domingo, 23 de mayo de 2010

Hotel "Las Delicias"




Fue inaugurado el 1 de diciembre de 1872 luego de que Esteban Adrogué diera este nuevo destino a su hasta entonces vivienda, respondiendo a la necesidad de instalarse de las familias pudientes que se acercaban a este pueblo con el propósito de edificar casas de campo, y al deseo de Don Esteban de convertirlo en una villa veraniega.



En 1873, el Hotel "Las Delicias", era un refugio de veraneo preferencial de ilustres personajes de nuestra historia. Visitar el lugar, alojarse en dicho edificio era una distinción muy valorada en la época. Sarmiento, presidente desde 1868 a 1874, fue uno de los que supo gozar de sus comodidades, pudiendo comprobar la razón que tuvo aquel amigo de Esteban Adrogué, el Sr. Ochoa que, eufórico ante ese esplendor, exclamara su famoso "esto es una delicia", dando motivo así para que Don Esteban encontrara el nombre apropiado para ese lugar de descanso.



Las instalaciones del hotel La Delicia, originalmente residencia de verano de Esteban Adrogué, han cobijado a numerosas celebridades durante su época de esplendor, entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Entre sus huéspedes y visitantes ilustres se destacan Jorge Luis Borges y los presidentes Carlos Pellegrini y Domingo Faustino Sarmiento. Demolido a fines de los años 1950, en su solar se alzan actualmente el Colegio Nacional, locales comerciales, residencias y el Pasaje La Delicia.



Jorge Luis Borges le ha dedicado a Adrogué un libro de poesías por los años vividos de su infancia (Adrogué, 1977). La relación entre Borges y Adrogué fue muy especial. La ciudad fue fuente de inspiración para diversas obras del célebre escritor, siempre enamorado de las arboladas calles de la localidad. Fue también Borges quien afirmó que fue en Adrogué donde se jugó al fútbol por primera vez en Argentina. En el centro comercial se encuentra en su honor la plazoleta Borges.



El gran escritor argentino fue un enamorado de esta ciudad, donde pasó muchos veranos de su infancia, y a la que le dedicó un libro de poemas que lleva su nombre. He aquí algunas de las impresiones que nunca olvidó, a pesar de haber recorrido el mundo gracias a su labor literaria:



"Durante los años de mi infancia pasábamos los veranos en Adrogué, a unos quince o veinte quilómetros al sur de Buenos Aires. Allí teníamos residencia propia: una vasta construcción de una planta, con terrenos, dos cabañas, un molino de viento y un peludo ovejero marrón. Adrogué era entonces un remoto y apacible laberinto de casas de veraneo rodeadas por verjas de hierro, con parques y calles que irradiaban de las muchas plazas. Impregnado por el ubicuo aroma de los eucaliptos". (1983)
"En cualquier parte del mundo en que me encuentre cuando siento el olor de los eucaliptos, estoy en Adrogué. Adrogué era eso: un largo laberinto tranquilo de calles arboladas, de verjas y de quintas; un laberinto de vastas noches quietas que mis padres gustaban recorrer. Quintas en las que uno adivinaba la vida detrás de las quintas. De algún modo yo siempre estuve aquí, siempre estoy aquí. Los lugares se llevan, los lugares están en uno. Sigo entre los eucaliptos y en el laberinto, el lugar en que uno puede perderse. Supongo que uno también puede perderse en el Paraíso. Estatuas de tan mal gusto y tan cursis que ya resultaban lindas, una falsa ruina, una cancha de tenis. Y luego, en ese mismo hotel "Las Delicias", un gran salón de espejos. Sin duda me miré en aquellos espejos infinitos. Muchos argumentos, muchas escenas, muchos poemas que he imaginado, nacieron en Adrogué o se sitúan en ella. Siempre que hablo de jardines, siempre que hablo de árboles, estoy en Adrogué; he pensado en esta ciudad, no es necesario que la nombre". (1981)

El primer suicidio de Jorge Luis Borges

En el verano de 1935 el escritor Jorge Luis Borges, por entonces un oscuro bibliotecario de 36 años, estaba perdidamente enamorado de una señorita, que lo rechazó de un modo hiriente, y por ello decidió suicidarse. En una armería de Buenos Aires, lejana a su casa para que no lo reconocieran, compró un revólver, y en un almacén una botella de ginebra Bols. Luego, fue hasta la estación Constitución y sacó boleto para el primer tren hacia Adrogué, pasaje de ida solamente. Se alojó en el hotel Las Delicias, que en esa época era uno de los lugares favoritos de los porteños de clase alta para pasar el verano. Eligió, con humor negro, la habitación 48 (Il morto qui parla) y pidió no ser molestado. Era febrero, el calor agobiaba y la lluvia caía a baldazos. Sin desvestirse, se acostó en la cama, en la zurda la botella de ginebra, que bebió entera, y en la diestra el revólver, que se llevó a la sien y apretó el gatillo. Los nervios o el alcohol, o ambas cosas, hicieron que la bala sólo rozara su cabello, sin producirle ni un rasguño. Anochecía. Comenzó a llorar, tuvo miedo de sí mismo, vergüenza por el fracaso y supo que no se mataría ese día. Salió tambaleante a la lluvia, con el revólver aún en la mano, lo tiró en un zanjón y volvió a su casa porteña, en donde nada dijo. Mucho después contó lo sucedido a su amigo Manuel Peyrou. María Esther Vázquez, también amiga de Borges, cuenta la anécdota en su libro Borges, esplendor y derrota




Borges y Estela Canto en el hotel Las Delicias

Una noche de marzo de 1945, Borges invitó a Estela a visitar Adrogué. La llevó a cenar al Hotel Las Delicias, donde la familia Borges había pasado las vacaciones de verano desde su regreso de Europa. Estela creía que había decidido llevarla allí porque Adrogué era un sitio “aterrador” para Borges, “sagrado” para él. El Hotel Las Delicias por cierto había visto días mejores.



Borges y Pepe Bianco

Fue en el hotel Las Delicias, de Adrogué, donde Borges me convidó a comer un par de veces. En la mesa, el señor Borges no lo participó en la conversación para ocuparse de mí. Decía: “Quizá Bianco quiera tomar vino. ¿Por qué no le ofrecen a Bianco un poco más de este postre, que no parece malo?”.

Recordé a este señor tan cortés, que había conocido en el verano de 1937, cuando leí Tlön, Uqbar, Orbis, Tertius en mayo de 1941.

Algún recuerdo limitado y menguante de Herbert Ashe (...) persiste en el hotel de Adrogué, entre las efusivas madreselvas y en el fondo ilusorio de los espejos (...) Mi padre había estrechado con él (el verbo es excesivo) una de esas amistades inglesas que empiezan por excluir la confidencia y que muy pronto omiten el diálogo. Solían ejercer un intercambio de libros y periódicos; solían batirse al ajedrez, taciturnamente...

3 comentarios:

  1. En este Hotel Las Delicias nací el 19 de enero de 1948, teníamos 2 habitaciones, living y baño, a unos pasos estaba el salón comedor, donde disponíamos de una gran mesa obalada en la entrada tenía un levante y estaba cercada con columnas de madera, una hermosura . Allí pasé mi infancia hasta los 7 años,teniamos todo lo imaginable para desarrollar una infancia feliz. Luis Maria Resconi

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    1. Luis, me encantaria poder saber mas respecto del Hotel.
      Soy docente de una institucion de Adrogue y estamos haciendo un trabajo de investigacion para recrearlo en un diseño.
      Atte.
      Marcela Cifré

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