio de la Sombra, 1964, Blind Pew, y El oro de los tigres. En el primero de ellos (Elogio de la Sombra), se expone que el mundo exterior es «vedado» al autor; el poema 1964 se escribe como una réplica a su ceguera, mientras que El oro de los tigres habla de un hurto, un despojo y una indignación, causadas por la ceguera (1,2).

Poema El ciego (1972)

I

Lo han despojado del diverso mundo,
de los rostros, que son lo que eran antes.
De las cercanas calles, hoy distantes,
y del cóncavo azul, ayer profundo.

De los libros le queda lo que deja
la memoria, esa forma del olvido
que retiene el formato, el sentido,
y que los meros títulos refleja.

El desnivel acecha. Cada paso
puede ser la caída. Soy el lento
prisionero de un tiempo soñoliento

que no marca su aurora ni su ocaso.
Es de noche. No hay otros. Con el verso
debo labrar mi insípido universo.

II

Desde mi nacimiento, que fue el noventa y nueve
de la cóncava parra y el aljibe profundo,
el tiempo minucioso, que en la memoria es breve,
me fue hurtando las formas visibles de este mundo.

Los días y las noches limaron los perfiles
de las letras humanas y los rostros amados;
en vano interrogaron mis ojos agotados
las vanas bibliotecas y los vanos atriles.

El azul y el bermejo son ahora una niebla
y dos voces inútiles. El espejo que miro
es una cosa gris. En el jardín aspiro,

amigos, una lóbrega rosa de la tiniebla.
Ahora sólo perduran las formas amarillas
y sólo puedo ver para ver pesadillas. (3)

Este texto reúne las características del soneto inglés (4). Se trata de un poema formado por dos sonetos, en los que se expone el tema de la ceguera proponiendo un personaje al que la enfermedad «despoja» de todo («diverso mundo»). La plenitud del mencionado despojo es una invitación a considerar el alcance de la ceguera en los pacientes.

La información que ofrece un paciente orienta al diagnóstico. Así, cuando Borges habla de «un tiempo soñoliento» (primer terceto del primer soneto) y de un «insípido universo» (fin del primer soneto), se podría descubrir un estado de ánimo depresivo, característico del duelo por la vista (5).

Cuando al final del segundo soneto se habla de pesadillas, podríamos considerarlas figuras poéticas o síntomas. Las pesadillas se asocian a trastornos mentales o no. Lo cierto es que en el año de su creación, el poema El ciego ofrece una perspectiva de lo que a Borges significaba haber perdido la vista.

Poema Un ciego (1975)

No sé cuál es la cara que me mira
cuando miro la cara del espejo;
no sé qué anciano acecha en su reflejo
con silenciosa y ya cansada ira.

Lento en mi sombra, con la mano exploro
mis invisibles rasgos. Un destello
me alcanza. He vislumbrado tu cabello
que es de ceniza o es aún de oro.

Repito que he perdido solamente
la vana superficie de las cosas.
El consuelo es de Milton y es valiente,

pero pienso en las letras y en las rosas.
Pienso que si pudiera ver mi cara
sabría quién soy en esta tarde rara. (6)

Así como el primero, el poema Un ciego también guarda una estructura inglesa o shakesperiana (7). Es un soneto en el que los elementos visuales predominan (reflejos, destellos, miradas), y los emocionales se adivinan por las palabras ira, lentitud, perdido, pudiera. Borges, en este momento de su vida, sigue enfrentándose al duelo por su vista y eso se imprime en su obra.

Cuando Jorge Luis Borges menciona que la lentitud se apodera de sus movimientos (segundo cuarteto), no sólo ofrece la imagen de sí mismo escrutándose el rostro; además, nos invita a pensar en la diferencia de velocidad que tienen el pensamiento y el acto (fig. 1).


Fig. 1: Fotografía del escritor argentino Jorge Luis Borges,
quien aparece con una acentuada ptosis palpebral derecha,
debido probablemente al poco uso de sus ojos.

