domingo, 18 de agosto de 2013

La mística en las obras de Jorge Luis Borges




AL-AFIF, Ahmad Husein Issa y ABABNEH, Mohammad Daher

En las obras de Jorge Luís Borges podemos encontrar varios textos que están impregnados de un fino sentido místico. Algunos de los cuentos borgianos residen en el campo de la mística islámica (el sufismo) como la otra vertiente de la religión musulmana. Un dato que corrobora este interés es la afirmación oral del escritor argentino: “[…] He estado también muy interesado por el sufismo. De modo que todo eso ha influido en mí, pero no sé hasta dónde. He estudiado esas religiones, o esas filosofías orientales como posibilidades para el pensamiento o para la conducta, o las he estudiado desde un punto de vista imaginativo para la literatura […]” (Guibert, 1986: 335).

Borges en otra entrevista con Willis Barnstone, le confesó que había vivido la experiencia mística dos veces en su vida:

En mi vida […] he tenido dos experiencias místicas, y no puedo decirlas porque lo que me sucedió no es para ser puesto en palabras […] fue asombroso, deslumbrante. Me sentí avasallado, atónito. Tuve la sensación de vivir no en el tiempo sino fuera del tiempo […]. Escribí poemas sobre ello, pero son poemas normales y no pueden decir la experiencia. No puedo decírsela a ud., ya que ni siquiera puedo repetírmela a mí mismo, pero tuve esa experiencia, y la tuve dos veces, y acaso me sea otorgado volver a tenerla antes de morir (Barnstone, 1982: 11; López-Baralt y Báez, 1996: 256).

Borges en algunos textos suyos desarrolla la experiencia mística en los personajes de sus cuentos que empiezan su búsqueda febril de la evidencia escondida. Los escritos de Borges se interesan por un proceso de búsqueda que llevan a un descubrimiento que convive con el carácter fantástico de la producción borgiana. En los cuentos de Borges, los personajes abandonan las cosas visibles y palpables en un espacio de búsqueda espiritual. Borges emplea la mística en sus obras como camino de la verdad que siempre exige una búsqueda espiritual permanente. Por esto vemos que en algunos cuentos los personajes experimentan una aventura espiritual para descubrir esta verdad absoluta.

El cuento titulado El acercamiento a Almotásim contiene muchos aspectos del sufismo. El autor nos da a conocer una crítica a modo de reseña de las dos versiones de una novela publicada en Bombay, cuyo autor es Mir Bahadur Alí. El narrador trata primero los personajes así como el aspecto formal de la novela, y después amplifica su análisis de los dos primeros capítulos. En adelante, y mediante una especie de enumeración desordenada, se presentan detalles de los capítulos restantes. Sin embargo, la idea central de la novela se explica en estas palabras: “[…] un hombre, el estudiante incrédulo y fugitivo […] El estudiante resuelve dedicar su vida a encontrarlo” (Borges, Historia de la eternidad: 139-140). Podemos considerar, que la búsqueda mística constituye el eje de este cuento, el narrador mismo interpreta este argumento como una verdadera metáfora de la búsqueda mística: “[…] la insaciable busca de un alma a través de los delicados reflejos que ésta ha dejado en otras: en el principio, el tenue rastro de una sonrisa o de una palabra; en el fin, esplendores diversos y crecientes de la razón, de la imaginación y del bien” (Borges, Historia de la eternidad: 139-140).

Borges, como escritor intelectual, no olvida relacionar su cuento con otra obra que tiene desde su perspectiva algo en común con el cuento. Borges en una nota al pie de página, detalla el contenido de la obra Coloquio de los pájaros, del sufí persa Fârîd ad-Dîn `At:âr, y su vinculación con la novela de Bahadur. Como han señalado tanto Ronald Christ como Arturo Echavarría: “Esta nota al calce ofrece por implicación un dato que la reseña misma oculta: que el propio protagonista de la novela de Bahadur es el misterioso Almotásim y que la novela es el recuento de una auto- purificación” (Echavarría, 1983: 194-195; González Pérez, 1995: 216).

La comparación de la historia de `At:âr con la de Bahadur Ali es evidentemente justificable pues Borges resume el poema del sufí persa en una nota al pie:

El remoto rey de los pájaros, el Simurg, deja caer en el centro de la China una pluma espléndida; los pájaros resuelven buscarlo, hartos de su antigua anarquía. Saben que el nombre de su rey quiere decir treinta pájaros; saben que su alcázar está en el Kaf, la montaña circular que rodea la tierra. Acometen la casi infinita aventura; superan siete valles, o mares; el nombre del penúltimo es Vértigo; el último se llama Aniquilación. Muchos peregrinos desertan; otros perecen. Treinta, purificados por los trabajos, pisan la montaña del Simurg. Lo contemplan al fin: perciben que ellos son el Simurg y que el Simurg es cada uno de ellos y todos (Borges, Historia de la eternidad: 144).

Maria Kodama nos justifica la fascinación de Borges por los sufíes como `At:âr, diciendo:
Es natural que Borges se sintiera atraído por los sufíes, ya que el sufismo produjo hombres que fueron no sólo grandes místicos sino también poetas. Persia es, quizá, el país que contó con más poetas místicos, inspirados por una profunda experiencia espiritual. Los cristianos tienen a san Juan de la Cruz, un poeta místico de la misma jerarquía que Attar (Kodama de Borges, 1996: 79).

En El acercamiento a Almotásim, el estudiante emprende un viaje simbólicamente circular en busca de Almótasim, que representa la verdad absoluta y termina reencontrándose a sí mismo, o sea, reconociendo que el universo es una proyección del alma humana. En relación con el secreto de dicha circularidad, Borges advierte en una ocasión: “Los místicos pretenden que el éxtasis les revela una cámara circular con un gran libro circular de lomo continuo, que da toda la vuelta de las paredes; pero su testimonio es sospechoso; sus palabras, oscuras. Ese libro cíclico es Dios” (Borges, Ficciones: 90).

Tanto el cuento del autor indio, como el poema del sufí persa, tratan de la identificación que se alcanza a través del descubrimiento profundo del ser, y su fusión en la esencia divina. Borges resume que la experiencia mística es una prueba experimental de Dios. Este tipo de obsesión de pasar una experiencia mística para descubrir la clave de un misterio, se ve repetido en varios textos borgianos, donde los protagonistas hacen un auto-descubrimiento y se alimentan de la tradición mística. Observamos que algunas alusiones del autor en el cuento El acercamiento a Almótasim hacen que tanto este texto como la novela objeto de comentario, se valgan de la experiencia mística para realizarse. El autor lo expresa de varias maneras: “Esencialmente ambos escritores concuerdan: los dos indican el mecanismo policial de la obra, y su undercurrent místico […] Almótasim es emblema de Dios y los puntuales itinerarios del héroe son de algún modo los progresos del alma en el ascenso místico” (Borges, Historia de la eternidad: 135, 142).

El cuento trata de un viaje ilusorio en busca de la verdad revelada en la figura de Almótasim, el cual no es más que Dios desde la óptica del sufismo. Mediante el manejo de este sistema, Borges nos sitúa frente a la práctica de la mística que es considerada como parte integrante de la religión, y que la podemos encontrar también en la historia del Islam. Gracias a este ejercicio, se produce un contacto con el Uno Absoluto en estados obtenidos por un tipo de comunicación peculiar. A la luz de lo expuesto, se nota que en el cuento de Borges, dentro del yo del personaje opera la indivisa divinidad. Borges resuelve pensar en el universo estimando las ideas místicas y religiosas por su valor estético y, por lo que encierran de singular y maravilloso. A pesar de todo, el escritor argentino no se propone exponer teorías ni sistematizar sus tesis, sino que pone a prueba artística, el conjunto de postulados de la visión mística que ha tratado de penetrar sutilmente.

Borges emplea diferentes métodos y vínculos de la absorción mística, que se ejercitan para buscar la verdad única. A diferencia del Almótasim, en el relato El Zahir, cuyo personaje principal es el narrador protagonista, el descubrimiento de un extenso mundo de símbolos ocultos se reduce a un objeto: la moneda denominada El Zahir. Se trata de una moneda inolvidable, porque siguiendo el proceso de la trama, al narrador se le ha muerto la mujer que ama antes de ver aquella moneda. Por eso, semejante circunstancia puede justificar la impresión de locura que concibe el narrador y su credibilidad de que la moneda es inolvidable. El narrador tras tomar un vaso de caña y pagarlo, descubre entre las monedas de la vuelta, el Zahir. Es en realidad, una experiencia mística y un estado de revelación por los que pasa el hombre. Aquí también se vuelve a recalcar el carácter de circularidad que se traduce en la reacción del personaje: “Vi una sufrida verja de fierro; detrás vi las baldosas negras y blancas del atrio de la Concepción. Había errado en círculo; ahora estaba a una cuadra del almacén donde me dieron el Zahir” (Borges, El Aleph: 123).

La palabra que utiliza el escritor argentino para esta moneda, proviene de la cultura arabo-islámica, y sobre el origen de esta palabra Borges anota en su cuento: “La creencia en el Zahir es islámica y data, al parecer, del siglo XVIII […] Zahir, en árabe, quiere decir notorio, visible; en tal sentido, es uno de los noventa y nueve nombres de Dios; la plebe, en tierras musulmanas, lo dice de los seres o cosas que tienen la terrible virtud de ser inolvidables y cuya imagen acaba por enloquecer a la gente” (Borges, El Aleph: 123).

