miércoles, 19 de mayo de 2010

Borges y los Rolling Stones


Berlín.
Barenboim abrió la temporada.

María Kodama asistió al primer concierto lírico de la orquesta Staatskapelle.

BERLIN.- Así como en las décadas del 70 y del 80 fue Herbert von Karajan, y, mucho antes, en los años 20, lo fueron otras grandes leyendas de la dirección (como Erich Kleiber, Wilhelm Furtwängler, Otto Klemperer y Bruno Walter), el gran ícono de Berlín es hoy, indudablemente, Daniel Barenboim. Corporizar esa imagen esencial en la vida de esta ciudad, centro musical por antonomasia, no se debe sólo a la muy fructífera permanencia de Barenboim en la capital alemana (como director artístico y musical de la Staatsoper y su orquesta, la Staatskapelle, desde el año 1991), sino, sobre todo, y muy lejos de cualquier rutina que implique ese paso del tiempo, la marca de Barenboim se debe a esa energía, esa capacidad extraordinaria de convertir, con un aura que pocos directores poseen, cada una de sus presentaciones en un verdadero acontecimiento cultural. Así fue el concierto de apertura de la temporada, con la Staatskapelle y con Barenboim como director y solista al piano, de un programa que incluyó obras de Strauss, Boulez, Mozart y Brahms. Continuando del mismo modo, siguieron: el estreno del monodrama de Arnold Schönberg, Erwartung , con la destacada soprano Anja Silja en el rol de una mujer ; el inicio del ciclo dedicado al 150° aniversario de la muerte de Robert Schumann (una serie de recitales de canto acompañados al piano siempre por Daniel Barenboim), con un recital de la mezzo checa Magdalena Kozená (una de las nuevas caras y voces líricas del momento), y, finalmente, la reposición de la ópera de Mussorgsky, Boris Godunov , bajo su batuta y con un elenco de grandes voces encabezado por el famoso bajo alemán René Pape, en una reciente producción en la que sobresalen, además del protagonista, el dramatismo y la imponencia del sonido de la orquesta y del coro.

Borges y la música.

Entre el numeroso público que colmó la sala del concierto de apertura oficial de la temporada sinfónica, se encontraba María Kodama, quien, en el marco de un intenso itinerario de homenajes que la llevan por el mundo durante 2006 recordando al genio de Borges, en el 20° aniversario de muerte, coincidió con la fecha de Barenboim en Berlín. Invitada por el agregado cultural argentino, consejero Max Gregorio-Cernadas, Kodama se acercó a saludar al maestro al cabo de la exitosa función y, entre otros ilustrativos comentarios, se refirió a la relación de Borges con la música. "Borges tenía gustos musicales muy dispares -contó Kodama-. Apreciaba a Brahms, la música antigua y el jazz, las milongas y el tango de la vieja guardia. Le encantaba Pink Floyd y era muy lindo verlo cómo, cuando íbamos a ver la película The Wall , Borges seguía la música moviendo la cabeza". También le gustaban los Rolling Stones y al respecto contó una anécdota muy borgiana: "Estábamos en Madrid esperando que vinieran a buscarnos para ir a una cena y, de pronto, alguien se nos acerca muy deprisa. Se arrodilla, le toma la mano a Borges, que estaba sentado, y le dice: «¡Maestro! Yo lo admiro tanto, he leído toda su obra». Borges entonces le pregunta: «¿Y quién es usted? Como sabe, yo soy ciego». «Soy Mick Jagger», le respondió. «¡Ah... es uno de los Rolling Stones!», exclamó Borges. «¡¿Pero cómo... usted me conoce a mí, maestro...?!», se emocionó Mick Jagger, que en su vida hubiera imaginado que Borges conociera y gustara de su música."

Convocada por el Instituto Cervantes y el Festival Internacional de Literatura, Kodama pasó recientemente por Alemania para una serie de homenajes realizados en Berlín. Entre otros actos, ofreció una conferencia dedicada a Borges y la cultura germana, una lectura de poemas y un posterior diálogo con el público, más la inauguración de una muestra de arte ( Borges Biographie/Alphabeten ) del escultor Oliver Siebeck. "Para Borges -explicó a LA NACION-, el alemán fue la lengua del amor y la libre elección. Así llegó a Schopenhauer y a los expresionistas... Y es interesante rastrear esa presencia a lo largo de su obra." Antes de partir, Kodama contó que se sentía emocionada. "Esta visita tuvo un significado muy especial, pues Alemania es el único país de los que había conocido con Borges al que nunca más había vuelto, de modo que este viaje estuvo lleno de recuerdos con los que todavía no me había reencontrado."

Por Cecilia Scalisi
Para LA NACION .
18 - 09 - 2006

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