Bibliografía

1. Borges JL. Siete noches: conferencia sobre su ceguera. México: FCE; 1980

2. Sánchez B. On his blindness: Borges, Milton y la ceguera. Espéculo: Revista de Estudios Literarios 2002; 21

3. Borges JL. Antología poética 1923-1977. Madrid: Alianza Editorial; 2004

4. Flores Á. Expliquémonos a Borges como poeta. México: Siglo XXI Editores; 1984.

5. Prado Serrano A, Maud Messina-Baas O, Urbán Vázquez R. Aspectos psicológicos del invidente. Rev Mex Oftalmol 1997; 71: 113-121

6. Borges JL. Obra poética, 2 (1960-1972). Madrid: Alianza Editorial; 2007

7. Pérez AR. Poética de la prosa de Jorge Luis Borges. Madrid: Gredos; 1991


Fuente :

Archivos de la Sociedad Española de Oftalmología
Arch Soc Esp Oftalmol v.84 n.9 Madrid sep. 2009
García-Guerrero J.1, Valdez-García J.2, González-Treviño J.L.3
1 Licenciado en Medicina. Profesor de la Escuela de Medicina del Tecnológico de Monterrey. México. E-mail: jairgarcia-guerrero@itesm.mx
2 Licenciado en Medicina. Oftalmólogo especialista en Córnea y Cirugía Refractiva. Profesor de la Escuela de Medicina del Tecnológico de Monterrey. México.
3 Licenciado en Medicina. Oftalmólogo especialista en Oculoplástica y Vías Lagrimales. Profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad de Monterrey. México.

La oftalmología en la obra poética de Jorge Luis Borges (III)




SECCIÓN HISTÓRICA

Lo que se considera ceguera del destino es en realidad miopía propia.
William Faulkner


Esta es la tercera entrega del ensayo que analiza la ceguera en la poesía del escritor argentino Jorge Luis Borges. Se han incluido Poema de los dones y On his blindness, textos poéticos inspirados en su amaurosis.

Poema de los dones (1960)

Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.

De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden

las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría.

De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esta alta y honda biblioteca ciega.

Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.

Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.

Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra.

Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
que soy el otro, el muerto, que habrá dado
los mismos pasos en los mismos días.

¿Cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?

Groussac o Borges, miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido. (1)

Los primeros cuatro versos de este famoso poema fueron escritos cuando Borges fue nombrado Director de la Biblioteca Municipal de Buenos Aires, ya ciego. Así, gracias a su ingenio burlón, una víctima de su sátira es Dios. Este recurso aparece a lo largo de la obra de Borges, pero en este poema Dios sólo es referenciado al inicio, pues el tema principal es la ceguera como un don: la noche que representa -para él- la incapacidad de verlos (2).

Jorge Luis Borges, en el cuarto verso del cuarto cuarteto habla de una alta y honda biblioteca ciega. Alto como era, y pleno en los conocimientos que incluían los retinianos, se puede sospechar que esa biblioteca era su retina: honda y ciega.

Cuando al final del poema refiere a Paul-François Groussac, lo hace porque éste también fue ciego y director de la Biblioteca Nacional de Argentina. Groussac, por su parte, se sabe que padeció glaucoma y que perdió la vista luego que, en 1926 y con 81 años, fuera intervenido quirúrgicamente. Borges creía que Groussac era muy valiente por no haber escrito ningún poema de su ceguera (2).

La importancia emocional que Borges le imprimió a este poema se demuestra porque aún estudió otros directores ciegos de la Biblioteca Nacional, y encontró que José Mármol había sido también Director de la Biblioteca Nacional en el período de 1868 a 1871. Su enfermedad oftalmológica no es clara (2).

Poema On his Blindness (1972)

Indigno de los astros y del ave
que surca el hondo azul, ahora secreto,
de esas líneas que son el alfabeto
que ordenan otros y del mármol grave

cuyo dintel mis ya gastados ojos
pierden en su penumbra, de las rosas
invisibles y de las silenciosas
multitudes de oros y de rojos

soy, pero no de las Mil Noches y Una
que abren mares y auroras en mi sombra
ni de Walt Whitman, ese Adán que nombra

las criaturas que son bajo la luna,
ni de los blancos dones del olvido
ni del amor que espero y que no pido. (3,4)

Nuevamente, el tono del poema es melancólico, al autodenominarse el autor de indigno. La ceguera de Borges, en esta etapa, continuaba afectada por su aparente estado de ánimo, acentuado al referir al amor ausente en su vida (Borges se casó dos veces, pero no tuvo hijos).