Igual que en El acercamiento a Almótasim, este cuento tiene el mismo ideal y una misma meta que hacen que el conocimiento sea verdadero. La moneda del Zahir es la otra versión del ser contemplativo que se somete a una metamorfosis espiritual que lo iguala con el mundo. En la misma línea, Borges y citando a los cabalistas que practican un tipo peculiar de adivinación, reafirma: “Los cabalistas entendieron que el hombre es un microcosmos, un simbólico espejo del universo; todo según Tennyson, lo sería. Todo, hasta el intolerable Zahir” (Borges, El Aleph: 130).

El mismo Borges afirma la naturaleza mística de la temática que se desarrolla en su cuento al concluirlo recordando a los místicos musulmanes (los sufíes): “[…] Para perderse en Dios, los sufíes repiten su propio nombre a los noventa y nueve nombres divinos hasta que éstos ya nada quieren decir. Yo anhelo recorrer esa senda. Quizá yo acabe por gastar el Zahir a fuerza de pensarlo y de repensarlo; quizá detrás de la moneda esté Dios” (Borges, El Aleph: 132).

Zahir es un objeto inmortal y enloquecedor que resume y anula la multiplicidad de las apariencias, y ofrece la posibilidad de acceder a los secretos del universo. Refiriéndose a su cuento Zahir Borges dice lo siguiente:

‘El Zahir’ versa sobre… una inolvidable moneda de 20 céntimos. Escribí ese cuento partiendo de la palabra ‘inolvidable’ simplemente, porque leí en alguna parte: ‘ ¡deberías oír cantar a Fulano de tal, es algo inolvidable! y entonces pensé ¿qué ocurriría si existiese algo realmente inolvidable? porque a mí me interesan mucho las palabras, como muy bien puede haberse dado cuenta (Borges el palabrista: 97).

La declaración que hace Borges al final de esta cita, demuestra el excesivo interés del argentino por las palabras. Juan Manuel Velasco Rami subraya este punto cuando testimonia: “Borges quería creer en otra vida con libros, después de la muerte. No creía, desde luego, en una existencia sin ellos, en un mundo sin palabras escritas, sin negro sobre blanco” (Velasco Rami, 1986: 9).

Borges crea una relación profunda con las letras y los libros, y piensa que cualquier objeto adquiere su forma a partir de su nombre, como el caso del Zahir. Por ejemplo, en la palabra rosa se da el sentido de rosa. Esta sensación particular sigue siendo existente aun después de que Borges perdiera el sentido de la vista. Pues, en la oscuridad total, imagina el mundo como un libro edificado por letras indescifrables, y a partir de ahí, interviene el sueño como mejor medio para percibir un desfile de imágenes. En relación a esto, Borges prosigue el mismo camino trazado por los sufíes quienes se interesan en mayor parte por las letras del alfabeto árabe que se dan en algunos primeros versículos del Corán; además de los nombres de Dios.

Luce López-Baralt anota que antes de acercarse a la contemplación de la otra cara de su moneda simbólica, el Borges ficcionalizado del Zahir nos anuncia que, como los sufíes, para prepararse al desasosegante encuentro con el Todo, quiere repetir el mantra, su propio nombre o los noventa y nueve nombres de Dios. Y entonces es cuando estamos preparados para comprender por qué Borges nunca pudo asegurar al lector, que lo que subyacía en El Zahir fuese realmente “Dios”, es decir, la palabra “Dios”. El Zahir es el símbolo místico más respetuoso de todos los que haya podido acuñar Borges (López-Baralt, 1999: 63-64).

El Aleph es otro cuento borgiano, que se basa en la contemplación y la meditación filosófica. La primera pista que relaciona este cuento con la cultura arabo-islámica, es su título: la primera letra del alifato (alfabeto) árabe.

Este cuento está basado, como en el caso de Zahir en la muerte de una mujer. En El Aleph, tras diez años de la muerte de Beatriz Viterbo, se produce la aparición del Aleph, ya que el hermano de Beatriz, Carlos Argentino, descubre en el sótano de su casa una extraordinaria esfera que contiene el universo. “[…] vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo” (Borges, El Aleph: 194).

Borges en este Aleph ve un universo infinito siguiendo el mismo sistema elaborado por el practicante sufí, quien revela un punto que contiene esa variedad infinita. Para ello, el mundo pierde su principio y fin, y se convierte en un volumen esférico en donde los hombres son escritos. Por consiguiente, ya no será el mundo sino el milagroso Aleph. Este prodigioso modelo del cosmos, contiene toda la gama de escuelas filosóficas como el idealismo, el misticismo, etc. En su intento de interpretar el incógnito Aleph, José Miguel Oviedo apunta:

El asunto examinado en El Aleph es básicamente el mismo que el de Funes el memorioso, con la variante en este caso de que el infinito no es una facultad mental de proporciones sobrehumanas, sino un objeto, una manifestación concreta y localizable de la totalidad del mundo real […] El gran proyecto literario de Daneri (protagonista de El Aleph) es insensato: quiere escribir un inmenso poema narrativo que no sólo sea una copia exacta del universo entero, sino que absorba toda la literatura anterior a él […] el Aleph es una visión mística a la vez que infernal, etc. (Oviedo, 2001: 34-35).

Por su parte, Borges evoca esta misma alucinación mística en su cuento informando: “¿Cómo transmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca? los místicos, en análogo trance, prodigan los emblemas: para significar la divinidad, un persa habla de un pájaro que de algún modo es todos los pájaros” (Borges, El Aleph: 191).

Los tres cuentos anteriores de Borges, prueban sin duda cómo éste intenta trascender la imagen del mundo y del ser humano. Así, rememora varias escuelas del pensamiento universal entre las que cabe el conocimiento sufí de los musulmanes, mediante el cual Borges revela estéticamente este estado de la persona que se dedica a un tipo de contemplación para unirse inefablemente a la divinidad y al universo. De esta manera, en Borges cualquier atributo divino como el conocimiento y la inmortalidad, se relacionan inmediatamente con la disolución de la personalidad. Dicha potencialidad quita al personaje su ser, y deja de ser un ente determinado para convertirse en arquetipo que se iguala al universo. Podemos concluir que los personajes de los cuentos de Borges, tienen el mismo objetivo de los místicos: el conocimiento exacto de Dios y de la realidad absoluta. En los cuentos de Borges Dios está sustituido por símbolos como Almótasim, El Zahir o El Aleph.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
BARNSTONE, W., “The secret island”, en Borges at Eighty, conversations with Jorge Luis Borges, Bloomington, Indiana University Press, 1982.
BORGES, J. L., “El acercamiento a Almotásim”, en Historia de la eternidad.
BORGES, J. L., “La biblioteca de Babel”, en Ficciones.
BORGES, J. L., “El Zahir”, en El Aleph.
ECHAVARRÍA, A., Lengua y literatura de Borges, Barcelona, Ariel, 1983.
GÓNZÁLEZ PÉREZ, A., “Borges y las fronteras del cuento”, en El cuento hispanoamericano, (E. Pupo Walter, coord.), Madrid, Castalia, 1995.
GUIBERT, R. , “Borges habla de Borges”, en Jorge Luis Borges (ed. Jaime Alazraki), Madrid, Taurus, 1986.
KODAMA DE BORGES, M., “Jorge Luis Borges y la experiencia mística”, en El sol a medianoche: la experiencia mística: tradición y modernidad, Madrid, Trotta, 1996.
LÓPEZ-BARALT, L., “Borges o la mística del silencio: lo que había del otro lado del Zahir”, en Jorge Luis Borges: Pensamiento y saber en el siglo XX, (ed. Alfonso de Toro y Fernando de Toro), Frankfurt am Main, Vervuert, 1999.
LÓPEZ-BARALT, L. y BÁEZ, E. R., “¿Vivió Jorge Luis Borges la experiencia mística del Aleph?”, en El sol a medianoche: la experiencia mística: tradición y modernidad, Madrid, Trotta, 1996.
OVIEDO, J. M., Historia de la literatura hispanoamericana. 4. De Borges al presente, Madrid, Alianza, 2001
VELASCO RAMI, J. M., “Borges”, en Borges, Madrid, Biblioteca Nacional, 1986.

Fuente : Revista Internacional de Culturas & Literaturas



Borges tenía su carta natal



La hizo su amigo, el pintor y astrólogo Xul Solar · En sus ratos libres, inventaba religiones · Kodama agradeció la donación, pero no quiso revelar el contenido · En el museo de Xul juran que nunca la leyeron.

      
            Como un tesoro, la carta natal que el pintor Xul Solar le hizo a Jorge Luis Borges pasó de las manos de la Fundación Pan Klub a las de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges. María Kodama, presidenta de la Fundación Borges y viuda del escritor, recibió la carta ante unas 70 personas en un acto que se hizo el martes en el museo Xul Solar. La casa donde funciona el museo -Laprida 1212- es parte de la historia. Allí vivió Xul Solar: pintor, astrólogo, inventor de lenguas y juegos, amigo de Borges. Seguramente allí, donde los dos conversaban casi a diario, uno dijo el día y la hora de su nacimiento y el otro trazó el círculo y los signos de la carta: la posición de los astros el 24 de agosto de 1899.

                        En 1939, Xul fundó el Pan Klub, un "club para todo". Sus amigos tomaron ese nombre y se lo dieron a la Fundación que hoy es la única heredera del pintor. Por eso el martes fue Jorge Povarché -presidente de la Fundación Pan Klub- quien puso la carta en brazos de María Kodama.

Hermanos espirituales

En un escenario, al lado de una placa "A Jorge Luis Borges, amigo íntimo y hermano espiritual de Xul Solar", María Kodama agradeció la donación y contó anécdotas.

Dijo que, antes de casarse con Lita Cadenas, Xul le mostró a Borges 4 anillos de compromiso. Dos eran los usuales, el casamiento en la Tierra y en el Cielo. "No sabía que eras mormón", le dijo Borges, aludiendo a que se decía que los mormones eran polígamos. No era eso. Xul le explicó que creía que el amor es más vulnerable que la amistad. Esos anillos sellarían la amistad, recordándoles que no podían separarse aunque el amor se terminara. Xul murió en el Tigre en 1963, sujetando la mano con cuatro anillos de Lita.

Xul Solar había nacido en 1887 en San Fernando, llamándose Oscar Agustín Alejandro Schultz Solari. A los 22 años partió rumbo a Hong Kong como peón de a bordo en el barco "England Carrier". Pero se bajó en Europa. Allí estudió historia de las religiones, filosofía y literatura. Hizo su primera exposición de pinturas en Milán. Y cambió su nombre: invirtió la palabra latina lux (luz) y eligió Solar como apellido, en honor al Sol, que rige el sistema planetario y, por lo tanto, la astrología.

El idioma secreto de Xul

Inventó idiomas, entre ellos el neocriollo, que conjugaba el inglés, el español y el portugués. Un ejemplo de neocriollo: una tarde de enero, Borges llegó a su casa y le preguntó qué había hecho ese día. Xul le contestó que había fundado 12 religiones "pos coming", es decir, después de comer.

Solar creó también la Pan lengua, un idioma universal con la que todos podrían entenderse. "Borges me contaba las discusiones que tenía en el Pan Klub sobre las formas de propagar la Pan lengua -dijo el martes Kodama-. Sabían que estaba destinada al fracaso".

El contenido de esa carta natal que un amigo le hizo al otro es un secreto. Jorge Povarché explicó a Clarín que "es un testimonio muy íntimo, algo entre ellos dos. El único que tiene acceso al contenido de una carta es su destinatario". Por eso, la Fundación Pan Klub -que en 1988 recibió todos los bienes de Xul Solar, legados por su viuda- nunca hizo analizar la carta. Con igual celo, María Kodama eligió no descubrir la carta ante los fotógrafos. "Borges -dijo a Clarín- creía que Xul Solar era una especie de mago."

PATRICIA KOLESNICOV

Fuente : Clarín 19-12-1996



Carta Natal de Jorge Luis Borges

Esta es la carta natal de Jorge Luis Borges

Fuente: Certificado/Registro nacimiento
Jorge Luis Borges nació el 24 de Agosto de 1899 a las 03:30:00 en Buenos Aires (Buenos Aires DF), Argentina

Fuente :  Carta Natal.es
http://carta-natal.es/astrodata/famosos/carta.php?id=12145



Citizen Kane




Citizen Kane - El Ciudadano - Citizen Kane (cuyo nombre en la República Argentina es El Ciudadano) tiene por lo menos dos argumentos. El primero, de una imbecilidad casi banal, quiere sobornar el aplauso de los muy distraídos. Es formulable así: un vano millonario acumula estatuas, huertos, palacios, piletas de natación, diamantes, vehículos, bibliotecas, hombres y mujeres; a semejanza de un coleccionista anterior (cuyas observaciones es tradicional atribuir al Espíritu Santo) descubre que esas misceláneas y plétoras son vanidad de vanidades y todo vanidad, en el instante de la muerte, anhela un solo objeto del universo ¡un trineo debidamente pobre con el que en su niñez ha jugado! El segundo es muy superior. Une al recuerdo de Koheleth el de otro nihilista: Franz Kafka. El tema (a la vez metafísico y policial, a la vez psicológico y alegórico) es la investigación del alma secreta de un hombre, a través de las obras que ha construido, de las palabras que ha pronunciado, de los muchos destinos que ha roto. El procedimiento es el de Joseph Conrad en Chance (1914) y el del hermoso film The Power and the Glory: la rapsodia de escenas heterogéneas, sin orden cronológico. Abrumadoramente, infinitamente, Orson Welles exhibe fragmentos de la vida del hombre Charles Foster Kane y nos invita a combinarlos y a reconstruirlo.

Las formas de la multiplicidad, de la inconexión, abundan en el film: las primeras escenas registran los tesoros acumulados por Foster Kane; en una de las últimas, una pobre mujer lujosa y doliente juega en el suelo de un palacio que es también un museo, con un rompecabezas enorme. Al final comprendemos que los fragmentos no están regidos por una secreta unidad: el aborrecido Charles Foster Kane es un simulacro, un caos de apariencias (corolario posible, ya previsto por David Hume, por Ernst Mach y por nuestro Macedonio Fernández: ningún hombre sabe quién es, ningún hombre es alguien). En uno de los cuentos de Chesterton - The Head of Caesar, creo -, el héroe observa que nada es tan aterrador como un laberinto sin centro. Este film es exactamente ese laberinto.

Todos sabemos que una fiesta, un palacio, una gran empresa, un almuerzo de escritores o periodistas, un ambiente cordial de franca y espontánea camaradería, son esencialmente horrorosos; Citizen Kane es el primer film que los muestra con alguna conciencia de esa verdad.

La ejecución es digna, en general, del vasto argumento. Hay fotografías de admirable profundidad, fotografías cuyos últimos planos (como las telas de los prerrafaelistas) no son menos precisos y puntuales que los primeros.

Me atrevo a sospechar, sin embargo, que Citizen Kane perdurará como "perduran" ciertos films de Griffith o de Pudovkin, cuyo valor histórico nadie niega, pero que nadie se resigna a rever. Adolece de gigantismo, de pedantería, de tedio. No es inteligente, es genial: en el sentido más nocturno y más alemán de esta mala palabra.

Jorge Luis Borges - Revista Sur Nº 83, agosto de 1941.-

El Ciudadano

Intérpretes: Orson Welles (Charles Foster Kane), Joseph Cotten (Jedidiah Leland / Reportero de noticiario), Dorothy Comingore (Susan Alexander), Agnes Moorehead (Mrs. Mary Kane), Ruth Warrick (Emily Norton Kane), Ray Collins (Boss James 'Jim' W. Gettys), Erskine Sanford (Herbert Carter / Reportero de noticiario), Everett Sloane (Señor Bernstein), George Coulouris (Walter Parks Thatcher), William Alland (Jerry Thompson / Narrador de "News on the March"), Paul Stewart (Raymond), Fortunio Bonanova (Matisti),

Origen: Estados Unidos

Año: 1941

Director: Orson Welles

Guión: Orson Welles, Herman J. Mankiewicz y John Houseman (no figura en la ficha técnica)

Producción: Mercury Productions - RKO Radio Pictures

Música: BH

Montaje: Robert Wise

Duración: 119 minutos.

Fuente : Canal Trans.com





Circuito Cultural Jorge Luis Borges - Xul Solar




A partir del 8 de agosto, todos los jueves a las 14hs. Entrada gratuita.

Este proyecto cultural y turístico pretende posicionar a la Ciudad de Buenos Aires como soporte artístico mediante la creación de una galería a cielo abierto entre la Fundación J. L. Borges y el Museo Xul Solar. Con propuestas inspiradas en el imaginario de ambos artistas, este circuito ofrece a porteños y turistas la posibilidad de recorrer los barrios de Recoleta y Palermo de un modo distinto, proporcionando contacto directo con experiencias artísticas contemporáneas de calidad. Las obras de sitio específico guiarán el recorrido entre ambas instituciones con el fin de sumar experiencias estéticas en el espacio público, así como también para acercar a la comunidad el espíritu de unión y amistad entre Xul Solar y Jorge Luis Borges.

  
Circuito
 Jueves a las 14hs. Punto de encuentro: Fundación Internacional Jorge Luis Borges (Anchorena 1660). 

Fuente : Turismo Buenos Aires
http://www.turismo.buenosaires.gob.ar/es/article/circuito

 

Circuito Cultural Jorge Luis Borges - Xul Solar




Fuente : You Tube
http://www.youtube.com/watch?v=xkiHyQ9atto

lunes, 5 de agosto de 2013

Borges en el Emily Dickinson College - 1983


En la primavera de 1983, Jorge Luis Borges sostuvo una serie de charlas en el Emily Dickinson College. Los temas fueron múltiples: las novelas de piratas, Kipling, la Biblia, la poesía gaucha y el amor fallido de Emily Dickinson destacan entre otros. Borges respondía en inglés a las preguntas que le hacía el público. La curiosidad de los escuchas llevó la plática hacia temas inesperados. Una tarde entera se habló sobre la literatura en español. Borges reflexionó, como gustaba hacerlo, sobre la literatura de sus días –es decir, los autores y las obras de la primera mitad del siglo XX–. Pero, contraviniendo acaso un acostumbrado silencio, se refirió también a los "jóvenes": Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Octavio Paz y otros. Las charlas del Dickinson College han aparecido de manera dispersa en español. Omega y La Ciudad del Mañana publicaron algunas partes. Aquí hacemos entrega de las páginas que se refieren a la literatura de esos "jóvenes". Traducir a Jorge Luis Borges del inglés representa la misma dificultad que traducir a cualquier poeta. Su ejercicio del inglés era impecable. Sin embargo, se trata de un poeta admirable. Y quizá traducir a un poeta admirable sea una tarea imposible.