La frase más significativa, sin duda, es cuando habla de sus «gastados ojos» en este poema creado por inspiración de un poeta inglés a quien Borges admiraba: John Milton (5,6). Este último también fue ciego y escribió un soneto titulado de la misma forma: On his blindness (7).

También se destaca que, en su versión de On his blindness, Borges refiere a Las Mil y Una Noches, a Whitman y a Adán, y este juego referencial es constante en su obra (8).

La ceguera fue un acontecimiento que marcó a Jorge Luis Borges de manera radical: fue el inicio de algo nuevo, que enfrentó sin dejarse acobardar. (2) (fig. 1). Esto es debido a que su afición por la lectura fue interrumpida por ella, motivo por el cual reflexionó sobre el tema de la memoria y el olvido, figuras con las que peleaba internamente para traer los archivos de sus lecturas de la juventud. Así, cuando afirma su orgullo por sus páginas leídas, mientras que otros se enorgullecen de sus páginas escritas, hay una relación directa con la ceguera: que no le permitió leer más. Además, la ceguera le permitió introducirse más en las literaturas anglosajona y escandinava. Él mismo declaró el año en que perdió la vista casi por completo: 1955.



Fig. 1: Fotografía del escritor argentino
Jorge Luis Borges, con su bastón.


Otro recurso que es presente en la obra poética de Borges es la muerte como un despertar: en sus cuentos El otro, y en poemas como El Enigma, el autor se define a sí mismo como alguien que ya no es él, y que quizá con la muerte podría despertar (y quizá volver a ver). Así, la ceguera que sufre en este mundo se presenta en el otro mundo (el de la muerte) como un obstáculo que probablemente se vencerá. Pero no se encerró en el tema de la ceguera y ensayó sobre la vida, la muerte, la inmortalidad y la divinidad alejándose de la estrechez de la amaurosis (9).

Es interesante también que nunca mencionó los síntomas paralelos a la presencia de su ceguera: en caso de glaucoma, hubiera mencionado irritación o dolor ocular, ojo rojo o pérdida del campo visual. La única sentencia en la que habló de sus signos clínicos oftalmológicos es la ya citada frase de «ojos gastados».

En el hipotético caso de que Jorge Luis Borges hubiera vivido en nuestro tiempo -y si su diagnóstico final fuese glaucoma-, si el daño al nervio óptico aún no se hubiera instalado, la mejor herramienta terapéutica sería elegida entre las tres opciones que hoy se tienen: la farmacológica, el láser y el abordaje quirúrgico (10).

Con respecto al desprendimiento de retina, algunos autores (11) afirman que su ceguera fue causada por un traumatismo durante un partido de fútbol en su juventud, y que ésa es una de las principales razones por las que el genio argentino odiaba este deporte. Dicha hipótesis es débil pues Jorge Luis Borges jamás confesó esto y además su ceguera fue progresiva y no brusca, como ocurre en los desprendimientos retinianos.

Bibliografía

1. Borges JL. El hacedor. Buenos Aires: Editorial La Nación; 2005.

2. Sánchez, B. On his blindness: Borges, Milton y la ceguera. Espéculo: Revista de Estudios Literarios 2002; 21.
3. Borges JL. Antología poética 1923-1977. Madrid: Alianza Editorial; 2004.

4. Borges JL. Obra poética, 2 (1960-1972). Madrid: Alianza Editorial; 2007.

5. Milton J. The complete poetry of John Milton. New York: Anchor; 1971.
6. Milton J. El Paraíso perdido. México: Porrúa; 1978.

7. Gertel Z. Borges y su retorno a la poesía. New York: University of Iowa, 1967.

8. Pastormelo S. Borges Crítico. Buenos Aires: FCE-Tierra Adentro, 2007.

9. Bronstein C. Borges, immortality and the circular ruins. Int J Psychoanal. 2002; 83: 647-660.

10. Miqueli-Rodríguez M, Río-Torres M, Ortiz-González E, Coba-Peña M. Láser en glaucoma. Revisión bibliográfica. Revista Cubana de Oftalmología 1998; 11: 48-52.