CARLOS CORTÍNEZ: Creo que usted comparte una afinidad por la Biblia, ¿cierto?

JORGE LUIS BORGES: Ah, sí, claro. Esto es porque la Biblia, no sé si podamos hablar de ello, es en realidad una biblioteca, tomando en cuenta que su nombre es un plural. ¡Qué idea excepcional, la de reunir textos de distintos autores y distintas épocas y atribuirlos a un autor único, el Espíritu! ¿No es maravilloso? Es decir, obras tan dispares como el Libro de Job, el Cantar de los Cantares, el Eclesiastés, el Libro de los Reyes, los Evangelios y el Génesis: atribuirlos todos a un solo autor invisible. Los judíos tuvieron una magnífica idea. Es como si alguien pretendiera conjuntar en un solo tomo, las obras de Emerson, Carlyle, Melville, Henry James, Chaucer y Shakespeare, y declarar que todo proviene del mismo autor. Los judíos tuvieron una idea espléndida: reducir sus libros, su biblioteca entera, a un libro llamado "Los Libros", la Biblia. Es una idea realmente curiosa; ¡si tan sólo pudieramos llevarla a cabo nuevamente! Hay demasiados libros, demasiados textos; sería preferible tenerlos todos reunidos. Cada país podría hacerlo: conjuntar sus mejores libros y atribuírselos a un autor único y anónimo, el Espíritu.

SOBEJANO: Bueno, si es mi turno de hablar...

BORGES: Creo que sí.

SOBEJANO: Más bien de preguntar que de hablar. Ciertamente, no sabía si llamar a esto una conversación, un cuestionario, una interrogación...

BORGES: Un catequismo, también, un catequismo. ¿Qué le parece? ¿Por qué no?

SOBEJANO: Bien, entonces, comenzaré con una pregunta, a ver qué le parece. Usted ha declarado que es un poeta que no quisiera ser un poeta que canta, sino uno que diga...

BORGES: los argentinos no somos de interjecciones. Nuestra poesía es mayormente oral, más que exclamatoria.

SOBEJANO: Pero al mismo tiempo, usted ha expresado admiración o un especial respeto por ciertos poetas españoles.

BORGES: ¡Claro que sí, por supuesto!

SOBEJANO: Por ejemplo, Jorge Guillén, Jorge Manrique...

BORGES: Jorge Guillén me parece el mayor poeta de la lengua española, ¿no es cierto? Sin ofender a nadie, espero.

SOBEJANO: ¿Cree usted que alguno de estos dos poetas es grandilocuente?

BORGES: No, felizmente no.

SOBEJANO: ¿Guillén?

BORGES: No, no, felizmente no.

SOBEJANO: ¿A qué poeta español considera usted grandilocuente y musical? Es decir, que "canta" pero no "dice".

BORGES: Pienso que hay tantos que la lista sería infinita.

SOBEJANO: ¿Exceptuaría a Manrique?

BORGES: Sí, y a muchos otros.

SOBEJANO: Y a Guillén. ¿Qué le parece Quevedo?

BORGES: Sobre todo, el mejor poema en lengua española, a mi parecer, es la "Epístola Moral" del sevillano anónimo. No creo que haya ninguna duda al respecto. "Oh, muerte, ven callada, como sueles venir en la saeta..."

SOBEJANO: ¿No le parece que es demasiado didáctico, un tanto moralista y didáctico?

BORGES: Pero es que necesitamos gente didáctica, sensible. Todos somos fácilmente geniales y fácilmente irresponsables. Es mejor para una persona que no es genial, que es lúcida y responsable, escribir versos admirables, por ejemplo: "Augur de los rostros de los desposeídos", que es un verso que fue escrito para la eternidad. O: "Antes de que el tiempo muera en nuestros brazos...", y tantos otros versos.

SOBEJANO: Ahora recuerdo que usted mencionó alguna vez esos versos. "Oh, muerte, ven callada, como sueles venir en la saeta..."

BORGES: Así es. La última vez que vi a Henríquez Ureña, decidimos que esas líneas tenían que ser de algún autor latino, porque en el siglo XVII estaba de moda imitar temas clásicos. Y él dijo: "Averiguaré quién fue el autor." Y no volví a verlo después de esa ocasión. Posiblemente Guillén haya encontrado el origen de esos versos que me parecen tan latinos.

SOBEJANO: Hace poco leí la observación que usted compartió con Henríquez Ureña, y consulté un libro, el primero que se publica sobre la "Epístola Moral", de Dámaso Alonso, a quien usted también conoce.

BORGES: Sí, en efecto.

SOBEJANO: Los orígenes de ese verso son en cierta manera inexplicables. "Todo lo pasas de claro con tu flecha", dice Jorge Manrique. ¿Recuerda?

BORGES: Sí, lo sé. Sin embargo, "Todo lo pasas de claro con tu flecha" no es: "Oh, muerte, ven callada, como sueles venir en la saeta..."

SOBEJANO: Exactamente, y antes que nada uno pone atención en "callada", ¿cierto?

BORGES: Sí, por supuesto...

SOBEJANO: Que es justo lo que me parece que no se explica en ese libro. Por esto es que digo que la poesía...

BORGES: ... que la poesía no puede explicarse. Y asimismo, el arte sucede.

SOBEJANO: Sí.

BORGES: Repito las palabras de Whistler: "el arte sucede". El arte ocurre y no puede ser explicado. Pero disfrutamos mucho explicándolo. El análisis de la literatura es un pasatiempo inocente, ¿por qué no?

           
Jorge Luis Borges

CORTÍNEZ: Bien, creo que es el turno de América Latina.

BORGES: Claro, por supuesto.

CORTÍNEZ: Empezando por el país que produjo a Gabriela Mistral...

BORGES: ¡Lo que pasa es que sé tan poco de este continente! O en el caso de la República Argentina, la conozco demasiado bien. Y eso es peligroso.

CORTÍNEZ: Pero, ¿conoció a Vicente Huidobro, no es así?

BORGES: Sí. Vicente Huidobro, sí. Hablé con él una noche. Estaban Ulises Petit de Murat y él. Y sucedió algo gracioso. Tomamos el tranvía a Ramos Mejía, un poblado al oeste de Buenos Aires. Huidobro hablaba de su poesía, con cierta vanidad, y Ulises y yo dijimos: "¡Bueno, esto es realmente excesivo!" Y él se dio cuenta de que se le había ido la mano, y dijo: "pero claro, mi poesía no vale nada". Pronto todos estallamos en risas y cambiamos de tema. Fue una situación divertida. Platicamos un rato y nunca más volví a verlo. Fue la última vez que lo vi. No hablamos más acerca de la poesía de Vicente Huidobro esa noche, sino de otras cosas.

¡Bueno!, el universo es siempre infinito y siempre nos ofrece una variedad de temas. Pero quizás esta noche los agotemos.

SOBEJANO: Hace un momento preguntaba acerca de la condición del poeta que no canta sino dice, y esto coincide con lo que Jorge Guillén practica: una poesía de la elocuencia en tono menor que no grita, no clama, no pretende cantar, sino...

BORGES: Si yo pudiese cantar, lo haría, pero no tengo voz; es serio, no la tengo. Todo está en conexión con ese tipo de poesía, bueno, que es casi prosa, y que muchas veces efectivamente es prosa; finalmente, vivir de esa manera es lo único sincero en mí. Y no tengo ningún apetito de interjecciones.

SOBEJANO: En cierta ocasión un estudiante me preguntó si la poesía de Jorge Guillén tiene alguna semejanza con la de Jorge Luis Borges.

BORGES: ¡Si tan sólo mi poesía se pareciera a la de Guillén! Pero no soy tan ambicioso.

SOBEJANO: Pero él se refería principalmente a la actitud, y yo le contesté lo que se me ocurrió en el momento, y fue que la poesía de Guillén es mucho más complaciente en la afirmación de la naturaleza, la tierra, el placer, mientras que la de usted es, en efecto, más desesperada.

BORGES: No, desesperada no: resignada. Quietamente resignada, diría yo.

SOBEJANO: ¿De modo que usted se considera a sí mismo un hombre apacible?

BORGES: Sí, en verdad trato de serlo. En toda mi vida, nunca me he enfurecido. Pero no sé, tal vez sea mejor enojarse y ventilar los sentimientos propios. Soy incapaz de experimentar furia, incapaz de sentir ira, pero soy capaz de ser paciente y, sobre todo, soy capaz de perdonar.

SOBEJANO: Ciertos adjetivos abundan en su poesía, por ejemplo, "arduo", "exacto", abundan tanto que creo que puedo trazar en sus huellas la influencia que usted ha tenido en escritores o críticos y poetas latinoamericanos, que también emplean frecuentemente esas palabras.

BORGES: Pero, ¿le parecen extrañas esas palabras?

SOBEJANO: Disculpe, no, no. No lo son. Pero...

BORGES: Porque un árbol es exacto, las estrellas son exactas, la arena es exacta, tantas cosas son exactas, que serían demasiado numerosas, ¿no es así?

SOBEJANO: Mi pregunta era si usted cree que esas palabras, que no son extrañas, sino que se repiten constantemente, caracterizan acaso su escritura.

BORGES: Muy repetidas, en mi caso. Jean Cocteau decía que el estilo es una serie de "tics". Y tiene razón, creo yo. Todos los estilos son una serie de hábitos, repeticiones; eso es el estilo. Pero uno debería tratar de escribir anónimamente, es decir, sin "tics", sin preferencias y, al mismo tiempo, sin desdén.

CORTÍNEZ: Para terminar con los poetas de mi país. Usted sabe que hay otro que ganó el Premio Nobel.

BORGES: Pero, ¿por qué quiere terminar con ellos?

CORTÍNEZ: ¡Para no tener competencia!

BORGES: Pero realmente no son tan malos. ¿Por qué quiere acabar con ellos?

CORTÍNEZ: Está bien. De la obra de Pablo Neruda sabemos que a usted no le gustan los poemas de amor, sino los poemas políticos. ¿Podría esto sugerir una afinidad ideológica?

BORGES: No, al contrario. Digamos que el comunismo sirvió para hacer de él un excelente poeta, del mismo modo en que la democracia le sirvió a Whitman, el imperialismo a Kipling, etc. Cada poeta requiere su inspiración. Y la inspiración es distinta en cada caso. Por ejemplo, yo admiro a Whitman, me encanta, pero no creo en la democracia. Finalmente, las opiniones son simple inspiración para cada poeta, y cualquier cosa puede servir de inspiración. Para muchos, bueno, no sé, la religión cristiana, es un buen ejemplo. Fue una inspiración para Dante; para mí no lo sería porque no creo en ella. Pero eso no significa que no crea en Dante. No creo en su religión, en sus opiniones, lo que no significa que no crea en él. Porque él es algo esencial, algo que va más allá de mis pobres opiniones. Además, las opiniones cambian tanto; uno mismo cambia tanto con el tiempo, y no debería juzgarse a nadie por una opinión. Es lo menos importante, lo más banal, lo más pasajero y efímero.

SOBEJANO: Y ahora, una pregunta completamente peninsular. Usted admira a un novelista portugués, Eça de Queiroz, tanto, que ha llegado a afirmar que su novela El primo Basilio le parece superior a Madame Bovary.

BORGES: Eso me resulta obvio. Es un axioma. Ahora me parezco a Euclides, hablando de axiomas.

SOBEJANO: Mi pregunta es peninsular porque involucra a un portugués y a un español. Usted ha hablado muy poco, que yo sepa (pero esta afirmación puede deberse a mi ignorancia), acerca de un novelista con el que se le ha comparado más de una vez, Clarín (Leopoldo Alas), que además de novelas escribía también cuentos.

BORGES: Pero no sé si son tan similares. Reconozco más las diferencias que las similitudes. Sin duda, ambas cosas existen; es imposible que no fuera así.

SOBEJANO: Por esto quería preguntarle si piensa que el cuento moderno que usted ha cultivado y llevado a ese dominio magistral, tiene en Clarín algún valor considerable como inspiración, casi como una introducción del cuento en las letras españolas. Me refiero, por supuesto, a España.

BORGES: No lo sé. No recuerdo sus cuentos. Recuerdo alguna de sus novelas...

SOBEJANO: Cuentos, algunos fantásticos y parabólicos...

BORGES: No los recuerdo. Creo que el cuento es un género esencial y que la novela no lo es. En la novela hay siempre un exceso. Siempre hay demasiadas páginas, incluso en el caso de Joseph Conrad, quien es para mí el novelista supremo. Incluso en su caso siempre hay exceso. Por otra parte, un cuento, una buena historia de Rudyard Kipling, por ejemplo, o una buena historia de Conrad, puede ser esencial, no tener desperdicio y no faltarle una sola palabra. La novela es sucesiva, y el novelista no puede contenerla. En cambio un cuento puede ser contenido. Un cuento puede contenerse a sí mismo, del mismo modo en que lo hace un soneto. Pero una novela no. Una novela es sucesiva, para los lectores y para el autor. Una novela, después de ser leída, puede formar un todo, y tal vez los libros no se escriben por lo que nos dan página tras página, sino por su imagen perdurable. Quizá la vida de un hombre es eso. Lo importante es la imagen que deja tras de sí. Y esta imagen puede estar dispersa en toda su obra y no en un libro particular. Por ejemplo, para mí el prosista supremo de la lengua española es Alfonso Reyes. Alfonso Reyes no está en un libro. Está en todos ellos, como el Dios de los panteístas, y probablemente esto es verdadero para muchos escritores. Edgar Allan Poe no está en ninguno de sus libros, ni siquiera en Arthur Gordon Pym, sino que está en su obra entera, en la imagen que nos dejó. Lo mismo sucede con Byron. Podemos imaginar con facilidad a Byron sin siquiera pensar en Don Juan y sus otros poemas. Puede que sea el destino de un escritor. Y quizás el Quijote existe en nuestra memoria más como un todo que en cada página. No sé si está en cada página, tal vez no. A menos que fuera en el admirable capítulo postrero, en el que Cervantes se despide de su amigo, nuestro también, Alonso Quijano. Quizá es allí donde está el Quijote. Acaso ese último capítulo requiere del peso de los anteriores; es probable que no significara nada, publicado por sí solo aparte.

CORTÍNEZ: Anoche nos decía usted que no cree en los movimientos literarios, ¿no es así?*

BORGES: ¡Ah, claro! Creo que son un error. Tal vez porque soy un individualista. Y en la literatura inglesa, que es para mí la literatura, apenas hay movimientos. Y los que existen son menos importantes que quienes participaron en ellos. Por ejemplo, creo que Coleridge o Wordsworth son más importantes que el movimiento romántico. Y, por lo general se puede decir lo mismo. Además, la noción de escuelas me parece bastante lúgubre. Por supuesto, es conveniente para quienes hacen la crónica de la historia de la literatura, pero es una disciplina nueva. No creo que en el siglo XIX se haya realizado ni un solo estudio histórico sobre la literatura del siglo XVIII. Y ahora vemos todo históricamente; vemos todo en función de fechas, lo cual me parece más o menos lúgubre. Tendríamos que pensar cada libro como el libro del momento presente. Para mí, la grandeza de Kafka reside en esto, en el hecho de que sus novelas, y sobre todo sus cuentos, surgieron de una manera espléndida y eran muy antiguos. No necesitaban ser contemporáneos. Y esa es una virtud. En este mismo instante recuerdo –voy a hacer una digresión: ¿por qué no?– una frase que Kipling atribuye a un poeta hindú, pero que probablemente inventó él mismo. La frase es tan hermosa que no importa si es obra de Kipling o de un poeta hindú anónimo, o si es un lugar común en la literatura hindú. Dice así: "Si no me hubieran dicho que era amor, habría pensado que era una espada desnuda." Creo que sería una frase admirable si hubiese sido escrita esta mañana o hace dos mil años. La literatura debería buscar eso. Debería esforzarse por ser eterna y no corresponder exactamente a una era, tomando en cuenta que estamos condenados a una era. Pienso que tendríamos que buscar eternidades incluso si no las encontramos.

CORTÍNEZ: Por eso no voy a mencionarle el modernismo. Sin embargo, ¿podría preguntarle acerca de Lugones?

BORGES: No. Pero el modernismo, en mi opinión, fue como una bocanada de aire fresco en la lengua española. Muchas cosas comenzaron a causa del modernismo. Naturalmente, entre esas

Vicente Huidobro conversa consigo mismo

cosas, también yo comencé, lo cual es de lamentar. Creo que todos somos hijos del modernismo, es decir, descendientes de Freire, Leopoldo Lugones y sobre todo Rubén Darío. No sé. Tal vez conversé con Lugones cinco o seis veces en mi vida, y en cada ocasión él cambiaba el tema para hablar con afecto y nostalgia de "mi amigo y maestro Rubén Darío". Le gustaba esa relación fraternal con Darío. Era un hombre solitario y poco agradable; y Darío era un ser maravilloso, realmente encantador, y sin duda Lugones miraba con reverencia a Darío, que le había enseñado tantas cosas. Creo que todo lo que se ha hecho después viene del modernismo. Pudimos, finalmente, sentirnos hartos de cisnes y lagos; los mismos modernistas se cansaron de ellos. Significó una gran libertad, un gran respiro para el lenguaje. Tantas y tantas ideas entraron, todos los temas. Poco después, Lugones, en Lunario, cambió la métrica e hizo otros juegos como ésos, métricos, extraños. Y luego una música, una música definitivamente tomada de Verlaine y Hugo. Cambiar la música de una lengua a otra es muy difícil. Si yo pudiera transportar la música del inglés al español sería un gran poeta, pero no lo soy. Pienso, por ejemplo, en una música como: "Ligero sueño de los crepúsculos suaves, como la negra madurez del higo, sueño de un lugar que se goza consigo mismo, con sus propias alas." Esta música taciturna es nueva en la lengua española. Y es absurdo decir que Lugones la tomó de Verlaine o de Darío, si tomamos en cuenta que sus libros están a disposición de todos, y no todos escriben esos versos. Y el otro dice: "El jardín con sus íntimos retiros, hará a tu lado el sueño, fácil jaula." En él, la metáfora está reducida al mínimo y la cadencia lo es todo. No, yo creo que tenemos una deuda de gratitud con el modernismo. Finalmente, todo cambió gracias al modernismo, aunque la palabra es un tanto ridícula. Pero eso en realidad no importa.

SOBEJANO: ¿Puedo hacerle una pregunta? En una antología reciente de su poesía hay un poema a Baltasar Gracián, o sobre Baltasar Gracián...

BORGES: Creo que puedo explicarlo. No es un poema que se burle de Baltasar Gracián. Es un poema que se burla de mí. Yo soy el Gracián de ese poema. Por eso es que me considero indigno del cielo, puesto que tiendo a pensar en formas literarias, adivinanzas, retruécanos, rimas, aliteraciones, y ese poema es en realidad una autocaricatura. No pensé en el Baltasar Gracián histórico; pensé en mí. Tal vez soy injusto, pero Gracián es un pretexto en el poema, una especie de metáfora.