11. Robledo Z. Jorge Luis Borges: «odio al fútbol». Disponible en http://webarticulista.net.free.fr/zr200616060706.html


Fuente :

Archivos de la Sociedad Española de Oftalmología
Arch Soc Esp Oftalmol v.84 n.10 Madrid oct. 2009

García-Guerrero J.1, Valdez-García J.2, Villarreal-Marroquín N.3, González-Treviño J.L.4
1 Licenciado en Medicina. Profesor de la Escuela de Medicina del Tecnológico de Monterrey. México. E-mail: jairgarcia-guerrero@itesm.mx
2 Licenciado en Medicina. Oftalmólogo especialista en Córnea y Cirugía Refractiva. Profesor de la Escuela de Medicina del Tecnológico de Monterrey. México.
3 Estudiante de Medicina. Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Nuevo León. México.
4 Licenciado en Medicina. Oftalmólogo especialista en Oculoplástica y Vías Lagrimales. Profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad de Monterrey. México.

Borges Entrevista

jueves, 23 de diciembre de 2010

La ceguera en la obra de Jorge Luis Borges



He seguido con profundo interés los artículos publicados en esta revista sobre "La Oftalmología en la obra poética de Jorge Luis Borges" del Dr. J. García-Guerrero et al1-3 donde se analizan sus poemas más representativos. Poco más puede añadirse al riguroso análisis de su obra pero puede ser también un ejercicio muy enriquecedor profesionalmente, aprovechar la lectura de su obra, ejemplo singular de la denominada «literatura de ciegos» para reflexionar sobre los miedos y las consecuencias de la enfermedad y conseguir empatizar más y mejor con nuestros pacientes.

Un clínico se centra en la enfermedad y un paciente, en la experiencia de su enfermedad. Aun siendo clínicos, entendemos que la enfermedad va mucho más allá de sus propios síntomas y adquiere una proyección que supera el ámbito propiamente médico. En el caso de los artistas, ya sean escritores o pintores, esta influye en su obra de manera consciente o inconsciente. En Oftalmología, de manera inconsciente el astigmatismo del Greco (Creta, 1541 - Toledo, 1614), o las cataratas de Monet (París, 1840 - Giverny, 1926) serían claros ejemplos. De manera consciente, es Jorge Luis Borges (Buenos Aires 1899 - Ginebra 1986) uno de los ejemplos más conocidos y la experiencia de su enfermedad impregna muchas de sus obras. Cuenta la leyenda que cuando el Che fue asesinado, los estudiantes iban aula por aula incitando a la huelga. Cuando llegaron al aula donde Borges estaba impartiendo su clase, al negarse este a sumarse a la huelga, los estudiantes amenazaron con apagar la luz a lo que Borges respondió: «Adelante, llevo toda la vida preparándome para la oscuridad».

Jorge Francisco Isidoro Luis Borges fue un escritor argentino y uno de los autores más destacados de la literatura en español del siglo XX. Su progenitor, profesor, fue un gran amante de las letras y una gran influencia en su vida. Como él mismo recordaba: «Él me reveló el poder de la poesía: el hecho de que las palabras sean no solo un medio de comunicación sino símbolos mágicos, música». Su padre debió jubilarse prematuramente debido a la ceguera progresiva hereditaria que décadas más tarde afectaría a su hijo (¿glaucoma?, ¿retinitis pigmentosa?).

La «enfermedad» latía en la familia Borges y en 1914, se dirigieron a Suiza para someter a su padre a un tratamiento oftalmológico especial, que resultó, como años más tarde también resultaría en él, infructuoso. Seguramente este latido en su infancia fue muy determinante, pues a los nueve años tradujo del inglés al castellano El príncipe feliz4 de su admirado Oscar Wilde (Dublín 1854 – París 1900). Quién no se ha emocionado al leer las líneas donde el príncipe entrega sus ojos, hechos de piedras preciosas («...zafiros extraordinarios traídos de la India hace un millar de años»), a la golondrina para mitigar el sufrimiento ajeno. Tal vez conocedor de su irremediable destino, simpatizaba y admiraba a Wilde por proponer una poesía visual y musical, contraria a la tradición homérica. Incluso llegó a expresar el deseo de morir en el mismo hotel parisiense que Wilde.