SOBEJANO: En la misma antología hay una nota suya que dice precisamente eso, que el poema es una parodia, que se vale de la parodia...

BORGES: ¡Vaya! Traté de decir algo nuevo y parece que estoy condenado a la repetición.

SOBEJANO: No, pero mi pregunta era si piensa usted que fue una aclaración tardía. Porque durante años el lector lo ha percibido como un poema en contra de Baltasar Gracián.

BORGES: Bueno, podría ser entonces en contra de ambos. Puede ser contra los dos a la vez. Contra Baltasar Gracián, S.J., y contra mí.

SOBEJANO: ¿Se considera usted un poeta ingenuo o un poeta sentimental? Partiendo de la famosa distinción que propone Schiller del poeta que es natural y el poeta que busca la naturaleza, pero sabe demasiado y siente demasiado y no es natural.

BORGES: Infortunadamente, soy sentimental en ese sentido, sí, pero, ¿qué puede uno hacer? Pasamos nuestras vidas leyendo. Emerson dijo alguna vez: "la poesía viene de la poesía"; en mi caso de libros que he leído, por supuesto, y de las emociones. Sin emoción no hay poesía posible.

SOBEJANO: Parecería imposible que existieran poetas ingenuos actualmente, ¿no cree?

BORGES: Pero, ¿por qué? Nuestra era misma es tan ingenua. ¡Nadie sabe nada! No deberíamos temer al conocimiento; deberíamos sí temer a la ignorancia, ya que somos tan ignorantes.

SOBEJANO: Sí. A pesar de todo, quizá uno pueda llegar a saber demasiado.

BORGES: No. El universo es infinito. ¿Qué podemos saber? El número de libros es infinito. ¿Qué cantidad de esas páginas hemos leído? ¿Cuántas lenguas hay? Miles. Y conocemos una o dos. Nuestra vida es muy breve –en mi caso, demasiado larga, pero, naturalmente, al final es breve también–. ¿Qué podemos saber? Muy poco. El universo siempre permanece. El universo es infinito. A pesar de lo que tomamos de él, la infinitud permanece. Esto es, por supuesto, el infinito menos algo, y lo que resta es la infinitud, siempre. No, no creo que debamos resistirnos al conocimiento, puesto que sabemos tan poco. ¿Cómo podemos resistirnos al conocimiento? ¡Somos semibárbaros!

CORTÍNEZ: Me parece que esto lo dice también en un poema al Perú, en La moneda de hierro. Usted habla de...

BORGES: No recuerdo ese poema.

CORTÍNEZ: Bueno, puedo ayudarle a recordarlo.

BORGES: Sí, gracias.

CORTÍNEZ: Dice usted en él que todo lo que tiene de Perú es la plata que su abuelo o bisabuelo le trajo.

BORGES: Sí. Y History of the conquest of Peru de Prescott. Y creo que es todo, ¿no? Acaso unos cuantos recuerdos agradables, recuerdos personales.

CORTÍNEZ: Está bien. El asunto es que también menciona a un poeta peruano, Eguren. ¿Lo recuerda?

BORGES: Eguren, claro. Alberto Hidalgo, un poeta menor, me presentó a Eguren, un poeta mayor, diría yo. ¿Cómo se llama el libro? "La niña..."

CORTÍNEZ: Se trata solamente de un poema, "La niña de la lámpara azul".

BORGES: Sí, "La niña de la lámpara azul", sí.

CORTÍNEZ: ¿Le parece que el título es aceptable?

BORGES: Es demasiado decorativo. Pero era su propósito: ser decorativo. La niña de la lámpara, y el azul ahí, ya es demasiado para mí. Yo soy muy sobrio, un puritano, y para mí esos excesos, esas orgías, son auténticamente condenables. ¿"Niña de la lámpara azul"? No. No soy orgiástico.

CORTÍNEZ: Y respecto al "azul", ¿de quién podemos hablar?

BORGES: Me parece evidente que hablamos de Mallarmé: "L’azur, l’azur, l’azur", y luego Rubén Darío lo adoptó. Creo que se puede hablar de colores básicos, por ejemplo, el azul, el rojo, o el amarillo, o el blanco, tal vez del verde, pero no de matices. Por ejemplo, Chesterton, a quien admiro incondicionalmente, tiene un poema en el que dice: "el violeta y argénteo leopardo de la noche". Creo que es un error –creo que debió decir "negro y plateado"–. "Violeta", me parece, es un tono que no encaja. No sé qué piensen de esto. "El negro y plateado leopardo de la noche"

Jorge Luis Borges, Octavio Paz y Salvador Elizondo

sería mejor, porque "violeta y argénteo", y no sé por qué, parece un dibujo, un grabado. En cambio, "negro y plateado" van bien juntos. Pero, ¿quién soy yo para corregir a Chesterton?

SOBEJANO: En sus primeros poemas –y creo que esto aún es válido–, los atardeceres, la calle, las últimas calles de la ciudad y, sobre todo, los patios tienen un significado para usted, lugares agradables, lugares violentos en los que encuentra...

BORGES: Eso es porque nací en una casa con patios. Todo Buenos Aires era así. Nací en el centro de Buenos Aires. Y toda la cuadra era una casa llena de historias. Todo estaba lleno de casas bajas con techos planos, cisternas, cada una con una tortuga en el fondo para mantener el agua pura, puertas traseras, patios, eso era Buenos Aires. Por supuesto, ahora es distinto. Como estoy ciego, yo sigo viviendo en un Buenos Aires que ya no existe. Escribí un poema que comienza así, un poema muy triste. No los haré sufrir con él. Empieza así: "Nací en otra ciudad que también se llamaba Buenos Aires", como todo ha cambiado tanto... No, pero, ahora no me importan los atardeceres ni los barrios. Me gusta el centro de la ciudad, me gusta la ciudad y me gusta la mañana. Me gustan las mañanas, el centro, la esperanza, la ilusión de que cada día puede ser el comienzo de algo, que se desvanece a medida que el día avanza. Me gusta esa ilusión de cada amanecer, y la cultivo. Esto quiere decir que ahora me gustan los amaneceres y las mañanas.

CORTÍNEZ: Si nos quedamos de este lado de los Andes y pensamos en la poesía argentina, a usted siempre le ha gustado la poesía gaucha.

BORGES: Sí. Siempre me han gustado Ascassubi y Hernández. Pero en Ascassubi hay una felicidad que no se encuentra en Hernández. Una felicidad que es una especie de rabia floreciente. En Hernández hay rabia, pero es triste. No como en Ascassubi. Por ejemplo: "Vaya un cielito rabioso, cosa linda en ciertos casos, en que anda un buen hombre ganoso de divertirse a balazos." Eso es Ascassubi, muy distinto del tono de Hernández, que es un tono algo triste.

SOBEJANO: Un crítico español, probablemente resentido por algunas de sus opiniones, lo acusa de ser un hombre universal, cosmopolita, educado en Suiza y en Inglaterra, y demás cosas, y dice que usted posee una enorme cultura universal, pero que precisamente eso hace que menosprecie culturas menos desarrolladas. Naturalmente, estamos hablando de un crítico socialista. ¿Qué piensa de eso?

BORGES: ¿La cultura del subdesarrollo?

SOBEJANO: Supongo que piensa en...

BORGES: ¿La cultura argentina, no?

SOBEJANO: Y la española, por supuesto. Y la de todos los países hispánicos. Pero supongo que se refería a su Buenos Aires de los suburbios, de las milongas, de los patios, del "Hombre de la esquina rosada"...

BORGES: Pero eso no es condenable. No creo que sea condenable. Además, hemos llegado a la luna, y más lejos, espero.

SOBEJANO: ¿Le parece tendenciosa, injusta esta opinión?

BORGES: No, no. En absoluto. Trato de ser universal. No lo logro, claro está. Pero pasé cinco espléndidas semanas en Japón, y me sentí como un bárbaro entre gente civilizada. Después fui a Egipto. Sentí el peso del tiempo, tantos ayeres acumulados allí. En Europa se siente lo mismo. Y aquí mismo también, en ciertos lugares. Por ejemplo, en Nueva Inglaterra, por ejemplo, se siente un tiempo que no se siente en Texas, realmente, a pesar de que Texas me gusta mucho. ¡Hay tantos países! Quisiera conocer todas las lenguas, todas las literaturas, pero, ¡Dios mío!, tengo ochenta y tres años de edad y sé muy poco. Ahora estoy estudiando islandés –creo que es bueno hacerlo– y con María Kodama estudio anglosajón, el inglés antiguo. Eso también fue mágico. También aprendí por mí mismo alemán para poder leer a Schopenhauer, y lo logré con un método que quiero recomendarles: comiencen a estudiar alemán no con la gramática, que es terrible, sino con Buch der Lieder de Heine y con el Intermezzo. Así llegué a disfrutar la literatura germana, aunque no soy capaz de hablarlo con fluidez. En estos momentos estudio islandés. Me gustaría aprender otras lenguas, y como ustedes, como todos ustedes, tal vez, siento nostalgia por el latín, que en algún momento creí dominar pero que después perdí. Pero la nostalgia por el latín es benéfica, pues sin él no habríamos tenido al anónimo sevillano, los trabajos de Quevedo, de Góngora, de Saavedra Fajardo, todos basados en una nostalgia por el latín. Quizá pueda decirse lo mismo de Milton, que también añoraba el latín y el griego. Es una hermosa añoranza.