Jorge Luis Borges en el vestíbulo del Hotel
«Des Beaux Arts« (París) donde falleció Oscar Wilde.

En 1977 publicó Siete noches5, donde se recogen las conferencias que pronunció en 1977 en el Teatro Coliseo de Buenos Aires. En ellas expone sus temas favoritos y recurrentes y, cómo no, La ceguera es uno de ellos. Está escrita cuando todavía, esta era parcial, y leerla constituye una aproximación a la experiencia de la enfermedad en primera persona. Es un claro ejemplo de lo que en literatura se denomina «medicina narrativa». La Dra. Rita Charon, acuñadora del término, afirma que la medicina actual, aunque muy competente en términos científicos, en muchas ocasiones no puede ayudar al enfermo a luchar contra la pérdida de salud, pues es incapaz de escuchar a los pacientes para comprender más y mejor los padecimientos de la enfermedad que van mucho más allá de los síntomas de la misma. El término de medicina narrativa6 se refiere a esas habilidades que permiten reconocer, asimilar e interpretar las historias de enfermedad y ser conmovido por ellas.

Cómo describe Borges su pérdida, lenta e inexorable, resulta conmovedor. La desaparición progresiva de los colores «...hay un color que no me ha sido infiel, el color amarillo»; trágico: «El lento crepúsculo empezó, cuando empecé a ver»; poético: «Nadie rebaje a lágrima o reproche / esta declaración de la maestría / de Dios que con magnífica ironía / me dio a la vez los libros y la noche»; desmitificador: «la gente se imagina a los ciegos encerrados en un mundo negro»; optimista: «Quién puede conocerse más que un ciego»; positivo: «Yo le debo a la sombra algunos dones: le debo el anglosajón, mi escaso conocimiento del islandés, el goce de tantas líneas, de tantos versos, de tantos poemas, y de haber escrito otro libro, titulado con cierta falsedad, con cierta jactancia: Elogio de la Sombra»7.

La ceguera constituye una lectura muy recomendable para cualquier oftalmólogo pues nos ayuda a entender más y mejor las angustias de nuestros pacientes y constituye una ventana abierta a la esperanza de la victoria, incluso en la derrota, porque como Borges mismo afirma refiriéndose a su enfermedad: «Esas cosas nos fueron dadas para que las transmutemos, para que hagamos de las miserables circunstancias de nuestra vida, cosas eternas o que aspiren a serlo».

Bibliografía

1. García–Guerrero J., Valdez–García J., Gonzalo–Treviño J.L. La Oftalmología en la obra poética de Jorge Luis Borges (I). Arch Soc Esp Oftalmol. 2009; 84:411–4. [ Links ]

2. García–Guerrero J., Valdez–García J., Gonzalo–Treviño J.L. La Oftalmología en la obra poética de Jorge Luis Borges (II). Arch Soc Esp Oftalmol. 2009; 84:481–2. [ Links ]

3. García–Guerrero J., Valdez–García J., Gonzalo–Treviño J.L. La Oftalmología en la obra poética de Jorge Luis Borges (III). Arch Soc Esp Oftalmol. 2009; 84:537–40. [ Links ]

4. Wide O. El Príncipe Feliz. Barcelona: Editorial Labor; 1998. [ Links ]

5. Borges J.L. Siete Noche. Madrid: Editorial Alianza; 1995. [ Links ]

6. Charon R. Narrative Medicine Honoring the Stories of Illness. Oxford: Oxford University Press; 2006. [ Links ]

7. Borges J.L. Elogio de la Sombra. Buenos Aires: Editorial Emece; 1969. [ Links ]

J. Loscos–Arenas, A. Blázquez–Albisú y J. de–la–Cámara
Doctor en Medicina, Hospital Universitari Germans Trias i Pujol, Badalona, Barcelona, España

Fuente : Archivos de la Sociedad Española de Oftalmología
Arch Soc Esp Oftalmol v.85 n.6 Madrid jun. 2010
J. Loscos–Arenas, A. Blázquez–Albisú y J. de–la–Cámara
Doctor en Medicina, Hospital Universitari Germans Trias i Pujol, Badalona, Barcelona, España