SOBEJANO: Esto me recuerda que en algún lugar usted dice que trató de aprender en sus comienzos de escritores latinizados, como Saavedra Fajardo y Quevedo.

BORGES: Es cierto.

SOBEJANO: Después los abandonó por...

BORGES: No sé por qué Saavedra Fajardo ha sido olvidado. Era un hombre muy lúcido, además de un escritor admirable.

SOBEJANO: Y finalmente, creyó que había conseguido un estilo más simple.

BORGES: Ahora, cuando me siento a escribir, lo hago con un vocabulario mínimo. Trato de evitar los sinónimos. Es decir, si escribo "rojizo", sigo diciendo "rojizo", y no "rojo". Parece que es mejor escribir de esta manera, de una manera que pasa inadvertida. Vuelvo al anónimo sevillano: "un estilo tan llano y moderado que no pueda ser percibido por nadie que lo lea." Eso es lo que busco en realidad. Sin duda alguna, ha de ser lo más difícil de alcanzar.

SOBEJANO: Sí, precisamente en su trayectoria más reciente esa manera de escribir contrasta fuertemente creo que con...

BORGES: Con el barroco.

SOBEJANO: Con el barroco que se practica con tanta frecuencia actualmente, que se usa tanto.

BORGES: Creo que la juventud es barroca a causa del miedo. Una persona joven piensa: "Si digo lo que pienso, sabrán que es una observación estúpida, así que voy a disfrazarla." Entonces se disfraza de contemporáneo, de futurista, de escritor del siglo diecisiete, o por ejemplo, un joven se disfraza fácilmente de Shakespeare. Pero es un error. Por otro lado, a mi edad, uno se resigna a ser quien es; sobre todo, conoce sus límites, sabe perfectamente si hay algo en el fondo, pero sabe también que hay cosas que no debe intentar. En mi caso, la novela, por ejemplo. Ni una historia que dure mucho. Sé que no debo tratar de hacerlo. Ni una historia muy larga. Por otra parte, me siento menos incómodo con un soneto o un poema de una página, en verso libre o verso en prosa, que es tan fácil y tan placentero para el oído.

SOBEJANO: ¿Cree que esas formas breves –el poema, el cuento, el ensayo– favorecen la intensidad y la densidad?

BORGES: Sí, y en cada caso, es casi imposible que sean tediosos. Un haikú tiene tres líneas. No hay tiempo de aburrirse. Cinco, siete y cinco sílabas. La tanka: cinco, siete, cinco y luego siete y siete sílabas. Tampoco hay tiempo de aburrirse.

CORTÍNEZ: Borges, ¿está usted anticipando el trabajo que María Kodama va a leer mañana?

BORGES: Exacto. De hecho, estoy usurpándole el tema. No, lo dije porque ella me habló de eso esta tarde. Soy muy listo.**

CORTÍNEZ: Bien, hablando de la novela y de la poesía, hay dos escritores en su país que la mayor parte de nuestros estudiantes identifican como prosistas: Güiraldes, el novelista, y el ensayista Martínez Estrada. Pero también fueron poetas, ¿no es cierto?

BORGES: Sí, pero Martínez Estrada era un poeta admirable. ¡Qué extraño! Martínez Estrada es inconcebible sin Lugones, y es superior a él. Diría lo mismo acerca del gran poeta mexicano que escribió "La suave patria".

CORTÍNEZ: López Velarde.

BORGES: Sí, Ramón López Velarde. Creo que es inconcebible sin Lugones, pero mejor que él. Pero está bien, en general los hijos son superiores al padre. En el caso de Martínez Estrada, sus mejores poemas superan a los mayores trabajos de Lugones. Pero es un hijo de Lugones. Y orgulloso de ello también. Y Lugones, finalmente, era a su vez hijo indiscutible de Laforgue y también hijo de Darío.

CORTÍNEZ: Y Güiraldes, ¿lo convence como poeta?

BORGES: Creo que tampoco él estaba muy convencido. Escribió el libro El cencerro de cristal, una especie de imitación de Lunario. Por ejemplo, veamos, bueno, no se ofendan: "Luna, frígido ovillo, pulcro botón de calzoncillo." No sé si vale la pena recordarlo. Pido disculpas por mencionar ese íntimo botón.

SOBEJANO: Ya que mencionó a López Velarde, ¿cree usted que en él está el germen del prosaísmo?

BORGES: Pienso que lo prosaico es uno de los recursos de la poesía, si se usa cuidadosamente. Si no se abusa de ello, puede ser muy útil.

SOBEJANO: Creo que el prosaísmo fue continuado por César Vallejo, y luego vino el movimiento neorealista, con escritores como Arguedas o Ciro Alegría, que en los años cuarenta y cincuenta cultivaron un tipo de novela y de literatura muy comprometidas con la vida diaria, el trabajo, el sufrimiento; y lo hicieron no tratando de dar un testimonio meramente informativo, claro está, sino como una parte de la obra literaria. Observo una continuidad desde el prosaísmo de López Velarde, pasando por la poesía de Vallejo, hasta llegar a Arguedas.

BORGES: No conozco a esos poetas. Conozco a López Velarde, sí, pero no a los otros. No puedo hablar con ninguna autoridad. Además, he estado ciego como lector desde los cincuenta y cinco años de edad; en verdad no conozco a mis contemporáneos.

SOBEJANO: Hice la pregunta porque es un movimiento que no busca la complejidad o el refinamiento, sino un impulso lírico que proviene de las cosas cotidianas, las más humildes, la vida de los pobres.

BORGES: Ambas cosas pueden unirse –el refinamiento y ese íntimo ritmo del que usted habló–. No creo que sean necesariamente excluyentes.

SOBEJANO: No, claro que no. Usted editó una selección de Quevedo y otras antologías. ¿Qué criterio usa para reunir una selección de la obra de un poeta? ¿Alguna preferencia estética?, ¿o que sea completa?, ¿otro criterio?

BORGES: No. Un criterio hedonista, estético, de placer. Hay obras célebres de Quevedo que no incluyo porque creo que son espantosas. Bueno, pero yo no sé. Es mejor no citarlas en este momento; no las incluí. También hice una antología de Góngora y no incluí, por ejemplo, "ande yo caliente y ríase la gente". Me parece bastante miserable. Y tampoco, "era del año la estación florida, en que el mentido robador de Europa", que también me parece sencillamente horrible. Pero Góngora tiene versos espléndidos. Es curioso que uno de los mejores sonetos de Quevedo haya sido escrito por Góngora. Ese soneto típicamente quevediano dice: "Las horas que limando están los días, los días que royendo están los años." Góngora escribió los mejores versos de Quevedo. Y antes que él también. ¡Era un auténtico bribón! Se anticipó a Quevedo.

CORTÍNEZ: Se supo en España, pese a que la votación fue secreta, que cuando se otorgó el Premio Cervantes a Onetti hubo un voto disidente en favor de Octavio Paz. Y las malas lenguas dicen que ese voto fue suyo.

BORGES: No las malas. Las buenas y verdaderas lenguas.

CORTÍNEZ: ¿Eso significa que puedo hacerle una pregunta sobre Octavio Paz?

BORGES: Qué extraño. Admiro mucho a Octavio Paz. Me gusta lo que escribe. No tengo nada interesante que decir sobre él en este momento. Soy simplemente un lector agradecido de Octavio Paz. Y voté por él. Siento que darle el premio a Onetti fue una equivocación, pero finalmente la vida está hecha de errores, sobre todo la mía, que es una especie de antología de errores.

CORTÍNEZ: Pero subsanaron esa equivocación, porque le dieron el Premio Cervantes a Octavio Paz al año siguiente.

BORGES: Cierto.

CORTÍNEZ: Y hay muchos de nosotros aquí que pensamos que el más reciente Premio Nobel fue una equivocación, no tanto con respecto a la persona sino al orden en que fue otorgado. No sé si está de acuerdo con nosotros.

BORGES: No. El premio fue bien otorgado. Yo francamente no deseo el Premio Nobel. Los suecos son muy sensibles. Tienen toda la razón. ¿Quién soy yo para compararme con Neruda, con Kipling, con Bernard Shaw, con Bertrand Russell, con André Gide, con William Faulkner? Nadie, evidentemente. Creo que los suecos están en lo correcto. Además, es una especie de ritual bien establecido. He perdido la cuenta de los años: me prometen el premio cada año, se lo dan a otro y ya sé cómo es la cosa. Es un ritual que se repite a sí mismo. Ahora es un hábito del tiempo.

CORTÍNEZ: García Márquez dijo que estaba muy sorprendido por haberlo obtenido antes que usted.

BORGES: Pues debo estarle agradecido por ese error. Él se lo merece y yo no.

SOBEJANO: Dice usted que le han prestado demasiada atención, lo dice modestamente.

BORGES: Es cierto. Se han escrito bibliotecas enteras sobre mí. Hasta ahora no las he leído, pero de todas maneras lo agradezco. Soy un hombre muy tímido; normalmente no leo lo que se escribe sobre mí. Soy muy tímido.

SOBEJANO: Tomando en cuenta que su obra fue escrita principalmente en los cuarenta y cincuenta, y que en ese entonces no tenía usted una popularidad tan extensa y universal, ¿no le parece que...?

BORGES: No, la gente estaba en lo correcto entonces y después cometieron un error.

SOBEJANO: No, no, se trata de comprensión y de justicia. Nosotros, los españoles, leemos casi con una divertida curiosidad las numerosas descalificaciones que usted ha hecho de nuestros escritores. Por ejemplo, Gracián, Calderón, todo el siglo XVIII, todo el XIX, Azorín, Juan Ramón Jiménez, García Lorca, Camilo José Cela...

BORGES: No, no. Juan Ramón Jiménez no. Es un gran poeta, por supuesto.

SOBEJANO: ¿Cree usted que el siglo XIX es una vergüenza en España?

BORGES: No creo que llegue a vergüenza. Es una palabra demasiado fuerte.

SOBEJANO: Un siglo con escritores como, por nombrar algunos, Larra, Bécquer, Galdós, Leopoldo Alas, cuatro o cinco escritores de...

BORGES: Well, my sense pains me!

SOBEJANO: Well, then nothing. Agreed.

CORTÍNEZ: ¿Y el Poema del Cid ? También lo ha descalificado frecuentemente.

BORGES: Bueno, el Cid, no, no creo. Bueno, sí, un poco. Me dijeron que van a hacer una versión para adultos de ese poema, pero no sé si sea cierto o no. Yo tenía la otra. No la versión para adultos.

SOBEJANO: Continuando con España, ¿siente usted que España es áspera, ruda, algo o muy cruel, radical?

BORGES: Cierto, pero se jactan de serlo. Lo digo como un halago, digo que son rudos para halagarlos.

SOBEJANO: No, no, mi pregunta era si no se refería únicamente a Castilla, porque, por ejemplo, Galicia, Andalucía... Son mucho más dulces, ¿no?

BORGES: Sí, en ese caso, yo soy de cepa andaluza y portuguesa. Más dulce. Por otro lado, en Castilla hay tantos tipos militares, tantos frailes, nada bueno.

CORTÍNEZ: Creo que el público tiene derecho a aportar su grano de arena (the right to stick their two cents).

BORGES: Muy bien, hace mucho que no escuchaba esa expresión. Bueno, veamos...

PREGUNTA (del público): Un día leí algo en uno de sus cuentos que decía: "no hay un hombre vivo que no sea crédulo fuera de su especialidad". Tengo que admitir que me reí. Mi especialidad no es el español –no sé ni una palabra–, pero quisiera hacerle una pregunta. No soy un hombre de fe, pero hay un cuento que me ha perturbado por años desde que lo leí: "Tres versiones de Judas". Me parece ser un cuento sobre las variedades de la traición.

BORGES: ¿De verdad? En ese caso, le pido disculpas por haberlo turbado.

PREGUNTA: Lo que quiero saber es –ya que soy ingenuo en ese sentido– si la persona que protagoniza su historia, Nils Lindberg (el nombre correcto es Nils Rudeberg, N. de la T.), es real, o es sólo un personaje que brotó de su imaginación.

BORGES: ¿Puede repetirme el nombre del cuento?

PREGUNTA: "Tres versiones de Judas".

BORGES: Sí, siento decirlo, todo es inventado. No existe ese hombre.

PREGUNTA: De modo que ese hombre no existió.

BORGES: Siento decírselo.

PREGUNTA: No, no puede ser. Quizá existió.

BORGES: Nadie ha leído ese cuento, excepto usted. Usted es el único lector en el mundo.

PREGUNTA: ¿Tal vez?

BORGES: Estoy completamente seguro. Yo lo escribí, usted lo leyó y se acabó.

PREGUNTA: ¿Se acabó? Gracias, señor.

DONALD SHAW: Todos sabemos, o al menos hacemos conjeturas acerca de lo que Macedonio Fernández significó para usted. ¿Cree usted que Macedonio significa algo especial para la literatura argentina?

BORGES: No, creo que Macedonio Fernández era sobre todo un hombre oral. Lo que escribió no es entendido con facilidad, pero en cuanto a la palabra hablada era un hombre de genio. Allí están Pitágoras, Buda, Jesús, Sócrates, que nunca escribieron. Creo que fue un hombre oral. Era muy taciturno. En toda una noche decía cuatro o cinco cosas; se refería constantemente al interlocutor. Es decir, "che, te das cuenta de que..." y luego seguía algo sorprendente. Lo decía en voz baja. Había gente que esperaba toda la noche para oír a Macedonio decir tres o cuatro cosas, en una voz muy baja, que tenían que repetirse después. Estoy seguro de que era un hombre de genio pese a que su obra escrita no lo confirme. Sentía lo mismo con Rafael Cansinos Assens, un escritor judío andaluz. Al principio, sentía que era un genio. Pero más tarde, releyendo sus libros, me di cuenta de que no puede encontrarse eso en sus libros, sino solamente en mis recuerdos personales, lo mismo que con Macedonio Fernández.

SHAW: Discúlpeme si no me expreso bien, yo también sufro algo de timidez, especialmente en una reunión como ésta. Mi pregunta es la siguiente: una gran parte de la literatura se crea en la memoria, y nuestra memoria es muy corta, demasiado voluble, como usted...

BORGES: Pero precisamente por eso la mente puede imaginar. Si recordáramos todo no seríamos capaces de imaginar nada. Es benéfico que nuestra memoria sea corta. El olvido es lo más valioso de la memoria.

SHAW: Sin embargo, el olvido es mucho más largo, ¿cierto? ¿Es posible crear por el olvido más que por la memoria?

BORGES: De cualquier manera soy incapaz de crear. Pero quizás ambas herramientas son útiles.

SHAW: Por ejemplo, usted, en su cuento "El inmortal", se refiere al tema del olvido.

BORGES: Escribí ese cuento y al final se me ocurrió que sería mejor si el protagonista era Homero, el olvidado, al cabo de todos estos siglos. Es un buen cuento pero el estilo es demasiado extravagante. Si fuera a escribirlo ahora, lo haría con un estilo mucho más simple. Pero quizás esa historia requería ese estilo, pues cada tema dicta su propio lenguaje. Por ejemplo, algo me sucede, y ese algo me dice que emplee el soneto, el verso libre, el cuento o el ensayo. En resumen, no creo que haya una retórica absoluta. Hay temas que deben tratarse en verso rimado; otros permiten o demandan verso libre. Depende del tema. No creo que pueda haber una estética general. Pero finalmente, ustedes pueden enseñarme mucho acerca de esto.

* La noche anterior Borges había sostenido una charla sobre la obra de Emily Dickinson.
(N. de la R.)

**María Kodama habló al día siguiente sobre la poesía y las formas de la literatura. (N. de la R.).

Texto aparecido en Carlos Cortínez (editor),
Borges, the poet. Fayeteville, 1986.

Traducción del inglés por Una Pérez-Ruiz

Jorge Luis Borges, "La literatura de mis días" Fractal n° 7, octubre-diciembre, 1997, año 2, volumen II, pp. 63-88.

Fuente : Fractal Revista Trimestral

domingo, 4 de agosto de 2013

Textos de J.L.Borges en el Palacio del Zar en Rusia



Jorge Luis Borges decía que es imposible crear un tango de verdad fuera de la penumbra de las noches bonaerenses.

Este fin de semana, un elenco de actores moscovitas trata de poner en tela de juicio las palabras del gran escritor argentino. En el museo-vedado Tsaritsino de esta capital, un monumento arquitectónico del siglo XVIII, están presentando una obra exclusiva, el drama musical Tinieblas del tango.

El autor del proyecto y uno de sus principales intérpretes, Piotr Tatáritski, dice que la obra está basada en varias historias a la vez, entrelazadas por monólogos dramáticos y temas musicales comunes.

–Los textos son de John Fowles, Athol Fugard, William Shakespeare, Jorge Luis Borges y algunos autores contemporáneos. En realidad, éste es un espectáculo sobre nosotros en este mundo. Y el tango es como un ritmo, el pulso de la gran urbe contemporánea.

Se trata en primer término de tangos de Richard Galliano, Rodolfo Biagi y, por supuesto, Astor Piazzolla. Además hay fotos y efectos visuales creados especialmente para este proyecto por Katharina Ricci. Piotr Tatáritski continúa:

–Las tinieblas se asocian con algo oculto y misterioso. Algo que no se ve a simple vista. Es lo más íntimo del alma y el pensamiento. La idea de esta historia es hallar la clave para develar todos estos misterios.

Por supuesto, es una historia de amor en monólogos y diálogos entre el personaje central y una joven desconocida. A Él lo encarna el propio Tatáritski, y a Ella, la joven actriz Mary Carne, la Ella Fitzgerald rusa, según la definición de algunos críticos.

El espectáculo se presenta en el atrio de la llamada Casa del Trigo, otrora una dependencia del Palacio del Zar y en nuestros tiempos una gran sala de conciertos y espectáculos provista incluso de un órgano. No hay podio, la acción se desarrolla en una pista de baile, lo que conviene perfectamente a una obra sobre el tango, y el órgano tampoco queda como un atributo de más. La organista Evguenia Krivítskaya, profesora del Conservatorio de Moscú, explica lo que le atrae de este proyecto:

–El bandoneón es bastante frecuente en los tangos de Piazzolla. Prácticamente, es una variedad de acordeón. Y es que el acordeón y el órgano son instrumentos hermanos. El órgano permite imitar fácilmente el sonido típico del bandoneón. Pensamos que este instrumento poco común para el tango puede enriquecer la palestra del género y atraer más público.

El domingo, este fin de semana al son del tango en el museo-vedado Tsaritsino, de Moscú, continuará con una retrospectiva de los tangos más populares del siglo XX.

Fuente : La Voz de usia